lunes, 12 de octubre de 2026
Un artículo sobre el hotel NH Collection Palacio de Córdoba
domingo, 11 de octubre de 2026
Entrevista capotiana a Raúl Ariza
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, del escritor Raúl Ariza.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Ya no estoy para descubrimientos y los lugares creados desde la imaginación o la fantasía son solo eso. Así que me quedaría con ese lugar en el que conviven mi familia, la gente más cercana y también mis recuerdos. Es decir, mi pueblo.
¿Prefiere
los animales a la gente? No tengo nada contra la gente, todo lo contrario, pero
también es cierto que a mi gata Zac no la cambiaría por ninguna persona.
¿Es
usted cruel? No. En absoluto. Huyo de lo que me da miedo, y nada me asusta tanto como la
crueldad.
¿Tiene
muchos amigos? No me quejo, es un buen número. Digamos que son los suficientes para que
alguien me ayude con una mudanza.
¿Qué
cualidades busca en sus amigos? Las mismas que me gustaría que vieran en mí: lealtad,
compromiso, paciencia, ternura y fondo físico para aguantar una noche de
fiesta.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? Cada uno de ellos una vez al año, más o menos. Me parece
un ritmo razonable, y supongo que yo se lo devuelvo con intereses.
¿Es
usted una persona sincera? Trato de serlo, me empeño en serlo, a pesar de mis dos
oficios, abogado y escritor, uno dedicado a medir las palabras y el otro a
inventarlas.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? El cine y la lectura, sin duda. Y la buena compañía con
buena conversación, que no es poca cosa.
¿Qué le da más miedo? Tengo varios y de tamaños surtidos: el miedo que genera el propio error, el que nace de la simple incertidumbre, el miedo a fallar, del miedo al éxito, el miedo a no volver a ver a los seres queridos. Pero sin duda el mayor de todos es el miedo que le tengo a mi propia fragilidad.
¿Qué
le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de humanidad
y la violencia. Casi todo lo demás, con un poco de paciencia, me parece
comprensible.
Si no
hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Sobrevivir al tedio y
a la simplicidad de cualquier otra forma, por ejemplo de farero o de librero
con mal carácter.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? Caminar, dos o tres tardes por semana. Luego, algunos
fines de semana, trisco por las montañas cercanas.
¿Sabe
cocinar? Lo mío es cocina de supervivencia, básica y sin alardes, aunque a veces
sale resultona y me da por pensar que tengo un don.
Si el Reader's
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje
inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi padre. No habría salido nunca en el Reader's
Digest ni tuvo hazañas que contar, y sin embargo ha sido de las personas de
las que más he aprendido, casi siempre sin que se lo propusiera. Los personajes
inolvidables de verdad no hacen ningún esfuerzo por serlo, y quizá por eso no
se olvidan.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? ¡Vamos!
¿Y la
más peligrosa? «Ellos». En cuanto se dice con cierto tono, un grupo de personas deja de
tener nombre, cara y matices, y a partir de ahí casi cualquier cosa se vuelve
posible.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? He tenido la frivolidad de pensarlo a modo de desahogo,
pero nunca he deseado de verdad matar a nadie. A lo sumo, despreciarle.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? Soy de izquierdas, con todo lo que eso tiene de
convicción, de riesgo y de penitencia.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? ¿Cosa? Un libro o un rascador de
espaldas. No, en serio, cineasta, quizá. O alpinista atrevido, de los que
vuelven.
¿Cuáles
son sus vicios principales? Ver «una última película» cuando ya debería estar dormido
y dejar para mañana lo que debería haber hecho ayer.
¿Y sus
virtudes? El tesón y la curiosidad. El primero me hace terminar lo que empiezo,
aunque ya no me apetezca, y la segunda me mete en lo que no debería, así que se
compensan.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Mi vida entera en versión tráiler. Y justo antes de los títulos de crédito,
dos preocupaciones muy mías: quién le da de comer a la gata y quién va a
decidir qué hacer con mis manuscritos.
T. M.
sábado, 10 de octubre de 2026
La revista "Qué Leer" de este octubre
viernes, 9 de octubre de 2026
Entrevista capotiana a Pablo Escudero Abenza
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pablo Escudero Abenza.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Tengo la suerte de haber
podido elegir y que sea el lugar en el que vivo, Asturias.
