Los colegas del suplemento Cultura/s de La Vanguardia, el pasado sábado, tuvieron la gentileza de incluir en su especial dedicado a Sant Jordi esta mención, en las ediciones en español y catalán, de mi libro Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe, en la sección "Ensayo literario".
viernes, 24 de abril de 2026
jueves, 23 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Manuel Valdivia
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Manuel Valdivia.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Donde nunca he estado,
un lugar que imagino cuando escucho un precioso danzón cubano: “Allá en la Habana
del Este / Pasando el túnel de amor / Tengo una casita linda / Y allá esta mi
corazón”.
¿Prefiere los animales a la gente? Una amiga animalista me va a regañar cuando lea la respuesta. Prefiero la
gente, sin duda, aunque un poco salvaje.
¿Es usted cruel? No
me sale. Soy buena persona, eso creo, aunque alguno de mis hermanos me ha
echado en cara lo cabrón que he sido en “Querer o no querer”, la novela donde
cuento nuestra dura historia familiar. Sé que les ha dolido, pero me ha podido
el afán por averiguar la verdad, saber qué nos pasó para que nos destruyéramos.
¿Tiene muchos amigos? ¡Uf, un montón! ¡Muchísimos! A ver, amigos-amigos me salen… ¿cuántos? Por
lo menos, dos o tres, ¡o más!
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Con que no sean imaginarios, me vale. A mis amigas y amigos, que son
algunos más de los que contaba en la respuesta anterior, los quiero a pesar de
cómo son.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No me ha pasado. Si acaso, nos hemos distanciado porque la vida te lleva
por aquí o por allá. En la presentación de mi novela, me reencontré con una
amiga de las especiales. No nos veíamos desde los tiempos de la pandilla, cuando
mantuvimos una amistad genuina, sin los malentendidos de los enamoramientos. Los
dos estábamos muy cambiados, pero fue entrañable volver a vernos.
¿Es usted una persona sincera? Casi, pero no. Me volvería loco o volvería locos a los demás.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta grabar con mi cámara de vídeo a talentosos músicos callejeros.
Siempre que viajo por ahí, me interesa más descubrir a buenos músicos que
retratar paisajes o monumentos. He grabado cientos de vídeos: en Madrid,
Barcelona, Berlín, Nueva York, Amsterdam… Se pueden ver en el canal
@StreetMusicTV, de Youtube. Siempre pido permiso a los músicos y, a menudo,
charlo con ellos y me cuentan sus historias. Ojalá pudiera trasladar todas esas
experiencias en una serie como la maravillosa Tremé,
de David Simon.
¿Qué le da más miedo? La violencia de cerca. Soy un poco cobardón. Nunca he pasado tanto miedo
como cuando vi cómo tiroteaban a un tipo en una carrera de Bogotá. Pero, al
mismo tiempo, no podía evitar retar al peligro y zascandilear por las calles
que me recomendaban no pisar de ninguna de las maneras.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Estoy bien informado y me
escandalizo a todas horas, por todos los motivos. Me temo que el día que ya no
me escandalice es que ya estaré muerto.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Desde
pequeñito, desde que el proyeccionista del cine Usera me regalaba fotogramas
sueltos de las películas que acababa de ver fascinado, no quería hacer otra
cosa que contar historias. He tenido una suerte inmensa de poder dedicarme a
eso. No concibo otra manera de ganarme la vida. Bueno, sí, tampoco hubiese
estado nada mal jugar al basket como Magic Johnson o Luka Doncic.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me alegro de que me haga esa pregunta. Nunca he dejado de jugar al
baloncesto, aunque ahora mis amigos se han retirado y me voy yo solo a la
cancha a tirar triples. Nadie me cree cuando digo que he metido quince seguidos
sin fallo. Ni siquiera yo.
¿Sabe cocinar? Si
por cocinar se entiende preparar los alimentos para que resulten apetecibles, no.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Dediqué casi tres años de mi vida a investigar y escribir un guion sobre
la vida de Maradona. Diego me hizo la vida imposible. Cuanto más sabía del
tipo, peor me caía. Lo entendí mejor cuando me metí en la casucha sin agua ni
luz donde creció en Villa Fiorito. Ni siquiera quiso asistir a la proyección
privada que montamos para él, solo vino su ex, Claudia, que se limitó a decir:
“¡Uf, ¡qué duro!”. Me prometí que sería la primera y la última vez que
escribiría sobre un “personaje inolvidable”.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Deseo. Mientras perviva el
deseo, hay esperanza.
