lunes, 23 de mayo de 2022

Entrevista capotiana a Almudena Torrego

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Almudena Torrego.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Nací en Madrid y me encanta esta ciudad. Aunque a veces se vuelve algo hostil, sigue siendo maravillosa. Solo hay que conocerla despacio y aprender a saborearla. Creo que la elegiría a ella para encerrarme y, si es posible, en mi casa con mis hijas, mis libros y todos los objetos y recuerdos que he ido atesorando a lo largo de mi vida.

¿Prefiere los animales a la gente? Me gustan los animales, pero no los cambiaría nunca por la gente. Sería un contrasentido. Quien diga lo contrario, o bien miente, o bien no lo ha pensado con detenimiento.

¿Es usted cruel? Imagino que todos somos crueles a veces, aunque no sea nuestra intención. Pero no me gustaría nada que me recordasen así. 

¿Tiene muchos amigos? Sí. Tengo la suerte de conservar a mis amigas de toda la vida, las del cole. Son mi mayor tesoro. Y no lo digo por quedar bien o expresar algo bonito. Simplemente es la verdad. Siempre están ahí y nunca fallan. No cambiaría ninguno de los momentos que hemos pasado juntas, ni siquiera los más tristes.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Acepto a mis amigos tal y como son, con sus cualidades y defectos. Solo busco que a mí me quieran igual, como soy, con mis cualidades y defectos. No pido más.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Los de verdad, nunca.

¿Es usted una persona sincera? Creo que sí. Al menos trato de serlo. Me parece algo importante. Lo más difícil, eso sí, no es ser sincero con los demás, sino tratar de ser sincero con uno mismo. Eso sí que cuesta.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con tranquilidad y con la gente que quiero; con una buena lectura y con mi música.   

¿Qué le da más miedo? Ver sufrir a mis hijas y el padecimiento de una enfermedad.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandalizan muchas cosas. Creo que no tendría papel suficiente para enumerarlas todas. Lo que más, quizá, las acciones que llegan a cometerse por mediocridad, envidia o soberbia. Para mí fueron, son y serán los peores pecados del alma humana, los que la destruyen.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiese gustado dedicarme a la música, sin duda. Los músicos son esos seres únicos que con su arte consiguen que los demás podamos transportarnos mágicamente al paraíso que nosotros elijamos. Eso es impagable, y ninguna otra de las artes lo consigue con esa inmediatez y, además, con cualquier alma. ¿A quién no le gusta la música? Yo no conozco a nadie. Todos tenemos nuestra canción.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, trato de cuidarme. Creo que es importante.

¿Sabe cocinar? Pues la verdad es que poco. La thermomix me salvó durante la era del confinamiento.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Difícil elección… hay mucha gente a la que admiro. Creo que, si tuviese que elegir, escogería a mi hermano mayor. Él es inolvidable para mí. De hecho, le recuerdo todos los días.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Humildad.

¿Y la más peligrosa? Envidia.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? La verdad es que no. Soy bastante pacífica, aunque dicen que todos llevamos un demonio dentro. Quizá, si alguien quisiera hacer daño a mis hijas, y con ello pudiese evitarlo, me lo pensaría. Gracias a Dios no he vivido ese momento.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Trato de asimilar lo mejor de cada parte. Empecinarse en solo una cosa, ni tiene sentido, ni es inteligente. 

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Ya lo dije, músico.

¿Cuáles son sus vicios principales? Nada fuera de lo común: una buena comilona, una copita charlando con los amigos, leer, dejarme llevar por una canción y bailar, un poquito de amor…

¿Y sus virtudes? ¡Uf! Esa es una pregunta complicada. Creo que eso lo deben juzgar los demás. Yo no me siento capaz.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No sé si en esos momentos de angustia pasan imágenes por la cabeza. Creo que el instinto de conservación se impondría a todo lo demás.

T. M.

domingo, 22 de mayo de 2022

Recomendando un libro y una serie de TV sobre los Lakers en el programa de radio de Josep Cuní

Este pasado viernes 20 de mayo recomendé, en Aquí amb Josep Cuní, de la Cadena SER Catalunya, Showtime. Magic, Kareem, Riley y la dinastía de Los Ángeles Lakers en los años 80 (editorial  Contra), de Jeff Pearlman. Se puede escuchar desde el minuto 29:40. También se me puede ver en un pequeño fragmento en el Twitter del programa.

sábado, 21 de mayo de 2022

Entrevista capotiana a Pablo Tébar

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pablo Tébar.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi casa. Adoro mi casa. Me gusta escribir en ella.

