jueves, 14 de mayo de 2026
Un artículo sobre el restaurante Finorri
miércoles, 13 de mayo de 2026
Entrevista capotiana a Pedro Cepedal
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pedro Cepedal.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una mansión victoriana en la campiña escocesa. Con
jardín con esculturas desconchadas, estudio-biblioteca, tea room y sala de
juegos. Todo bien equipado con las comodidades modernas, por supuesto. En la
planta de arriba, en la habitación más pequeña, habría una réplica de mi cuarto
de la infancia en Málaga. Ahí me quedaría para siempre.
¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a
la gente. La gente prefiere a los animales antes que a mí. Los animales me
prefieren antes que a esa gente.
¿Es usted cruel? Sí, me cebo
torturándome. Es inevitable que algún resto salpique a quienes se acercan
demasiado.
¿Tiene muchos amigos? Sí, tengo dos. Tendría
más por pura codicia pero no sé cómo se convierte a los conocidos en amigos. Y
seguro que no es barato.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que tengan el veneno
del juego o de la competición, que es lo mismo. Y que agoten todas sus manos
antes de acudir a mí como último recurso.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Sí, por eso siguen en
la categoría de amigos. Y por eso son dos. Es un porcentaje estimado de
decepciones que puedo administrar.
¿Es usted una persona sincera? Ya he dicho
antes que soy cruel.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Jugando a las cartas o
a videojuegos, o montando muñecos. Antes leía mucho pero ya no. Como mucho
releo pasajes seguros. Y voy con frecuencia al cine a comer palomitas con
Maltesers, la cartelera está de pena.
¿Qué le da más miedo? La
enfermedad. Que llegue antes de estar listo. No sé para qué, no sé de qué. Y
ahora añadiría la disolución del ser. Del humano. Avanza deprisa.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La rendición. La renuncia voluntaria del individuo a
serlo. La postración entusiasta ante la máquina.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Lo mismo que siéndolo, nada.
Es más, no me considero escritor. Entiendo la poesía como un arte más cercano a
la escultura y la música. Y el ensayo como un ejercicio de limpieza del
cerebro. Antes me inventaba enormes historias de caballeros y hechiceras. No he
escrito ni una frase. Quizá haga un boceto de guion de cómic algún día.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Entreno
fuerza cuatro veces a la semana. Primero por salud, y más primero por estética.
Y estoy preparando un TSAF, no sé exactamente por qué. Lo que siempre me ha
gustado es nadar. En el agua me siento libre como un cocodrilo. Ahora no me
baño en piscina ni playa. El porcentaje de grasa corporal no marca el número
que me permita hacerlo. Los Maltesers…
¿Sabe cocinar? No muy bien. Por fortuna para mí, estudios
recientes afirman las propiedades de los alimentos crudos. Siempre hay un
estudio para un descosido.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Respuesta random:
Rosalía, acabo de verla en concierto. Respuesta en serio: Rosalía. Ya le he
dedicado un ensayo difícil de digerir pero no ha sido suficiente. Sigue
removiendo algo en mí a lo que no acabo de llegar.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Luz. En el sentido físico. La luz que capta el ojo. Y
añadiría azul. Si hay azul, aún hay luz.
¿Y la más peligrosa? Contenido.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Querría haber querido.
Pero la muerte y la enfermedad grave no puedo desearlas para nadie. Por
creencia. Por convicción. Por conveniencia.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo en la libertad y
la dignidad del ser humano como individuo por el hecho de serlo. No me gusta
que el aparato del Estado se inmiscuya en esa esfera. Es sagrada y el único
imperativo que debe aceptar es el de no
profanar otra semejante. Es un equilibrio delicado pero creo que llegamos a
estar cerca en décadas recientes.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? La
fotografía de Brad Pitt en Legends of the Fall. Palabra.
¿Cuáles son sus vicios principales? Hago repaso:
indecisión, resolución, prodigalidad, vanidad, frivolidad, cinismo, fantasía,
orgullo, ubicuidad en sentido inverso… Hay más, pero también soy perezoso.
