miércoles, 9 de septiembre de 2026
Curso "Binomios de la literatura francesa" (segunda parte) en La Central del Raval
martes, 8 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a David Silva Rojas
En 1972, Truman Capote
publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió.
Lo tituló «Autorretrato» (en Los
perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo
con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus
frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman
la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de
la vida, de David
Silva Rojas.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Habiendo vivido en grandes
metrópolis como Tianjin, en China; Toyohashi, en Japón; y la misma Lima,
conozco de sobra el ritmo, el bullicio y la multitud de las ciudades grandes.
Por eso hoy valoro más que nada la tranquilidad y el silencio. Hace un tiempo,
durante una diligencia como abogado junto a la policía, tuve la oportunidad de
ir por Ocucaje en Ica. Al estar allí, rodeado de un horizonte amplio, sereno y
silencioso, me di cuenta de que ese era mi lugar ideal. Tiene un clima seco por
las tardes, noches frías para descansar bien y mañanas cálidas para empezar el
día. Si tuviera que quedarme allí para siempre, construiría una casa de campo y
tendría mi propia chacrita: criaría gallos, gallinas, pollos, patos y animales
pequeños como carneros y cabras, además de cultivar mis propios vegetales. Elegiría
Ocucaje porque te da la libertad de desconectarte por completo de todo. Mi
rutina perfecta sería trabajar la tierra por las mañanas, leer con calma por
las tardes, en medio del silencio del desierto, y contemplar los atardeceres y
los cielos estrellados por las noches. No necesitaría mucho más.
¿Prefiere
los animales a la gente? En cuanto a los derechos humanos, siempre he
defendido los derechos de las personas, especialmente cuando se trata de
quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como los niños o los
adultos mayores. Pero como compañía, sí: siempre me han gustado mucho los
animales. Tengo un par de loros y canarios que siempre están silbando. Me
alegra llegar a casa y escucharlos. Mis loros incluso me reciben diciendo:
«David, David, a la casa». También tengo un gato que, más que una mascota, hace
que yo parezca su mascota. Ni bien me ve, quiere que le dé de comer y lo
acaricie y luego se queda echado como si no tuviera ninguna preocupación en el
mundo. A veces lo miro y pienso: «yo quisiera esa vida». Cuando estoy
redactando, se sube a mis piernas y se queda allí, ronroneando, como si
estuviera dormido. De pronto se despierta, se va porque escuchó algo y después
regresa. A veces hasta parece que quisiera hablarme, aunque no tengo idea de
qué me está diciendo. Yo le digo: «Estás loco».
¿Es
usted cruel? No creo serlo, pero he descubierto que puedo
utilizar las palabras para hacer que alguien se sienta mal, no porque lo
insulte o lo denigre, sino porque puedo hacerle ver cosas que quizá no quiere
reconocer o que no había advertido en sus propias declaraciones. Lo he notado
durante diligencias, interrogatorios y contrainterrogatorios en juicios orales.
No sé si eso sea crueldad, pero es lo más cercano a ella que he encontrado en
mí.
¿Tiene
muchos amigos? No. Tengo muchos conocidos y compañeros, pero
amigos, de esos que se dicen de verdad, se cuentan con los dedos de una mano.
Para mí, un amigo es alguien que te entiende, te comprende y está dispuesto a
ayudarte más allá de lo que le convenga; alguien que está ahí para darte una
mano en los momentos más difíciles.
¿Qué
cualidades busca en sus amigos? Creo que, sobre todo, la sinceridad
y la lealtad. Personas consecuentes con lo que dicen, capaces de defender sus
ideas y que valoren la amistad por encima de la conveniencia.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? No, porque como son poquísimos, todavía no me han
decepcionado.
¿Es
usted una persona sincera? Sí, trato de serlo siempre. Me gusta
que sean sinceros conmigo, aunque lo que tengan que decirme pueda doler. De la
misma manera, yo también procuro decir la verdad, pero buscando siempre el
momento y el lugar adecuados.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Siempre me ha
gustado leer y escribir. Aunque sea solo para mí, lo hago constantemente; de
hecho, tengo cajones llenos de manuscritos que yo mismo he impreso para leerlos
luego de otra manera. También me gusta leer libros de historia, ensayos y,
sobre todo, trabajos relacionados con el estudio de casos. Y, aunque suene poco
emocionante, parte de ese tiempo termina ocupada en asuntos pendientes del
trabajo: redactando escritos o contestando requerimientos.
¿Qué
le da más miedo? Lo desconocido. Cuando era niño, un profesor me dijo
una cosa que todavía recuerdo: si algo te causa miedo, no esperes; busca
información, lee sobre aquello que te produce ese sentimiento. Una vez que
sabes qué es, cómo funciona y puedes ponerlo en blanco y negro, pierde gran
parte de su poder sobre ti.
