jueves, 2 de julio de 2026

El último lobo de la exigencia literaria

 

László Krasznahorkai (Gyula, 1954) se mantiene fiel a sí mismo con esta novela que se publicó originalmente en 2021 y que lleva el singular título de Herscht 07769. La novela bachiana de Florian Herscht. Ya en su primera obra, Tango satánico (1985), se advertían rasgos que ahora se repiten: frases de longitud extraordinaria que avanzan con una cadencia sinuosa, ausencia de puntuación convencional y una sintaxis envolvente y mental que reproduce el flujo obsesivo del pensamiento en estado de deriva.

Aquella historia, ambientada en una aldea desolada, se organizaba según la lógica del tango —seis pasos adelante, seis hacia atrás— y giraba en torno a la llegada de un supuesto salvador que despertaba en los campesinos una mezcla de esperanza y temor. El escenario —una Europa poscomunista reducida a lodazales— se convertía en un mundo de esperas continuas, de ahí que los personajes de Krasznahorkai apenas actúen: más bien observan, sospechan o temen. Así las cosas, el movimiento en sus novelas es más bien mental, como se percibió en La melancolía de la resistencia (1989), su obra más conocida, donde un pueblo es sacudido por la llegada de un circo ambulante que transporta una ballena muerta.

Por su parte, también Guerra y guerra (1999) está compuesta por un único párrafo, sin divisiones, en el que la desesperación se vuelve estilo, y el estilo, filosofía: «He comprendido que el mundo entero va a ser destruido, que no hay salvación, ni refugio, y que cada segundo que pasa es otra forma de fracaso», se leía en aquel texto. En Herscht 07769, en cambio, el autor no suele subrayar la tristeza de manera sentimental, sino que la desolación aparece incrustada en frases aparentemente dichas con naturalidad.

El propio Krasznahorkai ha dicho que no escribe «para ser leído en la playa, sino para lectores que estén dispuestos a sufrir un poco, y pensar mucho». Es un reto, por tanto, abrir este su último libro y leer la primera frase, a modo de epígrafe anónimo, que reza: «La esperanza es un error». A partir de ese instante, la novela nos coloca en una situación harto curiosa: un hombre de una pequeña localidad de Turingia, el huérfano Florian Herscht, bondadoso y fortachón, escribe a Angela Merkel para advertirle de un peligro relacionado con el vacío y la antimateria.

Este contraste entre algo supuestamente serio pero absurdo en el fondo empapa la prosa de Krasznahorkai, quien consigue que nada parezca incompatible con nada. El protagonista vive en un lugar que ha devenido en refugio de un núcleo neonazi que contamina lentamente la vida del pueblo, y no acaba de entender en qué situación se ve inmerso. Más adelante aparecerá el recurso de la música de Bach, que lo ayuda a enfocarse o calmarse, y también la presencia de varias fieras en un bosque cercano, un detalle este que conecta con otro de sus libros traducidos al español, El último lobo (2009), una narración en primera persona sobre un largo viaje del autor por Extremadura y el impacto de conocer la historia del último lobo de España.

En fin, Herscht 07769 constituye un torrente tan hipnótico como agotador, y presenta un mundo violento, como cuando el llamado Jefe obliga al protagonista a cantar el himno alemán en el coche, intenta arrastrarlo hacia un grupo neonazi o se burla de él. Es un flujo narrativo que no da tregua al lector y que funciona por acumulación, pues cada pasaje de la historia arrastra otro, y cada recuerdo abre una desviación en el argumento, como si Krasznahorkai improvisase una prosa desordenada. Sin embargo, en realidad se elige muy bien qué decir para que el flujo de conciencia del narrador articule su objetivo: una inmersión en una mente y en un clima moral, de trasfondo histórico-político, en el que el lenguaje es un laboratorio donde expresar lo imposible: el interior humano.

Publicado en Cultura/s, 14-VI-2026

miércoles, 1 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Gonzalo Maier

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Gonzalo Maier.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? ¿Vale si digo el planeta Tierra?

