domingo, 23 de agosto de 2026
Un artículo sobre el hotel Eurostars Sitges 5*
sábado, 22 de agosto de 2026
Entrevista capotiana a Viktor Kane
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Viktor Kane.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una aldea. La razón es bastante simple: cambiaría el ajetreo y el estrés de la ciudad por cierta calma mental y una conexión más directa con la naturaleza. No lo idealizo: depender del coche para casi todo o estar lejos de otras personas tiene sus inconvenientes. Pero, si tuviera que hacer balance, seguiría eligiéndola.
¿Prefiere
los animales a la gente? No
creo que uno pueda sustituir al otro. El ser humano es social por naturaleza,
pero hay una calma que pocas personas consiguen darme y que aparece cuando mi
mascota se acurruca a mi lado o simplemente me mira al llegar. En esos momentos
entiendo perfectamente por qué cada
vez hay más gente que prefiere la compañía de un animal.
¿Es
usted cruel? La RAE define «cruel» como quien «se deleita en hacer sufrir o se complace en
los padecimientos ajenos».
Si nos atenemos a esa definición, no, no soy cruel. Sin embargo, creo que todos
podemos ejercer cierta crueldad sin disfrutar de ella: por indiferencia, por
egoísmo o simplemente por saber dónde duele y decidir tocar justo ahí.
¿Tiene
muchos amigos? Tengo
un gran equipo a mi lado, pero hasta ahí puedo contar. Viktor Kane nació
precisamente de una frontera muy clara entre lo público y lo privado, y
romperla sería traicionar una de las bases del proyecto. Hay cosas que puedo
convertir en literatura; otras prefiero que sigan perteneciendo únicamente a
quienes las viven.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? La
lealtad, la sinceridad y la reciprocidad son lo que más valoro en una amistad.
No busco a alguien que esté siempre de acuerdo conmigo; de hecho, aprecio a
quienes son capaces de decirme cuando me equivoco. Lo importante es que el
interés sea mutuo. Disfruto de los pequeños gestos, de la gente que está ahí
sin necesidad de que se la busque y, sobre todo, de poder ser yo mismo sin
tener que medir cada palabra.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? Todos
decepcionamos a alguien en algún momento. Muchas veces esperamos que los demás actúen como nosotros lo haríamos y,
cuando se salen de esa línea imaginaria, lo llamamos decepción o incluso
traición. Sí, mucha gente me ha decepcionado, pero seguramente yo también he decepcionado a mucha gente. En
eso consiste, en parte, ser humano.
¿Es
usted una persona sincera? La mayor parte del tiempo, sí. Pero
tampoco creo en la sinceridad como un principio ciego. La mentira puede ser un
recurso cuando la verdad no tiene cabida, siempre que no perjudique a nadie ni
sirva para ocultar algo que la otra persona tenga derecho a conocer. A veces
confundimos ser sinceros con decir absolutamente todo, y no son necesariamente
la misma cosa.
¿Cómo prefiere
ocupar su tiempo libre? Mucho
queréis conocer a
Viktor Kane en profundidad. No puedo regalaros una información tan
comprometedora con mi filosofía. Pero concederé algo: una lectura con la lluvia de
fondo y algo de fresco, o una buena serie o película en pleno otoño o invierno,
pueden ser bastante reparadores para la mente. Supongo que eso me convierte en
lo que ahora llaman «team frío».
¿Qué le da más miedo? Morir, vivir, llorar o reír forman
parte de lo inevitable; son experiencias y emociones que puedo comprender y
aceptar. Lo que realmente me asusta es el dolor y, sobre todo, padecer miedo.
El miedo sostenido, ese que deja de advertirte de un peligro y empieza a
gobernarte. Creo que pocas cosas pueden arrebatarnos tanta libertad.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza la facilidad con la que
algunas personas hacen daño a quienes quieren y después encuentran la manera de justificarse.
Si
no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Psicología. Aunque no la considero una
alternativa a la escritura, sino algo que quiero construir en paralelo. Al
final, ambas nacen de una curiosidad bastante parecida: entender por qué hacemos lo que hacemos.
