lunes, 20 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Cheche Parra

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Cheche Parra.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una casa con mucha luz, jardín, piscina y, requisito indispensable, situada frente al mar.

¿Prefiere los animales a la gente? Me gustan mucho los animales, me producen una inmensa ternura, pero por el momento prefiero a las personas, al menos a las que están en mi vida.

¿Es usted cruel? En la vida real, creo y espero que no. Nunca tengo intención de lastimar a nadie, pero tampoco permito que lo hagan conmigo. En la ficción, cuando escribo, a veces no me queda más remedio que serlo, por el bien de la novela.

¿Tiene muchos amigos? La amistad es una de las facetas de mi vida en las que me considero más afortunada. Tengo muchos amigos, unos que vienen conmigo desde la niñez y la adolescencia, y otros que he ido conociendo por el camino y se han quedado para siempre.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La inteligencia, la bondad, el sentido del humor, la lealtad, el respeto.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Muy pocas veces. Quizás de más joven, cuando esperaba recibir lo mismo que yo daba. Pero con el tiempo aprendí que cada uno es como es y que, si incluyo a alguien en mi vida, he de hacerlo con sus virtudes y también con sus pequeños defectos. Por supuesto, si descubro maldad, aparto a esa persona de mi lado para siempre.

¿Es usted una persona sincera? Muy sincera, sobre todo si piden mi opinión o consejo, aunque siempre procuro no hacer daño con mis comentarios.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta pasar tiempo con mi gente, familia, amigos, reunidos alrededor de una buena mesa hablando de lo divino y humano, pero también procuro tener mi espacio en solitario para la lectura, ver series y películas, así como para ir al teatro y bañarme en el mar.

¿Qué le da más miedo? Que mis seres queridos lo pasen mal.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? ¡Uf! Intentaré ser breve. Me escandaliza que en pleno siglo XXI, con el acceso que tenemos a la información y al conocimiento, haya quien no piense por sí mismo y se deje arrastrar por todo tipo de discursos y consignas, sin cuestionarlas. Me preocupa tanto ese conformismo, esa falta de pensamiento crítico, como que se normalicen las dinámicas de manipulación. También me parece escandaloso y preocupante, que sigamos asistiendo con demasiada frecuencia a situaciones de violencia y delincuencia que afectan a tantas personas.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? He trabajado muchos años en comunicación y relaciones públicas hasta que decidí dedicarme por completo a la escritura. Siempre he sentido la necesidad de expresarme a través de la creatividad y el arte, como la interpretación, vocación que he desarrollado de manera amateur. También me hubiese gustado ser bailarina, cantante, pintora; y de pequeña decía que quería ser alfarera.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hago pilates, camino todo lo que puedo y siempre subo por las escaleras.

¿Sabe cocinar? Sí, sobre todo me dedico cuando tengo tiempo. Me encanta y dicen que no se me da mal.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi abuelo materno. Ojalá pudiera mantener una larga conversación con él para que me contara con detalle su vida, que da para una buena novela. Por desgracia, murió cuando yo era adolescente y no tuve ocasión de hacerle las preguntas que hoy le formularía.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Respeto (a los demás y a uno mismo).

¿Y la más peligrosa? Desesperanza, desilusión, miedo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Solo en la ficción, en mis novelas.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Estoy decepcionada con la política y ya no confío en que nadie me represente, así que hace mucho tiempo que no me pronuncio al respecto.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría ser yo misma, pero con treinta años menos, para tener la energía y el tiempo de vivir todo lo que quiero hacer.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy una persona muy sociable, pero a la vez me encanta estar sola. Necesito silencio y tiempo conmigo misma para poder relajarme y recargarme de nuevo. Y en otro orden de cosas, ¿puedo decir que soy perfeccionista, maniática, y que lo que más me gusta es que me den masajes?

¿Y sus virtudes? Soy luchadora, resiliente, leal y respetuosa.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Espero no verme nunca en esa situación, pero supongo que intentaría pensar rápido para encontrar una salida.

T. M.

jueves, 16 de julio de 2026

Irlanda reivindica a Jonathan Swift tres siglos después de «Los viajes de Gulliver»

Jonathan Swift y la maldad endémica del hombre en «Los viajes de Gulliver»

Exposiciones, representaciones teatrales, visitas literarias y actividades culturales recordarán durante 2026 el legado de una obra que escondía una de las críticas más incisivas a la sociedad de su tiempo.

