viernes, 16 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Miguel Ángel Manrique

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Miguel Ángel Manrique.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Bogotá. Soy citadino. Nací en El Carmen de Bolívar, un municipio en la región de los Montes de María, al norte de Colombia, a una hora de Cartagena, o sea, que soy costeño de nacimiento; pero mis padres, hoy fallecidos, se vinieron a Bogotá cuando yo tenía seis meses de nacido. Así que me eduqué como bogotano, crecí como bogotano, en un barrio bogotano, con costumbres bogotanas, en medio del clima frío y del caos bogotano. Así que no querría vivir en otro lugar que no fuera esta ciudad que, además, está presente en mis libros.

¿Prefiere los animales a la gente? ¿Cuál es la diferencia? Somos animales. Sin embargo, tal vez lo único que nos separa de una vaca o una abeja es la conciencia del tiempo, de saber que un día nos vamos a morir y no volveremos a sentir el calor del sol. Aunque comparto mi vida con Tinta, una perra de agua español de once años y medio, que ya es abuela, y que suele sacarme de quicio con frecuencia, y de mi gata Ernesto, de dos años, que es mi consentida, prefiero a la gente; aunque a veces pienso que, si reencarnara, me gustaría ser un gato doméstico; y, cuando digo la gente, me refiero a todas esas personas que he conocido en mi vida, en el colegio, en la universidad, en la calle, en la vida, no al género humano como algo abstracto, sino a personas concretas, personas que me han hecho feliz y, por supuesto, con las que me he divertido y enojado, y, también, que me han hecho sufrir. Prefiero a la gente que me ha amado y he amado. Prefiero a los que amo. No sabría qué es una vida plena sin ese conocimiento. Intentar comprender las relaciones entre personas concretas es lo que ha hecho, en parte, que quiera escribir.

¿Es usted cruel? No. Me inclino más por la compasión, aunque cuando era niño solía torturar a las moscas y las arañas como parte de mis juegos infantiles. Espero que ellas me perdonen. Así que prefiero actuar con justicia, empatía y cuidado. Soy padre de dos hijos, he trabajado como profesor por más de treinta años, por lo que he intentado educar sin crueldad. La crueldad es cercana a la humillación y al daño que les hacemos a los demás. La maldad solo la soporto en la ficción.

¿Tiene muchos amigos? Pienso en la carga afectiva que contiene hablar de “mis amigos”, porque evoca vínculos fuertes y de mucho cariño. Estoy convencido de que la amistad es una de las formas más serenas del amor, una finalidad en sí misma, que se expresa de muchas maneras. Cada relación amistosa es única: uno sabe lo que siente verdaderamente por cada uno de sus amigos. No tengo muchos amigos; tal vez, son más los conocidos, pero mis amigos saben que los amo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Creo que mis amigos son sinceros, desinteresados y generosos con sus afectos; idealistas, unos; realistas, otros; además, son solidarios, inteligentes y divertidos; son bebedores, buena muela, fumadores, holgazanes, tercos, trabajadores, críticos, aman la poesía, leen novelas, ensayos, noticias, ven series, hacen chistes, se preocupan por la educación, por la vida; saben escuchar, aunque en las reuniones hablen todos al mismo tiempo; en definitiva, son increíbles, son buenas personas. Ellos me recuerdan unas palabras de ese bellísimo prólogo que Natalia Ginzburg escribió sobre su amigo Cesare Pavese: “En su compañía nos volvíamos mucho más inteligentes, nos sentíamos inclinados a poner en nuestras palabras lo mejor y lo más serio que llevábamos dentro, descartábamos los lugares comunes, los pensamientos imprecisos, las incoherencias”.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Sí, como seguramente yo los he decepcionado a ellos. La amistad no está exenta del dolor. Entender que no podemos contar del todo con nuestros amigos, que no sean siempre solícitos, hace parte de convertirnos en adultos, de alcanzar la mayoría de edad. Sabernos imperfectos, aceptar nuestros defectos y declararnos seres decepcionantes nos humaniza, nos ennoblece y nos aleja de los mártires, los héroes y los santos que son seres muy solitarios. Además, la amistad es una de las formas más nobles del amor, cuando es sincera, porque uno ama a los amigos a pesar de los desencantos. Es una fuerza muy poderosa.

¿Es usted una persona sincera? Sí. Aunque creo que en mis libros he podido ser más sincero que en la vida real, porque la ficción me permite decir muchas más cosas sin meterme en problemas. Pero también me gusta mirar a los ojos a las personas y decirles lo que pienso de ellas. En general, lo hago con quienes conozco, con los más cercanos.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leer ocupa la mayor parte de mi tiempo libre. Estoy terminando, por tercera vez, Don Quijote de la Mancha. Estoy en el final, cuando se aproxima su muerte. Lo estoy haciendo lentamente. Una página a la vez. La agonía de don Quijote nos recuerda que las cosas humanas no son eternas. Disfruto muchísimo también de sentarme a conversar por horas con Gabriela, mi esposa. Ella y yo solemos tener desayunos largos para hablar sobre todo lo que nos interesa de la vida, para compartir nuestras preocupaciones y nuestros logros. Los sábados, nuestro día favorito, me gusta estar con mis hijos, Alejandro y Jerónimo, cocinar, reírnos, conversar, escuchar música y beber vino o lo que haya.

¿Qué le da más miedo? La enfermedad. A medida que me hago viejo me da temor perder la memoria o quedar como un vegetal por culpa de un padecimiento crónico o un accidente, porque odiaría depender de los demás. No quisiera ser una carga.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Los abusadores de todo tipo. Me indignan los que se saltan las reglas de juego. Los infames. No puedo ser indiferente ni cínico, por ejemplo, ante los avances del fascismo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Bajista en una banda de rock en la que mi esposa Gabriela fuera la cantante.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hasta los treinta años era un hombre más o menos atlético, solía trotar y montar en bicicleta, pero luego fui perdiendo la forma. Aparte de salir a caminar, no practico ningún ejercicio.