¿Prefiere los animales a la gente? A veces, como todo el mundo. O sea, mientras no caiga en la jaula de los leones, prefiero a los animales. O mientras no esté rodeado de gente mala y aburrida y fea, me quedaría con los humanos.

¿Es usted cruel? Espero que no. Ojalá que no.

¿Tiene muchos amigos? Supongo que tengo los que debo tener. Ni uno más, ni uno menos. Unos son más cotidianos, otros más esporádicos, pero creo saber con quiénes podré contar cuando todo se vaya al carajo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Humor, por supuesto. Y cierta gracia a la hora de contradecirse o de descorchar botellas de vino o de pagar la cuenta en los restaurantes.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Una vez cada dieciocho meses, que no está mal. Las de ellos deben ser más frecuentes, en todo caso.

¿Es usted una persona sincera? ¿Qué pasa si digo que no?

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me gustaría tener un jardincito chico, coqueto, con flores de colores y enredaderas, pero no lo tengo y, visto así, puede que me falte tiempo libre.

¿Qué le da más miedo? Ay, ni siquiera lo podría escribir.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Que mis alumnos no prendan las cámaras cuando hago clases por Zoom y la FIFA.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiera gustado ser capitán de un velero chico y navegar por los canales del sur de Chile. También me hubiera gustado ser heredero. O rentista. El banquero anarquista, en el peor de los casos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Miro a mi hijo jugar rugby dos veces por semana. Intento caminar todos los días.

¿Sabe cocinar? No sé si lo hago bien, pero me gusta. Soy odioso y controlador y calculador y me frustro con facilidad, pero sí, he sobrevivido décadas sin que me cocinen.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Al Capitán Haddock.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Evelita.

¿Y la más peligrosa? ¿Cobardía?

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nah, ni de cerca.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Sencillo: un Estado que cuide y controle con diligencia.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Biólogo marino, astrónomo, astrólogo, contrabajista en una banda checoslovaca de free jazz, hacker, monje de alguna orden oscura y olvidada, dibujante de una tira como esas que hace décadas iban en los diarios, una ballena, una montaña grande.

¿Cuáles son sus vicios principales? El pan con queso debe ser el más grave. 

¿Y sus virtudes? Puedo tomar mucho café sin que me caiga mal. Dibujo gatos con cierta gracia. Regalo libros (y cosas en general).

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Un collage medio azaroso de mi infancia, imagino, que es lo único que tenemos.

T. M.

martes, 30 de junio de 2026

Un artículo sobre el hotel The Social Hub Madrid


Hoy aparece, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "Dormir frente al Palacio Real: así es The Social Hub Madrid".

lunes, 29 de junio de 2026

Entrevista capotiana a María Víllora

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Víllora.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Se me viene a la cabeza la casa de mi amiga y compañera Silvia, no por ser un chalé impresionante, sino por la paz que destila. Pero siendo realista, creo que mi casa del pueblo porque guarda todos los secretos de mi familia desde el siglo XVIII. Eso sí, muy importante que haya naturaleza y muchos libros y cartas. Pero, por supuesto junto a los míos.

¿Prefiere los animales a la gente? La mayoría de las veces sí. Son mucho más nobles que nosotros. A mí me hacen muy feliz, no concibo la vida sin ellos. Es verdad que tampoco la concibo sin muchas personas que forman parte de mi entorno, pero si tuviera que decidir pondría más animales y menos personas.

¿Es usted cruel? No. Todo lo contrario. Me considero muy empática y además soy PAS con lo cual las emociones del otro me afectan muchísimo. Sería incapaz de hacer daño a nadie intencionadamente.

