jueves, 1 de octubre de 2026

Reseña de "Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas" en "Qué Leer"

 

En la revista Qué Leer del mes de septiembre (núm. 330), en su habitual sección "Lo bueno", Carlos Castrosín ha dedicado parte de su a espacio a escribir sobre mi libro Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas (Ediciones del Subsuelo, 2026).

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a Carlos Gutiérrez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carlos Gutiérrez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Ahora mismo, aquí exactamente donde vivo. Estoy cerca de las personas (y animales) que más me importan.

¿Prefiere los animales a la gente? Las personas también somos animales. Los animales no humanos cuentan con menos recursos para defenderse de los animales humanos, que a menudo son crueles con ellos, de modo que merecen mi compasión.

¿Es usted cruel? La crueldad, como tantos otros términos, es algo relativo. Un acto puede ser cruel para una persona, pero una bendición para otra. Aunque no sea exactamente la pregunta, diré que intento no dañar a nadie (incluyendo a todos los seres sintientes) de manera voluntaria con mis palabras, acciones o pensamientos.

¿Tiene muchos amigos? Define “amigos”. Y no los tengo, pues es algo que no puede poseerse. Cuento con algunas (pocas) personas con las que puedo contar y en las que puedo confiar.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Ninguna. Cada persona es como es, y si no hay una afinidad natural, no por cualidades, gustos, etc. afines, sino porque sí, porque hay personas que encajan (aunque sean muy distintas), entonces algo llamado amistad sería forzado.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si no hay expectativas, no hay decepción.

¿Es usted una persona sincera? No. Lo intento, y mucho, pero la mentira está por todas partes, no solo en decir cosas que sabes que no son ciertas, sino también lo son las insinuaciones, las exageraciones… Hasta las opiniones suelen serlo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? No entiendo mucho lo de tiempo libre. ¿Es el tiempo que queda después de trabajar? En mi caso no hay una línea del todo definida entre trabajo y no-trabajo. Me gusta leer, escribir, escuchar música, meditar, estudiar temas que me interesan, pasar tiempo con gente querida. No sé, estas con algunas cosas.

¿Qué le da más miedo? Creo que tendría que decir “no estar”. No la muerte en sí, sino el hecho de “no estar”. Pero estoy trabajando en ello.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Creo que nada.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Bueno, no “soy” escritor, si eso se refiere a trabajar de ello. No “soy” nada en ese sentido, porque una persona no “es” su profesión. Me gusta la música (no toda, claro), por ahí se podría haber hecho algo.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? ¿Cuenta andar? Si no, muy poco, la verdad. Una pena.

¿Sabe cocinar? Sí. No soy un experto, pero sí.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? King Diamond.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? No soy muy partidario de la esperanza, creo que puede llegar a ser peligrosa.

¿Y la más peligrosa? Es una pregunta muy difícil. Diré “ignorancia”. Detrás de ella se encuentran las guerras, los abusos, los fanatismos, la violencia, la falta de compasión…

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Ostras, diría que no. Aunque seguro que he usado la frase “te mataré”, en plan jocoso. Pero aunque sea en broma, intento no pensar o verbalizar cosas que no siento.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? No tengo. Mejor dicho: no me siento identificado con ninguna.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un perro en una buena casa me iría bien. También algún pájaro, por aquello de volar.

¿Cuáles son sus vicios principales? Puede que música y café.

¿Y sus virtudes? No sé si es muy correcto hablar de posibles virtudes propias. Por cierto, no sé si hay una lista oficial o algo así de cosas que puedan ser virtudes, pero lo que para alguien es una virtud, para mí puede ser casi una tara, o a la inversa.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que es un supuesto tan heavy que la respuesta dada entado cómodamente carecería de validez, de modo que no voy a mentir y omitiré responder.

T. M.

martes, 29 de septiembre de 2026

Tres biografías literarias: vidas escritas, escrituras vividas

Norman Mailer, Colette y Roberto Bolaño, autores universales tratados bajo un mismo hilo conductor: el género biográfico y la relación entre la vida personal y la creación

El propósito de las biografías de escritores no consiste únicamente en reconstruir el itinerario de una vida, sino en desentrañar el diálogo permanente entre la experiencia y la creación, entre el individuo y la obra que deja como legado. En ellas, los acontecimientos biográficos adquieren sentido cuando iluminan una novela, un poema o una decisión estética, mientras que los libros, a su vez, revelan zonas de la existencia que los documentos rara vez alcanzan a explicar. Visto así, toda gran biografía literaria es, por ello, una lectura crítica de una vida y, al mismo tiempo, una forma de leer una obra desde su contexto humano, histórico y emocional.

