jueves, 21 de mayo de 2026

Kafka después de Kafka: el nacimiento de una obra en manos de sus traductores

«Kafka obliga a múltiples relecturas. Cuanto más creemos conocerlo, más inaprensible puede resultar». Esta frase de Juan Insua, responsable de las exposiciones del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona «Las ciudades y sus escritores» —la dedicada a la Praga de Kafka fue en 1999—, resulta fundamental para entender la fascinación que representa el autor checo generación tras generación. ¿Por qué el autor tomó tal decisión lingüística y, por lo tanto, generó consecuencias interpretativas específicas en cada lengua?, podría ser lo que cada uno de sus traductores y lectores profundos planteen frente a la obra kafkiana. Uno de los más prestigios, Roberto Calasso, en «K.», expresó que es necesaria la actualización de las traducciones de la obra de Kafka al español y a otras lenguas a fin de pulir los cambios que hiciera el amigo del escritor, Max Brod, y reparar antiguas versiones que no concordaban del todo con el original alemán.

Para Calasso, esta advertencia sobre la traducción es imprescindible, pues asienta parte de sus observaciones en lo semántico. Él mismo centró su atención en «El proceso» y «El castillo», obras que según él «parten de un presupuesto idéntico», esto es, que la elección de la que consta la primera novela y la condena que es la plataforma para la segunda «“casi” no se distinguen», por lo que hay «innumerables conexiones entre los dos libros». De este modo, el tribunal que juzga a Josef K. y la administración del Castillo a la que se ofrece K. «son dos organizaciones adyacentes, que resuenan una en la otra», obligando a ambos protagonistas a una constante espera llena de «extrañeza, desconcierto, estupor». ¿Serían estas las sensaciones de Kafka tras su ruptura con su novia formal Felice Bauer, en un hotel de Berlín en julio de 1914 y que luego inspirarían «el tribunal del hotel» de «El proceso», iniciado al mes siguiente? ¿Qué relación tendría su paso por Zürau, ya enfermo de tuberculosis, en 1917 —cuando, afirma Calasso, encuentra una salida «a las principales potencias que desde siempre le persiguen», es decir, la familia, la oficina y las mujeres— para la elaboración de El castillo? Kafka suele despertar más preguntas que respuestas.

El Kafka reconstruido

Cuando se habla de él, la conversación suele comenzar en Praga y terminar en la angustia. Se evocan castillos inaccesibles, tribunales absurdos, hombres convertidos en insectos y pasillos donde la culpa se desplaza como una corriente de aire helado. Sin embargo, el ensayo «Diez versiones de Kafka» (traducción de Rubén Martín Giráldez), de Maïa Hruska, propone que el verdadero acontecimiento kafkiano no fue la muerte del escritor en 1924, sino el momento en que una serie de traductores, lectores y escritores sintieron la necesidad de trasladar su obra a otras lenguas: «El año 2024 no conmemora una muerte, sino un nacimiento», dice Hruska, que plantea que Kafka no nació realmente como autor universal mientras vivía, sino después de desaparecer. Su entrada en la historia literaria se produjo gracias a quienes lo tradujeron, interpretaron y rescataron del anonimato; es decir, Kafka fue reconstruido, reencendido, multiplicado.

Hruska recuerda que Kafka «murió sin haber conocido ni una pizca de gloria», dejando apenas «un testamento redactado a lápiz y un montón de manuscritos desordenados». Hoy su apellido ha generado incluso un adjetivo universal, «kafkiano», usado hasta el desgaste, pero en 1924 no existía aún el mito. No había biografías, estudios académicos ni fotografías célebres circulando masivamente. Kafka era, en palabras de la autora, «un absoluto don nadie». Hruska apunta que los primeros traductores trabajaron en una especie de territorio virgen, sin aparato crítico ni canon establecido. Traducían a un escritor del que apenas sabían nada. Lo único que tenían ante sí era la obra desnuda.

Especialmente reveladora resulta la cita de Alexandre Vialatte, quien explicaba a André Gide las dificultades de convencer a las editoriales francesas: «Si pronuncio el nombre de Kafka se preguntarán de quién estoy hablando. Si añado que es austriaco, judío y checo, desconfiarán de este forastero, pero si añado que quizá sea el escritor más grande del siglo, me tomarán por un chiflado inofensivo». En todo caso, las primeras traducciones, sostiene la autora, poseen «el encanto disparejo de las primeras veces» en el sentido de que cada traductor inventó parcialmente a su propio Kafka, como hubiese una constelación de Kafkas surgidos de encuentros particulares entre una obra y una sensibilidad.