¿Prefiere los animales a la gente? Gustándome los animales, la respuesta es que no. Creo mucho en la gente, aunque
tienda a exasperarme. Me he visto siempre muy reflejado en aquel discurso de
Nanni Moretti en Caro Diario: «Creo en las personas,
pero no creo en la mayoría de las personas».
¿Es usted cruel? Quiero
pensar que no. Defectos tengo a montones, pero nunca he practicado el de la
crueldad.
¿Tiene muchos amigos? Realmente no. Pocos pero muy amigos. Un grupo de personas que sé que, a
veces para mi sorpresa, darían la vida por mí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad. Una manera original de mirar el mundo. Sentido del humor.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? La verdad es que no. Me parece que es un mecanismo de autodefensa, pero
me cuesta abrirme y abrir la puerta de la amistad como tal, y quienes llego a
considerar amigos son personas muy contrastadas, de fiar.
¿Es usted una persona sincera? Sí. Salvo cuando me siento a escribir.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Paseando, yendo a la playa, en el cine, cocinando, jugando con mis hijos,
charlando, leyendo.
¿Qué le da más miedo? A nivel personal, las enfermedades degenerativas. A nivel social, este
presente – futuro en el que nos movemos, móvil en mano.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandalizo con facilidad.
Me siguen escandalizando la estupidez, la vulgaridad o el borreguismo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Iba
para físico o matemático, de hecho es lo que estudié. Y también trabajo ahí,
aunque nunca pensé en la investigación porque quería poder leer y escribir.
Quizá hubiera sido investigador. No lo sé. Prefiero no saberlo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Lo necesario para encontrarme bien. Algo de gimnasio, correr algún rato,
entrenar a boxeo cuando es posible.
¿Sabe cocinar? Sí.
Y en casa dirían que bastante bien.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A uno que creo que está más olvidado de lo que debería, o que
directamente nunca ha sido demasiado conocido a nivel general, el físico Enrico
Fermi. Si me dijeran que fuera alguien del ámbito de la creación cultural,
Hitchcock o Billy Wilder.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Sueño. El sueño nos recompone,
como proceso físico, y el sueño nos lleva a escribir, a componer música, a
crear cine, a pintar, a intentar hacer algo que no está ahí hasta que no
llegamos nosotros.
¿Y la más peligrosa? Rencor. Del rencor y la envidia vienen algunas de las peores cosas que
hemos visto en la historia. Y de las que nos habremos encontrado en nuestra
vida.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Intento mantenerme alejado del odio. Y aun cuando lo he sentido, no
me ha llevado tan allá.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy una persona de izquierdas. Pero de una izquierda quizá pasada de moda, que entiende que el bienestar comienza por tener buenos sueldos, disponibilidad de tiempo para compartirlo con la familia y los amigos y esas cosas que a veces parecen utópicas. Soy también una persona ácrata, que huye de unanimidades y gregarismos. Creo que estoy a punto de repetirme y volver a la cita de Nanni Moretti sobre la gente. Seguía diciendo: «Incluso en una sociedad más decente que esta, siempre me encontraría de acuerdo con una minoría de personas».
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un
cocinero que tuviera un restaurante familiar donde se comiera bien, de esos a
los que la gente vuelve porque sabe que se le trata bien, los platos están
ricos y el precio es razonable.
¿Cuáles son sus vicios principales? Para sorpresa de quienes me rodean y conocen, que piensan que siempre
estoy moviéndome, abriendo proyectos y haciendo cosas, soy muy perezoso. Los
engaño con esa actividad continua.
¿Y sus virtudes? Escucho
cuando alguien lo necesita. Y me guardo mucho de no dar consejos cuando no
tengo ni idea sobre un asunto.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? El esquema clásico suele decir que te pasa tu vida por delante. Pero creo
que mi vida no ha sido tan interesante. Vería a mi mujer, a mis hijos,
imaginaría el futuro que no voy a poder seguir viviendo.
