miércoles, 1 de abril de 2020

Un artículo sobre Henry James en "Qué Leer"


En el último número de Qué Leer (260, marzo) publico un artículo sobre Henry James a partir de dos voluminosas novedades de cuentos, publicadas por Valdemar y Páginas de Espuma. En él me ocupo del autor en su condición de narrador, pero también de crítico literario.

martes, 31 de marzo de 2020

Entrevista capotiana a Brenda Mitchelle


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Brenda Mitchelle.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Elegiría aquella casa con libros donde pudiera ver el ir y volver del mar con el amado y un gato –y que estos dos últimos sí pudieran entrar y salir a placer-. 
¿Prefiere los animales a la gente?
Aunque me reconcilio cada vez con el animal que somos la gente, interesantemente tengo una conexión muy particular y profunda con “los de cuatro patas” y muy por fortuna también suelen gustar de mí. Eso me ha dado el privilegio de acumular un buen número de experiencias que resultan difíciles de creer.
¿Es usted cruel?
Sí. Por desgracia, es parte de mi humanidad.
¿Tiene muchos amigos?
Diría que sí. Pero muy pocos íntimos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Tengo amigos variopintos que parecen no seguir una constante pero me gusta mucho la gente que muestra rasgos no convencionales, me gusta estar cerca de gente sensible e inteligente, abierta, auto-crítica, con quien poder reflexionar sobre las cosas y sus estados. Busco que no me juzguen porque eventualmente cometo actos que yo tampoco comprendo, gente con la que lo mismo se pueda jugar ajedrez, debatir, que montar a caballo, ir al teatro o cantar o jugar, nutrirse, crear, estar en soledad. Me parece que mis amigos saben que pueden esperar cualquier cosa de mí y aceptan un sistema de mutación constante. Entro en una teoría y luego la rompo para hacer nuevos planteamientos. Según la apreciación de los más íntimos: a cada desaparición aparente: re-aparezco envuelta en reinvenciones. De entre mis amigos íntimos curiosamente está mi madre a quien le solicité dejar de funcionar como mi madre y con quien puedo compartir cualquier asunto, sobre todo aquellos que no se hablarían con una madre.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No lo diría, de los que se han colocado como los principales: tengo la certeza de que están incondicionalmente y que abrazan mis excentricidades. Por otra parte: no me decepcionan, me entristezco en todo caso cuando no logran aquello que se han venido proponiendo.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí. Y esto funciona como una virtud mixta. Hay gente con la que no siento estar y por muy que pueda convenirme pretender una amistad, ni siquiera lo intento. Es decir, podría, soy actriz estudiada y resultaría sencillo, pero no me interesa gastar energías, que pueden ser usadas en empresas más nobles, en pretensiones. A la par soy muy intuitiva y si mi sensación me inclina a cortar o reforzar: lo hago sin reparos. Allá, mi sinceridad –para algunas personas- a veces ha rayado en la crueldad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me encanta ir a hostales a charlar en francés o en inglés y hablar sobre cualquier cosa y compartirme con alguien desconocido a quien no volveré a ver. Compartir en otra lengua y escuchar hablar en otras lenguas es un fenómeno delicioso que permite reforzar el valor de la palabra y el contacto con extranjeros: del momento. Pero sobre todo lo utilizo pensando, escuchando música, cantando, leyendo, jugando ajedrez, creando, estudiando -creo que he dedicado mucho tiempo de mi vida en talleres, cursos, diplomados, los másteres y ahora el doctorado- aprender es un fenómeno que disfruto mucho… y mucho tiempo sentada en cafés escribiendo, contemplando o entregada a “mis cosas”.
¿Qué le da más miedo?
Me da mucho miedo la vejez, y parece una contradicción porque disfruto mucho con los ancianos. De hecho, en algún momento trabajé en una clínica para ancianos cuando vivía en Francia y vivía muy extendida hacia ellos. Allá me enamoré de una anciana con demencia senil de 90 años. Aquello fue un proceso muy revelador, desolador, amoroso y poderoso. Pero es otra cosa: desde niña tenía una conciencia extraña de vejez, y diría, si eso se puede, que nací vieja y de todos modos es un miedo que forma parte de mi literatura. Mi sensación es la de haberlo sido ya por mucho tiempo: de pequeña tenía hábitos atribuibles a un viejo –y viejo, no vieja- y quizá por eso muestro protección y comprensión hacia ellos. He existido como con la conciencia de haber sabido de estos últimos en un periodo anterior a esta juventud nueva e ir sólo reconociendo.  Me aterran los achaques del cuerpo y la pérdida de independencia, belleza física y lucidez, vivir ya casi de las memorias solamente… El tiempo es una cosa que me inquieta y existo muy consciente de su paso.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Ah sí, me escandaliza poderosamente la privación de la libertad, el sometimiento y la idea del hombre de posesión disfrazada de buenas cosas. Me es tremendamente escandalizante ver animales en jaulas, animales hechos para volar privados de su don y derecho siendo encerrados en espacios ridículos y dolorosos. Siempre que veo aves en jaulas me deshago en ganas de abrir las puertas. Seres que nacen, existen y mueren a merced de idiotas. Tortugas, peces, leones, gatos, perros condenados al encierro y al sometimiento… En Nomen est Omen, un relato, me refiero a esto a partir de una historia muy mágica que tuve con un ratón blanco.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me ha parecido siempre que es la vida creativa quien me ha elegido y por eso no puedo ceñirme a una sola cosa. En todo caso lo mío ha sido una no negación del sino desde muy tierna edad, pero tampoco creo que sea excluyente de nada porque en realidad no creo que nada sea excluyente de nada.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, pesas cuando me es posible y quisiera hacerlo más. Me siento fascinada por la sensación de fuerza que desprenden los hierros, el ejercicio ha estado presente en mi vida y variado en distintos periodos…
