jueves, 1 de octubre de 2026
Reseña de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en "Qué Leer"
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Carlos Gutiérrez
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carlos Gutiérrez.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Ahora mismo, aquí
exactamente donde vivo. Estoy cerca de las personas (y animales) que más me
importan.
¿Prefiere los animales a la gente? Las personas también somos animales. Los animales no humanos cuentan con
menos recursos para defenderse de los animales humanos, que a menudo son
crueles con ellos, de modo que merecen mi compasión.
¿Es usted cruel? La
crueldad, como tantos otros términos, es algo relativo. Un acto puede ser cruel
para una persona, pero una bendición para otra. Aunque no sea exactamente la
pregunta, diré que intento no dañar a nadie (incluyendo a todos los seres
sintientes) de manera voluntaria con mis palabras, acciones o pensamientos.
¿Tiene muchos amigos? Define “amigos”. Y no los tengo, pues es algo que no puede poseerse.
Cuento con algunas (pocas) personas con las que puedo contar y en las que puedo
confiar.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Ninguna. Cada persona es como es, y si no hay una afinidad natural, no
por cualidades, gustos, etc. afines, sino porque sí, porque hay personas que
encajan (aunque sean muy distintas), entonces algo llamado amistad sería
forzado.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si no hay expectativas, no hay decepción.
¿Es usted una persona sincera? No. Lo intento, y mucho, pero la mentira está por todas partes, no solo
en decir cosas que sabes que no son ciertas, sino también lo son las
insinuaciones, las exageraciones… Hasta las opiniones suelen serlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? No entiendo mucho lo de tiempo libre. ¿Es el tiempo que queda después de
trabajar? En mi caso no hay una línea del todo definida entre trabajo y
no-trabajo. Me gusta leer, escribir, escuchar música, meditar, estudiar temas
que me interesan, pasar tiempo con gente querida. No sé, estas con algunas
cosas.
¿Qué le da más miedo? Creo que tendría que decir “no estar”. No la muerte en sí, sino el hecho
de “no estar”. Pero estoy trabajando en ello.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Creo que nada.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Bueno,
no “soy” escritor, si eso se refiere a trabajar de ello. No “soy” nada en ese
sentido, porque una persona no “es” su profesión. Me gusta la música (no toda,
claro), por ahí se podría haber hecho algo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? ¿Cuenta andar? Si no, muy poco, la verdad. Una pena.
¿Sabe cocinar? Sí.
No soy un experto, pero sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? King Diamond.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? No soy muy partidario de la
esperanza, creo que puede llegar a ser peligrosa.
¿Y la más peligrosa? Es una pregunta muy difícil. Diré “ignorancia”. Detrás de ella se
encuentran las guerras, los abusos, los fanatismos, la violencia, la falta de
compasión…
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Ostras, diría que no. Aunque seguro que he usado la frase “te mataré”, en
plan jocoso. Pero aunque sea en broma, intento no pensar o verbalizar cosas que
no siento.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? No tengo. Mejor dicho: no me siento identificado con ninguna.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un perro en una buena casa me iría bien. También algún pájaro, por
aquello de volar.
¿Cuáles son sus vicios principales? Puede que música y café.
¿Y sus virtudes? No
sé si es muy correcto hablar de posibles virtudes propias. Por cierto, no sé si
hay una lista oficial o algo así de cosas que puedan ser virtudes, pero lo que
para alguien es una virtud, para mí puede ser casi una tara, o a la inversa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que es un supuesto tan heavy que la respuesta dada entado
cómodamente carecería de validez, de modo que no voy a mentir y omitiré
responder.