T. M.
jueves, 8 de octubre de 2026
Un artículo viajero sobre Belfast
miércoles, 7 de octubre de 2026
Entrevista capotiana a Marta Martín Girón
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Martín Girón.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El lugar en sí me da un
poco igual, pero uno en el que pudiera disfrutar de varias horas de sol al día,
que la noche fuera oscura y silenciosa, y que estuvieran mi marido y toda mi
familia.
¿Prefiere los animales a la gente? En muchas ocasiones sí.
¿Es usted cruel? No
me considero cruel para nada. Creo que para ser cruel debe haber una mala
intención detrás. Intento ponerme en el pellejo de la otra persona y eso amaina
casi cualquier tormenta. Evito hacerle a los demás lo que no querría que me
hicieran a mí.
¿Tiene muchos amigos? No. Los justos. Pocos y bien avenidos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Empatía, asertividad, cobijo, madurez, discreción, sabiduría…
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No.
¿Es usted una persona sincera? Sí, pero
asertiva.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, paseando, viendo
películas o series, yendo al cine, dibujando, pasando tiempo con los gatos y en
la naturaleza.
¿Qué le da más miedo? Perder a alguien
de la familia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La política en general. El control que pretenden ejercer
sobre nosotros en cada momento.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una
vida creativa, ¿qué habría hecho? Supongo que habría vuelto a ser administrativa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Algo de yoga
y a veces correr o hacer step.
¿Sabe cocinar? Sí. Creo que me defiendo bien. Mi madre
cocinaba muy bien y aprendí muchas cosas de ella. Algunas de sus recetas he
tratado de ir adaptándolas: busco los mismos sabores, pero sin carne.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Pregunta difícil.
Supongo que al conde Drácula, de Bram Stoker.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Amor. Porque si hay amor hay perdón, hay confianza, hay
fe…
¿Y la más peligrosa? Miedo.
Porque el miedo es lo que destruye todo. La que enfrenta a las personas, la que
genera envidias, rivalidades, desentendimiento…
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Ninguna, jajaja… No
entiendo de política y no me gusta. Creo que se basan en rencores a los que no
les ponen fecha de caducidad. Se debe aprender del pasado, pero no pretender
trasladar el pasado a argumentos y problemas presentes.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Millonaria,
jajajaja…
¿Cuáles son sus vicios principales? La verdad es que no
soy consciente de tener ninguno. No fumo ni me drogo, soy abstemia, no tengo
vicios con el juego… Tampoco soy avariciosa, ni envidiosa… Seguro que tengo
muchos defectos, pero vicios…
¿Y sus virtudes? Supongo
que la perseverancia y la empatía podrían considerarse una virtud.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi marido. Mi familia. Tal vez mi madre la primera. O la última, no sé. Todos
los gatos que han formado parte de mi vida, incluyendo los de la colonia de los
que me ocupo en mi pueblo. Y tal vez algunas de las experiencias que he tenido
con los libros y mis lectores. Y mis amigas, seguro que con una sonrisa en la
cara. Y el colegio al que fui cuando vivía en Móstoles. Y el instituto en el
que estudié cuando viví en Sanse. Los pisos en los que he vivido… Dicen que ves
pasar toda tu vida, así que creo que ante todo vería imágenes de momentos en
familia.
T. M.
lunes, 5 de octubre de 2026
La revista "Qué Leer" de este septiembre
domingo, 4 de octubre de 2026
Entrevista capotiana a Francisco Javier González-Tablas Sastre
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Francisco Javier González-Tablas Sastre.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Me gusta el mundo, pero si hay que elegir, me
quedo con Ávila.
¿Prefiere los animales a la gente? Los dos, no
creo que sean incompatibles.
¿Es usted cruel? En absoluto.
¿Tiene muchos amigos? Afortunadamente, sí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, sinceridad,
comprensión.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No.
¿Es usted una persona sincera? Pienso que
sí. Siempre he mantenido que la sinceridad es básica para una buena
convivencia.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Pintando, grabando,
cantando y escribiendo. Llevo pintando toda mi vida, he formado parte de un
coro y de un grupo hasta hace poco y, desde que me jubilé, he añadido el
grabado y la escritura. Me divierte escribir, pero no soy un escritor, otros me
calificarían como un pega palabras.