¿Y la más peligrosa? Esperanza. Como escribía Villiers de L’Isle-Adam en un lúcido cuento, la
peor tortura es la esperanza, la ilusión de que vas a poder escapar a tu
destino. Y no.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Cualquiera es capaz de matar si se dan las circunstancias oportunas. Lo
comprobé en Crònica amarga, una serie documental que realicé en Valencia; entre otros asesinos,
conocí a una mujer que había envenenado a su marido con mata hormigas. En mi
próxima novela, titulada Matarás, tiraré de mí mismo como personaje, en lo que habría ocurrido en
determinadas encrucijadas, algunas aparentemente banales, si hubiera elegido
otro camino, si me hubiera dejado llevar. Nunca he querido matar a nadie, pero
podría haber sucedido.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Republicano y de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? De niño, soñaba con ser Superman o, por lo menos, el Capitán Trueno.
Tampoco habría estado mal tocar el piano como Thelonius Monk. Pero no me puedo
quejar. En general, me llevo bien conmigo.
¿Cuáles son sus vicios principales? Visto desde fuera, parezco muy aburrido. No fumo, no bebo, no me drogo. Y
no considero que el sexo, que me encanta, sea un vicio. Todo lo que me gusta
suele ser legal y no me engorda.
¿Y sus virtudes? Mi
principal virtud es la curiosidad. Me pasa como con mi propensión a
escandalizarme: si algún día pierdo la curiosidad es que estaré muerto y bien
muerto.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi “Rosebud” no sería un trineo en la nieve, pero se le parecería en lo
que tiene de juego infantil, de pura felicidad añorada: la primera vez que
conocí el mar, un verano en Cullera, cuando por unos días parecíamos una
familia normal.
T. M.
miércoles, 22 de abril de 2026
"Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe" en un video del Instagram de la autora Laura Valenzuela
martes, 21 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Karlos Ramos
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que
venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros
ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con
astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus
frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman
la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de
la vida, de Karlos Ramos.
Si tuviera que vivir
en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mallorca.
¿Prefiere los animales a la
gente? Me gustan los animales pero por lo normal prefiero a la
gente, incluso a alguna gente que no es tan fácil de apreciar de primeras.
¿Es usted cruel? No.
¿Tiene muchos amigos? No muchos. Estoy renovando la lista.
¿Qué cualidades busca en sus
amigos? Lealtad y benevolencia. A ser
posible, inteligencia también.
¿Suelen decepcionarle sus
amigos? No.
¿Es usted una persona
sincera? Bastante.
¿Cómo prefiere ocupar su
tiempo libre? Leyendo. Filosofando.
Charlando.
¿Qué le da más miedo? Morir prematuramente. Un conductor kamikaze, una
maceta que cae, algo así.
¿Qué le escandaliza, si es
que hay algo que le escandalice? ¡Noooo,
nada! Sólo se escandalizan los que no tienen una idea ajustada de lo que es el
ser humano.
Si no hubiera decidido ser
escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Ser jinete para una cuadra de mucho dinero
(jajaja)
¿Practica algún tipo de
ejercicio físico? Gimnasia de mantenimiento (mirada sospechosa, guiñito,
guiñito)
¿Sabe cocinar? Sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno
de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Ahora mismo, a Paul Auster. Y en versión menos
glamurosa, a Wenceslao Fernández Flórez.
¿Cuál es, en cualquier
idioma, la palabra más llena de esperanza? Me quedo con la palabra gallega ALOUMIÑAR, que
significa tratar con cariño. Si todos practicásemos un poco más, cabría alguna
esperanza. Tal vez.
¿Y la más peligrosa? IMPERIALISM, así, en inglés.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Síiiiiiiiiiiii (en sentido figurado, creo).
