miércoles, 14 de noviembre de 2018

Entrevista capotiana a Marwan


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marwan.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Supongo que elegiría cualquiera que fuera cómodo y tuviera una guitarra y un cuaderno a mano.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, pero tampoco prefiero a la gente a los animales. A menudo los animales me transmiten cosas más positivas que las personas. Algunos animales son violentos porque está en su naturaleza, pero no poseen crueldad. Los eres humanos sí.
¿Es usted cruel?
Joder, parece que he diseñado la anterior respuesta para contestarte esto. No lo soy en absoluto.
¿Tiene muchos amigos?
La verdad es que sí, soy muy sociable y debido a mis numerosos viajes por la música y la poesía tengo amigos en todos los rincones a los que he ido y conservo muchos de la adolescencia.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La lealtad me parece la única cualidad absolutamente imprescindible. Pero me gusta que sean personas con las que conecte a nivel emocional, divertidas, de las que pueda aprender y en las que pueda confiar. Me encanta hablar con mis amigos, contarles mi vida y lo que voy aprendiendo de la vida y que ellos me iluminen con su forma de entender el mundo. También me gusta la gente implicada, que cuando uno no está bien, te arropa.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No suelen, pero a lo largo de mi vida sí me he decepcionado con unos cuantos. Hay gente que se acaba confundiendo por el camino y alguna puñalada trapera he recibido. Por el motivo que sea, sí me he tenido que desprender de más amigos de los que quisiera, pero tengo la certeza de que fue así porque era lo que yo necesitaba para aprender ciertas cosas.
¿Es usted una persona sincera? 
Casi siempre. Cuando no lo soy, es para protegerme o no dañar, no para aprovecharme de alguien. Es como si una voz me dijera, “mejor no digas nada”. Y no lo digo (risas).
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con mis amigos, mi chica, mi familia, leyendo, viendo pelis o series, escuchando música, haciendo deporte o tocando la guitarra. Viajar también me encanta.
¿Qué le da más miedo?
Que me olviden. Tanto la gente que me apoya como la gente a la que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza la absoluta incontinencia verbal que de un tiempo a esta parte recorre el mundo, las redes, los medios, etc. Tiempos raros estos en los que se está tendiendo a censurar todo y. a la vez todo el mundo dice lo que piensa sin pensar lo que dice. Me escandaliza que los corruptos sigan en los despachos y no en la cárcel, que los poderosos tengan más poder que la ley. Me escandaliza que la comunidad internacional no ayude a los palestinos e imponga sanciones a Israel, a pesar de los cientos de resoluciones de la ONU que así lo reclaman. Me escandaliza que no ayudemos a los refugiados y que olvidemos que fuimos ellos no hace mucho. Me escandaliza Trump. Es uno de los símbolos que refleja los tiempos que corren.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Jamás decidí ser escrito o músico. Digamos que fue un mandato interno, no podía hacer otra cosa, era lo que me salía, algo me impulsaba a ello. Antes de dedicarme profesionalmente a las canciones y la poesía estudié INEF, así que sería profesor de Educación Física o preparador físico.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Con lo que acabo de revelar, imagínate si no practicara nada. Ahora voy más al gimnasio, hago elíptica y corro. También juego al pádel, pero no soy tan bueno como Aznar (risas). Antes jugaba al futbol y al voleibol.
¿Sabe cocinar?
Un poco, mucho menos de lo que me gustaría porque me encanta comer, pero no tanto cocinar. Aún así, tengo algunos platos que me salen muy bien, pocos, pero muy ricos.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Yo creo que a Sabina, Mandela o a Michael Jackson. Cada uno a su manera es o ha sido inolvidable, aunque alguno tenga sus terribles sombras, ya sabes, pero su vida no deja de ser fascinante.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
La palabra “empatía” o quizá la palabra “consideración”, que va más allá de la empatía.
¿Y la más peligrosa?
Guerra, sin duda. Solo deja dolor a su paso.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
A algún profesor del instituto (risas). Es broma. Por suerte, no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy muy de izquierdas, pero prefiero dividir el mundo entre personas consideradas con el otro y con la naturaleza y personas que no lo son, ya que hay mucha gente que vota a un partido de determinado color y luego en su vida diaria se comporta de un modo muy diferente a lo que dictaría esa ideología. Por eso prefiero definirme como una persona que considera mucho al otro y a la naturaleza. Creo que ahí radica el secreto de ser una persona bondadosa. La bondad y la consideración deberían ser ideologías y no el neoliberalismo, que se basa en competir y en mantener la lucha de clases de toda la vida, agudizándo aún más la desigualdad, si cabe.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Futbolista, lo tengo clarísimo. Me encanta el fútbol y siempre me encantó practicarlo. Sé que puede parecer raro dado a lo que me dedico, pero es así. El resto sería mentir. Dicho esto, me parece un negocio terrible el del fútbol, pero me gustaría ser jugador de fútbol.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El puto móvil. Estoy harto de estar enganchado al móvil.
¿Y sus virtudes?
Creo que soy muy empático, solidario y generoso.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mis padres, mi hermano y mi chica. Y el gol de Iniesta en la final del Mundial, para ahogarme de gozo (risas).
T. M.