¿Sabe cocinar? Sí, y me gusta cocinar, pero lo hago en privado, para mi familia. Tanto a mis hijos como a mi esposa les gusta lo que preparo especialmente para ellos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? En la Universidad Nacional de Colombia, cuando estudié literatura, leí la mayoría de los libros de Umberto Eco, el Tratado de semiótica general, Lector in fabula, Los límites de la interpretación, El péndulo de Foucault, La isla del día de antes, Baudolino, por mencionar algunos. Gracias a él aprendí muchísimo de semiótica, de filosofía del lenguaje y de la importancia de comprender los mecanismos de generación del sentido en la literatura, el arte y la ficción; también me enseñó a pensar críticamente, a recurrir a los argumentos, y a entender la importancia de la belleza y la fealdad en el arte; pero, sobre todo, por Eco conocí a algunos de mis amigos actuales, personas inteligentes y sensibles, semiólogos desencantados, con quienes todavía comparto la vida. Así que indudablemente sería sobre Umberto Eco, uno de mis maestros de papel.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Amor.

¿Y la más peligrosa? Poder.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Pero, como ser humano, sé que la posibilidad está latente. Ahora recuerdo el primer capítulo de 2001 Odisea en el espacio, de Arthur C. Clarke, cuando Moon- Watcher, “el primer hombre”, y su tribu, después de haber tocado el monolito, se acercan a los Otros armados de mazos y cuchillos de hueso. Moon-Watcher sostiene en una rama la cabeza sangrienta del leopardo que los amenazaba y al que logran vencer, atraviesa el riachuelo que los separa, y que es el recurso escaso que los enfrenta, golpea en la cabeza a Una-Oreja, el líder de la otra banda, y lo mata. Indiscutiblemente, la escena revela el rudimentario origen del poder político que está relacionado con la muerte del rival y con la apropiación del recurso. Creo más en el diálogo, en el café conversado o en la llamada a tiempo, como una forma de resolver los conflictos, que en la muerte como una solución.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? A pesar de sus imperfecciones, la democracia me parece la forma de gobierno que debemos defender. Aquella que se rige por unos principios constitucionales, que construye ciudadanía, bienestar, en la que se respetan la división y el equilibrio de poderes, donde existen la justicia social y los derechos humanos. No como una utopía, sino como un ejercicio cotidiano. La democracia es un oficio. Creo además que es importante mantener vivo el frágil equilibrio que hay entre la libertad individual y el poder social. Comparto una visión del mundo que abarca el respeto por la diversidad, el pluralismo, la libertad de expresión y de opinión, la felicidad, la dignidad, y la paz, sobre todo, además del cuidado de la naturaleza. Prefiero el diálogo a la fuerza bruta. Rechazo los fanatismos y los extremos. Entro en conflicto con los autoritarismos. Como Noah Smith, aún mantengo los sueños liberales de mi juventud. Entonces, supongo que ideológicamente me percibo como un liberal de izquierda. Aunque apelando al segundo teorema de Gödel: “la consistencia del sistema no es demostrable dentro del sistema”. He votado por los liberales y los progresistas. Pero mantengo mi independencia al respecto, no milito en ningún partido ni en ninguna causa.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Suelo echar el chiste en mi casa de que en mi otra vida quisiera ser un gato doméstico. Los gatos son animales independientes, cambian de carácter cuando les gusta o no les gusta algo, son perezosos, cariñosos cuando quieren o furiosos. Suelen poner límites. Un gato es una buena forma de estar en el mundo.

¿Cuáles son sus vicios principales? ¿Vicios? Tomarme unos whiskies o unos vinos los fines de semana o fumarme ocasionalmente unos porros no sé si se consideran vicios. No tengo tendencias adictivas, así que no me enganché en las drogas, y aunque me gusta fumar, también puedo abandonar el cigarrillo con facilidad, aunque lo considero un placer. Tal vez abuso de la cafeína, porque suelo tomarme tres tazas de café fuerte todas las mañanas. Ahora, si hablamos de los vicios clásicos, tal vez tenga inclinaciones hacia la pereza, la gula y la lujuria, pero no creo que sean rasgos muy marcados de mi personalidad.

¿Y sus virtudes? Me gusta mucho un libro de Italo Calvino que se publicó en el siglo pasado, Seis propuestas para el próximo milenio. En este hay un ensayo titulado “Levedad”, en el que el autor explica que lo leve, no lo ligero ni lo light en el sentido de lo superficial, significa quitarle peso a la realidad, a las palabras, al lenguaje, de una forma poética. Cuando la realidad, las personas o las palabras nos agobian, pesan, como nos pasó hace poco en Colombia con el enfrentamiento verbal entre Donald Trump y Gustavo Petro: muchos temimos que ocurriera en nuestro país algo similar a lo que sucedió en Venezuela, que EE. UU. nos invadiera saltándose todas las normas del derecho internacional. Esa sensación, esa idea, no solo fue aterradora sino pesada, y muy perturbadora. Ese peso nos contagió de rabia y miedo. El 7 de enero una llamada entre los dos mandatarios aligeró las tensiones. El sentimiento que surgió después fue de levedad. Escribo para resistir a todo eso que hace pesada la vida.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Una tarde, de un día común y corriente, en 1971, estoy sentado sobre un tapete, con la primera amiga de mi vida, viendo Plaza Sésamo en la televisión. Una mañana, pudo ser de un sábado soleado, tal vez en 1972, Felipe, mi padre, me amarra los zapatos para salir a ver la casa que están construyendo en el barrio a donde nos iremos a vivir un año después. 31 de diciembre de 1981. El beso largo y apasionado que me dio una vecina que me gustaba, en un callejón oscuro, en medio del ruido de la pólvora. Jamás nos volvimos a ver. El 12 de enero de 2005, Gabriela y yo nos vamos a vivir juntos. Al otro día, viajamos en una buseta hacia Villa de Leyva, ella tiene el pelo negro, largo y abundante, los ojos le brillan, y yo tengo una sonrisa de oreja a oreja. 19 de octubre de 2005, el doctor Bernardo Moreno levanta en sus brazos a una pequeña criatura rosada que llora: presencio el nacimiento de mi primer hijo. 2 de diciembre de 2008, el doctor Moreno levanta un bello cuerpecito en sus brazos: presencio el nacimiento de mi segundo hijo. Un día antes de morir, el 16 de mayo de 2025, Betty, mi madre está acostada en la cama de un hospital mirándome con una expresión de profundo amor y ternura.

