En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Laura Sebastiá.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una pequeña casa junto al
mar que, al mismo tiempo, esté rodeada de montaña, porque jamás podría elegir
entre la belleza inmensa del mar y la paz de la montaña. En la casa no pueden
faltar velas, incienso y ese olor tan maravilloso que impregna cada rincón. Un
hogar rodeado de naturaleza viva, donde no hay silencio absoluto porque me
encanta escuchar los sonidos del entorno: los pajaritos cantando de día, los
grillos por la noche y, sobre todo, el jardín con su cascada de agua, donde el
chorreo constante y el canto de los pájaros lo inundan todo. Un refugio
perfecto donde estar a salvo, sintiendo una paz infinita junto con los míos,
esos que sé que nunca me van a fallar en este lugar.
¿Prefiere los animales a la gente? Me encantan los
animales, pero prefiero a la gente. Me gusta muchísimo escuchar sus historias,
observarles y aprender de cada uno de ellos. Los animales son maravillosos y me
fascinan, pero al final soy de las personas que siguen prefiriendo la compañía,
la cercanía y la conexión real con las personas.
¿Es usted cruel? En ocasiones lo soy
sin querer. Yo creo que todos los seres humanos hemos nacido con esa sombra, la
de la crueldad, y a veces lo somos precisamente con las personas que más
queremos, porque la confianza da asco y las descuidamos. Así que, sin
pretenderlo, en algún momento puedo haberlo sido con los míos, aunque en rasgos
generales no soy nada cruel. Al contrario: soy de esas personas a las que les
sabe mal hasta matar a las hormigas cuando van por la calle, porque las
considero necesarias. Todo en este mundo tiene un propósito y cumple un papel
en el equilibrio de la vida.
¿Tiene muchos amigos? No, no tengo muchos
amigos ni pretendo tenerlos. La palabra "amigo" es muy grande y, hoy
en día, se le queda grande a mucha gente. A mí me gusta tener pocos, pero de
los de verdad, de esos a los que de verdad les importa lo que tienes que contar.
Por eso siempre digo que conocidos muchos, colegas muchos, pero amigos, muy
pocos. Y así estoy perfecta. Me siento muy orgullosa de los pocos que tengo en
este momento de mi vida; no necesito más, aunque por supuesto siempre es
bienvenida la gente que venga a sumar.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Busco que sepan
escuchar de verdad. También el respeto absoluto a mis momentos de desaparición,
cuando necesito estar sola y desconectar. Necesito que me acepten tal y como
soy, y yo aceptarlos a ellos con la misma libertad. Que sean divertidos, que
tengan mucho sentido del humor y que sepan ver más allá del mundo puramente
material; que crean que, más allá de lo que vemos, hay cosas hermosas en las
que confiar. Y, sobre todo, que con ellos pueda tener una conversación profunda
y ser exactamente yo misma, con la tranquilidad de que no me van a juzgar y de
que yo tampoco lo haré.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Sí, me han
decepcionado durante mi vida un montón de veces. Aunque, pensándolo bien,
quizás es culpa mía por pretender que los demás actúen tal y como yo lo habría
hecho; creo que en eso pecamos todos, en querer que el mundo se comporte según
nuestro propio manual. Así que sí, me ha pasado, pero luego cojo mi superpoder
de la empatía e intento ponerme siempre en su lugar. Comprendo que yo soy yo y
ellos son ellos, y que al final han hecho lo mejor que podían con lo que son,
con lo que tenían en sus manos y en su poder en ese momento, y sin más.
¿Es usted una persona sincera? Soy sincera, pero no me gusta
nada el sincericidio. Esas personas que van por la vida diciendo toda la
verdad, siempre la verdad y nada más que la verdad por bandera, pues no van
conmigo. Creo que hay veces que puedes hacer mucho más bien callándote que
soltando una verdad innecesaria. Así que soy sincera cuando tengo que serlo,
pero también sé callarme cuando toca, porque si lo que voy a decir va a hacer
daño y no va a solucionar absolutamente nada, prefiero guardármelo. Es más,
reconozco que a veces utilizo alguna mentira piadosa con tal de mejorarle el
día a alguien... o incluso para protegerme un poco a mí misma.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta pasar mi
tiempo libre en familia, disfrutando de mi marido, leyendo, escribiendo y
viendo películas de las que me gustan y me emocionan de verdad: tanto de
terror, de thriller psicológico o policíacas, como esas historias con un
mensaje profundo que te hacen acabar llorando. Y, por supuesto, me encanta
pasear y descubrir pueblitos con encanto. Eso es lo que más disfruto hacer
ahora, sobre todo sabiendo que puedo compartirlo con los míos.
