martes, 2 de junio de 2026

Entrevista capotiana a Luis Sagasti

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Sagasti.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Alguna vez he pensado que si nunca se me permitiera ir a, pongámosle, Francia, no me sentiría en ninguna cárcel, pero habría un barrote molesto en el horizonte que me impediría disfrutar de todo el paisaje. Quiero decir que, aunque no tenga el menor motivo o impulso en abandonar un lugar, saber que no puedo hacerlo lo transformaría en una modesta sucursal del infierno. Dadas estas condiciones elegiría uno donde ocurran, imagino, muchas cosas, que todos los días tengan el sabor de los viernes y que se encuentre cerca del mar. Algo como Londres, se me ocurre ahora.

¿Prefiere los animales a la gente? Iba a responder “no, en absoluto” pero por supuesto que prefiero a mi gato Floyd -o cualquier otro ejemplar de cualquier especie, lo que incluye a las merluzas- que a todos los integrantes del gobierno de Milei incluido al mismo presidente.

¿Es usted cruel? No. Tengo un rechazo visceral ante todo tipo de crueldad. No sé si es genético o parte del plan con que fui educado pero la falta de empatía y el goce ante el dolor ajeno me sublevan.

¿Tiene muchos amigos? Nunca tuve a mano una definición palmaria de amigo y creo no necesitarla. Claro que al menos hay cuatro o cinco personas muy entrañables en mi vida a las que considero como tales. Tengo, sí, muchas situaciones de verdadera amistad con algunas personas; quiero decir relaciones de auténtica cercanía, afecto y complicidad pero que al no vivir en la misma ciudad hay algo de lo cotidiano que deja de compartirse. También tengo vínculos con amigos de la infancia y la adolescencia, gente que ha estado a mi lado en momentos muy duros, con los que no me veo nunca y con los que mas vale no hablar de política. Pero bien sabemos que nos tenemos unos a los otros cuando las papas queman.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No es que las ande buscando, pero el sentido del humor es algo que se vuelve casi indispensable a la hora de relacionarme más profundamente con las personas.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Solamente tuve una decepción, hasta donde recuerdo. Que no hubo de enojarme, sino que me dejó unas miguitas en las sábanas de mi ánimo. No me pelee con esa persona, sino que sencillamente se me fueron las ganas de verlo.

¿Es usted una persona sincera? Hasta donde la prudencia y el recato lo permitan, creo que sí.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Pese a estar encorsetado por horarios mayormente inamovibles y alguna burocracia de cierta elasticidad, al trabajar de mi vocación no puedo sino sentirme muy agradecido por la libertad que Tutatis ha decidido concederme en esta vida. Si la pregunta se orienta a qué hago por fuera del capital y sin compañía, pues… caminar supongo.

¿Qué le da más miedo? No sé por qué, pero creo que la locura ajena -no de la propia ya que es seguro que nunca me enteraré el día en que la realidad se haya alejado de mí.  Nunca estuve con gente trastornada o que haya sufrido un brote psicótico, pero estar junto a quien no entiende razones harto elementales es algo que preferiría evitar.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? No soy de escandalizarme fácil. Mi indignación se manifiesta ante la violencia política, de los holocaustos actuales, el avance de la extrema derecha, la intolerancia, el goce cruel.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Todas las alternativas a la escritura siempre fueron creativas; básicamente músico (pianista en un trio de jazz, cantante en un grupo de rock) o artista plástico. Pero si debemos obviar la creatividad siempre me atrajo la astronomía (claro que está ese molesto e inevitable detalle de las matemáticas) o la meteorología. O tener un vivero.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Todos los días en promedio hago una hora y media de algo: o gimnasio o tai chi (de alguna manera tengo que llamar a mis muy poco agraciados movimientos lejano-orientales) o camino/corro por un lugar muy lindo de mi ciudad.

