Por cortesía del editor de Ultramarina, Iván Vergara, he aquí una foto de mi Antología poética del suicidio (siglo XX), tomada en la Feria Internacional del Libro LACUHE, Nueva York.
Escrituras y vivencias literarias de Toni Montesinos
Por cortesía del editor de Ultramarina, Iván Vergara, he aquí una foto de mi Antología poética del suicidio (siglo XX), tomada en la Feria Internacional del Libro LACUHE, Nueva York.
En 1972, Truman
Capote publicó un original
texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros
ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas
que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora,
extraídas en su mayor
parte, forman la siguiente «entrevista
capotiana», con la que
conoceremos la otra cara, la de la vida, de Natalia Trigo.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Qué pregunta tan difícil. Me cuesta estar quieta en un solo lugar por mucho
tiempo. Estoy dividida entre un bosque, en la naturaleza, y una ciudad muy
grande donde pueda perderme e interactuar con otros todos los días. Supongo que necesito ambas cosas: silencio y
movimiento, cada uno a su manera.
¿Prefiere los animales a la gente? Sí, me encantan los animales y creo que son grandes maestros.
Aprendo mucho de ellos, me gusta observarlos. Han estado para mí incluso cuando otros humanos no han podido, y quizá por eso les tengo un cariño especial.
¿Es usted cruel? No, espero no serlo. Sin duda ha
habido veces en las que he herido a otros, pero no con la intención de hacerlo.
Aun así, procuro no esconderme detrás de eso.
¿Tiene muchos amigos? Tengo pocos amigos cercanos. Creo
que cultivar las relaciones requiere energía e intencionalidad. Muchos de ellos viven en otros países o en otras ciudades, así que trato de estar muy presente en los momentos que
compartimos. La idea de amistad es algo que a veces me gusta cuestionar: qué significa realmente ser amigo, qué sostiene esos vínculos.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? Aprecio que mis amigos sean auténticos y vulnerables, que tengan
la capacidad de mostrarse reales incluso cuando es incómodo. Cuando saben decir
que no y comunicarse de manera asertiva, cuando tienen introspección y voluntad
para cambiar lo que no está funcionando. Valoro su valentía para enfrentarse a las cosas difíciles. Eso me inspira.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Creo que la decepción aparece
cuando hay expectativas no cumplidas. Por eso intento conocer a mis amigos y
aceptarlos como son, con sus cualidades y sus carencias. Y también recuerdo que yo no soy distinta
para ellos.
¿Es usted una persona sincera? Sí, trato de serlo. Incluso en los momentos en los que cuesta
trabajo decir la verdad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En la naturaleza, nadando, con mi
perra, riéndome con amigos, viendo arte,
viajando, aprendiendo algo nuevo, cantando.
¿Qué le da más miedo? Que el miedo me impida vivir la vida.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El odio que veo en las calles y
en las noticias: el racismo, la xenofobia, la violencia hacia la naturaleza y
los animales, la falta de derechos humanos, y la desensibilización que han
provocado las redes sociales. Me escandaliza, pero sobre todo me entristece.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Actriz. Sin duda. Todavía tengo la ilusión de poder dedicarme a eso algún día.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. Paso muchas horas sentada escribiendo, así que moverme es también una forma de volver al cuerpo, de salir un poco de la
cabeza en los días en que no puedo dejar de
pensar. Hago yoga, bicicleta, entrenamientos de fuerza, corro. Más que rutina, es higiene mental.
¿Sabe cocinar? Lo suficiente para no decir que
no. No le dedico mucho tiempo, pero me gusta cocinar cuando es para compartir.
Aprendí pocas recetas de mis abuelas, que
eran excelentes cocineras —algo de lo que me arrepiento. Lo que sí hago bien, y me atrevo a decirlo, es hornear dulces.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a
quién elegiría? Mi abuelo Fidencio, que vivió un siglo. Creció en el campo, entre México y Estados Unidos, y le tocó ver cómo ambos países se volvían “modernos”; él se llamaba a sí mismo un hombre moderno. Vio llegar los primeros
refrigeradores —de niño todavía se vendían cubos de hielo para conservar
la comida— y trabajó para la Comisión Federal de Electricidad, recorriendo el país, electrificando pueblos. Lector, amante de la filosofía y del lenguaje de las computadoras.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Todavía.