Así aparecen las parejas esenciales del libro: Kafka-Borges, Kafka-Schulz, Kafka-Vialatte, Kafka-Levi, Kafka-Jesenská (en concreto, Bruno Schulz lo tradujo al polaco antes de ser asesinado por la Gestapo; Milena Jesenská lo vertió al checo antes de ser deportada, y Jorge Luis Borges, al español, antes de quedarse ciego, aparte de Melech Ravitch, que lo trasladó al yidis), pues tales uniones «existen irreversiblemente» y la lectura contemporánea de Kafka está inevitablemente mediada por ellas. La traducción deja de ser simple transmisión lingüística y se convierte en una metamorfosis, dado que cada traductor refleja a Kafka y al mismo tiempo se proyecta en él. Por eso, la autora profundiza en la vida personal de algunos traductores que tuvieron destinos trágicos. Varios atravesaron la Shoah, el exilio, el suicidio o la persecución política, como en los casos de Primo Levi o Paul Celan. Ambos sobrevivieron a los campos nazis y ambos cargaron con la culpa de haber sobrevivido. Hruska sugiere que quizá la traducción les ofrecía una forma de desaparecer dentro de otra voz, de ponerse «al servicio de otro».

Traductores «químicos»

A partir de un momento dado, Kafka dejó de ser únicamente un escritor del absurdo burocrático para convertirse en un espejo anticipatorio del siglo XX europeo. Sus traductores reconocieron en sus textos algo que todavía no tenía nombre, pero que el siglo terminaría revelando con brutalidad: la deshumanización, la persecución administrativa, la culpa colectiva, la fragilidad del individuo frente a sistemas incomprensibles. No obstante, la intención de Hruska no es convertir a todos los traductores en una masa homogénea, porque cada uno produjo un Kafka distinto, condicionado por su lengua, su biografía y su sensibilidad estética. La autora propone incluso esta imagen: una «cuadrícula a lo Mendeléiev» para clasificar las singularidades de cada encuentro. La metáfora científica ordena el caos de afinidades literarias como si cada traductor fuera un elemento químico distinto reaccionando con el mismo núcleo central.

Ese núcleo aparece finalmente simbolizado por el neón. El décimo elemento de la tabla periódica sirve a Hruska como emblema de sus «diez traductores». El neón significa «nuevo» en griego y produce una luz artificial, un resplandor. La idea sería esta: Kafka no nos llega mediante una luz directa y original, sino a través de iluminaciones sucesivas producidas por otros. Los traductores serían así «luciérnagas girando alrededor del mismo núcleo», una metáfora que resume el sentido del ensayo al sugerir que la literatura no es una propiedad privada del autor, sino que una obra vive porque otros la trasladan, la interpretan o la continúan. Kafka, por consiguiente, no pertenece únicamente al alemán de Praga. Pertenece también al francés de Vialatte, al español de Borges, al italiano de Levi y a todas las lenguas que lo hicieron renacer.

Asimismo, cabe interpretar «Diez versiones de Kafka» como un libro sobre la supervivencia cultural por cuanto Hruska muestra cómo una obra aparentemente marginal puede atravesar fronteras históricas gracias a una cadena de lectores apasionados. Y es que la posteridad de Kafka no fue automática: fue construida pacientemente por individuos que apostaron por él cuando todavía era apenas un nombre desconocido en Europa. Kafka y sus traductores forman una red transnacional compuesta por judíos, exiliados, supervivientes, intelectuales desplazados y escritores bilingües, de modo tal que la circulación de Kafka dibuja un mapa alternativo del continente: una Europa de traducciones, pérdidas y desplazamientos, más unida por la literatura que por la política.

La autora describe a los traductores avanzando «en la noche con Kafka como única linterna» y convierte la historia literaria en una escena casi cinematográfica. Y cuando habla de «ese núcleo infranqueable de la noche», retomando a André Breton, sitúa a Kafka en una dimensión casi mística: un centro oscuro que nunca terminamos de descifrar. Kafka escribió en una habitación de Praga. Pero el Kafka que hoy conocemos nació muchas veces después, en oficinas editoriales pequeñas, en habitaciones de exiliados, en mesas de traductores agotados, en ciudades heridas por la guerra. Eso es lo que plantea Hruska: el hecho de que la literatura universal no nace únicamente del genio, sino también de quienes deciden cargarlo a través de la noche.

Publicado en La Razón, 18-V-2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Raquel Gavilán Párraga

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Raquel Gavilán Párraga.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Un sitio con luz natural y cerca del mar. Y, si puede ser, con una mesa grande donde escribir… o donde acaben merendando mis hijos.

¿Prefiere los animales a la gente? Depende del día. Hay días muy de querer compartir con gente… y días en los que un perrete o gatete me parece una opción bastante mejor.

¿Es usted cruel? No lo creo, ni con los demás ni conmigo misma.

¿Tiene muchos amigos? No, no muchos. Pero sí los suficientes como para sentirme acompañada.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que pueda ser yo sin medir cada palabra. Y que haya buen rollo, incluso en los días raros.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Como todos, a veces sí. Pero yo también decepciono, porque la decepción existe mientras haya expectativa, así que intento mirar eso con cierta calma.

