lunes, 5 de octubre de 2026
La revista "Qué Leer" de este septiembre
domingo, 4 de octubre de 2026
Entrevista capotiana a Francisco Javier González-Tablas Sastre
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Francisco Javier González-Tablas Sastre.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Me gusta el mundo, pero si hay que elegir, me
quedo con Ávila.
¿Prefiere los animales a la gente? Los dos, no
creo que sean incompatibles.
¿Es usted cruel? En absoluto.
¿Tiene muchos amigos? Afortunadamente, sí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, sinceridad,
comprensión.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No.
¿Es usted una persona sincera? Pienso que
sí. Siempre he mantenido que la sinceridad es básica para una buena
convivencia.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Pintando, grabando,
cantando y escribiendo. Llevo pintando toda mi vida, he formado parte de un
coro y de un grupo hasta hace poco y, desde que me jubilé, he añadido el
grabado y la escritura. Me divierte escribir, pero no soy un escritor, otros me
calificarían como un pega palabras.
¿Qué le da más miedo? La pérdida
de mi realidad y de mis recuerdos, no reconocer a mi gente ni a mí mismo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La mentira. No creo que haya nada más escandaloso.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Fui profesor universitario y
arqueólogo, no he sido escritor, esa fue mi decisión. De no ser arqueólogo tal
vez me habría dedicado a las bellas artes, cualquiera de sus especialidades.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? He jugado a
rugby hasta los cuarenta y cinco años, desde entonces solo camino.
¿Sabe cocinar? Lamentablemente solo las cosas básicas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi Padre.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Paz.
¿Y la más peligrosa? Guerra.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Hay individuos
que, por su maldad innata, tal vez se lo merecerían, pero nadie tiene derecho a
quitar la vida, ni individualmente ni institucionalmente.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierdas,
pero no milito en ningún partido. Soy el clásico izquierdista disconforme con
la estanqueidad de los partidos, aunque entiendo su necesaria existencia.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? No cambiaria
mi vida por ninguna otra.
¿Cuáles son sus vicios principales? Fumar.
¿Y sus virtudes? No me creo capaz de
señalar ninguna.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi mujer, mis hijos,
mis nietos, mi familia. Son imágenes clásicas, pero estoy seguro de que esas
serían las que acudirían a mi cabeza.
T. M.
sábado, 3 de octubre de 2026
Mis 5 libros imprescindibles de la literatura rusa
Recientemente, desde Ediciones del Subsuelo me pidieron que recomendara 5 libros de la literatura rusa para su newsletter, y esto es lo que preparé al respecto:
Fiódor Dostoievski, Diario de un escritor
Dostoievski publicó una serie de textos de carácter misceláneo en una revista que acabaría constituyendo su Diario de un escritor: un conjunto de escritos reflexivos y personales, sociológicos y periodísticos, narrativos y morales que vieron la luz entre los años 1873 y 1881; todo un collage de impresiones, recuerdos e historias reales e inventadas: crónicas de sucesos y de juicios populares a maltratadores y asesinos que destacan, sobre todo, por su trasfondo costumbrista. Ahí surge el Dostoievski más sensible, más ocupado en relacionar la sociedad de su tiempo con el alma rusa ancestral. Periodista tras noticias de la calle, detective de las vidas privadas de las gentes anónimas, Dostoievski aguza el oído en barcos y trenes, e imagina tras sus rostros el pasado de los desconocidos. Escribe acerca de Pushkin, del Quijote, de Anna Karénina, de la «sombría» San Petersburgo, del «lenguaje» de los borrachos, de lo triste que se siente los domingos…
Lev Tolstói, Anna Karénina
Tolstói instala a su protagonista en el corazón de
la aristocracia rusa y la somete a una presión moral constante. Aparte de vivir
una pasión, Anna encarna el modo en que se puede desafiar a un orden que se
sostiene en la apariencia y la reputación. El relato la rodea de un aparato
ético que la examina, la comprende y, en cierto modo, la juzga. El personaje se
precipita hacia un abismo pasional, pues Tolstói dramatiza el conflicto y lo
integra en una visión moral del mundo. Las mujeres de Tolstói parecen inscritas
en una historia mayor que las trasciende, de modo que el sufrimiento de Anna es
expansivo, casi exhibicionista y por lo tanto temerario. Tolstói hace que la
sociedad la condene, pero también ella misma se juzga, de ahí que el
padecimiento emocional en la novela se convierta en una colisión entre pasión,
culpa y exclusión.