¿Sabe cocinar? Si por cocinar entendemos la preparación de platos elaborados dejemos ese menester a mi hermano que es casi un master chef. Puedo hacer aceptables asados, algún pollo a la cacerola y, sí, unos lemon pies sobre los que mis invitados suelen santiguarse. Mas allá de esto, mis previsibles preparaciones (no muy sabrosas y casi siempre apresuradas, no tengo mucha paciencia al cocinar) bien pueden ser aceptadas, con cierta reserva, en un campo de refugiados

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi abuelo materno. Mas allá de amarlo, él ha tenido una biografía llena de alhajas. Fue perseguido político, integró la comisión que investigó la desaparición de personas en la última dictadura militar argentina, encabezó huelgas estudiantes (fue echado de la universidad y más tarde reincorporado), fundó, creo, uno de los primeros clubes nudistas de Argentina. Pero por sobre todas las cosas era una persona muy sabia, muy valiente y de una honradez infrecuente. Y se llamaba Serafín, que es el mejor nombre de abuelo que existe.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Como con la elección de colores, debería saber que otra palabra se encuentra al lado o se me permite incluir para darle el matiz preciso. Aurora es una palabra esperanzadora, sin duda. Debería precisar algún adjetivo, o el momento en que se la pronuncia porque también -ugh- puede incluir los acordes de Tomorrow belongs to me.

¿Y la más peligrosa? Con el color correspondiente puesto al lado creo que Miedo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Muchas personas me han causado violencia interna pero jamás se me pasó por la cabeza la idea de que se murieran, sea yo el ejecutor o no de ese acto. Sí me encanta, como toda persona de bien, planificar el crimen perfecto.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo en el Estado de Bienestar, en el Estado que regule las ambiciones desmedidas de las empresas, que proteja el derecho de los más débiles, que de educación y salud gratuita y de calidad a todos los habitantes, que proteja y aliente las artes que se encuentren por fuera del mercado. Uno tiene la sospecha que algo parecido a eso sucede o sucedió en los países nórdicos. Pues ese es mi norte.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Esta pregunta sí es de veras difícil porque me gustaría ser miles de cosas. Bueno, pensado así creo que me gustaría tener el poder de transformarme momentáneamente y a placer en cualquier cosa que desee (y sin pagar consecuencias por ello). Bailarín de tap, navegante, maestro de escuela…

¿Cuáles son sus vicios principales? Cuando alguien dice con voz grave algo así como que prefiere a Macbeth por sobre El rey Lear nuestros prejuicios nos llevan a suponer que este hombre ha leído todo Shakespeare y en inglés. Es difícil deshacerse de esa sinécdoque. Creo que con los vicios ocurre algo semejante. Uno puede decir que por las noches le gusta tomar whisky y allí nomás sobrevuela Bukowski, Keith Moon, Dylan Thomas y otros santos bebedores. Y en verdad se trata de un muy disfrutable y moderado vaso nocturno. Pido disculpas por mi previsibilidad, pero también me encanta ir a librerías y comprar libros.

¿Y sus virtudes? Creo ser una persona medianamente creativa y con una interesante capacidad para relacionar cosas. También soy extremadamente curioso. Tercera y última virtud: una orientación espacial que no adjetivaré.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Siempre se dice que en esas situaciones desfilan ante nosotros, y sin desdeñar ningún detalle, todos los hechos de nuestra vida en un instante. Algo así como un Aleph hecho de tiempo. Me gusta pensar que esa comparsa omite momentos tediosos y se congela en nuestros momentos rosebud: aquellos donde el ego se había disuelto en otros. Momentos de una intensidad tal que ya no nos importa que vengan a rescatarnos.

T. M.

lunes, 1 de junio de 2026

Un artículo sobre el Hotel Palace de Madrid


Ayer aparecía, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "El regreso del Palace: uno de los grandes símbolos de Madrid".

domingo, 31 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Mario Alonso

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mario Alonso.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una casa en el campo en Extremadura.

¿Prefiere los animales a la gente? Soy gran amante y conocedor de los animales, en especial de aves y mamíferos, pero jamás los pongo por delante de las personas.

¿Es usted cruel? En absoluto.

¿Tiene muchos amigos? Para mí hay tres tipos de círculos de amigos. Los conocidos, ahí tengo muchos. Los que ves de cuando en cuando y consideras buenos amigos, tengo bastantes. Los amigos íntimos, que son mas que hermanos, esos son pocos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que se alegren de que me vaya bien, que estén siempre disponibles para cualquier cosa que les pida, y que sean una buena persona. Yo trato de corresponder de igual forma.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, pero siempre hay alguna excepción.

¿Es usted una persona sincera? Sí, salvo que con la verdad pueda hacer daño a alguien de forma innecesaria.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Tengo muchas aficiones, en relación con la naturaleza, a la cultura, en especial la literatura, practico algunos deportes, y cultivo mucho las relaciones con la familia y los amigos.

¿Qué le da más miedo? La invalidez.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La corrupción y la deslealtad.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo que solo valgo para la literatura.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí , varios deportes y mucho andar por el campo.

