miércoles, 9 de septiembre de 2026

Curso "Binomios de la literatura francesa" (segunda parte) en La Central del Raval

 

Del primer miércoles de octubre al último de noviembre daré el curso "Binomios de la literatura francesa" (segunda parte, tras haber hecho la inicial en primavera) en la librería La Central del Raval, en Barcelona, de forma presencial y en línea, de todo lo cual reproduzco la información:

Desde el siglo XV hasta el XXI, la literatura francesa ha sido una de las más poderosas e influyentes. Por ello, dedicaremos dos cursos a recorrerla deteniéndonos en sus autores más representativos y en obras célebres o más desconocidas con el objetivo de conocer su contexto literario e histórico y cuestionar su vigencia.

Fenómenos inevitables que tratar como la Ilustración y el enciclopedismo, el periodo napoleónico y el colonialismo, se mezclarán con la literatura más culta tanto como con la más popular, con un trasfondo de referencias continuas al teatro y al cine.

Una forma de repensar las letras galas y hacer una revisión tan amena como profunda de las obras que han pasado a la posteridad por medio de un juicio crítico, desprejuiciado y en relación con otras literaturas de su tiempo.

Programa

Sesión 1: Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud
Ambos abrieron la puerta de la modernidad poética al explorar lo decadente y lo urbano, renovando la sensibilidad lírica y rompiendo los límites del lenguaje con una poesía visionaria y experimental.

Sesión 2: Alexandre Dumas y Jules Verne Alexandre
Se convirtieron en estrellas populares: Dumas convirtió la novela histórica en un festín de aventura y heroísmo; Verne fusionó imaginación y ciencia para anticipar viajes fabulosos.

Sesión 3: Émile Zola y Léon Bloy
Zola llevó el naturalismo a su máxima expresión al retratar los determinismos sociales y biológicos, y Bloy utilizó una prosa vehemente y profética para defender una visión radical del cristianismo.

Sesión 4: Marcel Proust y Henri-Pierre Roché
Proust transformó la novela moderna con una exploración de la memoria, el tiempo y la conciencia, mientras que Roché aportó una mirada audaz sobre las relaciones amorosas y la sensibilidad artística.

Sesión 5: André Gide y Colette
Ambos observaron las tensiones entre moral, libertad y deseo, renovando la narrativa introspectiva con una prosa sensual y precisa, capaz de capturar la intimidad, la bisexualidad y la experiencia femenina.

Sesión 6: Albert Camus y Antoine de Saint-Exupéry
Dos hombres aguerridos; Camus reflexionó sobre el absurdo, la libertad y la responsabilidad moral, y Saint Exupéry unió poesía y aventura para exaltar la fraternidad y la imaginación.

Sesión 7: Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar
Fueron autoras que llevaron a cabo una escritura fragmentaria y evocadora, centrada en el deseo, la memoria y el silencio, así como en la erudición, la autobiografía y la profundidad histórica.

Sesión 8: Michel Houellebecq y Frédéric Beigbeder
Ambos retratan de forma provocadora el desencanto de la soledad, el mercado y el vacío espiritual de las sociedades contemporáneas, en todo un espejo incómodo de este tiempo.

Calendario: Los miércoles, 7, 14, 21, 28 de octubre; 
4, 11, 18 y 25 de noviembre
Horario: 11 h a 12:30 h
Lugar: La Central del Raval / Virtual

martes, 8 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a David Silva Rojas

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Silva Rojas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Habiendo vivido en grandes metrópolis como Tianjin, en China; Toyohashi, en Japón; y la misma Lima, conozco de sobra el ritmo, el bullicio y la multitud de las ciudades grandes. Por eso hoy valoro más que nada la tranquilidad y el silencio. Hace un tiempo, durante una diligencia como abogado junto a la policía, tuve la oportunidad de ir por Ocucaje en Ica. Al estar allí, rodeado de un horizonte amplio, sereno y silencioso, me di cuenta de que ese era mi lugar ideal. Tiene un clima seco por las tardes, noches frías para descansar bien y mañanas cálidas para empezar el día. Si tuviera que quedarme allí para siempre, construiría una casa de campo y tendría mi propia chacrita: criaría gallos, gallinas, pollos, patos y animales pequeños como carneros y cabras, además de cultivar mis propios vegetales. Elegiría Ocucaje porque te da la libertad de desconectarte por completo de todo. Mi rutina perfecta sería trabajar la tierra por las mañanas, leer con calma por las tardes, en medio del silencio del desierto, y contemplar los atardeceres y los cielos estrellados por las noches. No necesitaría mucho más.