¿Cuáles son sus tendencias
políticas? Dicho al estilo Woody Allen, me
defino como reaccionario de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa,
¿qué le gustaría ser? Un mecenas.
¿Cuáles son sus vicios
principales? Quizá malgastar el tiempo, que
es uno de los vicios más condenables. El teléfono móvil me ayuda mucho a
malgastar el tiempo.
¿Y sus virtudes? Pocas. Muy pocas. Me estoy revelando, para mi
sorpresa, como un tipo bastante tenaz.
Imagine que se está
ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Preferiría que no.
T. M.
lunes, 20 de abril de 2026
Mi "Antología poética del suicidio (siglo XX)" en la Feria Internacional del Libro LACUHE, Nueva York
Por cortesía del editor de Ultramarina, Iván Vergara, he aquí una foto de mi Antología poética del suicidio (siglo XX), tomada en la Feria Internacional del Libro LACUHE, Nueva York.
domingo, 19 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Natalia Trigo
En 1972, Truman
Capote publicó un original
texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros
ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas
que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora,
extraídas en su mayor
parte, forman la siguiente «entrevista
capotiana», con la que
conoceremos la otra cara, la de la vida, de Natalia Trigo.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Qué pregunta tan difícil. Me cuesta estar quieta en un solo lugar por mucho
tiempo. Estoy dividida entre un bosque, en la naturaleza, y una ciudad muy
grande donde pueda perderme e interactuar con otros todos los días. Supongo que necesito ambas cosas: silencio y
movimiento, cada uno a su manera.
¿Prefiere los animales a la gente? Sí, me encantan los animales y creo que son grandes maestros.
Aprendo mucho de ellos, me gusta observarlos. Han estado para mí incluso cuando otros humanos no han podido, y quizá por eso les tengo un cariño especial.
¿Es usted cruel? No, espero no serlo. Sin duda ha
habido veces en las que he herido a otros, pero no con la intención de hacerlo.
Aun así, procuro no esconderme detrás de eso.
¿Tiene muchos amigos? Tengo pocos amigos cercanos. Creo
que cultivar las relaciones requiere energía e intencionalidad. Muchos de ellos viven en otros países o en otras ciudades, así que trato de estar muy presente en los momentos que
compartimos. La idea de amistad es algo que a veces me gusta cuestionar: qué significa realmente ser amigo, qué sostiene esos vínculos.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? Aprecio que mis amigos sean auténticos y vulnerables, que tengan
la capacidad de mostrarse reales incluso cuando es incómodo. Cuando saben decir
que no y comunicarse de manera asertiva, cuando tienen introspección y voluntad
para cambiar lo que no está funcionando. Valoro su valentía para enfrentarse a las cosas difíciles. Eso me inspira.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Creo que la decepción aparece
cuando hay expectativas no cumplidas. Por eso intento conocer a mis amigos y
aceptarlos como son, con sus cualidades y sus carencias. Y también recuerdo que yo no soy distinta
para ellos.
¿Es usted una persona sincera? Sí, trato de serlo. Incluso en los momentos en los que cuesta
trabajo decir la verdad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En la naturaleza, nadando, con mi
perra, riéndome con amigos, viendo arte,
viajando, aprendiendo algo nuevo, cantando.
¿Qué le da más miedo? Que el miedo me impida vivir la vida.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El odio que veo en las calles y
en las noticias: el racismo, la xenofobia, la violencia hacia la naturaleza y
los animales, la falta de derechos humanos, y la desensibilización que han
provocado las redes sociales. Me escandaliza, pero sobre todo me entristece.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Actriz. Sin duda. Todavía tengo la ilusión de poder dedicarme a eso algún día.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. Paso muchas horas sentada escribiendo, así que moverme es también una forma de volver al cuerpo, de salir un poco de la
cabeza en los días en que no puedo dejar de
pensar. Hago yoga, bicicleta, entrenamientos de fuerza, corro. Más que rutina, es higiene mental.
¿Sabe cocinar? Lo suficiente para no decir que
no. No le dedico mucho tiempo, pero me gusta cocinar cuando es para compartir.