¿Sabe cocinar?
Sí, por ser acto alquímico, creativo y amoroso. El acto de cocinar para alguien me parece un acto de amor: el humano precisa del alimento para mantenerse vivo, y en ese sentido preparar de comer o dar de comer a alguien sería el equivalente a la procuración de eso. Ayudar al otro a mantenerse vivo es una forma de amor… Encima, mezclar ingredientes y crear con eso un “algo más” en que todo se fusiona me resulta interesantísimo. Los nombres de los ingredientes por separado de un modo u otro se diluyen para dar paso a una palabra que entrega un nuevo nombre al conjunto. También provengo de una cultura en que la comida pasa por procesos complejos y particulares: ingredientes que se dejan al sol, que se pasan por fuego, que necesitan del largo contacto con las manos e incluso que precisan de ciertos estados de ánimo para su preparación, los molcajetes que están hechos de piedra, o comida que se prepara bajo la tierra. Es como un acto mágico.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Elegiría a Sangre, Sangre fue un fenómeno muy inquietante en mi vida, un parte-aguas que me abrió la puerta a terrenos desconocidos. Creo mucho en el artista como un canal, un puente entre lo que no se ve y la realidad. En algún momento como actriz tenía que crear un personaje de terror para una cadena importante de parques de diversiones. Me dieron el vestuario, hicimos procesos con el maquillaje y todo lo demás fue un “darme cuenta”, un ir dotándolo de los elementos que él mismo pedía. Todos sabemos que los personajes tienen características dictadas por uno mismo. En el caso de Sangre: el fenómeno era algo cercano a una posesión, un “algo”  no decidido por mí. Por ejemplo: no hablaba y fue aprendiendo palabras y su significado, aprendía por imitación, fui testigo –como siendo desplazada de mi propio cuerpo- de su proceso de aprendizaje del entorno y de la lengua, primero monosílabos y después palabras más complejas hasta que un día aprendió a cantar. Fue un personaje que me mostró la libertad a través de un desplazamiento de mi propio cuerpo, incluso su voz no era la mía y usaba mis cuerdas vocales para hacer sonidos difíciles de imitar. En él todo cabía: gritaba, saltaba, se subía a las mesas, era sensual. Lo mismo tenía el poder de hacer reír o llorar y de aterrorizar hasta dejar a la gente en el suelo, instintivamente sabía qué funcionaba con quién. Interesantemente se volvió un fenómeno de redes y de gente que lo buscaba, que iba sólo por verlo, me llegaban dibujos, mensajes, gente que lo soñaba o tenía pesadillas con él, y uno de sus fans –que ahora es mi amigo- se lo tatuó en el brazo. Yo, por mi parte, estaba enloqueciendo y podía sentir cómo perdía personalidad entregada a dejarlo ser, me daba cuenta de que no podía controlarlo, tenía una vida propia y tomaba decisiones por su cuenta que no comulgaban con mis ideas ni con mis intereses, no quería ir a donde yo quería, ni quería decir lo que yo quería, no pensaba lo que yo pensaba y nunca supe si sentía el mismo amor por mí que el que yo tenía por él. Despertaba con pesadillas, gritando, no dormía, viví fenómenos muy extraños, perdí muchos kilos, estaba como ausente, como si mi ir perdiendo vida y voluntad lo nutriera a él. Cambió por entero mi perspectiva sobre los procesos de “creación” y en toda la destrucción y en este sentido es el “personaje” que más he amado.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Creencia… Y es que una creencia tiene el potencial suficiente como para destruir o crear, de erigir grandes imperios o derribarlos. Tendríamos que tener la mirada más puesta en lo que se cree o se deja de creer porque a partir de una de ellas el humano se eleva y sucumbe o lacera o se lacera, y por un sistema de creencias se han cometido genocidios, las creencias nos dieron el holocausto, nos entregaron la inquisición. Un hombre convencional acciona –mayormente- en función de un sistema de creencias condicionadas por otros: la religión, las instituciones, la política, los padres. Lo que se cree sobre uno mismo condiciona nuestras decisiones, nuestra propia existencia. A mí en lo particular, me han dañado y algunas otras me siguen salvando.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, y matarme a mí misma. Sobre esto último en algún momento alcoholizada estuve a punto de arrojarme de un edificio de siete plantas, por mencionar algo, y no jugaba. Los hábitos autodestructivos también encaminan a la muerte…son, es verdad, un buscar su aproximación, por lenta que venga.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Respondo hablando de Mujica, por reciente. Me siento fascinada por la idea de un gobernante con discurso e ideales revolucionarios, sabio, dulce, amoroso, legítimo, fuerte y no niego que desde hace mucho me persiguen las ganas de hacer política…
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un algo alado y con aletas. 
¿Cuáles son sus vicios principales?
Pensar, el arte, la escritura, el tabaco, la cafeína, el alcohol –con el que lucho-, la búsqueda de experiencias a las que muchas veces antepongo la seguridad propia. Soy viciosa del acto de cerrar los ojos y lanzarme al vacío, creo que por el efecto de eso se descorren importantes velos.
¿Y sus virtudes?
La intuición y todo aquello que entiendo como virtudes mixtas: pensar, escribir, la necesidad de aprender, la sensibilidad muy expuesta, la independencia, una muy alta resistencia y el disfrutar de la soledad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Tántalo, las nereidas, y mi madre, siendo joven, en un tiempo anterior a mi existencia arrojándose al mar tratando de suicidarse.
T. M.

