miércoles, 7 de diciembre de 2022

Entrevista capotiana a Pablo Rosal

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pablo Rosal.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? La casa de mi familia en la montaña, en un gran valle en los Pirineos. Allí de verdad no necesito hacer casi nada.

¿Prefiere los animales a la gente? Personas y animales me gustan cuando están tranquilos y son tiernamente bobos, cuando no quieren ser personas o animales. Así que esquivo la pregunta: las plantas.

¿Es usted cruel? Conozco mi crueldad, sí, es un margen de la conciencia que he practicado y temo. Pero siempre la he observado desde la bondad.

¿Tiene muchos amigos? La justa medida, supongo. Los que puedo asumir, los que me componen.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sepan desvelarse en todo momento. Que traigan buenas bromas a punto de eclosionar. Que sepan celebrar.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No he establecido esa relación con mis amigos.

¿Es usted una persona sincera? Soy íntimo todo el rato y eso invoca y convoca a la sinceridad, haciéndola y deshaciéndola sin descanso. Siempre hay más sinceridad posible, así que no, no soy sincero.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Observo los muchos cuadernos por estrenar, miro mis estilográficas, bolígrafos y demás, extiendo en la mesa los libros que me gustaría o que me he inventado que necesito leer… planeo y fantaseo con escrituras y entonces me doy un paseo. No diferencio el tiempo libre, todo se apoya en la misma nada que me invita a crear.

¿Qué le da más miedo? En estos momentos la sequía.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Está el mundo muy explicado y manoseado y redicho y ultrajado como para que nos escandalice algo. Basta ya de fingir sorpresa.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Cocinaría o sería jardinero y eso me conduciría de nuevo a la vida creativa.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, deportes con pelota, sobre todo de raqueta. Es fascinante la pelota, metáfora planetaria de casi todo, símbolo viviente del movimiento, la reacción y el sortilegio.

¿Sabe cocinar? Me entusiasma, es mi fiesta perpetua, social o solitaria, siempre ando pensando lo que cocinaré. Cocinar me ha enseñado mi silencio y mi atención, me ha guiado hacia el servir sin esperar nada a cambio y hacia lo bien hecho. Mi madre tiene mucho que ver.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Monsieur Hulot.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Poesía, de ella nacen el resto de palabras.

¿Y la más peligrosa? Cualquiera que se tome en serio a sí misma, que quiera ser algo definitivo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, porque no siento mucha diferencia entre vivos y muertos.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? La Poesía: aceptación de la Vida y creación perpetua del Origen.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? De momento tengo mucho trabajo en comprender lo que me ha sido dado y sé que se me escapa siempre, que la bendita Otredad me estimulará siempre a ser otra cosa. Prefiero no ponerle cara a la Otra Cosa. De todos modos, sé que acabaré convertido en la Luna, así que…

¿Cuáles son sus vicios principales? En lo íntimo la duda, en lo social los bares.

¿Y sus virtudes? Soy un buen cliente de siempre.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Llegar en tren a una ciudad para actuar; conocer un nuevo teatro; el escenario vacío antes de que entre el público; el dulce oscuro en escena al acabar la obra cuando se han desplegado bien todos los significados. En definitiva, el nada que hacer en ningún sitio.

T. M.

martes, 6 de diciembre de 2022

Adiós a la alegría solidaria: muere el escritor francés Dominique Lapierre


Hubo un punto de inflexión rotundo en la trayectoria de Dominique Lapierre. Se llamó “La ciudad de la alegría”, y se vio en cines de todo el mundo gracias a la película dirigida por Roland Joffé en 1992. Se trataba de una producción norteamericana, inglesa y francesa que contó con Ennio Morricone como autor de la banda sonora y la interpretación de Patrick Swayze. Fue un éxito que, además, removió conciencias e hizo aún más popular de lo que era a Lapierre. Ese libro se vendió por millones de ejemplares, y tanto dinero ganó el escritor galo –le han contemplado noventa y un años; nació en La Rochelle en 1934 y le encontró la muerte este 4 de diciembre– que cedió la mitad de sus ganancias a iniciativas relativas a la población que reflejaba en aquella novela superventas.