T. M.
martes, 29 de septiembre de 2026
Tres biografías literarias: vidas escritas, escrituras vividas
Norman Mailer, Colette y Roberto Bolaño, autores universales tratados bajo un mismo hilo conductor: el género biográfico y la relación entre la vida personal y la creación
El propósito de las biografías de escritores no consiste únicamente en reconstruir el itinerario de una vida, sino en desentrañar el diálogo permanente entre la experiencia y la creación, entre el individuo y la obra que deja como legado. En ellas, los acontecimientos biográficos adquieren sentido cuando iluminan una novela, un poema o una decisión estética, mientras que los libros, a su vez, revelan zonas de la existencia que los documentos rara vez alcanzan a explicar. Visto así, toda gran biografía literaria es, por ello, una lectura crítica de una vida y, al mismo tiempo, una forma de leer una obra desde su contexto humano, histórico y emocional.
Las tres biografías que presentamos a continuación,
dedicadas a Colette, Norman Mailer y Roberto Bolaño, ofrecen perspectivas muy
distintas sobre esa compleja relación, más si cabe al pertenecer a épocas,
países y tradiciones literarias diferentes. Como cualquier buen autor, esta
tríada hizo de la escritura una manera de enfrentarse al mundo y de construir
una voz, en este caso narrativa, que aspiró a aportar algo nuevo al río de la
literatura. Y a fe que lo lograron, porque hoy se editan sus obras tanto como
libros sobre ellos.
La primera biografía nos presenta a de Sidonie
Gabrielle Colette (Saint Saveur, 1873-París, 1954), cuya obra rebasa prejuicios o expectativas. Cómo haría esta mujer para
dotar de una sensualidad mortecina, de una ternura fresca e inocente, textos
que van más allá de los géneros tradicionales. Ella misma fue miscelánea:
activista en las dos guerras mundiales, actriz de sus propias comedias,
espíritu libre y bisexual, «negra» para su primer marido –el farsante, infiel y
explotador Willy, o «el cerdo de Willy», como se le cita en el libro–, artista
de variedades, fundadora de un instituto de belleza y perfumes... y narradora
prolífica, pues más de setenta libros la contemplan.
Antoine Compagnon aborda estos diferentes aspectos
de Colette, como su «alter ego» Claudine, o Sido, personaje que le inspiró su
propia madre, además de Gigi ꟷuna
adolescente que se hace amante de hombres ricosꟷ, otra creación díscola de la autora que fue llevada al cine musical de Hollywood con gran éxito.
El investigador francés, de forma muy sintética, muestra a una Colette
que alcanzó una obra tan subversiva como universal.
Compagnon la llama «gran escritora nacional y monstruo
sagrado», y algo parecido podríamos decir sobre Norman Mailer (Long Branch,
1923-Nueva York, 2007), dentro del contexto de la literatura norteamericana tan
tendente a levantar ídolos e idolatrar escritores, si bien en este caso el
libro de Richard Bradford sirve para cuestionar su vida, tan intensa y
extravagante. El biógrafo aborda su literatura, claro está, pero pone el acento
en las experiencias personales que estuvieron ligadas a la violencia y a la
política a lo largo de su vida.
Se habla de su debut, a los veintiséis
años, con una novela monumental, Los desnudos y los muertos, que
recreaba la guerra del Pacífico a partir de la batalla de Iwo-Jima ꟷfruto de su
participación como soldadoꟷ y es para muchos
la mejor novela bélica contemporánea; se trata su época hippy, cuando se
dirigió al Pentágono en una famosa marcha en contra de la guerra de Vietnam, lo
que le inspiraría el libro Los ejércitos de la noche (1968), hasta el
momento en que publicó artículos en contra de la política internacional de
Bush, poniendo en tela de juicio la sociedad del bienestar del imperio yanqui.
Vemos en el libro a un Mailer que fue un mar de contradicciones, habida
cuenta de que apoyó de forma ambivalente el comunismo, el liberalismo, el
catolicismo o a la gente de su entorno: en este sentido, sus episodios más
oscuros tienen que ver con un intento, en 1960, de apuñalar a su segunda esposa
–tuvo cuatro, y nueve hijos–, lo que le llevó al psiquiátrico, y la ayuda que
prestó a un asesino para que saliera de la cárcel (una vez libre, el criminal
mataría a otra persona).
