miércoles, 8 de septiembre de 2021

Una nueva vida para mi primera novela, "Solos en los bares de noche", en la editorial Drácena



Hoy está en librerías, de nuevo, la obra con la que debuté como novelista: Solos en los bares de noche. Escrita a finales de los años noventa, apareció en el 2002 en la editorial Literatura Mondadori. Ahora la presento en la editorial Drácena añadiendo un apéndice escrito para la ocasión en que evoco cómo concibí esta historia que en parte se asienta en dos locales reales de Dublín y Barcelona.

Texto de contracubierta:

Diego sabe que no puede permanecer toda la vida en Dublín, la ciudad elegida para crear una existencia diferente, consagrándose a la bebida entre nuevas amistades y melancolías. En su interior, hay una suerte de crimen latente por cometer, lo que le empujará a regresar a los rostros y lugares del pasado: a una Barcelona en la que refugiarse sin ser visto, asumiendo su propio destino.

 Allí seguirá deambulando con el instinto de vengarse del miedo, el de sentirse a solas incluso en compañía de la noche, los bares y todo un archipiélago de solitarios que viajan, como él, a la deriva. Sin embargo, la vuelta al espacio familiar, al pretérito territorio del alcohol, y también a un antiguo amor que contará su historia, no resolverá su huida, aun cuando se enfrente a su verdad más íntima.

Lo que colegas y críticos literarios dijeron de la obra

José Ángel Mañas«La novela me pareció muy buena. Es lo que yo llamo una “escritura de sensación”, por oposición a la “escritura de acción”. Me parece que es una prosa densa, llena de sensaciones genuinas y de pensamientos. Pero de pensamientos que están pegados a las sensaciones y que parecen una continuación de ellas, por eso funcionan y no dan la impresión de un ensayo superpuesto: yo soy de los que piensa que las ideas en las ficciones suponen generalmente una carga inútil; ese, desde luego, no es el caso. Técnicamente me gusta la aparición del narrador, sobre todo en la segunda parte. Consigue unos efectos bonitos, descolocando al lector y obligándole a replantearse todo. El personaje huidizo me parece un hallazgo. Y el final me parece absolutamente brutal. Muy bueno y contundente. Muy lógico, también.»

Miguel Albero«Me gustó mucho el tono que creo es siempre lo más difícil, esa cadencia de letanía y esa atmósfera dublinesa que se crea y le traslada a uno la bruma física y mental, y la aparición abrupta del narrador en medio de la novela, que mantiene la tensión porque uno espera que vaya luego a jugar un papel más protagonista. Y me gustó mucho precisamente la tensión, el cómo va conduciendo a un final marcado, del que no se dan demasiados datos porque no hace falta.»

José María Conget«Toni Montesinos es dueño de un lenguaje exacto y denso, a veces se podría masticar, y su sentido de la morosidad y de la estructura es poco común en nuestro país). La fuerza de la explosión de violencia final y su súbita paralización, el recorrido tan a lo Joyce de las calles de Barcelona (y de Dublín, por supuesto) y la riqueza estilística… nadie diría que se trata de una novela primeriza.»

Germán Gullón«El libro de poemas [La ciudad gris] me parece que contiene varios poemas excelentes, y ya en la lectura pude descubrir que Toni Montesinos tiene todo un mundo personal, la capacidad de un verdadero escritor para percibir más allá de la superficie, y que su verbo es preciso y sugerente. Libro muy triste, como el comienzo de Solos en los bares de noche. Me encanta el personaje arrastrando su tristeza por los pubs de Dublín. Como siempre que descubro un buen libro, a un buen autor, me siento muy agradecido y triste a la vez, con esa tristeza fuerte, como la del protagonista, por no haber conocido sus libros antes, porque nuestra crítica deja demasiado que desear, y siempre están tocando el mismo tambor.»