Libro de viajes imaginarios, relato fantástico –algunos hablan de un precedente de la ciencia-ficción–, sátira mordaz y despiadada de la sociedad inglesa de la época y de la condición humana en general, historia para niños... Así son «Los viajes de Gulliver» (1726), difícilmente clasificables o, en cambio, tendentes a la etiqueta simplificadora de literatura infantil y juvenil. A pesar de que, paradójicamente, en un gran número de ediciones del libro se vean censurados los pasajes más amargos o las referencias sexuales escritas por su autor, el irlandés Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745), pues, de cara a los más pequeños, a veces sólo procede ofrecer caballos que razonan o ciudades flotantes en el cielo; jamás una desalentadora imagen del ser humano.

Pero es que «Los viajes de Gulliver» es precisamente eso: una visión desesperanzada del hombre, a pesar de que su contexto utópico y sus geniales fantasías empujen al mundo editorial a dirigir el texto al público menor de edad. La sutileza de Swift radicaba en que tal crítica estaba elaborada mediante símbolos, lugares imposibles, personajes que bien podrían pertenecer en su origen a los mitos grecolatinos. Un texto, por lo demás, polémico en cuanto fue publicado, ya que su carácter satírico resultaba fulminante para las cabezas biempensantes de la política y la Iglesia. El médico Gulliver, al visitar sitios irreales, hablaba sin tapujos de la realidad: de los vicios y corrupciones cotidianos, y de ellos no se salvaba nadie.

Así, el escritor que en «Una humilde propuesta» (1729) propondrá que los niños irlandeses pobres sirvan de carne para los ricos con el fin de eliminar la hambruna que padece el pueblo, es el que recrea los defectos humanos en cuatro territorios inventados. En «Viaje a Lilliput», se burlará del rey Jorge I; en «Viaje a Brodbingnag», planteará la pequeñez de las ideas sociopolíticas en el momento de llevarlas a la práctica; en «Viaje a Laputa», ironizará sobre el centralismo inglés frente a Irlanda; en «Viaje al país de los Houyhnhms», el hombre será el salvaje y el caballo el racionalista. Con ello, Swift dará la vuelta a lo preestablecido, presentando las indignas y crueles contradicciones de las personas.

Rutas y exposiciones

Este próximo mes de octubre se cumplirán trescientos años de la publicación de esta obra, y el país ha preparado un amplio programa cultural para recordar al autor que convirtió una novela de aventuras en una de las sátiras más afiladas de la literatura occidental. Las conmemoraciones se extenderán a lo largo de 2026 en distintos puntos de la isla. Dublín concentrará buena parte de las actividades, con exposiciones dedicadas al escritor en instituciones vinculadas a su vida y a su legado. La Catedral de San Patricio, donde Swift ejerció como deán durante más de treinta años y donde hoy reposan sus restos, ofrecerá visitas especiales centradas en su figura. Allí se conservan objetos personales, documentos históricos y el célebre epitafio en el que el escritor reivindicó su lucha contra las injusticias de su tiempo.

También el Trinity College, donde cursó estudios, dedicará una muestra a la génesis y la recepción de «Los viajes de Gulliver», mientras que la histórica Marsh Library exhibirá ejemplares y traducciones que permiten seguir la extraordinaria difusión internacional de la novela, convertida con el paso de los siglos en un clásico global. Además, las celebraciones no se limitarán a exposiciones bibliográficas. El programa incluye representaciones teatrales y musicales inspiradas en la vida del autor, entre ellas una producción que explora la relación de Swift con Esther Johnson y Esther Vanhomrigh, conocidas popularmente como Stella y Vanessa. La obra se representará en Howth Castle, una fortaleza con la que el escritor mantuvo una estrecha relación.

El aniversario tendrá una dimensión histórica. El Dublin Festival of History incorporará actividades relacionadas con la Irlanda del siglo XVIII y con el contexto político y social en que surgió la novela. Rutas urbanas, visitas a archivos y encuentros con especialistas permitirán acercarse al mundo que inspiró a Swift. Por otro lado, la conmemoración alcanzará igualmente Irlanda del Norte, ya que la Robinson Library de Armagh exhibirá uno de los testimonios más valiosos relacionados con la obra: un ejemplar de la primera edición anotado por el propio Swift. El documento revela el descontento del autor con determinadas modificaciones introducidas por su editor y ofrece una mirada excepcional a los procesos de censura y negociación editorial de la época. El programa culminará en noviembre con el Jonathan Swift Festival, una cita que reunirá conferencias, lecturas públicas, espectáculos y actividades culturales en torno a la figura del escritor. Más que una celebración de un libro, el aniversario pretende reivindicar a un autor cuya mirada crítica sigue interpelando al presente. 

