viernes, 4 de marzo de 2022

María Zaragoza: la aparición inquietante


Hubo un punto de inflexión en la trayectoria de María Zaragoza: cuando en su camino se cruzó el que considera su padrino literario, Antonio Gala, que le brindó un cariño y un respaldo interminable que le dio confianza para dar continuidad a una carrera que ya se prometía meteórica. Con dieciocho años había visto cómo veían la luz sus “Ensayos sobre un personaje incompleto”, en 2000, y cuatro años más tarde le llegaba la beca para jóvenes creadores desde la Fundación Gala. A partir de ese momento, Zaragoza fue recibiendo un premio tras otro sin cesar, pero eso no es lo relevante, sino la forma en que ha incursionado en la narrativa, pero también en el mundo del guion de cómic o el radiofónico, y también en el ámbito de la literatura infantil y juvenil, lo que al fin y a la postre la lleva a haberse ganado el favor de un público muy diverso.

Con todo, si tenemos que destacarla en un territorio concreto, podríamos citar las páginas que ha consagrado al género del terror. Fue el caso de la reciente “Avenida de la Luz” (editorial Planeta), en que nos metía en un espacio que formaría parte de una Barcelona desconocida y llena de pesadillas, a raíz de una desaparición: la ocurrida en 1955 por parte de un hombre que trabajaba en la Ciudad de la Luz, un proyecto arquitectónico en el subsuelo que debía ampliar la antigua Avenida de la Luz y que nunca llegó a inaugurarse. Ese hombre reaparece diez años después como si tal cosa, con la misma ropa con la que se había ido a trabajar aquel día de que se le perdiera el rastro.

He ahí la clave de su narrativa: las desapariciones o surgimientos inquietantes, como ocurre en “Sortilegio” (Minotauro), sobre una muchacha que goza de la capacidad de advertir detalles que pasan desapercibidos para el resto. Entonces, abandonará su pueblo para estudiar en la ciudad donde fueron asesinados sus padres, desvelando allí una serie de secretos que le salen al paso y que tendrán que ver con un asunto de lo más fantástico, trascendental y milenario.

Publicado en La Razón, 4-III-2022