Antón Chéjov, El reino de las mujeres
Algunos protagonistas de Chéjov nos inquietan porque
no se atreven a nada, porque comprenden las cosas demasiado tarde, porque se parecen
demasiado a nosotros. Por ejemplo, el relato El reino de las mujeres
(1894) no desemboca en una ruptura argumental mínimamente llamativa, pues la
marca de la casa de Chéjov estriba en evitar el dramatismo y proporcionar al
lector un desenlace ejemplar. Lo que en realidad se transforma es la conciencia
de la protagonista, dado que Anna comprende que su poder es limitado:
administra bienes, pero no gobierna el sentido de su propia vida, así que la
riqueza la convierte en benefactora, pero también la fija en el papel que los
otros esperan de ella.
Yevgueni Zamiatin, Nosotros
Esta distopía ejerció una influencia directa sobre Orwell (este la
reseñó poco antes de escribir 1984). Y realmente haría bien cualquier
lector en intentar que no le pasara lo mismo y se animara a conocer esta
historia ambientada en el siglo XXVI y ubicada en una ciudad con muros y
edificios de cristal —para que la vida de las gentes sea del todo transparente—,
de signo totalitario, y que fue prohibida y olvidada en la Unión Soviética,
hasta que pudo ver la luz en 1988, con la llegada de la perestroika. La
escribió entre 1920 y 1921, y puede interpretarse como una sátira,
increíblemente fantasiosa hace cien años, inquietantemente posible en el futuro
—como ya nos tiene acostumbrados la ficción audiovisual—, de cómo la URSS
maniató a sus súbditos hasta cotas que, de no haber sido tan sanguinarias,
resultarían cómicas por su psicopatología ridícula.
Borís Pasternak, El doctor Zhivago
El autor estuvo marcado por la prohibición de
publicar en la URSS este libro que tan popular se hizo gracias al cine en su
adaptación de 1965. El escritor se vería obligado, ante las presiones del
presidente del país Nikita Jrushchov, a renunciar al Premio Nobel que le habían
concedido en 1958, al año siguiente de publicar su novela en Italia. El Partido
Comunista italiano había intentado que no viera la luz. Se trata de la historia
del doctor Yuri Zhivago, ambientada en la Primera Guerra Mundial, la Revolución
rusa de 1917 y la posterior guerra civil de 1918-1920; al autor se le acusó de
hablar de los avatares rusos bélicos y sociales con subjetividad y poniendo el
énfasis en el padecimiento individual ―alejado, pues, del interés colectivo
comunista― de un hombre que es apartado de su mujer e hijo al ser designado
médico militar en el frente de la Gran Guerra.
viernes, 2 de octubre de 2026
Entrevista capotiana a Luis Antonio Penas Enríquez
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Antonio Penas Enríquez.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás
de él, ¿cuál elegiría? Conozco un lugar en la montaña
de Lugo, allí mi familia tiene una enorme y preciosa casa, donde siempre me he
encontrado muy a gusto.
¿Prefiere
los animales a la gente? Déjeme ser Gallego en esta
respuesta, no todos los animales son encantadores, ni las personas son todas
unas bestias degradadas, eso significa que me rodeo tanto de personas como de
animales que me gusten y les guste.
¿Es
usted cruel? No soy cruel, soy afable, agradable y
compasivo.