Mucha más discreta fue la vida de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003), que al
morir de una grave enfermedad hepática dejó lista una obra, 2666, de más
de mil páginas, que marcaría el destino de la literatura en el ámbito hispánico
y anglosajón. No en balde, sus colegas de generación –y muy notablemente los
autores jóvenes norteamericanos– lo consideran hoy la referencia literaria más
importante de nuestro siglo, y así lo atestigua el hecho de que se le hayan
dedicado monografías, congresos, documentales y homenajes por doquier.
A esto se añade una biografía de Jose
Serralvo, que toma un poema del autor de Los detectives salvajes para su
título y presenta al protagonista como un astro de las letras hispanas. Tal vez lo más
interesante del libro es lo que atañe a la etapa mexicana del autor, que tan
bien describió Jaime Quezada en Bolaño antes de Bolaño. Diario de una
residencia en México (Catalonia, 2007). Ambos amigos vivieron juntos casi
dos años (1971-1972) en la casa de los padres del escritor ya en ciernes,
quienes se habían trasladado allí en el convulso año de 1968 en busca de
mejores perspectivas laborales. Es el joven Bolaño ávido de lecturas,
independiente, algo arisco y misántropo, en un periodo en que destaca el apogeo
de Víctor Jara y Salvador Allende. En aquella casa de México DF, había una sola
máquina de escribir: Quezada y Bolaño decidieron compartirla; el primero por
las mañanas, el segundo por las tardes.
«Todo lo que he escrito lo he vivido», dijo el
narrador chileno, y quién sabe si esa convergencia es también una pequeña
licencia ficticia. Será tarea del lector establecer ese vínculo entre la vida
escrita, entre la escritura vivida, a lo largo de las páginas consagradas a la
provocación sexual de Colette, a la dureza varonil de Mailer, a la forma en que
Bolaño logró cambiar una vida itinerante y precaria desde la infancia, en un
contexto además tan tremendo como la dictadura de Pinochet, por otra cercana al
mar de Blanes y frente a la sorpresa de una reputación que se convirtió en
universal.
Publicado en Cultura/s de La Vanguardia, 22-VIII-2026
lunes, 28 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Paula Hoyos
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Paula Hoyos.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál
elegiría? Una casa, pero no como el piso de 47 m² en el que vivo, sino una
gran casa, como de novela de Mercè Rodoreda, con jardín, chimenea, estancias
amplias, grandes ventanales y techos altos.
¿Prefiere los animales a la gente? No soy una gran amante de los animales, me
provocan admiración y miedo. Por el momento, me quedo con la gente, pero tiempo
al tiempo.
¿Es usted cruel? En mí, como en cualquier otro ser humano, existe la crueldad, aunque
hago lo posible por no ir golpeando a los demás con ella.
¿Tiene muchos amigos? «Muchos» es relativo, pero me siento orgullosa de mis relaciones de
amistad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad e inteligencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Ya no. Creo que la crisis de los treinta me dio
dos cosas: una novela y la madurez para comprender a mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? Soy sincera cuando la ocasión lo requiere, la
mayor parte del tiempo prefiero una convivencia tranquila.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo novelas, paseando, en el cine y/o con
amigos.
¿Qué le da más miedo? Que la vida se desmorone. Tengo la sensación de que la estabilidad
vital cuelga de un hilo muy frágil, muy fino. La vivienda, el trabajo, el
dinero, la salud… todo son cosas que parecen ir relativamente bien, pero en
cualquier momento la estructura puede venirse abajo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La situación de
la vivienda, el comportamiento político lleno de «zascas» y faltas de respeto,
el tiempo de pantalla consumido, la indiferencia ante el dolor de los demás…
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una
vida creativa, ¿qué habría hecho? Me
hubiera gustado ser profesora de primaria.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Este mes (septiembre 2026) he buscado piso, he
publicado un libro, he desmontado muebles, he vendido trozos de mi vida en
Wallapop y he hecho una mudanza. Por las mañanas, he salido a correr antes de
empezar a trabajar. Ha sido útil para mantenerme cuerda.