¿Practica
algún
tipo de ejercicio físico? Mi
relación con el ejercicio físico es excelente: él no se mete conmigo y yo no me meto con él.
¿Sabe
cocinar? Veo que
hemos pasado de mis libros a intentar averiguar qué ocurre en mi cocina. Buena
estrategia. Digamos que sé defenderme
lo suficiente como para que esta entrevista no termine convirtiéndose en una investigación sobre
mis hábitos alimenticios.
Si
el Reader’s
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable»,
¿a quién elegiría? A quien imaginó a Viktor Kane antes de que
Viktor Kane existiera. Todo lo demás empezó ahí.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Serendipia,
por lo que significa: encontrar algo valioso sin haberlo buscado. Pero si puedo
permitirme una segunda, petricor. El olor de la tierra después de la lluvia me produce una calma
difícil de explicar y, para mí, donde hay calma todavía queda espacio para la
esperanza.
¿Y
la más
peligrosa? «Confía». Me cuesta muchísimo hacerlo porque también me cuesta delegar. Confiar
implica ceder una parte del control y aceptar que algo importante ya no depende
únicamente de ti. Pocas palabras exigen tanto con tan pocas letras.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? Sí.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas?
Viktor Kane no
tiene tendencias políticas. Difícilmente puede tenerlas alguien que puede que
ni siquiera exista.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un viajante en camper, acompañado de un
perro, recorriendo España sin demasiada prisa. Hay lugares que no deberían
conocerse de paso, sino quedarse en ellos hasta sentir que ya puedes continuar.
¿Cuáles
son sus vicios principales? El
control, la obstinación y pensar demasiado. Tengo cierta facilidad para
convertir algo pequeño en una cuestión que merece veinte vueltas. Y descansar
cuando todavía queda algo por hacer tampoco se me da especialmente bien.
¿Y
sus virtudes? La
ambición. Nunca he sabido hacer las cosas a medias y, cuando creo de verdad en
algo, puedo resultar agotador hasta conseguirlo. Preguntadle a mi equipo;
probablemente ellos tengan una versión menos amable de esta respuesta.
Imagine
que se está ahogando.
¿Qué imágenes,
dentro del esquema clásico,
le pasarían
por la cabeza? Me
imagino que vería a las personas que he querido, mis logros, mis errores y todo
lo que aún me queda por hacer. Pero, siendo sincero, seguro que entre una
imagen y otra me distraería con alguna tontería y pensaría que “Probablemente
debería mantenerme en silencio”.
T. M.
jueves, 20 de agosto de 2026
Un artículo sobre los restaurantes Robata de Madrid y Barcelona
miércoles, 19 de agosto de 2026
Entrevista capotiana a Laura Sebastiá
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Laura Sebastiá.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una pequeña casa junto al
mar que, al mismo tiempo, esté rodeada de montaña, porque jamás podría elegir
entre la belleza inmensa del mar y la paz de la montaña. En la casa no pueden
faltar velas, incienso y ese olor tan maravilloso que impregna cada rincón. Un
hogar rodeado de naturaleza viva, donde no hay silencio absoluto porque me
encanta escuchar los sonidos del entorno: los pajaritos cantando de día, los
grillos por la noche y, sobre todo, el jardín con su cascada de agua, donde el
chorreo constante y el canto de los pájaros lo inundan todo. Un refugio
perfecto donde estar a salvo, sintiendo una paz infinita junto con los míos,
esos que sé que nunca me van a fallar en este lugar.
¿Prefiere los animales a la gente? Me encantan los
animales, pero prefiero a la gente. Me gusta muchísimo escuchar sus historias,
observarles y aprender de cada uno de ellos. Los animales son maravillosos y me
fascinan, pero al final soy de las personas que siguen prefiriendo la compañía,
la cercanía y la conexión real con las personas.