Las tres biografías que presentamos a continuación, dedicadas a Colette, Norman Mailer y Roberto Bolaño, ofrecen perspectivas muy distintas sobre esa compleja relación, más si cabe al pertenecer a épocas, países y tradiciones literarias diferentes. Como cualquier buen autor, esta tríada hizo de la escritura una manera de enfrentarse al mundo y de construir una voz, en este caso narrativa, que aspiró a aportar algo nuevo al río de la literatura. Y a fe que lo lograron, porque hoy se editan sus obras tanto como libros sobre ellos.

La primera biografía nos presenta a de Sidonie Gabrielle Colette (Saint Saveur, 1873-París, 1954), cuya obra rebasa prejuicios o expectativas. Cómo haría esta mujer para dotar de una sensualidad mortecina, de una ternura fresca e inocente, textos que van más allá de los géneros tradicionales. Ella misma fue miscelánea: activista en las dos guerras mundiales, actriz de sus propias comedias, espíritu libre y bisexual, «negra» para su primer marido –el farsante, infiel y explotador Willy, o «el cerdo de Willy», como se le cita en el libro–, artista de variedades, fundadora de un instituto de belleza y perfumes... y narradora prolífica, pues más de setenta libros la contemplan.

Antoine Compagnon aborda estos diferentes aspectos de Colette, como su «alter ego» Claudine, o Sido, personaje que le inspiró su propia madre, además de Gigi ꟷuna adolescente que se hace amante de hombres ricosꟷ, otra creación díscola de la autora que fue llevada al cine musical de Hollywood con gran éxito. El investigador francés, de forma muy sintética, muestra a una Colette que alcanzó una obra tan subversiva como universal.

Compagnon la llama «gran escritora nacional y monstruo sagrado», y algo parecido podríamos decir sobre Norman Mailer (Long Branch, 1923-Nueva York, 2007), dentro del contexto de la literatura norteamericana tan tendente a levantar ídolos e idolatrar escritores, si bien en este caso el libro de Richard Bradford sirve para cuestionar su vida, tan intensa y extravagante. El biógrafo aborda su literatura, claro está, pero pone el acento en las experiencias personales que estuvieron ligadas a la violencia y a la política a lo largo de su vida.

Se habla de su debut, a los veintiséis años, con una novela monumental, Los desnudos y los muertos, que recreaba la guerra del Pacífico a partir de la batalla de Iwo-Jima ꟷfruto de su participación como soldadoꟷ y es para muchos la mejor novela bélica contemporánea; se trata su época hippy, cuando se dirigió al Pentágono en una famosa marcha en contra de la guerra de Vietnam, lo que le inspiraría el libro Los ejércitos de la noche (1968), hasta el momento en que publicó artículos en contra de la política internacional de Bush, poniendo en tela de juicio la sociedad del bienestar del imperio yanqui.

Vemos en el libro a un Mailer que fue un mar de contradicciones, habida cuenta de que apoyó de forma ambivalente el comunismo, el liberalismo, el catolicismo o a la gente de su entorno: en este sentido, sus episodios más oscuros tienen que ver con un intento, en 1960, de apuñalar a su segunda esposa –tuvo cuatro, y nueve hijos–, lo que le llevó al psiquiátrico, y la ayuda que prestó a un asesino para que saliera de la cárcel (una vez libre, el criminal mataría a otra persona).

Mucha más discreta fue la vida de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003), que al morir de una grave enfermedad hepática dejó lista una obra, 2666, de más de mil páginas, que marcaría el destino de la literatura en el ámbito hispánico y anglosajón. No en balde, sus colegas de generación –y muy notablemente los autores jóvenes norteamericanos– lo consideran hoy la referencia literaria más importante de nuestro siglo, y así lo atestigua el hecho de que se le hayan dedicado monografías, congresos, documentales y homenajes por doquier.

A esto se añade una biografía de Jose Serralvo, que toma un poema del autor de Los detectives salvajes para su título y presenta al protagonista como un astro de las letras hispanas. Tal vez lo más interesante del libro es lo que atañe a la etapa mexicana del autor, que tan bien describió Jaime Quezada en Bolaño antes de Bolaño. Diario de una residencia en México (Catalonia, 2007). Ambos amigos vivieron juntos casi dos años (1971-1972) en la casa de los padres del escritor ya en ciernes, quienes se habían trasladado allí en el convulso año de 1968 en busca de mejores perspectivas laborales. Es el joven Bolaño ávido de lecturas, independiente, algo arisco y misántropo, en un periodo en que destaca el apogeo de Víctor Jara y Salvador Allende. En aquella casa de México DF, había una sola máquina de escribir: Quezada y Bolaño decidieron compartirla; el primero por las mañanas, el segundo por las tardes.