Escepticismo esperanzado

Sin duda alguna, Swift fue un ciudadano y un intelectual valiente, en una época en la que las críticas al gobierno eran castigadas con la cárcel, atreviéndose a señalar las corrupciones e injusticias que llevaron a sus compatriotas a la miseria y a él mismo a la marginación política. Sin embargo, sus consejos al pueblo irlandés, al que se dirigía con una enorme claridad en sus panfletos, cayeron en saco roto. Todo lo cual lleva a pensar que, por esta dedicación a defender los derechos del prójimo, más que un misántropo, una persona de humor tétrico que manifiesta aversión al trato humano, Swift fue un defensor decepcionado ante la historia que le tocó vivir. De ahí que, cansado de tomar partido por sus semejantes, se distanciara de ellos cambiando su crítica al poder por la crítica a sus compatriotas, resignados ante las restricciones legales que imponía Inglaterra.

Lo cierto es que, en una carta al poeta Alexander Pope, Swift habla de su menosprecio por la masa, pero también de su afecto por las personas concretas: «Sobre todo odio y detesto a ese animal llamado hombre, aunque amo con todo el corazón a Juan, Pedro, Tomás, etc.». Es, ante todo, un escéptico, un hombre que se enfrenta a la sociedad de su tiempo y pone en duda lo que le rodea, salvo unas cuantas ideas políticas de cariz conservador con las que congenia y su fe religiosa. La misantropía de Gulliver no tiene por qué compartirla Swift, quien ha sufrido la leyenda que se forjó sobre él cuando, a su muerte, se publicaron estudios que criticaban su personalidad de forma exagerada. Hasta tal punto que, en los siglos XVIII y XIX, se le empezó a calificar de loco —en parte por su tendencia a la escatología— y a acusársele de degradar al ser humano con su prosa.

Pero Swift no es, desde luego, un mero divulgador de ideas en contra del fanatismo político y religioso, sino un artista dotado de un ingenio sin igual para el sarcasmo y la mordacidad. Su objetivo era llegar a toda clase de lectores, cautivándolos con aspectos burlescos e irónicos, entreteniéndolos mientras introducía elementos de juicio y reflexión. «Una sátira es una especie de espejo donde los que miran ven las caras de los demás, pero no la suya», dejó dicho el autor. Así, de forma tan divertida como corrosiva, puso el dedo en la llaga de los ámbitos más relevantes de la sociedad: ridiculizó a la corte real y a los ministros en Liliput, a los estudiosos racionalistas en la Isla Flotante —el teólogo Swift no compartía el «Pienso, luego existo» de René Descartes (1637) por negar la intervención de la Providencia y estaba en contra de las teorías de Newton— y a los inventores y científicos en la Academia de Lagado, pues, no en vano, Swift prefería poner el acento en el intelecto puro, lo ético y lo moral, antes que en el progreso técnico.

Lo tragicómico define «Los viajes de Gulliver»: las situaciones absurdas, los personajes rocambolescos, las penalidades humorísticas del protagonista se mezclan con explicaciones dramáticas, acciones crueles y críticas despiadadas. Estamos ante una obra intelectual, aun enmarcándose en lo novelesco, en el sentido que invita a la reflexión sobre el entorno sociopolítico, indicando que, aunque este promueva teorías buenas, a la hora de ponerlas en práctica surge el obstáculo principal: la maldad endémica del hombre. Con todo, el pesimismo de Swift es relativo, pues su empeño moral radica en la fe en que el ser humano mejore, aunque se trate de una fe ingenua, desde luego: y así, la inocencia del viajero en los tres primeros viajes contrastará con su misantropía en el cuarto.

