miércoles, 10 de junio de 2026

Entrevista Capotiana a Pedro M. Domene

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama,(1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pedro M. Domene.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Creo que, sin dudarlo, elegiría mi casa, y mi estudio donde tengo todo lo necesario, abro una ventana y respiro naturaleza y oigo los amaneceres y el sonido armónico del campo y los primeros trinos, ¿qué más se puede pedir?

¿Prefiere los animales a la gente? Hace unos años lo hubiera tenido bastante claro, hoy prefiero los animales. Un día, hace doce años, me encontré con un cachorro de perrita de apenas dos meses. No se separó de mí, la llamé Betty, y desde entonces la cuido cuando está enferma o necesita algo, y ella hace lo mismo conmigo. Es fiel, cariñosa y muy agradecida, no puedo pedirle más. ¿Se la imagina siempre a mi lado?

¿Es usted cruel? Es una palabra que no forma parte de mi vocabulario y un concepto que me es ajeno; hemos ido asimilando imágenes de extremada crueldad que parecen no afectarnos, justificamos todo lo relacionado con ella: Ucrania, Gaza, Irán o Líbano donde la crueldad se cuela en nuestra vida cotidiana. Es evidente que jamás me convertiría en nadie que calificaran de cruel.

¿Tiene muchos amigos? Cada vez menos, el paso del tiempo ha dejado a algunos en el camino, aunque presumo de tener un puñado que me ofrecen una amistad incuestionable, eso sí.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La lealtad y una admiración mutua.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Con los valores y cualidades que acabo de señalar resultaría imposible, aunque, por supuesto, si eso ocurriera caerían de mi lista.

¿Es usted una persona sincera? Sí, y no lo afirmo por quedar bien en este cuestionario. Creo que la palabra hipocresía tampoco está en mi vocabulario.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? He trabajado de profesor y el tiempo libre lo ocupaba con aquellas cosas que me gustaban: escribir y colaborar en prensa y revistas literarias. Ahora, gozosamente, jubilado dispongo de mucho más tiempo, pero la escritura me sigue ocupando gran parte del día. Así que mi tiempo libre lo dedico a largos paseos, conversar con los amigos, ir y ver buen cine con mi compañera de toda la vida y, por supuesto, dedicarle tiempo a la familia y a esa pequeña cuatro patas que se llama, Betty.

¿Qué le da más miedo? Una enfermedad larga que me deje sin ser consciente de mis actos y de mis pensamientos y actitudes humanas.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de humanidad en un mundo donde la gente sigue pasando hambre y las necesidades básicas, que sigamos provocando guerras, las desigualdades y me escandaliza que según donde hayamos nacido así transcurrirá nuestra vida, o que nuestro mundo más que un paraíso se convierta en un infierno.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? He sido docente, profesor de Literatura durante más de treinta y cinco años, es otra perspectiva de la creación, supone estar creando e imaginando casi a diario con unos adolescentes que sienten una curiosidad extrema y cuestionan todo.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Suelo pasear con esa perrita, Betty, y moverme al menos una hora al día, mi vida es bastante sedentaria y necesito respirar aire puro.

¿Sabe cocinar? No, el tópico que siempre se dice, unos huevos fritos, pero no tengo la paciencia suficiente para experimentar en la cocina, resulta paradójico que pueda armarme de paciencia cuando escribo, y no para elaborar un buen plato.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin lugar a duda reinventaría a Don Quijote y a Sancho Panza.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Creo que es “amistad” con esa infinidad de interpretaciones positivas.

¿Y la más peligrosa? Entre alguna otras, tal vez “miedo”, también, por sus muchas connotaciones.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, la muerte no es algo que tenga presente, si existe ese concepto que llamamos tristeza, creo que todo lo relacionado con la muerte me parece triste. 

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de aquella generación que vivió el franquismo, disfrutó con la transición democrática española y considera que la única alternativa para una igualdad social es una izquierda responsable. Los años vividos, y los tiempos que corren, no me han hecho cambiar, evidentemente.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría ser un buen artesano, eso que llaman un “manitas” porque creo que tiene muchas ventajas.

¿Cuáles son sus vicios principales? Si acumular libros en mi casa se considera un vicio, ese lo tengo, sin duda; a veces, soy intolerante, no soy comprensivo con ciertas actitudes y me pongo furioso, pero no me dura mucho, la verdad.

¿Y sus virtudes? Quiero pensar que soy buena persona y en mi trabajo, tanto el docente como ahora a la hora de escribir he tenido y tengo bastante paciencia.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Déjeme que sea consciente y consecuente, quiero ver el rostro de mi compañera de los últimos cuarenta años. El resto de secuencias de mi vida me importan poco, la verdad.

T. M.