«Todo lo que he escrito lo he vivido», dijo el narrador chileno, y quién sabe si esa convergencia es también una pequeña licencia ficticia. Será tarea del lector establecer ese vínculo entre la vida escrita, entre la escritura vivida, a lo largo de las páginas consagradas a la provocación sexual de Colette, a la dureza varonil de Mailer, a la forma en que Bolaño logró cambiar una vida itinerante y precaria desde la infancia, en un contexto además tan tremendo como la dictadura de Pinochet, por otra cercana al mar de Blanes y frente a la sorpresa de una reputación que se convirtió en universal.

Publicado en Cultura/s de La Vanguardia, 22-VIII-2026

lunes, 28 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a Paula Hoyos

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Paula Hoyos.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una casa, pero no como el piso de 47 m² en el que vivo, sino una gran casa, como de novela de Mercè Rodoreda, con jardín, chimenea, estancias amplias, grandes ventanales y techos altos.

¿Prefiere los animales a la gente? No soy una gran amante de los animales, me provocan admiración y miedo. Por el momento, me quedo con la gente, pero tiempo al tiempo.

¿Es usted cruel? En mí, como en cualquier otro ser humano, existe la crueldad, aunque hago lo posible por no ir golpeando a los demás con ella.

¿Tiene muchos amigos? «Muchos» es relativo, pero me siento orgullosa de mis relaciones de amistad.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad e inteligencia.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Ya no. Creo que la crisis de los treinta me dio dos cosas: una novela y la madurez para comprender a mis amigos.

¿Es usted una persona sincera? Soy sincera cuando la ocasión lo requiere, la mayor parte del tiempo prefiero una convivencia tranquila.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo novelas, paseando, en el cine y/o con amigos.

¿Qué le da más miedo? Que la vida se desmorone. Tengo la sensación de que la estabilidad vital cuelga de un hilo muy frágil, muy fino. La vivienda, el trabajo, el dinero, la salud… todo son cosas que parecen ir relativamente bien, pero en cualquier momento la estructura puede venirse abajo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La situación de la vivienda, el comportamiento político lleno de «zascas» y faltas de respeto, el tiempo de pantalla consumido, la indiferencia ante el dolor de los demás…

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiera gustado ser profesora de primaria.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Este mes (septiembre 2026) he buscado piso, he publicado un libro, he desmontado muebles, he vendido trozos de mi vida en Wallapop y he hecho una mudanza. Por las mañanas, he salido a correr antes de empezar a trabajar. Ha sido útil para mantenerme cuerda.

¿Sabe cocinar? Sí (lo digo con la boca pequeña). A medida que me hago mayor, descubro el placer de pasar tiempo en la cocina.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Josefina Molina, por la emoción que me produjo Función de noche.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? A riesgo de sonar cursi, ojalá en todos los idiomas fuese infancia.

¿Y la más peligrosa? Poder.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Lo más cerca que he estado del asesinato es Crimen y castigo, y me hizo convencerme de que nunca podría matar a nadie, no por la otra persona (que también), sino por mí misma: sería incapaz de cargar con la culpa.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Con todas mis contradicciones, me considero una persona de izquierdas.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? A pesar de todo, me gusta ser yo.

¿Cuáles son sus vicios principales? Los bares. Me cuesta reconocer, aunque sea evidente, cuando ha llegado el momento de recoger e irme a casa.

¿Y sus virtudes? Podría ser la empatía, quizá el humor.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Tirar canastas con mi padre, el día que mi madre se tiñó el pelo de negro y se terminó mi infancia, comer pipas Tijuana con mis amigas sentadas en un banco de la plaza, leer el ¡Hola! en casa de mi abuela, el primer día que vi amanecer estando de fiesta, descubrir a Almudena Grandes, tener resaca en un Alsa, la cafetería de la facultad de Farmacia, el malecón de La Habana, la llamada que me hizo mudarme a Barcelona, cuando salimos de la boca del metro y nos encontramos Nueva York, recorrer Ciudad de México en bicicleta, la casa que alquilamos cada Navidad y el aeropuerto de Santander.

T. M.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Un artículo sobre el restaurante Sofia Bar & Tapas del hotel Grand Hyatt Barcelona


Estos días aparecía, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "El verano italiano de Grand Hyatt Barcelona".

viernes, 25 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a José María García González

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José María García González.


Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Quizá en una biblioteca con una ventana grande. Necesitaría los libros para vivir dentro y la ventana para no olvidar que existe el mundo y para recordar que existe algo fuera. Y, si pudiera pedir un lujo más, una buena cadena de música.

¿Prefiere los animales a la gente? No. Pero los animales tienen una ventaja considerable sobre nosotros: no necesitan justificar su comportamiento, aunque a veces nos muestren lo que sienten.