¿Es usted una persona sincera? Sí, aunque he aprendido que no todo tiene que decirse siempre ni de cualquier forma.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Escribiendo, leyendo… o simplemente estando con mi familia sin hacer nada especial. Eso cada vez me parece más valioso.

¿Qué le da más miedo? No estar presente en mi propia vida. Ir demasiado rápido y no enterarme de lo importante.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de empatía, los psicópatas que van por la vida como personas normales, caminan y trabajan entre nosotros, ocupan escaños en el congreso y puestos de responsabilidad en las empresas.

Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Seguramente algo relacionado con acompañar a otras personas. Es algo que siempre me ha salido como algo natural.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, intento moverme varios días a la semana, aunque hay épocas en las que la vida (y los niños) mandan más que la rutina.

¿Sabe cocinar? Sí, lo básico… y alguna cosa rica cuando tengo tiempo. Pero no voy a engañar a nadie: también tiro de soluciones rápidas más de lo que me gustaría.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A una mujer normal. De esas que sostienen mundos enteros sin pedir reconocimiento.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? “Todavía”.

¿Y la más peligrosa? “Mañana”. Porque a veces es una forma elegante de no hacer nada hoy.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No… pero sí he tenido días de paciencia bastante limitada, sobre todo con el cansancio acumulado.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy apolítica, creo sinceramente que el sistema es una farsa. Me importan las personas y su calidad de vida. Todo lo demás debería ir al servicio de eso.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Alguien un poco más tranquila por dentro. Una seta, por ejemplo, jeje.

¿Cuáles son sus vicios principales? El buen vino y el chocolate negro.

¿Y sus virtudes? La sensibilidad y la capacidad de ver belleza en cosas muy pequeñas y cotidianas.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Momentos muy concretos: mis hijos naciendo de mi cuerpo, un beso que no pudo repetirse, un atardecer en la playa de Torimbia.

T. M.

martes, 19 de mayo de 2026

Incompatibilidades humanas y animales


En los albores de su andadura, la editorial Acantilado recuperaba en el año 2000 una novela de Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991), Querido Miguel, y, muy poco después, moría su traductora Carmen Martín Gaite. Esta siempre reconoció deberle mucho a esta narradora, dramaturga y ensayista italiana, hasta el punto de que la concepción de Nubosidad variable (1992) se explica mejor tras saber que fue escrita coincidiendo con la traducción de Querido Miguel para la editorial Lumen.

Dicha influencia venía ya de lejos, porque Martín Gaite conoció Italia en los años cincuenta, cuando acompañaba a su marido, Rafael Sánchez Ferlosio, a visitar a su familia; desde ese momento, el encuentro con su lengua y literatura, además de con el neorrealismo cinematográfico, marcó la trayectoria narrativa de la autora salmantina, que traduciría otra historia de Ginzburg publicada en 1952, Nuestros ayeres.

En pocos casos se aprecia una deuda literaria de forma más clara. El lenguaje coloquial, los numerosos diálogos, el análisis inocente de insignificancias diarias y el pensamiento femenino más íntimo pueblan las páginas de Caro Michele (1973). De hecho, algunos de estos aspectos aparecen en otros libros de Ginzburg, como en las dos novelas cortas que ahora se han juntado y que tienen el común denominador de ahondar en personajes desgraciados, solitarios, aunque gocen de compañía familiar o estabilidad económica.

Nos estamos refiriendo a Familia y a Burguesía, ambos relatos escritos en 1977 con un muy nítido deseo de economía literaria y profundización psicológica. Es más, leyendo los pasajes más explicativos en torno a los personajes de la primera narración, el lector captará un estilo casi de crónica de hechos, como si cualquier existencia pudiera reducirse a un listado de acciones y errores. Tal cosa sucede cuando se presenta la pareja protagonista, antaño amantes y padres de una niña muerta de bebé.

En Familia que tuvo edición catalana en Ático de los Libros en 2020, conocemos al arquitecto Carmine, inquieto por una desagradable carta que le ha enviado desde Venecia su actual mujer, en la que no confía, e Ivana, una traductora con la que acude al cine con tres niños, entre ellos el hijo del hombre y la hija de la mujer. Y enseguida llega lo esencial: su pasado común, una continua incomodidad que sufren a la hora de relacionarse con otras personas, ya sean amigos o familiares.

Por su parte, Burguesía se abre con un simple apunte anecdótico: «A una mujer que nunca había tenido animales le regalaron un gato», el cual irá complicándose a medida que el personaje principal, Ilaria, viuda de un empresario teatral y mantenida por su cuñado, va acumulando mascotas que tienen un extraño fin y sólo le despiertan tristeza. De este modo, con un tono sobrio y contenido, Ginzburg es capaz de examinar las soledades e incompatibilidades humanas con la precisión de un bisturí, siempre en un clima de confusión ante cualquier cosa que pasa y por donde se filtran episodios de suicidio, infidelidades y demás huidas hacia adelante.

