Recientemente, me han comunicado que Historia de la literatura española contada en una hora ya está disponible en formato ebook. Y por otra parte, para aquellos interesados en mis trabajos literarios en América, pueden encontrarse 35 de mis libros publicados en España en el sitio web Buscalibre.
martes, 24 de marzo de 2026
lunes, 23 de marzo de 2026
Entrevista capotiana a Bernardita Maldonado
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Bernardita Maldonado.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegiría mi lugar natal, una provincia pequeña al
Sur de Ecuador, Loja, conocida también como “El último rincón del mundo”, tiene
uno de los parques naturales más bellos e importantes del país. Ahí todo el
mundo toca algún instrumento o canta, menos yo. Ahí está mi madre y
parte de mi familia, y también
parte de mis amigos de la infancia. Eso sí, la nostalgia del mar y de Barcelona
sería constante, pero como no puedo salir, suspirando me pasaría los días.
¿Prefiere los animales a la gente? No encuentro
diferencias claras entre unos y otra, la ciencia de hoy en día nos ha mostrado
que los humanos compartimos con una vaca el 80 por ciento de sus genes, más
allá de ello, hay animales con atributos muy humanos y humanos que cometemos
salvajadas, basta una mirada al actual contexto político mundial. Prefiero a
ambos.
¿Es usted cruel? Creo que no, no me lo parece, y si lo soy es sin voluntad de serlo.
¿Tiene muchos amigos? Sí,
considero que así es, el mérito es de las personas entrañables que me prodigan
su afecto, una nunca se cansa de agradecer la benevolencia de amigos que hacen
que la vida sea amable.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Diré que soy una
afortunada, no busco las cualidades de mis amigos, pues, están ahí, relucientes
y ofrecidas a quien las necesite.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No.
¿Es usted una persona sincera? Procuro serlo, pero también evito el sincericidio, creo que hay que tener
mucho tino y pensar bien desde el tono, hasta las palabras con las que dirigirse
a otra persona o personas y sobre todo pensar si el ejercicio de sinceridad va
a ser constructivo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mi tiempo libre es bastante esquivo, pero si llega, prefiero escuchar
música o dormir.
¿Qué le da más miedo? La violencia, en todas sus formas y expresiones, especialmente el daño
que se produce a los hijos para dañar a las parejas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza que no seamos,
ni hayamos sido capaces de hacer algo para detener la violencia extrema, la
injusticia, la corrupción, en suma, me escandaliza la indiferencia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Sería
panadera, repostera, tejedora, son oficios que me encantan, y no se oponen a la
creatividad
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No, no, soy vaga para ejercitarme, me gusta caminar y poco más, hago
danzas Gurdjieff, más que ejercicio físico es una práctica de gestos y
movimientos, pero su finalidad dista mucho de lo que convencionalmente se
conoce como “ejercicio”.
¿Sabe cocinar? Algunos
platos son pruebas fehacientes de que sé cocinar, otros ponen en duda mis
conocimientos culinarios, lo cierto es que me gusta cocinar.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? ¡Oh, hay tantos! Pero, sin duda escribiría sobre Eric Satie.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Amar.
¿Y la más peligrosa? Guerra.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Desgraciadamente, viví un suceso espantoso, horrendo que fue descubierto
lejos del causante de ese daño, si en el momento que lo descubrí, lo hubiese
tenido a mi lado, no me cabe duda de que hubiese intentado eso… Por suerte, la
escritura, la terapia, la confianza en el sistema judicial y sobre todo los
vínculos afectivos en esta ciudad me sostienen, nos sostienen.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy crítica con todas las tendencias políticas actuales, no me inscribo
en ninguna.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Cosa no, pero me habría gustado ser pájaro.
¿Cuáles son sus vicios principales? Procastinar, y después tener prisa por llegar a todo, bien podría tener
una agencia llamada “A última hora. Producciones”, también, bebo demasiado
café.
¿Y sus virtudes? Uno
mismo no puede saber sus virtudes, estas se cumplen en los ojos de los demás,
son apreciadas por los demás.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Un atardecer de hace años ya, mis hijos de diecisiete años el mayor y mi
hija de un año, juntos, tirados sobre la hierba mirando las nubes. La niebla
matutina impregnando mi lejana ciudad, sugiriendo que hay algo mágico al
atravesar la densidad de esas calles donde la niebla se disipa lentamente; el
amanecer perfilándose sobre las playas de Barcelona, y esta imagen de hace
poco: en medio de un fuerte temporal de lluvia, muchas currucas cabecinegras
refugiándose en un árbol casi desnudo de ramas.