¿Es usted cruel? Con los demás, creo que no, espero que no. Con mis personajes, a veces sí. Un escritor que quiere demasiado a sus personajes puede acabar haciéndole la vida imposible al lector.

¿Tiene muchos amigos? No. Tengo más bien pocos, pero son amigos de verdad. Algunos llevan tantos años conmigo que, de una forma u otra, me acompañan siempre.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La lealtad, la inteligencia, el sentido del humor y, sobre todo, la capacidad de escuchar. También cierta independencia: me gustan las personas que no necesitan pensar como yo para quererme.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Las personas pueden decepcionar. También nosotros decepcionamos a los demás. Creo que eso forma parte inseparable de nosotros. Pero, con los años, también creo haber aprendido que la amistad consiste menos en no decepcionarse que en saber perdonarse.

¿Es usted una persona sincera? Procuro serlo. Lo intento, pero no estoy seguro de que una persona pueda ser completamente sincera consigo misma. Hay habitaciones interiores a las que uno entra pocas veces y que preferimos no mirar demasiado.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, escuchando música, paseando y conversando. Y, cuando puedo, viajando. Viajar siempre acaba proporcionándome alguna historia, aunque en ese momento no lo sepa.

¿Qué le da más miedo? La pérdida. Perder a alguien querido, perder la memoria, perder la capacidad de emocionarse. También me inquieta mucho la indiferencia.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La crueldad ejercida sobre quien no puede defenderse y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Creo que, a veces, la indiferencia es una forma cómoda de crueldad

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Probablemente habría seguido vinculado al periodismo. Durante muchos años fue mi oficio y, en cierto modo, también una forma de contar historias. La radio me enseñó muchísimo sobre la escucha, sobre el ritmo y sobre las personas. Creo que en la radio aprendí algo que me ha servido mucho para escribir: antes de contar una historia hay que saber escucharla.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Camino. A veces para hacer ejercicio y otras para pensar. No siempre sé distinguir una cosa de la otra.

¿Sabe cocinar? Sí, lo suficiente. No aspiro a que nadie escriba una novela sobre mis habilidades culinarias, ni que me inviten a un concurso de cocina.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A alguien que no fuera famoso. Me interesan más las vidas que transcurren sin focos. A veces hay personas que no han aparecido jamás en un periódico y que tienen una vida mucho más extraordinaria que muchas celebridades.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? «Mañana».

¿Y la más peligrosa? «Nunca». Es una palabra que parece definitiva y casi siempre se equivoca.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? En la vida, afortunadamente, nunca. En la literatura, algunas veces, aunque siempre acabo perdonando.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo en la libertad, en la dignidad de la persona y en la convivencia. No me interesa convertir la literatura en un programa político ni que una etiqueta ideológica explique quién soy. La literatura, si sirve para algo, debería hacernos un poco más libres, no más obedientes.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Músico. Probablemente director de orquesta. Me fascina la posibilidad de conseguir que muchas voces distintas respiren juntas, esa capacidad de reunir sonidos distintos y convertirlos en algo que tiene sentido. Quizá escribir no sea tan diferente.

¿Cuáles son sus vicios principales? Leer cuando debería estar haciendo otra cosa. Escuchar música cuando debería estar trabajando. Darle vueltas a una idea mucho después de que debería haberla abandonado. Y comprar libros con una convicción absolutamente irracional de que algún día tendré tiempo para leerlos todos.

¿Y sus virtudes? La perseverancia, la curiosidad y la capacidad de escuchar. También cierta fidelidad a las cosas que considero importantes. No siempre llego pronto, pero suelo llegar.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No creo que fueran grandes acontecimientos. Supongo que aparecerían rostros, lugares y momentos pequeños que en su día parecieron insignificantes. La voz de alguna persona querida. Alguna habitación. Algún paisaje. Y seguramente libros y música. Quizá también pensaría en todo lo que dejé sin decir. Y eso sería lo peor.

T. M.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Un artículo sobre el hotel H10 Palacio Colomera


Estos días aparecía, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "Córdoba a los pies del H10 Palacio Colomera".

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a Belén Soto

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Belén Soto.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Uf, a pesar de todo, me quedaría en españa.

¿Prefiere los animales a la gente? Me gustan todos, y revueltos, pero diré que con los animales es con quien tengo menos secretos.

¿Es usted cruel? Espero que no, aunque entre la justicia y la crueldad hay una línea muy fina y pienso mucho en la justicia.

