martes, 30 de junio de 2026
Un artículo sobre el hotel The Social Hub Madrid
lunes, 29 de junio de 2026
Entrevista capotiana a María Víllora
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Víllora.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Se me viene a la cabeza
la casa de mi amiga y compañera Silvia, no por ser un chalé impresionante, sino
por la paz que destila. Pero siendo realista, creo que mi casa del pueblo
porque guarda todos los secretos de mi familia desde el siglo XVIII. Eso sí,
muy importante que haya naturaleza y muchos libros y cartas. Pero, por supuesto
junto a los míos.
¿Prefiere los animales a la gente? La mayoría de las veces sí. Son mucho más nobles que nosotros. A mí me
hacen muy feliz, no concibo la vida sin ellos. Es verdad que tampoco la concibo
sin muchas personas que forman parte de mi entorno, pero si tuviera que decidir
pondría más animales y menos personas.
¿Es usted cruel? No. Todo lo contrario.
Me considero muy empática y además soy PAS con lo cual las emociones del otro
me afectan muchísimo. Sería incapaz de hacer daño a nadie intencionadamente.
¿Tiene muchos amigos? Creo que tengo los
justos y necesarios. No echo en falta más cantidad de amigos. Me gusta tener
personas en mi vida, de calidad, que me aporten cosas bonitas. Así que si son
cinco, pues cinco buenos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Sobre todo, bondad. Es
lo que busco en la gente en general. Buenas intenciones. No pido que sean
perfectos porque no existen, todos hacemos daño en un momento determinado de la
vida, pero para mí lo que cuenta es la intención. Si eres bueno, no puede haber
malas intenciones en tus actos. Podemos enfadarnos, me puedo sentir herida,
rabiosa, etc. Pero sabré que fue sin querer.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? En general no. Si te
digo la verdad solo me vienen dos personas a la cabeza que me han decepcionado
y las dos por el mismo motivo: el silencio. La no comunicación. Lo que ahora se
llama gosthing, que de toda la vida ha sido hacer el vacío e ignorar. Eso no lo
soporto, es lo que peor llevo de cualquier relación humana, que desaparezcan de
mi vida sin darme ninguna explicación. Hay algo que se rompe dentro de mí
porque me deja rumiando en bucle sobre qué es lo que hice mal. Con lo fácil que
es hablar.
¿Es usted una persona sincera? Lo intento. Lo
que no soy es brusca, si sé que algo va a hacer daño lo maquillo un poco. Por
otro lado, también creo mucho en las parcelas privadas de cada uno y que hay
cosas que tenemos derecho a guardarnos y no querer compartirlas con nadie y no
por eso eres mala persona o hipócrita.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, escribiendo y
entrenando. También con mi familia (incluidas mis perras).
¿Qué le da más miedo? No vacilo ni
un segundo: la muerte. Es algo que me aterra, la incertidumbre de no saber qué
hay después, aunque tengas fe como es mi caso. Pero la no certeza me genera
mucho miedo y vulnerabilidad.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Uy muy pocas cosas. Me escandaliza la guerra y la
violencia, chimpún. En lo cotidiano, las creencias y las formas de vivir y
sentir no me suelen escandalizar nada porque me considero muy abierta de mente.
Me he trabajado mucho el salirme de lo establecido y lo aprendido. He intentado
labrarme mi propio camino y maneras de pensar. Lo que peor llevo es cualquier
tipo de violencia o daño intencionado físico o psicológico.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Quería ser pastora para vivir
en la montaña con animales. Me hubiera encantado ser veterinaria, pero como soy
muy aprensiva y sensible, no habría podido. De modo que, siendo realista habría
intentado ser cantante o tener una papelería-librería.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. Es mi
vía de escape ya que tengo ansiedad. Intento entrenar varios días a la semana y
hago ejercicios de fuerza y funcionales. Pero no voy al gimnasio porque me
distraigo mucho, lo hago en casa con una entrenadora virtual y llevo años así.
¿Sabe cocinar? Sería un momento estupendo para no ser
sincera y decir que sí, jajaja. Pero no voy a mentir, cocino lo básico. Me
encantaría que me gustara porque a veces me meto en la cocina y pruebo recetas
y además tengo la necesidad de controlar lo que como. Pero, así en general, no.
Cocina mi pareja casi siempre (a él le gusta más eso de crear y experimentar).