¿Sabe cocinar? No mucho, aunque hago algún pinito, en especial con los arroces.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Cualquier escritor de los que admiro, mi lista es larga.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Oropéndola, cuando la pronuncio me genera una alegría difícil de explicar. Es un pájaro espectacular, por sus colores y por su trino, y para mi simboliza lo más bonito de la naturaleza.

¿Y la más peligrosa? Odio, la odio. Y también, inteligencia artificial.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí, últimamente a algunos dirigentes políticos de varios países que nos están jodiendo el presente y el futuro.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me interesa mucho la política porque determina muchos aspectos de la vida de los ciudadanos, pero no creo en los partidos políticos. En todo caso, mi tendencia es hacia los que representan opciones progresistas.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un pájaro, a ser posible longevo.

¿Cuáles son sus vicios principales? Creo que vicios no tengo, quizás, la hiperactividad.

¿Y sus virtudes? Mi capacidad de liderar.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Ya me ha pasado, estuve muy cerca de que me ocurriera, y lo cierto es que solo pensaba en salvarme.

T. M.

sábado, 30 de mayo de 2026

Un artículo sobre el Hotel Intelier Casa de Indias


Ayer aparecía, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "Hotel Intelier Casa de Indias: historia, arquitectura y vida sevillana en un solo lugar".

viernes, 29 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Serge Magerit

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Serge Magerit.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En el mundo de El Silencio del Hegemón, probablemente elegiría el Mar de Sauces. Lo imagino como un lugar tranquilo, de hierba fresca y túneles infinitos de árboles púrpura y malva, uno de esos rincones donde sería fácil perderse durante horas. Fuera de la ficción, elegiría una casita frente al mar. Añoro el sonido de las olas, el viento salado y la arena cálida bajo los pies. Siempre he pensado que las costas tienen algo profundamente evocador, varias de mis mejores escenas nacieron durante mis largos paseos por la orilla. Quizá por eso el mar termina encontrando su lugar en muchas de mis historias.

¿Prefiere los animales a la gente? Elegiría a mi gato Pippin por encima de muchas personas, pero, por lo general, soy una persona de personas. No podría vivir aislado. Soy demasiado cariñoso y charlatán para eso. Necesito las conversaciones largas, las historias y el afecto de los míos. Si paso demasiado tiempo solo, termino hablando con la radio.

¿Es usted cruel? Pregúntales a mis personajes (risas). Fuera de bromas, en la vida real siempre he sido demasiado blando. Soy muy empático, un justificador nato. Aunque con los años he entendido que poner límites es tan necesario como aprender qué silencios vienen a descansar y cuáles vienen a quedarse.

¿Tiene muchos amigos? Estoy rodeado de mucha gente que me quiere, soy muy afortunado en ese sentido. Pero con los años he aprendido que los amigos de verdad son pocos. Hay un puñado a los que confiaría mi peor versión, y eso ya es muchísimo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, empatía y mucho sentido del humor. Desconfío de la gente que no se ríe a carcajadas. Algo traman.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Rara vez. La felicidad se esconde en el control de las expectativas.

¿Es usted una persona sincera? Con todos menos conmigo mismo. Pero estoy trabajando en ello.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Un café con leche enorme, algo de música y unas horas escribiendo mientras la calle todavía está en silencio. Las mañanas tranquilas del fin de semana se han convertido en uno de mis lugares favoritos. Luego vuelvo a la civilización: cine, cervezas y conversaciones eternas con amigos. Y algún viaje de vez en cuando, siempre en buena compañía.

¿Qué le da más miedo? Una vida sin amor. Pero soy bastante combativo con estas cosas, soy un firme defensor de que no se puede vivir con miedo. Los griegos tenían una expresión que me gusta mucho: οδεìς βίος ν φόβ. “No existe una vida digna dentro del miedo.”

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me cuesta muchísimo entender a la gente que hace sentir pequeños a los demás. Un líder que no defiende a su equipo, alguien tratando mal a un camarero… son cosas que me cabrean de verdad.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Pintar seguro que no, mi nivel rivaliza con el de un niño de cinco años. Probablemente habría terminado dedicándole más tiempo a la música. Siempre me fascinó la capacidad que tienen algunas bandas sonoras para elevar una escena. Estoy bastante orgulloso de una lista de Spotify que he ido cebando con los años. ¡Ya supera las treinta y siete horas y sigue creciendo!