lunes, 30 de marzo de 2020

In memoriam Albert Uderzo (1927-2020)


La desaparición de nuestros ídolos artísticos de la infancia y adolescencia nos envían un mensaje de la propia mortalidad. De modo, que más que nunca, confinados, necesitamos como la mejor medicina un sabio, pragmático, dichoso carpe diem.

Esto, y es mi modo de homenajear a Albert Uderzo, que con el genial René Goscinny significó tanto para la cultura popular y personal, lo hizo quien era yo con diez u once años (iba para dibujante), a partir de un juego de cartas que tuve de niño:


domingo, 29 de marzo de 2020

Entrevista capotiana a Margo Glantz


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Margo Glantz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Antes pensaba que en mi casa, pero desde que estoy asilada en ella, ya no estoy tan segura.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. He tenido perros y un solo gato.
¿Es usted cruel?
A veces.
¿Tiene muchos amigos?
Bastantes.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Sentido del humor, lealtad, cariño, que sean solidarios.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sí, a veces, como yo los decepciono a ellos, a veces.
¿Es usted una persona sincera?
Suelo serlo, como todos, aunque nos siempre lo consigo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Viajando y leyendo, o escribiendo, pero quizá ya no sería tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
La muerte, quedarme idiota  y el coronavirus en este momento, pero sobre todo que dure mucho el confinamiento.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La estupidez de los supuestos grandes líderes.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No sé, he hecho muchas otras cosas, como por ejemplo, me gustaría si pudiera seguir impartiendo cátedra: lo hice por muchísimos años, también seguir escribiendo una columna quincenal en algún suplemento cultural o tener un programa en radio, también comprar ropa
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, camino.
¿Sabe cocinar?
Sabía. Ya no. Me da flojera.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Sor Juana, Dostoiewski, Perec,  Barthes y muchos más, como por ejemplo Giacomo Casanova.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
La esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Ahora, sería la  pandemia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Pues sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
De izquierda, pero ahora las izquierdas dejan mucho qué desear.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
No soy muy original: la misma.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La procrastinación.
¿Y sus virtudes?
La ironía.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
No sé nadar.
T. M.

sábado, 28 de marzo de 2020

Recomendando un libro sobre Epicuro en el programa de radio de Josep Cuní


Ayer recomendé, en el programa de la Cadena SER Aquí amb Josep Cuní, en la sección en la que colaboro, Cómo ser un epicúreo. Una filosofía de la vida diaria (Ariel), de Catherine Wilson.

