J. F. Borrell firma este artículo en que se hace eco, en Marca, de mi último libro, con el título "Toni Montesinos desnuda las estructuras del poder y llama a cuestionarlo todo en 'Mandar y obedecer'".
jueves, 16 de abril de 2026
miércoles, 15 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Eduardo Ruiz Sosa
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Eduardo Ruiz Sosa.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El Poble Sec, mi barrio
en Barcelona.
¿Prefiere los animales a la gente? Me gustaría el equilibrio entre ambos, pero en esencia prefiero a la
gente.
¿Es usted cruel? Tanto
como cualquier persona puede serlo involuntariamente.
¿Tiene muchos amigos? Soy muy afortunado en ese sentido: sí, tengo muchos amigos que, además,
son mejores amigos conmigo de lo que yo soy con ellos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad, creatividad, paciencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Nunca. Los amigos, nunca.
¿Es usted una persona sincera? Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Depende, porque casi no tengo tiempo libre. Pero tengo la suerte de
ocupar mi tiempo haciendo cosas que por lo general disfruto. Sobre todo, trato
de ver a amigos y conversar.
¿Qué le da más miedo? La muerte. La nada.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La injusticia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Alguna profesión relacionada con la ciencia en sentido primordialmente
teórico, de investigación: psiquiatría, astronomía, física, antropología.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Ya no.
¿Sabe cocinar? Sí,
gracias a mi madre, mis abuelas y algunas tías.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Mi madre; mis amigos Gustavo Orpinela e Itzel Navidad; Paco Robles.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Juntos.
¿Y la más peligrosa? Dios.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Debería decir que no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Hacia la zurda y más allá, gracias a mis padres.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Antes habría dicho que músico. Ahora, creo que diría investigador.
¿Cuáles son sus vicios principales? El aislamiento, la distancia, la soledad.
¿Y sus virtudes? La
paciencia, quizá, es la única.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las únicas veces en que realmente temí por mi vida, no sucedió nada de lo
que se suele decir, esas imágenes que aparecen como un resumen de la vida, o
como una revelación o un deslumbramiento. Si fuera así, si esas imágenes
pudieran venir en la última instancia, elegiría la primera infancia, el patio
de la casa de mi abuela materna; el departamento de mi abuela paterna; entres
los dos y los cinco años de edad. Ese tiempo.
T. M.
martes, 14 de abril de 2026
Un artículo sobre el Hotel Hesperia Presidente
lunes, 13 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Mamen de Blas
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mamen de Blas.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Si pudiera trasladar mi
casa de Madrid y colocarla cerca del mar (que me llegaran el sonido, la brisa y
el olor) sería allí, pero, en realidad, no es el lugar sino con quién se
comparte.
¿Prefiere los animales a la gente? No, para nada, aunque no puedo vivir sin ellos. Tengo perro y gato y me
parecen imprescindibles en una familia. Son pegamento entre los miembros del
grupo, aportan tranquilidad, dan mucho amor, ofrecen compañía y, lo mejor de
todo, son muy juguetones, son como niños.
¿Es usted cruel? No,
ni soy cruel ni tolero la crueldad a mi alrededor. Con la llegada de las redes
sociales algunas personas se permiten hacer daño con saña y presumir de ello.
Yo esto, como el Fary al hombre blandengue, lo detesto.
¿Tiene muchos amigos? Tengo amigos, no sé si son muchos o pocos, depende del baremo de cada
uno. Me gusta conservar los amigos de antes y verlos con los ojos de ahora.
Creo que para tener amigos hace falta ser flexible y tener sentido del humor.
Son muy necesarios y no hay que renunciar a hacer nuevas amistades. Algunas
personas que conoces ya con cierta edad son todo un descubrimiento.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean divertidos, cariñosos, empáticos e inteligentes, aunque la
conexión que se establece con algunas personas es tan enigmática como la del
amor. Surge una chispa y el fuego puede durar toda la vida.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces. Supongo que yo también a ellos. Como se advierte en el cierre de
Con faldas y a lo loco, nadie es perfecto.
¿Es usted una persona sincera? Sí. Con los años estoy aprendiendo a no serlo tanto. Muchas veces me han
perdido la vehemencia y la sinceridad. La diplomacia y el tacto con los demás
debería ser una asignatura en los colegios. En realidad, toda la inteligencia
emocional.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con mi familia, lejos de sitios concurridos y ruidosos. Me gusta estar en
casa leyendo, viendo películas, series. También ir al cine y a exposiciones. Me
encantan el silencio, la paz y el orden.