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? He jugado toda mi vida al baloncesto, pero ahora solo hago escalada y levantamiento esporádico de pesas. También disfruto de las partidas a la PlayStation mientras hago bici estática.

¿Sabe cocinar? Me defiendo, pero mi abuela seguramente se reiría a carcajadas si leyera esta respuesta.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Podría pasarme horas hablando de Boromir, Elodin o Jaime Lannister, pero para mí el más inolvidable es Aquiles. La idea de alguien obligado a elegir entre vivir y ser olvidado, o morir para convertirse en leyenda, me parece una de las cosas más tristes y hermosas que se han hecho nunca. Esa tensión constante entre gloria y tragedia ha influido mucho en mi forma de escribir.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Música. Algunas canciones tienen el extraño poder de recordarnos quiénes fuimos cuando ya empezábamos a olvidarlo.

¿Y la más peligrosa? El ego. Hay algo agotador en esta necesidad constante de convertirnos en el centro de todo. A veces tengo la sensación de que vivimos rodeados de personas intentando convertirse en monumento.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? A la mayoría de mis personajes. Pero me contengo, cada uno debe seguir su arco. Soy bastante obsesivo con esos pequeños detalles y disfruto escondiendo pistas y frases aparentemente inocentes que solo cobran sentido mucho más adelante o durante una relectura. La cantidad de spoilers encubiertos que esconden los primeros capítulos de El silencio del Hegemón probablemente daría para otra entrevista. Quizá esa sea la mejor enseñanza que me dejó Patrick Rothfuss: las mejores historias siempre esconden algo nuevo cuando vuelves a ellas.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Tengo mis ideas, pero no soy muy amigo de divulgarlas. La política tiene una facilidad terrible para dividir a las personas y romper lazos, y eso siempre me ha entristecido un poco. Tolkien entendía muy bien lo que el poder podía hacerle a la gente, merece la pena releerlo de vez en cuando.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un gato casero. Viven como reyes.

¿Cuáles son sus vicios principales? Los dulces. Soy un pozo sin fondo. Y la cabezonería. Cuando algo se me mete en la cabeza, mal asunto…

¿Y sus virtudes? Supongo que se me da bien cuidar de las personas. Nunca he sabido mirar hacia otro lado cuando alguien lo está pasando mal. También me gusta mucho solucionar conflictos y puzles, me distrae resolver de problemas.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?  Mis padres, mi hermano y mi familia en general. Mis años en el colegio, las tardes jugando al baloncesto en Mazagón y los paseos por la playa con mi tío. Mis amigos, los amores que me hicieron crecer, mis tutores en la universidad, la fresca hierba de Cambridge… y decenas de escenas con mis amigos que me guardo para mí.

T. M.

jueves, 28 de mayo de 2026

Manuel Puig y la dignidad del folletín


En una conversación con Nora Catelli publicada en «Quimera» en 1982, Manuel Puig decía algo aparentemente simple pero decisivo para entender toda su obra: «Para mí, narrar es, de algún modo, conocer». La frase aparece mientras recuerda sus años italianos, pero en realidad funciona como una definición general de su literatura. Puig nunca dejó de creer en el placer narrativo, en la fuerza del melodrama y en la necesidad de contar historias, incluso cuando buena parte de la cultura prestigiosa sospechaba de esas formas consideradas «menores». Su gran descubrimiento fue comprender que el siglo XX hablaba mediante materiales despreciados: folletines, canciones sentimentales, frases hechas, películas de Hollywood, radionovelas o conversaciones triviales. Con todo eso construyó una de las obras más originales de la literatura hispanoamericana.

Durante mucho tiempo se repitió que Puig no tenía estilo, pero esa supuesta carencia era justamente la novedad radical de Puig, pues no buscaba una prosa inmediatamente reconocible, ornamentada o prestigiosa; es más, su literatura parecía desaparecer detrás de las voces de los personajes, como si quisiera inventar una narrativa construida a partir de la escucha. Algo que tenía mucho que ver con el cine. Así, cuando llegó a Italia en 1956, con una beca, llevaba consigo una devoción absoluta por Hollywood y directores Lubitsch, Hitchcock y Lang. Pero se encontró con un clima intelectual dominado por el neorrealismo y por la sospecha hacia la narración clásica. Puig entendió que esta jamás podría ser un adorno superficial, sino una forma de organizar la experiencia humana, y defendió esa idea sin abandonar nunca la experimentación formal, de ahí que sus novelas sean técnicamente complejas pero estén construidas con materiales que parecían indignos de la gran literatura.