¿Tiene
muchos amigos? Tengo muchos conocidos, pero amigos de toda
la vida, que sabes que no fallaran, pocos.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? Que sean buenas personas y leales. Es
interesante comprobar cómo, además, los que se han quedado son inteligentes y
atractivos por diferentes aspectos de su personalidad, y por un entorno que han
sabido construirse.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? Si eso se diera, que no se da,
no serían amigos.
¿Es
usted una persona sincera? Soy adulto y realista, la
verdad es algo que duele e incomoda, la verdad no deja dormir, además de que la
gente suele elegir aquello que le agrada. Es un aspecto de la realidad que hay
que manejar con mucho cuidado, pero procuro decir la verdad, no sé si eso entra
en su concepto de sinceridad.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Con mis aficiones: ajedrez y
astronomía, me gusta leer y me encanta dedicar tiempo a mi familia.
¿Qué le
da más miedo? Lo que va a pasarnos a todos en unos años,
en el mejor de los casos.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La maldad
que no por repetida deja de ser obscena.
Si no
hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Elegí la
vida que quise vivir.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? Me mantengo activo físicamente,
pero creo que eso no entra en la categoría de “deporte “.
¿Sabe
cocinar? Cocinar no, lo que consigo es que, después
de hacer algo en la cocina, la gente no intenta asesinarme, ni muere en el
hospital, ni tampoco huyen como si hubiesen visto que hacienda se acerca.
Si el Reader’s
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje
inolvidable», ¿a quién elegiría? A Jesucristo.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Si en el
contexto de esta entrevista palabra es un nombre este sería Jesús.
¿Y la más
peligrosa? Miedo, y no tanto por la propia palabra
sino por lo que define: un muy concreto estado de la mente; porque el ser
humano con miedo es la criatura más peligrosa que ha creado este mundo.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? No.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? No tengo.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gusta
mucho quien soy.
¿Cuáles
son sus vicios principales? Me entusiasmo muy bien.
¿Y sus
virtudes? Resiliencia.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? ¡Cachis!, ahora que me lo estaba pasando
tan bien.
T. M.
jueves, 1 de octubre de 2026
Reseña de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en "Qué Leer"
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Carlos Gutiérrez
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carlos Gutiérrez.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Ahora mismo, aquí
exactamente donde vivo. Estoy cerca de las personas (y animales) que más me
importan.
¿Prefiere los animales a la gente? Las personas también somos animales. Los animales no humanos cuentan con
menos recursos para defenderse de los animales humanos, que a menudo son
crueles con ellos, de modo que merecen mi compasión.
¿Es usted cruel? La
crueldad, como tantos otros términos, es algo relativo. Un acto puede ser cruel
para una persona, pero una bendición para otra. Aunque no sea exactamente la
pregunta, diré que intento no dañar a nadie (incluyendo a todos los seres
sintientes) de manera voluntaria con mis palabras, acciones o pensamientos.
¿Tiene muchos amigos? Define “amigos”. Y no los tengo, pues es algo que no puede poseerse.
Cuento con algunas (pocas) personas con las que puedo contar y en las que puedo
confiar.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Ninguna. Cada persona es como es, y si no hay una afinidad natural, no
por cualidades, gustos, etc. afines, sino porque sí, porque hay personas que
encajan (aunque sean muy distintas), entonces algo llamado amistad sería
forzado.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si no hay expectativas, no hay decepción.
¿Es usted una persona sincera? No. Lo intento, y mucho, pero la mentira está por todas partes, no solo
en decir cosas que sabes que no son ciertas, sino también lo son las
insinuaciones, las exageraciones… Hasta las opiniones suelen serlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? No entiendo mucho lo de tiempo libre. ¿Es el tiempo que queda después de
trabajar? En mi caso no hay una línea del todo definida entre trabajo y
no-trabajo. Me gusta leer, escribir, escuchar música, meditar, estudiar temas
que me interesan, pasar tiempo con gente querida. No sé, estas con algunas
cosas.