Este trasfondo de desdicha puede sonar desangelado, pero la fuerza de la verosimilitud narrativa en ambas historias consigue atrapar al lector, que se somete a un abanico de sutilezas y crisis anodinas elevadas a trascendentes que alimentan la idea central de Famiglia e Borghesia, como si fuese la continuación del existencialismo que tanta dimensión había tomado a mediados de siglo XX: la absoluta mediocridad del vivir. Eso sí, mucha de esa desdicha aparece en ambos relatos por una falta de voluntad para ser feliz, como en el caso de Carmine e Ivana, dispuestos a discutir a diario en la casa en que convivieron, a emprender proyectos que abandonaban o a no cultivar el bienestar del otro, el amor verdadero al otro.

Publicado en Cultura/s, 16-V-2026

lunes, 18 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Jaime Clara

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jaime Clara.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Partiendo de la base que es un solo lugar, y jamás saldría de él, elegiría el pequeño apartamento, en San José de Mayo, frente a la Plaza 4 de octubre, en el que me crie de niño. Allí estaban mis afectos, mis amigos, mi familia, la biblioteca de mis padres y -sobre todo- con los aprendizajes de hoy, sería el mejor lugar en el mundo.

¿Prefiere los animales a la gente? Somos seres sociales, con gente primero y animales luego. Así estamos conformados. Aunque muchas veces los animales son más leales que alguna gente.

¿Es usted cruel? Creo que no.

¿Tiene muchos amigos? No me gusta quienes se jactan de tener muchos amigos, ni de los que se jactan de tener pocos. Tengo los que necesarios para no hacer alarde y para saber que estamos cuando nos necesitamos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Alguna vez sucedió. Por suerte no es frecuente. Trato de dar vuelta la página.

¿Es usted una persona sincera? Intento serlo a cada minuto.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, caminando, dibujando.

¿Qué le da más miedo? El miedo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La alta exposición publica.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Soy periodista de radio. La escritura vino después. A los ocho años decidí ser periodista de radio y a esta altura, es tarde para cambiar.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Camino. Así se ordena mejor la cabeza.

¿Sabe cocinar? Intento cocinar, me gusta hacer algunos platos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? El caricaturista uruguayo Hermenegildo Sábat.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Me encanta la palabra gallega “morriña”.

¿Y la más peligrosa? “Danger”.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, aunque lo hubieran merecido.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que de forma honesta trabajen por la justicia.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Desarrollar a tiempo completo alguna de las disciplinas artísticas que practico.

¿Cuáles son sus vicios principales? Comprar libros.

¿Y sus virtudes? Comprar libros.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Dónde está el salvavidas más cercano.

T. M.

domingo, 17 de mayo de 2026

Entrevista televisiva de Óscar López por "Historia de la literatura española contada en una hora” en el programa "El Arpa de Bécquer"


Ayer se emitía la entrevista que me hizo Óscar López, tan atento y afectuoso siempre conmigo y mis libros (inolvidable su entrevista por La letra herida, en enero del 2023), en su programa El Arpa de Bécquer, de Déjate de Historias TV, con motivo de Historia de la literatura española contada en una hora, ya disponible en YouTube. Se puede ver desde el minuto 7 y medio.

viernes, 15 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Luis Villalón

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Villalón.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Si hablamos en términos abstractos y nos olvidamos de las necesidades fisiológicas y afectivas, diría que en una biblioteca. Si no hacemos ninguna abstracción, en casa con mi familia.

¿Prefiere los animales a la gente? En general, sí. Suelo decir un poco en broma que caigo mejor a los animales que a la gente. Eso no quiere decir que prefiera siempre a cualquier animal antes que a cualquier tipo de gente. Además, entiendo lo de “gente” en sentido grupal, no de modo individual. Si fuera así, hay algunas personas a las que prefiero antes que a algunos animales.

¿Es usted cruel? Creo que todos lo somos. No voluntariamente, claro, pero es imposible no serlo de manera inconsciente.

¿Tiene muchos amigos? Tengo justo los que tengo. La cifra no es alta, pero sí valiosa.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que yo sea consciente, ninguna en especial. Inconscientemente, supongo que me gusta que sean buenas personas, sin más.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Si los aceptas como son, es difícil que te decepcionen.

¿Es usted una persona sincera? Cuando soy sincero, sí. Cuando no lo soy, también.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo.

¿Qué le da más miedo? Como dijo un actor hace ya unos años, no me da miedo la muerte; me da miedo dejar de vivir.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Pues tendría que pensarlo. La verdad es que hay pocas cosas que me sorprendan (no porque yo sea especialmente listo, sino porque tengo el umbral de la sorpresa bastante bajo) y, por lo tanto, que me escandalicen.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Siempre he dicho que me habría gustado tener un quiosco de libros. Pero si lo pienso mejor, prefiero trabajar en una biblioteca. De pequeño quería ser químico-inventor, todo junto, y cuando fui algo mayor quería ser muchas cosas: aventurero, superhéroe…

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Tengo una bicicleta estática en casa y la usamos como tendedero. Cuando está libre alguna vez le doy a los pedales, pero eso sucede pocas veces.

