sábado, 3 de octubre de 2026

Mis 5 libros imprescindibles de la literatura rusa

 

Recientemente, desde Ediciones del Subsuelo me pidieron que recomendara 5 libros de la literatura rusa para su newsletter, y esto es lo que preparé al respecto:

Fiódor Dostoievski, Diario de un escritor

Dostoievski publicó una serie de textos de carácter misceláneo en una revista que acabaría constituyendo su Diario de un escritor: un conjunto de escritos reflexivos y personales, sociológicos y periodísticos, narrativos y morales que vieron la luz entre los años 1873 y 1881; todo un collage de impresiones, recuerdos e historias reales e inventadas: crónicas de sucesos y de juicios populares a maltratadores y asesinos que destacan, sobre todo, por su trasfondo costumbrista. Ahí surge el Dostoievski más sensible, más ocupado en relacionar la sociedad de su tiempo con el alma rusa ancestral. Periodista tras noticias de la calle, detective de las vidas privadas de las gentes anónimas, Dostoievski aguza el oído en barcos y trenes, e imagina tras sus rostros el pasado de los desconocidos. Escribe acerca de Pushkin, del Quijote, de Anna Karénina, de la «sombría» San Petersburgo, del «lenguaje» de los borrachos, de lo triste que se siente los domingos…

 

Lev Tolstói, Anna Karénina


Tolstói instala a su protagonista en el corazón de la aristocracia rusa y la somete a una presión moral constante. Aparte de vivir una pasión, Anna encarna el modo en que se puede desafiar a un orden que se sostiene en la apariencia y la reputación. El relato la rodea de un aparato ético que la examina, la comprende y, en cierto modo, la juzga. El personaje se precipita hacia un abismo pasional, pues Tolstói dramatiza el conflicto y lo integra en una visión moral del mundo. Las mujeres de Tolstói parecen inscritas en una historia mayor que las trasciende, de modo que el sufrimiento de Anna es expansivo, casi exhibicionista y por lo tanto temerario. Tolstói hace que la sociedad la condene, pero también ella misma se juzga, de ahí que el padecimiento emocional en la novela se convierta en una colisión entre pasión, culpa y exclusión.

 

Antón Chéjov, El reino de las mujeres


Algunos protagonistas de Chéjov nos inquietan porque no se atreven a nada, porque comprenden las cosas demasiado tarde, porque se parecen demasiado a nosotros. Por ejemplo, el relato El reino de las mujeres (1894) no desemboca en una ruptura argumental mínimamente llamativa, pues la marca de la casa de Chéjov estriba en evitar el dramatismo y proporcionar al lector un desenlace ejemplar. Lo que en realidad se transforma es la conciencia de la protagonista, dado que Anna comprende que su poder es limitado: administra bienes, pero no gobierna el sentido de su propia vida, así que la riqueza la convierte en benefactora, pero también la fija en el papel que los otros esperan de ella.

 

Yevgueni Zamiatin, Nosotros

Esta distopía ejerció una influencia directa sobre Orwell (este la reseñó poco antes de escribir 1984). Y realmente haría bien cualquier lector en intentar que no le pasara lo mismo y se animara a conocer esta historia ambientada en el siglo XXVI y ubicada en una ciudad con muros y edificios de cristal —para que la vida de las gentes sea del todo transparente—, de signo totalitario, y que fue prohibida y olvidada en la Unión Soviética, hasta que pudo ver la luz en 1988, con la llegada de la perestroika. La escribió entre 1920 y 1921, y puede interpretarse como una sátira, increíblemente fantasiosa hace cien años, inquietantemente posible en el futuro —como ya nos tiene acostumbrados la ficción audiovisual—, de cómo la URSS maniató a sus súbditos hasta cotas que, de no haber sido tan sanguinarias, resultarían cómicas por su psicopatología ridícula.

 

Borís Pasternak, El doctor Zhivago


El autor estuvo marcado por la prohibición de publicar en la URSS este libro que tan popular se hizo gracias al cine en su adaptación de 1965. El escritor se vería obligado, ante las presiones del presidente del país Nikita Jrushchov, a renunciar al Premio Nobel que le habían concedido en 1958, al año siguiente de publicar su novela en Italia. El Partido Comunista italiano había intentado que no viera la luz. Se trata de la historia del doctor Yuri Zhivago, ambientada en la Primera Guerra Mundial, la Revolución rusa de 1917 y la posterior guerra civil de 1918-1920; al autor se le acusó de hablar de los avatares rusos bélicos y sociales con subjetividad y poniendo el énfasis en el padecimiento individual ―alejado, pues, del interés colectivo comunista― de un hombre que es apartado de su mujer e hijo al ser designado médico militar en el frente de la Gran Guerra.