¿Tiene muchos amigos? A veces pienso que tengo demasiados, muchos más de los que tengo tiempo y energía de atender: entonces la fortuna se convierte en culpa. Otras veces me siento más sola y me da pena.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Creo que todxs siguen algún tipo de integrismo que les hace divertidxs, inteligentes y buenxs, cada unx a su manera.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? La verdad es que eso ha ocurrido en muy contadas ocasiones, más bien en momentos en los que me he caído del guindo y he descubierto que, en realidad, no éramos lo que yo considero verdaderamente amigos. Es que puedo ser demasiado entusiasta a veces, creo.

¿Es usted una persona sincera? Pienso que sí, que me cuesta mentir: lo siento como una traición, para empezar, a mí misma, y después –obvio– a lx otrx. Otra cosa es no contar toda la verdad, porque no todo el mundo tiene por qué entrar en «el bosque tenebroso de mi mente».

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con cosas bonitas gratis. 

¿Qué le da más miedo? Los pájaros muertos, las cucarachas y una vejez solitaria.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La negación de la verdad –entendiendo que la verdad es un consenso común, una coherencia encontrada– para beneficio personal. O sea, ¿el egoísmo?

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Fabricaría cosas con las manos. Sería ebanista, o electricista, o albañila.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Aparte del pilates con las señoras del barrio, sólo bailar y guarrerías.

¿Sabe cocinar? Tienes que saber cocinar tanto como te gusta comer si no eres un señorito burgués.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Khé es eso?

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Una vez escuché a Pedro Lópeh decir –no sé si estaba citando a algún tercero– que «vitalismo» es la expiación del sufrimiento. En última instancia y más allá de las luchas, el sufrimiento no nos lo vamos a quitar de encima; si algo puede empujar palante es aceptarlo y trascenderlo.

¿Y la más peligrosa? ¿Merecer?

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Alguna.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Si aún sirven esas palabras: libertarias, antiautoritarias, contraculturales, transfeministas, antipunitivas, antirracistas, decrecentistas... Creo en el respeto a la vida en su heterogeneidad, en que las cosas no se hacen solas y en la imaginación para la emancipación y la equidad. Muy absurda, supongo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un gatito consentido y sano.

¿Cuáles son sus vicios principales? Los realities y la comida grasienta.

¿Y sus virtudes? Dice ro gotelé en Poemas de autoayuda: soy de esas personas a las que todo se le da bien / pero a medias / saber lo justo siempre me ha parecido suficiente.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Un balcón, una goma de borrar tiesa y lxs seres queridxs reunidxs pensando cómo hacer para robar del tanatorio mi cadáver y montar una buena despedida.

T. M.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Reseña en "Cultura/s" de "La Vanguardia" de "Mandar y obedecer. Historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe"

 

Ayer se publicó esta reseña, de Miguel Escudero, en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia, sobre Mandar y obedecer. Historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe, con con el título de "La demencia de imponerse como sea".

sábado, 12 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a Fernando Salcedo Macías

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Fernando Salcedo Macías.

¿Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, cuál elegiría? Ecuador, definitivamente.

¿Prefiere los animales a la gente? La gente.

¿Es usted cruel? De manera natural, de ninguna manera; pero podría serlo ante la maldad absoluta.

¿Tiene muchos amigos? Contados con los dedos de una mano, y exagero. Los verdaderos amigos de toda la vida son tan raros como ganarse la lotería.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La cualidad más importante para mí siempre va a ser la lealtad y el compromiso; eso viene siempre acompañado del amor incondicional de la verdadera amistad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? La verdad creo que entre amigos siempre puede haber decepciones, pero es parte del proceso de fortificar esa misma amistad, dejando cimientos más sólidos y dando la oportunidad de reforzar el perdón: la mejor cualidad entre amigos.

¿Es usted una persona sincera? Siempre con los demás, aunque a veces tengo que admitir que mentirme a mí mismo ha sido la clave para alcanzar mis objetivos, que se han visto lejanos, por no decir imposibles.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Definitivamente, mi tiempo libre es para mi hijo y mi pareja.

¿Qué le da más miedo? Partir de este plano terrenal sin ver a mis hijos adultos y conocer a todos mis nietos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La maldad humana y la traición. El ser humano puede llegar a ser tan dañino con el planeta y con su misma especie que muchas cosas ya están normalizadas; la capacidad de indignación es una cualidad que va desapareciendo. Ahora la inteligencia tiene que callar para que la estupidez no se ofenda.

¿Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, qué habría hecho? Bueno, en realidad no soy escritor; soy un emprendedor empedernido que ha librado sus batallas en la escuela de la vida. En mi caso la pregunta sería al revés, así que «ser escritor» me gusta mucho.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Es una tarea pendiente que ya no puedo posponer más.