¿Sabe cocinar? No. Solo soy capaz de echar cosas crudas a la sartén y procurar que no se quemen, y hacer tortillas de patatas que no se parecen ni de lejos a las de mi madre.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sócrates. O alguna persona anónima que hubiera hecho un gran bien a otra. Si supiera de ella, claro.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Se me ocurre “bondad”.

¿Y la más peligrosa? Pues vamos con su contraria: “maldad”.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Matar no, pero desear que no existiera sí. Matar implica participar activamente del hecho en cuestión, y no recuerdo haber querido nunca hacer eso.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que tienen como principio básico y por encima de todo ayudar a los que tienen menos. Eso es como decir que no tengo ninguna tendencia política en especial.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Inmortal. Y mi familia también. Ah, ¿la pregunta era por un animal? Pues un gato.

¿Cuáles son sus vicios principales? No tengo vicios principales, son todos secundarios.

¿Y sus virtudes? Nunca he querido hacer daño deliberadamente a nadie. Y me esfuerzo por tratar de comprender los motivos que pueden llevar a otros a hacerlo. Intento no prejuzgar y usar el sentido común, aunque toda forma de sentido común es en realidad una suma de prejuicios; en cualquier caso, trato de someterlo todo a un análisis y no rendirme ante las primeras impresiones, pero no siempre lo logro. No suelo dejarme llevar por el lado irracional, aunque haya quien no considere eso una virtud.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? ¿Dentro del esquema clásico de imágenes que pasan por la cabeza de quien se está ahogando? No sé qué esquema es ese, aunque a lo mejor es que no he entendido bien la pregunta. En fin, supongo que pensaría en mi familia y en que quizá si llego al fondo puedo rebotar y salir a la superficie.

T. M.

jueves, 14 de mayo de 2026

Un artículo sobre el restaurante Finorri


Esta semana aparecía, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "Finorri, una nueva casa de cocina catalana contemporánea".

miércoles, 13 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Pedro Cepedal

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pedro Cepedal.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una mansión victoriana en la campiña escocesa. Con jardín con esculturas desconchadas, estudio-biblioteca, tea room y sala de juegos. Todo bien equipado con las comodidades modernas, por supuesto. En la planta de arriba, en la habitación más pequeña, habría una réplica de mi cuarto de la infancia en Málaga. Ahí me quedaría para siempre.

¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a la gente. La gente prefiere a los animales antes que a mí. Los animales me prefieren antes que a esa gente.

¿Es usted cruel? Sí, me cebo torturándome. Es inevitable que algún resto salpique a quienes se acercan demasiado.

¿Tiene muchos amigos? Sí, tengo dos. Tendría más por pura codicia pero no sé cómo se convierte a los conocidos en amigos. Y seguro que no es barato.  

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que tengan el veneno del juego o de la competición, que es lo mismo. Y que agoten todas sus manos antes de acudir a mí como último recurso.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Sí, por eso siguen en la categoría de amigos. Y por eso son dos. Es un porcentaje estimado de decepciones que puedo administrar.

¿Es usted una persona sincera? Ya he dicho antes que soy cruel.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Jugando a las cartas o a videojuegos, o montando muñecos. Antes leía mucho pero ya no. Como mucho releo pasajes seguros. Y voy con frecuencia al cine a comer palomitas con Maltesers, la cartelera está de pena.

¿Qué le da más miedo? La enfermedad. Que llegue antes de estar listo. No sé para qué, no sé de qué. Y ahora añadiría la disolución del ser. Del humano. Avanza deprisa.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La rendición. La renuncia voluntaria del individuo a serlo. La postración entusiasta ante la máquina.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Lo mismo que siéndolo, nada. Es más, no me considero escritor. Entiendo la poesía como un arte más cercano a la escultura y la música. Y el ensayo como un ejercicio de limpieza del cerebro. Antes me inventaba enormes historias de caballeros y hechiceras. No he escrito ni una frase. Quizá haga un boceto de guion de cómic algún día.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Entreno fuerza cuatro veces a la semana. Primero por salud, y más primero por estética. Y estoy preparando un TSAF, no sé exactamente por qué. Lo que siempre me ha gustado es nadar. En el agua me siento libre como un cocodrilo. Ahora no me baño en piscina ni playa. El porcentaje de grasa corporal no marca el número que me permita hacerlo. Los Maltesers…  

¿Sabe cocinar? No muy bien. Por fortuna para mí, estudios recientes afirman las propiedades de los alimentos crudos. Siempre hay un estudio para un descosido.  