¿Tiene muchos amigos? Creo que tengo los justos y necesarios. No echo en falta más cantidad de amigos. Me gusta tener personas en mi vida, de calidad, que me aporten cosas bonitas. Así que si son cinco, pues cinco buenos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Sobre todo, bondad. Es lo que busco en la gente en general. Buenas intenciones. No pido que sean perfectos porque no existen, todos hacemos daño en un momento determinado de la vida, pero para mí lo que cuenta es la intención. Si eres bueno, no puede haber malas intenciones en tus actos. Podemos enfadarnos, me puedo sentir herida, rabiosa, etc. Pero sabré que fue sin querer.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? En general no. Si te digo la verdad solo me vienen dos personas a la cabeza que me han decepcionado y las dos por el mismo motivo: el silencio. La no comunicación. Lo que ahora se llama gosthing, que de toda la vida ha sido hacer el vacío e ignorar. Eso no lo soporto, es lo que peor llevo de cualquier relación humana, que desaparezcan de mi vida sin darme ninguna explicación. Hay algo que se rompe dentro de mí porque me deja rumiando en bucle sobre qué es lo que hice mal. Con lo fácil que es hablar.

¿Es usted una persona sincera? Lo intento. Lo que no soy es brusca, si sé que algo va a hacer daño lo maquillo un poco. Por otro lado, también creo mucho en las parcelas privadas de cada uno y que hay cosas que tenemos derecho a guardarnos y no querer compartirlas con nadie y no por eso eres mala persona o hipócrita.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, escribiendo y entrenando. También con mi familia (incluidas mis perras).

¿Qué le da más miedo? No vacilo ni un segundo: la muerte. Es algo que me aterra, la incertidumbre de no saber qué hay después, aunque tengas fe como es mi caso. Pero la no certeza me genera mucho miedo y vulnerabilidad.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Uy muy pocas cosas. Me escandaliza la guerra y la violencia, chimpún. En lo cotidiano, las creencias y las formas de vivir y sentir no me suelen escandalizar nada porque me considero muy abierta de mente. Me he trabajado mucho el salirme de lo establecido y lo aprendido. He intentado labrarme mi propio camino y maneras de pensar. Lo que peor llevo es cualquier tipo de violencia o daño intencionado físico o psicológico.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Quería ser pastora para vivir en la montaña con animales. Me hubiera encantado ser veterinaria, pero como soy muy aprensiva y sensible, no habría podido. De modo que, siendo realista habría intentado ser cantante o tener una papelería-librería.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. Es mi vía de escape ya que tengo ansiedad. Intento entrenar varios días a la semana y hago ejercicios de fuerza y funcionales. Pero no voy al gimnasio porque me distraigo mucho, lo hago en casa con una entrenadora virtual y llevo años así.

¿Sabe cocinar? Sería un momento estupendo para no ser sincera y decir que sí, jajaja. Pero no voy a mentir, cocino lo básico. Me encantaría que me gustara porque a veces me meto en la cocina y pruebo recetas y además tengo la necesidad de controlar lo que como. Pero, así en general, no. Cocina mi pareja casi siempre (a él le gusta más eso de crear y experimentar).

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Federico Chueca (compositor musical del siglo XIX). Es mi tío tatarabuelo y siento verdadera admiración por él y su vida. Desde que mi padre me contó la historia de nuestro origen, me quedé tan fascinada que empecé a investigar sobre él. De hecho, mi segundo libro tratará sobre él y una parte de su vida que nunca salió a la luz y que gracias a ella yo estoy aquí.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Para mí: Confianza. Está llena de significado y de paz.

¿Y la más peligrosa? Aquí tendría 2: poder y odio. Sin duda la primera lleva a la segunda y de ahí nacen todos los males del mundo, desde mi punto de vista.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Jamás de los jamases. Antes conecto con la pena y la compasión que con el odio y la rabia. También te digo que soy de las que nunca dice nunca. No se sabe en qué situación te puede poner la vida. Estoy pensando en situaciones límite tipo defensa personal o vida o muerte.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Uy, qué peliagudo este tema. Al igual que mi edad, nunca digo mi ideología porque en alguna ocasión me ha traído problemas personales y evito el conflicto. Sólo diré que soy de la libertad y el respeto y de aquellos que defienden al más necesitado y luchan por la igualdad en todos los aspectos.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un ser de luz. O algo que no sufriera.