viernes, 27 de marzo de 2020

Entrevista capotiana a Inma López Silva


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Inma López Silva.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Vigo, la ciudad que, de hecho, he elegido después de dar tumbos por un montón de lugares. Ahora, si no pudiera salir jamás, preferiría no vivir.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Ni de broma. ¿Para qué? El ser humano es fascinante. ¿De qué escribiríamos, si no?
¿Es usted cruel?
Si. Como todo el mundo, soy capaz de serlo cuando la razón así me lo dicta. Pero por suerte, creo que hay muchas más ocasiones para elegir no serlo.
¿Tiene muchos amigos?
Sí. Soy un ser extremadamente social. Me entrego a amistades intensas que procuro no perder por puro vitalismo y por puro pensar que mañana puedo morir sin haber conocido a esa persona que me cambie la vida.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sean personas libres, curiosas y dispuestas a compartir sus descubrimientos, vivencias y otras amistades. No soy muy escrupulosa, la verdad. Es el tiempo y la experiencia quien me ayuda a hacer la criba, no un preconcepto.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Como no soy muy exigente, es difícil que me decepcionen. Eso sí: cuando ocurre, la decepción es seguramente lo peor que puede irrumpir en mi relación con otra persona. Es un billete de salida de mi vida de solo-ida.
¿Es usted una persona sincera? 
Soy una persona extremadamente respetuosa y racional, por eso creo que la sinceridad está sobrevalorada porque a menudo daña innecesariamente y no aporta nada. Yo soy partidaria de construir las relaciones personales desde la honradez y desde el sentido más racional que pasional. Cuando se impone la razón, no hace falta convencer a nadie con arrebatos de sinceridad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con placeres.
¿Qué le da más miedo?
La locura.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Soy poco escandalizable con los comportamientos humanos, pero sí hay cosas que no tolero, como el totalitarismo, el abuso o el uso gratuito de la violencia. Son extremos que, además, creo que, en general, no escandalizan lo suficiente.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me habría gustado ser cantante de ópera. Pero eso también es vida creativa, así que creo que no sabría ser nada fuera de esto. ¿Para qué engañarme? Soy lo que he querido ser, por necesidad personal. No hubiera decido otra cosa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Voy en bici, que además implica practicar un poco de no contaminación. También camino mucho. Y cuido de mis hijas, que es físico con ganas.
¿Sabe cocinar?
Sí, y se me da muy bien, por cierto.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Hay muchos… Pero ahora me viene a la cabeza Concepción Arenal, quizá porque he estado escribiendo sobre ella para un prólogo. Me fascinan esas mujeres del XIX que practicaron un feminismo radical que incluso ahora escandaliza a mucha gente…  
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Futuro.
¿Y la más peligrosa?
Totalitarismo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Si, claro. ¿Tengo que decir a quién?
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy feminista, marxista y galleguista.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Cantante de ópera. Es lo único que se me ocurre que me gustaría ser y que no seré por mucho que lo intente. Normalmente me pongo metas asequibles.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El alcohol, la comida y el sexo.
¿Y sus virtudes?
Soy discreta (aunque no lo parezca por mi personalidad expansiva), empática, vitalista y procuro no dañar nunca a nadie aun a costa de un cierto perjuicio para mí misma. No sé si siempre lo logro, pero son cosas que trato de ponerme como objetivos virtuosos. Tampoco me enfado fácilmente. Y sobre todo, soy megarracional, aunque no sé si esto último es considerado virtud de forma generalizada.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
El nacimiento de mis dos hijas, y mil sonrisas suyas. Soy poco clásica, así que imagino que todo eso se deconstruiría posmodernamente por la falta de oxígeno.
T. M.

jueves, 26 de marzo de 2020

"El fruto de la vida diversa: Artículos sobre literatura norteamericana" en la web Zenda


En la web cultural Zenda, publico un texto, en la sección "Making of", en que explico cómo concebí y preparé mi reciente libro El fruto de la vida diversa. Artículos sobre literatura norteamericana (Universitat de València).

