martes, 23 de junio de 2026
Reseña de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en la revista "Estandarte"
lunes, 22 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Marta Solano
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Solano.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegir un solo lugar, teniendo en cuenta lo
inquieta y viajera que soy, sería para mí el peor castigo. Pero ya que hay que
elegir uno, optaría por el lugar al que pertenezco, que me vio crecer y dónde
tengo a la gente que quiero. Y ese lugar es Madrid.
¿Prefiere los animales a la gente? Aunque a
veces pierda la fe en nuestra especie, me gusta conversar y me fascina la mente
humana, tan compleja. Como escritora, para construir mis personajes, necesito
adentrarme en la psique de las personas con sus miles de máscaras. Si tuviera
que elegir un animal sería un lobo, por su belleza, naturaleza salvaje y porque
necesito sentirme parte de una comunidad.
¿Es usted cruel? Nunca lo he sido, ni siquiera
para protegerme. Soy todo lo contrario, me considero una persona compasiva y
empática, a veces en exceso. En mis novelas, es un reto mostrar el peor rostro
del hombre, porque siempre veo luz en la oscuridad del alma humana. Ser cruel
con los más débiles me parece un pecado imperdonable.
¿Tiene muchos amigos? Soy una
persona muy sociable que no me cuesta conocer gente y crear lazos con ellos.
Sin embargo, con la edad he aprendido que es más importante la calidad que la
cantidad. Afortunadamente conservo amigos de todas las etapas de mi vida y eso
para mí es un regalo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? La principal
cualidad que comparten todos mis amigos es que son buenas personas. Me siento
atraída por gente auténtica que pertenece a mundos distintos al mío, que me
resultan fascinantes. Es importante que nos complementemos como personas. Si
tienen sentido del humor y una buena conversación, qué más se puede pedir.
Nunca sería amiga de personas superficiales, aburridas, interesadas, egoístas,
tacañas o envidiosas.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? En general,
mis amistades se enfrían por cambios de etapas vitales, no porque me
decepcionen. Simplemente hemos compartido experiencias en un momento concreto y
evolucionamos de forma diferente. Guardo un buen recuerdo en general de todos
los amigos que he tenido en mi vida y me doy cuenta de que con la edad cada vez
tengo más conocidos y menos amigos, soy más selectiva.
¿Es usted una persona sincera? No tengo
filtros y soy de esas personas a las que se las ve venir, pero tampoco digo lo
primero que se me viene a la cabeza. Soy bastante racional. Medito mucho lo que
hago y digo, aunque me considero alguien sensible a todo a lo que pasa a mi
alrededor.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mi mayor
afición es escribir tomando una taza de café y viajar por el mundo para nutrir
mis novelas y mi vida de nuevas historias. Al final, escribir es también viajar
a otras épocas y lugares, así que mis dos aficiones están muy ligadas. Además,
me considero una apasionada de la historia y del arte. Soy una persona muy
familiar y me gusta hacer deporte siempre que puedo.
¿Qué le da más miedo? Me dan miedo
muchas cosas: la mediocridad, el rechazo, la enfermedad y la muerte. Da miedo
perder la memoria, dejar de saber quién eres, o ser consciente de todo y ver tu
deterioro físico. Por eso trato de cuidarme, para tener una vida larga y
autónoma. También creo que la vida nos va preparando para esos momentos, porque
la naturaleza es sabia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza la vulgaridad, la falta de educación, la
hipocresía y el abuso de los débiles. Intento siempre pensar que hasta en las
peores circunstancias, detrás del monstruo hay un porqué y un alma noble. A
veces, cuesta, lo reconozco. No creo que haya gente mala sin más, pienso que su
actitud responde a un trauma vital, a falta de oportunidades, a una debilidad…
Intento comprender sus demonios y eso es un peligro para mi propia
supervivencia. Pero creo que como escritora es un enfoque humanista que me diferencia.
Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Sería periodista, que es mi
profesión, guía turística o profesora de historia. Los tres oficios tienen algo
en común: todos son formas de comunicar y esa es una necesidad para mí. Escribir
es una herramienta para dar salida a muchas historias que me gustaría haber
vivido.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, durante
décadas jugué a baloncesto y ahora hago natación y voy al gimnasio. Hacer
deporte forma parte de mi vida.
¿Sabe cocinar? Prefiero que me cocinen o
disfrutar de la buena mesa en un gran restaurante. Nunca he tenido interés ni
paciencia por la cocina. Tampoco soy una persona muy casera, en general.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin duda, a
la reina Juana de Castilla, conocida como Juana Loca. Hija de los Reyes
Católicos estuvo destinada a reinar, pero rechazó el cargo por amor. La triple
traición de su padre, su esposo y su hijo provocaron que viviera gran parte de
su vida entre los muros de un convento en Tordesillas. Su vida me parece
fascinante y trágica.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Para mí la palabra que da sentido a todo, a lo que somos,
a las canciones, a las grandes gestas, es AMOR.
¿Y la más peligrosa? Una palabra
que no está en mi vocabulario ni en mi cabeza es RENDIRSE. No es una opción,
siempre hay una salida. Si en la vida perdemos la ilusión o la esperanza,
estamos perdidos.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca, ni en
mis peores sueños. Solo intento sobrevivir.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy muy
pragmática y no creo en siglas ni en ideologías. La política se ha convertido
en un espectáculo lamentable, en un cruce de insultos sin argumentos. Los
políticos se han ganado a pulso la desafección de la gente por su elitismo,
vanidad y ambición. Creo en la política útil, la que de verdad piensa en el
ciudadano, la que ya no existe.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría
ser una pintura impresionista en el Museo de Orsay de Paris, mi pinacoteca
favorita; una canción que emocionara a varias generaciones o una viajera en el
tiempo.
¿Cuáles son sus vicios principales? Soy una gran
golosa y una persona muy perfeccionista. Además, tengo el vicio de aprender
constantemente de todo. Soy una persona inquieta a la que cuesta seguir el
ritmo.
¿Y sus virtudes? Me considero muy sociable,
curiosa, honesta y empática. Creo que mis virtudes llevadas al extremo se
convierten en mis principales defectos. La línea es muy fina, a veces.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Imágenes de
mi infancia feliz, del triple que anoté para ganar un campeonato, de mi primer
amor, del parto de mi único hijo, imágenes de mis viajes por el mundo y de la
banda sonora de mi vida. Pensaría en lo afortunada que he sido, en todos los
sueños cumplidos, como el de ser escritora, y en los que seguro tendría por
cumplir. Y para terminar me entregaría a mi fatal destino antes de que me
comiera un tiburón.
T. M.
sábado, 20 de junio de 2026
Entrevista en Radio Vallekas y Radio Almaina por "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas"
viernes, 19 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Mori Ponsowy
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mori Ponsowy.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál
elegiría? En una novela que estuviera siendo escrita todos los
días quizás por mí misma a mis 85 años.
¿Prefiere
los animales a la gente? Los animales.
¿Es
usted cruel? Lo necesario para no ser objeto de crueldad.
¿Tiene
muchos amigos? No.
¿Qué
cualidades busca en sus amigos? Poder hablar de las nubes y también
de la tristeza.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? A veces.
¿Es
usted una persona sincera? Depende.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Jugando.
¿Qué
le da más miedo? Que las personas que quiero mueran antes que yo.
¿Qué
le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El
siglo XXI. Pero también me apasiona.
Si
no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Quizás
habría terminado internada en un psiquiátrico. O drogadicta.
¿Practica
algún tipo de ejercicio físico? Todos los días practico, pero no
siempre resulta.
¿Sabe
cocinar? Depende de para quién.
Si
el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A alguno de los
personajes de mis novelas favoritas.
¿Cuál
es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Todavía.