¿Qué
le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me
escandalizan los casos en los que se trata a los niños como objetos para
cumplir labores que no corresponden a su edad, o cuando se los utiliza sin
tener en cuenta su vulnerabilidad ni la situación por la que están atravesando.
Si
no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo
que habría sido agricultor o jardinero. Me encanta cultivar. Tengo un ejército
de cactus y suculentas en macetas pequeñas; me gusta regarlos, cuidarlos y
siempre estoy buscando alguna variedad nueva. Me fascina que puedan crecer con
tan poco, prácticamente solo con agua, y que, cuando florecen, sus flores sean
hermosas.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? No practico ejercicio con
regularidad. Cuando puedo, me gusta nadar, ya sea en el mar o en una piscina.
¿Sabe
cocinar? Sí. Desde niño mi madre me enseñó a hacerlo, aunque
a mi padre le disgustaba que un hombre cocinara, lavara o limpiara. Años
después, cuando estuve en Japón, la escritura y la cocina fueron las dos
actividades que más desarrollé, tanto como pasatiempo como forma de
distracción.
Si
el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a Fujita
sensei, un maestro que conocí cuando tenía trece años, al emigrar a Japón. La
primera vez que me vio, me dijo: «Sé que estás ansioso y un poco temeroso».
Después me explicó que en Japón las personas no siempre hablan abiertamente de
sus sentimientos y me aconsejó que escribiera aquello que no podía decir. Era
un hombre muy paciente. Cuando me equivocaba en algún ejercicio, me decía que
no borrara lo que había hecho, porque también se aprendía mirando los errores.
Una vez vio uno de mis primeros kanji para «pez» y me comentó: «Parece un pez
muerto, pero es tuyo». Yo siempre lo veía allí, dando clases tanto a quienes
acabábamos de llegar como a los que habían nacido en el país y necesitaban
aprender o mejorar el idioma de sus padres. Siempre mantenía la misma calma,
aunque el salón a veces fuera un pequeño caos de lenguas mezcladas, palabras
mal pronunciadas y otras dichas correctamente. Con el tiempo entendí que, antes
de enseñarme un idioma, Fujita sensei me había enseñado a observar. Me decía
que un escritor no debía apresurarse a explicar ni a juzgar, sino aprender a
mirar con atención y confiar en la inteligencia del lector. También me enseñó
que no todo tenía que decirse: a veces el silencio forma parte de la historia.
Creo que muchas de esas lecciones todavía me acompañan cuando escribo.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Komorebi
(木漏れ日), en japonés. No significa literalmente «esperanza»,
sino la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. Me gusta porque transmite la idea de que,
incluso cuando estamos rodeados de sombras, siempre puede aparecer un poco de
luz.
¿Y la más peligrosa? Yurusarenai
(許されない), «lo imperdonable», «lo
que no se tolera». Siempre
he pensado que es una palabra peligrosa porque puede cerrar la puerta al
entendimiento. Cuando una persona o una sociedad decide que algo o alguien es
absolutamente imperdonable, puede dejar de preguntarse por qué ocurrió. Y para
mí esa pregunta es fundamental. Ninguna acción ocurre completamente en el
vacío: hay motivos, circunstancias, experiencias y dinámicas detrás de lo que
hacemos. Comprenderlas no significa justificar lo que alguien hizo, pero sí
permite saber cómo ocurrió y, sobre todo, qué habría que cambiar para evitar
que vuelva a ocurrir. Cuando dejamos de intentar comprender y nos quedamos
únicamente con la condena, corremos además el riesgo de deshumanizar al otro.
El castigo puede convertirse en venganza y la búsqueda de una solución termina
reducida a señalar un culpable. Por eso me parece peligrosa: porque una sola
palabra puede hacernos dejar de preguntar.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? No. Tal vez sí he querido agarrar a
alguien, decirle unas cuantas cosas o gritarle, pero jamás matarlo. La vida
humana, para mí, es un límite absoluto.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? No suelo seguir banderas ni
tendencias políticas. Prefiero analizar las ideas de manera independiente y
quedarme con aquello que tenga más sentido o lógica en cada caso. Lo que sí
valoro es que lo que se prometa se cumpla. Si algo es difícil o sencillamente
no se puede hacer, prefiero que se diga con claridad. Me resulta mucho más
honesto eso que lanzar una promesa imposible solo para agradar, ser
condescendiente y conseguir que todos te quieran. Prefiero una respuesta
incómoda pero sincera antes que una promesa bonita que nunca se va a cumplir.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Agricultor o
jardinero. Me gustaría cultivar frutas y verduras, criar aves de corral y, para
ser franco, tener mi propia granja.