¿Es usted cruel? En ocasiones lo soy
sin querer. Yo creo que todos los seres humanos hemos nacido con esa sombra, la
de la crueldad, y a veces lo somos precisamente con las personas que más
queremos, porque la confianza da asco y las descuidamos. Así que, sin
pretenderlo, en algún momento puedo haberlo sido con los míos, aunque en rasgos
generales no soy nada cruel. Al contrario: soy de esas personas a las que les
sabe mal hasta matar a las hormigas cuando van por la calle, porque las
considero necesarias. Todo en este mundo tiene un propósito y cumple un papel
en el equilibrio de la vida.
¿Tiene muchos amigos? No, no tengo muchos
amigos ni pretendo tenerlos. La palabra "amigo" es muy grande y, hoy
en día, se le queda grande a mucha gente. A mí me gusta tener pocos, pero de
los de verdad, de esos a los que de verdad les importa lo que tienes que contar.
Por eso siempre digo que conocidos muchos, colegas muchos, pero amigos, muy
pocos. Y así estoy perfecta. Me siento muy orgullosa de los pocos que tengo en
este momento de mi vida; no necesito más, aunque por supuesto siempre es
bienvenida la gente que venga a sumar.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Busco que sepan
escuchar de verdad. También el respeto absoluto a mis momentos de desaparición,
cuando necesito estar sola y desconectar. Necesito que me acepten tal y como
soy, y yo aceptarlos a ellos con la misma libertad. Que sean divertidos, que
tengan mucho sentido del humor y que sepan ver más allá del mundo puramente
material; que crean que, más allá de lo que vemos, hay cosas hermosas en las
que confiar. Y, sobre todo, que con ellos pueda tener una conversación profunda
y ser exactamente yo misma, con la tranquilidad de que no me van a juzgar y de
que yo tampoco lo haré.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Sí, me han
decepcionado durante mi vida un montón de veces. Aunque, pensándolo bien,
quizás es culpa mía por pretender que los demás actúen tal y como yo lo habría
hecho; creo que en eso pecamos todos, en querer que el mundo se comporte según
nuestro propio manual. Así que sí, me ha pasado, pero luego cojo mi superpoder
de la empatía e intento ponerme siempre en su lugar. Comprendo que yo soy yo y
ellos son ellos, y que al final han hecho lo mejor que podían con lo que son,
con lo que tenían en sus manos y en su poder en ese momento, y sin más.
¿Es usted una persona sincera? Soy sincera, pero no me gusta
nada el sincericidio. Esas personas que van por la vida diciendo toda la
verdad, siempre la verdad y nada más que la verdad por bandera, pues no van
conmigo. Creo que hay veces que puedes hacer mucho más bien callándote que
soltando una verdad innecesaria. Así que soy sincera cuando tengo que serlo,
pero también sé callarme cuando toca, porque si lo que voy a decir va a hacer
daño y no va a solucionar absolutamente nada, prefiero guardármelo. Es más,
reconozco que a veces utilizo alguna mentira piadosa con tal de mejorarle el
día a alguien... o incluso para protegerme un poco a mí misma.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta pasar mi
tiempo libre en familia, disfrutando de mi marido, leyendo, escribiendo y
viendo películas de las que me gustan y me emocionan de verdad: tanto de
terror, de thriller psicológico o policíacas, como esas historias con un
mensaje profundo que te hacen acabar llorando. Y, por supuesto, me encanta
pasear y descubrir pueblitos con encanto. Eso es lo que más disfruto hacer
ahora, sobre todo sabiendo que puedo compartirlo con los míos.
¿Qué le da más miedo? La claustrofobia, el
miedo a sufrir dolor físico. También el temor profundo a que le pase algo malo
a los míos, y el miedo a que un día me levante sin fuerzas, me rinda, deje de
perseguir mis sueños y ya no me atreva a hacer en cada momento lo que de verdad
quiero hacer.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza lo que está haciendo el gobierno de este
país. Me escandaliza profundamente la corrupción y lo que el poder es capaz de
hacer en las personas para mal, transformándolas y alejándolas por completo de
la realidad y del sufrimiento de quienes se supone que deberían proteger.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiera encantado ser criminóloga, de las de CSI
total. Me fascinaría meterme en la mente criminal, analizar las pruebas,
entender los porqués y buscar la verdad detrás de cada misterio, que al final
no deja de ser otra forma de contar historias humanas, pero desde el lado de la
investigación pura.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta hacer pilates
y caminar. Son los dos ejercicios que mejor me sientan para mantener la mente
despejada y el cuerpo activo.