T. M.

jueves, 15 de enero de 2026

Mi texto para la presentación en Barcelona de "Las puertas del tiempo", de Gabriela Guerra Rey

Hoy aparece en Zenda, gracias a la gentileza del escritor Álvaro Colomer, el texto que preparé para presentar la última novela de Gabriela Guerra Rey, Las puertas del tiempo, el pasado 25 de noviembre de 2025, en la librería Byron de Barcelona. Fue un evento inolvidable, en consonancia con esta obra absolutamente extraordinaria.


La autora fue la protagonista de la portada de la revista Qué Leer de octubre, a raíz de una larga entrevista que le hice yo mismo y en la que abordé, como en el caso de esta presentación, tanto su vida y trayectoria literaria como Las puertas del tiempo.

miércoles, 14 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Fidel Moreno

 

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, del autor de Fidel Moreno.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi cuerpo. No es que sea gran cosa, pero después de tantos años me he acostumbrado a vivir en él con cierta holgura.

¿Prefiere los animales a la gente? Según para qué. Para comer, prefiero la carne animal a la humana. En cambio, para mantener una conversación prefiero a los humanos, es verdad que muchos, más que hablar, ladran, pero los hay que hasta saben escuchar. Y respecto al amor, cabría decir lo mismo, hacerlo con humanos a menudo trae problemas, pero da gusto si uno acierta, incluso algunas equivocaciones en este campo pueden ser enormemente placenteras. Sin negar sus posibles ventajas, el bestialismo me parece a priori una experiencia menos refinada.

¿Es usted cruel? No. A veces por impaciencia puedo ser hiriente, pero enseguida me siento culpable y trato de arreglarlo, no siempre con éxito.

¿Tiene muchos amigos? Los suficientes. Tengo también una predisposición amistosa que me procura momentos fraternales casi con cualquiera.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Más que buscar, agradezco en los demás la lucidez, el sentido del humor, la curiosidad, la capacidad de asombro, la alegría, la lealtad, la honestidad, la generosidad, la predisposición al juego o la amabilidad.   

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No demasiado. Con la edad he aprendido que el secreto está en no esperar mucho. Paul Valéry decía que la amistad es estar disponible, y me da la impresión de que estamos todos tan entretenidos, en mil quehaceres y en nuestra propia idiocia, que no nos queda tiempo para dedicárselo a los demás. Tampoco ayuda un sistema que estimula más la competencia que el apoyo mutuo a la hora de enfrentar la supervivencia. Mira si no la mezquindad tan poco amistosa que abunda en el mundo literario.

¿Es usted una persona sincera? Intento proceder sin dobles intenciones y no engañarme a mí mismo. La búsqueda de la verdad, tanto en su dimensión pública como en el ámbito personal, es una virtud que no debe sucumbir al cinismo ni a la hipocresía. Es una búsqueda en todo caso, y hay que tener muchas precauciones con el exceso de afirmación. La verdad, como recordaba García Calvo, es el descubrimiento de la mentira. Ser sincero entonces sería enfrentarse a las mentiras, tanto a las que constituyen la realidad como a las que nos hacen ser lo que somos.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Soy un apasionado de los viajes sin desplazamiento. Escribir, leer y drogarse, a la vez, me parece el mejor de los planes. Las exigencias de la escritura y la lectura no permiten la estimulación excesiva, así que la moderación resulta no solo saludable, sino el camino más eficaz para el goce.

¿Qué le da más miedo? Que el miedo me venza. Y en concreto, que le pase algo a mis hijos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La impunidad de los poderosos y las poderosas en sus abusos y desmanes. La fealdad de la mayoría, en casi todas sus manifestaciones, desde la arquitectura mayoritaria que arruina la belleza de nuestras ciudades, a los partidos mayoritarios que gobiernan España. También me escandalizan, ahora que lo pienso, los partidos minoritarios. Y también en general la fealdad de las minorías, y la mediocridad de la medianía. En realidad, me escandaliza la fealdad que nos rodea. ¿Pudiendo hacerlo bonito cómo es que lo hacen tan feo? Quizás el problema está en mí, que me dejo escandalizar por cualquier cosa y me olvido de mi propia fealdad.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo que ser rico heredero se me daría muy bien.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Voy cuando puedo al gimnasio y me meto en clase de pilates rodeado de señoras mayores con mucha más flexibilidad que yo. Y lo de pilates en realidad es la excusa para poder ir luego a la sauna y a la piscina de hidromasaje. Siempre he estado en contra del deporte, pero tantos años sentado frente al ordenador me han obligado a cuidar mi espalda. Sigo la escueta recomendación que me dio el fisioterapeuta que hace dos años me quitó la lumbalgia mecánica: “El cuerpo hay que moverlo”.

¿Sabe cocinar? Sí, en casa cocino yo principalmente.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Chicho Sánchez Ferlosio.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? “Esperanto”.

¿Y la más peligrosa? “Pelirroja”.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Todos los días y varias veces cada día, a mitad de la mañana y a deshora por la tarde, mato el gusanillo. A ser posible con bollería industrial.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Llevo veinte años queriendo dejar de ser anarquista. Me digo que hay que ser posibilista; que, puestos a elegir, la socialdemocracia puede ser un buen dique contra el derrumbe generalizado; que ya que no tengo paciencia para luchar en asamblea con mis iguales no está mal delegar con el voto en políticos que más o menos representen los valores de la igualdad y la libertad. Me trato de convencer, hasta trato de entusiasmarme con que haya un solo ministro en el Gobierno que no me decepcione. “¿Has visto a Bustinduy? Le dieron un ministerio de tercera y ahí está dándolo todo”, me digo. Pero el entusiasmo me dura muy poco en el terreno electoral. Las opciones autodenominadas de izquierda están a menudo desvirtuadas, no encarnan la secular lucha de la izquierda contra la desigualdad y la ignorancia. Creo de todas formas que el verdadero desafío político no está hoy en el tablero de quién gobierna; el enemigo, a izquierda y derecha, es el embrutecimiento colectivo. Solo una apuesta por la atención, los cuidados, la escucha, el refinamiento de la sensibilidad, la búsqueda de la verdad, la educación y el cultivo de las artes podrá contrarrestar la barbarie. Y si no, podrá al menos poner algo de sentido a nuestra vida particular y la de nuestros allegados.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un pez (para meter mi nariz en tu pecera).