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Federico Chueca
(compositor musical del siglo XIX). Es mi tío tatarabuelo y siento verdadera
admiración por él y su vida. Desde que mi padre me contó la historia de nuestro
origen, me quedé tan fascinada que empecé a investigar sobre él. De hecho, mi segundo
libro tratará sobre él y una parte de su vida que nunca salió a la luz y que
gracias a ella yo estoy aquí.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Para mí: Confianza. Está llena
de significado y de paz.
¿Y la más peligrosa? Aquí tendría
2: poder y odio. Sin duda la primera lleva a la segunda y de ahí nacen todos
los males del mundo, desde mi punto de vista.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Jamás de los jamases.
Antes conecto con la pena y la compasión que con el odio y la rabia. También te
digo que soy de las que nunca dice nunca. No se sabe en qué situación te puede
poner la vida. Estoy pensando en situaciones límite tipo defensa personal o vida
o muerte.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Uy, qué peliagudo este
tema. Al igual que mi edad, nunca digo mi ideología porque en alguna ocasión me
ha traído problemas personales y evito el conflicto. Sólo diré que soy de la
libertad y el respeto y de aquellos que defienden al más necesitado y luchan
por la igualdad en todos los aspectos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un ser de
luz. O algo que no sufriera.
¿Cuáles son sus vicios principales? El chocolate y rumiar
pensamientos obsesivos hasta que sufro.
¿Y sus virtudes? Mi empatía y capacidad
para no juzgar a la ligera. Se me da muy bien ponerme en la piel del otro y
escuchar.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Que no quiero irme tan joven, que me quedan muchas cosas por hacer.
Entonces saldría mi lado frío y resolutivo para que el pánico no me invadiera,
controlaría la situación y al final sobreviviría.
T. M.
sábado, 27 de junio de 2026
Un artículo viajero sobre la ciudad china de Xian en "El Viajero" de "El País"
jueves, 25 de junio de 2026
Silencio, abismo y lenguaje
Tenemos aquí una novela que ha pretendido desafiar las convenciones narrativas al llevar al extremo una premisa argumental basada en una estampa elemental: dos hombres observan a un tercero que ha caído a un abismo. La escena, por supuesto, es tan estática como profundamente alegórica, y va a sostenerse a lo largo de cien breves capítulos donde reina lo que es aparentemente intrascendente: una espera, un pensamiento, un recuerdo. La firma Sebastián Martínez Daniell (Buenos Aires, 1971), autor también de Semana (2004) y Precipitaciones aisladas (2010).
«Dos sherpas están asomados al abismo. Sus cabezas oteando el nadir. Los cuerpos estirados sobre las rocas, las manos tomadas del canto de un precipicio. Se diría que esperan algo. Pero sin ansiedad. Con un repertorio de gestos serenos que modulan entre la resignación y el escepticismo.» Este inicio, sin embargo, no remite a un mero accidente en las laderas del Everest en el sentido de configurar una novela de montaña que podemos encontrar en sellos editoriales como Desnivel. Más bien la montaña representa un teatro enrarecido donde el lenguaje se vuelve protagonista.
Estos dos sherpas —identificados sin nombre propio, apenas como «el joven» y «el viejo»— contemplan el cuerpo de un turista inglés que ha caído a una saliente rocosa. No pueden alcanzarlo, no saben si vive o ha muerto, de tal manera que sólo cabe esperar; ¿el qué? Ni ellos lo saben. Lo importante en este sentido es que la anécdota genera introspección en el fondo y fragmentarismo en la forma, algo que no es nuevo en la andadura del escritor argentino, que tiende desde su primera obra a estas composiciones a modo de mosaico narrativo.
Se diría que el autor ha querido hacer una suerte de collage narrativo en que va a ir cabiendo una sucesión de asuntos diversos: el poder en la antigua Roma, la obra Julio César de Shakespeare para una representación escolar, la geología decimonónica o la pintura impresionista; el aspecto de monólogo interior del joven y de memorias del viejo, más la constante referencia a hechos pretéritos, constituyen el eje de la historia, si se le puede llamar así a estas páginas donde parece no suceder nada pero se asoman referencias al teatro, la política, la ciencia o la música.
Martínez Daniell elige, pues, una senda reflexiva, asentada en el lenguaje, sin linealidad en lo que consideramos la realidad; lo único real es el pensar, y esto es desordenado. En uno de los pasajes más elocuentes, el sherpa joven, mientras observa el abismo, se abandona a una fantasía: «Le gustan los barcos. Nunca estuvo en uno: no le importa. Le fascina la flotación. […] ¿Quién no envidia a las medusas y su deriva sobre el piélago? Esa sensación de dejarse llevar. Ese despliegue fosforescente y sutil, sin vanidad; que las corrientes se ocupen del resto. Flotar. Desentenderse del curso de la historia: no cargar esa cruz».