¿Qué le da más miedo? Creo que tendría que decir “no estar”. No la muerte en sí, sino el hecho
de “no estar”. Pero estoy trabajando en ello.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Creo que nada.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Bueno,
no “soy” escritor, si eso se refiere a trabajar de ello. No “soy” nada en ese
sentido, porque una persona no “es” su profesión. Me gusta la música (no toda,
claro), por ahí se podría haber hecho algo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? ¿Cuenta andar? Si no, muy poco, la verdad. Una pena.
¿Sabe cocinar? Sí.
No soy un experto, pero sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? King Diamond.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? No soy muy partidario de la
esperanza, creo que puede llegar a ser peligrosa.
¿Y la más peligrosa? Es una pregunta muy difícil. Diré “ignorancia”. Detrás de ella se
encuentran las guerras, los abusos, los fanatismos, la violencia, la falta de
compasión…
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Ostras, diría que no. Aunque seguro que he usado la frase “te mataré”, en
plan jocoso. Pero aunque sea en broma, intento no pensar o verbalizar cosas que
no siento.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? No tengo. Mejor dicho: no me siento identificado con ninguna.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un perro en una buena casa me iría bien. También algún pájaro, por
aquello de volar.
¿Cuáles son sus vicios principales? Puede que música y café.
¿Y sus virtudes? No
sé si es muy correcto hablar de posibles virtudes propias. Por cierto, no sé si
hay una lista oficial o algo así de cosas que puedan ser virtudes, pero lo que
para alguien es una virtud, para mí puede ser casi una tara, o a la inversa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que es un supuesto tan heavy que la respuesta dada entado
cómodamente carecería de validez, de modo que no voy a mentir y omitiré
responder.
T. M.
martes, 29 de septiembre de 2026
Tres biografías literarias: vidas escritas, escrituras vividas
Norman Mailer, Colette y Roberto Bolaño, autores universales tratados bajo un mismo hilo conductor: el género biográfico y la relación entre la vida personal y la creación
El propósito de las biografías de escritores no consiste únicamente en reconstruir el itinerario de una vida, sino en desentrañar el diálogo permanente entre la experiencia y la creación, entre el individuo y la obra que deja como legado. En ellas, los acontecimientos biográficos adquieren sentido cuando iluminan una novela, un poema o una decisión estética, mientras que los libros, a su vez, revelan zonas de la existencia que los documentos rara vez alcanzan a explicar. Visto así, toda gran biografía literaria es, por ello, una lectura crítica de una vida y, al mismo tiempo, una forma de leer una obra desde su contexto humano, histórico y emocional.
Las tres biografías que presentamos a continuación,
dedicadas a Colette, Norman Mailer y Roberto Bolaño, ofrecen perspectivas muy
distintas sobre esa compleja relación, más si cabe al pertenecer a épocas,
países y tradiciones literarias diferentes. Como cualquier buen autor, esta
tríada hizo de la escritura una manera de enfrentarse al mundo y de construir
una voz, en este caso narrativa, que aspiró a aportar algo nuevo al río de la
literatura. Y a fe que lo lograron, porque hoy se editan sus obras tanto como
libros sobre ellos.
La primera biografía nos presenta a de Sidonie
Gabrielle Colette (Saint Saveur, 1873-París, 1954), cuya obra rebasa prejuicios o expectativas. Cómo haría esta mujer para
dotar de una sensualidad mortecina, de una ternura fresca e inocente, textos
que van más allá de los géneros tradicionales. Ella misma fue miscelánea:
activista en las dos guerras mundiales, actriz de sus propias comedias,
espíritu libre y bisexual, «negra» para su primer marido –el farsante, infiel y
explotador Willy, o «el cerdo de Willy», como se le cita en el libro–, artista
de variedades, fundadora de un instituto de belleza y perfumes... y narradora
prolífica, pues más de setenta libros la contemplan.
Antoine Compagnon aborda estos diferentes aspectos
de Colette, como su «alter ego» Claudine, o Sido, personaje que le inspiró su
propia madre, además de Gigi ꟷuna
adolescente que se hace amante de hombres ricosꟷ, otra creación díscola de la autora que fue llevada al cine musical de Hollywood con gran éxito.