¿Y sus virtudes? Las mismas que los
defectos. Añadiría mi tren superior. Está algo cubierto por el porcentaje
graso, pero el volumen va bien.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me cuesta mucho
centrarme en pensar lo que se supone que cada momento requiere. Probablemente
me vendría a la mente algún incidente de la carrera de F1 del domingo anterior.
Después, ya consciente de la situación, imitaría el hundimiento de DiCaprio
congelado. Por último, casi en la inconsciencia, supongo que volverían las
imágenes de siempre: el bisturí acercándose a mi ojo, el cadáver amarillo de mi
padre, la primera vez que vi la Acrópolis desde la terraza del Electra
Metrópolis junto a mi amante.
T. M.
martes, 12 de mayo de 2026
La revista "Qué Leer" de este mayo
lunes, 11 de mayo de 2026
Entrevista capotiana a Lorena Camacho Manzanares
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Lorena Camacho Manzanares.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás
de él, ¿cuál elegiría? Donde haya un atardecer,
esperando a que alguien se detenga a mirar sus colores. Ese instante en el que
el sol se esconde y deja paso a la noche, a las estrellas… ahí es donde siento
que todo se calma. Como si el mundo bajara el ritmo por un momento y me
permitiera volver a mí. Es en ese silencio donde respiro, donde conecto con lo
más profundo de quien soy.
¿Prefiere los animales a la gente? Los
animales tienen una sencillez que muchas veces le hace falta al mundo. Viven
desde lo esencial, sin prisa, sin máscaras, con una forma de querer que no
necesita explicaciones. Aportan compañía, cuidado y un presencia muy limpia,
muy honesta. Quizá por eso, en muchos momentos de mi vida, he sentido que
conecto más fácilmente con ellos que con las personas. Pero no es tanto una
cuestión de elegir, sino de lo que cada uno te despierta. Los animales me dan
calma. Las personas, aunque a veces sean más complejas, también me han enseñado
mucho. Supongo que, al final, busco en ambos lo mismo: sentirme acompañada de
verdad.
¿Es usted cruel? Creo que todos tenemos la
capacidad de ser duros, fríos, incluso hirientes en determinados momentos. A
veces sin darnos cuenta, y otras, siendo plenamente conscientes de ello. En mi
caso, durante el duelo, hubo etapas en las que me volví más distante, más
cerrada. estaba tan centrada en mi propio dolor que, en ocasiones, no medía
cómo podían sentirse los demás. No era tanto una intención de hacer daño, sino
una forma de protegerme mientras intentaba sostenerme. No me considero una
persona cruel, pero tampoco perfecta. Me he equivocado, y seguramente lo
seguiré haciendo. La diferencia, para mí, está en reconocerlo, en asumirlo y en
saber volver atrás cuando es necesario. Supongo que, al final, ser humano
también es eso: aprender a convivir con tus sombras sin dejar que te definan.
¿Tiene muchos amigos? No pienso
en la cantidad, sino en la calidad. Con el tiempo me he vuelto más selectiva.
Ya no busco llenar espacios, sino cuidar los vínculos que de verdad se
sostienen, los que están incluso cuando no hace falta decir nada. No son
relaciones de todos los días, ni lo necesitamos. Hay una tranquilidad en saber
que, si algo se rompe por dentro, hay personas a las que puedes acudir… y que,
de alguna manera, siempre están. Supongo que eso es lo que más valoro ahora: la
calma de sentirte acompañada sin tener que pedirlo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Si
considero a alguien amigo, es porque ya existe una base real entre nosotros: lo
demás, simplemente, pertenece a otro lugar. Busco personas auténticas, con sus
virtudes y sus sombras, que no intenten cambiar quién soy ni cómo pienso.