¿Prefiere los animales a la gente? En cuanto a los derechos humanos, siempre he defendido los derechos de las personas, especialmente cuando se trata de quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como los niños o los adultos mayores. Pero como compañía, sí: siempre me han gustado mucho los animales. Tengo un par de loros y canarios que siempre están silbando. Me alegra llegar a casa y escucharlos. Mis loros incluso me reciben diciendo: «David, David, a la casa». También tengo un gato que, más que una mascota, hace que yo parezca su mascota. Ni bien me ve, quiere que le dé de comer y lo acaricie y luego se queda echado como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo. A veces lo miro y pienso: «yo quisiera esa vida». Cuando estoy redactando, se sube a mis piernas y se queda allí, ronroneando, como si estuviera dormido. De pronto se despierta, se va porque escuchó algo y después regresa. A veces hasta parece que quisiera hablarme, aunque no tengo idea de qué me está diciendo. Yo le digo: «Estás loco».

¿Es usted cruel? No creo serlo, pero he descubierto que puedo utilizar las palabras para hacer que alguien se sienta mal, no porque lo insulte o lo denigre, sino porque puedo hacerle ver cosas que quizá no quiere reconocer o que no había advertido en sus propias declaraciones. Lo he notado durante diligencias, interrogatorios y contrainterrogatorios en juicios orales. No sé si eso sea crueldad, pero es lo más cercano a ella que he encontrado en mí.

¿Tiene muchos amigos? No. Tengo muchos conocidos y compañeros, pero amigos, de esos que se dicen de verdad, se cuentan con los dedos de una mano. Para mí, un amigo es alguien que te entiende, te comprende y está dispuesto a ayudarte más allá de lo que le convenga; alguien que está ahí para darte una mano en los momentos más difíciles.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Creo que, sobre todo, la sinceridad y la lealtad. Personas consecuentes con lo que dicen, capaces de defender sus ideas y que valoren la amistad por encima de la conveniencia.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, porque como son poquísimos, todavía no me han decepcionado.

¿Es usted una persona sincera? Sí, trato de serlo siempre. Me gusta que sean sinceros conmigo, aunque lo que tengan que decirme pueda doler. De la misma manera, yo también procuro decir la verdad, pero buscando siempre el momento y el lugar adecuados.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Siempre me ha gustado leer y escribir. Aunque sea solo para mí, lo hago constantemente; de hecho, tengo cajones llenos de manuscritos que yo mismo he impreso para leerlos luego de otra manera. También me gusta leer libros de historia, ensayos y, sobre todo, trabajos relacionados con el estudio de casos. Y, aunque suene poco emocionante, parte de ese tiempo termina ocupada en asuntos pendientes del trabajo: redactando escritos o contestando requerimientos.

¿Qué le da más miedo? Lo desconocido. Cuando era niño, un profesor me dijo una cosa que todavía recuerdo: si algo te causa miedo, no esperes; busca información, lee sobre aquello que te produce ese sentimiento. Una vez que sabes qué es, cómo funciona y puedes ponerlo en blanco y negro, pierde gran parte de su poder sobre ti.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandalizan los casos en los que se trata a los niños como objetos para cumplir labores que no corresponden a su edad, o cuando se los utiliza sin tener en cuenta su vulnerabilidad ni la situación por la que están atravesando.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo que habría sido agricultor o jardinero. Me encanta cultivar. Tengo un ejército de cactus y suculentas en macetas pequeñas; me gusta regarlos, cuidarlos y siempre estoy buscando alguna variedad nueva. Me fascina que puedan crecer con tan poco, prácticamente solo con agua, y que, cuando florecen, sus flores sean hermosas.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No practico ejercicio con regularidad. Cuando puedo, me gusta nadar, ya sea en el mar o en una piscina.

¿Sabe cocinar? Sí. Desde niño mi madre me enseñó a hacerlo, aunque a mi padre le disgustaba que un hombre cocinara, lavara o limpiara. Años después, cuando estuve en Japón, la escritura y la cocina fueron las dos actividades que más desarrollé, tanto como pasatiempo como forma de distracción.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a Fujita sensei, un maestro que conocí cuando tenía trece años, al emigrar a Japón. La primera vez que me vio, me dijo: «Sé que estás ansioso y un poco temeroso». Después me explicó que en Japón las personas no siempre hablan abiertamente de sus sentimientos y me aconsejó que escribiera aquello que no podía decir. Era un hombre muy paciente. Cuando me equivocaba en algún ejercicio, me decía que no borrara lo que había hecho, porque también se aprendía mirando los errores. Una vez vio uno de mis primeros kanji para «pez» y me comentó: «Parece un pez muerto, pero es tuyo». Yo siempre lo veía allí, dando clases tanto a quienes acabábamos de llegar como a los que habían nacido en el país y necesitaban aprender o mejorar el idioma de sus padres. Siempre mantenía la misma calma, aunque el salón a veces fuera un pequeño caos de lenguas mezcladas, palabras mal pronunciadas y otras dichas correctamente. Con el tiempo entendí que, antes de enseñarme un idioma, Fujita sensei me había enseñado a observar. Me decía que un escritor no debía apresurarse a explicar ni a juzgar, sino aprender a mirar con atención y confiar en la inteligencia del lector. También me enseñó que no todo tenía que decirse: a veces el silencio forma parte de la historia. Creo que muchas de esas lecciones todavía me acompañan cuando escribo.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Komorebi (木漏れ日), en japonés. No significa literalmente «esperanza», sino la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. Me gusta porque transmite la idea de que, incluso cuando estamos rodeados de sombras, siempre puede aparecer un poco de luz.