T. M.
viernes, 20 de marzo de 2026
Publicación de "Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe" (editorial La Esfera de los Libros)
jueves, 19 de marzo de 2026
Entrevista capotiana a Santiago Díaz
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Santiago Díaz.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Depende del tamaño. Si
hablamos de país, España, de ciudad, Madrid, y de pueblo, Las Rozas, donde
llevo viviendo cuarenta años y soy muy feliz.
¿Prefiere los animales a la gente? Adoro a los perros, pero no.
¿Es usted cruel? No.
¿Tiene muchos amigos? Soy un tipo sociable, pero amigos de verdad tengo tres o cuatro.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean capaces de decirme la verdad a la cara.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Los cercanos, rara vez. Los otros, algo más.
¿Es usted una persona sincera? Siempre y cuando no haga daño, sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Jugando al golf, leyendo y viendo películas y series.
¿Qué le da más miedo? Ver sufrir a las personas a las que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Que seamos tan permisivos con
la corrupción.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Supongo
que ser profesor de educación física. Mi vida y mis estudios iban encaminados
hacia eso cuando me dio por escribir.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? El baloncesto lo he sustituido por pesas, boxeo y golf.
¿Sabe cocinar? De
batalla, pero sé comer de maravilla.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi padre, al que siento que no entendí lo suficiente en vida.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Esperanza mismo.
¿Y la más peligrosa? Codicia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí, alguna vez. Había elaborado un poco más la respuesta, pero mejor lo
borro.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Esto es algo personal.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Antes, jugador de baloncesto. Siempre soñé con ello.
¿Cuáles son sus vicios principales? No fumo desde hace muchos años, que creo que era mi único vicio. Ahora,
me gusta el buen vino.
¿Y sus virtudes? Soy
un tipo trabajador y agradecido con lo que tengo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Al principio un flotador, un barco y una isla, con aeropuerto si puede
ser... Si me hundo, vería a la gente que he querido.
T. M.
domingo, 15 de marzo de 2026
Presentaciones de libros en Madrid, días 17 y 19
Lanzamiento de Homo Viator y Los territorios que me nombran, día 19 de marzo en el hotel Bastardo de Madrid
En la primavera de 2025 nació Homo Viator con la convicción de que la vida es un viaje constante. A veces ese viaje se despliega en geografías visibles; otras, ocurre en el territorio interior donde las experiencias adquieren sentido. Desde esa premisa, el sello propone una colección de antologías de relatos que celebran al viajero como símbolo de libertad, búsqueda y transformación.
El primer fruto de este proyecto es Los territorios que me nombran, una antología surgida del curso internacional de escritura de viajes «Del viaje que eres al viaje que escribes». En ella, autores de diez países comparten historias donde el desplazamiento se convierte en revelación: travesías por ciudades, montañas, mares y memorias que terminan trazando mapas íntimos. Más que narrar lugares, los relatos exploran aquello que ocurre en quien viaja y regresa transformado.
El libro será presentado el 19 de marzo en Madrid, en el Hotel Bastardo, en un encuentro que marcará también el inicio público del sello editorial Homo Viator. Con este primer volumen comienza una travesía literaria dedicada a quienes creen que viajar y escribir siguen siendo dos maneras esenciales de explorar el mundo y de comprender la experiencia humana.
Autores: Annia Galano, Isabel de la Mata, Lourdes Carmelo, Felipe Abreu Márquez, Yolanda Cerezo de Pedro, Carmen Benito-Vessels, Mayte Calderón Grobet, Adriana Curiel, Luciano Walter, Penélope García Fernández, Osiris Gaona, Sergi Escudero Montesinos, Patricia Bernardo, Juan Manuel Rodríguez, Aracelli C. Fullem, Blanca Hefferan, Luis Pardo, Theda Acha.
Los territorios que me nombran
Grupo Editorial Traveler, Sello editorial: Homo Viator Aurora, Relato de viajes
sábado, 14 de marzo de 2026
Entrevista capotiana a Mireia Yévenes
En 1972, Truman Capote publicó un
original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló
«Autorretrato» (en Los perros
ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con
astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus
frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman
la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de
la vida, de Mireia Yévenes.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegiría cualquier lugar cerquita del mar
Mediterráneo. He vivido fuera y es lo que más eché de menos. Claro que hay
otros mares y océanos, pero no nuestra cultura, gastronomía y clima. Me parecen
un paraíso.
¿Prefiere los animales a la gente? Jajaja, no
sé qué decir. Amo a mi perra, pero amo a mi gente. ¿Puede ser mis animales y mi
gente?