Personas con las que pueda ser yo misma sin necesidad de versiones forzadas. Valoro
mucho la sinceridad, incluso cuando incomoda, y la capacidad de hablar con
claridad, sin rodeos ni silencios que esconden lo que realmente se siente. Supongo
que, con el tiempo, he aprendido a quedarme solo donde hay verdad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Al igual
que yo no soy una persona perfecta, mis amigos también son humanos, con sus
aciertos y sus errores. Me he encontrado con decepciones, sí, pero también soy
consciente de que en algún momento yo también puedo haber decepcionado a
alguien. Las relaciones se construyen desde la comunicación, el entendimiento y
también desde el error. Creo que cada persona tiene su forma de vivir y de
sostener los vínculos. En mi caso, cuando algo se enfría o se rompe, suelo
intentar hablarlo, entender lo que ha pasado. Pero si no hay diálogo y todo se
convierte en excusas o silencio, poco a poco tiendo a alejarme. No por castigo,
sino porque he aprendido a no quedarme donde no hay reciprocidad o intención de
cuidar lo que existe. El tiempo me ha enseñado que, a veces, la mejor compañía
también es una misma, y que eso no es ausencia… sino aprendizaje.
¿Es usted una persona sincera? Me
considero una persona bastante directa y clara a la hora de decir lo que
pienso. Intento hacerlo de forma tranquila, cuidando las formas y adaptándome
también a la persona que tengo delante. Aun así, hay momentos en los que, si
algo me afecta especialmente o toca a alguien a quien quiero, puedo reaccionar
de forma más impulsiva. Creo que tengo un lado muy protector, y eso a veces
hace que no todos reciban las cosas de la misma manera o incluso que algunas
personas se alejen. Con el tiempo he entendido que no todo el mundo vive la
sinceridad de la misma forma. Pero forma parte de cómo soy. Y, en mi entorno
más cercano, eso es algo que valoran, porque saben que siempre van a encontrar
una respuesta honesta conmigo, aunque no siempre sea la más cómoda.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En
mi tiempo libre suelo dejarme llevar por lo que me apetece en cada momento. A
veces busco pequeños rincones nuevos que explorar, mercadillos por descubrir o
cualquier detalle cotidiano que pueda convertirse en inspiración para una
historia. También disfruto mucho de los encuentros con mis amigos, de los
paseos por la playa con Noah, mi perrita, o de las tardes tranquilas en casa,
simplemente compartiendo tiempo con mi pareja. Supongo que necesito un poco de
todo: movimiento, calma y momentos que me conecten con lo que vivo.
¿Qué le da más miedo? Lo que
más temo es no disponer del tiempo suficiente para disfrutar de las personas
que quiero. Es una sensación que a veces aparece, como si el tiempo nunca
alcanzara del todo. Pero intento que ese miedo no condicione mi forma de vivir
ni de relacionarme con los demás. Por eso valoro tanto los pequeños momentos,
la cercanía, el cariño y la presencia. No necesito grandes cosas, solo
instantes reales con las personas importantes para mí. Supongo que, al final,
la compañía es una de las formas más puras de darle sentido al tiempo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Soy
una persona muy emocional, y hay situaciones que me remueven profundamente,
especialmente cualquier daño gratuito hacia los animales o los niños. Son seres
que aún están en una etapa de inocencia, de descubrimiento, sin comprender del
todo la complejidad del mundo ni sus contradicciones. Cuando me encuentro con
este tipo de noticias o realidades, me desestabiliza. Es algo que me afecta de
forma directa, porque me conecta con una parte muy sensible de mí.
Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Soy sociosanitaria, y siempre he
sentido una vocación muy clara hacia el cuidado de las personas más
vulnerables. Las personas mayores, en especial, son una de mis debilidades.