¿Y la más peligrosa? Yurusarenai (許されない), «lo imperdonable», «lo que no se tolera». Siempre he pensado que es una palabra peligrosa porque puede cerrar la puerta al entendimiento. Cuando una persona o una sociedad decide que algo o alguien es absolutamente imperdonable, puede dejar de preguntarse por qué ocurrió. Y para mí esa pregunta es fundamental. Ninguna acción ocurre completamente en el vacío: hay motivos, circunstancias, experiencias y dinámicas detrás de lo que hacemos. Comprenderlas no significa justificar lo que alguien hizo, pero sí permite saber cómo ocurrió y, sobre todo, qué habría que cambiar para evitar que vuelva a ocurrir. Cuando dejamos de intentar comprender y nos quedamos únicamente con la condena, corremos además el riesgo de deshumanizar al otro. El castigo puede convertirse en venganza y la búsqueda de una solución termina reducida a señalar un culpable. Por eso me parece peligrosa: porque una sola palabra puede hacernos dejar de preguntar.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Tal vez sí he querido agarrar a alguien, decirle unas cuantas cosas o gritarle, pero jamás matarlo. La vida humana, para mí, es un límite absoluto.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? No suelo seguir banderas ni tendencias políticas. Prefiero analizar las ideas de manera independiente y quedarme con aquello que tenga más sentido o lógica en cada caso. Lo que sí valoro es que lo que se prometa se cumpla. Si algo es difícil o sencillamente no se puede hacer, prefiero que se diga con claridad. Me resulta mucho más honesto eso que lanzar una promesa imposible solo para agradar, ser condescendiente y conseguir que todos te quieran. Prefiero una respuesta incómoda pero sincera antes que una promesa bonita que nunca se va a cumplir.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Agricultor o jardinero. Me gustaría cultivar frutas y verduras, criar aves de corral y, para ser franco, tener mi propia granja.

¿Cuáles son sus vicios principales? Las bebidas carbonatadas. Me gusta mucho esa sensación de dulzor y frescura que producen en el paladar y la garganta.

¿Y sus virtudes? No suelo pensar demasiado en mis virtudes. Me imagino que una de ellas es ser solidario. A veces hago cosas sin preocuparme demasiado de dónde saldrá el dinero y termino pagándolas de mi propio patrimonio, o simplemente no cobro por determinados servicios. Más de una vez algunos colegas me han dicho que no me involucre tanto, que voy a terminar pobre o sin nada en los bolsillos. Tienen algo de razón, supongo, pero hasta ahora no he aprendido a actuar de otra manera.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Más que una película acelerada de toda mi vida, creo que aparecerían flashes de puros contrastes. Recordaría las enormes y ruidosas metrópolis donde viví en el pasado y, casi de inmediato, la paz, el silencio y la luz dorada de una tarde en el campo de Ica. Junto a esas imágenes aparecerían los rostros de las personas a las que alguna vez pude tender la mano cuando más lo necesitaban.

T. M.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Video sobre "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en Instagram


"¿Cuánta historia puede desaparecer dentro de un símbolo antes de que alguien decida tatuárselo en la piel?" Este es el título de un video que ha preparado Ediciones del Subsuelo para Instagram, a partir de unos instantes en que me grabé contando una anécdota propia, ocurrida este verano en un hotel, que está relacionada con mi libro Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a F. Javier Cárdenas García

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de F. Javier Cárdenas García.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Probablemente elegiría un lugar que me permitiera tenerlo todo cerca y a la vez lejos. Me atrae la idea de un sitio con vida, cultura y movimiento, pero también con la posibilidad de desaparecer durante unas horas y estar tranquilo. Si fuera un lugar concreto te diría medio año en pleno centro de Madrid y el otro en un valle asturiano pasiego con vistas a la inmensidad.

¿Prefiere los animales a la gente? No necesariamente. Los animales tienen algo que admiro mucho: no complican tanto las cosas. Con las personas, en cambio, está todo lo interesante: las contradicciones, las conversaciones, las decepciones, el humor, las ideas. Así que probablemente prefiero a las personas, aunque a veces agradezca muchísimo a los animales. Hemos adoptado a una gatita maravillosa este año que me ha cambiado por completo la vida.