¿Y la más peligrosa? Los otros. Odio. Insuficiencia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Aún no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero de izquierda, con
todas las contradicciones que eso conlleva. Me importan especialmente los
derechos de los migrantes, el respeto a la naturaleza y el derecho a la
privacidad —son los temas que me quitan el
sueño y que creo que van a definir este siglo. Intento revisar mis ideas con
frecuencia, no quedarme anclada a un dogma, pero hay cosas que no negocio: la
dignidad de las personas, los espacios comunes, lo vivo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le
gustaría ser? Una nutria. Un árbol. Un
cometa.
¿Cuáles son sus vicios principales? Soy impaciente, llego tarde a
todas partes (esto es algo en lo que tengo que trabajar todos los días activamente), me distraigo con facilidad.
¿Y sus virtudes? Soy resiliente, introspectiva y
empática. Me gusta hacer reír a los demás.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las burbujas, ¿por qué tantas burbujas?, y el aire que queda, y mis padres, y mis perros, y si existe dios, y el agua fría, ¿por qué tan fría el agua?, y el amor que he sentido, y el amor que ya no volveré a sentir, y el frío en las piernas, y más burbujas, y aquí estoy sola, uno muere sola, y el agua que sube y que me llena por dentro, y quisiera otra vez estar seca, ¿qué se siente estar seca?, ya no me acuerdo, y todas estas burbujas.
T. M.
Hoy, en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia, en un especial dedicado a Sant Jordi, publico tres textos, en las ediciones en español y catalán: "Traspasar fronteras", sobre novedades de narrativa internacional, "Una conversación que no se agota", sobre autores clásicos, y "Para comprender el presente", sobre libros de actualidad.
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida de María Pinach Vila.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás
de él, ¿cuál elegiría? Tengo el corazón partido entre
las suaves montañas de Galicia o las relajantes playas del Mediterráneo, en la
costa del sur de Barcelona.
¿Prefiere
los animales a la gente? Claramente no, pero reconozco
que me encantan los animales, en concreto los gatos; su belleza y su gatuna
parsimonia me enamoran. He tenido 3 gatas. Las dos primeras las recuerdo con
cariño, e incluso sueño con ellas. Considero que los animales no deben ponerse
nunca por delante de las personas, pero se les ha de tratar bien siempre.
¿Es
usted cruel? No. Me aterroriza la crueldad. No encuentro
excusas válidas para usar la crueldad con otro ser humano, ni con un animal.
¿Tiene
muchos amigos? No. Muy pocos. Entiendo que es por mi carácter
reservado e introvertido. Con los años comprendí que no debo ver este rasgo
como negativo, sino como una simple característica.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? Valoro la bondad y la inteligencia, en la
misma persona. Aceptaría un amigo no muy listo, pero no uno malvado.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? No suelen decepcionarme. La
decepción puede también depender mucho de las expectativas.
¿Es
usted una persona sincera? Procuro ser sincera siempre
que mi sinceridad no cause dolor.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta leer y escribir.
Son actividades sedentarias, por lo que procuro caminar y, sobre todo, intento
disfrutar al máximo de estar con mi hija y mi marido.
¿Qué le
da más miedo? Me asusta la violencia que se está produciendo
en nuestros pueblos y ciudades.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Varias
cosas. Soy una persona pacífica y me altera la violencia que percibo alrededor
de mí, la falta a la verdad y el enriquecimiento de quienes deberían ser
servidores públicos.
Si no
hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Trabajar
con animales. Ser veterinaria.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No.
Solo pasear.
¿Sabe
cocinar? Sí, aunque no me gusta.
Si el Reader’s
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje
inolvidable», ¿a quién elegiría? Francesc Cambó.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Amor.
¿Y la más peligrosa? Fanatismo.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? No. Pero jamás vi mi vida
amenazada o la de aquellos a los que amo.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? En mi juventud tenía una
ligera tendencia a creer en la izquierda, e incluso en el independentismo catalán,
debido al ambiente en que crecí y en el que me movía. Análisis críticos
posteriores, sobre los comportamientos e intereses políticos en general, me
llevaron a ser agnóstica política.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Si tuviera
que ser otra cosa, sería una gata. Pero si no es necesario elegir, entonces
siempre mujer.
¿Cuáles
son sus vicios principales? El dulce, destacando la nata y
el chocolate.
¿Y sus
virtudes? Hablar uno de sus propias virtudes, no sé… Pero
intento ser buena persona y tener empatía.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Lo que tengo claro es que mi primer
pensamiento sería: ¿cómo puedo salir de esta situación? Lo intentaría. Una vez
se estuviera acabando mi vida terrenal, en esos últimos momentos, si es que
pudiera pensar, mis pensamientos serían para mi hija y mi marido.