¿Qué le da más miedo? El dolor de los míos. La enfermedad y que puedan tener problemas
económicos. También el regreso de los totalitarismos en Europa.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandalizan la ostentación impúdica
del poder y el dinero, el matonismo de algunos dirigentes actuales, los
problemas de acceso a la salud y la educación de muchas personas. Me
escandaliza también como se abordan estos temas de manera frívola en las redes
y como nos estamos acostumbrando a genocidios como el de Gaza.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Yo
soy periodista, esta es mi primera novela. He trabajado en radio, en televisión
y ahora trabajo en comunicación, pero tengo también capacidad y formación
ejecutiva, así que, con más o menos agrado, podría haber trabajado en una
organización empresarial sin problema alguno.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, mucho
menos de lo que debería. Voy un par de días por semana al gimnasio. Hago
máquinas y cardio. No es que me encante, pero hay que hacerlo.
¿Sabe cocinar? Es uno de mis hobbies. Me encanta improvisar con
lo que hay en la nevera. Dirigí dos programas de cocina en televisión y aprendí
muchísimo. La cocina es otro de los pegamentos sociales más resistentes.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Para mí, y al
margen de su posible naturaleza divina, Jesucristo es el gran personaje. Él está
en la raíz del humanismo occidental, de los valores de solidaridad, de caridad,
de tolerancia, de amor. Su mensaje es el más poderoso, el más revolucionario y
por eso ha trascendido, más allá de rituales, estructuras religiosas y de
poder.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Luz.
¿Y la más peligrosa? Oscuridad.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Para eso hay que valer.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero
socialdemócrata. No me gustan las trincheras, ni la rigidez cognitiva propia de
los frentismos. Creo que las ideas pueden y deben modificarse, amoldarse a su
tiempo. En definitiva, pienso que hay que cuestionarse constantemente lo que se
piensa y, si es necesario, cambiar. No creo en los dogmas, ni en los de fe ni
en los políticos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría
ser jardinera junto al mar, como el poema de Machado.
¿Cuáles son sus vicios principales? Vicios no
tengo. Tengo defectos: un carácter fuerte, soy ansiosa y tengo prejuicios en
algunos casos.
¿Y sus virtudes? Soy reflexiva, flexible y
creo que soy una persona que trata de dar calor a quienes tiene a su alrededor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me encantan
los relatos de experiencias cercanas a la muerte, todo el proceso de la luz, el
túnel, ver a los seres queridos desde fuera. Y luego está esto de las imágenes.
No sé cuáles vería, pero que la mayoría estarían relacionadas con temas
afectivos.
T. M.
domingo, 12 de abril de 2026
La revista "Qué Leer" de este abril
sábado, 11 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Faverón
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Faverón.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El estudio de grabación de la E.M.I. en Londres,
entre 1967 y 1970, desde que los Beatles grabaron Sgt. Pepper’s
Lonely Hearts Club Band hasta que terminaron Abbey
Road.
Tal vez algunos años más.
¿Prefiere los animales a la gente? No, de
ninguna manera. Pero sí es verdad que la gente me gusta más cuando tiene
animales cerca, sobre todo perros, y sobre todo mi perro, Túpac, que ejerce un
poder entre calmante y narcótico sobre todas las personas que se acercan a él.
Los hipopótamos también tienen lo suyo.
¿Es usted cruel? Creo que soy un poco
cruel conmigo mismo, aunque no es una cuestión de placer por la crueldad, sino
una inevitable forma de ansiedad, pero no me perdonaría ser cruel con nadie
más, excepto, de vez en cuando, mis lectores, cosa que ellos saben, de manera
que se trata de una crueldad consentida.
¿Tiene muchos amigos? Tengo los que
necesito, no sé si más de los que merezco. Son pocos, en verdad, pero parecen
ser muy buenos en el trabajo de la amistad. A algunos de los mejores los veo
poco y eso seguramente ayuda. Si viera a mis amigos todos los días
probablemente ya serían mis enemigos. Sobre todo Daniel Salas, Félix Reátegui y
Peter Elmore, ellos saben por qué. Pero nos vemos poco y somos grandes amigos
desde hace una vida.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Los amigos que de
pronto se quedan callados y no sienten la necesidad de llenar el silencio con
palabras innecesarias, los amigos con los que uno puede estar como si estuviera
solo, pensando, sin tener que decir mucho, esos son mis amigos preferidos.
También los que aparecen después de muchos años y conversan conmigo como si
hubieran pasado apenas unos minutos. Los amigos que lo sorprenden a uno con su
sabiduría en el momento menos pensado. Hay amigos que saben que te vas a reír
antes de que tú mismo lo sepas, porque de alguna manera han internalizado tus
procesos mentales, y tú los suyos: esos son los amigos permanentes.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, por lo común. Tal
vez porque son los mismos desde hace muchos años. O tal vez porque les pongo la
vara muy bajita.