Era “La ciudad de la alegría” una obra tan dolorosa como luminosa, que cantaba a la vida, al amor y a la esperanza. Contaba cómo un sacerdote francés, un joven médico norteamericano, una enfermera de Assam y un campesino indio coincidían un día bajo las cataratas del monzón. La circunstancia hacía que se acabaran instalando en un barrio de Calcuta y ayudando a la gente del lugar, frente a todo tipo de adversidades. Se había publicado en 1985 y era toda una descripción de la existencia en un entorno miserable de chabolas. Lapierre conocía bien el terreno, pues durante un par de años había estado conviviendo con gentes que arrastraban todo tipo de trabajos precarios, pobreza y enfermedades.

Fue uno de esos casos excepcionales en la historia de la literatura en que esta se convierte en una función social y política capaz de cambiar el rumbo de toda una ciudadanía, porque la labor en primera persona de Lapierre, mediante conferencias y todo tipo de ayudas solidarias, hizo que los habitantes gozaran de una mejora significativa en sus vidas desde entonces. Tampoco sería la primera adaptación al cine de sus obras. Su novela “¿Arde París?” se llevó a la gran pantalla en 1966, así como “Era medianoche en Bjopal”, convertida en un documental en 2001, y “Esta noche en libertad”, que daría como resultado “El último virrey de la India” en 2017.

De sus acciones humanitarias también se beneficiarían otros lugares recónditos como Bengala y áreas de África y Sudamérica especialmente golpeadas por la miseria. Era una labor que Lapierre compartió desde 1982 con su esposa, ambos comprometidos en intentar salvar a niños enfermos de lepra o de tuberculosos. Una labor por la que se le concedió en 2008, de manos de la presidenta de la India, la más alta condecoración civil, el Padma Bhushan. Así las cosas, Lapierre fue un ciudadano del mundo ejemplar, un hombre solidario que también quiso retratar la realidad histórica compleja de Sudáfrica en obras como “Un arco iris en la noche”.

Una de sus frases que más se le recuerdan fue: "La fuerza del hombre consiste en continuar, en momentos de prueba, creyendo en sus sueños y luchando por hacerlos realidad". Y así lo entendió desde joven cuando, con solo diecisiete años publicó “Un dólar cada mil kilómetros”. Más adelante, sucedería un encuentro crucial para su carrera al conocer a Larry Collins en 1954 mientras cumplía con el servicio militar. Los dos se convirtieron en periodistas, Lapierre en “París Match” y el norteamericano en “Newsweek”. Pero lo importante fue la decisión, en 1960, de escribir al alimón libros de investigación periodística y también novelas como “El Quinto Jinete”, con una trama de intriga internacional basado en un chantaje nuclear. Y, unido a eso, sus viajes a la India que tanto le impactaron y tanto hicieron para dar a conocer lo que sucedía en esos lares.

Publicado en La Razón, 5-XII-2022

lunes, 5 de diciembre de 2022

Entrevista capotiana a Laura Blanco Villalba

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Laura Blanco Villalba.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En un smial, un agujero hobbit, porque en su entramado de túneles tendría todas las comodidades que pudiera necesitar, incluyendo comida y lectura interesante.

¿Prefiere los animales a la gente? Me encantan los animales, pero las personas me parecen mucho más fascinantes y complejas. Los seres humanos podemos contar historias, tanto propias como inventadas, y eso es algo mágico.

¿Es usted cruel? Nunca, salvo quizá alguna vez conmigo misma.

¿Tiene muchos amigos? Afortunadamente, sí. Me gusta agradar a la gente y tengo la suerte de atraer su simpatía de vuelta. Aunque hay grados y momentos en la amistad. Hay amistades superficiales, que están bien, pero hay otras que son un verdadero regalo en la vida, y eso está mejor. Tengo varias así y me siento muy agradecida.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? En un principio, tan solo un espíritu afín. Más adelante, intereses comunes que nos hagan conectar a través de lo que nos apasiona, que nos acerquen más. Y en unos pocos, esa rara intimidad que se da entre dos personas que sienten que pueden abrir su corazón sin que se lo hieran.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Casi nunca. En parte porque no soy muy exigente. Todos libramos nuestras batallas diarias, es comprensible que no siempre estemos al cien por cien para otras personas. Tan solo me he apartado de un par de amigos en mi vida, y fue por el hecho de que me dañaba estar con ellos.