Este tipo de meditaciones en apariencia anodinas propulsa la sensación de llevar al lector a la deriva desde el punto de vista argumental. El sherpa viejo, que no es realmente viejo ni nepalí, sino un extranjero transterrado, encuentra en la montaña un exilio posible, acaso el único. De alguna manera, ambos protagonistas son identidades perdidas que protagonizan una viñeta en que esperan a un Godot alpinista que nunca va a solucionar el enigma del abismo. No hay nada exótico, ni idealizado; de hecho, el sherpa adolescente, aunque haya hecho cumbre un par de veces en el Himalaya, quiere irse a vivir fuera de su país (comparte techo con su madre viuda). Entre líneas, también se deduce el choque entre los occidentales adinerados que juegan a acudir a lugares remotos para tener experiencias de aventuras, por un lado, y los que buscan sobrevivir ofreciéndose como guías y acaban siendo mozos de carga, por el otro.
La prosa de Martínez Daniell es austera pero rica en imágenes, y consigue equilibrar bien lo lírico y lo reflexivo, la gravedad del pensamiento y el absurdo de la situación dada. En una de sus múltiples frases brillantes ꟷa menudo con alusiones intercaladas sobre la presencia del indispensable peso de los silencios, compuestos de feroces vientos, entre los dos personajesꟷ, se encuentra una forma de expresar el destino de los perdidos o migrantes: «En el destierro se transforman en parias: refugiados que encuentran su exilio en las montañas»; ese exilio es el rincón en que refugiarse para desarrollar un sentido crítico de las cosas, distanciarse del mundanal ruido y ver la vida en perspectiva. Como si estuviéramos en un precipicio y sólo contase el aquí y el ahora.
Publicado en Cuadernos Hispanoamericanos (núm. 908, junio 2026)
miércoles, 24 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Martín Torres
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Martín Torres.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? San Sebastián, la ciudad donde vivo ahora, o
Alcanadre, mi pueblo. En cualquiera de los dos sitios, pero siempre con mi
familia. La compañía importa más que el lugar.
¿Prefiere los animales a la gente? Quiero mucho
a los animales y adoro a mi perro —probablemente más que algunas
personas—, pero hay que ser racional con este tema.
¿Es usted cruel? No.
¿Tiene muchos amigos? Unos cuantos buenos
amigos. Y mucha gente a la que aprecio.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si los eliges bien y
ellos te eligen bien a ti, te ahorras ese trago.
¿Es usted una persona sincera? Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con mi familia, con mis amigos y, a veces, a solas con jazz, café y un
buen libro.
¿Qué le da más miedo? Que no
alcance el tiempo para todo lo que tengo que hacer.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La falta de vergüenza y autocrítica de algunas personas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Tengo la suerte de dedicarme
a mis dos pasiones: soy médico de urgencias y escritor. Aunque la etapa juvenil
en la que quise ser Indiana Jones aún no se ha apagado del todo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Boxeo.
¿Sabe cocinar? Me defiendo. Tan limitado como en el
boxeo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mis abuelos, que
fueron gente extraordinaria.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Familia.
¿Y la más peligrosa? En medicina
están prohibidas las palabras siempre, nunca y seguro.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, nunca. Pero sé que
todos somos capaces de llegar a ese punto. Yo, de momento, me limito a que esas
esas cosas ocurran en la trama de mis novelas.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? No hablo de política
ni en una cena de Navidad.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Estoy cómodo
siendo lo que soy. Aunque, si pudiera elegir, me gustaría ser un médico de
urgencias que no hace guardias de noche y dispone de algo más de tiempo para escribir
su próxima novela.
¿Cuáles son sus vicios principales? Las galletas, como
vicio. Y la poca capacidad para disimular cuando algo me aburre, como defecto.
¿Y sus virtudes? Soy tenaz y leal.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Veo gente morir a
menudo, por mi trabajo. No tengo ni idea de lo que pasa por sus cabezas en el
último instante, pero sí sé que todo el mundo piensa en la familia poco antes.
T. M.
martes, 23 de junio de 2026
Reseña de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en la revista "Estandarte"
lunes, 22 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Marta Solano
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Solano.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegir un solo lugar, teniendo en cuenta lo
inquieta y viajera que soy, sería para mí el peor castigo. Pero ya que hay que
elegir uno, optaría por el lugar al que pertenezco, que me vio crecer y dónde
tengo a la gente que quiero. Y ese lugar es Madrid.