Pilar CastroEl Cultural (24-IV-2002): «Esta es la historia de una huida y un regreso. De un joven que huye de un pasado turbio, de la rabia y a todo ello regresa para perpetrar una venganza inútil. Busca una “isla” en la que sacudir sus recuerdos. Ese lugar se concreta en un espacio real y a la vez simbólico: Dublín. Allí le conduce una idea obsesiva: beberse el recuerdo a tragos. Sólo tiene veinte años y ya ha optado por vivir sumergido en esa tregua irónica, hasta que un telegrama provoca su vuelta. Lo que leemos es un relato persuasivo, sutil, enigmático. Quizá esto se deba a que Toni Montesinos (Barcelona, 1972, autor de los libros de poesía El atlas de la memoria, Libro de melancoholismo, La ciudad gris) no es poeta o novelista, sino escritor. Pero volviendo a su exigente medida de la composición narrativa hay que destacar que en ella están dos de sus logros: la perspectiva y el tono narrativo (…).»

Ricardo Ruiz, «El viaje destilado», en Caballo Verde (suplemento de libros de La Razón, 22-III-2002): «“Ah el tiempo! Ya todo se comprende…”. En ese verso de Gil de Biedma, perdido en la página 64, melancólico y solitario como su protagonista, se encuentran algunas de las claves de Solos en los bares de noche, primera novela del crítico y poeta barcelonés Toni Montesinos. Historia de recuerdos y obsesiones, geografía sentimental de dos ciudades tristes como Dublín y Barcelona, la desesperanzada peripecia de Diego, un fugitivo alcoholizado que en lucha por asumir su pasado, es una dolorosa odisea interior transida de tiempo y de silencio, los ingredientes fundamentales de la soledad. Desde las barras de los bares nocturnos, en dos peregrinaciones simétricas que dividen la narración en sendos periplos existenciales, el descenso a los infiernos etílicos de Diego permite al autor exhibirse asimismo con dos extraordinarios recorridos: los de las rutas de los bebedores irlandeses y catalanes, en este caso unidas por una poética de la deriva en la que la camaradería y el respeto a la intimidad corren parejos desde el primer trago de cerveza.

En línea con su obra poética –cuyos títulos, El atlas de la memoriaLabor de melancoholismo La ciudad gris, enlazan directamente con tres dimensiones básicas de la novela–, y en diálogo con los poemas sobre ambas ciudades más caros al autor, Solos en los bares de noche es también la narración de un retorno, del regreso de quien ha comprendido, aunque sirva de poco, que es imposible huir de uno mismo. En este sentido, Montesinos revela una singular habilidad para narrar desde la discreción, evitando la explicitación de la violencia que zarandea al protagonista y profundizando en su abismo emocional sin recurrir a la desnudez de los hechos. Por el contrario, y tal vez en homenaje a la brumosa inconsciencia de los ebrios, el escritor diluye la presencia de la muerte –fundamental– entre paisajes, diálogos y cambios climáticos que acentúan el deambular fantasmal de Diego y calan la narración como una imperceptible llovizna irlandesa.

Junto a las tabernas, las palabras y la lluvia, además, la soledad compartida de Diego en su –en apariencia– fracasada venganza es acompañada por varios personajes hondamente humanos. El jovial Joe O’Keefee, los bullangueros Tréboles, el abstemio especialista en alcohol Butler O’Halloran, el absurdo Flann Allen o la evanescente Lisa completan así la figura del protagonista sin reducir un ápice su aislamiento. Sólo una persona, desde el más profundo conocimiento de la historia, dotará a la novela de un atisbo de esperanza, dispuesta a dejar constancia, cuando menos, de la escurridiza sombra del fugitivo.»

Sabas MartínLos Libros en Radio 5: «Una obra que se presenta como una singular indagación en un universo de soledad y derrota cuyos paisajes vitales son las ciudades de Dublín y Barcelona. Una novela que nos sumerge en un paisaje de vacío existencial y en donde la noche, el alcohol y la soledad son los elementos sobre los que se establecen sus propuestas expresivas. Escrita con un clima próximo a la íntima confidencia, marcada por una melancolía esencializada, la historia que nos relata Toni Montesinos nos sumerge en la búsqueda de la verdad interior de su protagonista que halla en los bares el refugio contra la angustia de la soledad y que cifra en el acto de beber su intento de detener el tiempo para no sentir el peso de una imprecisa derrota. Contada con notable intensidad, Solos en los bares de noche tiene, además, otros dos protagonistas relevantes: Dublín y Barcelona. Entre ambas ciudades, de las que se ofrecen un destacado retrato humano y geográfico, transcurre la que se presenta como historia de una huida imposible y un regreso para consumar una también inútil venganza. Novela de fuerte impregnación lírica, con predominio de la reflexión sobre la acción, su lectura desde las claves de la obra poética de su autor la ilumina esclarecedoramente. También aquí se da una meditación sobre el tiempo, la incomunicación y la soledad interior, sobre los límites del deseo y la memoria, así como ciertas sutiles ambigüedades que difuminan los límites entre lo vivido y lo imaginado. Y aquí, al igual que en la poesía de Toni Montesinos, el paisaje urbano de la ciudad es una difusa sombra entre las sombras que convocan las palabras.»