Estuve nueve años trabajando con ellos, y esa etapa me ha dejado una huella muy
profunda, llena de aprendizajes y emociones de todo tipo. Si no hubiera seguido
el camino de la escritura, probablemente me habría quedado dentro del ámbito
sanitario, o incluso habría estudiado psicología. Todo aquello que tenga que
ver con acompañar, escuchar o cuidar a otras personas forma parte de lo que
soy.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No
practico tanto como me gustaría. Por motivos de salud, ahora mantengo una
rutina más tranquila de la que tenía hace un par de años, cuando sí hacía
ejercicio de forma diaria. En aquella etapa me mantenía muy activa y, en muchas
ocasiones, el ejercicio era también una forma de desconectar del mundo. Hoy en
día trabajo con un fisioterapeuta que me guía y me ayuda con mis patologías,
además de caminar con frecuencia. Es una etapa distinta, más centrada en el
cuidado y la escucha del cuerpo, pero confío en que, con el tiempo, volveré a
recuperar una rutina más activa cuando sea el momento adecuado.
¿Sabe cocinar? Podría decir que sé sobrevivir en
la cocina. No soy especialmente la chef de mi casa, y reconozco que no es algo
que disfrute demasiado, sobre todo porque cuando intento experimentar con
recetas nuevas, no siempre salen como espero. Incluso en casa, rezan porque no
me haya inventado nada, porque si no nos quedamos sin comer. Pero sí tengo
algunos platos que ya considero mis “estrella”, porque los he repetido tantas
veces que me salen bastante bien: el pollo al curry y una sopa de pollo con
jamón. Aunque últimamente también estoy descubriendo que las croquetas caseras
de pollo se me dan bastante mejor de lo que pensaba.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos
artículos sobre un personaje inolvidable, ¿a quién elegiría? No
tengo un referente único como tal. Mi forma de escribir se basa en los
sentimientos, en lo humano y en la verdad que hay detrás de cada historia. Me
interesan los relatos que emocionan, pero también los que dejan algo dentro de
quién los lee, aunque sea una pequeña reflexión. Si tuviera que elegir a
alguien, probablemente me atraería una persona cuya historia haya estado
marcada por la vida misma, alguien que haya vivido experiencias intensas y que,
de alguna forma, haya decidido transformarlas en aprendizaje o en ayuda para
los demás.
Al
final, me interesa ese tipo de figuras que no solo viven, sino que también
dejan huella en otros a través de lo que han vivido.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Para mí, dos de las palabras más llenas de
esperanza son “perdón” y “te quiero”. El perdón, porque implica dejar a un lado
el orgullo y reconocer que algo ha dolido, pero también que importa lo
suficiente como para querer repararlo. Y el “te quiero”, cuando es sincero,
porque contiene en sí mismo una forma de verdad emocional que no siempre se
dice a la ligera. En mi caso, son palabras que no utilizo sin sentirlas de
verdad. Cuando las digo, intento que tengan peso, que nazcan desde un lugar
honesto.
¿Y la más peligrosa? El
silencio. A veces es una de las formas más duras de ausencia. No se dice, Pero
se siente con una intensidad difícil de explicar. Puede hacerte dudar, llenarte
de preguntas y llevarte a pensar que quizás no eres importante, o que has
dejado de serlo para alguien. Es un tipo de vacío que no necesita palabras para
doler.
¿Alguna vez has querido matar a alguien? En
mi total conciencia, no le deseo la muerte a nadie. Sí hubo un momento, en
pleno proceso de duelo, en el que afloraron pensamientos de rabia muy intensos.
Eran sensaciones que no me representaban, pero que aparecían desde el dolor y
la incomprensión de lo que estaba viviendo. No me siento orgullosa de esa
etapa, pero también entendí con el tiempo que formaba parte de un estado
emocional muy desbordado. Cuando fui consciente de ello, supe que necesitaba
pedir ayuda y reconducir lo que estaba sintiendo.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Defiendo
la igualdad entre las personas, por encima de etiquetas o extremos. No me gusta
situarme en posiciones rígidas, sino buscar el equilibrio y la justicia en cada
situación concreta, intentando entender cada realidad desde la empatía y el
sentido común. Para mí, lo importante es que cada persona reciba el respeto y
las oportunidades que merece, independientemente de su género o cualquier otra
condición.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me
encantaría ser un águila. Son animales solitarios, libres y respetados, que
viven desde su propia naturaleza sin necesidad de ocupar más espacio del
necesario. Se mueven por instinto, sobreviven desde lo esencial, y tienen esa
capacidad de observar el mundo desde la distancia, sin perder perspectiva. Y,
sobre todo, la sensación de volar por encima de todo, de estar ahí arriba sin
ataduras, me transmite una idea muy poderosa de libertad.