¿Sabe cocinar? Ese es un talento que por fortuna me ha tocado. Hace muchos años no tenía ni idea, pero ahora puedo presumir que soy un gran cocinero de comida ecuatoriana, la mejor del mundo.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Soy de izquierda desde la cuna, me agrada mucho la política y viví un cambio en mi país donde tuvimos dignidad, una muy efímera. Sobre esa base no tengo duda: elegiría a Rafael Correa, expresidente de Ecuador.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Futuro.

¿Y la más peligrosa? Fe.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Todos alguna vez queremos matar a alguien, pero jamás lo haría.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierda desde la cuna; sé de dónde vengo y defiendo las luchas por la igualdad, la educación, la salud y todos los derechos que nos hacen libres y dueños de la tierra que nos vio nacer.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un extraterrestre.

¿Cuáles son sus vicios principales? Un buen whisky y una buena tertulia.

¿Y sus virtudes? No tengo miedo al fracaso, nunca me rindo, me considero buen padre, sé cocinar, entre otras.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Dejar a mis hijos y seres queridos.

T. M.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Curso "Binomios de la literatura francesa" (segunda parte) en La Central del Raval

 

Del primer miércoles de octubre al último de noviembre daré el curso "Binomios de la literatura francesa" (segunda parte, tras haber hecho la inicial en primavera) en la librería La Central del Raval, en Barcelona, de forma presencial y en línea, de todo lo cual reproduzco la información:

Desde el siglo XV hasta el XXI, la literatura francesa ha sido una de las más poderosas e influyentes. Por ello, dedicaremos dos cursos a recorrerla deteniéndonos en sus autores más representativos y en obras célebres o más desconocidas con el objetivo de conocer su contexto literario e histórico y cuestionar su vigencia.

Fenómenos inevitables que tratar como la Ilustración y el enciclopedismo, el periodo napoleónico y el colonialismo, se mezclarán con la literatura más culta tanto como con la más popular, con un trasfondo de referencias continuas al teatro y al cine.

Una forma de repensar las letras galas y hacer una revisión tan amena como profunda de las obras que han pasado a la posteridad por medio de un juicio crítico, desprejuiciado y en relación con otras literaturas de su tiempo.

Programa

Sesión 1: Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud
Ambos abrieron la puerta de la modernidad poética al explorar lo decadente y lo urbano, renovando la sensibilidad lírica y rompiendo los límites del lenguaje con una poesía visionaria y experimental.

Sesión 2: Alexandre Dumas y Jules Verne Alexandre
Se convirtieron en estrellas populares: Dumas convirtió la novela histórica en un festín de aventura y heroísmo; Verne fusionó imaginación y ciencia para anticipar viajes fabulosos.

Sesión 3: Émile Zola y Léon Bloy
Zola llevó el naturalismo a su máxima expresión al retratar los determinismos sociales y biológicos, y Bloy utilizó una prosa vehemente y profética para defender una visión radical del cristianismo.

Sesión 4: Marcel Proust y Henri-Pierre Roché
Proust transformó la novela moderna con una exploración de la memoria, el tiempo y la conciencia, mientras que Roché aportó una mirada audaz sobre las relaciones amorosas y la sensibilidad artística.

Sesión 5: André Gide y Colette
Ambos observaron las tensiones entre moral, libertad y deseo, renovando la narrativa introspectiva con una prosa sensual y precisa, capaz de capturar la intimidad, la bisexualidad y la experiencia femenina.

Sesión 6: Albert Camus y Antoine de Saint-Exupéry
Dos hombres aguerridos; Camus reflexionó sobre el absurdo, la libertad y la responsabilidad moral, y Saint Exupéry unió poesía y aventura para exaltar la fraternidad y la imaginación.

Sesión 7: Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar
Fueron autoras que llevaron a cabo una escritura fragmentaria y evocadora, centrada en el deseo, la memoria y el silencio, así como en la erudición, la autobiografía y la profundidad histórica.

Sesión 8: Michel Houellebecq y Frédéric Beigbeder
Ambos retratan de forma provocadora el desencanto de la soledad, el mercado y el vacío espiritual de las sociedades contemporáneas, en todo un espejo incómodo de este tiempo.