El investigador francés, de forma muy sintética, muestra a una Colette
que alcanzó una obra tan subversiva como universal.
Compagnon la llama «gran escritora nacional y monstruo
sagrado», y algo parecido podríamos decir sobre Norman Mailer (Long Branch,
1923-Nueva York, 2007), dentro del contexto de la literatura norteamericana tan
tendente a levantar ídolos e idolatrar escritores, si bien en este caso el
libro de Richard Bradford sirve para cuestionar su vida, tan intensa y
extravagante. El biógrafo aborda su literatura, claro está, pero pone el acento
en las experiencias personales que estuvieron ligadas a la violencia y a la
política a lo largo de su vida.
Se habla de su debut, a los veintiséis
años, con una novela monumental, Los desnudos y los muertos, que
recreaba la guerra del Pacífico a partir de la batalla de Iwo-Jima ꟷfruto de su
participación como soldadoꟷ y es para muchos
la mejor novela bélica contemporánea; se trata su época hippy, cuando se
dirigió al Pentágono en una famosa marcha en contra de la guerra de Vietnam, lo
que le inspiraría el libro Los ejércitos de la noche (1968), hasta el
momento en que publicó artículos en contra de la política internacional de
Bush, poniendo en tela de juicio la sociedad del bienestar del imperio yanqui.
Vemos en el libro a un Mailer que fue un mar de contradicciones, habida
cuenta de que apoyó de forma ambivalente el comunismo, el liberalismo, el
catolicismo o a la gente de su entorno: en este sentido, sus episodios más
oscuros tienen que ver con un intento, en 1960, de apuñalar a su segunda esposa
–tuvo cuatro, y nueve hijos–, lo que le llevó al psiquiátrico, y la ayuda que
prestó a un asesino para que saliera de la cárcel (una vez libre, el criminal
mataría a otra persona).
Mucha más discreta fue la vida de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003), que al
morir de una grave enfermedad hepática dejó lista una obra, 2666, de más
de mil páginas, que marcaría el destino de la literatura en el ámbito hispánico
y anglosajón. No en balde, sus colegas de generación –y muy notablemente los
autores jóvenes norteamericanos– lo consideran hoy la referencia literaria más
importante de nuestro siglo, y así lo atestigua el hecho de que se le hayan
dedicado monografías, congresos, documentales y homenajes por doquier.
A esto se añade una biografía de Jose
Serralvo, que toma un poema del autor de Los detectives salvajes para su
título y presenta al protagonista como un astro de las letras hispanas. Tal vez lo más
interesante del libro es lo que atañe a la etapa mexicana del autor, que tan
bien describió Jaime Quezada en Bolaño antes de Bolaño. Diario de una
residencia en México (Catalonia, 2007). Ambos amigos vivieron juntos casi
dos años (1971-1972) en la casa de los padres del escritor ya en ciernes,
quienes se habían trasladado allí en el convulso año de 1968 en busca de
mejores perspectivas laborales. Es el joven Bolaño ávido de lecturas,
independiente, algo arisco y misántropo, en un periodo en que destaca el apogeo
de Víctor Jara y Salvador Allende. En aquella casa de México DF, había una sola
máquina de escribir: Quezada y Bolaño decidieron compartirla; el primero por
las mañanas, el segundo por las tardes.
«Todo lo que he escrito lo he vivido», dijo el
narrador chileno, y quién sabe si esa convergencia es también una pequeña
licencia ficticia. Será tarea del lector establecer ese vínculo entre la vida
escrita, entre la escritura vivida, a lo largo de las páginas consagradas a la
provocación sexual de Colette, a la dureza varonil de Mailer, a la forma en que
Bolaño logró cambiar una vida itinerante y precaria desde la infancia, en un
contexto además tan tremendo como la dictadura de Pinochet, por otra cercana al
mar de Blanes y frente a la sorpresa de una reputación que se convirtió en
universal.