miércoles, 25 de marzo de 2020

Entrevista capotiana a Nuria Álvarez de Sotomayor

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Nuria Álvarez de Sotomayor.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Elegiría una habitación con vistas (a la campiña toscana, por supuesto). Supongo que, al igual que la mayoría de los escritores, padezco cierta dosis de misantropía.
¿Prefiere los animales a la gente?
Indudablemente, prefiero un burro a un necio o un camello con joroba a uno sin ella y, en general, a las personas que aman y respetan a los animales.
¿Es usted cruel?
A veces, creo haberlo sido. De hecho, con los años, he tenido que limar mi recalcitrante humor negro asumiendo que puede dar lugar a una mala interpretación, lo que me coarta bastante a la hora de escribir. Digamos que ahora mi sentido del humor se ha vuelto gris.
¿Tiene muchos amigos?
Ignoro cuántos son muchos, pero lo que sí sé, sin ningún género de duda, es que los míos son los mejores. En este aspecto soy una privilegiada.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Busco el don de la hibernación, lo que yo denomino: “amistades congeladas”, esas a las que llamas un año después y, cuando contestan al teléfono, no te hacen ningún reproche porque saben sobradamente que el teléfono es una invención que funciona en ambas direcciones.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, porque la base de la auténtica amistad es la generosidad, lo que te obliga a aceptar que no puedes pretender que tus amigos coincidan siempre en tu mismo momento existencial a lo largo de toda una vida.  Para ello haría falta la sincronización de demasiados milagros. Si los amigos nos decepcionan, se debe normalmente a nuestro egoísmo e inoportunidad.
¿Es usted una persona sincera? 
En lo que respecta a mi vida, sí. Sin embargo y, lamentablemente, pertenezco a ese grupo de personas al que la gente se empeña en confiar sus secretos, lo que me pone en situaciones muy complicadas para protegerlos sin mentir. Las personas deberían ser más generosas con los demás y reservarse sus secretos.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Disfruto mucho el tiempo que comparto con mis amigos a la mesa. Soy una amante de la gastronomía, los buenos caldos y las risas, todo junto. En solitario, me abandono a la lectura porque tengo la gran suerte de que me interesan muchas materias, especialmente la ciencia, por lo que el abanico de posibilidades es infinito. También me apasiona el cine, hay películas que he visto en más de veinte ocasiones y que, sin duda alguna, volveré a ver.
¿Qué le da más miedo?
Lo que no existe.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
No suelo escandalizarme con facilidad. Con los años asumes que el ser humano es capaz de cualquier cosa. Más bien me rebelo cuando veo que no somos capaces de abrir, disfrutar y, sobre todo, agradecer el gran regalo que la vida nos ha hecho a cada uno de nosotros, porque no va a repetirse. No entiendo cómo hay personas que pueden quedarse toda la vida en el mismo sitio, cuando les han regalado un planeta entero; me parece de muy mala educación no abrir un regalo y, por ello, me escandaliza sobremanera la arrogante afirmación: “Como en España no se vive en ningún sitio”, especialmente en estos momentos aciagos, porque el sol no se come.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me habría fascinado ser piloto de pruebas de motocicletas y automóviles de gran cilindrada. El mundo de la ingeniería me apasiona, especialmente en este campo y en el aéreo-espacial. El sonido de un motor rugiendo es música para mis oídos y observar un avión despegando o el lanzamiento de una nave espacial tripulada tiene en mis sentidos el impacto de un milagro, será probablemente porque mi cerebro no da para tanto. También me encanta conducir, y no pierdo la oportunidad de hacerlo en cualquier automóvil que caiga en mis manos. Esta afición se la debo a mi padre, por ser la suya propia, y a todas las ocasiones en las que, desde muy temprana edad, fuimos juntos al circuito de Jerez a ver las carreras de Fórmula 1 y MotoGP. Con los años, yo la continué con mis amigos y, mientras viví en Ámsterdam, fui cada año al circuito de Assen, considerado la catedral del motociclismo. También tengo pendiente aprender a tocar la batería, creo que me desahogaría bastante, especialmente ahora que tengo que tragarme unos cuantos sapos a diario para reprimir mi sarcástico sentido del humor, ya que solía ser mi vía de escape.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, es lo primero que hago al levantarme, si no, lo voy dejando para nunca. Hago vídeos de fitness en casa porque no me gustan los gimnasios y, después, me voy a andar durante una hora a la playa. Tengo que admitir que, últimamente, estoy flaqueando, tendré que volver a mis rutinas porque practicar deporte me hace sentir muy bien psicológicamente.
¿Sabe cocinar?
Según los demás, bastante bien, además, me encanta. La cocina me permite darle rienda suelta a mi creatividad y, puesto que, por el momento, soy omnívora, no me siento limitada a la hora de inventar e improvisar nuevos platos. No soy muy de recetas, lo reconozco, supongo que, rendida, las dejé a un lado tras preguntarle a mi madre en numerosas ocasiones sobre qué cantidades de ingredientes necesitaba para un determinado número de comensales, ya que su respuesta siempre era la misma: “Depende de cuánto coman tus amigos”.  De manera que prefiero echarle un vistazo al frigorífico y combinar un poco de todo. Procuro llevar una dieta sana, equilibrada y, sobre todo, sabrosa, aunque debo puntualizar que con “equilibrada” me refiero a que no soy una loca de la dieta ni de las calorías, no al aporte nutritivo de lo que cocino.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Al Principito, su enseñanza sobre la extrema importancia de la responsabilidad personal y su demostración de que las huidas hacia adelante sólo te obligan a retornar al origen del conflicto, me resultan absolutamente fascinantes. Hace unos años comencé una maravillosa colección de las traducciones de esta universal obra. Cuando mis amigos viajan al extranjero, siempre les encargo un ejemplar en la lengua del país de su destino, de esta forma, cada ejemplar es único porque está vinculado a la vivencia personal de una persona a la que quiero, durante su viaje en un momento vital determinado.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amistad.
¿Y la más peligrosa?
Incertidumbre.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Casi a diario (soy de gatillo fácil), especialmente si cometo el error de leer o escuchar las noticias. Una gran amiga mía e inspectora jefe del Cuerpo Nacional de Policía suele decirme bromeando que yo pertenezco a ese grupo de personas a las que, por si las moscas, no convendría darle una licencia de armas. El abuso, sea quien sea la persona destinataria del mismo, su edad o sexo, es un tema que suele ponerme especialmente nerviosa. Pero, por suerte, siempre me quedan mis novelas para utilizar el denominado “método Tarantino” y cargarme hasta al apuntador si la situación lo requiere. Es muy relajante.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Esta es una pregunta divertida, especialmente porque la ineptitud y falta de escrúpulos de nuestros políticos han conseguido convertir a una persona cuya vocación eran las ciencias políticas en una ciudadana absolutamente apolítica y sin posibilidad de retorno. Me apena profundamente que un país que fue un modelo de transición tenga que sufrir la brutal decadencia y mediocridad de su clase política actual. Pero, por algún motivo que yo ya no acierto a comprender, los ciudadanos siguen ejerciendo su derecho al voto. 
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Hombre. Esta pregunta no tengo que meditarla en absoluto, la madre naturaleza no ha sido especialmente benévola con sus hijas.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El chocolate y la impaciencia. El Santo Job y yo no nos entendemos, y mira que le he dicho ya mil veces que su absurdo método de regalarme chocolate si paso sus pruebas no funciona conmigo, pero nada, ahí sigue él haciéndome participar en el Grand National a diario.
¿Y sus virtudes?
Que sé reconocer mis defectos, sobre todo, si me regalan chocolate. Con un Toblerone me doblegas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Probablemente, ésa en la que, siendo pequeñas y estando en el jardín de nuestra casa, mi padre nos arrojaba a mis hermanas y a mí a la piscina en la absurda creencia de que aprenderíamos a nadar de manera autodidacta (porque sus niñas eran muy listas…). O tal vez aquella otra en la que, siguiendo el buen ejemplo de mi padre, fui yo quien arrojó a mi hermana pequeña a la piscina, cayéndole encima a otra de ellas, justo en el momento en el que, tras hacerse un largo buceando, pretendía inútilmente salir a coger aire. Creo que esta absurda tendencia al exterminio por accidente me viene de familia e, irremediablemente, se refleja en mis obras.
T. M.