¿Cuáles
son sus vicios principales? Las bebidas carbonatadas. Me gusta
mucho esa sensación de dulzor y frescura que producen en el paladar y la
garganta.
¿Y
sus virtudes? No suelo pensar demasiado en mis virtudes. Me
imagino que una de ellas es ser solidario. A veces hago cosas sin preocuparme
demasiado de dónde saldrá el dinero y termino pagándolas de mi propio
patrimonio, o simplemente no cobro por determinados servicios. Más de una vez
algunos colegas me han dicho que no me involucre tanto, que voy a terminar
pobre o sin nada en los bolsillos. Tienen algo de razón, supongo, pero hasta ahora
no he aprendido a actuar de otra manera.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Más que una película acelerada de toda mi vida,
creo que aparecerían flashes de puros contrastes. Recordaría las enormes y
ruidosas metrópolis donde viví en el pasado y, casi de inmediato, la paz, el
silencio y la luz dorada de una tarde en el campo de Ica. Junto a esas imágenes
aparecerían los rostros de las personas a las que alguna vez pude tender la
mano cuando más lo necesitaban.
T. M.
lunes, 7 de septiembre de 2026
Video sobre "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en Instagram
domingo, 6 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a F. Javier Cárdenas García
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de F. Javier Cárdenas García.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Probablemente elegiría un lugar que me permitiera tenerlo todo cerca y a la vez lejos. Me atrae la idea de un sitio con vida, cultura y movimiento, pero también con la posibilidad de desaparecer durante unas horas y estar tranquilo. Si fuera un lugar concreto te diría medio año en pleno centro de Madrid y el otro en un valle asturiano pasiego con vistas a la inmensidad.
¿Prefiere los animales
a la gente? No
necesariamente. Los animales tienen algo que admiro mucho: no complican tanto
las cosas. Con las personas, en cambio, está todo lo interesante: las
contradicciones, las conversaciones, las decepciones, el humor, las ideas. Así
que probablemente prefiero a las personas, aunque a veces agradezca muchísimo a
los animales. Hemos adoptado a una gatita maravillosa este año que me ha
cambiado por completo la vida.
¿Es usted cruel? Puedo serlo, sobre todo cuando estoy
enfadado o cuando siento que alguien se ha comportado injustamente para los
demás. Pero no creo que la crueldad forme parte de mi manera habitual de
relacionarme con los demás. De hecho, creo que muchas veces soy bastante más
comprensivo de lo que aparento.
¿Tiene muchos amigos? No creo que la cantidad sea lo importante.
Conozco a mucha gente, pero amigos de verdad hay bastantes menos. Prefiero
tener pocas personas con las que pueda ser completamente yo mismo que una
multitud de relaciones superficiales.
¿Qué cualidades busca
en sus amigos? La
inteligencia, el sentido del humor y, sobre todo, la autenticidad. Me gusta la
gente que puede hablar de cosas serias sin tomarse demasiado en serio a sí
misma. También valoro muchísimo que alguien sepa escuchar y que no necesite
fingir constantemente quién es.
¿Suelen decepcionarle
sus amigos? A veces.
Pero también creo que parte de la decepción consiste en esperar de los demás
cosas que quizá nunca prometieron darnos. En este sentido, acepto mi parte de
culpa. Intento no idealizar demasiado a las personas, aunque no siempre lo
consigo.
¿Es usted una persona
sincera? Sí, aunque
no siempre digo absolutamente todo lo que pienso. Para mí, ser sincero no
significa utilizar la verdad como una excusa para hacer daño. Prefiero una
sinceridad con tacto antes que una brutalidad disfrazada de honestidad.
¿Cómo prefiere ocupar
su tiempo libre? Haciendo
cosas que me despierten la cabeza. Leer, escuchar música, ver algo que me
interese, descubrir cosas nuevas, conversar, perder el tiempo en internet de
una manera que probablemente no podría justificar ante nadie… También necesito
momentos en los que no haga absolutamente nada. A veces de ahí salen las
mejores ideas.
¿Qué le da más miedo? Equivocarme en cosas que realmente
importan. No haber estado el tiempo suficiente con personas que me importan. Y,
quizá todavía más, llegar a acostumbrarme a una vida que no me entusiasme. Me
daría miedo perder la curiosidad, dejar de intentar cosas nuevas o convertirme
en alguien que simplemente funciona en automático.