¿Sabe cocinar? Sí (lo digo con la boca pequeña). A medida que me hago mayor, descubro
el placer de pasar tiempo en la cocina.
Si el Reader’s Digest le encargara
escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién
elegiría? A Josefina
Molina, por la emoción que me produjo Función de noche.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más
llena de esperanza? A riesgo de sonar
cursi, ojalá en todos los idiomas fuese infancia.
¿Y la más peligrosa? Poder.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Lo más cerca que he estado del asesinato es Crimen
y castigo, y me hizo convencerme de que nunca podría matar a nadie, no por
la otra persona (que también), sino por mí misma: sería incapaz de cargar con
la culpa.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Con todas mis contradicciones, me considero una
persona de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? A pesar de todo, me gusta ser yo.
¿Cuáles son sus vicios principales? Los bares. Me cuesta reconocer, aunque sea
evidente, cuando ha llegado el momento de recoger e irme a casa.
¿Y sus virtudes? Podría ser la empatía, quizá el humor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes,
dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Tirar canastas con mi padre, el día que mi madre
se tiñó el pelo de negro y se terminó mi infancia, comer pipas Tijuana con mis
amigas sentadas en un banco de la plaza, leer el ¡Hola! en casa de mi
abuela, el primer día que vi amanecer estando de fiesta, descubrir a Almudena
Grandes, tener resaca en un Alsa, la cafetería de la facultad de Farmacia, el
malecón de La Habana, la llamada que me hizo mudarme a Barcelona, cuando
salimos de la boca del metro y nos encontramos Nueva York, recorrer Ciudad de
México en bicicleta, la casa que alquilamos cada Navidad y el aeropuerto de
Santander.
T. M.
sábado, 26 de septiembre de 2026
Un artículo sobre el restaurante Sofia Bar & Tapas del hotel Grand Hyatt Barcelona
viernes, 25 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a José María García González
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José María García González.
Imagine que se está ahogando.
¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No
creo que fueran grandes acontecimientos. Supongo que aparecerían rostros,
lugares y momentos pequeños que en su día parecieron insignificantes. La voz de
alguna persona querida. Alguna habitación. Algún paisaje. Y seguramente libros
y música. Quizá también pensaría en todo lo que dejé sin decir. Y eso sería lo
peor.
T. M.
jueves, 24 de septiembre de 2026
Un artículo sobre el hotel H10 Palacio Colomera
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Belén Soto
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Belén Soto.
Si tuviera que vivir en
un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Uf,
a pesar de todo, me quedaría en españa.
¿Prefiere los animales a la
gente? Me gustan todos, y
revueltos, pero diré que con los animales es con quien tengo menos secretos.
¿Es usted cruel? Espero que no, aunque entre la justicia y la crueldad hay una línea muy
fina y pienso mucho en la justicia.
¿Tiene muchos amigos? A veces pienso que tengo demasiados, muchos más de los que tengo tiempo y
energía de atender: entonces la fortuna se convierte en culpa. Otras veces me
siento más sola y me da pena.
¿Qué cualidades busca en sus
amigos? Creo que todxs siguen algún tipo de integrismo
que les hace divertidxs, inteligentes y buenxs, cada unx a su manera.
¿Suelen decepcionarle sus
amigos? La verdad es que eso ha ocurrido en muy contadas
ocasiones, más bien en momentos en los que me he caído del guindo y he
descubierto que, en realidad, no éramos lo que yo considero verdaderamente
amigos. Es que puedo ser demasiado entusiasta a veces, creo.
¿Es usted una persona
sincera? Pienso que sí, que me cuesta
mentir: lo siento como una traición, para empezar, a mí misma, y después
–obvio– a lx otrx. Otra cosa es no contar toda la verdad, porque no todo el
mundo tiene por qué entrar en «el bosque tenebroso de mi mente».
¿Cómo prefiere ocupar su
tiempo libre? Con cosas bonitas
gratis.