martes, 13 de noviembre de 2018

Fiesta del 20.º aniversario de "La Razón"


Hace dos lunes, se celebró la gran fiesta con motivo de los veinte años del periódico La Razón. Yo llevo colaborando con él dieciocho años y medio, así que soy de los veteranos. Fue, como las anteriores, sensacional, y pasé unas horas estupendas entre mis queridos colegas y muchas otras personas a las que tuve la ocasión de saludar, del mundo literario y de los medios de comunicación. Este domingo, acompañando al periódico, iba una gran revista donde, entre otras cosas, venía una infinidad de fotografías de todos los que asistimos.


lunes, 12 de noviembre de 2018

Entrevista capotiana a Víctor Nubla


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Víctor Nubla.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El lugar en el que vivo es mi cuerpo. Es único y no resulta demasiado fácil salir de él con la garantía de poder volver. Aun así, me parece un sitio interesante para vivir y, aunque ya me lo conozco al dedillo, nunca deja de sorprenderme. Por ejemplo, desde hace un año incorpora algunas innovaciones teconológicas realmente asombrosas. 
¿Prefiere los animales a la gente?
Para mí, los animales son gente. Al menos todos aquellos que responderían lo mismo que yo a la pregunta de la esfinge.
¿Es usted cruel?
Dejé de torturar animalitos más o menos hacia los diez años de edad. La crueldad parece algo muy propio de las primeras etapas de la vida. Es una forma un poco bestia de experimentar el mundo pero suele ser común en niños y adolescentes y desaparece con la madurez. Si hay adultos practicando la crueldad en este mundo es porque se comportan de un modo infantiloide patológico.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo la suerte de contar con muchos y muy buenos amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Uno descubre que ha trabado una amistad con el paso del tiempo, con el roce y la proximidad, porque tiene ganas de ver a aquella persona, porque piensa en ella y después encuentra en esa persona unas cualidades determinadas, propias de esa persona, que la distinguen, pero si uno tuviera que ir por ahí con una lista de requisitos buscando a gente que los cumpliera, como probablemente esos requisitos, de forma misteriosa, coincidirían con lo que nos gusta de nosotros mismos o lo que nos gustaría ser, nos perderíamos un montón de sorpresas, ya que hay mucha gente diferente de mí que, si me elige a mí como amigo, forzosamente será por algo que se me escapa por completo. Las amistades se construyen entre dos, o en grupo. Nadie sabe a dónde llevan y es posible que se inicien a un nivel sensorial muy primario: el olor de una persona, su rostro o el sonido de su voz. La amistad es quizás la forma de amor más libre y duradera que existe, es una escuela, es un refugio y también un motor para los que la comparten. Y dura toda la vida.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Todas las personas decepcionamos a otras en algún momento.
¿Es usted una persona sincera? 
Por suerte tengo muy pocas oportunidades de mentir. Procuro no relacionarme con gente con la que, por el motivo que fuese, no pudiera ser sincero, porque tengo un carácter más bien reservado y soy muy mal actor. Verá usted, soy hijo único, eso quiere decir que cuando de niño hacía una trastada en casa, nunca podía decir que había sido otro. Uno se acostumbra a decir la verdad cuanto antes. Me he guardado, eso sí, algo de fantasía para los entrometidos y fisgones porque necesitan emociones y la simple verdad no les basta. También he escrito algunas novelas de ciencia ficción, no sé si eso se considera mentir.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
La vida es para mí un maravilloso tiempo libre que he ido teniendo que consumir, a veces haciendo cosas que no me apetecen en absoluto y otras estando ocupado en lo que me hace feliz. No hay más que un tiempo y ahora pienso que es más libre de lo que nos imaginamos.
¿Qué le da más miedo?