¿Cuáles son sus vicios principales? La siesta, los helados, el cannabis y Nathy Peluso.

¿Y sus virtudes? Entregarme como si me fuera la vida en ello, sabiendo que en el fondo no importa nada.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que, en esa tesitura, más que imágenes, tendremos sensaciones, y muy desagradables. Hasta un punto en que pasen a ser agradables, por haber sido rescatado y entrar en calor, o por haber muerto y sentir el cálido abrazo de la inmensidad.

T. M.

domingo, 11 de enero de 2026

El colapso de la República española por malas decisiones

En este libro cuyo subtítulo reza «La intransigencia ideológica de la izquierda y el naufragio de la primera democracia española», Luis E. Íñigo sostiene que la República no estaba predestinada a fracasar, sino que su colapso fue el resultado de decisiones políticas concretas por parte de las figuras que lideraban la izquierda republicana. La falta de disposición para negociar y el rechazo a las fuerzas conservadoras generaron un clima de polarización y desconfianza que socavó las bases de la democracia. La tesis del autor es que los partidos republicanos de izquierda, aunque en principio eran una alternativa al autoritarismo monárquico, carecían de una estructura organizativa fuerte, lo que se reflejaba en la fragmentación interna y la falta de disciplina dentro de sus filas. Por otro lado, los líderes republicanos compartirían el hecho de priorizar los intereses ideológicos sobre la práctica política pragmática necesaria para la gobernabilidad de un Estado democrático.

Publicado en La Razón, 3-I-2026

sábado, 10 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Marcos Nieto Pallarés

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marcos Nieto Pallarés.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegiría uno con playa y montaña. Darte un chapuzón y casi de inmediato caminar por un bosque no tiene precio. Puede parecer una quimera, pero existen lugares así en España, como la Playa de Aiguablava, en la Costa Brava.

¿Prefiere los animales a la gente? Los animales son fieles hasta la médula —tengo dos gatos y puedo dar fe—, pero con las personas se puede hablar. No con todas, pero con algunas sí. Supongo que me decanto por la gente. Pero ganan por poco.

¿Es usted cruel? Para nada.

¿Tiene muchos amigos? No. Y lo prefiero así: pocos, pero buenos y bien avenidos. Siempre y cuando, no consideremos ‘amigo’ al familiar con el que te llevas de maravilla. Entonces, tengo bastantes.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Fidelidad. No es un amigo el que solo aparece cuando le conviene.  También sinceridad, aunque consiento la mentirijilla piadosa. Demasiada sinceridad puede resultar molesta. Todos los extremos son malos, o casi todos.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si acostumbran a decepcionarte, no son amigos de verdad. Los pocos que tengo no suelen hacerlo.

¿Es usted una persona sincera? Sí. Pero uso la mentira piadosa para no hacer daño a los demás, siempre y cuando dicha mentira piadosa no conlleve ningún mal mayor.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, escribiendo, viendo series y películas y jugando a videojuegos. Y, sobre todo, viendo mundo en buena compañía.

¿Qué le da más miedo? Que mi mujer se canse de mí. Ella es la mano que me sujeta cuando llegan los malos momentos. Cruzo los dedos para que eso nunca pase.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? A estas alturas no me escandaliza casi nada. El mundo está al borde de la putrefacción, y soy consciente de ello. Guerras, contaminación, maltrato animal, terrorismo, intolerancia, violencia doméstica, racismo... Sin embargo, todavía guardo esperanza de que todo mejore. La esperanza es lo último que se pierde, ¿no dicen eso?

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiera gustado ser boxeador. Obviamente, el boxeo no es el paradigma de la creatividad. Pero, oye, uno tiene que ingeniárselas para tumbar a otro en un ring.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Ahora mismo solo salgo a correr un par de veces por semana. También camino, e intento cuidar mi alimentación, aunque no siempre lo consigo.  

¿Sabe cocinar? No paso de freírles los nuggets a mis hijos. O sea, no.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Nelson Mandela. Lo considero la personificación de la lucha contra la injusticia y la capacidad para perdonar a tu «enemigo». Deberíamos tomarlo como modelo para construir un mundo mejor.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Diría ‘amor’, pero me parece un cliché. Así que digo ‘amanecer’.

¿Y la más peligrosa? Odio.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, literalmente. Pero no negaré que me han dado ganas de darle una colleja a más de uno.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Entiendo poco de política. Voto al partido que considero menos desastroso.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Lo he dicho antes: boxeador.

¿Cuáles son sus vicios principales? No fumo ni bebo alcohol, por ejemplo. Yo diría que no tengo ningún vicio reseñable. Eso sí, me pirran las chucherías.

¿Y sus virtudes? Me considero una persona bastante auténtica. Intento no dejarme influenciar por las modas o el qué dirán, aunque a veces resulte difícil no entrar de refilón en el lado oscuro. También me considero generoso y tolerante.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No entiendo a qué te refieres con el sistema clásico. No obstante, te aseguro que, sistemas aparte, lo primero que se me pasaría por la cabeza es el rostro de mi mujer. Lo segundo, los de mis hijos.