¿Qué le da más miedo? La pérdida
de mi realidad y de mis recuerdos, no reconocer a mi gente ni a mí mismo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La mentira. No creo que haya nada más escandaloso.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Fui profesor universitario y
arqueólogo, no he sido escritor, esa fue mi decisión. De no ser arqueólogo tal
vez me habría dedicado a las bellas artes, cualquiera de sus especialidades.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? He jugado a
rugby hasta los cuarenta y cinco años, desde entonces solo camino.
¿Sabe cocinar? Lamentablemente solo las cosas básicas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi Padre.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Paz.
¿Y la más peligrosa? Guerra.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Hay individuos
que, por su maldad innata, tal vez se lo merecerían, pero nadie tiene derecho a
quitar la vida, ni individualmente ni institucionalmente.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierdas,
pero no milito en ningún partido. Soy el clásico izquierdista disconforme con
la estanqueidad de los partidos, aunque entiendo su necesaria existencia.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? No cambiaria
mi vida por ninguna otra.
¿Cuáles son sus vicios principales? Fumar.
¿Y sus virtudes? No me creo capaz de
señalar ninguna.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi mujer, mis hijos,
mis nietos, mi familia. Son imágenes clásicas, pero estoy seguro de que esas
serían las que acudirían a mi cabeza.
T. M.
sábado, 3 de octubre de 2026
Mis 5 libros imprescindibles de la literatura rusa
Recientemente, desde Ediciones del Subsuelo me pidieron que recomendara 5 libros de la literatura rusa para su newsletter, y esto es lo que preparé al respecto:
Fiódor Dostoievski, Diario de un escritor
Dostoievski publicó una serie de textos de carácter misceláneo en una revista que acabaría constituyendo su Diario de un escritor: un conjunto de escritos reflexivos y personales, sociológicos y periodísticos, narrativos y morales que vieron la luz entre los años 1873 y 1881; todo un collage de impresiones, recuerdos e historias reales e inventadas: crónicas de sucesos y de juicios populares a maltratadores y asesinos que destacan, sobre todo, por su trasfondo costumbrista. Ahí surge el Dostoievski más sensible, más ocupado en relacionar la sociedad de su tiempo con el alma rusa ancestral. Periodista tras noticias de la calle, detective de las vidas privadas de las gentes anónimas, Dostoievski aguza el oído en barcos y trenes, e imagina tras sus rostros el pasado de los desconocidos. Escribe acerca de Pushkin, del Quijote, de Anna Karénina, de la «sombría» San Petersburgo, del «lenguaje» de los borrachos, de lo triste que se siente los domingos…
Lev Tolstói, Anna Karénina
Tolstói instala a su protagonista en el corazón de
la aristocracia rusa y la somete a una presión moral constante. Aparte de vivir
una pasión, Anna encarna el modo en que se puede desafiar a un orden que se
sostiene en la apariencia y la reputación. El relato la rodea de un aparato
ético que la examina, la comprende y, en cierto modo, la juzga. El personaje se
precipita hacia un abismo pasional, pues Tolstói dramatiza el conflicto y lo
integra en una visión moral del mundo. Las mujeres de Tolstói parecen inscritas
en una historia mayor que las trasciende, de modo que el sufrimiento de Anna es
expansivo, casi exhibicionista y por lo tanto temerario. Tolstói hace que la
sociedad la condene, pero también ella misma se juzga, de ahí que el
padecimiento emocional en la novela se convierta en una colisión entre pasión,
culpa y exclusión.
Antón Chéjov, El reino de las mujeres
Algunos protagonistas de Chéjov nos inquietan porque
no se atreven a nada, porque comprenden las cosas demasiado tarde, porque se parecen
demasiado a nosotros. Por ejemplo, el relato El reino de las mujeres
(1894) no desemboca en una ruptura argumental mínimamente llamativa, pues la
marca de la casa de Chéjov estriba en evitar el dramatismo y proporcionar al
lector un desenlace ejemplar. Lo que en realidad se transforma es la conciencia
de la protagonista, dado que Anna comprende que su poder es limitado:
administra bienes, pero no gobierna el sentido de su propia vida, así que la
riqueza la convierte en benefactora, pero también la fija en el papel que los
otros esperan de ella.