¿Y
la más peligrosa? Siempre.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? Claro.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? Sospecho de cualquiera que esté demasiado
seguro de tener razón.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un árbol.
¿Cuáles
son sus vicios principales? Me gusta demasiado el silencio.
¿Y
sus virtudes? Sobrevivir.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Espero que ninguna. Querría prestar atención a lo
que está ocurriendo.
T. M.
miércoles, 17 de junio de 2026
Publicación de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" (Ediciones del Subsuelo)
Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es el gran estudioso de la muerte voluntaria en el mundo de las letras, con títulos como El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico, Antología poética del suicidio (siglo XX), Melancolía y suicidios literarios. De Aristóteles a Alejandra Pizarnik y La letra herida. Autores suicidas, toxicómanos y dementes; además, es autor de hitos bibliográficos como su trilogía dedicada a Thoreau, Whitman y Emerson, y de monumentales trabajos sobre diferentes tradiciones literarias, como la inglesa o la alemana. Crítico literario de La Razón desde el año 2000, dirige la revista Qué Leer y colabora con Cuadernos Hispanoamericanos, Cultura/s (de La Vanguardia) y El Viajero (de El País). Entre sus sesenta libros publicados de diversos géneros (poesía, novela, ensayo, biografía y crónicas viajeras) se cuentan: Escribir, leer, vivir. Goethe, Tolstói, Mann, Zweig y Kafka (Ediciones del Subsuelo, 2017), No habrá muerte. Letras del gulag y el nazismo: de Borís Pasternak a Imre Kertész (Fórcola, 2018) y Palabrería de lujo. De la Ilustración hasta Houellebecq (Ediciones del Subsuelo, 2021).
domingo, 14 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Anselmo Ramos
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Anselmo Ramos.
sábado, 13 de junio de 2026
Cuando la ficción completa a la memoria
En 1963, Julio Cortázar, en «Rayuela», incluyó un «Tablero de dirección» con el que proponía dos modos de lectura: el convencional de capítulos seguidos, y otro que debía seguir una secuencia de saltos indicada por el propio autor. Pues bien, dos libros son también los que forman «El libro moebius» (traducción de Núria Molines), uno narrativo y otro ensayístico. Así, Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985) ha escrito un experimento narrativo que busca pensar cómo reconstruimos una historia cuando una relación importante llega a su fin. En vez de ofrecer un relato único y ordenado de los acontecimientos, Lacey presenta dos perspectivas que dialogan entre sí: una más cercana a la experiencia autobiográfica y otra abiertamente ficcional a partir de un reencuentro de dos amigas que no se veían desde bastante tiempo atrás. El efecto es el de una conversación entre distintas formas de entender una misma pérdida, como si ninguna versión fuera suficiente por sí sola para explicar lo ocurrido.
Lo bonito del texto es que se pregunta cómo seguimos adelante cuando aquello que nos daba sentido deja de sostenernos, pues al final esta prosa inclasificable constituye una exploración de las zonas ambiguas donde la memoria, la imaginación y la búsqueda de sentido terminan mezclándose. Además, tiene un valor introspectivo tanto como metaliterario, como cuando la protagonista dice: «Me pregunté si había dejado de escribir historias porque la vida parecía tan ficticia que escribir ficción se había vuelto innecesario». Y, sin embargo, venció la intuición literaria hasta emerger un doble texto que alude a la banda o cinta de Möebius, un objeto matemático descubierto en el siglo XIX por August Ferdinand Möbius, una superficie muy peculiar, con un solo lado y un solo borde en el que acabas regresando al punto de partida sin haber cruzado nunca una frontera entre lo interior y lo exterior.