¿Es usted una persona sincera? Sí, se me da muy mal mentir. Toda mi inventiva está orientada hacia la escritura.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me gusta leer, escribir, cocinar y hacer libretas de mis viajes o diarios estilo bullet journal.

¿Qué le da más miedo? No darles a mis hijos las herramientas para conducirse en la vida, tomar buenas decisiones y ser felices por sí mismos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Las personas que, a sabiendas, hacen mal a otros. No entiendo cómo puede tener alguien una balanza moral en la que su beneficio pese más que las vidas o la felicidad de otras personas. O la destrucción de la naturaleza, que es la casa de todos.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Si me extirpasen la capacidad de crear, quizá hubiera sido profesora de Literatura. La docencia me parece una profesión muy bonita, necesaria y con poder de cambio.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Entreno fuerza y cardio una hora a la semana y también camino más de 10.000 pasos todos los días.

¿Sabe cocinar? Me encanta cocinar. Disfruto mucho la preparación y elaboración de los platos, sobre todo si son recetas a las que me une algo personal, como por ejemplo recuerdos familiares. Y más aún que cocinar me encanta llegar al corazón de los comensales a través del estómago.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Seguramente a alguna escritora clásica, como Jane Austen, Mary Shelley o Emily Brontë.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? «Sí». Es una palabra que abre puertas, crea posibilidades y trae promesas de futuro, quizá por eso los contrayentes se la regalan cuando se casan.

¿Y la más peligrosa? He pensado mucho esta respuesta, y pienso que quizá sea la palabra «verdad». El concepto en sí es bello y necesario. En cambio, en cuanto alguien empieza a agitar la palabra en sí, a arrojársela a otros como si fuera su propietario exclusivo, tienden a torcerse las cosas. Los gobiernos totalitarios la adoran y hacen auténticas barbaridades con ella: la censura que protege la verdad oficial, la represión que aplasta las otras verdades o sus matices, la guerra contra las naciones que no la aceptan…

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Jamás.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Políticamente siempre estaré del lado de los derechos humanos, del estado del bienestar y de la preservación de la naturaleza. Parece ser que eso me convierte en alguien de izquierdas.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Mejor persona.

¿Cuáles son sus vicios principales? Anticipar demasiado el futuro, querer controlarlo todo con afán perfeccionista y comer entre horas. Ah, e interrumpir a mis interlocutores, es un vicio feísimo pero cuando me apasiono hablando, me cuesta refrenarme.

¿Y sus virtudes? La curiosidad y la creatividad, estoy muy agradecida por ellas.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Momentos con mis hijos y mi marido. Los viajes con mis padres, de niña. Y las largas y bonitas tardes escribiendo.

T. M.

domingo, 4 de diciembre de 2022

La magdalena enviada por carta

Nadie como Marcel Proust ha indagado en lo significan para nosotros los recuerdos, y además con largas frases, llenas de frases subordinadas –que él, asmático, no podría ni pronunciar sin agotarse–, sin apenas puntos y apartes. Imposible calibrar la influencia que toda su obra tuvo ya en su tiempo, el de la literatura simbolista que buscaba, a través de maneras indirectas –muy en la línea del filósofo Bergson (el tiempo es un fluir constante en el que pasado y presente se solapan) y en las profundidades de la psique freudiana–, una manera sugerente, sensitiva, introspectiva de narrar, la que llevarían a cabo artistas como Virginia Woolf o James Joyce.

Sin embargo, Proust comenzó su obra con dudas, pues no sabía a dónde iba a llevarle su escritura: al ensayo, al estudio filosófico o a lo narrativo. En 1908 había ya escrito la semilla, un texto abandonado en el que ya surgía la tostada mojada en el té que le lleva, como en sueños, al tiempo de su niñez y que se convertiría en la celebérrima magdalena a partir de esta memoria involuntaria. Pero, hoy, ¿quién lee “Por el camino de Swann” (1913), “A la sombra de las muchachas en flor” (1919), “El mundo de Guermantes” (1921-22), “Sodoma y Gomorra” (1922-23) y los póstumos “La prisionera”, “La fugitiva” y “El tiempo recobrado”? Pues a tenor de las novedades surgidas este otoño, se diría que al menos el escritor disfruta de máxima atención.