¿Cuáles son sus vicios principales? La música
me acompaña siempre, en cualquier momento del día. Es algo constante en mi
vida, casi como un hilo invisible que me sostiene. También tengo pequeños
rituales que forman parte de mi rutina: encender un incienso, poner una vela,
crear un ambiente de calma en casa. Y si tuviera que quedarme con algo más
profundo, diría que mi mayor “vicio” es el mar. Mirarlo, escucharlo, perderme
en él. Es un lugar al que siempre vuelvo.
¿Y sus virtudes? Mi mayor virtud es
sentirme yo misma, sin necesidad de aparentar ser alguien diferente a lo que
soy. Creo que eso me permite relacionarme desde un lugar más honesto, sin
máscaras. También me considero una persona empática y protectora con los míos,
intentando tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? En un
momento así, la mente se iría inevitablemente hacia las personas que más
quiero. Mi familia, mi perrita Noah, mi pareja… imagino que aparecerían como un
último anclaje, como una forma de aferrarme a todo lo vivido y a todo lo que
aún desearía seguir compartiendo con ellos. También surgiría ese pensamiento de
querer más tiempo, de que las cosas hubieran sido de otra manera, y de la
preocupación por ellos, por cómo continuarían sin mí, especialmente por Noah.
T. M.
domingo, 10 de mayo de 2026
Reseña de «Historia de la literatura española contada en una hora» en la revista "Publishers"
sábado, 9 de mayo de 2026
Entrevista capotiana a Ariel Magnus
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ariel Magnus.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál
elegiría? El que diga mi
compañera, si está de acuerdo en cumplir la pena conmigo. (Lo que no sé es si podría
abstenerme de caer en el mansplaining sugiriéndole que aproveche la imprecisión
de la pregunta para responder: El mundo.)
¿Prefiere los animales a la gente? La gente, aun cuando muchas veces me hagan preferir
a los animales.
¿Es usted cruel? Para nada. O para poco: en mis fantasías, a veces.
¿Tiene muchos amigos? En sentido estricto, diría que no. Y
soy famoso entre unos pocos de esos pocos por una vez haber dicho alguna vez que
no tenía ninguno. Como sea, asumo toda la responsabilidad, como los DT de fútbol
cuando su equipo pierde feo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? No busco amigos, ni con ni sin cualidades. Surgen,
o no. Por lo general me subyuga la inteligencia de una persona. El problema es
que no necesariamente viene acoplada a la bondad u otras cualidades más
propicias a la amistad duradera.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? ¿No estaban para eso? Pero no me molesta. La culpa vuelve a ser mía, por
haberlos decepcionado antes.
¿Es usted una persona sincera? No debo ser el primero muy tentado de contestar con toda sinceridad que no.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Como mi trabajo no es una cárcel (o, si lo es, me
he metido en ella solito, como un monje en su convento), considero libre todo
mi tiempo, y lo ocupo mayormente trabajando.
¿Qué le da más miedo? Quedarme sin ganas de escribir libros. Aunque puede que también sea un
deseo, ahora que lo pienso. Lo cual me da más miedo todavía.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El leísmo, por empezar. Entre tantas
otras cosas... Pero no son escándalos de gran alcance, y muchas veces los
espero con ansias y hasta los vivo con entusiasmo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría
hecho? Nunca decidí
ser escritor, la decisión se tomó sola a muy temprana edad. Tampoco sé si decidí
ser periodista, aunque sí traductor, así como viajero sin pasaje de vuelta, por
un rato. Desde un idealismo que seguro no se condice en nada con la realidad,
con la que por suerte jamás tuve contacto directo, creo que me hubiera gustado
ser abogado.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Camino todos los días 45 minutos
exactos, contando desde la puerta de mi casa y siempre haciendo el mismo
recorrido. En tiempo pre-spotify incluso repetía en random la misma acotada
selección musical.