¿Es usted cruel? Puedo serlo, sobre todo cuando estoy enfadado o cuando siento que alguien se ha comportado injustamente para los demás. Pero no creo que la crueldad forme parte de mi manera habitual de relacionarme con los demás. De hecho, creo que muchas veces soy bastante más comprensivo de lo que aparento.

¿Tiene muchos amigos? No creo que la cantidad sea lo importante. Conozco a mucha gente, pero amigos de verdad hay bastantes menos. Prefiero tener pocas personas con las que pueda ser completamente yo mismo que una multitud de relaciones superficiales.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La inteligencia, el sentido del humor y, sobre todo, la autenticidad. Me gusta la gente que puede hablar de cosas serias sin tomarse demasiado en serio a sí misma. También valoro muchísimo que alguien sepa escuchar y que no necesite fingir constantemente quién es.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces. Pero también creo que parte de la decepción consiste en esperar de los demás cosas que quizá nunca prometieron darnos. En este sentido, acepto mi parte de culpa. Intento no idealizar demasiado a las personas, aunque no siempre lo consigo.

¿Es usted una persona sincera? Sí, aunque no siempre digo absolutamente todo lo que pienso. Para mí, ser sincero no significa utilizar la verdad como una excusa para hacer daño. Prefiero una sinceridad con tacto antes que una brutalidad disfrazada de honestidad.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Haciendo cosas que me despierten la cabeza. Leer, escuchar música, ver algo que me interese, descubrir cosas nuevas, conversar, perder el tiempo en internet de una manera que probablemente no podría justificar ante nadie… También necesito momentos en los que no haga absolutamente nada. A veces de ahí salen las mejores ideas.

¿Qué le da más miedo? Equivocarme en cosas que realmente importan. No haber estado el tiempo suficiente con personas que me importan. Y, quizá todavía más, llegar a acostumbrarme a una vida que no me entusiasme. Me daría miedo perder la curiosidad, dejar de intentar cosas nuevas o convertirme en alguien que simplemente funciona en automático.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La crueldad gratuita. También la gente que disfruta humillando a otros, especialmente cuando lo hace para sentirse superior. Y me escandaliza bastante la facilidad con la que podemos acostumbrarnos a cosas que, si las pensáramos detenidamente, nos parecerían inaceptables.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Algo que tuviera que ver con crear, pensar o comunicar. Me costaría imaginarme en algo completamente mecánico. Probablemente acabaría encontrando una forma de hacer algo creativo incluso aunque, en teoría, ese no fuera mi trabajo.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Intento mantenerme activo, aunque no soy precisamente el ejemplo perfecto de disciplina deportiva. Para mí el ejercicio tiene más sentido cuando sirve para encontrarme mejor que cuando se convierte en una obligación.

¿Sabe cocinar? Sé defenderme. No sé si llamaría a eso cocinar con mayúsculas. Puedo preparar cosas bastante dignas y, sobre todo, sé apreciar muchísimo cuando otra persona cocina bien. Digamos que todavía tengo margen para convertirme en un adulto gastronómicamente competente. Se me da fatal lavar los platos, esa es una verdad irrefutable. Es complicadísimo, siempre que trato de hacerlo, acaban más sucios que como estaban anteriormente.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A alguien que tuviera una vida aparentemente normal pero escondiera una historia extraordinaria. Me interesan más las personas complejas que las celebridades evidentes. Alguien cuya vida permitiera descubrir que, detrás de una persona que aparentemente conocemos, hay muchas más capas de las que imaginábamos.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? “Todavía”. Porque significa que algo no ha terminado. Todavía se puede cambiar, todavía se puede aprender, todavía se puede volver a empezar. Es una palabra pequeña, pero contiene muchísimas posibilidades.

¿Y la más peligrosa? “Siempre”. Me parece peligrosa porque convierte algo temporal en una condena. “Siempre” puede hacer que pensemos que lo que sentimos ahora va a durar para siempre, o que una situación no puede cambiar. Y casi nada en la vida es tan definitivo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? He estado suficientemente enfadado como para desear que alguien desapareciera de mi vida, pero no creo que sea lo mismo. La rabia puede producir pensamientos muy extremos sin que eso signifique que realmente quieras hacer daño a alguien. En mi caso, normalmente lo que quiero es distancia.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Intento mantener una mirada crítica y no convertirme en hincha de ningún bando. Me importan más las ideas y sus consecuencias que las etiquetas. Desconfío bastante de quienes tienen respuestas absolutamente seguras para problemas tremendamente complejos. Por lo general, detesto en particular la superioridad moral de cualquier bando político que no sabe discutir o proponer sus ideas sin imponerlas.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría ser muchas cosas, precisamente porque me cuesta aceptar la idea de tener que ser una sola. Hay algo fascinante en imaginar cómo sería vivir otras vidas: dedicarme completamente a otra disciplina, aprender algo desde cero, tener otra manera de mirar el mundo. Supongo que, si pudiera, elegiría seguir siendo curioso pero con la oportunidad de experimentar más vidas.