¿Qué le da más miedo? Los pájaros muertos, las cucarachas y una vejez solitaria.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La negación de la verdad –entendiendo que la verdad es un consenso común,
una coherencia encontrada– para beneficio personal. O sea, ¿el egoísmo?
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Fabricaría cosas con las manos. Sería ebanista, o electricista, o albañila.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Aparte del pilates con las señoras del barrio, sólo
bailar y guarrerías.
¿Sabe cocinar? Tienes que saber cocinar tanto como te gusta comer si no eres un señorito
burgués.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno
de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Khé es eso?
¿Cuál es, en cualquier
idioma, la palabra más llena de esperanza? Una vez escuché a Pedro Lópeh decir –no sé si estaba citando a algún
tercero– que «vitalismo» es la expiación del sufrimiento. En última instancia y
más allá de las luchas, el sufrimiento no nos lo vamos a quitar de encima; si
algo puede empujar palante es aceptarlo y trascenderlo.
¿Y la más peligrosa? ¿Merecer?
¿Alguna vez ha querido matar
a alguien? Alguna.
¿Cuáles son sus tendencias
políticas? Si aún sirven esas palabras:
libertarias, antiautoritarias, contraculturales, transfeministas,
antipunitivas, antirracistas, decrecentistas... Creo en el respeto a la vida en
su heterogeneidad, en que las cosas no se hacen solas y en la imaginación para
la emancipación y la equidad. Muy absurda, supongo.
Si pudiera ser otra cosa,
¿qué le gustaría ser? Un gatito consentido y sano.
¿Cuáles son sus vicios
principales? Los realities y la comida grasienta.
¿Y sus virtudes? Dice ro gotelé en Poemas de autoayuda: soy de esas personas a las
que todo se le da bien / pero a medias / saber lo justo siempre me ha parecido
suficiente.
Imagine que se está
ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Un balcón, una goma de borrar tiesa y lxs seres
queridxs reunidxs pensando cómo hacer para robar del tanatorio mi cadáver y
montar una buena despedida.
T. M.
domingo, 13 de septiembre de 2026
Reseña en "Cultura/s" de "La Vanguardia" de "Mandar y obedecer. Historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe"
sábado, 12 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Fernando Salcedo Macías
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Fernando Salcedo Macías.
¿Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, cuál elegiría? Ecuador, definitivamente.
¿Prefiere los animales a la gente? La gente.
¿Es usted cruel? De manera natural, de ninguna
manera; pero podría serlo ante la maldad absoluta.
¿Tiene muchos amigos? Contados con los dedos de una
mano, y exagero. Los verdaderos amigos de toda la vida son tan raros como
ganarse la lotería.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? La cualidad más importante para
mí siempre va a ser la lealtad y el compromiso; eso viene siempre acompañado
del amor incondicional de la verdadera amistad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? La verdad creo que entre amigos
siempre puede haber decepciones, pero es parte del proceso de fortificar esa
misma amistad, dejando cimientos más sólidos y dando la oportunidad de reforzar
el perdón: la mejor cualidad entre amigos.
¿Es usted una persona sincera? Siempre con los demás, aunque a veces tengo que admitir que mentirme a mí mismo ha sido la clave para alcanzar mis objetivos, que se han visto lejanos, por no decir imposibles.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Definitivamente, mi tiempo libre
es para mi hijo y mi pareja.
¿Qué le da más miedo? Partir de este plano terrenal
sin ver a mis hijos adultos y conocer a todos mis nietos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que
le escandalice? La
maldad humana y la traición. El ser humano puede llegar a ser tan dañino con el
planeta y con su misma especie que muchas cosas ya están normalizadas; la
capacidad de indignación es una cualidad que va desapareciendo. Ahora la
inteligencia tiene que callar para que la estupidez no se ofenda.
¿Si no hubiera decidido ser escritor,
llevar una vida creativa, qué habría hecho? Bueno, en realidad no soy escritor; soy un
emprendedor empedernido que ha librado sus batallas en la escuela de la vida.