¿Sabe cocinar? Sí, y lo que me gusta, se me da muy bien.
Lo malo es que apenas tengo tiempo para dedicarle a la cocina como me gustaría.
También me encanta la repostería; además de que se me da bien, es que soy muy
golosa y disfruto muchísimo preparando algún dulce cuando tengo un momento de
calma.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a Nero, ya
que es uno de los personajes más completos de la saga: el líder de la pandilla,
al que todos siguen. Es inteligente y dinámico, pero también alguien que toma
muy mal las decisiones, aunque posee ese poder personal y magnético que hace
que los demás le sigan. Tiene un ego muy fuerte y una gran autoestima, lo que a
mi parecer lo convierte en un personaje con un enorme potencial, dándonos
muchísimo más de qué hablar y permitiendo profundizar mucho más en su vida y en
todo lo que experimenta a lo largo de la historia.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Aceptación. Porque cuando aceptamos de verdad lo que nos
sucede y también aceptamos de verdad a los que nos rodean, es cuando de verdad
somos libres. La verdadera libertad no nace de luchar contra lo que no podemos
cambiar, sino de abrazar la realidad, mirarla a los ojos y empezar a construir
desde ahí.
¿Y la más peligrosa? El "ya lo
sé". Las personas que piensan que ya lo saben todo son, para mí, lo más
peligroso del mundo. Porque no solo se mienten a sí mismas, sino que se
encasquetan ahí, en una rueda sin salida donde ya no cabe el aprendizaje, ni la
humildad, ni la empatía. Creer que lo sabes todo y que lo controlas todo te
ciega por completo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? ¡JAJAJA! Hombre,
claro, ¡habría querido matar a mi hija adolescente muchas veces cuando me
vuelve loca, y a mi marido por lo mismo! Pero no, lógicamente sería incapaz de
matar a nadie. Aunque, bien pensado, también podría decir que a veces he
querido "matar" metafóricamente a toda esa gente que manda tanto y
que quiere guerra en el mundo; ahí no te voy a negar que, en algún momento de
frustración, he pensado que si desaparecieran, a lo mejor al mundo le iría
mucho mejor.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? No creo en la
política, y mucho menos en la de este país. Si tengo que definirme, mi familia
siempre ha sido de derechas, por lo tanto, tiro más hacia la derecha, pero
moderada, jamás hacia la ultraderecha. Aunque, la verdad, a día de hoy ya no
creo en nadie. Me aburre hablar de política.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un faro. Alguien que
simplemente esté ahí, en silencio, emitiendo luz para advertir a los que
navegan a oscuras de dónde están los acantilados.
¿Cuáles son sus vicios principales? Que soy viciosa del
chocolate, de los dulces, de un buen postre... y de un buen vino blanco. Bueno,
en realidad no me considero viciosa de nada, pero si tengo que confesar alguno
por decir algo, sin duda sería ese pequeño placer goloso y una buena copa de
vino.
¿Y sus virtudes? Sé escuchar. Tengo
empatía. Soy valiente, soñadora y no me rindo con facilidad: soy cabezota para
intentarlo una y dos veces. Si me caigo, me levanto —no pasa nada, no me
avergüenzo de ello—. Además, intento no juzgar a la gente; aunque a veces sin
querer lo hagamos, hoy por hoy la empatía y el esfuerzo por comprender al otro
siempre ganan. Y, por último, creo que soy alegre, divertida y tengo buena
conversación.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me pasaría la
sensación clara de que he perdido demasiado tiempo estando enfadada. Vería el
nacimiento de mi hija, el instante en que me tuve que despedir de mi padre...
y, al mismo tiempo, la felicidad y la paz de haber luchado por mis sueños y
saber que dejé palabras impresas con la esperanza de que puedan servirle a
alguien para salir de su pozo, de su camino sin salida.