T. M.
J. F. Borrell firma este artículo en que se hace eco, en Marca, de mi último libro, con el título "Toni Montesinos desnuda las estructuras del poder y llama a cuestionarlo todo en 'Mandar y obedecer'".
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Eduardo Ruiz Sosa.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El Poble Sec, mi barrio
en Barcelona.
¿Prefiere los animales a la gente? Me gustaría el equilibrio entre ambos, pero en esencia prefiero a la
gente.
¿Es usted cruel? Tanto
como cualquier persona puede serlo involuntariamente.
¿Tiene muchos amigos? Soy muy afortunado en ese sentido: sí, tengo muchos amigos que, además,
son mejores amigos conmigo de lo que yo soy con ellos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad, creatividad, paciencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Nunca. Los amigos, nunca.
¿Es usted una persona sincera? Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Depende, porque casi no tengo tiempo libre. Pero tengo la suerte de
ocupar mi tiempo haciendo cosas que por lo general disfruto. Sobre todo, trato
de ver a amigos y conversar.
¿Qué le da más miedo? La muerte. La nada.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La injusticia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Alguna profesión relacionada con la ciencia en sentido primordialmente
teórico, de investigación: psiquiatría, astronomía, física, antropología.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Ya no.
¿Sabe cocinar? Sí,
gracias a mi madre, mis abuelas y algunas tías.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Mi madre; mis amigos Gustavo Orpinela e Itzel Navidad; Paco Robles.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Juntos.
¿Y la más peligrosa? Dios.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Debería decir que no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Hacia la zurda y más allá, gracias a mis padres.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Antes habría dicho que músico. Ahora, creo que diría investigador.
¿Cuáles son sus vicios principales? El aislamiento, la distancia, la soledad.
¿Y sus virtudes? La
paciencia, quizá, es la única.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las únicas veces en que realmente temí por mi vida, no sucedió nada de lo
que se suele decir, esas imágenes que aparecen como un resumen de la vida, o
como una revelación o un deslumbramiento. Si fuera así, si esas imágenes
pudieran venir en la última instancia, elegiría la primera infancia, el patio
de la casa de mi abuela materna; el departamento de mi abuela paterna; entres
los dos y los cinco años de edad. Ese tiempo.
T. M.
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mamen de Blas.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Si pudiera trasladar mi
casa de Madrid y colocarla cerca del mar (que me llegaran el sonido, la brisa y
el olor) sería allí, pero, en realidad, no es el lugar sino con quién se
comparte.
¿Prefiere los animales a la gente? No, para nada, aunque no puedo vivir sin ellos. Tengo perro y gato y me
parecen imprescindibles en una familia. Son pegamento entre los miembros del
grupo, aportan tranquilidad, dan mucho amor, ofrecen compañía y, lo mejor de
todo, son muy juguetones, son como niños.
¿Es usted cruel? No,
ni soy cruel ni tolero la crueldad a mi alrededor. Con la llegada de las redes
sociales algunas personas se permiten hacer daño con saña y presumir de ello.
Yo esto, como el Fary al hombre blandengue, lo detesto.
¿Tiene muchos amigos? Tengo amigos, no sé si son muchos o pocos, depende del baremo de cada
uno. Me gusta conservar los amigos de antes y verlos con los ojos de ahora.
Creo que para tener amigos hace falta ser flexible y tener sentido del humor.
Son muy necesarios y no hay que renunciar a hacer nuevas amistades. Algunas
personas que conoces ya con cierta edad son todo un descubrimiento.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean divertidos, cariñosos, empáticos e inteligentes, aunque la
conexión que se establece con algunas personas es tan enigmática como la del
amor. Surge una chispa y el fuego puede durar toda la vida.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces. Supongo que yo también a ellos. Como se advierte en el cierre de
Con faldas y a lo loco, nadie es perfecto.
¿Es usted una persona sincera? Sí. Con los años estoy aprendiendo a no serlo tanto. Muchas veces me han
perdido la vehemencia y la sinceridad. La diplomacia y el tacto con los demás
debería ser una asignatura en los colegios. En realidad, toda la inteligencia
emocional.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con mi familia, lejos de sitios concurridos y ruidosos. Me gusta estar en
casa leyendo, viendo películas, series. También ir al cine y a exposiciones. Me
encantan el silencio, la paz y el orden.