¿Es usted una persona sincera? Soy sincero,
pero, como no soy cruel, mi sinceridad tiene límites.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Viendo películas con
Carolyn, mi esposa, escuchando música y conversando con mi hija, Zoe. Me gusta
descubrir cosas con ellas, pero también me gusta mostrarles cosas que acabo de
descubrir yo por mi cuenta. Si estoy solo, pintar es mi actividad favorita.
¿Qué le da más miedo? Que Dios
exista. (Si Dios existiera, por cierto, tendría que explicarle muchas cosas,
pero Dios tendría muchas más cosas que explicar).
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? El racismo, la discriminación en todas sus formas y la
estupidez y la maldad de la gente poderosa, especialmente ahora que tanta gente
poderosa parece ser minuciosamente imbécil y bastante sádica, o por lo menos
impermeable al sufrimiento ajeno, lo cual es una grave psicopatía. Las
películas que tienen más de diez minutos de créditos finales también suelen
escandalizarme.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? ¿Bibliotecario o jardinero —yo
entré a la universidad para ser abogado y economista, pero acabé estudiando
literatura; trabajé como profesor de literatura varios años y después como
periodista, sobre todo periodista cultural, hasta que decidí volver a la
universidad para hacer el doctorado en literatura y otra vez ser profesor; las
novelas vinieron después (cuando publiqué la primera tenía más de cuarenta
años)— pero bibliotecario más que jardinero, aunque quizá esas cosas me
hubieran llevado otra vez a alguna forma de creatividad. Hay un cuento de Julio
Ramón Ribeyro en el que aparece un jardín de rosas que en el fondo es una
biblioteca y un espejo. Todas las cosas producen libros.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Mucho, en
verdad. Monto bicicleta cuando el tiempo lo permite (en Maine hay largas
temporadas de pistas y veredas cubiertas de hielo y nieve). Todas las noches
hago ejercicio en casa, abdominales, pesas, etc., mientras veo alguna película
con Carolyn. Ella se echa en un sofá y yo me lanzo a hacer ejercicios. Le tengo
cierto temor a envejecer de golpe y no tener cómo defenderme de la edad,
especialmente ahora que se me van los cincuenta. Hace tres años me pusieron
clavos en un tobillo roto y siento que nunca he vuelto a caminar exactamente
igual que antes.
¿Sabe cocinar? Sé cocinar y me gusta improvisar cosas
nuevas cuando puedo, pero no me gusta tener que cocinar rutinariamente. Siento
un desbalance muy grande entre el tiempo que uno invierte en preparar un plato
y el tiempo en el que uno lo devora y el plato deja de existir. Es como
escribir novelas de mil páginas que pudieran leerse en dos minutos: prefiero no
escribir esas novelas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a un viejo
amigo mío, muerto hace muchos años, bibliófilo, anticuario, buena persona por
años y terrible persona en un instante (que de pronto se volvió eterno, por
desgracia), pero ya escribí sobre él hace tiempo, en una novela.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Hija, en cualquier idioma.
¿Y la más peligrosa? Esperanza,
en cualquier idioma.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No con mis propias
manos, no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Sé que sigo siendo
progresista y sigo siendo de izquierda, pero cada vez me resulta más obvio que
mi izquierda y mi progresismo se han vuelto distintos de aquellos de la mayoría,
porque detesto ser dogmático y me niego a ver el mundo desde un solo punto de
vista. Humanista igualitario sería, acaso, una mejor definición a estas
alturas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría
ser mi hija, aunque fuera por un día. O ser un laberinto. Debe de ser divertido
ser un laberinto y mirar a los que se pierden adentro de uno.
¿Cuáles son sus vicios principales? En el sentido más
literal, fumar. En un sentido más amplio, tengo el vicio de la angustia y la
ansiedad.
¿Y sus virtudes? Creo que la
curiosidad, hacia adentro y hacia afuera, la curiosidad temeraria, sobre todo
en el sentido intelectual, para mayor precisión.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las caras de las tres
personas más importantes de mi vida, las tres mujeres de mi vida, mi madre, mi
esposa y mi hija. Espero que no ocurra nunca, pero, si ocurre alguna vez, ojalá
pueda ver la cara de mi madre con nitidez, porque hace tiempo que no recuerdo
cómo era de verdad, han pasado muchos años de verla solo en fotografías.