martes, 24 de marzo de 2020

La revolución cristiana que cambió Occidente


Los impresionantes trabajos históricos de Tom Holland son de lo mejor dentro del género actualmente, como bien sabrá el lector que haya conocido lo que Ático de los Libros ha venido traduciendo de él: “Dinastía: la historia de los primeros cinco emperadores de Roma”, “Fuego persa: el primer imperio mundial y la batalla por Occidente”, “Rubicón. Auge y caída de la República romana”, y el título que más podemos asociar a este que comentaremos: “Milenio. El fin del mundo y el origen de la cristiandad”. Aquí contaba cómo los reinos cristianos fruto de la desintegración del Imperio romano prosperaron pese a estar rodeados por enemigos y con el Atlántico como frontera inexpugnable, y cómo, muy al contrario de lo que cabía esperar, todo dio paso a la forja de una nueva civilización. Holland nos llevaba a crucifixiones y a las Cruzadas, por ejemplo, para explicar el modo en que Europa Occidental se convirtió en nueva potencia expansionista, con un trasfondo donde destacaban aspectos como la Reconquista en España, Guillermo el Conquistador, el papa Gregorio, la invención de la caballería o el conflicto entre Iglesia y Estado. 

Y en esa línea de intentar comprender el lejano pasado para conocer nuestro presente está este “Domino. Una nueva historia del cristianismo” (traducción de Joan Eloi Roca), en que el estudioso inglés se pregunta, como apunta en el prefacio, “cómo es posible que un culto inspirado por la ejecución de un criminal desconocido en un imperio desaparecido hace mucho tiempo ejerza una influencia tan duradera y transformadora sobre el mundo”. Para ello, en realidad, contradiciendo el subtítulo que la editorial catalana ha querido colocar en vez del original –“The Making of the Western Mind”–, dice no haber pretendido realizar una historia del cristianismo, un análisis panorámico de su evolución, sino “rastrear las corrientes de influencia cristiana que más se han difundido y mejor han perdurado hasta nuestros días”. Sea como fuere, el autor consigue transmitir la forma en que lo cristiano ha acabado empapando lo que somos y lo que pensamos.