¿Prefiere los animales a la gente? Aunque a
veces pierda la fe en nuestra especie, me gusta conversar y me fascina la mente
humana, tan compleja. Como escritora, para construir mis personajes, necesito
adentrarme en la psique de las personas con sus miles de máscaras. Si tuviera
que elegir un animal sería un lobo, por su belleza, naturaleza salvaje y porque
necesito sentirme parte de una comunidad.
¿Es usted cruel? Nunca lo he sido, ni siquiera
para protegerme. Soy todo lo contrario, me considero una persona compasiva y
empática, a veces en exceso. En mis novelas, es un reto mostrar el peor rostro
del hombre, porque siempre veo luz en la oscuridad del alma humana. Ser cruel
con los más débiles me parece un pecado imperdonable.
¿Tiene muchos amigos? Soy una
persona muy sociable que no me cuesta conocer gente y crear lazos con ellos.
Sin embargo, con la edad he aprendido que es más importante la calidad que la
cantidad. Afortunadamente conservo amigos de todas las etapas de mi vida y eso
para mí es un regalo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? La principal
cualidad que comparten todos mis amigos es que son buenas personas. Me siento
atraída por gente auténtica que pertenece a mundos distintos al mío, que me
resultan fascinantes. Es importante que nos complementemos como personas. Si
tienen sentido del humor y una buena conversación, qué más se puede pedir.
Nunca sería amiga de personas superficiales, aburridas, interesadas, egoístas,
tacañas o envidiosas.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? En general,
mis amistades se enfrían por cambios de etapas vitales, no porque me
decepcionen. Simplemente hemos compartido experiencias en un momento concreto y
evolucionamos de forma diferente. Guardo un buen recuerdo en general de todos
los amigos que he tenido en mi vida y me doy cuenta de que con la edad cada vez
tengo más conocidos y menos amigos, soy más selectiva.
¿Es usted una persona sincera? No tengo
filtros y soy de esas personas a las que se las ve venir, pero tampoco digo lo
primero que se me viene a la cabeza. Soy bastante racional. Medito mucho lo que
hago y digo, aunque me considero alguien sensible a todo a lo que pasa a mi
alrededor.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mi mayor
afición es escribir tomando una taza de café y viajar por el mundo para nutrir
mis novelas y mi vida de nuevas historias. Al final, escribir es también viajar
a otras épocas y lugares, así que mis dos aficiones están muy ligadas. Además,
me considero una apasionada de la historia y del arte. Soy una persona muy
familiar y me gusta hacer deporte siempre que puedo.
¿Qué le da más miedo? Me dan miedo
muchas cosas: la mediocridad, el rechazo, la enfermedad y la muerte. Da miedo
perder la memoria, dejar de saber quién eres, o ser consciente de todo y ver tu
deterioro físico. Por eso trato de cuidarme, para tener una vida larga y
autónoma. También creo que la vida nos va preparando para esos momentos, porque
la naturaleza es sabia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza la vulgaridad, la falta de educación, la
hipocresía y el abuso de los débiles. Intento siempre pensar que hasta en las
peores circunstancias, detrás del monstruo hay un porqué y un alma noble. A
veces, cuesta, lo reconozco. No creo que haya gente mala sin más, pienso que su
actitud responde a un trauma vital, a falta de oportunidades, a una debilidad…
Intento comprender sus demonios y eso es un peligro para mi propia
supervivencia. Pero creo que como escritora es un enfoque humanista que me diferencia.
Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Sería periodista, que es mi
profesión, guía turística o profesora de historia. Los tres oficios tienen algo
en común: todos son formas de comunicar y esa es una necesidad para mí. Escribir
es una herramienta para dar salida a muchas historias que me gustaría haber
vivido.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, durante
décadas jugué a baloncesto y ahora hago natación y voy al gimnasio. Hacer
deporte forma parte de mi vida.
¿Sabe cocinar? Prefiero que me cocinen o
disfrutar de la buena mesa en un gran restaurante. Nunca he tenido interés ni
paciencia por la cocina. Tampoco soy una persona muy casera, en general.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin duda, a
la reina Juana de Castilla, conocida como Juana Loca. Hija de los Reyes
Católicos estuvo destinada a reinar, pero rechazó el cargo por amor. La triple
traición de su padre, su esposo y su hijo provocaron que viviera gran parte de
su vida entre los muros de un convento en Tordesillas. Su vida me parece
fascinante y trágica.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Para mí la palabra que da sentido a todo, a lo que somos,
a las canciones, a las grandes gestas, es AMOR.
