martes, 30 de diciembre de 2025

Entrevista capotiana a Clara Escajedo Pastor

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Clara Escajedo Pastor.


Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Soy muy mediterránea, así que un lugar de clima templado, no lejos de mar y de la naturaleza y a una distancia prudente de una gran ciudad. Es decir, donde vivo...

¿Prefiere los animales a la gente? No. No me gusta tener que elegir ante nada. Todos los seres vivos me interesan por definición. Algunas personas las prefiero más cerca que otras y algunos animales me despiertan más ternura que otros.

¿Es usted cruel? Honestamente creo que no. La crueldad me horroriza. Además me parece innecesaria y un desgaste de energía que no aporta satisfacción alguna.

¿Tiene muchos amigos? Tengo pocos amigos pero soy muy social y tengo muchas  relaciones amistosas, que sin llegar a un conocimiento íntimo y privado, me aportan buenos sentimientos y en algún caso pasan a elevarse al rango de amigo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La lealtad es importante para mí. Que no teman demostrar afecto. Que tengan paciencia con mis ausencias. Que el rencuentro siempre sea gozoso.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No es lo habitual, desde luego. Pero las decepciones casi siempre son culpa de uno mismo que espera que los demás sean o hagan lo que uno quiere, así que cuando sufro una decepción me pregunto que parte de culpa es mía.

¿Es usted una persona sincera? Moderadamente sincera. No me considero una persona falsa, así que reconozco que desconfío de los que afirman decir siempre la verdad. La sinceridad en ocasiones es lesiva y, como he dicho en una pregunta anterior, procuro no ser cruel. Cuando yo era pequeña a eso se le llamaba “mentiras piadosas”. Ahora creo que se llama diplomacia.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? La simple consciencia de ser libre me hace profundamente feliz. Paseo por el monte o me quedo en casa viendo llover. Restauro muebles viejos, leo o escribo. Comparto tiempo con los míos o disfruto del silencio. Me tomo un café con calma. Viajo o recuerdo los viajes. Es fácil hacerme feliz.

¿Qué le da más miedo? Perder a la gente que amo. Así de rotundo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de pudor. El exhibicionismo. Los excesos.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Siempre me ha interesado el cine, pero jamás me habría puesto ante una cámara. Me habría gustado formar parte de las personas que se encargan del atrezzo, la ambientación, la elección de actores...

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? El preciso para considerarme una persona sana. No soy deportista por definición pero hago ejercicio por disciplina. Me tomo muy en serio mi salud.

¿Sabe cocinar? Por supuesto. Y soy una buena repostera.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A César Borgia, sin dudarlo. Al verdadero, no al de la literatura barata. Un hombre que recibió un gran poder y no se conformó con eso, quiso ser grande por méritos propios. A caballo entre la edad media y el renacimiento. Me parece un tipo apasionante.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Futuro.

¿Y la más peligrosa? Desesperanza.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Aquí me río aunque no se vea. No, soy un ser pacífico. Pero me interesa el crimen desde una perspectiva literaria. He despachado a alguno entre páginas de libros.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Qué pregunta tan peligrosa con los tiempos que corren. Los americanos dicen que las opiniones son como los culos. Todo el mundo tiene el suyo, pero no es aconsejable mostrarlo en público. Estoy a favor de los derechos inalienables del ser humano. Creo que con eso respondo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un versión mejor de mí.

¿Cuáles son sus vicios principales? El café. Poco más. Temo que estoy quedando como un ser muy aburrido.

¿Y sus virtudes? Soy empática. Soy leal.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que volvería a ver a mi madre. Creo que recordaría todos los abrazos que me han dado. La inquietud de las tardes del primer junio en que conocí a mi marido. El olor de mis hijas recién paridas.

T. M.