Aprendí pocas recetas de mis abuelas, que
eran excelentes cocineras —algo de lo que me arrepiento. Lo que sí hago bien, y me atrevo a decirlo, es hornear dulces.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a
quién elegiría? Mi abuelo Fidencio, que vivió un siglo. Creció en el campo, entre México y Estados Unidos, y le tocó ver cómo ambos países se volvían “modernos”; él se llamaba a sí mismo un hombre moderno. Vio llegar los primeros
refrigeradores —de niño todavía se vendían cubos de hielo para conservar
la comida— y trabajó para la Comisión Federal de Electricidad, recorriendo el país, electrificando pueblos. Lector, amante de la filosofía y del lenguaje de las computadoras.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Todavía.
¿Y la más peligrosa? Los otros. Odio. Insuficiencia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Aún no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero de izquierda, con
todas las contradicciones que eso conlleva. Me importan especialmente los
derechos de los migrantes, el respeto a la naturaleza y el derecho a la
privacidad —son los temas que me quitan el
sueño y que creo que van a definir este siglo. Intento revisar mis ideas con
frecuencia, no quedarme anclada a un dogma, pero hay cosas que no negocio: la
dignidad de las personas, los espacios comunes, lo vivo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le
gustaría ser? Una nutria. Un árbol. Un
cometa.
¿Cuáles son sus vicios principales? Soy impaciente, llego tarde a
todas partes (esto es algo en lo que tengo que trabajar todos los días activamente), me distraigo con facilidad.
¿Y sus virtudes? Soy resiliente, introspectiva y
empática. Me gusta hacer reír a los demás.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las burbujas, ¿por qué tantas burbujas?, y el aire que queda, y mis padres, y mis perros, y si existe dios, y el agua fría, ¿por qué tan fría el agua?, y el amor que he sentido, y el amor que ya no volveré a sentir, y el frío en las piernas, y más burbujas, y aquí estoy sola, uno muere sola, y el agua que sube y que me llena por dentro, y quisiera otra vez estar seca, ¿qué se siente estar seca?, ya no me acuerdo, y todas estas burbujas.
T. M.
sábado, 18 de abril de 2026
Tres textos de recomendaciones de libros hoy en el suplemento "Cultura/s", de "La Vanguardia"
Hoy, en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia, en un especial dedicado a Sant Jordi, publico tres textos, en las ediciones en español y catalán: "Traspasar fronteras", sobre novedades de narrativa internacional, "Una conversación que no se agota", sobre autores clásicos, y "Para comprender el presente", sobre libros de actualidad.
viernes, 17 de abril de 2026
Entrevista capotiana a María Pinach Vila
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida de María Pinach Vila.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás
de él, ¿cuál elegiría? Tengo el corazón partido entre
las suaves montañas de Galicia o las relajantes playas del Mediterráneo, en la
costa del sur de Barcelona.
¿Prefiere
los animales a la gente? Claramente no, pero reconozco
que me encantan los animales, en concreto los gatos; su belleza y su gatuna
parsimonia me enamoran. He tenido 3 gatas. Las dos primeras las recuerdo con
cariño, e incluso sueño con ellas. Considero que los animales no deben ponerse
nunca por delante de las personas, pero se les ha de tratar bien siempre.
¿Es
usted cruel? No. Me aterroriza la crueldad. No encuentro
excusas válidas para usar la crueldad con otro ser humano, ni con un animal.
¿Tiene
muchos amigos? No. Muy pocos. Entiendo que es por mi carácter
reservado e introvertido. Con los años comprendí que no debo ver este rasgo
como negativo, sino como una simple característica.
¿Qué cualidades
busca en sus amigos? Valoro la bondad y la inteligencia, en la
misma persona. Aceptaría un amigo no muy listo, pero no uno malvado.
¿Suelen
decepcionarle sus amigos? No suelen decepcionarme. La
decepción puede también depender mucho de las expectativas.
¿Es
usted una persona sincera? Procuro ser sincera siempre
que mi sinceridad no cause dolor.
¿Cómo
prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta leer y escribir.
Son actividades sedentarias, por lo que procuro caminar y, sobre todo, intento
disfrutar al máximo de estar con mi hija y mi marido.
¿Qué le
da más miedo? Me asusta la violencia que se está produciendo
en nuestros pueblos y ciudades.