Yevgueni Zamiatin, Nosotros
Esta distopía ejerció una influencia directa sobre Orwell (este la
reseñó poco antes de escribir 1984). Y realmente haría bien cualquier
lector en intentar que no le pasara lo mismo y se animara a conocer esta
historia ambientada en el siglo XXVI y ubicada en una ciudad con muros y
edificios de cristal —para que la vida de las gentes sea del todo transparente—,
de signo totalitario, y que fue prohibida y olvidada en la Unión Soviética,
hasta que pudo ver la luz en 1988, con la llegada de la perestroika. La
escribió entre 1920 y 1921, y puede interpretarse como una sátira,
increíblemente fantasiosa hace cien años, inquietantemente posible en el futuro
—como ya nos tiene acostumbrados la ficción audiovisual—, de cómo la URSS
maniató a sus súbditos hasta cotas que, de no haber sido tan sanguinarias,
resultarían cómicas por su psicopatología ridícula.
Borís Pasternak, El doctor Zhivago
El autor estuvo marcado por la prohibición de
publicar en la URSS este libro que tan popular se hizo gracias al cine en su
adaptación de 1965. El escritor se vería obligado, ante las presiones del
presidente del país Nikita Jrushchov, a renunciar al Premio Nobel que le habían
concedido en 1958, al año siguiente de publicar su novela en Italia. El Partido
Comunista italiano había intentado que no viera la luz. Se trata de la historia
del doctor Yuri Zhivago, ambientada en la Primera Guerra Mundial, la Revolución
rusa de 1917 y la posterior guerra civil de 1918-1920; al autor se le acusó de
hablar de los avatares rusos bélicos y sociales con subjetividad y poniendo el
énfasis en el padecimiento individual ―alejado, pues, del interés colectivo
comunista― de un hombre que es apartado de su mujer e hijo al ser designado
médico militar en el frente de la Gran Guerra.
viernes, 2 de octubre de 2026
Entrevista capotiana a Luis Antonio Penas Enríquez
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Antonio Penas Enríquez.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás
de él, ¿cuál elegiría? Conozco un lugar en la montaña
de Lugo, allí mi familia tiene una enorme y preciosa casa, donde siempre me he
encontrado muy a gusto.
¿Prefiere
los animales a la gente? Déjeme ser Gallego en esta
respuesta, no todos los animales son encantadores, ni las personas son todas
unas bestias degradadas, eso significa que me rodeo tanto de personas como de
animales que me gusten y les guste.
¿Es
usted cruel? No soy cruel, soy afable, agradable y
compasivo.
¿Tiene
muchos amigos? Tengo muchos conocidos, pero amigos de toda
la vida, que sabes que no fallaran, pocos.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? Que sean buenas personas y leales. Es
interesante comprobar cómo, además, los que se han quedado son inteligentes y
atractivos por diferentes aspectos de su personalidad, y por un entorno que han
sabido construirse.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? Si eso se diera, que no se da,
no serían amigos.
¿Es
usted una persona sincera? Soy adulto y realista, la
verdad es algo que duele e incomoda, la verdad no deja dormir, además de que la
gente suele elegir aquello que le agrada. Es un aspecto de la realidad que hay
que manejar con mucho cuidado, pero procuro decir la verdad, no sé si eso entra
en su concepto de sinceridad.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Con mis aficiones: ajedrez y
astronomía, me gusta leer y me encanta dedicar tiempo a mi familia.
¿Qué le
da más miedo? Lo que va a pasarnos a todos en unos años,
en el mejor de los casos.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La maldad
que no por repetida deja de ser obscena.
Si no
hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Elegí la
vida que quise vivir.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? Me mantengo activo físicamente,
pero creo que eso no entra en la categoría de “deporte “.
¿Sabe
cocinar? Cocinar no, lo que consigo es que, después
de hacer algo en la cocina, la gente no intenta asesinarme, ni muere en el
hospital, ni tampoco huyen como si hubiesen visto que hacienda se acerca.
Si el Reader’s
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje
inolvidable», ¿a quién elegiría? A Jesucristo.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Si en el
contexto de esta entrevista palabra es un nombre este sería Jesús.