Publicado en La Razón, 13-VI-2026
viernes, 12 de junio de 2026
Entrevista capotiana a María Inmaculada Guerrero, Macu
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Inmaculada Guerrero, Macu.
jueves, 11 de junio de 2026
Reseña de "Mandar y obedecer Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe" en la revista "Qué Leer"
miércoles, 10 de junio de 2026
Entrevista Capotiana a Pedro M. Domene
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la
autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros
ladran, Anagrama,(1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y
brillantez Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones,
deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente
«entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pedro M. Domene.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Creo que, sin dudarlo, elegiría mi casa, y mi estudio donde tengo todo lo necesario, abro una ventana y respiro naturaleza y oigo los amaneceres y el sonido armónico del campo y los primeros trinos, ¿qué más se puede pedir?
¿Prefiere los animales a la gente? Hace unos años lo hubiera tenido bastante claro,
hoy prefiero los animales. Un día, hace doce años, me encontré con un cachorro
de perrita de apenas dos meses. No se separó de mí, la llamé Betty, y desde
entonces la cuido cuando está enferma o necesita algo, y ella hace lo mismo
conmigo. Es fiel, cariñosa y muy agradecida, no puedo pedirle más. ¿Se la
imagina siempre a mi lado?
¿Es usted cruel? Es una palabra que no forma parte de mi
vocabulario y un concepto que me es ajeno; hemos ido asimilando imágenes de
extremada crueldad que parecen no afectarnos, justificamos todo lo relacionado
con ella: Ucrania, Gaza, Irán o Líbano donde la crueldad se cuela en nuestra
vida cotidiana. Es evidente que jamás me convertiría en nadie que calificaran
de cruel.
¿Tiene muchos amigos? Cada vez menos, el paso del tiempo ha dejado a
algunos en el camino, aunque presumo de tener un puñado que me ofrecen una
amistad incuestionable, eso sí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? La lealtad
y una admiración mutua.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Con los valores y cualidades que acabo de señalar
resultaría imposible, aunque, por supuesto, si eso ocurriera caerían de mi
lista.
¿Es usted una persona sincera? Sí, y no lo afirmo por quedar bien en este
cuestionario. Creo que la palabra hipocresía tampoco está en mi vocabulario.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? He
trabajado de profesor y el tiempo libre lo ocupaba con aquellas cosas que me
gustaban: escribir y colaborar en prensa y revistas literarias. Ahora,
gozosamente, jubilado dispongo de mucho más tiempo, pero la escritura me sigue
ocupando gran parte del día. Así que mi tiempo libre lo dedico a largos paseos,
conversar con los amigos, ir y ver buen cine con mi compañera de toda la vida
y, por supuesto, dedicarle tiempo a la familia y a esa pequeña cuatro patas que
se llama, Betty.
¿Qué le da más miedo? Una enfermedad larga que me deje sin ser consciente
de mis actos y de mis pensamientos y actitudes humanas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La falta de humanidad
en un mundo donde la gente sigue pasando hambre y las necesidades básicas, que
sigamos provocando guerras, las desigualdades y me escandaliza que según donde
hayamos nacido así transcurrirá nuestra vida, o que nuestro mundo más que un
paraíso se convierta en un infierno.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? He sido docente, profesor de Literatura durante más de treinta y cinco años, es otra perspectiva de la creación, supone estar creando e imaginando casi a diario con unos adolescentes que sienten una curiosidad extrema y cuestionan todo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Suelo pasear con esa perrita, Betty, y moverme al
menos una hora al día, mi vida es bastante sedentaria y necesito respirar aire
puro.
¿Sabe cocinar? No,
el tópico que siempre se dice, unos huevos fritos, pero no tengo la paciencia
suficiente para experimentar en la cocina, resulta paradójico que pueda armarme
de paciencia cuando escribo, y no para elaborar un buen plato.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de
esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin lugar a duda reinventaría a Don Quijote y a
Sancho Panza.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena
de esperanza? Creo que es “amistad”
con esa infinidad de interpretaciones positivas.