Ahí aparece el núcleo de su obra: el folletín, el melodrama y la cultura sentimental de masas, ya que los hijos de inmigrantes y ex campesinos habían aprendido a sentir mediante el cine, la radio y las letras de tango; por eso parte de la crítica interpretó su obra desde lo kitsch y el sentimentalismo popular. Sin embargo, Puig no contempló a sus personajes desde arriba; incluso cuando hablan mediante clichés absurdos o frases melodramáticas, el escritor conserva hacia ellos una mezcla de ironía y ternura.

Su intuición más profunda era que las fantasías aparentemente ridículas contienen deseos auténticos. Y esa idea alcanza una formulación extraordinaria cuando habla de «Pubis angelical», en que quiso separar lo que la protagonista controla racionalmente de aquello que pertenece a «sus fantasías reprimidas, sus miedos, sus deseos inconfesados». Entonces añadió una frase magnífica: «Yo supongo que el inconsciente está poblado por el folletín, habla en términos altisonantes». Pocas definiciones mejores podrían darse del universo de Puig. El inconsciente moderno ya no habla el idioma de la tragedia clásica, sino el del melodrama cinematográfico y la novela sentimental.

La emoción dramática

Hay en su literatura, por otro lado, una preocupación constante por la imposibilidad de cambiar completamente. Sus personajes suelen vivir atrapados entre lo que creen pensar y aquello que aprendieron sentimentalmente en la adolescencia, de tal manera que la educación emocional deja marcas más profundas que las ideologías, una tensión esta que aparece de manera perfecta en «El beso de la mujer araña», probablemente su novela más célebre. La novela representó una verdadera revolución porque consiguió unir experimentación formal, reflexión política y emoción melodramática. La historia se sostiene sobre dos hombres encerrados en una celda: Molina, homosexual y apasionado por las películas románticas, y Valentín, militante revolucionario. Molina narra películas para sobrevivir al encierro, y Puig convierte esas narraciones sentimentales en el corazón emocional y político del libro.

Y aquí cabe hacer un aparte, pues en Argentina, el comportamiento homosexual podía llevar a un arresto o, al menos, a la humillación de verse etiquetado como «puto, palabra que siempre lo haría encogerse de vergüenza», como explicó su biógrafa Susanne Jill Levine. Puig, que solía vagar por La Boca, sintiendo el suspense y a la vez la atracción de lo prohibido, morirá en 1990 con la duda de si el sida ha sido el culpable. El caso es que en «El beso de la mujer araña», nunca trata a Molina como caricatura ni como símbolo abstracto, sino que el personaje está construido precisamente a partir de aquello que la cultura «seria» había despreciado: estrellas de cine, glamour, frases románticas, melodramas lacrimógenos. Pero Puig invierte todas las jerarquías culturales tradicionales y lo que parecía banal se vuelve profundamente humano. La adaptación cinematográfica de Héctor Babenco, estrenada en 1985, comprendió perfectamente esa complejidad. William Hurt interpretó a Molina sin convertirlo en simple emblema de la diferencia sexual, el actor ganó el Oscar por el papel, y la película convirtió internacionalmente a «El beso de la mujer araña» en una de las grandes historias queer, diríamos hoy.

Con todo, quizá el aspecto más fascinante de Puig siga siendo su método de trabajo, como contó Puig alrededor del origen de «Maldición eterna a quien lea estas páginas». Durante su estancia en Nueva York conoció en una piscina a un hombre llamado Larry. Lo observaba nadar y le intrigaba aquel individuo en apariencia perfecto y solo. «Yo quería ser él y él quería ser yo», recordó. Finalmente, le propuso encontrarse varias veces por semana para conversar. «Él no quería grabadora, así que todo lo que iba diciendo yo lo escribía a máquina. Ese diálogo, en el que yo me ponía en el lugar del viejo, es la novela». La anécdota revela hasta qué punto Puig concebía la literatura como una forma extrema de escucha. Sus novelas parecen espontáneas, pero están construidas mediante un trabajo minucioso sobre la oralidad, las interrupciones, los lugares comunes, las frases mal dichas y las fantasías sentimentales. Nadie habla nunca con una voz completamente propia, como si todos estuviéramos hechos de frases escuchadas en otra parte.

Publicado en La Razón, 15-V-2026

miércoles, 27 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Isolda Patrón-Costas

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Isolda Patrón-Costas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Un lugar que me permitiera ver el mar. La sola idea de no poder salir de un sitio me produce angustia, pero, si frente a mí tengo un horizonte que no acaba, todo es distinto. El mar me calma.