¿Prefiere los animales a la gente? Me encantan los animales, ahora tengo dos perros y cuatro gatos. Pero no los prefiero a la gente. Y no me da más pena en la ficción que asesinen a un perrito que a un anciano. Valoro más la vida humana.

¿Es usted cruel? Espero que no mucho. Creo que no lo soy, ¿pero quién se ve como realmente es?

¿Tiene muchos amigos? Soy muy sociable. Hay gente a la que quiero y gente que me quiere. Pero los amigos nunca son muchos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean buena gente y que disfruten de una conversación.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, no suelen. Pero a todos nos ha pasado.

¿Es usted una persona sincera? Sí. Y mentirosa también.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mirar. Me gusta ser un voyeur de la vida.

¿Qué le da más miedo? La muerte, sin ninguna duda. Más que el dolor y que la vejez.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La capacidad de la gente de mirar para otro lado.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Qué difícil. Tal vez cocinero. Pero mañana te diría otra cosa.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. Pero tengo una facilidad notable para dejarlo cada vez que no me veo.

¿Sabe cocinar? Sí.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? No soy muy mitómano. Pero tal vez a Juan Tamariz.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Futuro.

¿Y la más peligrosa? Dios.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Unas cuantas. Lo malo es que se me pasa rápido.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Siempre del lado del débil. Ayudar al poderoso no le veo sentido.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Mago. Soy aficionado desde los diez años. Pero me tiembla demasiado el pulso.

¿Cuáles son sus vicios principales? Fumar. Lo dejo, lo cojo, lo dejo. Comer demasiado, por ansiedad. Interrumpir a los demás…

¿Y sus virtudes? Sinceramente, creo que ser comprensivo y cariñoso. Intentar no hacer sentir mal a la gente que quiero.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Todo aquello que no hice.

T. M.

viernes, 20 de mayo de 2022

La vida de Ramón y Cajal, al microscopio

Cualquier comentario de alabanza dirigido a Santiago Ramón y Cajal (Petilla de Aragón, 1852-Madrid, 1934) será poco habida cuenta del grado de sabiduría y conocimientos que alcanzó en la historia de la ciencia y la medicina. Experto en el sistema nervioso, lo cual sería reconocido por el premio Nobel en 1906, este humanista también interesado en el dibujo o la fotografía, dejó páginas inmarchitables como las que nos presenta Antonio Campos, miembro de la Real Academia Nacional de Medicina, que recoge los libros “Mi infancia y juventud”, “Los tónicos de la voluntad” y “El mundo visto a los ochenta años”.

Se trata de relatos autobiográficos en los que vemos al Cajal niño y estudiante; al que mostró pronto un talante positivista y una plena autoconfianza; y, al fin, dentro de su tarea solitaria, al investigador que llevó a una renovación como nadie ha hecho de la ciencia española. Con joyas como el texto que escribió en el año de su muerte, en que reflexionó con una lucidez extraordinaria sobre lo que implica la ancianidad; de tal modo que, a la edad ochenta años, era capaz de mirarse a sí mismo tanto en su declive físico como permaneciendo en una visión de la vida, en mayúsculas, en la que hay tantos tesoros diarios con los que congratularse, como la escritura, la naturaleza o la lectura de los autores clásicos.

Publicado en La Razón, 14-V-2022

jueves, 19 de mayo de 2022

Entrevista capotiana a Jordi Cicely

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jordi Cicely.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En cualquier lugar que me diese inspiración para escribir, ahí es. Aunque tengo cinco preferidos: Mi pueblo de Bedús en Friol, la ciudad de Londres, la romántica Braga en Portugal, La Habana en Cuba y cómo no, el pueblecito de Cicely de Doctor en Alaska conozco a la perfección los cinco, incluido Cicely y ahí se encuentra para mí la paz. Bueno...también mi casita de Ferrol, pero es muy pequeña para no salir.

¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a los animales que entienden como las personas, mis perros son un buen ejemplo de ello. Pero de la misma manera, también prefiero a las personas que les gustan los animales.

¿Es usted cruel? Con mis enemigos siempre. Por eso creo que no los tengo jajaja.