¿Qué le
escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Varias
cosas. Soy una persona pacífica y me altera la violencia que percibo alrededor
de mí, la falta a la verdad y el enriquecimiento de quienes deberían ser
servidores públicos.
Si no
hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Trabajar
con animales. Ser veterinaria.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No.
Solo pasear.
¿Sabe
cocinar? Sí, aunque no me gusta.
Si el Reader’s
Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje
inolvidable», ¿a quién elegiría? Francesc Cambó.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Amor.
¿Y la más peligrosa? Fanatismo.
¿Alguna
vez ha querido matar a alguien? No. Pero jamás vi mi vida
amenazada o la de aquellos a los que amo.
¿Cuáles
son sus tendencias políticas? En mi juventud tenía una
ligera tendencia a creer en la izquierda, e incluso en el independentismo catalán,
debido al ambiente en que crecí y en el que me movía. Análisis críticos
posteriores, sobre los comportamientos e intereses políticos en general, me
llevaron a ser agnóstica política.
Si
pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Si tuviera
que ser otra cosa, sería una gata. Pero si no es necesario elegir, entonces
siempre mujer.
¿Cuáles
son sus vicios principales? El dulce, destacando la nata y
el chocolate.
¿Y sus
virtudes? Hablar uno de sus propias virtudes, no sé… Pero
intento ser buena persona y tener empatía.
Imagine
que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían
por la cabeza? Lo que tengo claro es que mi primer
pensamiento sería: ¿cómo puedo salir de esta situación? Lo intentaría. Una vez
se estuviera acabando mi vida terrenal, en esos últimos momentos, si es que
pudiera pensar, mis pensamientos serían para mi hija y mi marido.
T. M.
jueves, 16 de abril de 2026
Reseña de "Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe" en el diario "Marca"
J. F. Borrell firma este artículo en que se hace eco, en Marca, de mi último libro, con el título "Toni Montesinos desnuda las estructuras del poder y llama a cuestionarlo todo en 'Mandar y obedecer'".
miércoles, 15 de abril de 2026
Entrevista capotiana a Eduardo Ruiz Sosa
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Eduardo Ruiz Sosa.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El Poble Sec, mi barrio
en Barcelona.
¿Prefiere los animales a la gente? Me gustaría el equilibrio entre ambos, pero en esencia prefiero a la
gente.
¿Es usted cruel? Tanto
como cualquier persona puede serlo involuntariamente.
¿Tiene muchos amigos? Soy muy afortunado en ese sentido: sí, tengo muchos amigos que, además,
son mejores amigos conmigo de lo que yo soy con ellos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad, creatividad, paciencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Nunca. Los amigos, nunca.
¿Es usted una persona sincera? Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Depende, porque casi no tengo tiempo libre. Pero tengo la suerte de
ocupar mi tiempo haciendo cosas que por lo general disfruto. Sobre todo, trato
de ver a amigos y conversar.
¿Qué le da más miedo? La muerte. La nada.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La injusticia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Alguna profesión relacionada con la ciencia en sentido primordialmente
teórico, de investigación: psiquiatría, astronomía, física, antropología.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Ya no.
¿Sabe cocinar? Sí,
gracias a mi madre, mis abuelas y algunas tías.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Mi madre; mis amigos Gustavo Orpinela e Itzel Navidad; Paco Robles.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Juntos.
¿Y la más peligrosa? Dios.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Debería decir que no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Hacia la zurda y más allá, gracias a mis padres.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Antes habría dicho que músico. Ahora, creo que diría investigador.
¿Cuáles son sus vicios principales? El aislamiento, la distancia, la soledad.
¿Y sus virtudes? La
paciencia, quizá, es la única.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las únicas veces en que realmente temí por mi vida, no sucedió nada de lo
que se suele decir, esas imágenes que aparecen como un resumen de la vida, o
como una revelación o un deslumbramiento. Si fuera así, si esas imágenes
pudieran venir en la última instancia, elegiría la primera infancia, el patio
de la casa de mi abuela materna; el departamento de mi abuela paterna; entres
los dos y los cinco años de edad. Ese tiempo.
T. M.