T. M.
domingo, 16 de agosto de 2026
Reseña de "Mandar y obedecer" en "Gesto"
sábado, 15 de agosto de 2026
Entrevista capotiana a Juan C. López Cantos
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él el escritor estadounidense se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan C. López Cantos.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una casa en un páramo con chopos al fondo. Con unos pocos libros, escogidos, y ciertos discos. Papel, bolígrafos y lápices de sobra. Tampoco estaría nada mal en un lugar frente al Atlántico, con lo mismo.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a las
personas. Suelo entenderme mejor con los animales de mi especie.
¿Es usted cruel? No. Nunca ha sido mi intención hacer
daño de ninguna de las formas en que se puede hacer daño. Si lo he sido alguna
vez no me he enterado, lo que indica torpeza, y eso tampoco está muy bien;
espero que no haya ocurrido.
¿Tiene muchos amigos? Conozco a bastantes personas y, sí,
tengo algunos amigos.
¿Qué cualidades busca en sus
amigos? No creo que
se busque algo o al menos yo no recuerdo haberlo hecho: si somos amigos, es
todo y por algo será; si no, pues nada, no tenía que ser.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Teniendo en cuenta la
respuesta anterior es fácil pensar que no. Quizá he tenido suerte o, al no
esperar nada, no había posible decepción. Hemos discutido, nos hemos enfadado,
nos han distanciado las circunstancias vitales… nada que no forme parte del
juego entre nosotros. Seguimos siendo amigos.
¿Es usted una persona sincera? Al menos conmigo, espero que sí. En
cualquier caso, tengo la impresión de que para convivir es más valioso ser
honesto, y de eso me parece que voy bien.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo
libre? Hay
demasiadas cosas que me gusta hacer y la indecisión hace que pase ese tiempo
sin hacer nada. Reconozco, por otra parte, que me gusta bastante pensar y
sentir; es decir, no ocupar el tiempo libre con nada, aparentemente, para que
siga siendo libre.
¿Qué le da más miedo? El sufrimiento de las personas a las
que amo tanto. Y la violencia.
¿Qué le escandaliza, si hay algo
que le escandalice? Si un personaje –político, periodista,
músico…- nos miente y es descubierto y sigue, como si nada, repartiendo opinión
y sus verdades, me escandaliza su falta de escrúpulos pero, más aún, me
escandalizan sus palmeros. Y, ya puestos, la carroña televisiva, su pesadez y mal gusto para
mantener el negocio. No sé, igual hablo de lo mismo y más que escandalizarme es
ponerme de mal humor.
Si no hubiera decidido ser
escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me temo que no he decidido nada.
Posiblemente hubiera sido autónomo y tendría una academia de refuerzo de
ciertas asignaturas (Matemáticas y Física y Química, por ejemplo).
¿Practica algún tipo de ejercicio
físico? Ciclismo de
carretera y sus aledaños: un poco de ejercicio para no sufrir mucho del cuello
y de la espalda.
¿Sabe cocinar? Sí, puedo defenderme.
Si el Reader´s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre
“un personaje inolvidable”, ¿a quién elegiría? Inolvidable para mí, entre otros, es
mi abuelo; pero, bueno, si no les sirve, elegiría a César Vallejo.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la
palabra más llena de esperanza? Respeto.
¿Y la más peligrosa?
Aquí lo tengo más
difícil… “odio” es bastante dura.
¿Alguna vez ha querido matar a
alguien? Nunca.
Y espero seguir así.
¿Cuáles son sus tendencias
políticas? Soy
bastante de “paz y respeto”, me parece que lo tengo complicado.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le
gustaría ser? Supongo
que cosa se refiere a, por ejemplo, un árbol; pues eso me hubiera gustado: un
castaño, un álamo…
¿Cuáles son sus vicios
principales? Tiendo
a la soledad, si es que eso se puede considerar vicio.
¿Y sus virtudes? La paciencia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué
imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Quién me habrá mandado meterme aquí.