De hecho, las tres mil páginas de “À la recherche du temps perdu” no dejan de actualizarse: entre 1995 y 2005, Valdemar ofreció una traducción firmada por Mauro Armiño, y poco después hizo lo propio Carlos Manzano para Lumen, desde 1999 a 2009. Tradicionalmente, se había leído la versión que, en los años veinte, hizo Pedro Salinas junto con José María Quiroga Pla y completó Consuelo Berges en los años sesenta para Alianza. Ahora, El Paseo lanza “A la busca del tiempo perdido”, I y II, con diccionarios de guía de personajes y de lugares. Por su parte, en un único volumen la editorial Alba publica también “Por donde vive Swann” y “A la sombra de las muchachas en flor”, centradas en la infancia y adolescencia del llamado Narrador. Ligado a esto, Nórdica ofrece “Combray”, en alusión a la pequeña localidad campestre, originalmente llamada Illiers, que quedó transformada con los recuerdos de infancia de Proust bajo ese nombre.

Saberlo todo de Proust

En cuanto a las recuperaciones, Espuela de Plata vuelve a proporcionar “Los salones y la vida de París”, una serie de artículos que nos revelan algunas claves importantes de la psicología y del mundo personal de Proust en torno a la alta sociedad francesa. Por otro lado, Elenvés recupera la obra de Blas Matamoro “Por el camino de Proust”, pasados más de treinta años de su primera edición. Es un ensayo que ahonda en las claves proustianas y que indaga en campos como la memoria y la realidad, la cultura, el arte, la sociedad, la filosofía y la identidad del yo.

También, disponemos del curioso libro “El proustógrafo” (Alianza), que reúne en torno a 100 infografías información variada para saber todo de Proust. ¿Cuántos libros vendió?, ¿a qué idiomas se han traducido sus novelas?, ¿cuáles eran sus autores favoritos?, ¿cuál es la verdadera historia de la magdalena?, ¿en qué año comenzó a usar su particular bigote?, son algunas de las preguntas que se contesta esta verdadera enciclopedia visual proustiana. Por último, tenemos “Escribir. Escritos sobre arte y literatura”, que aglutina asuntos que le interesaron especialmente: pintura, música y literatura, moda, exposiciones y catedrales, escritores como Baudelaire, Flaubert, Goethe o Tolstói, o artistas como Rembrandt o Moreau.

Pero, muy especialmente, tenemos que destacar el trabajo de Estela Ocampo, que presenta unas “Cartas escogidas”, unas doscientas, que ha estructura sobre la base de su contenido (lo sentimental o lo que opinaba Proust sobre literatura, por ejemplo), que nos revela un escritor en la intimidad. Ocampo insiste en el prólogo en la discreción de Proust a la hora de hablar de sus relaciones homosexuales por carta, pero en estas páginas pueden respirarse sus vínculos con amantes convertidos en amigos como el músico venezolano Reynaldo Hahn, cuyas epístolas “están codificadas, escritas en un lenguaje inventado, de claves y sobreentendidos”.

Amor e indecencia

Ocampo expuso en su momento, en “Cinco lecciones de amor proustiano” (Siruela, 2006), al autor en el terreno del deseo amoroso, en los celos o en el desamor, y demuestra claramente, tras haber consultado las seis mil cartas conservadas, que Proust, lejos de ser una figura adscrita al tópico de la torre de marfil, tumbado escribiendo en la cama, a menudo enfermo, fue un hombre pegado a su tiempo, en continua comunicación con todo tipo de personajes de la sociedad parisina. El centro absoluto de su vida familiar fue su madre, pero también el lector encontrará cartas a personas del mundo literario muy relevantes, como André Gide o Gaston Gallimard, al que le dice que “Sodoma y Gomorra” carece de intención inmoral, aunque sí es “un retrato muy fiel y atrevido”.