¿Cuáles son sus vicios principales? La procrastinación, probablemente. También puedo pasar demasiado tiempo pensando las cosas en lugar de hacerlas. Y tengo cierta tendencia a obsesionarme con aquello que me interesa: cuando algo consigue captar mi atención, puedo meterme hasta el fondo.

¿Y sus virtudes? La curiosidad. La capacidad de hacerme preguntas y no conformarme demasiado rápido con la primera respuesta. También creo que tengo bastante capacidad para observar y para encontrar conexiones entre cosas que, en principio, no parecen relacionadas. Y quizá una virtud menos evidente: intento aprender de mis errores, aunque a veces necesite tropezar más de una vez con la misma piedra para conseguirlo.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que aparecerían las cosas pequeñas antes que las grandes. Personas concretas. Conversaciones. Lugares. Momentos absurdos que en su momento no parecían importantes. Alguna canción. Alguna risa. Y probablemente muchas cosas que siempre pensé que tendría tiempo de hacer. El abrazo con mi abuela por última vez. Un paciente psiquiátrico que me detuvo en seco tras comprarme en una papelería y me gritó a los cuatro vientos que “iba a llegar lejos”. Supongo que ese sería el verdadero golpe: descubrir de repente cuánto de la vida damos por hecho simplemente porque creemos que habrá un mañana.

T. M.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Un artículo sobre el hotel W Barcelona

Estos días aparecía, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "W Barcelona: la vela se renueva frente al Mediterráneo".

viernes, 4 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a David Caveza de Baca

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Caveza de Baca.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En la naturaleza, en concreto a una distancia máxima del mar de cincuenta pasos, en petit comité, alejado de la locura de las colmenas humanas hiperconectadas que solo producen estrés y tristeza.

¿Prefiere los animales a la gente? No necesariamente, pues aún queda algunos humanos que les dan más importancia al bien común y al honor, que al valor de treinta monedas de plata. Son escasos, pero a estos sí los sitúo al mismo nivel que los animales porque defienden su manada y su tierra sin dejarse esclavizar.

¿Es usted cruel? No, de momento, pero nadie se conoce lo suficiente como para poder afirmar con rotundidad que nunca lo sería.

¿Tiene muchos amigos? No muchos, porque me cuesta entrar en sintonía con las programaciones, motivaciones e inquietudes de los demás. Y pienso que es recíproco.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Valentía para defender la verdad y sensibilidad para comprender lo invisible.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, porque ejerzo la filosofía de las tres enes: no esperes nada de nadie. Así no hay decepción, y la mínima concesión me produce júbilo y regocijo.

¿Es usted una persona sincera? Sí, aunque he de reconocer que para protegerme, cada vez más disfrazo la verdad de ironías y de dobles sentidos, ya que estamos en un momento histórico donde las verdades indiscutibles no admiten debate ni controversia.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En la playa o en el campo, caminando, leyendo o meditando.

¿Qué le da más miedo? El sufrimiento de seres queridos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La frialdad y la deshumanización del Sistema. En general, casi todo me escandaliza. Hasta la precaria existencia en este plano es un escándalo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Apartarme del mundo y dedicarme a hacer el amor, sin prisas.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, caminar y algo de gimnasio.

¿Sabe cocinar? Sí, pero me falta tiempo.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Estoy convencido que no me lo publicarían ja, ja,ja.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Desobediencia.

¿Y la más peligrosa? La mentira.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? ¿Le puedo contestar durante la publicidad?

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Totalmente apolítico. Considero que la función de todos ellos es dividir al pueblo, sin que decidan realmente las cuestiones importantes.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Conferenciante en foros y plazas.

¿Cuáles son sus vicios principales?  A veces el pesimismo y el desprecio sumo hacia la ignorancia.

¿Y sus virtudes? La calma y la comprensión hacia el que sufre.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? La imagen del pataleo estéril en el agua y desasosiego en la búsqueda de una bocanada de aire; un estado de indefensión que es compartido por todos los bañistas que componemos la humanidad.

T. M.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Reseña de "Mandar y obedecer" en "Zenda"


Con el título de "Un libro, un aliado frente a los contratiempos", José de María Romero Barea ha publicado una reseña en la revista digital Zenda de mi libro Mandar y obedecer. Historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe

martes, 25 de agosto de 2026

Entrevista capotiana a Unai Arroita

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Unai Arroita.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Japón, sin dudarlo, y si puedo concretar, Osaka. Allí están las dos cosas que necesito: la calma japonesa y, al mismo tiempo, el desparpajo y la alegría de la gente de esa zona. Dicen que Osaka es un poco la España de Japón, y creo que por eso me sentiría en casa sin dejar de estar lejos.