H. Revista mensual de tendencias (nº 33, mayo 2002). “El estorbo de ese yo que es mío”: «Solos en los bares de noche es una historia sobre el estorbo interior, sobre la huida eterna, sobre el narcótico tedio de saberse eterno e inmortal para uno mismo. El arquetipo es Diego, un solitario que no sabe estar solo, un tipo de Sant Andreu en constante estado de huida que descubre que la incomodidad vital no conoce mapas de geografía. Dublín y Barcelona son, así, sólo el contrapunto urbano, exterior de una incomodidad interna. Es sus idas y venidas –escapadas, en suma– Diego descubre que su lugar en el mundo sería un rincón donde él mismo tuviera vetada la entrada. Diego descubre que de quien verdaderamente quiere huir es de esos ojos que ve –que le ven– cada mañana en el espejo, de ese rostro que le devuelve el reflejo, de ese yo que es él. La prosa –antinostálgicamente nostálgica– de Toni Montesinos es, sencillamente, sencilla. Con un narrador omnisciente que, a media novela, se descubre, Montesinos sigue y se regocija en el relato pausado del parsimonioso deambular de Diego, este flâneur barcelonés que pasea su alma –y pasea su pena– buscando anonimato bajo la incesante y fina lluvia irlandesa o entre las abarrotadas –y solitarias– Ramblas de Barcelona. Dos espacios en los que se hace evidente que “todo es semejante cuando alguien busca identificarse con lo que quisiera tener de nuevo”.»

B. G., «Cuando la soledad sabe a alcohol», en 20 Minutos (13-V-2002): «La novela es un exilio dentro de un exilio, una huida de una huida. El barcelonés Toni Montesinos ha pintado en su primera novela el paisaje de la soledad interior de un personaje, Diego, que llega de Dublín a su ciudad, Barcelona, después de un voluntario exilio. Los bares y la noche son sólo el fondo de un cuadro con tintes melancólicos en el que el escritor demuestra técnica y talento. El gran acierto: la posibilidad de que Diego nunca se fuese a Dublín y tan sólo cambiara de bar queda abierta desde la primera página.»

Clemente Barahona, «Penas en alcohol», en El Norte de Castilla (4-V-2002): «Un hombre que huye de sí mismo, del miedo eterno y existencial a sentirse solo incluso en compañía, todo un viaje hacia la venganza que siempre llega tarde y sin sentido. Su huida física a Dublín, con el objeto de crearse una existencia diferente entre desconocidos, no soluciona su conflicto interior y mucho menos sus circunstancias. El regreso a su ciudad, Barcelona, no surtirá efecto ya que el cambio esperado no llegará. La síntesis de esta peripecia dramática puede ser, con una frase del propio autor, “No se puede huir de lo que somos, de nuestra verdad interior”. La soledad de Diego y de los otros personajes de la noche, variopintos o algunos esperpénticos, es la sombra y la máscara de los seres reales, porque en el fondo o en su piel curtida esperan de la vida sólo un poco de afecto, alguien que les hable y les escuche con un mínimo de ternura. Mientras ese milagro no se produzca, tan solo les queda esperar una buena resaca al día siguiente; el alcohol se convierte en el ungüento mágico que alivia las penas del alma.»

 

Edición original de la obra en Literatura Mondadori, 2002, y retrato de interior de la nueva edición, Drácena, 2021, de Nora Montesinos