T. M.
domingo, 2 de agosto de 2026
Un héroe para Inglaterra, una amenaza para España
Un bucanero influyente
¿Este entorno hispano relacionado con el corso se podría extender de alguna manera a la esfera anglosajona? La respuesta a eso podemos encontrarla en «Drake. Corsario y almirante» (traducción de Juan Guijosa), de Christopher Lloyd, en cuya cubierta aparece un retrato de Sir Francis Drake por Marcus Gheeraerts el Joven, de 1591. Para empezar, el autor afirma algo incontestable: el hecho de que Drake ha sido objeto de un perenne interés: «En su tiempo, los hombres le seguían “por amistad y por su renombre”. Durante el siglo que siguió al suyo, el hechizo que se desprendía de sus legendarias hazañas en el “Spanish Main”, o dominios españoles, indujo a numerosas generaciones de bucaneros a continuar el camino emprendido por él, aun cuando las presas conseguidas no fueron nunca tan grandes como las suyas». Es decir, estamos ante un hombre inspirador e influyente, elevado a celebridad nacional británica. No en balde, su casa de Devonshire se convirtió en el Museo Drake, como apunta Lloyd, y su visita a California generó, en San Francisco, la «Drake Navigators Guild» (Hermandad Drake de Navegantes).
El biógrafo advierte que no escribió su libro para venerar al protagonista, «porque las hazañas de Drake son lo suficientemente grandes para hacer que todo relato poco crítico de las mismas resulte tan inoportuno como engañoso. No todos sus hechos fueron morales, ni tampoco fueron todos afortunados». Comoquiera, las iniciativas que emprendió Drake le granjearon al comienzo una gran respetabilidad, gracias a lo cual pudo viajar alrededor del mundo como corsario, y más adelante, devino en una especie de oficial de la Marina, o sea, «el mando de las fuerzas y flotas expedicionarias en la guerra contra España», como explica Lloyd. La cumbre de su andadura marítima llegaría con la batalla de Gravelinas, hacia el final de la campaña contra la Armada española. El historiador sigue todos estos pasos de éxito, pero también la época en que Drake cosechó fuertes fracasos y afrentas hasta su muerte.
De negrero a «sir»
Dice Lloyd no venerar a Drake, pero a la vez confiesa que deberíamos o podríamos admirar sus hazañas históricas diciendo que sus aventuras de filibustero son tan emocionantes como las que son de ficción, como en el caso de «La isla del tesoro» de R. L. Stevenson. Es más, «su viaje alrededor del mundo constituye la proeza máxima de la flota isabelina, y el papel que desempeñó en la guerra contra España hace que deba ser considerado como nuestro primer gran almirante digno de una indiscutible reputación internacional». Y realmente, así es por cuanto la posteridad ha revestido a Drake con el brillo del gran navegante isabelino: el hombre que circunnavegó el mundo, desafió al Imperio español y fue armado caballero por Isabel I a bordo del Golden Hind. Sin embargo, bajo esa imagen de héroe nacional también hay que considerar que participó en las expediciones negreras organizadas por John Hawkins, pioneras en la implicación inglesa en la trata atlántica de esclavos.
Más tarde, perfeccionaría otro negocio igualmente lucrativo: el saqueo sistemático de las posesiones españolas en América, capturando galeones cargados de plata o desembarcado en ciudades que luego dejaba incendiadas, con rehenes y rescates obtenidos bajo la amenaza de la destrucción absoluta. Santo Domingo y Cartagena de Indias conocieron bien esa estrategia del terror: edificios reducidos a escombros, patrimonio arrasado y poblaciones obligadas a comprar su propia supervivencia. Lo curioso es que muchos de aquellos ataques se produjeron incluso antes de que Inglaterra y España estuvieran oficialmente en guerra. Para la Corona inglesa, Drake era un instrumento de expansión y enriquecimiento; para los españoles, apenas existía diferencia entre el corsario y el pirata. Su patente de corso legitimaba sus acciones en Londres, pero no alteraba la experiencia de quienes contemplaban cómo sus ciudades ardían mientras el oro cambiaba de dueño.