Curiosamente, en otra carta, califica “À la recherche du tems perdu” como de un “libro extremadamente realista”, e insistirá en avisar a sus interlocutores de que a su obra se la habría calificado en otro tiempo de indecente, hasta decir que “tengo a tal punto la sensación de que una obra es algo que nace de nosotros, pero que vale más que nosotros, que me parece de lo más natural preocuparme por ella, como un padre por su hijo”. Javier Cercas, en el artículo «La novia perdida», al mencionar algunos de sus libros predilectos, cuenta cómo a los veinte años no pasó de las primeras páginas de la obra proustiana, tal fue el aburrimiento que sintió ante «la desazón enfermiza» del protagonista; sin embargo, pasados unos años, «se convirtió en mi obsesión y los volúmenes de su aventura en una aventura moral que me mantuvo desvelado durante meses». La onomástica proustiana nos invita a tener tamaña experiencia.

Publicado en La Razón, 28-X-2022

sábado, 3 de diciembre de 2022

Entrevista capotiana a Gabriel Calderón

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Gabriel Calderón.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? ya vendrá y será la muerte. Sino será el infierno, en el que también se está encerrado y es eterno. Cualquier lugar del que no se pueda salir jamás se parece al infierno o a la muerte. Así que no hay una verdadera opción detrás, elijamos lo que elijamos terminaremos odiándolo. 

¿Prefiere los animales a la gente? Los animales me prefieren a mí, y la gente prefiere a los animales antes que a mí, entiendo una lógica detrás de todo. También prefiero a ellos, ya sea animales o gente, antes que a mí. pero no me puedo evitar, soy como el lugar eterno al que estoy condenado en la pregunta uno.

¿Es usted cruel? Sí.

¿Tiene muchos amigos? Ellos creen que sí.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No busco mucho, más bien encuentro y agradezco la inteligencia y el humor. Pero no los condeno por la falta de ellos. 

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Tampoco es que tenga ni muchas expectativas ni muchos amigos. Los pocos que tengo se portan bien.

¿Es usted una persona sincera? No lo sé, no me esfuerzo por serlo, no veo mucho mérito en ello. Cabría diferenciar entre honestidad y sinceridad. Suelo pensar que tiene más mérito ser honesto que ser sincero. No son definiciones que contraste con la RAE, sino definiciones que me sirven para decidir. La sinceridad sería decir lo que se piensa, mientras que la honestidad es decir que lo que se piensa tamizado por una red de valores personales, morales, éticos. No creo que tenga ningún valor andar diciendo lo que uno piensa, a no ser que se persigan objetivos nobles o importantes.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? No tengo tiempo libre. Vivo con mi familia, mi pareja, mis hijos, hago teatro, paseamos, leo, escribo, estoy muy ocupado haciendo del tiempo algo interesante.

¿Qué le da más miedo? El sufrimiento de mis hijos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Todo me escandaliza, trato de que nadie me robe el derecho a escandalizarme, como decía Pasolini. Me escandaliza mucho la ceguera de la gente sobre sí misma, y me indigna y escandaliza a niveles astronómicos cuando esa ceguera es mía sobre mí mismo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? No soy escritor, soy dramaturgo, es una cosa rara que me tiene muy entretenido. Escribo para gente que nunca me leerá, sino que tendrá una experiencia artística en un teatro donde yo no estaré ni estará mi escritura, ni mis páginas. Escribo el inicio de un eco. 

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Basketball y hablar.

¿Sabe cocinar? Cocino todos los días alternado con mi pareja, para que mis hijos coman casero. 

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?  Felisberto Hernández -dijo- "hagamos cosas raras y recordémoslas después".

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Esta pregunta se nota que Capote tenía una respuesta preparada, sino es inentendible. Cualquier palabra es lo opuesto a la esperanza, significa el cierre de las posibilidades, la conclusión. Toda palabra es una fijación, un cementerio de significados, son los oídos, los ojos  y los cerebros los que abren esperanza. La boca, las manos y las palabras son armas de aniquilación.

¿Y la más peligrosa? "Hola" "Te puedo decir algo?" "Cómo estás" Vení, hablemos".