T. M.

viernes, 9 de enero de 2026

David Uclés: narrar la guerra civil desde el realismo mágico

 

Las cifras son impresionantes. Trescientos mil ejemplares vendidos, 28ª edición ya, y obtención de galardones: premios Cálamo Libro del Año 2024, de la Crítica Andaluza, Dulce Chacón XX, Andalucía de las Letras 2025, Espartaco Semana Negra, San Clemente 2025, Kelvin 505, Mejor Novela Festival 42, VI Bienal Vargas Llosa, Premio de Literatura de la Unión Europea (candidato español)… Estamos hablando de “La península de las casas vacías”, una obra superventas y que ha recibido todo tipo de elogios por parte de la crítica especializada, de David Uclés (Úbeda, 1990). Una novela esta que tenía pros y contras: lo favorable, lo atractivo de que el trasfondo fuera la Guerra Civil Española; lo desfavorable, lo repetitivo que el trasfondo fuera la Guerra Civil Española. Y es que es todo un riesgo volver al sempiterno tema español literario, si bien Uclés puso su sello personal para abordar el conflicto de forma renovada.

Al comienzo de su novela, el autor ya advirtió que algunos datos y fechas históricas las había modificado para que encajasen las piezas de lo que él calificaba de “rompecabezas; también se ha jugado con el devenir de los personajes, por muy reales que parezcan. Lo narrado se encuentra entre la realidad y lo imaginado”, añadía; así, llevó a cabo lo que todo buen narrador ha de desarrollar desde que fechaba su relato en el altiplano de Glières, Francia, en marzo de 1944. “En mitad del cielo, una nube deja de moverse”, era la primera frase del libro, marcando el tono poético de una obra que empezaba hablando del “cuerpo de un miliciano andaluz que yace bocarriba en el manto de nieve que cubre el valle”. Con ello, Uclés se enfrentaba a pensar la historia desde la literatura sin someterse del todo ni al realismo documental.

Formado en Traducción e Interpretación, ha publicado también “El llanto del león” y “Emilio y Octubre”, pero trascendió gracias a la obra aludida en que recurrió a lo que podríamos entender como realismo mágico. En sus páginas, lo extraordinario irrumpe con naturalidad, integrado en la vida diaria de los personajes, alrededor de una familia descompuesta, de un pueblo deshumanizado, de un soldado, de un poeta, de un maestro, de una niña, de un general, un niño ciego y una campesina que viven sufriendo la presencia constante de la muerte; además, Uclés jugaba con el elemento metaliterario, y convertía en ficción personalidades reales: Alberti, Lorca y Unamuno; Rodoreda, Zambrano y Kent; Hemingway, Orwell y Bernanos; Picasso y Mallo; Azaña y Foxá.

En “Emilio y Octubre”, Uclés también había recurrido al realismo mágico a partir de una historia de amor que se desenvolvía por toda Europa, que editó la editorial Dos Bigotes, sensible a la narrativa de sesgo homosexual. Y de alguna manera, “El llanto del león” también era la historia de un viaje, pues se presentaba la enfermedad terminal de un padre, y de un hijo que veía su marcha desolado. Publicó esta novela Ediciones Complutense, con un premio de por medio (el escritor ha gozado de diferentes becas de escritura, además), de tal modo que Uclés ha viajado desde la edición más modesta hasta el estrellato, con «La península de las casas vacías», gracias a la editorial Siruela, hasta alcanzar ahora el premio Nadal, con el que ya se inscribe dentro de un listado de autores destacados desde hace décadas. Un listado que incluye “Nada” (1944), de Carmen Laforet, que reflejaba la vida de la posguerra en Barcelona, o “Primera memoria” (1959), de Ana María Matute, con personajes adolescentes que veían su existencia truncada por la guerra. Novelas realistas y duras, que contrastan con la dureza y lo fantasioso del neorrealismo mágico de Uclés.

Publicado en La Razón, 7-I-2026

jueves, 8 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Josefina Aguilar Recuenco

