En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jesús Cárdenas.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Al centro de los míos.
¿Prefiere los animales a la gente? Me quedo
con la fidelidad y la intuición de los gatos.
¿Es usted cruel? He sido muchas veces cruel
con mi cuerpo, dándole lo que no se debe. Fumo unos cigarrillos desde los
diecisiete y bebo los fines de semana cerveza, vino y un vasito de whisky. Con
la comida, me contengo con las cantidades y las grasas; huyo de lo “light” y de
las etiquetas que pongan “Sin”.
¿Tiene muchos amigos? Sé que
cuento con unos buenos amigos con los que puedo contar siempre.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Correspondencia. No
que sean como uno, sino que se iguale. Paso de esas mierdas de que hay que
poner la otra mejilla, o de que hay que comprender, por esa regla de tres quién
te comprende.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, mucho, suelo
tener varias capas. Estoy curado de espanto.
¿Es usted una persona sincera? En los
sentimientos, siempre. En ámbitos laborales, finjo cercanía.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Trato de sacar más
tiempo para la lectura, el análisis y la escritura creativa y para escuchar
música, y para pasar con mi amor y mi hija.
¿Qué le da más miedo? No poder
despertar, quedarme solo o perder la cabeza.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza la gente poco profesional que publica y
comparte vídeos sin tener idea alguna. En general, me escandaliza que cada vez
sea más difícil encontrar profesionales en cualquier ámbito. Es peligroso y me
escandaliza que el sistema educativo actual haya eliminado el sentido crítico
de los jodidos criterios de evaluación. Y sobre todo, la ignorancia supina.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Tal vez, me hubiese hecho
daño. El mundo es demasiado hostil. La justicia está reservada para unos
cuantos.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? He jugado
al baloncesto, practicado natación, etc., pero ahora me aburre. Pienso que está
sobrevalorado. Me decanto por el ejercicio mental, y que la electricidad no
deje de correr entre las ideas y el lenguaje. Eso sí: siempre que puedo voy
andando a todos lados.
¿Sabe cocinar? Por mucho que resulte típico, con
tiempo, sí. Cuando tengo invitados en casa me gusta preparar arroz caldoso o
cus-cus con verdura, tortilla de patatas con cebolla y tarta de queso. Como se
ve, sota, caballo y rey.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? El bandolero José
María Hinojosa, alías “El Tempranillo”.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Solo soy especialista en lengua española; en inglés y en
francés, lo básico. En nuestra lengua, me quedo con la palabra “amor”. Con ella
se combate el desaliento.
¿Y la más peligrosa? Difícil
elección, me quedo con un doblete “guerra-idiotez”. La guerra no se hace si uno
de los dos bandos muestra su idiotez.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Últimamente, a
menudo. Desde que me levanto, alguien jode el silencio; a lo largo del día,
muchos estropean el día y buscan conflictos. Al final de la jornada, mataría a
los que no dejan de dormir. Espera, hay más. Mataría al que hace obras un
domingo a las tres de la tarde. Mataría al que cruza el turismo cogiendo dos
aparcamientos. Mataría a los pesados que llaman por teléfono a deshoras.
Mataría a los que hacen ruido comiendo. Mataría a los que se piensan que saben
de algo y no han visto un libro ni por el forro. Mataría a los que no se detienen
en los pasos de peatones. Mataría a los que no cuidan de los animales que
tienen a su cargo. Mataría a los padres y a las madres que no se les ve el pelo
en las citas de tutoría. Mataría a los gestores de los ritmos latinos. Mataría
a los que insultan gratuitamente. Mataría a todos los que se aprovechan de
otros más débiles. Con esos, pienso haría mil maldades.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero
apolítico, aunque con inclinación a lo que signifique la defensa y la
dignificación de lo público. En algún poema, he dado cuenta de la conciencia en
contra de la gente abusona y cabrona, adinerada, insolidaria.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un
cantante de rock.
¿Cuáles son sus vicios principales? Son tantos, que a
ver si no se me olvida uno de los principales. Tomar más líquido de la cuenta.
Leer un poema y querer analizarlo. Dudar de lo reescrito. No dejar pasar lo
tóxico de la gente. Además, soy demasiado exigente conmigo.
¿Y sus virtudes? Coraje de seguir
adelante aunque tuviese una puta infancia. Voluntad de no desviarme del camino
recto aunque faltase el pilar materno con apenas iniciada la treintena. No dar
por perdido un verso, rescatarlo y echarlo a la lona a pelear con el exterior.
Ser honesto conmigo mismo con lo que hago.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No me hace falta
imaginarlo, lo he sentido en más de una ocasión. Me ha pasado por la cabeza en
alguna ocasión quitarme de en medio, devorarme a mí mismo. También, la típica,
donde se abre la tierra y caes en una gran zanja, y después te ves en una caja
de pino. Se me viene la imagen de la tierra porque soy de interior.
T. M.