Lo que pueden hacer algunas personas movidas por el odio, la envidia, la ira o la avaricia y el pacto de los ignorantes con la ignorancia. También me da miedo subir a sitios elevados. Tengo muchísimo vértigo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me parece que a mi edad ya no me escandaliza nada. Desde que tengo uso de razón asisto al mismo escándalo. Es un escándalo perpetuo, invariable, patético. Hace tanto tiempo que asisto con estupor e indignación a la misma merienda tumefacta con la que tengo que convivir y que me encuentro a diario. Cosas contra las que apenas puedo actuar y que están hechas intencionadamente por seres humanos a costa de la vida y la felicidad de otros seres humanos. Pero eso no es un escándalo, es una masacre.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
He dedicado muchísimas horas de mi vida a trabajar en cosas muy poco creativas para poder vivir, llegar a final de mes y todo eso. No deja de ser paradójico, pero lo decidí así para tener los medios para poder escribir y hacer música, que son las dos cosas que verdaderamente me interesan. Compaginando ambas cosas, ya no quedaba espacio-tiempo para nada más. Es ahora cuando puedo llevar, en cierta medida, una vida más acorde con mi deseo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Camino y hago ejercicios de rehabilitación. Antes nadaba, pero una lesión y una operación me mantienen fuera del agua desde hace cinco años. Esa es una verdadera contrariedad porque nadar en el mar es una de las cosas que más feliz me hacen.  
¿Sabe cocinar?
Me encanta cocinar.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Sin duda, el Coyote de Chuck Jones para Warner Brothers (Caninus Nervous Rex).
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Cualquier palabra puede transmitir esperanza. Todo depende del contexto en que se diga, se oiga, se lea, se piense...
¿Y la más peligrosa?
Y aquí pasa lo mismo. Las palabras no son más que palabras. Las frases pueden resultar mucho más clarificadoras del sentido que las palabras que las habitan. Hay frases mucho más peligrosas que cualquier palabra, aunque también habría que ver la frase en el contexto para no llevarse a error y aun así, hay que tener en cuenta que hay formas de expresarse como la ironía, la sátira, la parodia o el sarcasmo, que pueden dar un sentido muy distinto a palabras y frases. No digamos ya la mentira y la tergiversación, tan propias de nuestra era de la “comunicación”. La esperanza y el peligro están en nuestra mente, no en las sencillas palabras, tan inocentes.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Pues no, nunca. La gente ya se muere sola. Procuro no hacer cosas irreversibles en ningún ámbito de la vida.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Para mí la política es lo que hacemos cada día, cómo lo hacemos, cómo nos relacionamos con los demás, cómo compartimos el tiempo y el espacio, los pensamientos y los recursos. Es el día a día de las relaciones próximas entre los seres humanos y sus proyectos colectivos, locales y, por qué no, universales. También lo es mi escritura y mi música. Ir cada cuatro años a poner un voto en una urna no es hacer política sino delegarla, y pienso que todos debemos hacerla a diario. La política profesional no me interesa. Es como el fútbol pero con mucha más mala leche. Una especie de hechizo o alucinación colectiva. Lo siento, no consigo entrar ni que me llegue a gustar, no me sé ni el nombre de los jugadores.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Me gustaría no ser una cosa.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Tratar de ser bastante parecido a mí e incluso insistir en ser yo a tiempo completo.
¿Y sus virtudes?
Soportarlo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
No poder respirar es una cosa muy angustiosa, debe ser una forma de morir muy desagradable y quizás lenta. Se debe pasar mucho miedo. Aunque dicen que en el momento de morir la glándula pinneal segrega una gran cantidad de dimetiltriptamina, así que probablemente tendría una bonita alucinación. O eso esperamos todos.
T. M.