¿Tiene muchos amigos? Tengo los suficientes en los momentos clave y me lo han demostrado muchas veces, otros que creía que no lo eran, me han asombrado para bien, sin duda una bonita sorpresa que me queda dentro. En mi etapa de bajón al reescribir mi novela “Mariela envenena mis sueños” hace unos tres años, mis amigos y sobre todo mis amigas, fueron mi salvación. Siempre he tenido muchísimas más amigas que amigos, me siento más cómodo con ellas, de hecho muchas decían: “Jordi es como una chica”. Todos y todas dentro, nacemos y vivimos con nuestra parte femenina y masculina, cada cual desarrolla más su parte, la mía está claro que es la parte femenina y a la vez se ensambla con la otra parte formando un todo. El día que se comprenda este mensaje, que nada tiene que ver con la guerra de sexos en la que estamos envueltos desde los albores de los tiempos, tendremos un mundo mejor. Es el mensaje que Budda nos dejó sobre el Nirvana.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que no me mientan, que sean personas íntegras y que no me dejen cuando los necesito.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si me decepcionan dejan de ser mis amigos.

¿Es usted una persona sincera? Creo que es una de mis mayores virtudes junto con la tenacidad y la espontaneidad.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Viajando, viajando, viajando, escribiendo, leyendo o haciendo deporte, pero todo esto, siempre acompañado de la música, que no deja de sonar ni un segundo.

¿Qué le da más miedo? Antes me daba un miedo atroz el abandono emocional, el posterior camino de la soledad y la incertidumbre del futuro. Ahora todo eso ya quedó atrás, lo he superado y lo que me da miedo de verdad, es no seguir siendo quien soy y volver a lo que fui.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? No soy de los que suele escandalizarse en absoluto. He vivido muchas vidas en mis 44 años, mucha gente jamás vivirá tanto en toda su vida de lo que llevo hasta ahora. No me verás como esas personas que se escandalizan antes las noticias que salen en la televisión, de hecho ni la veo. No me escandalizo y es por una razón, no soy un hipócrita y un cínico. Cuando eres uno de estos dos ejemplos, siempre sueles escandalizarte de lo que hacen los demás, pero luego seguramente lo hagas en tu casa al cerrar la puerta. No entiendo esta actitud que se ha instalado en mucha gente, pero seguramente tiene que ver con la sociedad de lo políticamente correcto y el queda bien que nos han metido a la fuerza. Fíjate, mucha gente se escandalizo de mi novela “Mariela envenena mis sueños”, incluido alguna editorial grande, porque hablaba entre muchas otras muchas cosas, de un par de tipos que iban de fiesta por la noche para ligar y tener sexo y así aplacar su dolor interior. ¡Vamos! Como si nunca nadie (hombres y mujeres) hubiese hecho eso jajajaja. En realidad me dan lástima, porque no se que intentan conseguir, ni de que intentan escapar con ese postureo. Ahora todo el mundo quiere ir de santo, pero yo no me lo creo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Empecé siendo pintor y gané varios certámenes de pintura cuando era un niño, todo cambio cuando desapareció el Niño Pintor de Málaga David Guerrero Guevara en el 87, aquello me impactó muchísimo, y no miento si digo que fue uno de los tres momentos más dolorosos de mi vida, fue un shock a mi corazón, cogí un miedo atroz, lo recuerdo como si fuese hoy y no quise volver ir clases de pintura, ni volví a pintar, es más, hasta se me olvidó, ahora no doy dibujado nada bien. Luego me dediqué al cine, estudié producción y tuve una productora de cine que hacía cortometrajes, mediometrajes y algún largo, pero no guardo un bonito recuerdo, digamos que fue una etapa de transición que salió bien en cuanto a éxitos, pero nada más. Sinceramente donde más feliz fui jamás, es ahora siendo escritor y es lo que quiero ser, tengo una libertad que no tuve en otro momento, todo lo contrario al cine, lo pienso ahora fríamente y un escalofrío recorre mi cuerpo, no echo de menos nada de eso, ni a nadie de mi época en el audiovisual.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Practico mucho deporte, muchísimo. Siempre practiqué Fitness, me encanta cuidarme. Voy todos los días al gimnasio desde hace años, fui incluso profesor de Spinning cuando estaba en la veintena. Siempre le di a las pesas, hice y hago escalada y participé en Trails… Ahora estoy practicando un arte marcial mixta como el Sanda o Sanshou que es muy parecido al Kickboxing y me encanta.