¿Y la más peligrosa? Entre alguna otras, tal vez “miedo”, también, por
sus muchas connotaciones.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, la muerte no es algo que tenga presente, si
existe ese concepto que llamamos tristeza, creo que todo lo relacionado con la
muerte me parece triste.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de aquella generación que vivió el franquismo,
disfrutó con la transición democrática española y considera que la única
alternativa para una igualdad social es una izquierda responsable. Los años
vividos, y los tiempos que corren, no me han hecho cambiar, evidentemente.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría ser un buen artesano, eso que llaman un
“manitas” porque creo que tiene muchas ventajas.
¿Cuáles son sus vicios principales? Si acumular libros en mi casa se considera un
vicio, ese lo tengo, sin duda; a veces, soy intolerante, no soy comprensivo con
ciertas actitudes y me pongo furioso, pero no me dura mucho, la verdad.
¿Y sus virtudes? Quiero
pensar que soy buena persona y en mi trabajo, tanto el docente como ahora a la
hora de escribir he tenido y tengo bastante paciencia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro
del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Déjeme que sea consciente y consecuente, quiero ver
el rostro de mi compañera de los últimos cuarenta años. El resto de secuencias
de mi vida me importan poco, la verdad.
T. M.
martes, 9 de junio de 2026
La revista "Qué Leer" de este junio
domingo, 7 de junio de 2026
Entrevista capotiana a Nacho Faerna
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Nacho Faerna.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Estoy terminando de
construir una casa en el campo. El plan es pasar allí el máximo tiempo posible
en el futuro. Así que la reclusión sería voluntaria.
¿Prefiere los animales a la gente? Digamos que
me cuesta mucho encontrar un perro que no me guste. No puedo decir lo mismo de
las personas.
¿Es usted cruel? Voy a citar mi libro
favorito. Barrie afirmaba que los niños eran alegres, inocentes e insensibles. La
combinación de alegría, inocencia e insensibilidad puede parecer crueldad. Si
alguna vez he sido cruel, espero que no, será por culpa de mi particular
complejo de Peter Pan.
¿Tiene muchos amigos? Hay dos palabras que
uso con mucho cuidado: amigo y compañero. No las regalo fácilmente.
Afortunadamente, creo que podría montar un equipo de baloncesto con mis amigos
y amigas de verdad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que no se avergüencen
de mí.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No consigo recordar ninguna ocasión en la que lo hayan hecho.
¿Es usted una persona sincera? Me pagan por
mentir. Y no trabajo gratis.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Prefiero no ocuparlo. Que siga libre.
¿Qué le da más miedo? El
sufrimiento, que no el dolor.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La impunidad de los idiotas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? De niño quería ser pescadero.
Mi madre me dejaba en la pescadería mientras ella hacía la compra por los demás
puestos del mercado y yo me quedaba al cuidado del pescadero, hipnotizado
mirando cómo limpiaba lubinas y pescadillas. Aquel hombre tenía sólo tres dedos
en la mano izquierda. Era lo más parecido a un pirata de Salgari o de Stevenson
que había a mi alrededor. Aún me gustaría ser pescadero.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Ayer di mi
primera clase de Tai Chi.
¿Sabe cocinar? ¿Qué clase de pescadero sería si no
supiera cocinar?
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? El primero que me ha
venido a la cabeza ha sido Sister Corita, una monja de los 60 que hacía arte
pop.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Todavía.
¿Y la más peligrosa? Son dos:
sentido común.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Cada día soy más
radical.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? ¿En lugar de
radical? Jacobino (estudié en los dominicos).
¿Cuáles son sus vicios principales? Tengo defectos, pero
no vicios. Ni adicciones, salvo al cacao puro sin azúcar.
¿Y sus virtudes? No me adornan
especialmente. De las cuatro cardinales que aprendí en el catecismo, carezco de
prudencia pero no la persigo especialmente, persigo la justicia y rara vez la
encuentro, aspiro a la fortaleza y desconozco la templanza.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Vería peces. Y al pescadero con sólo tres dedos en la mano izquierda. Ojalá
lo siguiente que viera fuera a la mujer de mi vida, que se habría tirado al
agua para rescatarme.
T. M.