¿Qué le escandaliza, si
es que hay algo que le escandalice? La crueldad gratuita. También la gente que disfruta humillando
a otros, especialmente cuando lo hace para sentirse superior. Y me escandaliza
bastante la facilidad con la que podemos acostumbrarnos a cosas que, si las
pensáramos detenidamente, nos parecerían inaceptables.
Si no hubiera decidido
ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Algo que tuviera que ver con crear, pensar
o comunicar. Me costaría imaginarme en algo completamente mecánico.
Probablemente acabaría encontrando una forma de hacer algo creativo incluso
aunque, en teoría, ese no fuera mi trabajo.
¿Practica algún tipo de
ejercicio físico? Intento
mantenerme activo, aunque no soy precisamente el ejemplo perfecto de disciplina
deportiva. Para mí el ejercicio tiene más sentido cuando sirve para encontrarme
mejor que cuando se convierte en una obligación.
¿Sabe cocinar? Sé defenderme. No sé si llamaría a eso
cocinar con mayúsculas. Puedo preparar cosas bastante dignas y, sobre todo, sé
apreciar muchísimo cuando otra persona cocina bien. Digamos que todavía tengo
margen para convertirme en un adulto gastronómicamente competente. Se me da
fatal lavar los platos, esa es una verdad irrefutable. Es complicadísimo,
siempre que trato de hacerlo, acaban más sucios que como estaban anteriormente.
Si el Reader’s Digest
le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable»,
¿a quién elegiría? A
alguien que tuviera una vida aparentemente normal pero escondiera una historia
extraordinaria. Me interesan más las personas complejas que las celebridades
evidentes. Alguien cuya vida permitiera descubrir que, detrás de una persona
que aparentemente conocemos, hay muchas más capas de las que imaginábamos.
¿Cuál es, en cualquier
idioma, la palabra más llena de esperanza? “Todavía”. Porque significa que algo no ha
terminado. Todavía se puede cambiar, todavía se puede aprender, todavía se
puede volver a empezar. Es una palabra pequeña, pero contiene muchísimas
posibilidades.
¿Y la más peligrosa? “Siempre”. Me parece peligrosa porque
convierte algo temporal en una condena. “Siempre” puede hacer que pensemos que
lo que sentimos ahora va a durar para siempre, o que una situación no puede
cambiar. Y casi nada en la vida es tan definitivo.
¿Alguna vez ha querido
matar a alguien? He
estado suficientemente enfadado como para desear que alguien desapareciera de
mi vida, pero no creo que sea lo mismo. La rabia puede producir pensamientos
muy extremos sin que eso signifique que realmente quieras hacer daño a alguien.
En mi caso, normalmente lo que quiero es distancia.
¿Cuáles son sus
tendencias políticas? Intento
mantener una mirada crítica y no convertirme en hincha de ningún bando. Me
importan más las ideas y sus consecuencias que las etiquetas. Desconfío
bastante de quienes tienen respuestas absolutamente seguras para problemas
tremendamente complejos. Por lo general, detesto en particular la superioridad
moral de cualquier bando político que no sabe discutir o proponer sus ideas sin
imponerlas.
Si pudiera ser otra
cosa, ¿qué le gustaría ser? Me
gustaría ser muchas cosas, precisamente porque me cuesta aceptar la idea de
tener que ser una sola. Hay algo fascinante en imaginar cómo sería vivir otras
vidas: dedicarme completamente a otra disciplina, aprender algo desde cero,
tener otra manera de mirar el mundo. Supongo que, si pudiera, elegiría seguir
siendo curioso pero con la oportunidad de experimentar más vidas.
¿Cuáles son sus vicios
principales? La
procrastinación, probablemente. También puedo pasar demasiado tiempo pensando
las cosas en lugar de hacerlas. Y tengo cierta tendencia a obsesionarme con
aquello que me interesa: cuando algo consigue captar mi atención, puedo meterme
hasta el fondo.
¿Y sus virtudes? La curiosidad. La capacidad de hacerme
preguntas y no conformarme demasiado rápido con la primera respuesta. También
creo que tengo bastante capacidad para observar y para encontrar conexiones
entre cosas que, en principio, no parecen relacionadas. Y quizá una virtud
menos evidente: intento aprender de mis errores, aunque a veces necesite
tropezar más de una vez con la misma piedra para conseguirlo.
Imagine que se está
ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Creo que aparecerían
las cosas pequeñas antes que las grandes. Personas concretas. Conversaciones.
Lugares. Momentos absurdos que en su momento no parecían importantes. Alguna
canción. Alguna risa. Y probablemente muchas cosas que siempre pensé que tendría
tiempo de hacer. El abrazo con mi abuela por última vez. Un paciente
psiquiátrico que me detuvo en seco tras comprarme en una papelería y me gritó a
los cuatro vientos que “iba a llegar lejos”. Supongo que ese sería el verdadero
golpe: descubrir de repente cuánto de la vida damos por hecho simplemente
porque creemos que habrá un mañana.