T. M.
viernes, 10 de abril de 2026
Reseña de «Historia de la literatura española contada en una hora» en "La Razón"
jueves, 9 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Fernando Rueda
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Fernando Rueda.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Aquel en el que estuvieran mi mujer, mis hijos,
unos cuantos familiares y mis mejores amigos. Un lugar donde, si es posible, el
mar me acompañara.
¿Prefiere los animales a la gente? Me gustan
mucho Area y Zara, las perras de una de mis hijas, las quiero como si fueran
mis nietas, pero me encanta estar rodeado de personas cuerdas, positivas y
alegres, que son la mayoría. A los tóxicos, cuanto más lejos mejor.
¿Es usted cruel? Jamás, es un vicio que detesto, un comportamiento que habla de malas personas que tapan sus frustraciones intentando someter a los que le rodean.
¿Tiene muchos amigos? Amigos de verdad, muchos, de esos que puedes estar mucho tiempo alejado de ellos, pero cuando les ves te sientes súper a gusto y cuando empiezas a hablar es como la continuación de la última conversación.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Ninguna, a las personas hay que aceptarlas como son. Si encajas y hay química, pasan al pelotón de los amigos, otros al de los indiferentes y algunos, bastantes, al de las personas de las que no quiere oler su perfume corporal a menos de 100 kilómetros de distancia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? La
verdad es que no, siempre pienso que yo puedo llegar a ser más decepcionante. A
veces se ha producido esa situación,
pienso que fue un error mío al depositar en ellos o ellas una confianza que no
debía.
¿Es usted una persona sincera? Lo soy,
aunque no dejo que la sinceridad sea un argumento para decir burradas a la
gente. El matiz está en mi vida profesional como periodista y escritor. Acceder
a información ocultada intencionadamente requiere con frecuencia utilizar
herramientas de convicción de las que no me siento especialmente orgulloso. Soy
un contador de historias, casi siempre muy difíciles de conseguir, lo que a
veces me obligan a actuar de formas complicadas, pero la veracidad y la
protección de las fuentes es lo más importante en mis libros.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leer y ver series de espías es lo que más me gusta junto con estar con las personas a las que quiero.
¿Qué le da más miedo? La vida es una suerte, haber
encontrado la felicidad es una suerte, trabajar en lo que te gusta es una
suerte, doy gracias cada día por poder disfrutar de lo que tengo. En mi vida no
cabe el miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Los comentarios que escucho, muchos con una dosis de
violencia, que amenazan con recortar los derechos humanos más vitales. Todos
somos iguales y no hay excepciones. Me escandaliza que se pongan en duda los
derechos de las mujeres, los homosexuales, las diferentes razas, los
inmigrantes. No hay que retroceder ni un ápice en esas conquistas, todos somos
iguales.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Lo primero que quise ser fue
maestro, mis padres me dijeron que eligiera otra profesión, que la aceptarían
fuera cual fuera, y cuando les dije que periodista, se quedaron escandalizados,
pero terminaron aceptando. Cuando a los 32 años publiqué mi primer libro, ya
llevaba once en el periodismo y siete impartiendo clase en la universidad.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Gimnasia de
fuerza en casa y camino una hora todos los días. Cambio de horario, porque
aprovecho esos paseos en soledad para debatir conmigo mismo las tramas del
libro que estoy escribiendo.
¿Sabe cocinar? Según mi mujer, hago las mejores
ensaladas del mundo. Por suerte, a ella le encanta, aunque me necesita para ser
su pinche activo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Soy afortunado, por mi
vida han pasado personas apasionantes y he podido escribir sobre ellas. La
mayor parte son espías con personalidad poliédrica, la que más me gusta: como
el mago Carrasclás, bondadosos por delante, malvados por detrás. Haría el
artículo sobre Mikel Lejarza, El Lobo, el espía sobre el que he escrito varios
libros, que tuvo la infiltración más exitosa en la banda terrorista ETA y lleva
50 años escondido, su vida es apasionante. E incluiría un recuadro sobre
Roberto Flórez, el agente doble al servicio de los rusos, en cuya vida he
entrado para hacer “No me llames traidor” y me ha permitido desafiar una vez
más el concepto tradicional de traición, que para mí está mezclado con el de
héroe.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Amor. Amor a los tuyos, amor al trabajo, amor a tu país, amor a tu civilización.
¿Y la más peligrosa? Ahora mismo, Trump. No se me
ocurre otra suma de letras que unidas a cualquier problema pueda resultar más
arriesgada e insegura.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, rotundamente no.
Cuando alguien me ha hecho daño, engañado, utilizado, abusado de mí, me ha
despertado sentimientos de rechazo, quizás he sentido aversión por él, pero
nunca he llegado a desearle la muerte.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Llevo años enfrentado
al poder político y ahí es donde me siento más a gusto. Elegí ser así en el
periodismo, continué en mi faceta de escritor y ha absorbido mi vida personal.