¿Prefiere los animales a la gente? Siempre me han dado más miedo las ciudades que la naturaleza, quizás porque la gente es mucho más imprevisible.  

¿Es usted cruel? Si tomamos como punto de partida que la crueldad es una falta de empatía, no puedo considerarme cruel. 

¿Tiene muchos amigos? Conozco a mucha gente y tengo una parte muy sociable, pero la amistad es algo que lleva tiempo y que está en continua evolución. Admiro a aquellas personas que han sido capaces de conservar una amistad desde la infancia. En mi caso, he vivido en muchos sitios distintos, y eso se ha traducido en que no siempre las amistades han sobrevivido.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que tengan la generosidad de entender la vida como algo más allá de un intercambio de bienes. La escucha y la empatía para ponerse en el lugar del otro.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Con los años he aprendido a no esperar nada… la amistad a veces tiene que ver con compartir una misma vibración, una misma forma de estar en el mundo. Y a veces esas conexiones se dan por períodos limitados. Hay que aprender a ser flexible con todo, y a soltar cuando toca.

¿Es usted una persona sincera? Sí, es una cualidad que admiro e intento cultivar.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta leer, escribir, estar en contacto con la naturaleza, pintar y jugar con mi perro, Happy.

¿Qué le da más miedo? Me doy cuenta de que muchas veces nos pasamos la vida persiguiendo algo, no se sabe bien el qué: un sueño, una vida en plenitud, y vamos a la carrera con la sensación de que nunca llegamos. Cuando paras, te das cuenta de que, en realidad, tienes todo lo que necesitas.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandalizan las guerras, la muerte de niños inocentes por los egos desatados del ser humano, por la codicia y el afán de poder.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? De pequeña siempre soñaba con ser aventurera, protagonista de cualquiera de las historias de Julio Verne… quería ser pirata, aviadora, viajera, descubridora de nuevos mundos… ser escritora es parte de eso: inventar los sitios a los que quiero llegar.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Salgo a correr dos o tres veces en semana y, fuera de eso, me encanta todo tipo de actividad física, sobre todo las que tienen que ver con el agua.

¿Sabe cocinar? Sí y disfruto mucho de la cocina. Me relaja.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Una bibliotecaria que regentaba la Biblioteca donde yo iba todas las tardes después de la escuela. Yo tenía 7 años, nos acabábamos de mudar de Barcelona a un pueblo costero y, después del colegio, buscaba refugio allí. Había una sección de niños, pero yo prefería hablar con esa mujer que me escuchaba atentamente y siempre me recomendaba un libro que me llevaba a otro, y a otro… Años más tarde me enteré de que ella le pedía mis trabajos de escuela a la directora del colegio, para entender hacia dónde iba mi curiosidad insaciable. No recuerdo su nombre, pero sí su sonrisa.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Para mí la palabra anhelo siempre implica un viaje y una esperanza, deriva del mismo concepto etimológico que hálito y, por tanto, lo asocio a la vida.

¿Y la más peligrosa? La palabra “verdad” puede ser peligrosa, por el poder que se le ha otorgado históricamente.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, más allá de desear que alguien no esté en mi vida… y en ese caso he sido yo la que se ha marchado.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que tienen que ver con ayudar, con proteger a los que tienen menos y con la búsqueda de una mínima justicia social. En realidad, la política en la que creo es la de la coherencia y el querer para el otro, lo que uno desea para uno mismo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Trabajo como directora de producción en cine y me encantaría dirigir. Estoy actualmente intentando sacar adelante mi primera película como directora. Aparte de eso, a veces pienso que me hubiera encantado ser bailarina, o acróbata… cualquier cosa que tenga que ver con el movimiento.

¿Cuáles son sus vicios principales? Supongo que un vicio puede ser la palabra… Me encanta conversar; es para mí una forma de estar en el mundo, de asirme a él a través de la narrativa y de lo que uno es capaz de nombrar. Busco entender y entenderme…

¿Y sus virtudes? Soy optimista y una trabajadora incansable. Y nunca renuncio a mis sueños.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Siempre he creído que ahogarse tiene que ser una forma muy dura de morir… pero quiero pensar que en ese instante en que tu mente va por libre y desaparece “el dolor”, las imágenes que querría que me acompañaran serían las de un ser que vuela, una mariposa, una hoja suspendida en el aire, libre de todo peso…

T. M.

martes, 26 de mayo de 2026

Bad Bunny: ¿Lo escucharemos en 200 años?

