miércoles, 19 de marzo de 2025

Entrevista capotiana a Víctor Herrero de Miguel

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Víctor Herrero de Miguel.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Quizás es que vivo, allí donde en cada momento me toca vivir, como si fuera ese el único lugar, consciente de que allí está, al alcance, todo lo que a la vida le hace falta.

¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a la personas que cuidan a los gatos. Como aquel verso de Borges que nombra como uno de los justos a quien acaricia a un animal dormido.

¿Es usted cruel? Sé que ninguno, en determinadas circunstancias, estamos libres de caer en la crueldad. Por eso, levanto bien alta la cerca y me protejo, para que no entren en mí esas bestias.

¿Tiene muchos amigos? Tengo amigos de muy profunda amistad. Y, en lo profundo, nunca hay masas.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Más que buscarla, he encontrado su capacidad de quererme sin hacerme igual a ellos. 

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Tengo la inmensa fortuna de no haber probado jamás esa hiel.

¿Es usted una persona sincera? Si dijera que no, resultaría que, al estar mintiendo, sí que lo soy.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Soy fraile franciscano, doy clases de literatura antigua y soy poeta. No tengo muy claras las fronteras entre el tiempo libre y otros tiempos.

¿Qué le da más miedo? Dañar. Dejar de agradecer. Volverme exigente o descuidado.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La delectación en el mal.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me encantaría haber sido jardinero o guarda forestal, pero entonces seguiría estando muy cerca de la poesía.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? A diario camino unos diez kilómetros. De vez en cuando corro. Me gusta la montaña. Y estoy aprendiendo a estirar.

¿Sabe cocinar? Sé hacer lo necesario pero sé que no lo hago bien.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Francisco de Asís.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Umbral.

¿Y la más peligrosa? La que se emplea de forma absoluta: Dios, dinero, naturaleza, progreso, libertad, sexo, yo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, pero reconozco haber sido infectado por el virus de la indiferencia

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que conducen al encuentro, las que conceden tiempo a la gente, las que se centran en cuidar.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Podría decir que me gustaría ser jilguero, pero es mejor ser yo y seguir contemplando a los jilgueros. 

¿Cuáles son sus vicios principales? Si algo de verdad no me interesa lo más mínimo, carezco de capacidad de fingir.

¿Y sus virtudes? Saber leer, escuchar, contemplar.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Rostros de seres que amo.

T. M.