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Respuesta random: Rosalía, acabo de verla en concierto. Respuesta en serio: Rosalía. Ya le he dedicado un ensayo difícil de digerir pero no ha sido suficiente. Sigue removiendo algo en mí a lo que no acabo de llegar.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Luz. En el sentido físico. La luz que capta el ojo. Y añadiría azul. Si hay azul, aún hay luz.

¿Y la más peligrosa? Contenido.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Querría haber querido. Pero la muerte y la enfermedad grave no puedo desearlas para nadie. Por creencia. Por convicción. Por conveniencia.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo en la libertad y la dignidad del ser humano como individuo por el hecho de serlo. No me gusta que el aparato del Estado se inmiscuya en esa esfera. Es sagrada y el único imperativo que debe aceptar es  el de no profanar otra semejante. Es un equilibrio delicado pero creo que llegamos a estar cerca en décadas recientes.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? La fotografía de Brad Pitt en Legends of the Fall. Palabra.

¿Cuáles son sus vicios principales? Hago repaso: indecisión, resolución, prodigalidad, vanidad, frivolidad, cinismo, fantasía, orgullo, ubicuidad en sentido inverso… Hay más, pero también soy perezoso.

¿Y sus virtudes? Las mismas que los defectos. Añadiría mi tren superior. Está algo cubierto por el porcentaje graso, pero el volumen va bien.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me cuesta mucho centrarme en pensar lo que se supone que cada momento requiere. Probablemente me vendría a la mente algún incidente de la carrera de F1 del domingo anterior. Después, ya consciente de la situación, imitaría el hundimiento de DiCaprio congelado. Por último, casi en la inconsciencia, supongo que volverían las imágenes de siempre: el bisturí acercándose a mi ojo, el cadáver amarillo de mi padre, la primera vez que vi la Acrópolis desde la terraza del Electra Metrópolis junto a mi amante.

T. M.

martes, 12 de mayo de 2026

La revista "Qué Leer" de este mayo

 

Ya está disponible en los quioscos el nuevo número de la revista Qué Leer (mayo, núm. 326). En este otro enlace de Zinio se puede adquirir la revista y ver todo el sumario con un extracto de cada una de sus secciones: mi editorial "Alma en las Palabras", "Laureles", "Lletres catalanes", "Hoy" (narrativa, no ficción, poesía), "Protagonista", "Ayer" (efeméride, contemporáneo, clásico), "Cata", "Voz autoral", "Voz editorial", "Imágenes", "Hechos", "Novedades" e "Invenciones. Cien páginas repletas de reseñas, entrevistas, reportajes literarios, columnas de escritor, avances editoriales...

lunes, 11 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Lorena Camacho Manzanares

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Lorena Camacho Manzanares.

 

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Donde haya un atardecer, esperando a que alguien se detenga a mirar sus colores. Ese instante en el que el sol se esconde y deja paso a la noche, a las estrellas… ahí es donde siento que todo se calma. Como si el mundo bajara el ritmo por un momento y me permitiera volver a mí. Es en ese silencio donde respiro, donde conecto con lo más profundo de quien soy.

¿Prefiere los animales a la gente? Los animales tienen una sencillez que muchas veces le hace falta al mundo. Viven desde lo esencial, sin prisa, sin máscaras, con una forma de querer que no necesita explicaciones. Aportan compañía, cuidado y un presencia muy limpia, muy honesta. Quizá por eso, en muchos momentos de mi vida, he sentido que conecto más fácilmente con ellos que con las personas. Pero no es tanto una cuestión de elegir, sino de lo que cada uno te despierta. Los animales me dan calma. Las personas, aunque a veces sean más complejas, también me han enseñado mucho. Supongo que, al final, busco en ambos lo mismo: sentirme acompañada de verdad.

¿Es usted cruel? Creo que todos tenemos la capacidad de ser duros, fríos, incluso hirientes en determinados momentos. A veces sin darnos cuenta, y otras, siendo plenamente conscientes de ello. En mi caso, durante el duelo, hubo etapas en las que me volví más distante, más cerrada. estaba tan centrada en mi propio dolor que, en ocasiones, no medía cómo podían sentirse los demás. No era tanto una intención de hacer daño, sino una forma de protegerme mientras intentaba sostenerme. No me considero una persona cruel, pero tampoco perfecta. Me he equivocado, y seguramente lo seguiré haciendo. La diferencia, para mí, está en reconocerlo, en asumirlo y en saber volver atrás cuando es necesario. Supongo que, al final, ser humano también es eso: aprender a convivir con tus sombras sin dejar que te definan.