 

El cuerpo en Bad Bunny nunca es solamente un cuerpo, y si de algo habla el cantante puertorriqueño en sus canciones, es del cuerpo femenino: de lo que tiene de atractivo y bello, de deseable, de lo que ya forma parte de la distancia o el recuerdo, de lo que da para el amor y el placer. En sus canciones, las nalgas, el sudor, las cadenas, las uñas largas, el perfume, el alcohol o el movimiento del perreo forman parte de un archivo cultural que es propio por renovado de forma rotundamente original, pero a la vez hispanoamericano donde deseo, clase social, barrio, fiesta y migración se mezclan constantemente. Por eso, cuando Bad Bunny menciona «las colombianas», «las boricuas», «las venezolanas» o «las dominicanas», no está haciendo únicamente una enumeración sexual que pueda enfurecer a las feministas más combativas: está trabajando con imaginarios colectivos profundamente instalados en la música urbana de la América hispana.

Acudir a uno de sus conciertos en España, el último ayer en el Estadi Olímpic Lluís Companys, en Barcelona, con motivo de su gira «DeBí TiRAR MáS FOToS», es asistir a una clase muy seria de conservatorio en la que es imposible concentrarse y aprender, porque sólo se disfruta, sólo se siente en… el cuerpo. El Conejito Malo de la contemporaneidad musical ꟷsu apodo proviene de una fotografía de su infancia en la que aparece disfrazado de conejo con gesto enfadadoꟷ lo fusiona todo, y al hacerlo, se fusiona con un público entregado, que regala su alma al intérprete con una naturalidad, ligereza y bonhomía difíciles de igualar en la cultura popular de este siglo acelerado y marcado por la música en lenguaje inglés. El bueno de Benito Antonio Martínez Ocasio ꟷnacido en 1994 en Vega Baja, Puerto Ricoꟷ actúa con tanta gracia y relajación, que antes de salir al escenario ya se ha metido en todos los bolsillos de su vestidor.

Así, cuando aún lucía un sol crepuscular, sonó lo que tenía que sonar: salsa, plena y ritmos tradicionales boricuas; la instrumentación caribeña más autóctona mezcladas con bases electrónicas y el inevitable reguetón, omnipresente y omnipotente. Un concierto para cantar y perrear en la montaña de Montjuic para celebrar estar vivos, por esa dimensión contagiosa de una música que se instala en tus huesos y unas letras que te hacen desde susurrar hasta desgañitarte. El reguetón y el trap, mal llamado latino (por la influencia norteamericana del «latin», como si aún estuviéramos en el Imperio romano), el «dembow» dominicano, la salsa, la bachata, el merengue, el «house», el «R&B»… Sus canciones pasan con fluidez del golpe seco a melodías melancólicas cercanas al bolero pop, a composiciones festivas de carnaval afrocaribeño. Todo eso aparece exagerado, deformado y amplificado en las letras, y tal vez por eso es tan divertido, tan original, tan libre.


De Puerto Rico a Nueva York

Ya desde el inicio, con «La mudanza», dejó claras sus intenciones de hacer feliz al respetable, al conjugar ritmos caribeños tradicionales con bases urbanas contemporáneas, como si estuviera escribiendo con la respiración un manifiesto identitario. Porque hay cantantes, artistas en general, que arrastran su origen, como si en verdad estuvieran obligados a ello. Nadie es cubano impunemente, por ejemplo, más si cabe en el caso de los exiliados, y su tierra de origen y su régimen dictatorial forman parte de su ADN allá donde vayan. Y algo parecido ocurre con Puerto Rico y sus músicos, que reivindican su suelo natal, como si no fueran sólo ellos mismos sino el lugar de procedencia. Lo cual encarna dos cosas: si uno «es» nada menos que la realidad de un país, ese efecto propagandístico, en apariencia bienintencionado, repercute en su comercialidad, en su negocio.