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Josefina Aguilar Recuenco.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Pongamos que pides un lugar en el mundo: mi casa, que tiene posibilidad de ser ampliada en las cuatro direcciones.
¿Prefiere los animales a la gente? La gente nunca es una elección en mi vida. La propia palabra gente me resulta desplazable. Está llena de comportamientos sometidos, la gente es eso que es movido por y para, siempre depende de ser masa para ser, la gente es producto. ¿Había gente en las praderas del Neolítico? ¿Hay gente en el mar? ¿Quién hay en la palabra gente? Los animales cada día me enamoran más, no hacen ruido.
¿Es usted cruel? Recuerdo mi primer contacto con la crueldad. Tendría yo unos 6 años, durante los días siguientes a las vacaciones de navidad, en el colegio nos dejaban llevar algo que nos hubieran traído los reyes magos. Llevé una muñeca. Una niña de la clase me la pedía, se la dejaba, y frente a mí y mirándome con crueldad ella pellizcaba la cara de la muñeca. Yo le retiraba la muñeca y ella volvía a pedírmela, prometiéndome que no lo volvería a hacer. Yo confiaba y se la volvía a pasar y nuevamente ella la pellizcaba, así se repetía una y otra vez: confianza y crueldad, confianza y crueldad. Después, ya mayores ambas, vi a esa niña de dependienta, vendiendo perfumes. Ya no miraba a los ojos desafiando el dolor ajeno, ni el perfume se dejaba pellizcar. La escena confianza/crueldad se ha vuelto a repetir en mi vida adulta. Ahí tenía la ocasión de invertir la situación, después de poner confianza, y ante la crueldad del otro, ser yo quien fuera cruel con esa persona. Mi yo dañado podía usar la crueldad en su modo infantil: con búsqueda de placer (¿es la venganza placer, es el dolor placer?) hacia esa persona bastante canalla, pude usar la crueldad en su modo venganza por justicia y dignidad, pero decidí indagar en mí, en ese cuadro escénico confianza/crueldad, y a partir de ahí ha habido mucho cambio en mi vida y las fuentes del Advaita me han nutrido y ayudado luminosamente. Después, en la vida te encuentras con escenas que miden tus mecanismos de la crueldad gratuita, cuando las hormigas se vuelven locas por esa miga sobre la encimera de mi cocina y arman su batallón salido de no sé qué grieta por alcanzarla, doy golpecitos con los nudillos sobre la plataforma para que retornen a su misterio bajo tierra (el sonido hace que se retiren) y así no matar a ninguna. Es imposible, difícil, imposible, no matar a una hormiga. Es imposible no pisar la hierba. Pregúntales a ellas, las hormigas, la hierba, ellas deben saber de la crueldad humana. La crueldad también puede ser la ignorancia intrínseca en toda acción. Tampoco arranco flores del campo. No puedo. En primavera quisiera llevar a casa esas margaritas silvestres, pero me es imposible arrancar flores de la tierra. Querer poseer la belleza debe ser un acto de crueldad. ¿He de guiarme por todos estos actos que aquí digo para determinar si en mí hay mecanismos de crueldad? Solo me guío por todo esto pero no bajo la guardia. Mejor leamos a Annemarie Swarzenbach en su La vía cruel.
¿Tiene muchos amigos? Muchos y amigos no me son combinables. Tampoco la palabra muchos ni la palabra amigos me resultan, por separado, combinables conmigo. Creo en la amistad como un tercer lugar donde dos se encuentran en un nivel más honesto, digno, puro, pero no creo en esa formulación fácil de amigos/mis amigos. La amistad es ese tercer lugar que nos cuida de "los amigos", más allá de complacencias entre dos, ese tercer lugar que no necesita compañía, y que no pide ser expuesta en sus usos sociales; la amistad es y se reconoce sin tener que pasarla al producto: "mi" o " tengo" o "amigo". Realmente me produce pudor tratar la amistad en esos términos, que además tiene, y más actualmente, unos márgenes muy livianos: saludos, emoticones, redes, cenas, charlar y charlar, compartir momentos y afinidades y todo que sea sin cuestionarle nada al otro. Las palabras amigo/amiga fácilmente muestran su degradación bajo el infantil auspicio del lazo relacional. Siento algo de pudor cuando me veo teniendo que decir: amigo, amiga, es como que lanzas un cebo a la otra persona, un reclamo, una encerrona, si te nombro mi amigo ya te señalo para que tú me nombres amigo. Ya ni te digo si me viera en situación de decirlo en plural, mis amigos. La amistad en cambio me es bienvenida, me es un lugar fiable para que dos personas se encuentren y puedan cuestionarse, sin cuestionarme a mí en el otro y al otro en mí no hay amistad, hay relación. Si la amistad es para no cuestionarte la identidad, no la quiero, no me es fiable.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que tengan un mundo interior no semejante, un misterio vital, un amor de transcendencia, que estén en el mundo sin estar en el mundo, que porten la cualidad de la soledad y la independencia, sobre todo independencia respecto a lo social. Además, el humor, el juego, la chispa de ser.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No me decepcionan porque no espero encontrar amigos, eso es algo que sucede muy escasas veces, como decía antes, cuando las dos personas reconocen el lugar en el que se unen. Siempre lo he vivido así, desde la adolescencia, sabía que eran “amigos” por un vínculo, un contexto…para mí eso no tiene que ver con la amistad sino con necesidades que se quieren cubrir para no estar solo o para que te escuchen, o para contarles monsergas, o para compartir risas y tiempos… y, aunque al moverme en el mundo vivo situaciones así y las disfruto con alegría, ese mundo de relaciones no me interesa, no lo alimento. Sí aprecio y guardo afecto a personas con las que me vinculo por diferentes motivos pero la amistad es un tercer lugar, un don y la diferencio claramente de lo otro.
¿Es usted una persona sincera? Soy una persona concera, busco una llama que se prenda en mí. Aparte, en el sentido en el que lo preguntas: esa palabra no me da mucha fiabilidad. Si la tomo como ser sincera hacia mí misma hago por serlo a través de la autoindagación y procuro derribar los pequeños dogmas internos con los que me creo que yo soy yo. Por otro lado, confirmo en mi vida que lo mejor es la posibilidad de rectificar, cuando corresponde, la rectificación creo que está totalmente vinculada con la sinceridad. Ante tantos actos mecánicos, inconscientes y aprendidos por adherencia a un yo identificativo, ¿cómo confiar en que somos sinceros? Prefiero desmontar eso y ver qué hay detrás de todo eso que en mí se mueve hacia fuera. Pienso que la sinceridad hay que contenerla en el terreno de uno mismo con uno mismo, y no como se suele entender, como algo de mí hacia el otro. La sinceridad en lo social es peliaguda, me produce cierta prevención, el ser humano está lleno de automatismos de defensa, totalmente inconscientes, hechos para sostener la identidad, y por lo tanto, sostenidos en una mentira estructural que no detectamos. En este sentido, la sinceridad es una falacia, ante ella prefiero anteponer la autoindagación y el conducirme a desbancar la “propia” identidad que está apoyada en acciones y palabras que creemos que son “verdad”, que creemos que son sinceridad… Prefiero ver qué hay detrás de esas acciones y enunciados que creemos coherentes y dignos. En fin, no fiarnos de nuestras bondades. Por otro lado, eso de simplificar diciendo “soy sincera” porque digo a los otros lo que pienso me resulta pueril. Ahora, con las redes y todo ese escaparatismo virtual, el mundo se ha llenado de sinceridad, un mundo de opinadores, como un derecho a la sinceridad que nos muestra en nuestra banalidad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo. Leyendo para mí y leyendo a quienes amo, y que me lean. Es sagrado, esos diferentes momentos de lectura durante el día. Otro acto sagrado: ir al cine, a esos cines que se sostienen desde hace años, que casi huelen a iglesia. Además, el acto de ir al cine y compartir con desconocidos, y a oscuras, una buena película me parece maravilloso.
¿Qué le da más miedo? Tener miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Creo que no hay algo que me escandalice. Me escandalizaría si tuviera un ideal acerca del otro, o acerca de la sociedad, o acerca de la humanidad. Y no, no pongo el grito en el cielo ante lo otro, eso sería tener un mundo idílico e inamovible acerca de lo demás, y no lo tengo, sé que lo que vemos de los otros, de lo otro, es una apariencia, una virtualidad, un ángulo, y después están los actos impuros que nadie ve, esos... Por el mundo han pasado algunos pocos seres extraordinarios y son seguramente los que están en este mundo sin pertenecer a él, sin exponer acciones, sin depender de flores. Los demás no somos ni escandalizables. Ahora retorno y me digo, si hubiera tomado esta pregunta de otra manera y hubiera dicho sí, me escandalizan los políticos, los poderosos, los hombres que mienten, los que escriben poesía y después se comportan como canallas, los que hacen las guerras, en fin manifestar que me escandaliza la mentira como estructura de superviviencia constante en el ser humano… Podría haberme escandalizado por ahí, sí… pero prefiero el canto, y que el canto se escandalice de mí.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Solo mirar, quizás, solo dejar pasar el mundo ante mi mirada. Seguir en la extrañeza pero sin escribirla.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Caminar, aunque caminar no es un ejercicio físico, es un vagar del alma, para el alma.
¿Sabe cocinar? No, cuando cocino experimento, no porque use condimentos creativos y los mezcle con ingenio sino porque me resulta algo muy caótico y al igual que cuando logro escribir se dan caos y orden de manera alquímica, en la cocina solo logro el caos, aunque algunos platos al final se puedan comer con gusto, es solo por efecto del milagro, como la escritura.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Como personaje inolvidable Pier Paolo Pasolini, me resulta el hombre más hermoso, su pureza, su honestidad, su dignidad, su valentía, su soledad. Después, más allá de personajes, y sobre los que no me atrevo a pensar en escribir sobre ellos, hay otros, cito, por si alumbra la curiosidad de alguien que lea esta entrevista, uno: Ramana.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Amor, siempre es más inalcanzable de lo que creemos, la acotamos en esa cosita pequeña, limitada a nuestros pequeños sentires, pero ella se defiende de nuestras puerilidades. Lo mejor que podemos hacer con ella es esperarla porque la propia espera ya nos impregna de ella, qué misterio. Amor, quizás la única palabra que es desde antes de ser amor. Además, amor no tiene palabra para decirse. Tú eres su palabra, nosotros somos la palabra para el amor, yo soy su palabra.
¿Y la más peligrosa? Amor, porque la rodeamos de ideas según la identidad de quienes la pronunciamos y el amor es libre de identidades, y libre de nosotros. Amor es libre de mí.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca, ¿qué necesitaría para matar a alguien? Ayer vi Asesinato en el Orient Express, muy conmovedora esa dramatización que muestra: todo un grupo humano implicado en un mismo dolor, y todos deciden matar como único remedio para sanar ese daño. Tiene que ser muy fuerte esa experiencia, querer matar.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Mi corazón dice izquierda pero la izquierda de Cristo o de Pasolini. Los políticos se apoyan en su imagen de ser y no hacen el camino del amor, no me son confiables. Sin amor ¿cómo se puede regir un pueblo? Y no es fácil amar más allá de los lazos de sangre y relacionales.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Una gacela o un río, o quizás quien mira a la gacela y al río y sabe que no le falta nada, que solo eso basta.
¿Cuáles son sus vicios principales? El vicio de cada día creerme que Josefina soy yo, y dejar pasar el día sin desmontarme de esa falsa creencia.
¿Y sus virtudes? Reír y jugar como una niña con 54 años.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Cuando era niña estuve a punto de ahogarme en el mar. Recuerdo que hubo un momento primero de lucha, y de repente se produjo un cese total de esa lucha porque algo en mí me vio desde otro lugar, comprendí entonces el darme a la situación, el abandonarme ahí. Ese momento fue de esplendor, de totalidad. La imagen de ese momento era yo, alguien en mí me veía. Así que mi imagen de esquema clásico está tomada por este episodio infantil. Pero puesta a imaginar qué pasaría por mí en ese momento sería la imagen cegadora de la dicha y la gratitud.
T. M.