¿Sabe cocinar? No, pero esta última etapa he aprendido bastante, lo justo para sobrevivir. Comencé a hacerlo cuando vivía en Londres, no me quedaba otra. Ahora viviendo con mi pareja estamos aprendiendo los dos, por lo que dice no lo hago nada mal, pero tampoco soy un loco de la cocina, ni me entusiasma cocinar y además detesto los programas de chefs que tan de moda esta. Lo que me gusta es comer, eso mucho.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Tengo varios, el primero, mi referente literario Jack Kerouac y sus colegas de la Generación Beat, estoy aquí por ellos. Luego Stevie Nicks la cantante de Fleetwood Mac, el personaje de Claire Danes que interepretaba en My so Called Life, a Joel Fleischam de Doctor en Alaska, a Johan Cruyff y su Naranja Mécanica, a Fredie Mercury, creo que este sería el que más me impactaría, junto con Brian Wilson de los Beach Boys, con este último tengo un paralelismo emocional en la manera de hacer las cosas que uno ama, por esa razón sería un desafío para mí.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Me encanta solpor en gallego, que es atardecer en castellano, Sunset en inglés y pôr do sol em português. Es una palabra que suena genial siempre, además es mi parte del día preferido, sobre todo en verano y con sol, piensa que es la única vez que se puede ver el Rayo Verde por ejemplo y eso ya es algo extraordinario. Me encanta el color del cielo cuando llega este momento y todo lo que significa. Yo soy muy nocturno, escribo de noche y un atardecer anuncia la llegada de la inspiración y no queda otra más que ponerse a escribir.

¿Y la más peligrosa? Indiferencia, es una palabra de la que nadie se acuerda, pero es tremendamente peligrosa, mucho más que guerra, muerte, armas... Si somos indiferentes a lo que nos rodea todo está perdido. Fíjate, hemos sido indiferentes a muchas cosas terribles a lo largo de la historia, el machismo, el Sida, la homofobia, el racismo, a los derechos humanos, a los dictadores... creíamos que mirando para otro lado todo pasaría y no fue así. Las cosas comenzaron a cambiar cuando alguien dijo basta, esta última, una de las palabras más poderosas de nuestra sociedad y nos cuesta mucho pronunciarla.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Hace años sentía mucho odio a las personas que me dañaron, les deseaba lo peor, pero te das cuenta que cuando te centras en odiar a alguien, te estás haciendo daño a ti, porque el mal es como un círculo y siempre vuelve a su origen. Al final te corroe por dentro y no sale de ti. Hoy he aprendido a canalizar la frustración y el rencor, creo que es mucho peor la indiferencia, por ejemplo. Tenemos que recordar que Odio y Amor van unidos, pero lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? No lo sé ni yo, mucha gente que me escucha siempre dice lo mismo, que no saben dónde meterme, ni tampoco encasillarme y eso es como un piropo para mí. He viajado y viajo mucho alrededor del mundo, indagado para saber más en cada sitio que he estado y creo he visto muchas cosas que se estrellan con los idealismos y eso me ha pasado factura no creyendo del todo a nadie, por eso unas veces me escuchas y piensas que soy de derechas y otras de izquierda. Tengo que decir que me quedó con las ideas coherentes, las cuales, simpatizando con un partido político es muy difícil de conseguir.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Hace años quería ser locutor de radio, lo intenté y no salió. Hoy ya no es una obsesión en absoluto como antes, los tiempos y la vida me han cambiado y con ellos mis gustos vitales. Lo repetiré mil veces y no me canso, donde más feliz fui es en la escritura, de echo es algo que siempre quise hacer desde el mismo día que llego a mis manos “On the Road” de Jakc Kerouac, al terminar de leer ese libro dije: “Joder, quiero ser como este tipo”, tenía 19 años cuando esto ocurrió y hoy estoy aquí, donde siempre quise, si se ha conseguido ¿por qué pensar en ser otra cosa?

¿Cuáles son sus vicios principales? No tengo malos vicios como el tabaco, las drogas o el alcohol. Mi vicio principal es la música, compro muchísimos cds y vinilos, gran parte de mi dinero está metido ahí, aunque también los libros son parte de mi derroche y tengo que decirlo, las figuras de dinosaurios de Schleich, me encantan. Pero si hablamos de otro tipo de vicio, es sin duda el mate, no puedo vivir sin él los fines de semana. Soy como esos fumadores y alcohólicos de las noches de fin de semana y que no recurren a su vicio el resto de la semana. Llega el viernes por la tarde y llega la hora del mate, se para el mundo para mi. Desde que lo tomé por primera vez hace cinco años, me acompaña siempre de viernes a domingo, es un ritual estipulado y necesario.