Una vez, James Rhodes, el pianista británico afincado en España, dijo que no entendía la popularidad del reguetón y de Bad Bunny, y comparó la permanencia histórica de Beethoven con la música urbana actual, además de añadir: «¿Vamos a escuchar a Bad Bunny en dos siglos? Pues no, ni de coña». Sin embargo, ¿no será al revés en realidad? ¿No será que Bad Bunny, una estrella del firmamento musical, pasará a los libros de historia en su ámbito, y Rhodes ꟷque suele actuar con una camiseta blanca de manga corta que pone «Bach»ꟷ sólo será un intérprete más de música clásica, como tantísimos otros, que nunca creó nada y sólo copió partituras ajenas? El genio de Bad Bunny consiste en comprender el momento cultural y musical, otorgarle una cadencia determinada y rodearse de un marketing prodigioso y de los tópicos más socorridos del pop norteamericano ꟷchicas en bikini en yates surcando un mar donde ni se conocen las palabras «problema» o «aburrimiento»ꟷ, como se aprecia en sus videoclips hechos, por destacados realizadores.

Y todo con su arma más poderosa: el humor, tal vez sin querer, siendo él mismo. Miren, si no, su intervención (apenas unas pocas canciones) en «petit comité» que dio en Tiny Desk Concert, en unas oficinas de Manhattan, cuando se puso a hablar de algo totalmente «random» y personal y al cabo del rato se dio cuenta de que estaba hablando en español. Bueno, en su español. En el español con el que ha diseñado «Perfumito nuevo», «Neverita», «Si veo a tu mamá», «Voy a llevarte pa PR», «Me porto bonito», «No me conoce», o «Yo perreo sola», un manifiesto sobre autonomía femenina y libertad sexual. No me negarán que los títulos son irresistibles. Este triunfador global que nunca deja de sentirse muchacho de barrio, es capaz de poetizar el trasero de las mujeres doradas por el sol o escribir otra pieza que sonó hacia el final de la actuación, «Ojitos lindos», como si estuviera describiendo cómo le mira el público y él mira a quienes bailan con él.

 

El lenguaje badbunnyero

No es lo mismo en absoluto escuchar a Bad Bunny desde la lejanía que haberlo hecho tras conocer Puerto Rico y sus hábitos lingüísticos, pues sus canciones están tan llenas de referencias locales que sin duda a muchos oyentes se le escaparán. Cuando canta sobre «Condado», por ejemplo, lo hace de la mejor área de San Juan, llena de condominios frente al Atlántico, y algo parecido sucede con «mahón», palabra que fuera de la isla puede sonar extraña, pero que en el español boricua cotidiano significa simplemente jeans o pantalones vaqueros. Ese universo se expande constantemente en su vocabulario: «janguear» es salir de fiesta; «bellaquear» alude al deseo sexual intenso; «tener piquete» no es solo vestir bien, sino poseer una actitud desafiante y magnética; «meterle» puede aludir tanto a esforzarse como a insinuaciones sexuales; «romper» equivale a triunfar de manera aplastante; «bicho», dependiendo del contexto, puede significar insecto, problema o directamente pene, y de ahí nacen palabras como «bichote», originalmente vinculada al narcotráfico y al poder callejero. También aparecen términos aparentemente inocentes cargados de insinuación como, claro está, «perrear», que implica un tipo de baile corporal, rozado y sexualizado que se convirtió en uno de los lenguajes centrales de la música reguetonera. Incluso lugares aparentemente secundarios terminan cargados de sentido emocional. Santurce, Vega Baja, Calle Loíza o las marquesinas familiares aparecen en sus letras como escenarios sentimentales de una memoria colectiva boricua. Además, Bad Bunny utiliza mucho el spanglish puertorriqueño con vocablos como «shorty», «baby», «broki», «party», «flow», «feeling», «outfit» o «mood». Por eso muchas letras de Bad Bunny producen una sensación curiosa fuera del Caribe: millones de personas las cantan fonéticamente sin captar todas las claves que esconden. Y, sin embargo, precisamente esa resistencia a volverse completamente transparente es lo que mantiene viva su identidad puertorriqueña dentro del pop global; es como si sus canciones no se tradujeran del todo. Y esa quizás es una de las razones por las que Bad Bunny ha logrado convertirse en estrella planetaria sin abandonar del todo el idioma íntimo de su isla. Ha conservado el habla local, las deformaciones fonéticas, la jerga callejera y los códigos culturales de Puerto Rico incluso sabiendo que millones de personas cantarían esas palabras sin comprenderlas del todo. Sin duda, aparte de su voz tan particular, ahí reside buena parte de su magnetismo: sus canciones viajan por el mundo, pero nunca dejan de sonar como si todavía salieran de las coloridas calles del Viejo San Juan.

Publicado en La Razón, 24-V-2026

fotos: Sergi P. Naches