¿Cuáles son sus vicios principales? El chocolate y rumiar pensamientos obsesivos hasta que sufro.

¿Y sus virtudes? Mi empatía y capacidad para no juzgar a la ligera. Se me da muy bien ponerme en la piel del otro y escuchar.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Que no quiero irme tan joven, que me quedan muchas cosas por hacer. Entonces saldría mi lado frío y resolutivo para que el pánico no me invadiera, controlaría la situación y al final sobreviviría.

T. M.

sábado, 27 de junio de 2026

jueves, 25 de junio de 2026

Silencio, abismo y lenguaje

Tenemos aquí una novela que ha pretendido desafiar las convenciones narrativas al llevar al extremo una premisa argumental basada en una estampa elemental: dos hombres observan a un tercero que ha caído a un abismo. La escena, por supuesto, es tan estática como profundamente alegórica, y va a sostenerse a lo largo de cien breves capítulos donde reina lo que es aparentemente intrascendente: una espera, un pensamiento, un recuerdo. La firma Sebastián Martínez Daniell (Buenos Aires, 1971), autor también de Semana (2004) y Precipitaciones aisladas (2010).

«Dos sherpas están asomados al abismo. Sus cabezas oteando el nadir. Los cuerpos estirados sobre las rocas, las manos tomadas del canto de un precipicio. Se diría que esperan algo. Pero sin ansiedad. Con un repertorio de gestos serenos que modulan entre la resignación y el escepticismo.» Este inicio, sin embargo, no remite a un mero accidente en las laderas del Everest en el sentido de configurar una novela de montaña que podemos encontrar en sellos editoriales como Desnivel. Más bien la montaña representa un teatro enrarecido donde el lenguaje se vuelve protagonista.

Estos dos sherpas —identificados sin nombre propio, apenas como «el joven» y «el viejo»— contemplan el cuerpo de un turista inglés que ha caído a una saliente rocosa. No pueden alcanzarlo, no saben si vive o ha muerto, de tal manera que sólo cabe esperar; ¿el qué? Ni ellos lo saben. Lo importante en este sentido es que la anécdota genera introspección en el fondo y fragmentarismo en la forma, algo que no es nuevo en la andadura del escritor argentino, que tiende desde su primera obra a estas composiciones a modo de mosaico narrativo.

Se diría que el autor ha querido hacer una suerte de collage narrativo en que va a ir cabiendo una sucesión de asuntos diversos: el poder en la antigua Roma, la obra Julio César de Shakespeare para una representación escolar, la geología decimonónica o la pintura impresionista; el aspecto de monólogo interior del joven y de memorias del viejo, más la constante referencia a hechos pretéritos, constituyen el eje de la historia, si se le puede llamar así a estas páginas donde parece no suceder nada pero se asoman referencias al teatro, la política, la ciencia o la música.

Martínez Daniell elige, pues, una senda reflexiva, asentada en el lenguaje, sin linealidad en lo que consideramos la realidad; lo único real es el pensar, y esto es desordenado. En uno de los pasajes más elocuentes, el sherpa joven, mientras observa el abismo, se abandona a una fantasía: «Le gustan los barcos. Nunca estuvo en uno: no le importa. Le fascina la flotación. […] ¿Quién no envidia a las medusas y su deriva sobre el piélago? Esa sensación de dejarse llevar. Ese despliegue fosforescente y sutil, sin vanidad; que las corrientes se ocupen del resto. Flotar. Desentenderse del curso de la historia: no cargar esa cruz».

Este tipo de meditaciones en apariencia anodinas propulsa la sensación de llevar al lector a la deriva desde el punto de vista argumental. El sherpa viejo, que no es realmente viejo ni nepalí, sino un extranjero transterrado, encuentra en la montaña un exilio posible, acaso el único. De alguna manera, ambos protagonistas son identidades perdidas que protagonizan una viñeta en que esperan a un Godot alpinista que nunca va a solucionar el enigma del abismo. No hay nada exótico, ni idealizado; de hecho, el sherpa adolescente, aunque haya hecho cumbre un par de veces en el Himalaya, quiere irse a vivir fuera de su país (comparte techo con su madre viuda). Entre líneas, también se deduce el choque entre los occidentales adinerados que juegan a acudir a lugares remotos para tener experiencias de aventuras, por un lado, y los que buscan sobrevivir ofreciéndose como guías y acaban siendo mozos de carga, por el otro.