¿Y sus virtudes? Creo que las tengo muy definidas y se ven enseguida, no suelo esconder mis armas personales, pero es mejor que las digan los demás, porque nunca es igual como te ven a como te ves tú.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? ¿Quieres que te diga que pienso esto muchas veces? Realmente creo que se me pasaran muchas imágenes que están durmiendo en el subconsciente de las que ya no me acuerdo y que me sacaran una última sonrisa. Como cuando alguien te recuerda algo de tu niñez, un programa, una canción, un objeto que seguramente conocías, pero que por alguna razón se borró, salvo cuando te lo recuerdan, que vuelve a tu mente y todo tu esquema emocional sufre una sacudida.

T. M.

miércoles, 18 de mayo de 2022

La lluvia que altera la vida


Han pasado diez años desde que nos dejó un autor muy poco conocido pero que, a tenor de esta pequeña obra, realmente fue alguien talentoso: Nicola Pugliese (Milán, 1944-Avella, 2012). Lo curioso es que su única novela, de apenas ciento cincuenta páginas, Aguamala, se publicó en 1977 con una notable aceptación, y sin embargo, al parecer, el propio autor rechazó que el libro se reimprimiera hasta después de su muerte. El texto había tenido un padrino de excepción, pues lo había recomendado publicarlo Italo Calvino, por entonces asesor de la editorial Einaudi; aunque también se rumorea que Pugliese no pidió de la mejor manera al editor una nueva reimpresión, o quizá no estuvo de acuerdo con aplicar unos cambios en las páginas que se le sugerían, y la novela quedó bloqueada cuando se agotó la primera edición.

En cualquier caso, Calvino no se equivocó al apostar por él: Malacqua (su título original italiano), y en efecto, en el año 2013, una vez muerto Pugliese, pudo ver ese relato de nuevo la luz gracias a su hermano Armando. Desde ese momento, la novela fue adquiriendo otra vez notoriedad, disfrutó de una adaptación teatral, de un documental de Giuseppe Pesce, Tutto il resto è Malacqua: la versione di Nick Pugliese, que incluyó una larga entrevista con el escritor, y empezó a traducirse a otras lenguas. Se trata de una suerte de crónica de los cuatro días que dura una lluvia persistente y destructiva en la ciudad de Nápoles, lo cual provoca no solo derrumbes de edificios y deslizamientos de suelos que hace que los coches desaparezcan bajo tierra, sino convulsiones interiores en el alma de los diversos personajes, cuya vida e incluso su visión de la vida queda por completo alterada.

Y no obstante, lo que les ocurre a los ciudadanos que han de convivir con las calles anegadas de agua, esperando que cese de llover, es secundario frente al protagonismo de la propia “agua mala”: “La espera se convertía en una enfermedad agotadora, galopante, que aferraba la garganta y apretaba, apretaba. Te venía a las mientes que tal vez no estuvieras muerto, pero que ya no vivirías, al menos no como antes”, se lee al inicio del “Segundo día”. Así las cosas, lo fantástico es cómo Pugliese corporeiza la lluvia, describiendo sus efectos y acciones.

No exenta de humor pese a presentar un fresco social marcado por el drama, la novela sigue los pasos sobre todo de Carlo Andreoli, periodista napolitano que observa su ciudad inundada y se cuestiona qué será de ese lugar, que ya le despierta sentimientos de rechazo que en realidad se habían gestado en el pasado. Tal vez similares a los que tuvo el propio Pugliese, redactor de sucesos en la prensa de Nápoles, un empleo que le disgustaba profundamente, como se aprecia en el documental referido, al tener que encargarse de mil y un asuntos que no le atraían lo más mínimo. Y en cambio, apenas usó el autor la literatura para desquitarse de esa sensación, pues no publicó nada más, inspirando a la vez que ahora sea visto como un escritor de culto, creador de una sola obra excelente y realmente originalísima.

Publicado en Cultura/s, 14-V-2022

martes, 17 de mayo de 2022

Entrevista capotiana a German Barrera Toro

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de German Barrera Toro.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? A pesar de mis errores y contradicciones, elegiría vivir en mí mismo.