miércoles, 7 de enero de 2026

Un artículo sobre el restaurante Público-Cuina de Mercat, Barcelona


Hoy aparece, en la sección de "Viajes" del diario La Razón, este artículo mío, en mi faceta de viajero hotelero-gastronómico, titulado "Público-Cuina de Mercat: deliciosa cocina catalana a la brasa".

martes, 6 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Luis Chacón de la Torre

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Chacón de la Torre.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi casa, como ET. Tengo todo lo que necesito, mis discos, mis películas, mis libros... ¡y hasta una cinta eléctrica! Creo que he conformado un “nido” apacible y con los elementos que me hacen feliz. La pandemia lo puso a prueba y lo superó con creces.

¿Prefiere los animales a la gente? Es cierto que con la gente te diviertes, gastas bromas, socializas (y los escritores necesitamos a la gente, pues son nuestros lectores), pero con los animales no te llevas decepciones ni disgustos, pues carecen de maldad, son leales, fieles y en muchos casos hasta cariñosos (perros y gatos). A veces sí prefiero antes a los animales. Además, hay personas tontísimas y lerdas en el mundo que no aportan nada y te aburren horrores. En esos casos mejor un animal, o incluso estar solo, je, je.

¿Es usted cruel? No. Para nada. Es más, intento siempre empatizar, solucionar las cosas mediante el diálogo, no llegar a mayores... Cuando he tenido oportunidad de serlo (regodearme de la desgracia de un “enemigo”, o persona non grata, no lo he hecho).

¿Tiene muchos amigos? ¿Qué se considera como amigo realmente? Es aquel que no solo está en los buenos momentos, sino en los malos, por lo que se cuentan siempre con los dedos de la mano. Amigos verdaderos y leales, tengo pocos. Ahora bien, conocidos, muchísimos. Desde que me dedico a la escritura estoy conociendo a mucha gente, buena e interesante la mayoría, pero no llegan al grado de amigos como los he definido.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, fidelidad y compromiso, casi como lo que se pide en una pareja, ja, ja, ja, ja. Que no te apuñalen por la espalda ni te dejen en la estacada, básicamente, es decir, que sientas que están ahí siempre y que no te van a fallar cuando los necesites.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, a día de hoy no, pero siendo más joven sí. ¿Pero quién no se ha llevado una sorpresa a lo largo de su vida con algún amigo? Yo creo que nadie se libra. Bien por un asunto de faldas, o que se vaya con otro grupo nuevo de gente y abandone a los de siempre... son casos generalizados, que todos hemos vivido.