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí, lo he intentado, tres veces, la tercera lo logré, fue un crimen perfecto, estoy impune.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierda con tendencias derechistas, detesto la mediocridad pero amo la moderación. Muchas veces tengo más acuerdos con gente de derechas que con de izquierdas, pero no llego a votarlos jamás porque no acuerdo en sus ideales. Todos los que dicen que no hay izquierdas y derechas son de derechas, y todos los que dicen la frase anterior son de izquierdas. Si gana la izquierda en el gobierno enseguida me vuelvo un poco de derecha y viceversa. Mi tendencia sería "molesto e infantil" pero ya estoy creciendo y madurando.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Más inteligente, más hermoso, más femenino, más rico, más poderoso, más solidario, más atlético, más fuerte, más empático, más honesto y mucho mucho mucho mucho mucho menos ambicioso. 

¿Cuáles son sus vicios principales? Vivir, no puedo dejarlo. Tampoco lo he intentado. Calculo que ya se me pasará solo.

¿Y sus virtudes? Soy un aceptable dramaturgo.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mis hijos, mis hijos, mis hijos.

T. M.

viernes, 2 de diciembre de 2022

La revista "Qué Leer" de este diciembre

En la revista Qué Leer de diciembre (número 289) me ocupo de la protagonista de la portada, Luz Gabás, mediante una entrevista; asimismo, me encargo de la onomástica de los 80 años de La familia de Pascual Duarte, de C. J. Cela, de hablar de la trayectoria del último premio Cervantes, Rafael Cadenas, de hacerme eco del proyecto editorial de Iván Vergara, Ultramarina Cartonera & Digital, y, como siempre, preparo casi una treintena de páginas de recomendaciones de novedades de todos los géneros.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Entrevista capotiana a Enrique Vaquerizo Domínguez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Enrique Vaquerizo Domínguez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? La ciudad de La Paz.

¿Prefiere los animales a la gente? Depende de qué animales y de qué gente, claro.

¿Es usted cruel? Intento no serlo.

¿Tiene muchos amigos? Sí.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que no me aburran.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Sólo cuando me aburren.

¿Es usted una persona sincera? Depende de la combinación que exija cada momento entre sinceridad y educación.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Viajando y últimamente viendo vídeos en YouTube sobre unos vietnamitas que sobreviven en la selva sólo con un cuchillo.

¿Qué le da más miedo? Que todo pase demasiado rápido.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Que me den las bolsas en el supermercado sin abrir y las colas eternas de los bancos.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiese gustado ser guía turístico de un free tour.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No.

¿Sabe cocinar? Sí.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Alejandro Magno.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Todavía.

¿Y la más peligrosa? “Vamosviendo”.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Muchos días en la cola del supermercado, pero luego se me pasa muy rápido.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Desde hace algún tiempo suelen estar relacionadas con la pregunta anterior.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Guía turístico de un free tour.

¿Cuáles son sus vicios principales? Demasiados.

¿Y sus virtudes? La constancia.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las lecciones en las que aprendí a nadar.

T. M.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

La huida del león de las letras

El 28 de octubre de 1910 Lev Tolstói escribe una nota de despedida para su esposa Sofia, que dice: «Mi partida te afligirá. Lo lamento, pero compréndelo y créeme que no he podido actuar de otro modo». Aducía el autor el hecho de serle insoportable seguir viviendo en las condiciones de lujo que le rodeaban y el deseo de apartarse de la vida mundana para vivir en paz los últimos días de su existencia. Así, tras 48 años de convivencia, el escritor emprende una huida en tren acompañado de su hija Alexandra y de un médico, y baja en la estación de Astápovo, en Riazán. Al no haber hotel allí, el jefe de estación le acoge en su casa y, al cabo de una semana, una neumonía será letal para él.

Pues bien, Vladimir Pozner (1905-1992) recreó en un libro, de 1935, las razones que originaron este trayecto y agonía a partir de los telegramas conservados durante unos días, además de informes policiales, en los que todo el pueblo, incluso el país, estuvo pendiente de los acontecimientos. “Tolstói ha muerto” (prólogo y traducción de Adolfo García Ortega) es toda una joya del género de la crónica literaria. A partir de una estructura magnífica, que alterna el “drama” con la “historia de un matrimonio”, día a día vamos conociendo diferentes testimonios, tan contradictorios como complementarios del propio protagonista y de sus amigos y familiares. Todo ello en pos de contar el final de Tolstói y, en paralelo, recordar su existencia y sus vínculos personales, para que el pasado explique aquellos momentos terribles y ya legendarios a los que asistieron periodistas, miembros de la Iglesia ortodoxa o políticos zaristas.