domingo, 11 de noviembre de 2018

"24 horas en la vida de una mujer", de Stefan Zweig, en un teatro de Barcelona


Hace bastantes años, acudí a una pequeña sala teatral de Barcelona para asistir a una función preciosa: era una adaptación de una novela corta de Stefan Zweig, Los ojos del hermano eterno. Guardo una sensación fabulosa de cómo un dúo de actores llevaron a escena aquel texto, como siempre en el autor austriaco, lleno de pasión, indagación psicológica y sentimiento. El ámbito del escenario dramático, incluso audiovisual (Zweig tuvo muy mala suerte con la adaptación al cine de sus novelas, proyectos que fueron malográndose), encaja a las mil maravillas con él, pero ¿también el género musical?

Esta es la primera sorpresa que uno afronta al acudir a ver 24 hores de la vida d'una dona, en el Teatro Onyric de Barcelona (del 7 al 25 de noviembre en cartel). Esta obra maestra de Zweig con la que cautivó a tantos millones de lectores en medio mundo ha sido llevada a la canción, en catalán, con el protagonismo de una Silvia Marsó estelar; la actriz, con una dilatada trayectoria en cine, televisión y teatro, se muestra inconmensurable en su papel de mujer que vivió una pasión solo un día que pudo cambiarle la vida, y de hecho la cambió al arrastrar su recuerdo hasta la vejez.

Con una puesta en escena exquisita, con unos pocos elementos de atrezo que cobran importancia a lo largo de la obra de modo asombroso, con tres músicos haciendo un trabajo excepcional (piano, violoncelo y violín), y otros dos actores magníficos, Marc Parejo y Germán Torres, 24 hores de la vida d'una dona es un in crescendo continuo, con maravillosas canciones, con sinuosos bailes, con una simbiosis entre música y texto formidable. Un trabajo redondo, dirigido por Ignacio García, en que Marsó brilla y seduce, por medio de su notabilísima capacidad de canto, su profesionalidad ejemplar, su belleza juvenil, fresca e irresistible.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Entrevista capotiana a Daniel Cotta Lobato


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Daniel Cotta Lobato.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, salvo en el caso de tipos muy animales.
¿Es usted cruel?
Si me lo propongo, mucho.
¿Tiene muchos amigos?
¡Qué más quisiera!
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Buena conversación y buen humor. Y si puede ser, lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Rarísimamente. Yo a ellos sí.
¿Es usted una persona sincera? 
Casi nunca.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
No lo tengo; suelo buscarlo a machetazos para escribir. 
¿Qué le da más miedo?
La muerte, pero no tendré la mala suerte de que me toque a mí.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La hipocresía y la ley del embudo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser compositor. Lo hubiera hecho mucho mejor.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Pasear, aunque soy más asiduo del movimiento de talón sobre freno y acelerador.
¿Sabe cocinar?
A las mil maravillas, pero no suelo presumir de ello.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Lope de Vega o a Beethoven.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Desesperanzado.
¿Y la más peligrosa?
Ahora sí, en serio: bien común.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Todavía no, pero no se descarta.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy muy conservador de los progresos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Si un animal, pájaro; si una cosa, mar.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No poder ver una película sin palomitas o porquerías varias.
¿Y sus virtudes?
No solo oigo; también escucho.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
A ver si suena ya el despertador.
T. M.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Las razones de Dante en 700 años divinos