¿Qué le da más miedo? La claustrofobia, el
miedo a sufrir dolor físico. También el temor profundo a que le pase algo malo
a los míos, y el miedo a que un día me levante sin fuerzas, me rinda, deje de
perseguir mis sueños y ya no me atreva a hacer en cada momento lo que de verdad
quiero hacer.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza lo que está haciendo el gobierno de este
país. Me escandaliza profundamente la corrupción y lo que el poder es capaz de
hacer en las personas para mal, transformándolas y alejándolas por completo de
la realidad y del sufrimiento de quienes se supone que deberían proteger.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiera encantado ser criminóloga, de las de CSI
total. Me fascinaría meterme en la mente criminal, analizar las pruebas,
entender los porqués y buscar la verdad detrás de cada misterio, que al final
no deja de ser otra forma de contar historias humanas, pero desde el lado de la
investigación pura.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta hacer pilates
y caminar. Son los dos ejercicios que mejor me sientan para mantener la mente
despejada y el cuerpo activo.
¿Sabe cocinar? Sí, y lo que me gusta, se me da muy bien.
Lo malo es que apenas tengo tiempo para dedicarle a la cocina como me gustaría.
También me encanta la repostería; además de que se me da bien, es que soy muy
golosa y disfruto muchísimo preparando algún dulce cuando tengo un momento de
calma.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a Nero, ya
que es uno de los personajes más completos de la saga: el líder de la pandilla,
al que todos siguen. Es inteligente y dinámico, pero también alguien que toma
muy mal las decisiones, aunque posee ese poder personal y magnético que hace
que los demás le sigan. Tiene un ego muy fuerte y una gran autoestima, lo que a
mi parecer lo convierte en un personaje con un enorme potencial, dándonos
muchísimo más de qué hablar y permitiendo profundizar mucho más en su vida y en
todo lo que experimenta a lo largo de la historia.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Aceptación. Porque cuando aceptamos de verdad lo que nos
sucede y también aceptamos de verdad a los que nos rodean, es cuando de verdad
somos libres. La verdadera libertad no nace de luchar contra lo que no podemos
cambiar, sino de abrazar la realidad, mirarla a los ojos y empezar a construir
desde ahí.
¿Y la más peligrosa? El "ya lo
sé". Las personas que piensan que ya lo saben todo son, para mí, lo más
peligroso del mundo. Porque no solo se mienten a sí mismas, sino que se
encasquetan ahí, en una rueda sin salida donde ya no cabe el aprendizaje, ni la
humildad, ni la empatía. Creer que lo sabes todo y que lo controlas todo te
ciega por completo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? ¡JAJAJA! Hombre,
claro, ¡habría querido matar a mi hija adolescente muchas veces cuando me
vuelve loca, y a mi marido por lo mismo! Pero no, lógicamente sería incapaz de
matar a nadie. Aunque, bien pensado, también podría decir que a veces he
querido "matar" metafóricamente a toda esa gente que manda tanto y
que quiere guerra en el mundo; ahí no te voy a negar que, en algún momento de
frustración, he pensado que si desaparecieran, a lo mejor al mundo le iría
mucho mejor.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? No creo en la
política, y mucho menos en la de este país. Si tengo que definirme, mi familia
siempre ha sido de derechas, por lo tanto, tiro más hacia la derecha, pero
moderada, jamás hacia la ultraderecha. Aunque, la verdad, a día de hoy ya no
creo en nadie. Me aburre hablar de política.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un faro. Alguien que
simplemente esté ahí, en silencio, emitiendo luz para advertir a los que
navegan a oscuras de dónde están los acantilados.
¿Cuáles son sus vicios principales? Que soy viciosa del
chocolate, de los dulces, de un buen postre... y de un buen vino blanco. Bueno,
en realidad no me considero viciosa de nada, pero si tengo que confesar alguno
por decir algo, sin duda sería ese pequeño placer goloso y una buena copa de
vino.
¿Y sus virtudes? Sé escuchar. Tengo
empatía. Soy valiente, soñadora y no me rindo con facilidad: soy cabezota para
intentarlo una y dos veces. Si me caigo, me levanto —no pasa nada, no me
avergüenzo de ello—. Además, intento no juzgar a la gente; aunque a veces sin
querer lo hagamos, hoy por hoy la empatía y el esfuerzo por comprender al otro
siempre ganan. Y, por último, creo que soy alegre, divertida y tengo buena
conversación.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me pasaría la
sensación clara de que he perdido demasiado tiempo estando enfadada. Vería el
nacimiento de mi hija, el instante en que me tuve que despedir de mi padre...
y, al mismo tiempo, la felicidad y la paz de haber luchado por mis sueños y
saber que dejé palabras impresas con la esperanza de que puedan servirle a
alguien para salir de su pozo, de su camino sin salida.
T. M.