Por lo que escribo o digo unos piensan que soy de izquierdas, otros que soy de
derechas, me da igual. He sido y soy muy feliz colocándome enfrente de todos los
poderes público y tratando de sacar a la luz lo que tratan de ocultar. Juan
Pablo Colmenarejo, el gran periodista de radio, unos días antes de morir me
felicitó por haber escrito que el papel del comunicador es enfrentarse al
poder, no estar a su lado apoyándole.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Soy
escritor, periodista y profesor universitario, he cumplido mis expectativas.
¿Cuáles son sus vicios principales? Aunque hace unos años
que lo dejé oficialmente, todavía sigo soñando con el día que vienen algunos
amigos especiales y nos fumamos unos buenos y poderosos habanos.
¿Y sus virtudes? Me guste hacer la vida
cómoda y dar cariño incondicional a las personas que quiero.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No me gusta mucho lo
de nadar, imagino que ya tendría bastante como para poder relajarme y pensar.
Si acaso, como creyente pensaría en que no tardaría en ver a mis abuelos, a mi
yaya, a mis padres y a mi hermano Antonio.
T. M.
miércoles, 8 de abril de 2026
Un artículo sobre el restaurante Centonze
martes, 7 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Óscar Sotillos
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Óscar Sotillos.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Dame un bosque, un río y
montañas para caminar. Mis raíces provienen de Soria, pero yo germiné en el
Montseny, si tuviera que concretar algún lugar sería ese enclave.
¿Prefiere los animales a la gente? Depende de muchos otros factores, pero en general, prefiero a las
personas.
¿Es usted cruel? No.
¿Tiene muchos amigos? Amigos es una palabra que tiene mucho arco. Amigos, en el sentido más
íntimo y personal de la palabra, tengo pocos, los podría contar con los dedos
de una mano.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Sentido crítico, ético y moral. Sensibilidad y humor.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, en todo caso me decepciono yo cuando tengo mis propias expectativas.
¿Es usted una persona sincera? Depende del contexto y la persona. Con el paso del tiempo soy más
asertivo y sincero, pero en esa sinceridad procuro no hacer daño.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Amando, leyendo y caminando por el bosque.
¿Qué le da más miedo? En general, la estupidez humana. En particular, que le pase algo injusto
y cruel a mi hija y seres queridos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Los sinvergüenzas que se
aprovechan de la ignorancia y las debilidades ajenas para su propio provecho.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Algo
relacionado con la naturaleza: guía de montaña, guardabosques, naturalista. O
maestro.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? De pequeño tenía una escoliosis en la columna y mis padres me apuntaron a
natación. Lo odiaba, pero con el tiempo ha sido una práctica que me ha
acompañado y que me encanta. Más tarde, de adolescente, descubrí el rugby y
quedé fascinado. De adulto he procurado salir a correr por la naturaleza y hago
yoga una vez por semana. La bicicleta la he incorporado como ocio o medio de
transporte ocasional. Y lo último que he descubierto es que mis prejuicios en
relación a los gimnasios eran eso, prejuicios. Mi compañera me habló de crear
un gimnasio de los rotos para cuerpos e identidades no normativas, y me parece
una idea fenomenal en oposición a la presión estética por ser siempre jóvenes y
estar estupendos.
¿Sabe cocinar? Sencillo,
pero sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Orlando, de Virginia Woolf.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Manantial.
¿Y la más peligrosa? Violencia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Matar, no. Desear que muriera, sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Somos animales políticos pese a que no queramos significarnos o creamos
que no lo estamos. Con mis contradicciones me considero rojo, ateo, feminista y
ecologista.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Muchas cosas: músico, naturalista. Pero algo más radical sería cambiar de
época y naturaleza: ser negro en la África pre esclavitud, aborigen
australiano, indio sioux antes del genocidio americano, filósofo en la griega
clásica, esquimal. O nacer mujer. Vivir la experiencia de ser madre o el placer
femenino me maravilla, pese a la pérdida de privilegios que soy consciente que
perdería.
¿Cuáles son sus vicios principales? Como diría Robe
Iniesta respecto a los pecados capitales, los tengo todos.
¿Y sus virtudes? Considero
que soy una persona que sabe escuchar.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Ni idea. Lo primero que me viene es pensar en mi hija, pero vete a saber si
llegado el momento no vienen imágenes peregrinas.
T. M.
lunes, 6 de abril de 2026
Curso "Binomios de la literatura francesa" (primera parte) en La Central del Raval
Programa