Como no podía ser de otra manera, así como en Inglaterra continúa siendo uno de los grandes mitos nacionales, en buena parte del mundo hispánico, en cambio, su nombre permanece ligado a una forma de violencia que convirtió el mar en un escenario de extorsión y el prestigio imperial en un lucrativo negocio. En este sentido, estamos ante un gran libro de Lloyd que cabe leer con juicio crítico porque su mirada no es completamente aséptica. Cuando aborda la expansión marítima, el Imperio británico o las grandes rivalidades europeas, suele adoptar un punto de vista cercano a la tradición historiográfica inglesa. No incurre en un nacionalismo explícito ni en una defensa militante de la historia británica, pero tampoco cuestiona con la misma intensidad algunos de los aspectos más oscuros de Drake.
Publicado en La Razón, 18-VII-2026
sábado, 1 de agosto de 2026
Entrevista capotiana a Diego Rodríguez Reis
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Diego Rodríguez Reis.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Desde niño, siempre soñé con un espacio reducido
donde poder leer y escribir sin ningún tipo de incomodidad (muy a lo Kafka). La
palabra “búnker” es una de mis palabras preferidas de todas las lenguas.
¿Prefiere los animales a la gente? En general,
no. En particular, sí.
¿Es usted cruel? Creo que la crueldad
(como la envidia, los celos o el rencor) precisan una constancia de la que
carezco por completo.
¿Tiene muchos amigos? No, muy pocos,
circunstancia que deploro cual lamento en ciertas ocasiones y celebro en otras.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Creo que la amistad es
como el amor (es una de las formas del amor). Es decir, en ese universo, uno no
busca, sino que encuentra. Mis amigos son perfectos e imperfectos así tal cual
son.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, tal vez
porque no espero de ellos cosas que sé que no me pueden dar. Suena a verdad de
Perogrullo, pero si un amigo te decepciona, habría que revisar nuestra definición
personal de amistad, o la letra chica de ese contrato tácito de amistad.
¿Es usted una persona sincera? Por lo
general, sí: ello me suele acarrear tiempo de debates y discusiones. Por otra
parte, debatir y discutir son de mis actividades predilectas.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo,
escribiendo, mirando “One Piece” o pelis policiales de los años cuarenta.
¿Qué le da más miedo? Perder la
poca lucidez mental que tengo. Perder a la gente que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Ver a alguien o a un pueblo tropezar dos, tres o cien
veces con la misma piedra.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Me cuesta horrores
imaginarlo, pero creo que algo relacionado con la jardinería o el paisajismo
(aunque veo un filo creativo también allí).
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Juego al
fútbol 5 todos los domingos. Hago bicifija día por medio mirando documentales
de cualquier índole.
¿Sabe cocinar? Me encanta cocinar de todo,
desde lo más básico a lo más complejo: me gusta hacer pan, asados, empanadas,
guisos. Y cada tanto, algo nuevo: mi aprendizaje más reciente fue el ramen,
sigo practicando.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Dos: a Diego Armando
Maradona o al cineasta Tarsem Singh.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Memoria.
¿Y la más peligrosa? Olvido.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, creo que no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que incluyen a
todos los habitantes de un pueblo, las que se ocupan de todas las dimensiones
de las necesidades de un pueblo. El nombre es lo de menos, creo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Uh,
guionista de cine, en el Hollywood de los cuarenta; o en el plano de la
ficción, ser Watson, ser el mejor y único amigo de Holmes.
¿Cuáles son sus vicios principales? La lectura,
los puzles, los buenos vinos.
¿Y sus virtudes? Creo que soy un buen profesor
de Lengua y Literatura; y un mejor tallerista de Escritura Creativa. Y un
escritor tolerable, a veces.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Escenas del
cine y la literatura, supongo, soy muy intertextual: pensaría en la escena de
Ulises llegando a la isla de los feacios; en el cuento “El nadador” de Ricardo
Piglia; en la “Solaris” de Stanislav Lem y en la “Solaris” de Tarkovsky; y en
ese planeta todo de agua en “Interestelar”. Y en el hermoso día en que nacieron
mis hijos, claro, todo eso en el mismo instante eterno.