En mi caso la pregunta sería al revés, así que «ser escritor» me gusta mucho.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Es una tarea pendiente que ya no
puedo posponer más.
¿Sabe cocinar? Ese es un talento que por fortuna me ha
tocado. Hace muchos años no tenía ni idea, pero ahora puedo presumir que soy un
gran cocinero de comida ecuatoriana, la mejor del mundo.
Si el Reader’s Digest le encargara
escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién
elegiría? Soy
de izquierda desde la cuna, me agrada mucho la política y viví un cambio en mi
país donde tuvimos dignidad, una muy efímera. Sobre esa base no tengo duda:
elegiría a Rafael Correa, expresidente de Ecuador.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra
más llena de esperanza? Futuro.
¿Y la más peligrosa? Fe.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Todos alguna vez
queremos matar a alguien, pero jamás lo haría.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierda desde
la cuna; sé de dónde vengo y defiendo las luchas por la igualdad, la educación,
la salud y todos los derechos que nos hacen libres y dueños de la tierra que
nos vio nacer.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le
gustaría ser? Un extraterrestre.
¿Cuáles son sus vicios principales? Un buen whisky y una
buena tertulia.
¿Y sus virtudes? No tengo miedo al
fracaso, nunca me rindo, me considero buen padre, sé cocinar, entre otras.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué
imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Dejar a mis hijos y
seres queridos.
T. M.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Curso "Binomios de la literatura francesa" (segunda parte) en La Central del Raval
martes, 8 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a David Silva Rojas
En 1972, Truman Capote
publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió.
Lo tituló «Autorretrato» (en Los
perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo
con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus
frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman
la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de
la vida, de David
Silva Rojas.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Habiendo vivido en grandes
metrópolis como Tianjin, en China; Toyohashi, en Japón; y la misma Lima,
conozco de sobra el ritmo, el bullicio y la multitud de las ciudades grandes.
Por eso hoy valoro más que nada la tranquilidad y el silencio. Hace un tiempo,
durante una diligencia como abogado junto a la policía, tuve la oportunidad de
ir por Ocucaje en Ica. Al estar allí, rodeado de un horizonte amplio, sereno y
silencioso, me di cuenta de que ese era mi lugar ideal. Tiene un clima seco por
las tardes, noches frías para descansar bien y mañanas cálidas para empezar el
día. Si tuviera que quedarme allí para siempre, construiría una casa de campo y
tendría mi propia chacrita: criaría gallos, gallinas, pollos, patos y animales
pequeños como carneros y cabras, además de cultivar mis propios vegetales. Elegiría
Ocucaje porque te da la libertad de desconectarte por completo de todo. Mi
rutina perfecta sería trabajar la tierra por las mañanas, leer con calma por
las tardes, en medio del silencio del desierto, y contemplar los atardeceres y
los cielos estrellados por las noches. No necesitaría mucho más.
¿Prefiere
los animales a la gente? En cuanto a los derechos humanos, siempre he
defendido los derechos de las personas, especialmente cuando se trata de
quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como los niños o los
adultos mayores. Pero como compañía, sí: siempre me han gustado mucho los
animales. Tengo un par de loros y canarios que siempre están silbando. Me
alegra llegar a casa y escucharlos. Mis loros incluso me reciben diciendo:
«David, David, a la casa». También tengo un gato que, más que una mascota, hace
que yo parezca su mascota. Ni bien me ve, quiere que le dé de comer y lo
acaricie y luego se queda echado como si no tuviera ninguna preocupación en el
mundo. A veces lo miro y pienso: «yo quisiera esa vida». Cuando estoy
redactando, se sube a mis piernas y se queda allí, ronroneando, como si
estuviera dormido. De pronto se despierta, se va porque escuchó algo y después
regresa. A veces hasta parece que quisiera hablarme, aunque no tengo idea de
qué me está diciendo. Yo le digo: «Estás loco».