Calendario: Los miércoles, 7, 14, 21, 28 de octubre; 
4, 11, 18 y 25 de noviembre
Horario: 11 h a 12:30 h
Lugar: La Central del Raval / Virtual

martes, 8 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a David Silva Rojas

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Silva Rojas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Habiendo vivido en grandes metrópolis como Tianjin, en China; Toyohashi, en Japón; y la misma Lima, conozco de sobra el ritmo, el bullicio y la multitud de las ciudades grandes. Por eso hoy valoro más que nada la tranquilidad y el silencio. Hace un tiempo, durante una diligencia como abogado junto a la policía, tuve la oportunidad de ir por Ocucaje en Ica. Al estar allí, rodeado de un horizonte amplio, sereno y silencioso, me di cuenta de que ese era mi lugar ideal. Tiene un clima seco por las tardes, noches frías para descansar bien y mañanas cálidas para empezar el día. Si tuviera que quedarme allí para siempre, construiría una casa de campo y tendría mi propia chacrita: criaría gallos, gallinas, pollos, patos y animales pequeños como carneros y cabras, además de cultivar mis propios vegetales. Elegiría Ocucaje porque te da la libertad de desconectarte por completo de todo. Mi rutina perfecta sería trabajar la tierra por las mañanas, leer con calma por las tardes, en medio del silencio del desierto, y contemplar los atardeceres y los cielos estrellados por las noches. No necesitaría mucho más.

¿Prefiere los animales a la gente? En cuanto a los derechos humanos, siempre he defendido los derechos de las personas, especialmente cuando se trata de quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como los niños o los adultos mayores. Pero como compañía, sí: siempre me han gustado mucho los animales. Tengo un par de loros y canarios que siempre están silbando. Me alegra llegar a casa y escucharlos. Mis loros incluso me reciben diciendo: «David, David, a la casa». También tengo un gato que, más que una mascota, hace que yo parezca su mascota. Ni bien me ve, quiere que le dé de comer y lo acaricie y luego se queda echado como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo. A veces lo miro y pienso: «yo quisiera esa vida». Cuando estoy redactando, se sube a mis piernas y se queda allí, ronroneando, como si estuviera dormido. De pronto se despierta, se va porque escuchó algo y después regresa. A veces hasta parece que quisiera hablarme, aunque no tengo idea de qué me está diciendo. Yo le digo: «Estás loco».

¿Es usted cruel? No creo serlo, pero he descubierto que puedo utilizar las palabras para hacer que alguien se sienta mal, no porque lo insulte o lo denigre, sino porque puedo hacerle ver cosas que quizá no quiere reconocer o que no había advertido en sus propias declaraciones. Lo he notado durante diligencias, interrogatorios y contrainterrogatorios en juicios orales. No sé si eso sea crueldad, pero es lo más cercano a ella que he encontrado en mí.

¿Tiene muchos amigos? No. Tengo muchos conocidos y compañeros, pero amigos, de esos que se dicen de verdad, se cuentan con los dedos de una mano. Para mí, un amigo es alguien que te entiende, te comprende y está dispuesto a ayudarte más allá de lo que le convenga; alguien que está ahí para darte una mano en los momentos más difíciles.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Creo que, sobre todo, la sinceridad y la lealtad. Personas consecuentes con lo que dicen, capaces de defender sus ideas y que valoren la amistad por encima de la conveniencia.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, porque como son poquísimos, todavía no me han decepcionado.

¿Es usted una persona sincera? Sí, trato de serlo siempre. Me gusta que sean sinceros conmigo, aunque lo que tengan que decirme pueda doler. De la misma manera, yo también procuro decir la verdad, pero buscando siempre el momento y el lugar adecuados.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Siempre me ha gustado leer y escribir. Aunque sea solo para mí, lo hago constantemente; de hecho, tengo cajones llenos de manuscritos que yo mismo he impreso para leerlos luego de otra manera. También me gusta leer libros de historia, ensayos y, sobre todo, trabajos relacionados con el estudio de casos. Y, aunque suene poco emocionante, parte de ese tiempo termina ocupada en asuntos pendientes del trabajo: redactando escritos o contestando requerimientos.

¿Qué le da más miedo? Lo desconocido. Cuando era niño, un profesor me dijo una cosa que todavía recuerdo: si algo te causa miedo, no esperes; busca información, lee sobre aquello que te produce ese sentimiento. Una vez que sabes qué es, cómo funciona y puedes ponerlo en blanco y negro, pierde gran parte de su poder sobre ti.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandalizan los casos en los que se trata a los niños como objetos para cumplir labores que no corresponden a su edad, o cuando se los utiliza sin tener en cuenta su vulnerabilidad ni la situación por la que están atravesando.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo que habría sido agricultor o jardinero. Me encanta cultivar. Tengo un ejército de cactus y suculentas en macetas pequeñas; me gusta regarlos, cuidarlos y siempre estoy buscando alguna variedad nueva. Me fascina que puedan crecer con tan poco, prácticamente solo con agua, y que, cuando florecen, sus flores sean hermosas.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No practico ejercicio con regularidad. Cuando puedo, me gusta nadar, ya sea en el mar o en una piscina.