¿Sabe cocinar? Creo que sí, pero no lo pongo a prueba muy a menudo. Sueño con que me
sobre el tiempo para eso y sueño con una vida en la que hasta el último minuto
no me sobre ni uno para eso.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos
sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Juan Filloy, porque sólo tendría
que resumir la biografía que escribí de él.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? ¿Esperanza de qué? Suponiendo que
de vida, diría que la menos traducible, por demasiado asociada a una
característica específica de los hablantes de ese idioma, como siesta, jeitinho,
morriña, Gemütlichkeit...
¿Y la más peligrosa? Libertad, últimamente. Preside la boca de cada payaso...
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Por supuesto. Y lo considero el mejor antídoto
para nunca quedar ni remotamente cerca de hacerlo.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? De izquierdas, hasta donde siga teniendo algún
sentido esa distinción en tiempos tan difusos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Alto.
¿Cuáles son sus vicios principales? La voluntad de ser justo, aún a costa de ser
generoso o simplemente simpático.
¿Y sus virtudes? La voluntad de ser justo, aún a costa de ser generoso o simplemente
simpático.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le
pasarían por la cabeza? Estimo que, si lo supiera, me ahogaría en ellas de sólo evocarlas. Además
de que no sé si pienso en imágenes, diría que más bien en palabras. Así que
supongo que pensaría, para expresarlo en términos clasicistas: “¡La puta madre por
qué no presté atención cuando explicaron cómo se inflaba esta mierda de chaleco
salvavidas!”
T. M.
jueves, 7 de mayo de 2026
Entrevista por «Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe» en el podcast de César Alcalá «Puente Aéreo»
miércoles, 6 de mayo de 2026
Entrevista capotiana a Juan Carlos Abril
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan Carlos Abril.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Es una respuesta
complicada. Tal vez México.
¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero la gente.
¿Es usted cruel? No.
¿Tiene muchos amigos? Los suficientes. A ver, la amistad está sobrevalorada. No me suelen
decepcionar porque no me hago grandes expectativas. Si tengo que decir algo
sobre la amistad, es que no tengo cientos de amigos, pero los que tengo son
buenos. En general. Aunque algún palo me han dado.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, compromiso y compañerismo.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. No tengo demasiadas expectativas. Eso también puede definir una sana
relación de amistad. Pero cuando no hay reciprocidad, tampoco funciona.
¿Es usted una persona sincera? Sí. Me gusta ser honesto y sincero. No me gusta darle demasiadas vueltas
a las cosas. Los que me conocen saben que no tengo pelos en la lengua.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? No tengo demasiado tiempo libre y he inclinado mi tiempo siempre hacia mi
vocación literaria. Mis aficiones, entre las que se encuentra principalmente el
cine, también van en esa dirección. Pero si tengo que decir algo, pues suelo
hacer algo de deporte y me gusta mucho viajar, visitar museos...
¿Qué le da más miedo? No tengo miedos. Quizás el típico miedo de que entren en la casa y rompan
todo, porque tampoco hay cosas de valor. Y los ladrones no están interesados en
los libros, que es lo que más hay en mi casa. Desde que leí A sangre fría siempre está el miedo de que entren a casa y te asesinen brutalmente,
claro. Jajaja. Pero eso forma parte de este tipo de vida líquida que vivimos,
con tanta inestabilidad. Algo de eso vaticinó Richard Sennett en La corrosión del carácter.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La estupidez actual. La
ignorancia. La maldad. Los niveles a que hemos llegado son inigualables.