¿Es
usted cruel? No creo serlo, pero he descubierto que puedo
utilizar las palabras para hacer que alguien se sienta mal, no porque lo
insulte o lo denigre, sino porque puedo hacerle ver cosas que quizá no quiere
reconocer o que no había advertido en sus propias declaraciones. Lo he notado
durante diligencias, interrogatorios y contrainterrogatorios en juicios orales.
No sé si eso sea crueldad, pero es lo más cercano a ella que he encontrado en
mí.
¿Tiene
muchos amigos? No. Tengo muchos conocidos y compañeros, pero
amigos, de esos que se dicen de verdad, se cuentan con los dedos de una mano.
Para mí, un amigo es alguien que te entiende, te comprende y está dispuesto a
ayudarte más allá de lo que le convenga; alguien que está ahí para darte una
mano en los momentos más difíciles.
¿Qué
cualidades busca en sus amigos? Creo que, sobre todo, la sinceridad
y la lealtad. Personas consecuentes con lo que dicen, capaces de defender sus
ideas y que valoren la amistad por encima de la conveniencia.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? No, porque como son poquísimos, todavía no me han
decepcionado.
¿Es
usted una persona sincera? Sí, trato de serlo siempre. Me gusta
que sean sinceros conmigo, aunque lo que tengan que decirme pueda doler. De la
misma manera, yo también procuro decir la verdad, pero buscando siempre el
momento y el lugar adecuados.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Siempre me ha
gustado leer y escribir. Aunque sea solo para mí, lo hago constantemente; de
hecho, tengo cajones llenos de manuscritos que yo mismo he impreso para leerlos
luego de otra manera. También me gusta leer libros de historia, ensayos y,
sobre todo, trabajos relacionados con el estudio de casos. Y, aunque suene poco
emocionante, parte de ese tiempo termina ocupada en asuntos pendientes del
trabajo: redactando escritos o contestando requerimientos.
¿Qué
le da más miedo? Lo desconocido. Cuando era niño, un profesor me dijo
una cosa que todavía recuerdo: si algo te causa miedo, no esperes; busca
información, lee sobre aquello que te produce ese sentimiento. Una vez que
sabes qué es, cómo funciona y puedes ponerlo en blanco y negro, pierde gran
parte de su poder sobre ti.
¿Qué
le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me
escandalizan los casos en los que se trata a los niños como objetos para
cumplir labores que no corresponden a su edad, o cuando se los utiliza sin
tener en cuenta su vulnerabilidad ni la situación por la que están atravesando.
Si
no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo
que habría sido agricultor o jardinero. Me encanta cultivar. Tengo un ejército
de cactus y suculentas en macetas pequeñas; me gusta regarlos, cuidarlos y
siempre estoy buscando alguna variedad nueva. Me fascina que puedan crecer con
tan poco, prácticamente solo con agua, y que, cuando florecen, sus flores sean
hermosas.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? No practico ejercicio con
regularidad. Cuando puedo, me gusta nadar, ya sea en el mar o en una piscina.
¿Sabe
cocinar? Sí. Desde niño mi madre me enseñó a hacerlo, aunque
a mi padre le disgustaba que un hombre cocinara, lavara o limpiara. Años
después, cuando estuve en Japón, la escritura y la cocina fueron las dos
actividades que más desarrollé, tanto como pasatiempo como forma de
distracción.
Si
el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a Fujita
sensei, un maestro que conocí cuando tenía trece años, al emigrar a Japón. La
primera vez que me vio, me dijo: «Sé que estás ansioso y un poco temeroso».
Después me explicó que en Japón las personas no siempre hablan abiertamente de
sus sentimientos y me aconsejó que escribiera aquello que no podía decir. Era
un hombre muy paciente. Cuando me equivocaba en algún ejercicio, me decía que
no borrara lo que había hecho, porque también se aprendía mirando los errores.