El quid de la cuestión es el siguiente, y nunca deja de ser asombroso: “El cambio moral e imaginativo que hizo que Jesús acabara alabado como un dios por el mismo sistema imperial que lo había torturado hasta la muerte no cercenó la capacidad del cristianismo para inspirar transformaciones profundas en las sociedades, más bien todo lo contrario”. Ese elemento paradójico es clave para Holland, que lo explota a la perfección para iluminar cómo la religión cristiana en Occidente extiende su sombra en todas las vertientes humanas, incluyendo en ello campos en principio antagónicos como la ciencia y el ateísmo, pues el cristianismo ha conformado nuestra mentalidad moderna, desde parámetros morales o intelectuales. Lo pretérito, en todo caso, nos dará las respuestas debidas, y para ello el libro queda estructurado en tres partes que nos remiten: a la Antigüedad (desde la Atenas del siglo V a.C. al éxodo de la Cartago del año 632; al periodo mismo de la cristiandad (desde la Frisia del siglo VIII hasta el Leiden del XVII); y a la modernidad (hasta el 2015).

Dos mil millones de adeptos

Esta última parte, por supuesto, es la más jugosa a efectos de nuestra actualidad, dado que aparece tanto la defensa del amor libre de John Lennon, que el escritor relaciona con una de las citas que le sirven de epígrafe, esto es, «Ama y haz lo que quieras», de San Agustín, como la lucha por los derechos humanos de Martin Luther King; surgen, asimismo, el movimiento #MeToo, la política de Trump o el republicanismo francés, que, en verdad, tiene profundas convenciones cristianas. Por todo ello, es más que acertado un título como “Dominio”, al considerar cómo, a pesar de las innumerables predicciones que afirmaban que la doctrina cristiana estaba llamada a su desaparición, en verdad ha ido creciendo en las últimas décadas más que cualquier religión en la historia humana, consolidándose sobre todo en el país más poderoso e influyente, los Estados Unidos. Aquí es la fe dominante, y en todo el mundo la profesan más de dos mil millones de personas.

Cabe decir que el libro tiene un inicio impactante, al sernos mostrada la forma en que surgieron las crucifixiones, a lo que le sigue una auténtica aventura humana que tienen como punto de inflexión las escrituras judías y la creencia de un dios “todopoderoso  y de una bondad absoluta, que gobernaba el mundo entero y mantenía la armonía del cosmos”. Luego, vendrían los divulgadores de las enseñanzas de Jesús, como el Pablo que se estima viajó dieciséis mil kilómetros difundiendo la doctrina evangélica fundando iglesias y nuevos pueblos que ganar en nombre de Cristo, siempre en condiciones extremadamente peligrosas. “¿Cómo podía quejarse de lo dura que era su vida cuando a su salvador lo habían torturado hasta la muerte por él? No; siguió adelante”, escribe Holland en el capítulo “Misión”, en que aparece otro tipo de dios extravagante, Nerón, que hizo propaganda de sí mismo desdibujando los límites entre lo humano y lo divino”. Era el inicio de algo que sabían ambos, el emperador y el apóstol: el hecho de que a partir de ese momento nada podía seguir igual al alborear un mundo tocado por la divinidad.

