martes, 11 de noviembre de 2025

Entrevista capotiana a Annika Brunke

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Annika Brunke.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Aunque adoro mi tierra y en Gran Canaria estoy cómoda y feliz, diría Londres. Creo que es tal la cantidad y diversidad de cosas que ocurren en cualquier ámbito, que no me cansaría nunca. Es una ciudad que te enamora y ya no te suelta.

¿Prefiere los animales a la gente? En la mayoría de los casos. Pese a que debemos vivir en sociedad y entendernos los unos con los otros, no me gusta la gente en general.

¿Es usted cruel? Nunca con conocimiento de causa. Ni siquiera con quienes se lo merecían.

¿Tiene muchos amigos? Amigos de verdad, unos pocos. Se cuentan con los dedos de una mano, como suele decirse. Pero son de los leales, con los que uno puede contar hasta para esconder un cadáver.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad, comprensión, empatía. Lo que busca todo el mundo, imagino.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, porque si son amigos del alma, uno entiende las situaciones. Ahora bien, hay una clase de pseudo amigo que en realidad no lo es. El que se jacta a boca llena de serlo y es el primero en apuñalarte por la espalda. De esos también he tenido, aunque afortunadamente han sido los menos numerosos.

¿Es usted una persona sincera? En la medida de lo posible, sí. Peco de soltar verdades camufladas en comentarios irónicos cuando debo morderme la lengua. Se me da muy mal fingir.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Soy muy cinéfila. Adoro una buena peli de terror, una serie entretenida. Leo todo lo posible, pero si tuviera que elegir solo una afición sería escribir. Si no escribo no respiro.

¿Qué le da más miedo? La oscuridad absoluta. El pensar que algo terrible pudiera ocurrirle a mi hijo. El dolor.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de humanidad, la profunda falta de escrúpulos de algunas personas. La violencia.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Puede que pintar, esculpir, cualquier cosa que saliera de mis manos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Caminar, aunque ¿para qué engañarnos? debería caminar mucho más. Ahora estoy empezando con los ejercicios de fuerza, esos tan buenos para la menopausia.

¿Sabe cocinar? Sí, me relaja mucho. A mi estilo “estrambótico”, algo étnico y sabroso.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Ed Kemper. Quizá no es la respuesta más políticamente correcta, pero lo considero del todo inolvidable.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Libertad.

¿Y la más peligrosa? Silencio.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Mentiría si dijese que no. Netanyahu se libra porque me pesa demasiado el culo como para correr en retirada.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Progresista, de izquierdas, vamos, roja de toda la vida.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Directora de cine.

¿Cuáles son sus vicios principales? Hace nueve meses que dejé de fumar, con lo cual se me hace complicado equiparar cualquier hábito actual a un vicio. Apilar libros pendientes de leer, la tostada de arenque y huevo duro de la Casa Suecia, cotillear de gente conocida…

¿Y sus virtudes? La persistencia, la solidaridad, la lealtad. Si un proyecto me interesa, no paro por más complicado que resulte.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? La cara de mi hijo sonriendo, la sensación de un abrazo, la arena de la playa en calma.

T. M.