¿Prefiere los animales a la gente? Depende del animal y de la gente a la que enfrenta. Ahora, en la mayoría de los casos y ocasiones, preferiré a mi perra, Akane. Ella está por encima de casi todos los que puedan entrar en esta categoría.

¿Es usted cruel? Solo en el papel.

¿Tiene muchos amigos? No. Pero no cierro las puertas.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Química y genuinidad, supongo.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Difícilmente, si son verdaderamente amigos.

¿Es usted una persona sincera? Más de lo que debería.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? No tengo tiempo libre. Cada segundo de mi vida está ocupado enteramente en lo que amo. En mi trabajo, en la escritura, en los cuatro o cinco que adoro con todo el corazón. Hace años que no sé qué es tener el tiempo libre.  

¿Qué le da más miedo? La indiferencia. Eso me da pavor. Y sobre todo verla en los seres humanos que respeto. Sin duda, eso me horroriza.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Justamente eso: la indiferencia, la indolencia, la sevicia. Puedo entender que en muchas ocasiones la hibris tome el control de lo que somos, pero nunca que siga estando en nosotros cuando pasa la efervescencia de esa emoción y es la soberbia la que se convierte en la dueña de nuestros actos y termina arrasando con todo lo que se encuentra. Eso me escandaliza y entristece.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Morir.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Caminar. A veces correr. Pero amaría volver a mi infancia para jugar horas y horas al fútbol o al baloncesto y perderme en esa poderosa experiencia de lo que es vivir absolutamente en el presente. Es tan valiosa. Pero cada vez es más difícil volver. El gran anhelo de la vida: volver.

¿Sabe cocinar? No como quisiera.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? George Milton. De la novela de John Steinbeck, De Ratones y hombres, especialmente, en la última acción que toma en el relato. Para mí, en esos últimos párrafos, Steinbeck nos muestra algo inenarrable que sucede dentro de la humanidad de George que no solo es imposible de olvidar una vez que se ha leído, sino que se vuelve una pregunta casi existencial: por qué hizo lo que hizo. Acaso, ¿no había otra oportunidad? ¿De dónde, demonios, sale de un hombre como él ese amor tan infinito?

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Vida.

¿Y la más peligrosa? Desdén.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Casi todos los días.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que busquen la justicia.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? El buda.

¿Cuáles son sus vicios principales? El trabajo.

¿Y sus virtudes? El trabajo.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? El agua.

T. M.

lunes, 16 de mayo de 2022

Recomendando a Albert Camus en el programa de radio de Josep Cuní

Este pasado viernes 13 de mayo recomendé, en Aquí amb Josep Cuní, de la Cadena SER Catalunya, Camus. Retrato de un moralista (editorial Página Indómita), de Stephen Eric Bronner. Se puede escuchar desde el minuto 10. También se me puede ver en un pequeño fragmento en el Twitter del programa.

domingo, 15 de mayo de 2022

Entrevista capotiana a Lola Fernández Pazos

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Lola Fernández Pazos.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Marín, mi paraíso, el pueblo donde mis padres se conocieron y empezó todo.

¿Prefiere los animales a la gente? Adoro los animales libres e independientes como mi gatita Bronty, que sin haber cumplido un año ya va a lo suyo. Y lo mismo me pasa con la gente, adoro a la gente libre e independiente, a mi querido Ave, mi pareja, que como su nombre indica vuela permanentemente en su mundo gracias a su mente inquieta.  

¿Es usted cruel? ¡Qué va! Al contrario, mi madre me decía que era zalamera y una madre no miente. Ser cruel va en contra de mi naturaleza. Me gusta que a mi alrededor todos se sientan bien, no soporto que la gente sufra, ni las discusiones, ni si quiera una mínima tensión. Me produce un gran desasosiego, un gran malestar cuando la gente es cruel o se creen superiores o se compinchan para reprender a otro. Soy muy justiciera. Cuando veo crueldad a mi lado, desigualdad, me crispo.

¿Tiene muchos amigos? Con la edad me he vuelto más selectiva. Solía ser muy generosa con mi tiempo, mis sentimientos, pero ahora cada vez soy más recelosa. Admito que en estos momentos me gusta más compartir, que dar.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La generosidad de compartir una alegría, una pena, una llamada, un café, una inquietud.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si me decepcionan es que entonces no eran mis amigos, quizás compañeros o conocidos, pero amigos no. Uno puede cometer errores, como todo el mundo, como yo misma, lo que no puede pretender es no reconocerlo. Y no me refiero a pedir perdón o un “lo siento”, sin significado, sino a tener gestos que impliquen el arrepentimiento de verdad, por reconocer que se ha errado.