La prosa de Martínez Daniell es austera pero rica en imágenes, y consigue equilibrar bien lo lírico y lo reflexivo, la gravedad del pensamiento y el absurdo de la situación dada. En una de sus múltiples frases brillantes ꟷa menudo con alusiones intercaladas sobre la presencia del indispensable peso de los silencios, compuestos de feroces vientos, entre los dos personajesꟷ, se encuentra una forma de expresar el destino de los perdidos o migrantes: «En el destierro se transforman en parias: refugiados que encuentran su exilio en las montañas»; ese exilio es el rincón en que refugiarse para desarrollar un sentido crítico de las cosas, distanciarse del mundanal ruido y ver la vida en perspectiva. Como si estuviéramos en un precipicio y sólo contase el aquí y el ahora.

Publicado en Cuadernos Hispanoamericanos (núm. 908, junio 2026)

miércoles, 24 de junio de 2026

Entrevista capotiana a Martín Torres

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Martín Torres.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? San Sebastián, la ciudad donde vivo ahora, o Alcanadre, mi pueblo. En cualquiera de los dos sitios, pero siempre con mi familia. La compañía importa más que el lugar.

¿Prefiere los animales a la gente? Quiero mucho a los animales y adoro a mi perro probablemente más que algunas personas, pero hay que ser racional con este tema.

¿Es usted cruel? No.

¿Tiene muchos amigos? Unos cuantos buenos amigos. Y mucha gente a la que aprecio.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si los eliges bien y ellos te eligen bien a ti, te ahorras ese trago.

¿Es usted una persona sincera? Sí.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con mi familia, con mis amigos y, a veces, a solas con jazz, café y un buen libro.

¿Qué le da más miedo? Que no alcance el tiempo para todo lo que tengo que hacer.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de vergüenza y autocrítica de algunas personas.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Tengo la suerte de dedicarme a mis dos pasiones: soy médico de urgencias y escritor. Aunque la etapa juvenil en la que quise ser Indiana Jones aún no se ha apagado del todo.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Boxeo.

¿Sabe cocinar? Me defiendo. Tan limitado como en el boxeo.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mis abuelos, que fueron gente extraordinaria.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Familia.

¿Y la más peligrosa? En medicina están prohibidas las palabras siempre, nunca y seguro.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, nunca. Pero sé que todos somos capaces de llegar a ese punto. Yo, de momento, me limito a que esas esas cosas ocurran en la trama de mis novelas. 

¿Cuáles son sus tendencias políticas? No hablo de política ni en una cena de Navidad.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Estoy cómodo siendo lo que soy. Aunque, si pudiera elegir, me gustaría ser un médico de urgencias que no hace guardias de noche y dispone de algo más de tiempo para escribir su próxima novela.

¿Cuáles son sus vicios principales? Las galletas, como vicio. Y la poca capacidad para disimular cuando algo me aburre, como defecto.

¿Y sus virtudes? Soy tenaz y leal.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Veo gente morir a menudo, por mi trabajo. No tengo ni idea de lo que pasa por sus cabezas en el último instante, pero sí sé que todo el mundo piensa en la familia poco antes.

T. M.

martes, 23 de junio de 2026

Reseña de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en la revista "Estandarte"



Germán Ludeña ha tenido la amabilidad de escribir sobre Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas (Ediciones del Subsuelo) nada aparecer en librerías. Lo ha hecho en la revista digital Estandarte, de modo magnífico, con un texto titulado "El eterno desafío del escritor ruso: enfrentarse al poder para que sus obras vieran la luz".

lunes, 22 de junio de 2026

Entrevista capotiana a Marta Solano

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Solano.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegir un solo lugar, teniendo en cuenta lo inquieta y viajera que soy, sería para mí el peor castigo. Pero ya que hay que elegir uno, optaría por el lugar al que pertenezco, que me vio crecer y dónde tengo a la gente que quiero. Y ese lugar es Madrid.

