sábado, 28 de marzo de 2026

Entrevista capotiana a Inma Miralles

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Inma Miralles.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Como buena nostálgica, probablemente elegiría un recuerdo. Pero este recuerdo sería habitado igual que en las películas donde se pierde la memoria de manera recurrente, sin conciencia de que ya se ha vivido y experimentando siempre la emoción por primera vez.

¿Prefiere los animales a la gente? No, me gustan mucho los animales pero prefiero a la gente. La gente me fascina.

¿Es usted cruel? No, no diría que soy cruel. Es verdad que en momentos de enfado inmenso, que por suerte me ha pasado pocas veces, me sale como un ramalazo vengativo que siempre he sabido contener.

¿Tiene muchos amigos? No, tengo pocos amigos y amigas pero muy buenos. En la calidad está el gusto.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? ¡Muchas! Probablemente esto explique lo anterior. Creo que soy muy exigente con las relaciones en general. En las amigas, particularmente, busco una afinidad especial. Me gusta que las movidas que nos contamos transcurran entre cabezas y pechos abiertos  sin necesidad de dar demasiadas explicaciones, sin juicios, por supuesto, y que se dé esa comprensión intuitiva, que parezca que estamos hechas de lo mismo. O que lo estemos.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Ya no.

¿Es usted una persona sincera? Sí. La honestidad es una de las cualidades que más valoro.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Disfruto muchísimo de no hacer nada. El dolce far niente. Deambular con un libro en las manos por mi casa, leer dos frases, deambular de nuevo. Mirar por la ventana es mi pasatiempo favorito. Prepararme un café, deambular. Dejar que se enfríe, calentarlo. Y así.

¿Qué le da más miedo? Yo diría que lo que más miedo me da en la vida es quedarme estancada en el aprendizaje. En general. No sé por qué me llaman mucho la atención estas personas que cuanto más viven y más envejecen se vuelven más intolerantes, más cerradas, más soberbias, en lugar de al revés. Yo creo que crecer tiene que ver con estar cada vez más en paz y, a veces, me da miedo que algo me arrastre y me haga olvidar eso.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza profundamente la pereza. Sobre todo, la pereza intelectual. Y la gente me dice: ¡pero si tú eres la primera que te quedas un sábado encerrada en casa sin hacer nada! Y no, no es eso. Mi deambulación es sugestiva. Puede que yo no esté pensando activamente en nada, pero inconscientemente estoy dale que te pego a la máquina. De hecho, en ese no hacer nada es cuando de repente se me ocurre una idea para un relato. O de repente escribo un poema en una servilleta. Lo que no me gusta es ese “desactivarse” narcotizante, de enchufarte al móvil, a las series, que sí, soy consciente de que el estilo de vida que nos domina también hace necesario el desconectar. Pero ahí voy: necesitamos un cambio, un estilo de vida en el que no nos urja la desconexión para poder seguir.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Probablemente habría sido maestra de educación infantil.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, mucho. Actualmente hago, sobre todo, running y pádel.

¿Sabe cocinar? Sí, pero no me gusta mucho. En cambio, según dicen, se me da bien así que a veces me toca.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin ninguna duda a Clarissa Dalloway, de Virginia Woolf.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Ahora está muy de moda, pero a mí me encanta la palabra japonesa “ikigai”. Creo mucho en que existe un “propósito”, una razón de ser, llamémoslo como queramos, para todo lo que existe. Esto es claramente esperanzador.

¿Y la más peligrosa? Esta he tenido que buscarla, porque recordaba su significado pero no la palabra en sí. “Untermensch”, que significa algo así como “subhumano”, y jerarquiza la categoría de las personas.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Matar no, vengarme sí. Pero no he ejecutado ninguna de las dos cosas. O no seriamente.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me gusta fantasear con la des-estructuración y la des-economización monetaria de las sociedades.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me habría encantado ser tenista. Pero de élite. Soy muy competitiva y seguramente estaría forrada.

¿Cuáles son sus vicios principales? La melancolía, otra vez. Siempre aparece. Si me despisto un poco, me envuelve muchísimo y me lleva a la tristeza.

¿Y sus virtudes? Creo que soy divertida. Me gusta divertir y divertirme. Tengo mucho sentido del humor.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Pensaría en mis hijos y probablemente en nada más.

T. M.