Publicado en La Razón, 5-XI-2022

martes, 29 de noviembre de 2022

Entrevista capotiana a José Luis Díaz Caballero

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José Luis Díaz Caballero.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi estudio. En él se siento seguro. En él sé cuál es el sentido de mi vida.

¿Prefiere los animales a la gente? En ocasiones, sí. Por un animal sufrí, me desesperé y tuve mi primer contacto con la muerte. Por un animal, al que todavía hoy amo, negué a ciertas personas y postergué a otras. En ocasiones, solo en ocasiones, la gente no está a su altura.

¿Es usted cruel? Supongo que no. Detesto la crueldad, aunque no puedo decir que esté a salvo de haberla practicado en los momentos más inoportunos.

¿Tiene muchos amigos? Diré, aunque sea una frase hecha, que tengo pocos amigos, pero extremadamente buenos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La comprensión y el sentido del humor. A veces, solo en la risa descontrolada encuentro la felicidad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Y si lo hacen, no hay decepción que no se evapore con una buena charla.

¿Es usted una persona sincera? Intento serlo. Pero no se olvide usted que, además de escritor, soy abogado.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Dado que la escritura y la lectura forman parte de mi vida y no del tiempo libre, diré que divagando.

¿Qué le da más miedo? Perder a mis padres.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La injusticia. Es una respuesta manida, lo sé, pero no deja de escandalizarme cuando me encuentro con ella, o cuando soy yo quien la fabrico.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Probablemente, si no hubiese sido escritor, mi vida no habría tenido razón de ser. Difícil pregunta.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. Entreno y corro todas las mañanas.

¿Sabe cocinar? No. Mi cocina es de supervivencia. Pero corregiré esta falta muy pronto.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A José Saramago, sin lugar a duda.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Alegría.

¿Y la más peligrosa? Terror.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí, pero me es imposible.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? En literatura, en mis relaciones sentimentales y en el trato con el mundo, intento ser todo lo revolucionario que puedo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un animal. Y por la nostalgia que aún me pesa, un gato.

¿Cuáles son sus vicios principales? Más allá de malas interpretaciones, que seguro las habrá, la lascivia. Y puedo que también la verborrea.

¿Y sus virtudes? No soy el más indicado para responder a esa pregunta, pero le juro que me encantaría.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que la imagen de una mano acariciándome.

T. M.

lunes, 28 de noviembre de 2022

"La letra herida. Autores suicidas, toxicómanos y dementes" en "El Debate"


En el periódico digital El Debate, Fernando Ariza reseña La letra herida. Autores suicidas, toxicómanos y dementes, con el título de "Vidas creadoras, vidas rotas".

domingo, 27 de noviembre de 2022

Entrevista capotiana a Susana Hernández

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Susana Hernández.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Barcelona.

¿Prefiere los animales a la gente? Me gustan los animales y me gusta alguna gente.

¿Es usted cruel? Creo que no, al menos no deliberadamente.

¿Tiene muchos amigos? Los necesarios, diría yo. La palabra amigo se utiliza con cierta frivolidad.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Sobre todo lealtad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Ha habido de todo, pero nada alarmante. He tenido bastante suerte.

¿Es usted una persona sincera? Por lo general, sí.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En las cosas que me gustan: leer, escuchar música, ver series y películas, cocinar, ir al gimnasio, viajar.

¿Qué le da más miedo? El deterioro cognitivo, y la posibilidad de ver enfermar o sufrir a las personas que quiero.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de escrúpulos, la gente que sostiene, sin rubor, que cualquier fin justifica cualquier medio.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Trabajaría en el mundo social o en la comunicación.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí.

¿Sabe cocinar? Sí, me gusta y me relaja y se me da bien.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Anaïs Nin.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Mañana.

¿Y la más peligrosa? Fascismo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? En la vida real, no.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierdas y republicana.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Muchas cosas distintas, depende del día.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy bastante aburrida en ese sentido. No fumo, no tomo drogas, y bebo muy poco. El té es mi gran vicio.

¿Y sus virtudes? Soy leal y tengo sentido del humor.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Buenos momentos, espero. Imágenes de la infancia, de mi familia, de mis amigos, de la gente que he querido.

T. M.