martes, 1 de abril de 2025

Entrevista capotiana a Jesús Cárdenas

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jesús Cárdenas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Al centro de los míos.

¿Prefiere los animales a la gente? Me quedo con la fidelidad y la intuición de los gatos.

¿Es usted cruel? He sido muchas veces cruel con mi cuerpo, dándole lo que no se debe. Fumo unos cigarrillos desde los diecisiete y bebo los fines de semana cerveza, vino y un vasito de whisky. Con la comida, me contengo con las cantidades y las grasas; huyo de lo “light” y de las etiquetas que pongan “Sin”.

¿Tiene muchos amigos? Sé que cuento con unos buenos amigos con los que puedo contar siempre.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Correspondencia. No que sean como uno, sino que se iguale. Paso de esas mierdas de que hay que poner la otra mejilla, o de que hay que comprender, por esa regla de tres quién te comprende.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, mucho, suelo tener varias capas. Estoy curado de espanto.

¿Es usted una persona sincera? En los sentimientos, siempre. En ámbitos laborales, finjo cercanía.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Trato de sacar más tiempo para la lectura, el análisis y la escritura creativa y para escuchar música, y para pasar con mi amor y mi hija.

¿Qué le da más miedo? No poder despertar, quedarme solo o perder la cabeza.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza la gente poco profesional que publica y comparte vídeos sin tener idea alguna. En general, me escandaliza que cada vez sea más difícil encontrar profesionales en cualquier ámbito. Es peligroso y me escandaliza que el sistema educativo actual haya eliminado el sentido crítico de los jodidos criterios de evaluación. Y sobre todo, la ignorancia supina.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Tal vez, me hubiese hecho daño. El mundo es demasiado hostil. La justicia está reservada para unos cuantos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? He jugado al baloncesto, practicado natación, etc., pero ahora me aburre. Pienso que está sobrevalorado. Me decanto por el ejercicio mental, y que la electricidad no deje de correr entre las ideas y el lenguaje. Eso sí: siempre que puedo voy andando a todos lados.

¿Sabe cocinar? Por mucho que resulte típico, con tiempo, sí. Cuando tengo invitados en casa me gusta preparar arroz caldoso o cus-cus con verdura, tortilla de patatas con cebolla y tarta de queso. Como se ve, sota, caballo y rey.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? El bandolero José María Hinojosa, alías “El Tempranillo”.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Solo soy especialista en lengua española; en inglés y en francés, lo básico. En nuestra lengua, me quedo con la palabra “amor”. Con ella se combate el desaliento.

¿Y la más peligrosa? Difícil elección, me quedo con un doblete “guerra-idiotez”. La guerra no se hace si uno de los dos bandos muestra su idiotez.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Últimamente, a menudo. Desde que me levanto, alguien jode el silencio; a lo largo del día, muchos estropean el día y buscan conflictos. Al final de la jornada, mataría a los que no dejan de dormir. Espera, hay más. Mataría al que hace obras un domingo a las tres de la tarde. Mataría al que cruza el turismo cogiendo dos aparcamientos. Mataría a los pesados que llaman por teléfono a deshoras. Mataría a los que hacen ruido comiendo. Mataría a los que se piensan que saben de algo y no han visto un libro ni por el forro. Mataría a los que no se detienen en los pasos de peatones. Mataría a los que no cuidan de los animales que tienen a su cargo. Mataría a los padres y a las madres que no se les ve el pelo en las citas de tutoría. Mataría a los gestores de los ritmos latinos. Mataría a los que insultan gratuitamente. Mataría a todos los que se aprovechan de otros más débiles. Con esos, pienso haría mil maldades.  

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero apolítico, aunque con inclinación a lo que signifique la defensa y la dignificación de lo público. En algún poema, he dado cuenta de la conciencia en contra de la gente abusona y cabrona, adinerada, insolidaria.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un cantante de rock.

¿Cuáles son sus vicios principales? Son tantos, que a ver si no se me olvida uno de los principales. Tomar más líquido de la cuenta. Leer un poema y querer analizarlo. Dudar de lo reescrito. No dejar pasar lo tóxico de la gente. Además, soy demasiado exigente conmigo.

¿Y sus virtudes? Coraje de seguir adelante aunque tuviese una puta infancia. Voluntad de no desviarme del camino recto aunque faltase el pilar materno con apenas iniciada la treintena. No dar por perdido un verso, rescatarlo y echarlo a la lona a pelear con el exterior. Ser honesto conmigo mismo con lo que hago.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No me hace falta imaginarlo, lo he sentido en más de una ocasión. Me ha pasado por la cabeza en alguna ocasión quitarme de en medio, devorarme a mí mismo. También, la típica, donde se abre la tierra y caes en una gran zanja, y después te ves en una caja de pino. Se me viene la imagen de la tierra porque soy de interior.

T. M.