¿Tiene muchos amigos? No pienso en la cantidad, sino en la calidad. Con el tiempo me he vuelto más selectiva. Ya no busco llenar espacios, sino cuidar los vínculos que de verdad se sostienen, los que están incluso cuando no hace falta decir nada. No son relaciones de todos los días, ni lo necesitamos. Hay una tranquilidad en saber que, si algo se rompe por dentro, hay personas a las que puedes acudir… y que, de alguna manera, siempre están. Supongo que eso es lo que más valoro ahora: la calma de sentirte acompañada sin tener que pedirlo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Si considero a alguien amigo, es porque ya existe una base real entre nosotros: lo demás, simplemente, pertenece a otro lugar. Busco personas auténticas, con sus virtudes y sus sombras, que no intenten cambiar quién soy ni cómo pienso. Personas con las que pueda ser yo misma sin necesidad de versiones forzadas. Valoro mucho la sinceridad, incluso cuando incomoda, y la capacidad de hablar con claridad, sin rodeos ni silencios que esconden lo que realmente se siente. Supongo que, con el tiempo, he aprendido a quedarme solo donde hay verdad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Al igual que yo no soy una persona perfecta, mis amigos también son humanos, con sus aciertos y sus errores. Me he encontrado con decepciones, sí, pero también soy consciente de que en algún momento yo también puedo haber decepcionado a alguien. Las relaciones se construyen desde la comunicación, el entendimiento y también desde el error. Creo que cada persona tiene su forma de vivir y de sostener los vínculos. En mi caso, cuando algo se enfría o se rompe, suelo intentar hablarlo, entender lo que ha pasado. Pero si no hay diálogo y todo se convierte en excusas o silencio, poco a poco tiendo a alejarme. No por castigo, sino porque he aprendido a no quedarme donde no hay reciprocidad o intención de cuidar lo que existe. El tiempo me ha enseñado que, a veces, la mejor compañía también es una misma, y que eso no es ausencia… sino aprendizaje.

¿Es usted una persona sincera? Me considero una persona bastante directa y clara a la hora de decir lo que pienso. Intento hacerlo de forma tranquila, cuidando las formas y adaptándome también a la persona que tengo delante. Aun así, hay momentos en los que, si algo me afecta especialmente o toca a alguien a quien quiero, puedo reaccionar de forma más impulsiva. Creo que tengo un lado muy protector, y eso a veces hace que no todos reciban las cosas de la misma manera o incluso que algunas personas se alejen. Con el tiempo he entendido que no todo el mundo vive la sinceridad de la misma forma. Pero forma parte de cómo soy. Y, en mi entorno más cercano, eso es algo que valoran, porque saben que siempre van a encontrar una respuesta honesta conmigo, aunque no siempre sea la más cómoda.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En mi tiempo libre suelo dejarme llevar por lo que me apetece en cada momento. A veces busco pequeños rincones nuevos que explorar, mercadillos por descubrir o cualquier detalle cotidiano que pueda convertirse en inspiración para una historia. También disfruto mucho de los encuentros con mis amigos, de los paseos por la playa con Noah, mi perrita, o de las tardes tranquilas en casa, simplemente compartiendo tiempo con mi pareja. Supongo que necesito un poco de todo: movimiento, calma y momentos que me conecten con lo que vivo.

¿Qué le da más miedo? Lo que más temo es no disponer del tiempo suficiente para disfrutar de las personas que quiero. Es una sensación que a veces aparece, como si el tiempo nunca alcanzara del todo. Pero intento que ese miedo no condicione mi forma de vivir ni de relacionarme con los demás. Por eso valoro tanto los pequeños momentos, la cercanía, el cariño y la presencia. No necesito grandes cosas, solo instantes reales con las personas importantes para mí. Supongo que, al final, la compañía es una de las formas más puras de darle sentido al tiempo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Soy una persona muy emocional, y hay situaciones que me remueven profundamente, especialmente cualquier daño gratuito hacia los animales o los niños. Son seres que aún están en una etapa de inocencia, de descubrimiento, sin comprender del todo la complejidad del mundo ni sus contradicciones. Cuando me encuentro con este tipo de noticias o realidades, me desestabiliza. Es algo que me afecta de forma directa, porque me conecta con una parte muy sensible de mí.

Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Soy sociosanitaria, y siempre he sentido una vocación muy clara hacia el cuidado de las personas más vulnerables. Las personas mayores, en especial, son una de mis debilidades. Estuve nueve años trabajando con ellos, y esa etapa me ha dejado una huella muy profunda, llena de aprendizajes y emociones de todo tipo. Si no hubiera seguido el camino de la escritura, probablemente me habría quedado dentro del ámbito sanitario, o incluso habría estudiado psicología. Todo aquello que tenga que ver con acompañar, escuchar o cuidar a otras personas forma parte de lo que soy.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No practico tanto como me gustaría. Por motivos de salud, ahora mantengo una rutina más tranquila de la que tenía hace un par de años, cuando sí hacía ejercicio de forma diaria. En aquella etapa me mantenía muy activa y, en muchas ocasiones, el ejercicio era también una forma de desconectar del mundo. Hoy en día trabajo con un fisioterapeuta que me guía y me ayuda con mis patologías, además de caminar con frecuencia. Es una etapa distinta, más centrada en el cuidado y la escucha del cuerpo, pero confío en que, con el tiempo, volveré a recuperar una rutina más activa cuando sea el momento adecuado.