Se podría decir que la relación entre Dante y la traducción de su obra al español empieza en una isla del Caribe hace cincuenta años. Ángel Crespo, una vez establecido en Puerto Rico en 1967 como profesor universitario, junto a su inseparable Pilar Gómez Bedate, recientemente desaparecida, y ante la preparación de los dos cursos de los que constaba la materia “Introducción a la cultura occidental”, elabora una lista de obras maestras entre las que ha de contar, desde luego, con la “Comedia”. Es en ese momento cuando las ediciones anteriores en prosa y sin afán poético alguno –Giovanni Boccaccio la calificó, incorporándose al título, de “divina”, y así aparece en su edición veneciana de 1555– se le antojan insuficientes y decide, por fin, enfrentarse a la interpretación de los versos que ha de explicar a sus alumnos.

La labor resulta impresionante: traduce la obra conservando la rima de sus tercetos encadenados y, tras un profundo estudio tanto del contexto literario italiano de la época como del español, adapta el poema. Crespo entiende que, como ocurre con el catalán y con el portugués, el italiano ha evolucionado hacia una flexibilidad de la que no goza el castellano moderno, así que se verá obligado a buscar aquellas referencias lingüísticas más adecuadas para su trabajo. Éstas las hallará en obras como la del Marqués de Santillana, situadas entre lo medieval y lo renacentista, y de este modo irá componiendo su versión. Los tres cantos de la “Comedia” se irán publicando en los años setenta y Crespo iniciará una serie de conferencias por toda Italia, e incluso se celebrará un seminario en Florencia para el estudio de su traducción hasta que, en 1979, publique “Dante y su obra”.

Más adelante, vendrían otras meritorias versiones, como la de Abilio Echevarría, que mantuvo el metro dantesco, pero un libro infinito como este, cuya escritura se extendería entre los años 1304 y 1321, reclama renovadas lecturas de aquellos que, dedicándose a traducir, estropean las obras de quienes han mejorado nuestra vida, como dice José María Micó (Barcelona, 1961) en el prólogo de su versión de la “Comedia”, encabezado con una dedicatoria justamente a los traductores de Dante. Así, la humildad y elegancia de este poeta, profesor universitario (catedrático de literatura española en la Universidad Pompeu Fabra) y cantautor en estas palabras introductorias no hacen sino acrecentar la admiración que le profesamos; y es que todos los elogios que pudiéramos reunir aquí serían escasos para la labor de este experto insuperable en los versos de Góngora y traductor del “Orlando furioso” de Ariosto y de la poesía completa de Ausiàs March que, ahora, alcanza otro hito en su andadura, tras cuatro años de trabajo intenso en torno al que él considera el libro más importante de la cultura europea.

Tercetos sin rima

La elección más importante tiene que ver con la forma poética. No en vano, en su libro “Las razones del poeta”, Micó analizó la literatura renacentista y barroca, entre otros asuntos, alrededor de lo que tiene que ver con la “forma poética e historia literaria”, poniéndose en la piel del poeta para entender el porqué de una elección métrica concreta. En aquel momento, ya abordó, en “Breve historia de la rima idéntica”, las razones que tuvo Dante para la elección de ciertas palabras-rimas, por ejemplo. Pues bien, el traductor barcelonés advierte: “He decidido traducir en endecasílabos sueltos que presentan asonancias no sistemáticas, respetando la sintaxis y la disposición estrófica de los tercetos y prescindiendo de la rima consonante encadenada”. De tal modo que logra “preservar el sentido literal y reconstruir la condición poética del texto traducido, dando un grado aproximado de legibilidad”.