¿Prefiere los animales a la gente? Aunque a veces pierda la fe en nuestra especie, me gusta conversar y me fascina la mente humana, tan compleja. Como escritora, para construir mis personajes, necesito adentrarme en la psique de las personas con sus miles de máscaras. Si tuviera que elegir un animal sería un lobo, por su belleza, naturaleza salvaje y porque necesito sentirme parte de una comunidad.

¿Es usted cruel? Nunca lo he sido, ni siquiera para protegerme. Soy todo lo contrario, me considero una persona compasiva y empática, a veces en exceso. En mis novelas, es un reto mostrar el peor rostro del hombre, porque siempre veo luz en la oscuridad del alma humana. Ser cruel con los más débiles me parece un pecado imperdonable.

¿Tiene muchos amigos? Soy una persona muy sociable que no me cuesta conocer gente y crear lazos con ellos. Sin embargo, con la edad he aprendido que es más importante la calidad que la cantidad. Afortunadamente conservo amigos de todas las etapas de mi vida y eso para mí es un regalo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La principal cualidad que comparten todos mis amigos es que son buenas personas. Me siento atraída por gente auténtica que pertenece a mundos distintos al mío, que me resultan fascinantes. Es importante que nos complementemos como personas. Si tienen sentido del humor y una buena conversación, qué más se puede pedir. Nunca sería amiga de personas superficiales, aburridas, interesadas, egoístas, tacañas o envidiosas.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? En general, mis amistades se enfrían por cambios de etapas vitales, no porque me decepcionen. Simplemente hemos compartido experiencias en un momento concreto y evolucionamos de forma diferente. Guardo un buen recuerdo en general de todos los amigos que he tenido en mi vida y me doy cuenta de que con la edad cada vez tengo más conocidos y menos amigos, soy más selectiva.

¿Es usted una persona sincera? No tengo filtros y soy de esas personas a las que se las ve venir, pero tampoco digo lo primero que se me viene a la cabeza. Soy bastante racional. Medito mucho lo que hago y digo, aunque me considero alguien sensible a todo a lo que pasa a mi alrededor.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mi mayor afición es escribir tomando una taza de café y viajar por el mundo para nutrir mis novelas y mi vida de nuevas historias. Al final, escribir es también viajar a otras épocas y lugares, así que mis dos aficiones están muy ligadas. Además, me considero una apasionada de la historia y del arte. Soy una persona muy familiar y me gusta hacer deporte siempre que puedo.

¿Qué le da más miedo? Me dan miedo muchas cosas: la mediocridad, el rechazo, la enfermedad y la muerte. Da miedo perder la memoria, dejar de saber quién eres, o ser consciente de todo y ver tu deterioro físico. Por eso trato de cuidarme, para tener una vida larga y autónoma. También creo que la vida nos va preparando para esos momentos, porque la naturaleza es sabia.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza la vulgaridad, la falta de educación, la hipocresía y el abuso de los débiles. Intento siempre pensar que hasta en las peores circunstancias, detrás del monstruo hay un porqué y un alma noble. A veces, cuesta, lo reconozco. No creo que haya gente mala sin más, pienso que su actitud responde a un trauma vital, a falta de oportunidades, a una debilidad… Intento comprender sus demonios y eso es un peligro para mi propia supervivencia. Pero creo que como escritora es un enfoque humanista que me diferencia.  

Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Sería periodista, que es mi profesión, guía turística o profesora de historia. Los tres oficios tienen algo en común: todos son formas de comunicar y esa es una necesidad para mí. Escribir es una herramienta para dar salida a muchas historias que me gustaría haber vivido.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, durante décadas jugué a baloncesto y ahora hago natación y voy al gimnasio. Hacer deporte forma parte de mi vida.