¿Sabe cocinar? Sí. Desde niño mi madre me enseñó a hacerlo, aunque a mi padre le disgustaba que un hombre cocinara, lavara o limpiara. Años después, cuando estuve en Japón, la escritura y la cocina fueron las dos actividades que más desarrollé, tanto como pasatiempo como forma de distracción.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Elegiría a Fujita sensei, un maestro que conocí cuando tenía trece años, al emigrar a Japón. La primera vez que me vio, me dijo: «Sé que estás ansioso y un poco temeroso». Después me explicó que en Japón las personas no siempre hablan abiertamente de sus sentimientos y me aconsejó que escribiera aquello que no podía decir. Era un hombre muy paciente. Cuando me equivocaba en algún ejercicio, me decía que no borrara lo que había hecho, porque también se aprendía mirando los errores. Una vez vio uno de mis primeros kanji para «pez» y me comentó: «Parece un pez muerto, pero es tuyo». Yo siempre lo veía allí, dando clases tanto a quienes acabábamos de llegar como a los que habían nacido en el país y necesitaban aprender o mejorar el idioma de sus padres. Siempre mantenía la misma calma, aunque el salón a veces fuera un pequeño caos de lenguas mezcladas, palabras mal pronunciadas y otras dichas correctamente. Con el tiempo entendí que, antes de enseñarme un idioma, Fujita sensei me había enseñado a observar. Me decía que un escritor no debía apresurarse a explicar ni a juzgar, sino aprender a mirar con atención y confiar en la inteligencia del lector. También me enseñó que no todo tenía que decirse: a veces el silencio forma parte de la historia. Creo que muchas de esas lecciones todavía me acompañan cuando escribo.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Komorebi (木漏れ日), en japonés. No significa literalmente «esperanza», sino la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. Me gusta porque transmite la idea de que, incluso cuando estamos rodeados de sombras, siempre puede aparecer un poco de luz.

¿Y la más peligrosa? Yurusarenai (許されない), «lo imperdonable», «lo que no se tolera». Siempre he pensado que es una palabra peligrosa porque puede cerrar la puerta al entendimiento. Cuando una persona o una sociedad decide que algo o alguien es absolutamente imperdonable, puede dejar de preguntarse por qué ocurrió. Y para mí esa pregunta es fundamental. Ninguna acción ocurre completamente en el vacío: hay motivos, circunstancias, experiencias y dinámicas detrás de lo que hacemos. Comprenderlas no significa justificar lo que alguien hizo, pero sí permite saber cómo ocurrió y, sobre todo, qué habría que cambiar para evitar que vuelva a ocurrir. Cuando dejamos de intentar comprender y nos quedamos únicamente con la condena, corremos además el riesgo de deshumanizar al otro. El castigo puede convertirse en venganza y la búsqueda de una solución termina reducida a señalar un culpable. Por eso me parece peligrosa: porque una sola palabra puede hacernos dejar de preguntar.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Tal vez sí he querido agarrar a alguien, decirle unas cuantas cosas o gritarle, pero jamás matarlo. La vida humana, para mí, es un límite absoluto.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? No suelo seguir banderas ni tendencias políticas. Prefiero analizar las ideas de manera independiente y quedarme con aquello que tenga más sentido o lógica en cada caso. Lo que sí valoro es que lo que se prometa se cumpla. Si algo es difícil o sencillamente no se puede hacer, prefiero que se diga con claridad. Me resulta mucho más honesto eso que lanzar una promesa imposible solo para agradar, ser condescendiente y conseguir que todos te quieran. Prefiero una respuesta incómoda pero sincera antes que una promesa bonita que nunca se va a cumplir.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Agricultor o jardinero. Me gustaría cultivar frutas y verduras, criar aves de corral y, para ser franco, tener mi propia granja.

¿Cuáles son sus vicios principales? Las bebidas carbonatadas. Me gusta mucho esa sensación de dulzor y frescura que producen en el paladar y la garganta.

¿Y sus virtudes? No suelo pensar demasiado en mis virtudes. Me imagino que una de ellas es ser solidario. A veces hago cosas sin preocuparme demasiado de dónde saldrá el dinero y termino pagándolas de mi propio patrimonio, o simplemente no cobro por determinados servicios. Más de una vez algunos colegas me han dicho que no me involucre tanto, que voy a terminar pobre o sin nada en los bolsillos. Tienen algo de razón, supongo, pero hasta ahora no he aprendido a actuar de otra manera.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Más que una película acelerada de toda mi vida, creo que aparecerían flashes de puros contrastes. Recordaría las enormes y ruidosas metrópolis donde viví en el pasado y, casi de inmediato, la paz, el silencio y la luz dorada de una tarde en el campo de Ica. Junto a esas imágenes aparecerían los rostros de las personas a las que alguna vez pude tender la mano cuando más lo necesitaban.

T. M.