¿Qué le da más miedo? El dolor de los míos. La enfermedad y que puedan tener problemas
económicos. También el regreso de los totalitarismos en Europa.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandalizan la ostentación impúdica
del poder y el dinero, el matonismo de algunos dirigentes actuales, los
problemas de acceso a la salud y la educación de muchas personas. Me
escandaliza también como se abordan estos temas de manera frívola en las redes
y como nos estamos acostumbrando a genocidios como el de Gaza.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Yo
soy periodista, esta es mi primera novela. He trabajado en radio, en televisión
y ahora trabajo en comunicación, pero tengo también capacidad y formación
ejecutiva, así que, con más o menos agrado, podría haber trabajado en una
organización empresarial sin problema alguno.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, mucho
menos de lo que debería. Voy un par de días por semana al gimnasio. Hago
máquinas y cardio. No es que me encante, pero hay que hacerlo.
¿Sabe cocinar? Es uno de mis hobbies. Me encanta improvisar con
lo que hay en la nevera. Dirigí dos programas de cocina en televisión y aprendí
muchísimo. La cocina es otro de los pegamentos sociales más resistentes.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Para mí, y al
margen de su posible naturaleza divina, Jesucristo es el gran personaje. Él está
en la raíz del humanismo occidental, de los valores de solidaridad, de caridad,
de tolerancia, de amor. Su mensaje es el más poderoso, el más revolucionario y
por eso ha trascendido, más allá de rituales, estructuras religiosas y de
poder.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Luz.
¿Y la más peligrosa? Oscuridad.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Para eso hay que valer.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero
socialdemócrata. No me gustan las trincheras, ni la rigidez cognitiva propia de
los frentismos. Creo que las ideas pueden y deben modificarse, amoldarse a su
tiempo. En definitiva, pienso que hay que cuestionarse constantemente lo que se
piensa y, si es necesario, cambiar. No creo en los dogmas, ni en los de fe ni
en los políticos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría
ser jardinera junto al mar, como el poema de Machado.
¿Cuáles son sus vicios principales? Vicios no
tengo. Tengo defectos: un carácter fuerte, soy ansiosa y tengo prejuicios en
algunos casos.
¿Y sus virtudes? Soy reflexiva, flexible y
creo que soy una persona que trata de dar calor a quienes tiene a su alrededor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me encantan
los relatos de experiencias cercanas a la muerte, todo el proceso de la luz, el
túnel, ver a los seres queridos desde fuera. Y luego está esto de las imágenes.
No sé cuáles vería, pero que la mayoría estarían relacionadas con temas
afectivos.
T. M.
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Faverón.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El estudio de grabación de la E.M.I. en Londres,
entre 1967 y 1970, desde que los Beatles grabaron Sgt. Pepper’s
Lonely Hearts Club Band hasta que terminaron Abbey
Road.
Tal vez algunos años más.
¿Prefiere los animales a la gente? No, de
ninguna manera. Pero sí es verdad que la gente me gusta más cuando tiene
animales cerca, sobre todo perros, y sobre todo mi perro, Túpac, que ejerce un
poder entre calmante y narcótico sobre todas las personas que se acercan a él.
Los hipopótamos también tienen lo suyo.
¿Es usted cruel? Creo que soy un poco
cruel conmigo mismo, aunque no es una cuestión de placer por la crueldad, sino
una inevitable forma de ansiedad, pero no me perdonaría ser cruel con nadie
más, excepto, de vez en cuando, mis lectores, cosa que ellos saben, de manera
que se trata de una crueldad consentida.
¿Tiene muchos amigos? Tengo los que
necesito, no sé si más de los que merezco. Son pocos, en verdad, pero parecen
ser muy buenos en el trabajo de la amistad. A algunos de los mejores los veo
poco y eso seguramente ayuda. Si viera a mis amigos todos los días
probablemente ya serían mis enemigos. Sobre todo Daniel Salas, Félix Reátegui y
Peter Elmore, ellos saben por qué. Pero nos vemos poco y somos grandes amigos
desde hace una vida.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Los amigos que de
pronto se quedan callados y no sienten la necesidad de llenar el silencio con
palabras innecesarias, los amigos con los que uno puede estar como si estuviera
solo, pensando, sin tener que decir mucho, esos son mis amigos preferidos.
También los que aparecen después de muchos años y conversan conmigo como si
hubieran pasado apenas unos minutos. Los amigos que lo sorprenden a uno con su
sabiduría en el momento menos pensado. Hay amigos que saben que te vas a reír
antes de que tú mismo lo sepas, porque de alguna manera han internalizado tus
procesos mentales, y tú los suyos: esos son los amigos permanentes.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, por lo común. Tal
vez porque son los mismos desde hace muchos años. O tal vez porque les pongo la
vara muy bajita.