Publicado en La Razón, 19-III-2020


lunes, 23 de marzo de 2020

Entrevista capotiana a Claudia Monrós


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Claudia Monrós.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Me quedaría, seguramente, en mi piso en Malasaña. Aunque acabaría detestándolo por no poder salir.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a los animales antes que a algunas personas y estoy segura de que los animales se prefieren a ellos mil veces antes que a nosotros.
¿Es usted cruel?
Con los años, pienso, acabamos dándonos cuenta de que somos un poco de todo. Me  disculpo desde ya por generalizar, suelo utilizar el plural para hablar con más libertad. Aunque en realidad hablo de mí cuando afirmo que con el paso del tiempo comprendí que, sí que podía considerarme una persona cruel –si nos ponemos en ese plan- por la barbaridad de cosas que he llegado a pensar en mi cabeza, la mayor parte de ellas sobre mi persona en particular.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo una cantidad corriente de amigos. Pero considero tener amigos de todo tipo. Tengo amigas como mi hermana Patricia, amigos de toda la vida, de Barcelona y del colegio, y tengo también unos amigos y compañeros de piso en Madrid que son una maravilla. Seguro que alguna vez me habré sentido sola. Pero no lo he estado.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que me enseñen cosas. Y que no sean, o tiendan a ser, personas lineales. Que me inciten a querer estar a su altura. Y que me hagan gracia. Me gustan las personas graciosas porque aprendes mucho de ellas, y te lo pasas bien. El sentido del humor y la ironía son cualidades muy importantes.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Me habrán decepcionado las mismas veces que yo a ellos, probablemente. Todos metemos la pata. Pero no, mis amigos no suelen decepcionarme.
¿Es usted una persona sincera? 
De la misma forma en que no opinar, en según qué cuestiones, es en realidad dar tu opinión de alguna manera; aprendí que no era honesto por mi parte el sincerarme nada más que en mi mente en algunas situaciones. Desde entonces tiendo a decir siempre mi verdad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con las cosas que me hacen sentir que no soy una persona de mierda. Me gusta ser consciente de que invierto el tiempo en cosas que me hacen enriquecer, de cualquier cosa. Por eso comencé a amar escribir con el paso de los años, cuando ya no lo hacía por pura necesidad sino por ocio, por el placer de compartir. Me gusta también perder el tiempo. Hacerme consciente de que no es mío. Haciendo cosas, por ejemplo, como pasar tiempo con las personas que me hacen crecer, o escuchar música, o leer.
¿Qué le da más miedo?
El no tener nada que decir y nada por hacer. El momento, supongo, de incapacidad total o parcial de intervención por mi parte. Asocio ese momento  a cualquier situación en la que me pueda encontrar limitada por algo. Siendo ese algo la mala salud, por ejemplo, o la de algún ser querido. O el hacerme mayor, el sentirme mayor –perdón-. El sentir que esto ya se acaba, a pesar de que amo ser consciente de que, por narices, algún día va a terminarse.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandalizan las guerras, el victimismo gratuito, y permanecer mucho tiempo en el mismo sitio.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Pues, la verdad es aún no tengo claro nada. Actualmente estoy estudiando psicología y no sé qué va a ser de mí después, ni adónde voy a llevarme. Supongo que iré viendo. Pero en otra vida, por ejemplo, si fuera una persona con algo de ritmo, lo más mínimo, probablemente cantaría. O si tuviera dotes artísticos a nivel de dibujo, por ejemplo, dibujaría y pintaría. Seguro que trataría de dedicarme a transmitir, al fin y al cabo, por que creo que el arte puede decirnos muchas cosas, y se puede apreciar y entender de formas tan distintas que es prácticamente un idioma universal. Y eso es muy útil.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No.
¿Sabe cocinar?
Tampoco.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Buf, no lo sé. Me encantaría hacer un mix de personas que me han enseñado grandes cosas. Frida Khalo, por ejemplo, me enseñó que un dolor en el alma puede ser peor que el del accidente más trágico del mundo. A veces, un amor duele más. Me gustó Frida porque hablaba del dolor con sinceridad. Pero es que me gusta, aunque me caiga mal, también Nietzsche, ya que de él aprendí, a través del bien y el mal, a diferenciar la obra del artista, a saber hasta qué punto, uno puede permitirse el lujo de ser un escéptico, y creer únicamente en aquello que ve (o lee). Skinner y Pavlov también son importantes. Podrían, en una formula –de hecho, pueden– predecir nuestro comportamiento. Eso me enseña también que ni siquiera lo que decimos forma parte realmente de un guión escrito por nosotros mismos. No sé si inolvidables, pero me parecen personas curiosas, de momento.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
No sabría decir únicamente una. Han sido varias las veces en que, de la forma más gratuita posible, la palabra más tonta ha llegado a hacerme sentir una persona esperanzada de nuevo. Pero nunca ha sido la misma, dado que el momento tampoco lo ha vuelto a ser el mismo.
¿Y la más peligrosa?
Creo que es muy peligroso el verbo querer, porque confunde. Siento que, lógicamente yo incluida, lo utilizamos de forma tan cotidiana que acabamos por olvidar u obviar si realmente lo queremos, querer lo que es querer de “quiero irme a casa” o si lo amamos, necesitamos, ansiamos o deseamos… y creo que aunque mínima, la diferencia entre todos esos términos es significativamente importante. A veces puede retratarnos, el querer algo, de seres egoístas. Sin embargo otras, nos sirve para transmitir o conocer la intención de una persona, la voluntad de la misma.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Con mucha probabilidad, elegiría ser un sitio. Pienso, que cualquier sitio debe tener tantas cosas que decir y por hacer… debe haber visto y vivido, aunque de forma pasiva, absolutamente de todo. Encuentro que ser un lugar, como un mirador o el banco mejor situado de un parque, debe significar habitar algo, al menos, curioso. La de conversaciones que deben haberse tenido ahí, efímeras, y acabadas en un “venga, vamos, que hace frio”. Qué de cosas nuevas sabríamos si a alguien se le ocurriera grabar esas charlas.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Suelo retroalimentarme con aquello que me genera incomprensión o impotencia y tiendo a darle vueltas constantemente. Quiero (casi siempre) encontrar el motivo por el que me genera esa impotencia y analizar el por qué. También fumo y me gusta la cerveza.
¿Y sus virtudes?
He llegado a no soportarme debido a mi impulsividad, puesto que me ha llevado a situaciones que, ahora, haciendo un poco de introspección, pues mira, me podría haber ahorrado. Pero la verdad es que sin esa impulsividad, probablemente tampoco me encontraría a día de hoy contestando a esta pregunta. Al final, creo que lo mejor que me doy, son impulsos. Motivos por los que moverme.  Y bueno, así, echándome flores, me gusta ser curiosa, pensar que no sé muy bien nada. Me hace sentir en un constante proceso de aprendizaje.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
De eso, en cambio, sí que no tengo ni idea.
T. M.