T. M.
sábado, 5 de septiembre de 2026
Un artículo sobre el hotel W Barcelona
viernes, 4 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a David Caveza de Baca
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Caveza de Baca.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En la naturaleza, en
concreto a una distancia máxima del mar de cincuenta pasos, en petit
comité, alejado de la locura de las colmenas humanas
hiperconectadas que solo producen estrés y tristeza.
¿Prefiere los animales a la gente? No necesariamente, pues aún queda algunos humanos que les dan más
importancia al bien común y al honor, que al valor de treinta monedas de plata.
Son escasos, pero a estos sí los sitúo al mismo nivel que los animales porque
defienden su manada y su tierra sin dejarse esclavizar.
¿Es usted cruel? No,
de momento, pero nadie se conoce lo suficiente como para poder afirmar con
rotundidad que nunca lo sería.
¿Tiene muchos amigos? No muchos, porque me cuesta entrar en sintonía con las programaciones,
motivaciones e inquietudes de los demás. Y pienso que es recíproco.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Valentía para defender la verdad y sensibilidad para comprender lo invisible.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, porque ejerzo la filosofía de las tres enes: no esperes nada de
nadie. Así no hay decepción, y la mínima concesión me produce júbilo y
regocijo.
¿Es usted una persona sincera? Sí, aunque he de reconocer que para protegerme, cada vez más disfrazo la
verdad de ironías y de dobles sentidos, ya que estamos en un momento histórico
donde las verdades indiscutibles no admiten debate ni controversia.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En la playa o en el campo, caminando, leyendo o meditando.
¿Qué le da más miedo? El sufrimiento de seres queridos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La frialdad y la
deshumanización del Sistema. En general, casi todo me escandaliza. Hasta la
precaria existencia en este plano es un escándalo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho?
Apartarme del mundo y dedicarme a hacer el amor, sin prisas.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, caminar y algo de gimnasio.
¿Sabe cocinar?
Sí, pero me falta tiempo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Estoy convencido que no me lo publicarían ja, ja,ja.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Desobediencia.
¿Y la más peligrosa? La mentira.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? ¿Le puedo contestar durante la publicidad?
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Totalmente apolítico. Considero que la función de todos ellos es dividir
al pueblo, sin que decidan realmente las cuestiones importantes.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Conferenciante en foros y plazas.
¿Cuáles son sus vicios principales? A
veces el pesimismo y el desprecio sumo hacia la ignorancia.
¿Y sus virtudes? La calma y la comprensión hacia el que
sufre.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? La imagen del pataleo estéril en el agua y desasosiego en la búsqueda de
una bocanada de aire; un estado de indefensión que es compartido por todos los
bañistas que componemos la humanidad.
T. M.
miércoles, 26 de agosto de 2026
Reseña de "Mandar y obedecer" en "Zenda"
martes, 25 de agosto de 2026
Entrevista capotiana a Unai Arroita
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Unai Arroita.
Si
tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál
elegiría? Japón, sin dudarlo, y si puedo concretar,
Osaka. Allí están las dos cosas que necesito: la calma japonesa y, al mismo
tiempo, el desparpajo y la alegría de la gente de esa zona. Dicen que Osaka es
un poco la España de Japón, y creo que por eso me sentiría en casa sin dejar de
estar lejos.
¿Prefiere
los animales a la gente? Soy muy de animales, aunque
tampoco creo que sería capaz de pasarme la vida rodeado solo de ellos. Es
difícil elegir: cada uno tiene su lado bueno y su lado malo. Lo que pasa es que
un animal nunca te falla.
¿Es
usted cruel? Supongo que habrá quien diga que sí y quien diga que
no, que para eso están los demás: uno no es el más indicado para juzgarse en
eso. Pero yo creo que no lo soy. Sí puedo ser duro cuando algo me parece
injusto, y a veces demasiado directo, aunque eso no lo confundiría con la
crueldad. La crueldad es disfrutar del daño, y eso no lo he sentido nunca.
¿Tiene
muchos amigos? Depende de lo que entendamos por amigo, y para mí es
una palabra bastante concreta. Conocidos tengo muchos, y gente cercana también.
Amigos, en el sentido que yo le doy a la palabra, no tantos. Tampoco creo que
hagan falta muchos.