¿Sabe cocinar? Podría decir que sé sobrevivir en la cocina. No soy especialmente la chef de mi casa, y reconozco que no es algo que disfrute demasiado, sobre todo porque cuando intento experimentar con recetas nuevas, no siempre salen como espero. Incluso en casa, rezan porque no me haya inventado nada, porque si no nos quedamos sin comer. Pero sí tengo algunos platos que ya considero mis “estrella”, porque los he repetido tantas veces que me salen bastante bien: el pollo al curry y una sopa de pollo con jamón. Aunque últimamente también estoy descubriendo que las croquetas caseras de pollo se me dan bastante mejor de lo que pensaba.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre un personaje inolvidable, ¿a quién elegiría? No tengo un referente único como tal. Mi forma de escribir se basa en los sentimientos, en lo humano y en la verdad que hay detrás de cada historia. Me interesan los relatos que emocionan, pero también los que dejan algo dentro de quién los lee, aunque sea una pequeña reflexión. Si tuviera que elegir a alguien, probablemente me atraería una persona cuya historia haya estado marcada por la vida misma, alguien que haya vivido experiencias intensas y que, de alguna forma, haya decidido transformarlas en aprendizaje o en ayuda para los demás.

Al final, me interesa ese tipo de figuras que no solo viven, sino que también dejan huella en otros a través de lo que han vivido.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Para mí, dos de las palabras más llenas de esperanza son “perdón” y “te quiero”. El perdón, porque implica dejar a un lado el orgullo y reconocer que algo ha dolido, pero también que importa lo suficiente como para querer repararlo. Y el “te quiero”, cuando es sincero, porque contiene en sí mismo una forma de verdad emocional que no siempre se dice a la ligera. En mi caso, son palabras que no utilizo sin sentirlas de verdad. Cuando las digo, intento que tengan peso, que nazcan desde un lugar honesto.

¿Y la más peligrosa? El silencio. A veces es una de las formas más duras de ausencia. No se dice, Pero se siente con una intensidad difícil de explicar. Puede hacerte dudar, llenarte de preguntas y llevarte a pensar que quizás no eres importante, o que has dejado de serlo para alguien. Es un tipo de vacío que no necesita palabras para doler.

¿Alguna vez has querido matar a alguien? En mi total conciencia, no le deseo la muerte a nadie. Sí hubo un momento, en pleno proceso de duelo, en el que afloraron pensamientos de rabia muy intensos. Eran sensaciones que no me representaban, pero que aparecían desde el dolor y la incomprensión de lo que estaba viviendo. No me siento orgullosa de esa etapa, pero también entendí con el tiempo que formaba parte de un estado emocional muy desbordado. Cuando fui consciente de ello, supe que necesitaba pedir ayuda y reconducir lo que estaba sintiendo.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Defiendo la igualdad entre las personas, por encima de etiquetas o extremos. No me gusta situarme en posiciones rígidas, sino buscar el equilibrio y la justicia en cada situación concreta, intentando entender cada realidad desde la empatía y el sentido común. Para mí, lo importante es que cada persona reciba el respeto y las oportunidades que merece, independientemente de su género o cualquier otra condición.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me encantaría ser un águila. Son animales solitarios, libres y respetados, que viven desde su propia naturaleza sin necesidad de ocupar más espacio del necesario. Se mueven por instinto, sobreviven desde lo esencial, y tienen esa capacidad de observar el mundo desde la distancia, sin perder perspectiva. Y, sobre todo, la sensación de volar por encima de todo, de estar ahí arriba sin ataduras, me transmite una idea muy poderosa de libertad.

¿Cuáles son sus vicios principales? La música me acompaña siempre, en cualquier momento del día. Es algo constante en mi vida, casi como un hilo invisible que me sostiene. También tengo pequeños rituales que forman parte de mi rutina: encender un incienso, poner una vela, crear un ambiente de calma en casa. Y si tuviera que quedarme con algo más profundo, diría que mi mayor “vicio” es el mar. Mirarlo, escucharlo, perderme en él. Es un lugar al que siempre vuelvo.

¿Y sus virtudes? Mi mayor virtud es sentirme yo misma, sin necesidad de aparentar ser alguien diferente a lo que soy. Creo que eso me permite relacionarme desde un lugar más honesto, sin máscaras. También me considero una persona empática y protectora con los míos, intentando tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? En un momento así, la mente se iría inevitablemente hacia las personas que más quiero. Mi familia, mi perrita Noah, mi pareja… imagino que aparecerían como un último anclaje, como una forma de aferrarme a todo lo vivido y a todo lo que aún desearía seguir compartiendo con ellos. También surgiría ese pensamiento de querer más tiempo, de que las cosas hubieran sido de otra manera, y de la preocupación por ellos, por cómo continuarían sin mí, especialmente por Noah.

T. M.