Publicado en La Razón, 14-VII-2026

 

Tories y whigs entre liliputienses

En realidad, estamos ante una obra de corte político que ridiculizó a personalidades de la época; de este modo, mediante el personaje del tesorero Flimnap, se alude al ministro Robert Walpole —al que el escritor detestaba por hacer caso omiso a la ayuda que pedía para Irlanda—, cuya destreza al caminar por una cuerda en un concurso ridículo representaría su perspicacia en los debates parlamentarios. El poder político de Liliput, al igual que en la Inglaterra de comienzos del siglo XVIII, se encuentra dividido en dos facciones: los Tramecksan y los Slamecksan, que vienen a ser los tories y los whigs británicos, los primeros conservadores y los segundos liberales, y que se distinguirían cómicamente por la altura de sus tacones, altos y bajos respectivamente (reflejo también de la «Iglesia alta» y la «Iglesia baja», la primera asociada al tradicionalismo anglicano y la segunda al deseo de reforma y liberalización del catolicismo inglés). De hecho, el heredero al reino, al contrario que su padre, se inclina por favorecer a los Tramecksan, por lo que camina con zapatos de diferentes alzadas, y claro está, cojeando.

miércoles, 15 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Ray Candelas

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ray Candelas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi casa, sin duda. Tengo la suerte de que en ella disfruto de tranquilidad, confort, buena luz, sol. Y allí me acompañan mis libros, mi música, mis recuerdos y mi gente. Cuando voy a cualquier otro sitio, por interesante que sea, a los pocos días ya estoy deseando volver.

¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a la gente en su número justo, ese con el que puedes compartir una conversación, una comida, unas risas o una partida de cartas. Con los animales no le veo comparación.

¿Es usted cruel? La crueldad es una de las cosas que más me sorprende en el ser humano. No entiendo qué recompensa saca la mente de ejercer la crueldad, pero ahí está, desde el origen de los tiempos. Yo me tengo por todo lo contrario: amigable, bienintencionado, empático. Espero que quienes me conocen lo suscriban, porque si no, vaya chasco.

¿Tiene muchos amigos? Muchos, no. Y a la mayoría los veo menos de lo que me gustaría. Pero a esos pocos los considero buenos: con algunos mantengo una magnífica relación que continúa desde la juventud o la universidad.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que me hagan sentir como si nos hubiésemos visto ayer, aunque hayan pasado meses o años.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Alguna vez ha pasado, pocas, pero procuro que las cosas vuelvan a la normalidad.

¿Es usted una persona sincera? Soy incapaz de engañar a alguien si pienso que eso puede perjudicarle. Aunque si he de inventarme una excusa falsa o alguna pequeña mentira que no perjudique a nadie, pero que a mí o a alguien que aprecio nos aporte un beneficio colateral, pues tampoco veo inconveniente.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Estoy jubilado, así que, dejando al margen las obligaciones familiares y domésticas, todo mi tiempo es libre, en realidad, y cada día lo distribuyo según las sensaciones del momento: escribo, leo, hago deporte y, cuando están disponibles (ellos trabajan), procuro pasar tiempo con mi mujer y mis hijos.

¿Qué le da más miedo? Perder la cabeza: dejar de reconocer a los míos, olvidar los recuerdos, convertirme en un vegetal. He conocido casos muy tristes, y te preguntas ¿para qué seguir viviendo? Eso me angustia tanto o más que la muerte, que es lo otro que más miedo me da. Supongo que en esto soy poco original.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza que un pobre se ponga a la salida de toda una misa mayor y saque dos euros en total (uno, el mío), que unos energúmenos se den de bofetadas por una hamaca de piscina (ayer, en las noticias), que un individuo acuda a la consulta del médico en chancletas y camiseta de tirantes (visto con mis ojitos)... Es decir, la hipocresía, la brutalidad, la zafiedad. ¿Que me escandalizo fácilmente? Quizá.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? En realidad, yo me he ganado la vida con la aeronáutica y la ingeniería, que han sido mi profesión. Lo de escribir es un hobby tardío, de la cuarentena ya; y antes de dedicarme a escribir cultivaba la fotografía, hasta que la revolución de la fotografía digital acabó con la forma de hacer foto que yo disfrutaba. Así que, de una forma u otra, siempre ha habido creatividad en mi vida. 

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Habitualmente alterno días de natación y de gimnasio. He sufrido de la espalda en otra época, y soy consciente de que, a mi edad, mantener la forma física y la fuerza es fundamental.