¿Es usted cruel? Para nada. Tengo
defectos, inseguridades y miedos, pero ninguna maldad. De hecho, creo en la
importancia de sembrar bondad y belleza en esta vida. No para mí, sino para los
que vengan detrás.
¿Tiene muchos amigos? Podría decir que soy
una persona muy extrovertida, amigable y amable, hecho que a veces confunde a
las personas y les da a entender que ya somos «mejores amigos». Sin embargo,
amigos de verdad, los que considero hermanos de no-sangre, los puedo contar con
una mano. Y ellos están siempre para lo bueno, para lo malo y para aprender.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean «casa», que
me permitan mostrar mi autenticidad y espontaneidad, que sean amorosos,
escuchen y compartan. Busco en ellos diversión, inspiración y bondad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Los más allegados, no.
Aunque sí que me he llevado algunas decepciones de personas que ya no están
presentes en mi vida. Supongo que al fin y al cabo es normal cuando conocemos a
las personas: proyectamos en ellas unas expectativas que, tan pronto las dejan
de cumplir, nos despiertan incomodidad. Al conocernos de verdad, ahí es cuando
creo que se sabe si son amigos de verdad o conocidos.
¿Es usted una persona sincera? Por suerte o
por desgracia, me salen subtítulos en la cara que me impiden esconder lo que
siento. Trabajo mucho en ello porque a veces no me piden mi opinión sobre las
cosas, pero la trasparencia me define de lejos. Se me ve venir.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Depende bastante de
cómo me sienta: si estoy muy cansada, normalmente tengo poca batería social y
me encanta estar en casa leyendo, o con personas que son «casa». También me
escapo mucho a la playa, especialmente en otoño, invierno y primavera. El
sonido del mar me devuelve a mí. Si mi batería social está bien, seguramente me
encontréis bailando Swing.
¿Qué le da más miedo? Perder a mi
gente más amada. Es algo que me puede llegar a quitar hasta el sueño.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? El mal que hay en el mundo, los abusos y la mala gestión
del poder, la falta de empatía y el exceso de egos y gurús, la falta de
coherencia y de valores.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Solo se me ocurren respuestas
que van de la mano con mi forma de ser: creativa. Hasta la docencia, que puede
parecer de primeras que no, también lo es.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No sé qué
empecé a hacer antes: bailar o caminar. Todo comenzó con el Baile de Salón a
los cinco años. Estuve federada en alta competición hasta los veintidós, cuando
colgué los zapatos. Desde entonces el Yoga y el Swing han convivido en
diferentes momentos de mi vida.
¿Sabe cocinar? Sí, y cocinar para las personas que
quiero es uno de mis lenguajes del amor favoritos.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin duda elegiría a Sira Quiroga, la protagonista de El tiempo entre costuras, de María Dueñas. Es una de mis novelas favoritas.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? «Tant de bo», en catalán. Creo que está aceptado que
digamos «ojalá», pero esta manera de expresarla contiene algo musical o rítmico
en ella.
¿Y la más peligrosa? «Fluyamos».
En esta era de amores líquidos, fluir en nuestras relaciones tiene una
tendencia demasiado hacia la falta de compromiso. Improvisar está genial,
lanzar a alguien al río de la ambigüedad me parece revisable.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca. Sin embargo, si
alguien me lo ha hecho pasar realmente mal, más que querer matarlos, los
convierto en un personaje de ficción y juego con ellos. ¿Le podríamos llamar vudú
literario?
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Aunque hace tiempo que
siento falta de representación por parte de los partidos políticos, me
identifico con las ideologías que ponen los feminismos, los cuidados y los
derechos humanos en el centro.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me
encantaría ser mi perra, una gran maestra de que se puede ser feliz haciendo
muchísimo menos de lo que hacemos y de que merecemos amor simplemente por el
hecho de ser, no porque haya que tener o hacer nada en concreto.
¿Cuáles son sus vicios principales? El chocolate y el café
son mis perdiciones. El queso y el pan mi zona segura.
¿Y sus virtudes? Mi entusiasmo,
creatividad y espontaneidad. Creo que son un combo buenísimo que me permite ver
la luz en la oscuridad y alumbrar los pasillos oscuros de otras personas. Nada…
Un cachito, hasta que encuentren su propio interruptor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que me acordaría
de la gente que más amo y luego pensaría en las veces que he flotado en el mar
mientras veía el amanecer. La paz de haber amado de verdad, con toda mi alma y
haberme sido fiel, podría con todo.