Una vez vio uno de mis primeros kanji para «pez» y me comentó: «Parece un pez
muerto, pero es tuyo». Yo siempre lo veía allí, dando clases tanto a quienes
acabábamos de llegar como a los que habían nacido en el país y necesitaban
aprender o mejorar el idioma de sus padres. Siempre mantenía la misma calma,
aunque el salón a veces fuera un pequeño caos de lenguas mezcladas, palabras
mal pronunciadas y otras dichas correctamente. Con el tiempo entendí que, antes
de enseñarme un idioma, Fujita sensei me había enseñado a observar. Me decía
que un escritor no debía apresurarse a explicar ni a juzgar, sino aprender a
mirar con atención y confiar en la inteligencia del lector. También me enseñó
que no todo tenía que decirse: a veces el silencio forma parte de la historia.
Creo que muchas de esas lecciones todavía me acompañan cuando escribo.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Komorebi
(木漏れ日), en japonés. No significa literalmente «esperanza»,
sino la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. Me gusta porque transmite la idea de que,
incluso cuando estamos rodeados de sombras, siempre puede aparecer un poco de
luz.
¿Y la más peligrosa? Yurusarenai
(許されない), «lo imperdonable», «lo
que no se tolera». Siempre
he pensado que es una palabra peligrosa porque puede cerrar la puerta al
entendimiento. Cuando una persona o una sociedad decide que algo o alguien es
absolutamente imperdonable, puede dejar de preguntarse por qué ocurrió. Y para
mí esa pregunta es fundamental. Ninguna acción ocurre completamente en el
vacío: hay motivos, circunstancias, experiencias y dinámicas detrás de lo que
hacemos. Comprenderlas no significa justificar lo que alguien hizo, pero sí
permite saber cómo ocurrió y, sobre todo, qué habría que cambiar para evitar
que vuelva a ocurrir. Cuando dejamos de intentar comprender y nos quedamos
únicamente con la condena, corremos además el riesgo de deshumanizar al otro.
El castigo puede convertirse en venganza y la búsqueda de una solución termina
reducida a señalar un culpable. Por eso me parece peligrosa: porque una sola
palabra puede hacernos dejar de preguntar.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? No. Tal vez sí he querido agarrar a
alguien, decirle unas cuantas cosas o gritarle, pero jamás matarlo. La vida
humana, para mí, es un límite absoluto.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? No suelo seguir banderas ni
tendencias políticas. Prefiero analizar las ideas de manera independiente y
quedarme con aquello que tenga más sentido o lógica en cada caso. Lo que sí
valoro es que lo que se prometa se cumpla. Si algo es difícil o sencillamente
no se puede hacer, prefiero que se diga con claridad. Me resulta mucho más
honesto eso que lanzar una promesa imposible solo para agradar, ser
condescendiente y conseguir que todos te quieran. Prefiero una respuesta
incómoda pero sincera antes que una promesa bonita que nunca se va a cumplir.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Agricultor o
jardinero. Me gustaría cultivar frutas y verduras, criar aves de corral y, para
ser franco, tener mi propia granja.
¿Cuáles
son sus vicios principales? Las bebidas carbonatadas. Me gusta
mucho esa sensación de dulzor y frescura que producen en el paladar y la
garganta.
¿Y
sus virtudes? No suelo pensar demasiado en mis virtudes. Me
imagino que una de ellas es ser solidario. A veces hago cosas sin preocuparme
demasiado de dónde saldrá el dinero y termino pagándolas de mi propio
patrimonio, o simplemente no cobro por determinados servicios. Más de una vez
algunos colegas me han dicho que no me involucre tanto, que voy a terminar
pobre o sin nada en los bolsillos. Tienen algo de razón, supongo, pero hasta ahora
no he aprendido a actuar de otra manera.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Más que una película acelerada de toda mi vida,
creo que aparecerían flashes de puros contrastes. Recordaría las enormes y
ruidosas metrópolis donde viví en el pasado y, casi de inmediato, la paz, el
silencio y la luz dorada de una tarde en el campo de Ica. Junto a esas imágenes
aparecerían los rostros de las personas a las que alguna vez pude tender la
mano cuando más lo necesitaban.
T. M.