¿Es usted una persona sincera? Soy sincero,
pero, como no soy cruel, mi sinceridad tiene límites.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Viendo películas con
Carolyn, mi esposa, escuchando música y conversando con mi hija, Zoe. Me gusta
descubrir cosas con ellas, pero también me gusta mostrarles cosas que acabo de
descubrir yo por mi cuenta. Si estoy solo, pintar es mi actividad favorita.
¿Qué le da más miedo? Que Dios
exista. (Si Dios existiera, por cierto, tendría que explicarle muchas cosas,
pero Dios tendría muchas más cosas que explicar).
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? El racismo, la discriminación en todas sus formas y la
estupidez y la maldad de la gente poderosa, especialmente ahora que tanta gente
poderosa parece ser minuciosamente imbécil y bastante sádica, o por lo menos
impermeable al sufrimiento ajeno, lo cual es una grave psicopatía. Las
películas que tienen más de diez minutos de créditos finales también suelen
escandalizarme.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? ¿Bibliotecario o jardinero —yo
entré a la universidad para ser abogado y economista, pero acabé estudiando
literatura; trabajé como profesor de literatura varios años y después como
periodista, sobre todo periodista cultural, hasta que decidí volver a la
universidad para hacer el doctorado en literatura y otra vez ser profesor; las
novelas vinieron después (cuando publiqué la primera tenía más de cuarenta
años)— pero bibliotecario más que jardinero, aunque quizá esas cosas me
hubieran llevado otra vez a alguna forma de creatividad. Hay un cuento de Julio
Ramón Ribeyro en el que aparece un jardín de rosas que en el fondo es una
biblioteca y un espejo. Todas las cosas producen libros.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Mucho, en
verdad. Monto bicicleta cuando el tiempo lo permite (en Maine hay largas
temporadas de pistas y veredas cubiertas de hielo y nieve). Todas las noches
hago ejercicio en casa, abdominales, pesas, etc., mientras veo alguna película
con Carolyn. Ella se echa en un sofá y yo me lanzo a hacer ejercicios. Le tengo
cierto temor a envejecer de golpe y no tener cómo defenderme de la edad,
especialmente ahora que se me van los cincuenta. Hace tres años me pusieron
clavos en un tobillo roto y siento que nunca he vuelto a caminar exactamente
igual que antes.
¿Sabe cocinar? Sé cocinar y me gusta improvisar cosas
nuevas cuando puedo, pero no me gusta tener que cocinar rutinariamente. Siento
un desbalance muy grande entre el tiempo que uno invierte en preparar un plato
y el tiempo en el que uno lo devora y el plato deja de existir. Es como
escribir novelas de mil páginas que pudieran leerse en dos minutos: prefiero no
escribir esas novelas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a un viejo
amigo mío, muerto hace muchos años, bibliófilo, anticuario, buena persona por
años y terrible persona en un instante (que de pronto se volvió eterno, por
desgracia), pero ya escribí sobre él hace tiempo, en una novela.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Hija, en cualquier idioma.
¿Y la más peligrosa? Esperanza,
en cualquier idioma.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No con mis propias
manos, no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Sé que sigo siendo
progresista y sigo siendo de izquierda, pero cada vez me resulta más obvio que
mi izquierda y mi progresismo se han vuelto distintos de aquellos de la mayoría,
porque detesto ser dogmático y me niego a ver el mundo desde un solo punto de
vista. Humanista igualitario sería, acaso, una mejor definición a estas
alturas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría
ser mi hija, aunque fuera por un día. O ser un laberinto. Debe de ser divertido
ser un laberinto y mirar a los que se pierden adentro de uno.
¿Cuáles son sus vicios principales? En el sentido más
literal, fumar. En un sentido más amplio, tengo el vicio de la angustia y la
ansiedad.
¿Y sus virtudes? Creo que la
curiosidad, hacia adentro y hacia afuera, la curiosidad temeraria, sobre todo
en el sentido intelectual, para mayor precisión.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las caras de las tres
personas más importantes de mi vida, las tres mujeres de mi vida, mi madre, mi
esposa y mi hija. Espero que no ocurra nunca, pero, si ocurre alguna vez, ojalá
pueda ver la cara de mi madre con nitidez, porque hace tiempo que no recuerdo
cómo era de verdad, han pasado muchos años de verla solo en fotografías.
T. M.