Evita así Micó el riesgo de, con la intención de mantener la rima de los tercetos encadenados en español, elegir palabras lejanas a la intención original de Dante; y el resultado es extraordinario: una lectura placentera, sencilla, con el texto italiano al pie, en una edición perfecta para entendidos en la materia y para los que ignoran quién fue este florentino que sufrió el destierro –tras la derrota de su partido político y ocupar varios cargos–y estuvo por siempre enamorado de su mítica Beatrice. El traductor presenta brevemente y comenta cada canto, explica en el prólogo cómo ha solventado diversas dudas y especifica la alucinante simbología de la obra, relativa, claro está, al número tres. Virgilio lleva al autor a través del Infierno y hasta la cima del purgatorio, Beatriz lo conduce desde el Edén hasta el Empíreo “y San Bernardo lo asiste en la visión divina final”. Micó, entonces, sería nuestro cuarto conductor, el barquero que nos facilita el disfrute, la comprensión y la belleza de un texto que lleva setecientos años asombrando con sus nueve círculos infernales, con el antepurgatorio, las siete cornisas y el paraíso terrestre del Purgatorio y con sus nueve cielos celestiales.

Publicado en La Razón, 8-XI-2018

jueves, 8 de noviembre de 2018

Entrevista capotiana a José Manuel Otero Lastres

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José Manuel Otero Lastres.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa de Galicia. Nací en Galicia y nunca ha salido de allí mi alma.
¿Prefiere los animales a la gente?
A la gente. Hay animales, como los perros, que quieren más a sus dueños que éstos a ellos. Pero no se trata de preferir lo más cómodo o lo más fácil. La convivencia con los humanos puede ser más difícil pero es más enriquecedora.
¿Es usted cruel?
Pienso que cada uno es como cree que es, pero casi en mayor parte como lo ven los demás. No me tengo por cruel, ni creo que los demás consideren que lo soy. Más bien pienso que soy excesivamente sentimental. 
¿Tiene muchos amigos?
Amigos del alma, no muchos. Amigos a los que aprecio y me aprecian muchos, a veces pienso que más de los que merezco.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Yo creo que a la amistad no se va buscando nada. Surge o no surge. Y si tuviera abstractamente que decir qué es lo que más valoro en los demás diría que sentirme a gusto tanto para aprovechar como para perder el tiempo.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Soy bastante realista. No espero de la gente un comportamiento heroico, ni tampoco se lo exijo. Pienso que ser amigo significa a veces también soportar en mayor medida las cosas que trasladárselas al otro.
¿Es usted una persona sincera? 
Bastante. Aunque hay un recoveco del alma que nunca se debe descubrir a nadie y nadie es nadie.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Tengo varias ocupaciones, soy profesor, abogado, escritor (no solo de novelas, sino que también publico en la prensa) y hasta directivo de un club de fútbol muy importante. Distribuyo el tiempo entre todas esas actividades y el resto del tiempo suelo pensar, porque decía un amigo que pensar no duele.
¿Qué le da más miedo?
El dolor físico y que me dejen encerrado en un lugar sin que dependa de mí poder salir.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Más que escandalizar, lo que me extraña es que exista tanto subjetivismo, que se piense con el corazón y no con la razón.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Es que yo no decidí nunca ser escritor. Aprendía a escribir para exponer aspectos del derecho mercantil y de ahí pasé a la ficción. Empecé a escribir al margen del derecho en 1981 aproximadamente con un cuento que ganó un premio y mi primera novela la inicié en 2007.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Desde siempre me gustó hacer deporte. Ahora paseo.
¿Sabe cocinar?
Algunas cosas, sí, porque tuve que vivir solo en Berlín dos meses y tenía que hacerme la comida.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Gabriel García Márquez o a Stefan Zweig.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Inmortalidad.
¿Y la más peligrosa?
Zalamería.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
A ningún ser humano.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me considero liberal.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Futbolista profesional.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Lo que más me gusta es comer, pero no sé si es un vicio.
¿Y sus virtudes?
Creo que la alegría y la bondad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Las que tengo impresas en el alma.
T. M.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Sobre la casa de Mark Twain en "El Viajero"


El pasado viernes se publicaba, en El Viajero, de El País, mi artículo, ya en la web del diario, "El nido feliz de Mark Twain", sobre su casa en Hartford, que se puede visitar. Quedó una página entera estupenda.