¿Prefiere los animales a la gente? Soy muy de animales, aunque tampoco creo que sería capaz de pasarme la vida rodeado solo de ellos. Es difícil elegir: cada uno tiene su lado bueno y su lado malo. Lo que pasa es que un animal nunca te falla.

¿Es usted cruel? Supongo que habrá quien diga que sí y quien diga que no, que para eso están los demás: uno no es el más indicado para juzgarse en eso. Pero yo creo que no lo soy. Sí puedo ser duro cuando algo me parece injusto, y a veces demasiado directo, aunque eso no lo confundiría con la crueldad. La crueldad es disfrutar del daño, y eso no lo he sentido nunca.

¿Tiene muchos amigos? Depende de lo que entendamos por amigo, y para mí es una palabra bastante concreta. Conocidos tengo muchos, y gente cercana también. Amigos, en el sentido que yo le doy a la palabra, no tantos. Tampoco creo que hagan falta muchos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No sabría hacer una lista. Lo que sí busco es gente a la que pueda llamar cuando necesito algo, sin pensármelo dos veces. Y sobre todo esa naturalidad de pasar mucho tiempo sin hablaros y, cuando volvéis a veros, seguir donde lo dejasteis, como si no hubiera pasado el tiempo. Para mí eso vale más que cualquier cualidad concreta.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Yo diría que no. La decepción suele venir de unas expectativas que no se cumplen, y con los amigos de verdad eso ya está resuelto: ellos saben lo que pueden esperar de mí y yo sé lo que puedo esperar de ellos, sin necesidad de decirlo en voz alta. Cuando la relación está en ese punto, es difícil que alguien te decepcione, porque nadie está fingiendo ser otra cosa. Y si alguna vez fallan, tampoco lo viviría como una decepción — bastante tiene cada uno con lo suyo.

¿Es usted una persona sincera? A veces creo que demasiado, y un poco bocazas. Digo las cosas sin pensar, convencido de que son normales o de que no tienen importancia, y luego resulta que han molestado a alguien. Así que más que pecar de mentiroso, peco por exceso de sinceridad. Con el tiempo he aprendido a frenarme un poco, aunque no siempre lo consigo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mi problema es que no soy capaz de tener tiempo libre. Me paso el año quejándome de que no tengo un minuto y, en cuanto aparece medio, lo relleno con algo. No sé estarme quieto: siempre tengo que estar organizando, montando o creando alguna cosa, y si no la tengo, me la busco. Escribir entra ahí, claro. Probablemente sea mi mayor virtud y mi mayor problema a la vez.

¿Qué le da más miedo? No sé si llamarlo miedo exactamente, pero lo que más me inquieta es no terminar satisfecho con lo que he vivido. Llegar a ese último momento y darme cuenta de que me quedaron cosas por hacer, ya sea porque elegí no hacerlas o porque nunca encontré el momento. Creo que por eso me cuesta tanto estarme quieto.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

Que se tomen decisiones y se cierren acuerdos ahí arriba y los que acaban pagándolo seamos siempre los de abajo, sin haber tenido ni voz ni voto. Si yo hago algo mal y tengo que afrontar las consecuencias, me parece justo y no protesto. Lo que no soporto es tener que cargar con lo que no es culpa mía y encima no poder hacer nada al respecto. Supongo que por eso acabé escribiendo un libro que va precisamente de eso.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Es que yo no soy escritor, siempre lo digo. Esto es algo que ha salido, no una decisión de vida. Tengo mi trabajo y me gano la vida gracias al deporte, que es lo que creo que se me ha dado bien, y ahora estoy en otra faceta del deporte que también se me da bien, aunque no soy yo quien tiene que decirlo. Así que no habría hecho nada distinto: estaría exactamente donde estoy.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? He sido deportista de taekwondo durante muchísimos años. Al pasar a entrenador y seleccionador tuve que dejar de competir, pero soy un culo inquieto y no aguanté mucho parado. Llevo ya un tiempo haciendo carreras de trail, y nadie me quita mis 40-50 kilómetros semanales corriendo por la montaña.