¿Sabe cocinar? Sé, y cocino a menudo. A diario no me produce especial satisfacción; se trata de supervivencia, al fin y al cabo. Pero disfruto mucho si un sábado o un domingo me pongo a los fogones con idea de hacer algo especial. Como buen alicantino, mi especialidad son los arroces, tanto en paella como en perol de barro, al horno.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? ¿Sigue existiendo el Reader's Digest? Alucino. Era una revista que solían tener mis tíos en su casa cuando yo era niño, y que traía artículos curiosísimos que me encantaba leer. Pues ahora que he publicado Hôtel Métropole, elegiría a la física austriaca Lise Meitner, uno de los personajes históricos que aparecen en la novela y a quien he tenido ocasión de conocer bien. Esta pionera de la ciencia rompió barreras hasta entonces infranqueables para la mujer en el mundo de la universidad y la investigación científica del primer tercio del siglo XX, para lo que tuvo que sufrir penalidades y humillaciones que hoy nos parecerían inconcebibles.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Niño. Si en esta palabra no hay esperanza, apaga y vámonos.

¿Y la más peligrosa? Supremacismo. A la historia me remito.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, que yo recuerde. Pero la memoria no es mi fuerte...

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Siempre he evitado los extremos. Aunque ahora mismo he de decir que el espectro completo de los políticos de nuestro país me parece a evitar.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Con «cosa» quieres decir un objeto inanimado, supongo. Un peñasco elevado orientado al sur estaría bien: horizonte amplio, buenas vistas, aire puro, sol... ¡Como en casa, ja, ja...!

¿Cuáles son sus vicios principales? ¿El aperitivo del sábado o el domingo es un vicio? Pues mira, ese.

¿Y sus virtudes? Dotado de una gran curiosidad, si hablamos de escribir. Y en la vida, cariñoso con los míos y empático con la gente en general.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me imagino ahogándome y en lo único que puedo pensar es en salir a flote, en sobrevivir. Dudo que la cabeza me diese para más.

T. M.

martes, 14 de julio de 2026

Entrevista en "La Razón" por "Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe"

 

Ayer aparecía, en página doble, esta gran entrevista que me hizo Javier Ors para La Razón, a propósito de mi libro Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe (La Esfera de los Libros).

lunes, 13 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Antonio Ortega

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Antonio Ortega.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi casa de la playa, mirando al mar y leyendo un buen libro. Tampoco despreciaría un dry Martini. 

¿Prefiere los animales a la gente? A la gente, aunque he querido mucho a mis mascotas, pero el perro es demasiado fiel, no tiene actitud crítica, y a mí me gusta discutir, en cuanto al gato… ¡ay, el gato cuando te mira con desprecio! ¡es sublime!

¿Es usted cruel? Rotundamente, no.

¿Tiene muchos amigos? Los que tengo son muy buenos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad, confianza… y un poquito de alegría. También paciencia para aguantarme cuando me pongo rarete.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Lo cierto es que no. Son muy buena gente.

¿Es usted una persona sincera? Lo intento, menos cuando la verdad puede hacer daño. En ese caso, mejor estar callado.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Deporte, lectura, compartir momentos con la gente que quiero.

¿Qué le da más miedo? El olvido. El mío, el no saber un día quien soy.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El cinismo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? He dedicado mi vida al mundo financiero y al académico, y he sido muy feliz con eso. Disfruto ahora con ser escritor.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hago running y voy al gimnasio tres o cuatro días a la semana.

¿Sabe cocinar? No. Pero si me dan una buena lata de conservas puedo preparar unos bocadillos estupendos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Héctor, el héroe de Troya. Siempre me resultó más simpático que el soberbio Aquiles.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Buenos días, aunque sean dos, porque todo empieza de nuevo.

¿Y la más peligrosa? Adiós.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Eso lo dejo para mis personajes de ficción. Yo, la verdad, no le he cogido nunca afición a esas cosas…

¿Cuáles son sus tendencias políticas? El voto es secreto.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me conformo con ser yo y tratar de mejorar, que no es poca faena.

¿Cuáles son sus vicios principales? Es que yo nunca he fumado…

¿Y sus virtudes? Todavía las busco. Cuando alguien que me quiere habla de mis virtudes no suelo reconocerme, pero seguro que andan por ahí.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las de un niño de doce años que quería ser escritor. Y un montón de besos. Pero agradecería más un tutorial de cómo no ahogarse.