T. M.
viernes, 13 de marzo de 2026
Una conferencia sobre Thoreau en YouTube
jueves, 12 de marzo de 2026
Entrevista capotiana a José A. Bonilla
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José A. Bonilla.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Si bien siempre he dicho
que me encantaría tener una casita cerca de un acantilado, al lado del mar para
escuchar las olas romper contra las rocas, creo que elegiría Londres. He
visitado la ciudad varias veces y no se acaba nunca. Quizás porque soy urbanita
y victoriano, y me encanta el steampunk…
¿Prefiere los animales a la gente? Me gustan los animales -soy biólogo de formación, aunque más bien de los
de bata-… pero a cierta distancia. Prefiero a las personas.
¿Es usted cruel? Solo
en mis obras, algunas de las cuales contienen cierta catarsis al respecto. La
crueldad intolerable no entra en el vocabulario de mi vida personal. Si ha
ocurrido, o alguien lo ha considerado así, no la he practicado con intención.
¿Tiene muchos amigos? Me jacto de considerar que sí, y de conservar algunos desde hace décadas.
Lo que sí es cierto es que deberíamos diferenciar entre amigos, conocidos y
otras entidades personales que circulan por nuestras vidas. No obstante, los
verdaderos amigos siempre se pueden contar con los dedos de las manos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Empatía, cariño, confianza… En contadas ocasiones se establecen unos
lazos de amistad que no tienen nada que ver con eso, y se produce una especie
de conexión inesperada que te permite entablar una relación de colegas que surge
de la nada, y perdura en el tiempo. Pero
eso raramente sucede.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Hasta
el momento, no. Pero sí me entristece que la vida, por cuestiones ajenas a lo
controlable, te separe de algunos con los que tenías estrechas relaciones.
¿Es usted una persona sincera? Intento serlo, aunque quizás la pregunta deberían responderla el resto de
las personas que me conocen. En ocasiones, eso sí, obviar información es
importante para no provocar el caos o para no herir ciertos sentimientos.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Escribiendo, leyendo, viendo cine, jugando a videojuegos. A pesar de mi
edad me considero un «gamer». Me encanta la tecnología y estar al día de
cualquier avance del progreso. Reconozco que no huyo de la soledad, pero me
gusta la buena compañía y estar junto a la persona a la que amo.
¿Qué le da más miedo? La enfermedad, el dolor, la pérdida de los seres queridos…
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La apatía del mundo actual con
respecto a las injusticias, el que los que tienen el poder hagan lo que
consideran sin tener en cuenta a los demás, el que nos mientan y no se hagan
responsables de sus mentiras.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Desde
antes de entrar a estudiar a la universidad supe que casi cualquier disciplina
me interesa. De hecho, al realizar mi preinscripción universitaria marqué en
primera opción Biología, pero las siguientes eran Psicología, Derecho,
Periodismo… Me encanta la Ciencia, la Medicina, y también la Literatura. Lo que
sí sé es lo que no me gustaría hacer: cualquier profesión relacionada con la
Economía o la Ingeniería.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Debería practicar más, pero la procrastinación me puede. Nunca he sido
bueno en ese aspecto. Mea Culpa. Me falta fuerza de voluntad.
¿Sabe cocinar? Descubrí
mi interés por la cocina tarde, pero ahora me encanta. No soy como Pepe
Carvalho, el personaje de Montalbán, si bien tengo mis propias recetas, algunas
heredadas, y me considero un buen especialista en croquetas, empanadas y algún
que otro plato, aunque, con cualquier receta decente, no me importa meterme
entre fogones -o vitrocerámica-. Me gusta que la gente disfrute con la comida
que he preparado con cariño.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Soy fan acérrimo de Sherlock Holmes. Es un personaje para mí inolvidable,
aunque nunca haya existido. Su método deductivo, su genialidad y su sociopatía
me fascinan. Es un personaje frío, calculador, científico, en cuyo cerebro solo
está aquello que es necesario. Le faltan sentimientos, es cierto, pero no
parece necesitarlos. Conan Doyle creó uno de los mejores detectives asesores de
la historia. Es habitual que aparezca su nombre referenciado, ya sea tanto en mis
novelas como en mis ensayos. En mi última obra, también. Por cierto, recomiendo
visitar la Biblioteca Pública Arús de Barcelona, donde se encuentra uno de los
mejores archivos documentales en Europa sobre el personaje.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? La palabra esperanza en sí
misma es quizás una de las más bonitas de nuestro idioma, pero en algunos de
mis viajes descubrí dos palabras que evocan ese sentimiento: Sisu y Komorebi.