¿Sabe cocinar? Hago mis cositas. No soy un cocinero de estrella Michelin ni pretendo serlo, pero me defiendo bien con lo de siempre y disfruto cuando me pongo, sobre todo si hay gente a la que dar de comer. Lo que pasa es que soy mucho mejor comedor que cocinero, y eso no hay entrenamiento que lo arregle.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? No tendría ninguna duda: Eiichiro Oda, el autor de One Piece. Lleva casi treinta años en lo más alto de las ventas en Japón, con millones de copias en todo el mundo, y pasan los años y sigue ahí arriba. Pero lo que de verdad me fascina es el mundo que ha construido: un detalle del capítulo cinco que resulta ser importantísimo en el capítulo ochocientos, la historia que hay detrás de cada personaje, relaciones ocultas que aparecen cientos de capítulos después. Eso no lo hace un buen escritor. Eso lo hace una mente maestra.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? En euskera tenemos maiteminduta, que significa enamorado. Lo bonito es la traducción literal: maite es querer y mindu es doler o dolido, así que enamorado vendría a ser algo así como "herido de amor". Me parece una palabra muy esperanzadora precisamente por eso, porque junta las dos caras: lo bonito que todos asociamos a enamorarse y ese punto de dolor que también lleva dentro. Es una metáfora preciosa y, al mismo tiempo, la definición más realista que conozco de lo que es estar enamorado.

¿Y la más peligrosa? "Siempre". Es la palabra con la que se justifica casi todo: las cosas son así porque siempre han sido así, se hace así porque siempre se ha hecho así. En cuanto alguien la usa, deja de haber discusión posible, y normalmente detrás de ese "siempre" hay alguien a quien le viene muy bien que nadie pregunte. Es una palabra que cierra puertas fingiendo que solo describe.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca. Por muy mal que me haya caído alguien, o por muy grave que fuera lo que hizo, no creo que esa sea nunca la solución. Al final todo llega y cada uno acaba recogiendo lo que ha sembrado, aunque reconozco que hay veces en que tarda muchísimo más de lo que debería, y ahí es donde uno se pone a prueba. Pero de ahí a querer matar a alguien hay un trecho enorme. Para eso están los libros: si tengo que ajustar cuentas con alguien, siempre puedo hacerlo con un personaje.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Es una pregunta que me he hecho siempre y nunca he sabido contestarme. No hay un lado que me tire claramente más que otro: en todos encuentro algo que me parece bien y en todos hay cosas que rechazo por completo. Lo que sí tengo claro es que casi todos los políticos que tenemos, y son muchos, quizás demasiados, son gente que quiere gobernar. Y si uno quiere gobernar, algún objetivo personal habrá detrás. La pregunta que me hago es cuántos de ellos querrían hacerlo solo por el pueblo. Ya lo decía Platón: el que ambiciona el poder es justamente el que no debería tenerlo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Cualquier cosa que me diera una vida tranquila y tiempo para disfrutarla. Me da igual el qué: si aparcacoches o millonario me llevan a eso, adelante con cualquiera de los dos. No tengo ninguna aspiración concreta de ser algo, tengo la de vivir de una manera determinada.

¿Cuáles son sus vicios principales? La comida, sin ninguna duda. No sé qué tiene comer, pero lo disfruto muchísimo. Proponme cualquier plan que incluya ir a comer a algún sitio y ya me tienes dentro, no hace falta que me convenzas de nada más.

¿Y sus virtudes? Que siempre estoy dispuesto a ayudar, aunque no me toque a mí. Si puedo echar una mano en algo, ahí estoy, y muchas veces incluso cuando sé que me va a perjudicar. Hay quien me dice que eso no es una virtud, sino un defecto, y puede que en parte tenga razón. Pero no me sale de otra manera.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Conociéndome, antes que lo típico —la familia, los amigos, los mejores momentos— me pasarían por delante las cosas que no pude hacer. Todo lo que dejé pendiente, lo que aplacé pensando que ya habría tiempo. Y solo después, supongo, llegaría lo bonito. Es muy propio de mí ponerme a pensar en lo que falta justo en el momento en que ya no queda nada.

T. M.

domingo, 23 de agosto de 2026

Un artículo sobre el hotel Eurostars Sitges 5*


Estos días aparecía, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "El mejor verano posible en el Eurostars Sitges 5*"

sábado, 22 de agosto de 2026

Entrevista capotiana a Viktor Kane

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Viktor Kane.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una aldea. La razón es bastante simple: cambiaría el ajetreo y el estrés de la ciudad por cierta calma mental y una conexión más directa con la naturaleza. No lo idealizo: depender del coche para casi todo o estar lejos de otras personas tiene sus inconvenientes. Pero, si tuviera que hacer balance, seguiría eligiéndola.

¿Prefiere los animales a la gente? No creo que uno pueda sustituir al otro. El ser humano es social por naturaleza, pero hay una calma que pocas personas consiguen darme y que aparece cuando mi mascota se acurruca a mi lado o simplemente me mira al llegar. En esos momentos entiendo perfectamente por qué cada vez hay más gente que prefiere la compañía de un animal.

¿Es usted cruel? La RAE define «cruel» como quien «se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos». Si nos atenemos a esa definición, no, no soy cruel. Sin embargo, creo que todos podemos ejercer cierta crueldad sin disfrutar de ella: por indiferencia, por egoísmo o simplemente por saber dónde duele y decidir tocar justo ahí.