T. M.

sábado, 11 de julio de 2026

"Historia de la literatura española contada en una hora" en la revista "Qué Leer"

 

En el número de julio de Qué Leer, con el título de "Historiar la literatura como un acto de resistencia", aparece esta gran crítica de Adrián Curiel de mi Historia de la literatura española contada en una hora (El Desvelo Ediciones).

jueves, 9 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Virginia Bonet

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Virginia Bonet.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Valencia; tiene playa, las mejores fiestas y una gastronomía envidiable. Además de ser el lugar donde reside mi familia.

¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a la gente con imaginación para creerse animales.

¿Es usted cruel? A propósito, nunca.

¿Tiene muchos amigos? Tengo pocos amigos, pero buenos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, buen sentido del humor y honestidad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Me ha pasado en alguna ocasión, pero entonces dejan de ser amigos.

¿Es usted una persona sincera? Demasiado. Ojalá supiera mentir con mayor facilidad.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo o escribiendo.

¿Qué le da más miedo? El fracaso.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Que haya máquinas capaces de quitarle el trabajo a humanos.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Haría mi trabajo que me permite pagar facturas: producción de cine y series de televisión.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta practicar kickboxing y salir a correr, pero no me considero una persona deportista.

¿Sabe cocinar? Me encanta.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi madre y a mi abuela. No hace falta ser un gran escritor, intelectual o personaje público para dejar una huella imborrable. En la humildad está la grandeza.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? La frase “he comprado lotería”.

¿Y la más peligrosa? Odio.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Solo a los caraduras que se intentan saltar las colas y no esperan su turno. Llevo demasiado tiempo viviendo en Reino Unido.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? No tengo ninguna. De hecho, me preocupa que en nuestra sociedad actual haya que ir de blanco o de negro. Yo me siento muy cómoda vistiendo de gris.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Una historia.

¿Cuáles son sus vicios principales? La impaciencia.

¿Y sus virtudes? La perseverancia, la lealtad y la honestidad.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi familia, mi prometido y un atardecer en la Albufera de Valencia.

T. M.

miércoles, 8 de julio de 2026

La revista "Qué Leer" de este julio

 

Ya está disponible en los quioscos el nuevo número de la revista Qué Leer (julio, núm. 328). En este otro enlace de Zinio se puede adquirir la revista y ver todo el sumario con un extracto de cada una de sus secciones: mi editorial "Alma en las Palabras", "Laureles", "Lletres catalanes", "Hoy" (narrativa, no ficción, poesía), "Protagonista", "Ayer" (efeméride, contemporáneo, clásico), "Cata", "Voz autoral", "Voz editorial", "Imágenes", "Hechos" e "Invenciones. Cien páginas repletas de reseñas, entrevistas, reportajes literarios, columnas de escritor, avances editoriales...

martes, 7 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Marta Ros

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Ros.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Qué duro elegir. Madrid es mi ciudad, no solo por el trabajo, sino también porque es donde me siento cómoda y libre. Pero la idea de no salir nunca de aquí me abruma demasiado. Elegiría alguna localidad de Cartagena, que es la tierra de mi novia Aida, porque tiene la mezcla perfecta de naturaleza, costa y ciudad pequeña. Pero echaría mucho de menos la capital, y también viajar por todo el mundo. No me gusta atarme a un solo lugar. Quiero visitar tantos como pueda.

¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero las personas que tienen rasgos animalescos: el trabajo en equipo de las leonas, la perseverancia de las hormiguitas, la lealtad de los perros, la capacidad gatuna de disfrutar de tumbarse al sol... Los animales son más interesantes de observar. Las personas, de analizar. Y de escribir.

¿Es usted cruel? Solo con los personajes de mis libros. Los pobres están destinados a sufrir. Es lo que tiene el conflicto, que es la base de cualquier historia. Y mi género; el terror.

¿Tiene muchos amigos? Los suficientes.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sepan hacer balanza entre lo banal y la intensidad en una buena conversación, que no coman muy rápido y que me enseñen nuevos juegos de mesa.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Creo que no hay que tener las expectativas muy altas en la amistad, ni tampoco hay que llamar amigo o amiga a cualquiera.