¿Y la más peligrosa? Una palabra
que no está en mi vocabulario ni en mi cabeza es RENDIRSE. No es una opción,
siempre hay una salida. Si en la vida perdemos la ilusión o la esperanza,
estamos perdidos.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca, ni en
mis peores sueños. Solo intento sobrevivir.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy muy
pragmática y no creo en siglas ni en ideologías. La política se ha convertido
en un espectáculo lamentable, en un cruce de insultos sin argumentos. Los
políticos se han ganado a pulso la desafección de la gente por su elitismo,
vanidad y ambición. Creo en la política útil, la que de verdad piensa en el
ciudadano, la que ya no existe.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría
ser una pintura impresionista en el Museo de Orsay de Paris, mi pinacoteca
favorita; una canción que emocionara a varias generaciones o una viajera en el
tiempo.
¿Cuáles son sus vicios principales? Soy una gran
golosa y una persona muy perfeccionista. Además, tengo el vicio de aprender
constantemente de todo. Soy una persona inquieta a la que cuesta seguir el
ritmo.
¿Y sus virtudes? Me considero muy sociable,
curiosa, honesta y empática. Creo que mis virtudes llevadas al extremo se
convierten en mis principales defectos. La línea es muy fina, a veces.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Imágenes de
mi infancia feliz, del triple que anoté para ganar un campeonato, de mi primer
amor, del parto de mi único hijo, imágenes de mis viajes por el mundo y de la
banda sonora de mi vida. Pensaría en lo afortunada que he sido, en todos los
sueños cumplidos, como el de ser escritora, y en los que seguro tendría por
cumplir. Y para terminar me entregaría a mi fatal destino antes de que me
comiera un tiburón.
T. M.
sábado, 20 de junio de 2026
Entrevista en Radio Vallekas y Radio Almaina por "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas"
viernes, 19 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Mori Ponsowy
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mori Ponsowy.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál
elegiría? En una novela que estuviera siendo escrita todos los
días quizás por mí misma a mis 85 años.
¿Prefiere
los animales a la gente? Los animales.
¿Es
usted cruel? Lo necesario para no ser objeto de crueldad.
¿Tiene
muchos amigos? No.
¿Qué
cualidades busca en sus amigos? Poder hablar de las nubes y también
de la tristeza.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? A veces.
¿Es
usted una persona sincera? Depende.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Jugando.
¿Qué
le da más miedo? Que las personas que quiero mueran antes que yo.
¿Qué
le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El
siglo XXI. Pero también me apasiona.
Si
no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Quizás
habría terminado internada en un psiquiátrico. O drogadicta.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? Todos los días practico, pero no
siempre resulta.
¿Sabe
cocinar? Depende de para quién.
Si
el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A alguno de los
personajes de mis novelas favoritas.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Todavía.
¿Y
la más peligrosa? Siempre.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? Claro.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? Sospecho de cualquiera que esté demasiado
seguro de tener razón.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un árbol.
¿Cuáles
son sus vicios principales? Me gusta demasiado el silencio.
¿Y
sus virtudes? Sobrevivir.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Espero que ninguna. Querría prestar atención a lo
que está ocurriendo.
T. M.
miércoles, 17 de junio de 2026
Publicación de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" (Ediciones del Subsuelo)
Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es el gran estudioso de la muerte voluntaria en el mundo de las letras, con títulos como El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico, Antología poética del suicidio (siglo XX), Melancolía y suicidios literarios. De Aristóteles a Alejandra Pizarnik y La letra herida. Autores suicidas, toxicómanos y dementes; además, es autor de hitos bibliográficos como su trilogía dedicada a Thoreau, Whitman y Emerson, y de monumentales trabajos sobre diferentes tradiciones literarias, como la inglesa o la alemana. Crítico literario de La Razón desde el año 2000, dirige la revista Qué Leer y colabora con Cuadernos Hispanoamericanos, Cultura/s (de La Vanguardia) y El Viajero (de El País). Entre sus sesenta libros publicados de diversos géneros (poesía, novela, ensayo, biografía y crónicas viajeras) se cuentan: Escribir, leer, vivir. Goethe, Tolstói, Mann, Zweig y Kafka (Ediciones del Subsuelo, 2017), No habrá muerte. Letras del gulag y el nazismo: de Borís Pasternak a Imre Kertész (Fórcola, 2018) y Palabrería de lujo. De la Ilustración hasta Houellebecq (Ediciones del Subsuelo, 2021).
domingo, 14 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Anselmo Ramos
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Anselmo Ramos.