Publicado en Cultura/s de La Vanguardia, 22-VIII-2026
lunes, 28 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Paula Hoyos
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Paula Hoyos.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál
elegiría? Una casa, pero no como el piso de 47 m² en el que vivo, sino una
gran casa, como de novela de Mercè Rodoreda, con jardín, chimenea, estancias
amplias, grandes ventanales y techos altos.
¿Prefiere los animales a la gente? No soy una gran amante de los animales, me
provocan admiración y miedo. Por el momento, me quedo con la gente, pero tiempo
al tiempo.
¿Es usted cruel? En mí, como en cualquier otro ser humano, existe la crueldad, aunque
hago lo posible por no ir golpeando a los demás con ella.
¿Tiene muchos amigos? «Muchos» es relativo, pero me siento orgullosa de mis relaciones de
amistad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad e inteligencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Ya no. Creo que la crisis de los treinta me dio
dos cosas: una novela y la madurez para comprender a mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? Soy sincera cuando la ocasión lo requiere, la
mayor parte del tiempo prefiero una convivencia tranquila.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo novelas, paseando, en el cine y/o con
amigos.
¿Qué le da más miedo? Que la vida se desmorone. Tengo la sensación de que la estabilidad
vital cuelga de un hilo muy frágil, muy fino. La vivienda, el trabajo, el
dinero, la salud… todo son cosas que parecen ir relativamente bien, pero en
cualquier momento la estructura puede venirse abajo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La situación de
la vivienda, el comportamiento político lleno de «zascas» y faltas de respeto,
el tiempo de pantalla consumido, la indiferencia ante el dolor de los demás…
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una
vida creativa, ¿qué habría hecho? Me
hubiera gustado ser profesora de primaria.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Este mes (septiembre 2026) he buscado piso, he
publicado un libro, he desmontado muebles, he vendido trozos de mi vida en
Wallapop y he hecho una mudanza. Por las mañanas, he salido a correr antes de
empezar a trabajar. Ha sido útil para mantenerme cuerda.
¿Sabe cocinar? Sí (lo digo con la boca pequeña). A medida que me hago mayor, descubro
el placer de pasar tiempo en la cocina.
Si el Reader’s Digest le encargara
escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién
elegiría? A Josefina
Molina, por la emoción que me produjo Función de noche.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más
llena de esperanza? A riesgo de sonar
cursi, ojalá en todos los idiomas fuese infancia.
¿Y la más peligrosa? Poder.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Lo más cerca que he estado del asesinato es Crimen
y castigo, y me hizo convencerme de que nunca podría matar a nadie, no por
la otra persona (que también), sino por mí misma: sería incapaz de cargar con
la culpa.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Con todas mis contradicciones, me considero una
persona de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? A pesar de todo, me gusta ser yo.
¿Cuáles son sus vicios principales? Los bares. Me cuesta reconocer, aunque sea
evidente, cuando ha llegado el momento de recoger e irme a casa.
¿Y sus virtudes? Podría ser la empatía, quizá el humor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes,
dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Tirar canastas con mi padre, el día que mi madre
se tiñó el pelo de negro y se terminó mi infancia, comer pipas Tijuana con mis
amigas sentadas en un banco de la plaza, leer el ¡Hola! en casa de mi
abuela, el primer día que vi amanecer estando de fiesta, descubrir a Almudena
Grandes, tener resaca en un Alsa, la cafetería de la facultad de Farmacia, el
malecón de La Habana, la llamada que me hizo mudarme a Barcelona, cuando
salimos de la boca del metro y nos encontramos Nueva York, recorrer Ciudad de
México en bicicleta, la casa que alquilamos cada Navidad y el aeropuerto de
Santander.
T. M.
sábado, 26 de septiembre de 2026
Un artículo sobre el restaurante Sofia Bar & Tapas del hotel Grand Hyatt Barcelona
viernes, 25 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a José María García González
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José María García González.
Imagine que se está ahogando.
¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No
creo que fueran grandes acontecimientos. Supongo que aparecerían rostros,
lugares y momentos pequeños que en su día parecieron insignificantes. La voz de
alguna persona querida. Alguna habitación. Algún paisaje. Y seguramente libros
y música. Quizá también pensaría en todo lo que dejé sin decir. Y eso sería lo
peor.
T. M.
jueves, 24 de septiembre de 2026
Un artículo sobre el hotel H10 Palacio Colomera
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Belén Soto
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Belén Soto.
Si tuviera que vivir en
un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Uf,
a pesar de todo, me quedaría en españa.
¿Prefiere los animales a la
gente? Me gustan todos, y
revueltos, pero diré que con los animales es con quien tengo menos secretos.
¿Es usted cruel? Espero que no, aunque entre la justicia y la crueldad hay una línea muy
fina y pienso mucho en la justicia.
¿Tiene muchos amigos? A veces pienso que tengo demasiados, muchos más de los que tengo tiempo y
energía de atender: entonces la fortuna se convierte en culpa. Otras veces me
siento más sola y me da pena.
¿Qué cualidades busca en sus
amigos? Creo que todxs siguen algún tipo de integrismo
que les hace divertidxs, inteligentes y buenxs, cada unx a su manera.
¿Suelen decepcionarle sus
amigos? La verdad es que eso ha ocurrido en muy contadas
ocasiones, más bien en momentos en los que me he caído del guindo y he
descubierto que, en realidad, no éramos lo que yo considero verdaderamente
amigos. Es que puedo ser demasiado entusiasta a veces, creo.
¿Es usted una persona
sincera? Pienso que sí, que me cuesta
mentir: lo siento como una traición, para empezar, a mí misma, y después
–obvio– a lx otrx. Otra cosa es no contar toda la verdad, porque no todo el
mundo tiene por qué entrar en «el bosque tenebroso de mi mente».
¿Cómo prefiere ocupar su
tiempo libre? Con cosas bonitas
gratis.
¿Qué le da más miedo? Los pájaros muertos, las cucarachas y una vejez solitaria.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La negación de la verdad –entendiendo que la verdad es un consenso común,
una coherencia encontrada– para beneficio personal. O sea, ¿el egoísmo?
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Fabricaría cosas con las manos. Sería ebanista, o electricista, o albañila.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Aparte del pilates con las señoras del barrio, sólo
bailar y guarrerías.
¿Sabe cocinar? Tienes que saber cocinar tanto como te gusta comer si no eres un señorito
burgués.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno
de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Khé es eso?
¿Cuál es, en cualquier
idioma, la palabra más llena de esperanza? Una vez escuché a Pedro Lópeh decir –no sé si estaba citando a algún
tercero– que «vitalismo» es la expiación del sufrimiento. En última instancia y
más allá de las luchas, el sufrimiento no nos lo vamos a quitar de encima; si
algo puede empujar palante es aceptarlo y trascenderlo.
¿Y la más peligrosa? ¿Merecer?
¿Alguna vez ha querido matar
a alguien? Alguna.
¿Cuáles son sus tendencias
políticas? Si aún sirven esas palabras:
libertarias, antiautoritarias, contraculturales, transfeministas,
antipunitivas, antirracistas, decrecentistas... Creo en el respeto a la vida en
su heterogeneidad, en que las cosas no se hacen solas y en la imaginación para
la emancipación y la equidad. Muy absurda, supongo.
Si pudiera ser otra cosa,
¿qué le gustaría ser? Un gatito consentido y sano.
¿Cuáles son sus vicios
principales? Los realities y la comida grasienta.
¿Y sus virtudes? Dice ro gotelé en Poemas de autoayuda: soy de esas personas a las
que todo se le da bien / pero a medias / saber lo justo siempre me ha parecido
suficiente.
Imagine que se está
ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Un balcón, una goma de borrar tiesa y lxs seres
queridxs reunidxs pensando cómo hacer para robar del tanatorio mi cadáver y
montar una buena despedida.
T. M.