¿Tiene muchos amigos? Tengo un gran equipo a mi lado, pero hasta ahí puedo contar. Viktor Kane nació precisamente de una frontera muy clara entre lo público y lo privado, y romperla sería traicionar una de las bases del proyecto. Hay cosas que puedo convertir en literatura; otras prefiero que sigan perteneciendo únicamente a quienes las viven.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La lealtad, la sinceridad y la reciprocidad son lo que más valoro en una amistad. No busco a alguien que esté siempre de acuerdo conmigo; de hecho, aprecio a quienes son capaces de decirme cuando me equivoco. Lo importante es que el interés sea mutuo. Disfruto de los pequeños gestos, de la gente que está ahí sin necesidad de que se la busque y, sobre todo, de poder ser yo mismo sin tener que medir cada palabra.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Todos decepcionamos a alguien en algún momento. Muchas veces esperamos que los demás actúen como nosotros lo haríamos y, cuando se salen de esa línea imaginaria, lo llamamos decepción o incluso traición. Sí, mucha gente me ha decepcionado, pero seguramente yo también he decepcionado a mucha gente. En eso consiste, en parte, ser humano.

¿Es usted una persona sincera? La mayor parte del tiempo, sí. Pero tampoco creo en la sinceridad como un principio ciego. La mentira puede ser un recurso cuando la verdad no tiene cabida, siempre que no perjudique a nadie ni sirva para ocultar algo que la otra persona tenga derecho a conocer. A veces confundimos ser sinceros con decir absolutamente todo, y no son necesariamente la misma cosa.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mucho queréis conocer a Viktor Kane en profundidad. No puedo regalaros una información tan comprometedora con mi filosofía. Pero concederé algo: una lectura con la lluvia de fondo y algo de fresco, o una buena serie o película en pleno otoño o invierno, pueden ser bastante reparadores para la mente. Supongo que eso me convierte en lo que ahora llaman «team frío».

¿Qué le da más miedo? Morir, vivir, llorar o reír forman parte de lo inevitable; son experiencias y emociones que puedo comprender y aceptar. Lo que realmente me asusta es el dolor y, sobre todo, padecer miedo. El miedo sostenido, ese que deja de advertirte de un peligro y empieza a gobernarte. Creo que pocas cosas pueden arrebatarnos tanta libertad.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza la facilidad con la que algunas personas hacen daño a quienes quieren y después encuentran la manera de justificarse.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Psicología. Aunque no la considero una alternativa a la escritura, sino algo que quiero construir en paralelo. Al final, ambas nacen de una curiosidad bastante parecida: entender por qué hacemos lo que hacemos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Mi relación con el ejercicio físico es excelente: él no se mete conmigo y yo no me meto con él.

¿Sabe cocinar? Veo que hemos pasado de mis libros a intentar averiguar qué ocurre en mi cocina. Buena estrategia. Digamos que sé defenderme lo suficiente como para que esta entrevista no termine convirtiéndose en una investigación sobre mis hábitos alimenticios.

Si el Readers Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A quien imaginó a Viktor Kane antes de que Viktor Kane existiera. Todo lo demás empezó ahí.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Serendipia, por lo que significa: encontrar algo valioso sin haberlo buscado. Pero si puedo permitirme una segunda, petricor. El olor de la tierra después de la lluvia me produce una calma difícil de explicar y, para mí, donde hay calma todavía queda espacio para la esperanza.

¿Y la más peligrosa? «Confía». Me cuesta muchísimo hacerlo porque también me cuesta delegar. Confiar implica ceder una parte del control y aceptar que algo importante ya no depende únicamente de ti. Pocas palabras exigen tanto con tan pocas letras.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Viktor Kane no tiene tendencias políticas. Difícilmente puede tenerlas alguien que puede que ni siquiera exista.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un viajante en camper, acompañado de un perro, recorriendo España sin demasiada prisa. Hay lugares que no deberían conocerse de paso, sino quedarse en ellos hasta sentir que ya puedes continuar.

¿Cuáles son sus vicios principales? El control, la obstinación y pensar demasiado. Tengo cierta facilidad para convertir algo pequeño en una cuestión que merece veinte vueltas. Y descansar cuando todavía queda algo por hacer tampoco se me da especialmente bien.

¿Y sus virtudes? La ambición. Nunca he sabido hacer las cosas a medias y, cuando creo de verdad en algo, puedo resultar agotador hasta conseguirlo. Preguntadle a mi equipo; probablemente ellos tengan una versión menos amable de esta respuesta.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me imagino que vería a las personas que he querido, mis logros, mis errores y todo lo que aún me queda por hacer. Pero, siendo sincero, seguro que entre una imagen y otra me distraería con alguna tontería y pensaría que “Probablemente debería mantenerme en silencio”.

T. M.