T. M.
viernes, 31 de julio de 2026
Un artículo sobre un triple aniversario en Perelada y el concierto de Sílvia Pérez Cruz
jueves, 30 de julio de 2026
Entrevista capotiana a Helena Mariño
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Helena Mariño.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una vez imaginé una
casa con jardín en la que vivíamos todas las amigas y en la que conversábamos, cocinábamos,
amábamos, escribíamos y bailábamos, estábamos en algo así como una sobremesa permanente
mientras nos hacíamos viejas. Para que no se perdiese, escribí sobre esta casa y
resultado terminó siendo toda la primera parte de Mira
la palabra cómo brilla. Me quedaría a vivir en
ese capítulo del libro.
¿Prefiere los animales a la gente? No. Quiero mucho a mi gata Macorina, pero soy posibilista en lo que
respecta al ser humano.
¿Es usted cruel?
Intento no serlo, la crueldad es el rasgo que más rechazo me produce en una
persona.
¿Tiene muchos amigos? No sé qué cantidad exacta marca la línea entre pocas o muchas. Diré entonces
que tengo muy buenas amigas.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? La empatía, la sensibilidad, la inteligencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, y no sé si tiene que ver con esta tendencia al posibilismo, con que
son personas que meditan bastante sus decisiones, o ambas. Quizá porque
acontece pocas veces, cuando ha sucedido lo he sentido como algo tremendamente
doloroso.
¿Es usted una persona sincera? Procuro ser sincera, pero no estaría siéndolo ahora mismo si dijese que
de vez en cuando no practico la mentirijilla piadosa.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Cualquier sábado libre es perfecto si leo mucho, escribo, salgo a pasear
por mi ciudad, voy al teatro o veo una película y después voy con amigas a
tomarme un vino generoso a La Venencia (mejor un palo cortado o un amontillado).
¿Qué le da más miedo? La equidistancia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? El capitalismo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? De
pequeña quería ser arqueóloga-patinadora sobre hielo. Aún no he renunciado a este
sueño de infancia.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta dar paseos largos, pienso mejor caminando. Ahora que soy una
persona de cierta edad y no quiero perder capacidades físicas, lo justo y con
desgana pero voy al gimnasio.
¿Sabe cocinar? La
mayoría de los días cocino por supervivencia, pero soy diligente a la hora de
seguir los pasos de una receta medianamente compleja si hago una cena
multitudinaria en casa.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Aurora Venturini, me parece una persona fascinante y su obra es de una
inteligencia feroz.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Asombro.
¿Y la más peligrosa? Ultraderecha.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? A menudo, cuando leo o escucho declaraciones de sujetos de ultraderecha.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo en la necesidad de insistir en la generación de presente, en
pensar en cómo es una vida vivible (en lo climático, lo político y lo íntimo) y
en la lucha contra la idealización del pasado. Me asusta mucho también la
tendencia a la atomización social y el auge de la manosfera. Cuando
me desespero, acudo al Atlas
para un mundo difícil,
de Adrienne Rich. Es mi libro de
autoayuda.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Desde hace más de veinte años, dos cosas que son una: Lyra Belacqua -la
protagonista de la saga La
materia oscura de Phillip Pullman- y el daimonion
Pan, su propia alma que habita fuera de su cuerpo en forma animal.
¿Cuáles son sus vicios principales? Fumar y ver true
crimes mientras hago elíptica en el
gimnasio.
¿Y sus virtudes?
Soy feminista, soy insistente y resistente y sigo creyendo en la posibilidad de
construir un futuro vivible, siempre recuerdo lo que he soñado y de vez en
cuando escribo algún poema que está bastante bien.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? El sábado libre y perfecto que he descrito en una de las preguntas
anteriores, un viaje largo por carretera con mi pareja cantando canciones de
una playlist que hemos creado adrede para ese momento, la vez primera que
sostuve en las manos mi primer libro y sentí su peso, un momento de euforia
compartida en una manifestación, las olas de la playa de La Lanzada cualquier
agosto de mi infancia.
T. M.







