miércoles, 14 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Fidel Moreno

 

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, del autor de Fidel Moreno.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi cuerpo. No es que sea gran cosa, pero después de tantos años me he acostumbrado a vivir en él con cierta holgura.

¿Prefiere los animales a la gente? Según para qué. Para comer, prefiero la carne animal a la humana. En cambio, para mantener una conversación prefiero a los humanos, es verdad que muchos, más que hablar, ladran, pero los hay que hasta saben escuchar. Y respecto al amor, cabría decir lo mismo, hacerlo con humanos a menudo trae problemas, pero da gusto si uno acierta, incluso algunas equivocaciones en este campo pueden ser enormemente placenteras. Sin negar sus posibles ventajas, el bestialismo me parece a priori una experiencia menos refinada.

¿Es usted cruel? No. A veces por impaciencia puedo ser hiriente, pero enseguida me siento culpable y trato de arreglarlo, no siempre con éxito.

¿Tiene muchos amigos? Los suficientes. Tengo también una predisposición amistosa que me procura momentos fraternales casi con cualquiera.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Más que buscar, agradezco en los demás la lucidez, el sentido del humor, la curiosidad, la capacidad de asombro, la alegría, la lealtad, la honestidad, la generosidad, la predisposición al juego o la amabilidad.   

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No demasiado. Con la edad he aprendido que el secreto está en no esperar mucho. Paul Valéry decía que la amistad es estar disponible, y me da la impresión de que estamos todos tan entretenidos, en mil quehaceres y en nuestra propia idiocia, que no nos queda tiempo para dedicárselo a los demás. Tampoco ayuda un sistema que estimula más la competencia que el apoyo mutuo a la hora de enfrentar la supervivencia. Mira si no la mezquindad tan poco amistosa que abunda en el mundo literario.

¿Es usted una persona sincera? Intento proceder sin dobles intenciones y no engañarme a mí mismo. La búsqueda de la verdad, tanto en su dimensión pública como en el ámbito personal, es una virtud que no debe sucumbir al cinismo ni a la hipocresía. Es una búsqueda en todo caso, y hay que tener muchas precauciones con el exceso de afirmación. La verdad, como recordaba García Calvo, es el descubrimiento de la mentira. Ser sincero entonces sería enfrentarse a las mentiras, tanto a las que constituyen la realidad como a las que nos hacen ser lo que somos.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Soy un apasionado de los viajes sin desplazamiento. Escribir, leer y drogarse, a la vez, me parece el mejor de los planes. Las exigencias de la escritura y la lectura no permiten la estimulación excesiva, así que la moderación resulta no solo saludable, sino el camino más eficaz para el goce.

¿Qué le da más miedo? Que el miedo me venza. Y en concreto, que le pase algo a mis hijos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La impunidad de los poderosos y las poderosas en sus abusos y desmanes. La fealdad de la mayoría, en casi todas sus manifestaciones, desde la arquitectura mayoritaria que arruina la belleza de nuestras ciudades, a los partidos mayoritarios que gobiernan España. También me escandalizan, ahora que lo pienso, los partidos minoritarios. Y también en general la fealdad de las minorías, y la mediocridad de la medianía. En realidad, me escandaliza la fealdad que nos rodea. ¿Pudiendo hacerlo bonito cómo es que lo hacen tan feo? Quizás el problema está en mí, que me dejo escandalizar por cualquier cosa y me olvido de mi propia fealdad.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo que ser rico heredero se me daría muy bien.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Voy cuando puedo al gimnasio y me meto en clase de pilates rodeado de señoras mayores con mucha más flexibilidad que yo. Y lo de pilates en realidad es la excusa para poder ir luego a la sauna y a la piscina de hidromasaje. Siempre he estado en contra del deporte, pero tantos años sentado frente al ordenador me han obligado a cuidar mi espalda. Sigo la escueta recomendación que me dio el fisioterapeuta que hace dos años me quitó la lumbalgia mecánica: “El cuerpo hay que moverlo”.

¿Sabe cocinar? Sí, en casa cocino yo principalmente.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Chicho Sánchez Ferlosio.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? “Esperanto”.

¿Y la más peligrosa? “Pelirroja”.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Todos los días y varias veces cada día, a mitad de la mañana y a deshora por la tarde, mato el gusanillo. A ser posible con bollería industrial.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Llevo veinte años queriendo dejar de ser anarquista. Me digo que hay que ser posibilista; que, puestos a elegir, la socialdemocracia puede ser un buen dique contra el derrumbe generalizado; que ya que no tengo paciencia para luchar en asamblea con mis iguales no está mal delegar con el voto en políticos que más o menos representen los valores de la igualdad y la libertad. Me trato de convencer, hasta trato de entusiasmarme con que haya un solo ministro en el Gobierno que no me decepcione. “¿Has visto a Bustinduy? Le dieron un ministerio de tercera y ahí está dándolo todo”, me digo. Pero el entusiasmo me dura muy poco en el terreno electoral. Las opciones autodenominadas de izquierda están a menudo desvirtuadas, no encarnan la secular lucha de la izquierda contra la desigualdad y la ignorancia. Creo de todas formas que el verdadero desafío político no está hoy en el tablero de quién gobierna; el enemigo, a izquierda y derecha, es el embrutecimiento colectivo. Solo una apuesta por la atención, los cuidados, la escucha, el refinamiento de la sensibilidad, la búsqueda de la verdad, la educación y el cultivo de las artes podrá contrarrestar la barbarie. Y si no, podrá al menos poner algo de sentido a nuestra vida particular y la de nuestros allegados.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un pez (para meter mi nariz en tu pecera).

¿Cuáles son sus vicios principales? La siesta, los helados, el cannabis y Nathy Peluso.

¿Y sus virtudes? Entregarme como si me fuera la vida en ello, sabiendo que en el fondo no importa nada.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que, en esa tesitura, más que imágenes, tendremos sensaciones, y muy desagradables. Hasta un punto en que pasen a ser agradables, por haber sido rescatado y entrar en calor, o por haber muerto y sentir el cálido abrazo de la inmensidad.

T. M.