¿Qué
cualidades busca en sus amigos? No sabría hacer una lista. Lo
que sí busco es gente a la que pueda llamar cuando necesito algo, sin pensármelo
dos veces. Y sobre todo esa naturalidad de pasar mucho tiempo sin hablaros y,
cuando volvéis a veros, seguir donde lo dejasteis, como si no hubiera pasado el
tiempo. Para mí eso vale más que cualquier cualidad concreta.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? Yo diría que no. La decepción suele venir
de unas expectativas que no se cumplen, y con los amigos de verdad eso ya está
resuelto: ellos saben lo que pueden esperar de mí y yo sé lo que puedo esperar
de ellos, sin necesidad de decirlo en voz alta. Cuando la relación está en ese
punto, es difícil que alguien te decepcione, porque nadie está fingiendo ser
otra cosa. Y si alguna vez fallan, tampoco lo viviría como una decepción — bastante
tiene cada uno con lo suyo.
¿Es
usted una persona sincera? A veces creo que demasiado, y
un poco bocazas. Digo las cosas sin pensar, convencido de que son normales o de
que no tienen importancia, y luego resulta que han molestado a alguien. Así que
más que pecar de mentiroso, peco por exceso de sinceridad. Con el tiempo he
aprendido a frenarme un poco, aunque no siempre lo consigo.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Mi problema es
que no soy capaz de tener tiempo libre. Me paso el año quejándome de que no
tengo un minuto y, en cuanto aparece medio, lo relleno con algo. No sé estarme
quieto: siempre tengo que estar organizando, montando o creando alguna cosa, y
si no la tengo, me la busco. Escribir entra ahí, claro. Probablemente sea mi
mayor virtud y mi mayor problema a la vez.
¿Qué le
da más miedo? No sé si llamarlo miedo exactamente, pero
lo que más me inquieta es no terminar satisfecho con lo que he vivido. Llegar a
ese último momento y darme cuenta de que me quedaron cosas por hacer, ya sea
porque elegí no hacerlas o porque nunca encontré el momento. Creo que por eso
me cuesta tanto estarme quieto.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Que se
tomen decisiones y se cierren acuerdos ahí arriba y los que acaban pagándolo
seamos siempre los de abajo, sin haber tenido ni voz ni voto. Si yo hago algo
mal y tengo que afrontar las consecuencias, me parece justo y no protesto. Lo
que no soporto es tener que cargar con lo que no es culpa mía y encima no poder
hacer nada al respecto. Supongo que por eso acabé escribiendo un libro que va
precisamente de eso.
Si no
hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Es que yo
no soy escritor, siempre lo digo. Esto es algo que ha salido, no una decisión
de vida. Tengo mi trabajo y me gano la vida gracias al deporte, que es lo que
creo que se me ha dado bien, y ahora estoy en otra faceta del deporte que
también se me da bien, aunque no soy yo quien tiene que decirlo. Así que no
habría hecho nada distinto: estaría exactamente donde estoy.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? He sido deportista de
taekwondo durante muchísimos años. Al pasar a entrenador y seleccionador tuve
que dejar de competir, pero soy un culo inquieto y no aguanté mucho parado.
Llevo ya un tiempo haciendo carreras de trail, y nadie me quita mis 40-50
kilómetros semanales corriendo por la montaña.
¿Sabe
cocinar? Hago mis cositas. No soy un cocinero de estrella
Michelin ni pretendo serlo, pero me defiendo bien con lo de siempre y disfruto
cuando me pongo, sobre todo si hay gente a la que dar de comer. Lo que pasa es
que soy mucho mejor comedor que cocinero, y eso no hay entrenamiento que lo
arregle.
Si el Reader’s
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje
inolvidable», ¿a quién elegiría? No tendría ninguna duda:
Eiichiro Oda, el autor de One Piece. Lleva casi treinta años en lo más alto de
las ventas en Japón, con millones de copias en todo el mundo, y pasan los años
y sigue ahí arriba. Pero lo que de verdad me fascina es el mundo que ha
construido: un detalle del capítulo cinco que resulta ser importantísimo en el
capítulo ochocientos, la historia que hay detrás de cada personaje, relaciones
ocultas que aparecen cientos de capítulos después. Eso no lo hace un buen
escritor. Eso lo hace una mente maestra.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? En
euskera tenemos maiteminduta, que significa
enamorado. Lo bonito es la traducción literal: maite
es querer y mindu es doler o dolido, así que
enamorado vendría a ser algo así como "herido de amor". Me parece una
palabra muy esperanzadora precisamente por eso, porque junta las dos caras: lo
bonito que todos asociamos a enamorarse y ese punto de dolor que también lleva
dentro. Es una metáfora preciosa y, al mismo tiempo, la definición más realista
que conozco de lo que es estar enamorado.