¿Es usted una persona sincera? Demasiado, aunque cada día intento matizarlo, ser más diplomática, moderarme, pero no siempre lo consigo. No me gusta ser tan sincera porque hieres a los que quieres, pero si pretenden que tome decisiones que no quiero y me presionan, entonces no lo puedo evitar. Salto.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con cosas sencillas, hablando con mis allegados, paseando, estudiando, leyendo y escribiendo. Aprecio mucho el tiempo libre porque durante toda mi vida como periodista no lo tenía; solo dormía y trabajaba. Ahora, en cambio, no tengo salario, pero sí tiempo y soy mucho más feliz.

¿Qué le da más miedo?  Una vejez vacía, no de gente que es ley de vida, sino de quehaceres. No poder leer porque no me quede vista. Sin escribir por tener las manos entumecidas de la artrosis. Y lo peor: no saber quién soy. Me gustaría que, si ocurriese, me pusieran el sonido de los pájaros y me dejaran marchar.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El maltrato laboral, la humillación en el trabajo. Se habla mucho del maltrato familiar, escolar, pero nada del maltrato laboral. De la gente déspota con quien uno está obligado a compartir intensas jornadas diarias y se cree dueños y señores de tu vida. Gente que jamás pide las cosas por favor, ni te da los buenos días ni el pésame cuando ha fallecido un familiar y encima te grita o se ríe de ti. De los jefes manipuladores y compañeros chivatos. Todo eso me escandaliza bastante.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Si no me hubieran apagado la voz con los expedientes de regulación de empleo que he vivido en los diferentes medios de comunicación donde he trabajado, seguramente seguiría ejerciendo de periodista financiera y económica, pero mi lucha por hacerme oír originó mi faceta de escritora.  

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, ando, pienso y converso. Pensar y hablar son ejercicios físicos e intelectuales que desgastan mucho más que un gimnasio.

¿Sabe cocinar? Sí sé, pero no me gusta cocinar. Coincido con un compañero de trabajo, mañico e ingeniero, que hace poco me decía “a mí me gustar tardar en cocinar lo mismo que el tiempo que dedico a ingerir la comida”.  En cambio, en mi casa, cocinar era otro acto de entrega y amor y podían estar horas preparando todo, y yo pensaba… ¡prefiero comer una bolsa de pipas, ahora, ya, que comer sin ganas!  

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mí me encanta Emily Brontë. Me gustan todos los escritores victorianos, pero ella guarda incógnitas en su única novela “Cumbres Borrascosas” que nunca han quedado resueltas. Hay pistas y despistes, pero a ciencia cierta nunca descubriremos realmente cuáles fueron sus verdaderos sentimientos. Me encantaría descubrirlos y contarlo.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Empatía. Todo se puede solucionar con empatía. Si uno es capaz de ponerse en el lugar del otro, entonces todo es posible: el amor, el perdón, la comprensión, etc.

¿Y la más peligrosa? La mentira, porque eso priva a quien se miente de la verdad y de tener un criterio propio. Si uno no sabe, no puede reaccionar, no es libre. Está condicionado por una mentira.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Pues no. La verdad es que no. Soy algo egoísta y solo de pensar que tendría que pasar el resto de mi vida en la cárcel me echa para atrás. Prefiero la distancia.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me cuesta digerir la injusticia social y la desigualdad. Me considero una persona de izquierdas, pero en general me gusta la pluralidad, crecer con personas que piensan distinto a mí.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un pájaro. Me encanta cómo vuelan, cómo cantan, cómo dan de comer a sus crías, pero me gustan libres no en jaulas. Mi padre siempre nos traía casitas de madera que colgaba en la cuerda de tender la ropa del patio para que los gorriones hembras anidaran allí y en primavera viéramos cómo daban de comer a sus polluelos, cómo crecían y cómo se marchaban cuando ya sabían volar…

¿Cuáles son sus vicios principales? Dormir. Duermo mucho. Me viene de familia. En casa, mi abuelo y mi padre se echaban siempre una siesta de una hora mínimo, nada de veinte minutos. Yo la necesito más que el comer.

¿Y sus virtudes? Tengo una paciencia que ni el Santo Job.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No, no, no, imágenes, ninguna. Intentaría gritar, nadar, salir cómo pudiera. Jamás me rendiría.  