¿Sabe cocinar? Prefiero que me cocinen o disfrutar de la buena mesa en un gran restaurante. Nunca he tenido interés ni paciencia por la cocina. Tampoco soy una persona muy casera, en general.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin duda, a la reina Juana de Castilla, conocida como Juana Loca. Hija de los Reyes Católicos estuvo destinada a reinar, pero rechazó el cargo por amor. La triple traición de su padre, su esposo y su hijo provocaron que viviera gran parte de su vida entre los muros de un convento en Tordesillas. Su vida me parece fascinante y trágica.  

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Para mí la palabra que da sentido a todo, a lo que somos, a las canciones, a las grandes gestas, es AMOR.

¿Y la más peligrosa? Una palabra que no está en mi vocabulario ni en mi cabeza es RENDIRSE. No es una opción, siempre hay una salida. Si en la vida perdemos la ilusión o la esperanza, estamos perdidos.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca, ni en mis peores sueños. Solo intento sobrevivir.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy muy pragmática y no creo en siglas ni en ideologías. La política se ha convertido en un espectáculo lamentable, en un cruce de insultos sin argumentos. Los políticos se han ganado a pulso la desafección de la gente por su elitismo, vanidad y ambición. Creo en la política útil, la que de verdad piensa en el ciudadano, la que ya no existe.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría ser una pintura impresionista en el Museo de Orsay de Paris, mi pinacoteca favorita; una canción que emocionara a varias generaciones o una viajera en el tiempo.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy una gran golosa y una persona muy perfeccionista. Además, tengo el vicio de aprender constantemente de todo. Soy una persona inquieta a la que cuesta seguir el ritmo.

¿Y sus virtudes? Me considero muy sociable, curiosa, honesta y empática. Creo que mis virtudes llevadas al extremo se convierten en mis principales defectos. La línea es muy fina, a veces.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Imágenes de mi infancia feliz, del triple que anoté para ganar un campeonato, de mi primer amor, del parto de mi único hijo, imágenes de mis viajes por el mundo y de la banda sonora de mi vida. Pensaría en lo afortunada que he sido, en todos los sueños cumplidos, como el de ser escritora, y en los que seguro tendría por cumplir. Y para terminar me entregaría a mi fatal destino antes de que me comiera un tiburón.

T. M.

sábado, 20 de junio de 2026

Entrevista en Radio Vallekas y Radio Almaina por "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas"

 

He aquí la entrevista que esta semana me ha hecho Carlos Castrosín, en Radio Vallekas / Radio Almaina, para su programa Por qué estoy tan triste teniéndolo todo, a propósito de Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas (Ediciones del Subsuelo). También se puede leer la transcripción de la charla en este enlace de la revista Qué Leer.

viernes, 19 de junio de 2026

Entrevista capotiana a Mori Ponsowy

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mori Ponsowy.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En una novela que estuviera siendo escrita todos los días quizás por mí misma a mis 85 años.

¿Prefiere los animales a la gente? Los animales.

¿Es usted cruel? Lo necesario para no ser objeto de crueldad.

¿Tiene muchos amigos? No.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Poder hablar de las nubes y también de la tristeza.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces.

¿Es usted una persona sincera? Depende.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Jugando.

¿Qué le da más miedo? Que las personas que quiero mueran antes que yo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El siglo XXI. Pero también me apasiona.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Quizás habría terminado internada en un psiquiátrico. O drogadicta.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Todos los días practico, pero no siempre resulta.

¿Sabe cocinar? Depende de para quién.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A alguno de los personajes de mis novelas favoritas.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Todavía.

¿Y la más peligrosa? Siempre.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Claro.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Sospecho de cualquiera que esté demasiado seguro de tener razón.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un árbol.

¿Cuáles son sus vicios principales? Me gusta demasiado el silencio.

¿Y sus virtudes? Sobrevivir.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Espero que ninguna. Querría prestar atención a lo que está ocurriendo.

T. M.