Escandaliza a cualquiera.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Bueno,
soy escritor, soy poeta y crítico literario, pero me dedico profesionalmente a
la enseñanza. Creo que es para lo único que sirvo realmente, aunque se me dan
bien otras cosas. Por ejemplo, podría haber sido librero o bibliotecario.
Vender libros se me daría bien, pero no me gusta.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. Me gusta correr y también la piscina.
¿Sabe cocinar? Sí,
me encanta. Con mis parejas siempre he sido yo el que ha cocinado. Pero no soy
de cocinar recetas raras ni pijadas. Soy de comida tradicional. Especialmente
me gusta la pasta. Ensaladas, guisos típicos.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Hay muchos. Voy a decir dos, pero hay muchos más que podría citar. De los
femeninos, Úrsula Iguarán. De los masculinos, Andrei Rublev.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Imagino que la palabra amor.
¿Y la más peligrosa? Hay muchas. Odio, envidia (que es muy española), mediocridad…
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Creo que no. Pero es una respuesta compleja. Cuando fui joven y muy joven, me encontré en algunas situaciones muy complicadas. Fueron tiempos duros.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? He luchado mucho por ser quien soy. Estoy bien así. No retrocedería ni
una pizca ni cambiaría nada.
¿Cuáles son sus vicios principales? No sé si vicios. En general, abandoné los vicios que tenía hace años.
Ahora soy una persona con algunos hándicaps, eso sí, con algunas obsesiones y problemas.
Como todo el mundo. Pero no sé si vicios.
¿Y sus virtudes? Tenacidad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que me preguntaría si merece la pena luchar por algo, para luego
nada. No sé. La tentación del absurdo siempre está ahí. Imagino que sí, que
merece la pena. O al menos no nos queda otra. Así es la vida. Un misterio que
tenemos que rellenar como sea. Con la vida, claro. Ahí vamos.
T. M.
martes, 5 de mayo de 2026
Reseña de «Historia de la literatura española contada en una hora» en "Zenda"
lunes, 4 de mayo de 2026
Entrevista capotiana a Esperanza Luque
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Esperanza Luque.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Valencia, mi tierra. No
la cambiaría por nada.
¿Prefiere los animales a la gente? La mayoría de las veces.
¿Es usted cruel? No
me considero cruel, pero tampoco soy una persona perfecta y que no cometa
errores.
¿Tiene muchos amigos? No tengo pocos amigos, tampoco demasiados. Lo que sí puedo decir es que
los que tengo merecen la pena de verdad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean leales y honestos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Lo cierto es que no, he aprendido a elegir bien mis amistades.
¿Es usted una persona sincera? Sí, creo que es la cualidad más importante en una persona.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, jugando a videojuegos, corriendo… depende del día.
¿Qué le da más miedo? El día que mis seres queridos ya no estén aquí.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza que, fuera de mi
burbuja de amistades y rutinas, todo sigue igual. O va a peor.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Posiblemente,
hubiera acabado siendo veterinaria. Al fin y al cabo, todas las decisiones que
he tomado en cuanto a las carreras que he estudiado han sido por mi objetivo de
ser escritora.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hago running, pero estas semanas me he pasado a yoga porque estoy lesionada.
¿Sabe cocinar? Soy
vegetariana, así que me he visto en la obligación de aprender a cocinar para no
sobrevivir a base de «ensalada de…».
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Puede que solo me entiendan los de mi generación: a Britney Spears.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? La naturaleza tiene algo que
impregna de esperanza a cualquier alma.
¿Y la más peligrosa? Genocidio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, cuando digo que soy la típica que no mata ni a una mosca es que no lo
hago. Cojo mi vaso, un papel y saco el insecto que sea de mi casa.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Ya soy feliz con la persona que soy.
¿Cuáles son sus vicios principales? Soy una persona impuntual. Es algo que estoy mejorando, pero no sé medir
bien los tiempos por mucho que lo intente.
¿Y sus virtudes? Mis
dos mayores virtudes son la lealtad y la constancia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi gente.
T. M.