T. M.

sábado, 14 de mayo de 2022

La revista "Qué Leer" de este mayo

En la revista Qué Leer de mayo (núm. 283) me ocupo del protagonista de la portada: Santiago Posteguillo; también, me ocupo de recordar a Allen Ginsberg, por los veinticinco años de su muerte; asimismo, reseño extensamente un libro sobre Dora Maar y escribo un artículo sobre la alcoholemia literaria femenina; y, como siempre, preparo más de una veintena de páginas de recomendaciones de novedades de todos los géneros.

viernes, 13 de mayo de 2022

Entrevista capotiana a Ricard Ibáñez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ricard Ibáñez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? La biblioteca de Babel que describió Borges. Los libros son la mejor de las compañías.

¿Prefiere los animales a la gente? Por supuesto. Hay gente muy animal.

¿Es usted cruel? Lamentablemente, ser cruel se considera un rasgo de inteligencia.

¿Tiene muchos amigos? Quien tiene muchos amigos no tiene ninguno, me temo. Los amigos de verdad se cuentan con los dedos de la mano (y suelen sobrar dedos).

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Saber estar, saber escuchar.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No demasiado. La confianza da asco, ya sale, y conocerlos como si los hubiera parido (con perdón) forma parte del proceso de amistad plena.

¿Es usted una persona sincera? Por supuesto. Mentir es muy trabajoso (hay que recordar siempre la mentira que se ha dicho) eso sí, no negaré que muchas veces miento por omisión.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Pasear, leer, ver maratones de series en televisión, asistir a conferencias o presentaciones de libros, visitar museos o exposiciones, jugar a rol con el grupo de siempre… Desde mi lesión en la espalda hago una vida más tranquila.

¿Qué le da más miedo? El miedo mismo. Una vez afrontas los problemas y los obstáculos te das cuenta que no eran tan malos como creías.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La gente que se escandaliza viendo besarse a dos hombres, o a dos mujeres.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Posiblemente, volverme loco. Tengo la cabeza llena de ideas que fluyen sin parar, y si no las canalizase a través del proceso creativo empezaría a pensar cosas raras. No sé, me haría conspiranoico, terraplanista o de la iglesia de la Cienciología.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Antes de la lesión, levantaba peso directo en el gimnasio y daba largas caminatas por la naturaleza (ahora lo llaman hacer fitness y hacer trekking, creo).

¿Sabe cocinar? Según mi mujer, sí, y bastante bien. Pero mi mujer odia cocinar con todas sus fuerzas, así que no sé si lo dice para ahorrarse el trabajo… Por lo menos, aún no nos hemos envenenado.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? El general Paul von Lettow-Vorbeck, que durante la Primera Guerra mundial luchó en el África Oriental Alemana (hoy Tanganika) contra las fuerzas del gobierno británico, ganando batallas en ocasiones contra enemigos ocho veces superiores. No fue derrotado, aunque al terminar la guerra tuvo que retirarse. Presionó a la República de Weimar para que sus askaris (soldados nativos) recibieran una pensión como combatientes, y rechazó tajantemente la oferta de Hitler de ser embajador. Demasiado famoso para ser represaliado por ello, vivió tranquilamente hasta su muerte en 1964, a los 96 años. Un militar brillante y un hombre de honor.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Libertad.

¿Y la más peligrosa? Religión.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Evidentemente, como todos.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Según la derecha actual de nuestro país, soy un rojo fanático. Creo en la Sanidad y la Educación públicas, en el sistema de Pensiones y en el Estado del Bienestar en general.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Perro. Viven el presente (de hecho les cuesta concebir el paso del tiempo), son muy empáticos y a la que pueden se ponen a hacer la siesta.

¿Cuáles son sus vicios principales? Misantropía, escasa empatía hacia ciertas situaciones y en ocasiones Apatía.

¿Y sus virtudes? Trato de ser humilde, tener paciencia y perseverar en el camino que decido hacer.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que vería mi vida pasar ante mí, como dicen… Mi infancia en mi habitación, leyendo a Dumas, Salgari y Verne; mis largas caminatas en las montañas de Catalunya; lo feliz y pleno que me sentí cuando el amor de mi vida me dijo que sí; las grandes derrotas y las pequeñas victorias (y viceversa). Y si me entretengo tanto en acabar de morirme, al igual la Muerte se cansa de esperarme y me salvo y todo.

T. M.