¿Y la más
peligrosa? Miedo, y no tanto por la propia palabra
sino por lo que define: un muy concreto estado de la mente; porque el ser
humano con miedo es la criatura más peligrosa que ha creado este mundo.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? No.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? No tengo.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gusta
mucho quien soy.
¿Cuáles
son sus vicios principales? Me entusiasmo muy bien.
¿Y sus
virtudes? Resiliencia.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? ¡Cachis!, ahora que me lo estaba pasando
tan bien.
T. M.
jueves, 1 de octubre de 2026
Reseña de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en "Qué Leer"
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Entrevista capotiana a Carlos Gutiérrez
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carlos Gutiérrez.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Ahora mismo, aquí
exactamente donde vivo. Estoy cerca de las personas (y animales) que más me
importan.
¿Prefiere los animales a la gente? Las personas también somos animales. Los animales no humanos cuentan con
menos recursos para defenderse de los animales humanos, que a menudo son
crueles con ellos, de modo que merecen mi compasión.
¿Es usted cruel? La
crueldad, como tantos otros términos, es algo relativo. Un acto puede ser cruel
para una persona, pero una bendición para otra. Aunque no sea exactamente la
pregunta, diré que intento no dañar a nadie (incluyendo a todos los seres
sintientes) de manera voluntaria con mis palabras, acciones o pensamientos.
¿Tiene muchos amigos? Define “amigos”. Y no los tengo, pues es algo que no puede poseerse.
Cuento con algunas (pocas) personas con las que puedo contar y en las que puedo
confiar.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Ninguna. Cada persona es como es, y si no hay una afinidad natural, no
por cualidades, gustos, etc. afines, sino porque sí, porque hay personas que
encajan (aunque sean muy distintas), entonces algo llamado amistad sería
forzado.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si no hay expectativas, no hay decepción.
¿Es usted una persona sincera? No. Lo intento, y mucho, pero la mentira está por todas partes, no solo
en decir cosas que sabes que no son ciertas, sino también lo son las
insinuaciones, las exageraciones… Hasta las opiniones suelen serlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? No entiendo mucho lo de tiempo libre. ¿Es el tiempo que queda después de
trabajar? En mi caso no hay una línea del todo definida entre trabajo y
no-trabajo. Me gusta leer, escribir, escuchar música, meditar, estudiar temas
que me interesan, pasar tiempo con gente querida. No sé, estas con algunas
cosas.
¿Qué le da más miedo? Creo que tendría que decir “no estar”. No la muerte en sí, sino el hecho
de “no estar”. Pero estoy trabajando en ello.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Creo que nada.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Bueno,
no “soy” escritor, si eso se refiere a trabajar de ello. No “soy” nada en ese
sentido, porque una persona no “es” su profesión. Me gusta la música (no toda,
claro), por ahí se podría haber hecho algo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? ¿Cuenta andar? Si no, muy poco, la verdad. Una pena.
¿Sabe cocinar? Sí.
No soy un experto, pero sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? King Diamond.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? No soy muy partidario de la
esperanza, creo que puede llegar a ser peligrosa.
¿Y la más peligrosa? Es una pregunta muy difícil. Diré “ignorancia”. Detrás de ella se
encuentran las guerras, los abusos, los fanatismos, la violencia, la falta de
compasión…
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Ostras, diría que no. Aunque seguro que he usado la frase “te mataré”, en
plan jocoso. Pero aunque sea en broma, intento no pensar o verbalizar cosas que
no siento.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? No tengo. Mejor dicho: no me siento identificado con ninguna.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un perro en una buena casa me iría bien. También algún pájaro, por
aquello de volar.
¿Cuáles son sus vicios principales? Puede que música y café.
¿Y sus virtudes? No
sé si es muy correcto hablar de posibles virtudes propias. Por cierto, no sé si
hay una lista oficial o algo así de cosas que puedan ser virtudes, pero lo que
para alguien es una virtud, para mí puede ser casi una tara, o a la inversa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que es un supuesto tan heavy que la respuesta dada entado
cómodamente carecería de validez, de modo que no voy a mentir y omitiré
responder.
T. M.