La primera procede del finés, y es una palabra difícil de traducir, aunque
significaría algo así como una mezcla entre perseverancia, coraje y resiliencia
ante situaciones de desesperanza absoluta. Es la determinación de seguir
adelante, cueste lo que cueste. La segunda es japonesa y evoca paz y nuevos
comienzos.
¿Y la más peligrosa? Discordia, guerra, incomprensión, injusticia, discriminación, envidia,
odio… Hay demasiadas.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? En alguna ocasión he sentido ganas, no diré que no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Visto como está el planeta querría ser apolítico, pero, dadas las
circunstancias, me quejo de todos por igual.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Detective
asesor, como Sherlock Holmes. Ya
he dicho que era muy fan. También me serviría maestro Jedi, pero va a ser igual
de complicado.
¿Cuáles son sus vicios principales? Confesables, ninguno. Del resto, dedicar tantas horas a escribir y
olvidarme de casi todo, la falta de paciencia…
¿Y sus virtudes? La
empatía, saber escuchar, la curiosidad, ser buen mediador… Aunque, en realidad,
quizás esta pregunta la debería responder la gente que tengo a mi alrededor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las personas que amas, la familia, los buenos momentos vividos, aunque
creo que, siendo pragmático, me vendría a la mente un buen salvavidas. Siempre
hay una oportunidad para aferrarse a él y salir a flote.
T. M.
miércoles, 11 de marzo de 2026
Entrevista en Radio Vallekas y Radio Almaina por "Historia de la literatura española contada en una hora"
martes, 10 de marzo de 2026
Entrevista capotiana a María del Mar Ramón
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María del Mar Ramón.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál
elegiría? La playa.
¿Prefiere los animales a la gente? No. Me gustan mucho los animales, pero también la
gente.
¿Es usted cruel? No creo. Me preocupo mucho por no serlo.
¿Tiene muchos amigos? No sé si son muchos, pero sí los mismos y las mismas desde hace mucho
tiempo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? No estoy segura. Me doy cuenta de que mis grandes
amigos y amigas hacen cosas muy diferentes a las que hago yo y son personas
bastante distintas a mí, y también me doy cuenta de que alguien es amiga o
amigo mío por un factor que es difícil de poner en palabras. Algo me emociona,
me conmueve, me maravilla: no tiene que ver con el intelecto o con el oficio o
la carrea. Quizás pueda decirse que más que buscarlo, lo que encuentro en mis
amigos y amigas es una sensibilidad singular.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces. No me preocupa la decepción, creo que
depende de una expectativa que siempre es muy personal y ante las que los otros
y otras no siempre tienen que responder. Sí me preocupa la crueldad, el daño
deliberado, cosas que no suelen sucederme con amigos o amigas.
¿Es usted una persona sincera? Procuro.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Caminando.
¿Qué le da más miedo? Ser cruel o lastimar a las personas a las que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Muchos argumentos
de la ultra derecha me escandalizan.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una
vida creativa, ¿qué habría hecho? Ser
nadadora de nado sincronizado.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta mucho correr, y para poder hacerlo sin
lesionarme, levanto pesas.
¿Sabe cocinar? Lo mínimo indispensable. No me gusta mucho cocinar, pero porque no me
gusta casi nada lavar los platos. Es el quehacer doméstico que más pereza me
da. No tengo problema en lavar baños, me gusta barrer, encuentro relajante
limpiar vidrios, no así los platos. Tengo una teoría de que a la gente que le
gusta cocinar o no le molesta o directamente le gusta lavar los platos.
Si el Reader’s Digest le encargara
escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién
elegiría? Juana Bignozzi y
Muhammad Alí.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más
llena de esperanza? Compasión.
¿Y la más peligrosa? Asco.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Jamás. Soy demasiado miedosa y demasiado culposa
para vivir habiendo cometido un delito.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Izquierda.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un tiburón.
¿Cuáles son sus vicios principales? El teléfono, las noticias, ser insegurísima y el
alcohol (no bebo hace casi cinco años).
¿Y sus virtudes? Soy una persona objetivamente prudente con la información propia y
ajena. No sé si hago bien lo que hago, pero me gusta muchísimo, lo disfruto y
me esfuerzo montones por hacerlo cada vez mejor. Me interesa ser una persona
tanto leal como honorable; cuido mucho esas virtudes. Mi virtud más práctica es
sin duda que soy muy buena para pedir comida para muchas personas. Soy muy
buena para saber qué quieren comer distintos comensales, qué ordenar
exactamente y cómo satisfacer diferentes paladares, casi sin margen de error.
Es mi talento más preciado.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes,
dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Todo el tiempo que pasé con las personas a las
que amé.
T. M.