¿Y la
más peligrosa? "Siempre". Es la palabra con la
que se justifica casi todo: las cosas son así porque siempre han sido así, se
hace así porque siempre se ha hecho así. En cuanto alguien la usa, deja de
haber discusión posible, y normalmente detrás de ese "siempre" hay
alguien a quien le viene muy bien que nadie pregunte. Es una palabra que cierra
puertas fingiendo que solo describe.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? Nunca. Por muy
mal que me haya caído alguien, o por muy grave que fuera lo que hizo, no creo
que esa sea nunca la solución. Al final todo llega y cada uno acaba recogiendo
lo que ha sembrado, aunque reconozco que hay veces en que tarda muchísimo más
de lo que debería, y ahí es donde uno se pone a prueba. Pero de ahí a querer
matar a alguien hay un trecho enorme. Para eso están los libros: si tengo que
ajustar cuentas con alguien, siempre puedo hacerlo con un personaje.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? Es una pregunta
que me he hecho siempre y nunca he sabido contestarme. No hay un lado que me
tire claramente más que otro: en todos encuentro algo que me parece bien y en
todos hay cosas que rechazo por completo. Lo que sí tengo claro es que casi
todos los políticos que tenemos, y son muchos, quizás demasiados, son gente que
quiere gobernar. Y si uno quiere gobernar, algún objetivo personal habrá
detrás. La pregunta que me hago es cuántos de ellos querrían hacerlo solo por
el pueblo. Ya lo decía Platón: el que ambiciona el poder es justamente el que
no debería tenerlo.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Cualquier
cosa que me diera una vida tranquila y tiempo para disfrutarla. Me da igual el
qué: si aparcacoches o millonario me llevan a eso, adelante con cualquiera de
los dos. No tengo ninguna aspiración concreta de ser algo, tengo la de vivir de
una manera determinada.
¿Cuáles
son sus vicios principales? La comida, sin ninguna duda.
No sé qué tiene comer, pero lo disfruto muchísimo. Proponme cualquier plan que
incluya ir a comer a algún sitio y ya me tienes dentro, no hace falta que me
convenzas de nada más.
¿Y sus
virtudes? Que siempre estoy dispuesto a ayudar,
aunque no me toque a mí. Si puedo echar una mano en algo, ahí estoy, y muchas
veces incluso cuando sé que me va a perjudicar. Hay quien me dice que eso no es
una virtud, sino un defecto, y puede que en parte tenga razón. Pero no me sale
de otra manera.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Conociéndome, antes que lo típico —la
familia, los amigos, los mejores momentos— me pasarían por delante las cosas
que no pude hacer. Todo lo que dejé pendiente, lo que aplacé pensando que ya
habría tiempo. Y solo después, supongo, llegaría lo bonito. Es muy propio de mí
ponerme a pensar en lo que falta justo en el momento en que ya no queda nada.
T. M.
domingo, 23 de agosto de 2026
Un artículo sobre el hotel Eurostars Sitges 5*
sábado, 22 de agosto de 2026
Entrevista capotiana a Viktor Kane
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Viktor Kane.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una aldea. La razón es bastante simple: cambiaría el ajetreo y el estrés de la ciudad por cierta calma mental y una conexión más directa con la naturaleza. No lo idealizo: depender del coche para casi todo o estar lejos de otras personas tiene sus inconvenientes. Pero, si tuviera que hacer balance, seguiría eligiéndola.
¿Prefiere
los animales a la gente? No
creo que uno pueda sustituir al otro. El ser humano es social por naturaleza,
pero hay una calma que pocas personas consiguen darme y que aparece cuando mi
mascota se acurruca a mi lado o simplemente me mira al llegar. En esos momentos
entiendo perfectamente por qué cada
vez hay más gente que prefiere la compañía de un animal.
¿Es
usted cruel? La RAE define «cruel» como quien «se deleita en hacer sufrir o se complace en
los padecimientos ajenos».
Si nos atenemos a esa definición, no, no soy cruel. Sin embargo, creo que todos
podemos ejercer cierta crueldad sin disfrutar de ella: por indiferencia, por
egoísmo o simplemente por saber dónde duele y decidir tocar justo ahí.
¿Tiene
muchos amigos? Tengo
un gran equipo a mi lado, pero hasta ahí puedo contar. Viktor Kane nació
precisamente de una frontera muy clara entre lo público y lo privado, y
romperla sería traicionar una de las bases del proyecto. Hay cosas que puedo
convertir en literatura; otras prefiero que sigan perteneciendo únicamente a
quienes las viven.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? La
lealtad, la sinceridad y la reciprocidad son lo que más valoro en una amistad.