¿Es usted una persona sincera?  Sí. En su justa medida, supongo. Aunque eso creemos todos, los honestos y los mentirosos.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Bailando swing con mi novia, llevando al gato a pasear al parque. Ahora que empieza el verano y estoy atrapada en el calor de Madrid, me es inevitable decir en la playa, buceando, o en la piscina, jugando a las cartas. Leo mucho, veo muchas series y películas, pero eso no lo cuento como tiempo libre porque una parte de mí siempre está trabajando en esos momentos. ¡Ah! Y en survivals zombie. Solo he ido a tres o cuatro, pero me flipan. Es una mezcla entre un pilla pilla para adultos y una scape room a lo bestia. ¡Que se corra la voz! Cuantos más primerizos haya en el juego, ¡más posibilidades tendré de ganar yo! Jejeje.

¿Qué le da más miedo? La prisa, la sensación de llegar siempre tarde, de que las oportunidades se escapan. No saber valorar las cosas por pensar que nunca es suficiente. La línea fina entre la ambición en su justa medida y la desmedida. A veces me acuerdo de repente de que, al margen de todos los retos de la vida, la muerte existe y eso también me aterroriza. 

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La homofobia en la actualidad. También me repugna y me genera mucha rabia. A veces confío en la sociedad, luego leo las noticias y, bueno.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Justo ayer lo hablaba con unas amigas y no se me ocurría nada. Mi novia dijo que ella podría ser jardinera. A mí las plantas se me dan fatal. Creo que habría hecho algo que tuviera que ver con el mundo de los caballos, montar una pequeña hípica. Pero mis opciones B, C y unas cuantas más también son creativas. Aunque hubiera decidido no ser escritora, me cuesta imaginar una versión de mí que no se dedique, de una forma u otra, a la cultura.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, bailo. ¡Y no veas cómo se suda! Sobre todo en los sociales. Bueno, ¡y en las survivals zombie ya ni te cuento! En general, me gustan las actividades al aire libre que impliquen moverse. Antes hacía boxeo.

¿Sabe cocinar? Hasta hace muy poco habría contestado que no, pero ahora sí. Le he pillado el gusto últimamente. Me ayuda a desconectar de las historias cuando es hora de parar de escribir, que es algo que cuesta un poco cuando estás enfrascada en un proyecto. Yo soy de ensaladas, postres y platos raros. Mi novia hace los guisos y tiene el don del punto de la carne y el pescado. Comer es otra de nuestras actividades favoritas.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? No puedo decirlo, es un secreto, porque estoy escribiendo un proyecto cinematográfico sobre él.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Tiempo.

¿Y la más peligrosa? Tiempo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? He matado a mucha gente en mis libros. ¿Eso vale?

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Yo creo que eso no hace falta responderlo. Mis lectores ya lo saben.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? ¿Así, en general? Me gusta ser yo. Y, si no, un caballo salvaje. O un producto de la imaginación de alguien muy interesante.

¿Cuáles son sus vicios principales? La escritura es el primero, con un 99 por ciento de virtud y ese uno por ciento restante de perjudicial. Tengo una personalidad bastante adictiva: a series con buenos cliffhangers, cuentos de terror, la gastronomía,... Y fumo, pero no mucho, lo justo para entrar en el cliché de la escritora y que la gente me imagine sentada delante de una máquina de escribir de madrugada, golpeando las teclas ruidosas, con un cigarro enganchado en la boca y una copa de vino al lado. Nada más lejos de la realidad. Pero es divertido pensarlo. 

¿Y sus virtudes? Pues yo qué sé, que soy real. No me pongo máscaras para hablar en público, no tengo amistades por conveniencia. Disfruto de las cosas pequeñas, pero más de las grandes. Y estoy enamoradísima de mi pareja. Creo que esa es mi mayor virtud. También escribo.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que el esquema clásico es ese momento de “ver tu vida pasar por delante de tus ojos” en una serie de secuencias, las más emocionantes. Yo creo que he visto y leído tantas veces esta situación del personaje que se ahoga, que en lugar de eso lo que se me pasaría a mí por la cabeza serían a todos esos personajes ahogándose y las imágenes que se les pasaron, en el esquema clásico, a ellos por la cabeza. Dejando la broma a un lado, claro que sé identificar los recuerdos que me darían la mano un instante antes de que lo hiciera la muerte, pero no los voy a enumerar aquí. Los iré mostrando a gotas, en mundos fantásticos e inquietantes, a lo largo de mi carrera literaria. Es más, puede que ya haya empezado a hacerlo. ¿Serán capaces de identificarlos los futuros lectores de PRISA?

T. M.