¿Es usted una persona sincera? Intento serlo, y me explico. Me gusta ir con la verdad por delante, pero si sé que algo va a ofender demasiado a alguien, me lo guardo. A veces no merece la pena decir lo que se piensa si se va a disgustar a esa persona. Soy sincero, sí, pero cuando las mentiras piadosas pesan más en la balanza, soy partidario de hacer uso de ellas. No tomo el mundo se toma a bien lo que opinas, y en ocasiones el resultado puede ser nefasto. A veces es mejor callar.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Dedicándolo a las aficiones que más me gustan: escribir, leer, ver películas y hacer ejercicio. Son todo actividades que no requieren de nadie, lo sé, pero me gusta estar solo. Debo ser un raro, pero disfruto así.

¿Qué le da más miedo? Me da miedo morir y desaparecer para siempre, pues amo la vida, aunque supongo que esto nos da miedo a todos. También me da miedo que a Putin o a Trump se les vaya la pinza, pulsen el botón de lanzar misiles y la líen parda, y desemboque esto en una guerra mundial y acabe todo. 

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La impunidad de ciertas personas. Hay individuos que, por ser quiénes son, no se les aplica la ley de igual manera que a los demás. Es vergonzoso. También me escandaliza mucho los derroteros que está tomando la cultura en la juventud, que escucha “perreo” y reguetón y no saben ni quiénes fueron Queen, David Bowie o Depeche Mode, por poner algunos ejemplos... Esto sí que es escandaloso, ja, ja, ja.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Ni me lo planteo, porque ser creativo, expresarme de alguna manera, me llena. Estar relegado a un trabajo gris, estar encorsetado en una vida sin arte y sin cultura, es muy triste. Ya lo estuve, trabajando como técnico de medio ambiente en un ayuntamiento, y fue una experiencia horrible, agotadora, que no me aportaba nada y que me hacía un ser desgraciado. Ahora sí soy feliz, dedicándome de lleno a la escritura (y sin tener que soportar a los politicuchos de turno, je, je, je).

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, y además todos los días, para eso soy muy metódico, pero es que creo que es necesario, no solo para descargar tensiones, sino porque me paso muchas horas sentado, y no es bueno. Alterno ejercicios, no hago siempre lo mismo, pero cada día, a las 21 h, haga lo que haga, paro y hago mi ejercicio. Creo que es necesario, el cuerpo se “reinicia”, liberas las toxinas... y la mala leche que puedas tener acumulada, ja, ja, ja, ja.

¿Sabe cocinar? Lo justo, pero no entraría en Masterchef si existiera siquiera un programa para inútiles... Me manejo con lo básico, pero como mi mujer cocina de escándalo, ¿para qué ponerme yo? A ella se le da de miedo, sería absurdo intentarlo yo.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A David Bowie, creo que ha sido una persona que ha aportado a este mundo muchísimo arte. No he conocido a nadie tan polifacético como él: cantante, compositor, escritor, actor... ¡y hasta pintor! Nos dio mucho, creo que este tipo de personas son necesarias en el mundo, no deberían morirse nunca.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? JUSTICIA. Creo que es necesario que se haga justicia siempre, en todos los rincones del mundo. No se puede consentir que haya gente que salga impune de delitos flagrantes e imperdonables (y por desgracia ocurre). Si hubiera justicia, todo iría mejor. Claro, también es verdad que las personas deberíamos ser respetuosas para que no tuviéramos que hacer uso de la justicia, por lo que igual la mejor palabra sería RESPETO. Si todos respetáramos a los demás, no habría que aplicar la justicia.

¿Y la más peligrosa? ENVIDIA. Es lo que lleva a la gente a desear el mal ajeno, a matar, a arrebatar a los demás lo que poseen, a cometer actos deleznables.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Matar no, pero desear su muerte sí, y sería un hipócrita si dijera lo contrario. Es más, estoy seguro de que todos hemos odiado a muerte a alguien en nuestra vida en algún momento. A ese jefe que te hace la vida imposible y te trata sin respeto, a ese matón que abusaba de ti en el colegio, a esa compañera de trabajo que te puteaba... en fin, creo que va con el ser humano desear que alguien se volatilice y deje de darte por saco. No por ello me considero una mala persona, pero sí que he deseado que alguien se cayera por un barranco. Pero solo a gente realmente malvada, podrida, y que no hacía ningún bien a nadie.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me da angustia la política en general, así que no me considero partidario de ningún grupo. Todos son decepcionantes al final. En todos hay corruptelas, amiguismos, cohechos, prevaricaciones... Es una pena. Soy defensor del que lo haga bien, sinceramente. Si alguna vez alguien gobierna realmente por el bien común, sin esperar llenarse los bolsillos, entonces lo apoyaré, sea del partido que sea, pero creo que es una utopía.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Cantante de rock famoso, ja, ja, ja, ja. Y no por el sexo, las drogas y los desfases, no... sino porque creo que es una experiencia única en la vida. Llenar estadios, que la gente vaya a verte, coree tu nombre, seas aplaudido por multitudes... debe ser un gozo tremendo, un éxtasis. Siempre me han dado envidia (SANA) esos grupos que han alcanzado la cima.

¿Cuáles son sus vicios principales? El ron con naranja y las bolsas de patatillas, cheetos, etc., ja, ja, ja. Son mi debilidad. O una buena Guinness negra, que está riquísima. De vez en cuando me permito caer en la tentación y me doy esos caprichos. Pero para eso hago mis ejercicios también, para no sentirme luego tan culpable al darme a esos vicios, je, je, je.

¿Y sus virtudes? Soy una persona optimista y positiva, y creo que lo transmito a los demás, principalmente a mi entorno. Siempre veo el lado positivo de las cosas, o intento sacarlo de alguna manera, pese a que haya un problemón. Es la manera de salir adelante. En ese sentido, creo que ayudo a los que me rodean.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que diría: “menuda mierda”, y perdone por la expresión, pero es que si veo que me voy a morir, no pensaré en otra cosa, estoy seguro... ja, ja, ja, ja.

T. M.