No busco a alguien que esté siempre de acuerdo conmigo; de hecho, aprecio a
quienes son capaces de decirme cuando me equivoco. Lo importante es que el
interés sea mutuo. Disfruto de los pequeños gestos, de la gente que está ahí
sin necesidad de que se la busque y, sobre todo, de poder ser yo mismo sin
tener que medir cada palabra.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? Todos
decepcionamos a alguien en algún momento. Muchas veces esperamos que los demás actúen como nosotros lo haríamos y,
cuando se salen de esa línea imaginaria, lo llamamos decepción o incluso
traición. Sí, mucha gente me ha decepcionado, pero seguramente yo también he decepcionado a mucha gente. En
eso consiste, en parte, ser humano.
¿Es
usted una persona sincera? La mayor parte del tiempo, sí. Pero
tampoco creo en la sinceridad como un principio ciego. La mentira puede ser un
recurso cuando la verdad no tiene cabida, siempre que no perjudique a nadie ni
sirva para ocultar algo que la otra persona tenga derecho a conocer. A veces
confundimos ser sinceros con decir absolutamente todo, y no son necesariamente
la misma cosa.
¿Cómo prefiere
ocupar su tiempo libre? Mucho
queréis conocer a
Viktor Kane en profundidad. No puedo regalaros una información tan
comprometedora con mi filosofía. Pero concederé algo: una lectura con la lluvia de
fondo y algo de fresco, o una buena serie o película en pleno otoño o invierno,
pueden ser bastante reparadores para la mente. Supongo que eso me convierte en
lo que ahora llaman «team frío».
¿Qué le da más miedo? Morir, vivir, llorar o reír forman
parte de lo inevitable; son experiencias y emociones que puedo comprender y
aceptar. Lo que realmente me asusta es el dolor y, sobre todo, padecer miedo.
El miedo sostenido, ese que deja de advertirte de un peligro y empieza a
gobernarte. Creo que pocas cosas pueden arrebatarnos tanta libertad.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza la facilidad con la que
algunas personas hacen daño a quienes quieren y después encuentran la manera de justificarse.
Si
no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Psicología. Aunque no la considero una
alternativa a la escritura, sino algo que quiero construir en paralelo. Al
final, ambas nacen de una curiosidad bastante parecida: entender por qué hacemos lo que hacemos.
¿Practica
algún
tipo de ejercicio físico? Mi
relación con el ejercicio físico es excelente: él no se mete conmigo y yo no me meto con él.
¿Sabe
cocinar? Veo que
hemos pasado de mis libros a intentar averiguar qué ocurre en mi cocina. Buena
estrategia. Digamos que sé defenderme
lo suficiente como para que esta entrevista no termine convirtiéndose en una investigación sobre
mis hábitos alimenticios.
Si
el Reader’s
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable»,
¿a quién elegiría? A quien imaginó a Viktor Kane antes de que
Viktor Kane existiera. Todo lo demás empezó ahí.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Serendipia,
por lo que significa: encontrar algo valioso sin haberlo buscado. Pero si puedo
permitirme una segunda, petricor. El olor de la tierra después de la lluvia me produce una calma
difícil de explicar y, para mí, donde hay calma todavía queda espacio para la
esperanza.
¿Y
la más
peligrosa? «Confía». Me cuesta muchísimo hacerlo porque también me cuesta delegar. Confiar
implica ceder una parte del control y aceptar que algo importante ya no depende
únicamente de ti. Pocas palabras exigen tanto con tan pocas letras.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? Sí.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas?
Viktor Kane no
tiene tendencias políticas. Difícilmente puede tenerlas alguien que puede que
ni siquiera exista.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un viajante en camper, acompañado de un
perro, recorriendo España sin demasiada prisa. Hay lugares que no deberían
conocerse de paso, sino quedarse en ellos hasta sentir que ya puedes continuar.
¿Cuáles
son sus vicios principales? El
control, la obstinación y pensar demasiado. Tengo cierta facilidad para
convertir algo pequeño en una cuestión que merece veinte vueltas. Y descansar
cuando todavía queda algo por hacer tampoco se me da especialmente bien.
¿Y
sus virtudes? La
ambición. Nunca he sabido hacer las cosas a medias y, cuando creo de verdad en
algo, puedo resultar agotador hasta conseguirlo. Preguntadle a mi equipo;
probablemente ellos tengan una versión menos amable de esta respuesta.
Imagine
que se está ahogando.
¿Qué imágenes,
dentro del esquema clásico,
le pasarían
por la cabeza? Me
imagino que vería a las personas que he querido, mis logros, mis errores y todo
lo que aún me queda por hacer. Pero, siendo sincero, seguro que entre una
imagen y otra me distraería con alguna tontería y pensaría que “Probablemente
debería mantenerme en silencio”.
T. M.





