martes, 3 de febrero de 2026

Entrevista capotiana a Marga Montes Aguilera

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marga Montes Aguilera.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? No lo he encontrado todavía, uno con montañas, bares y, sobre todo, muchos días de sol.

¿Prefiere los animales a la gente? No, en ningún caso. No reniego de los animales si están en su hábitat natural que nunca es mi casa.

¿Es usted cruel? No creo. La crueldad implica falta de empatía, sentirse con el poder de hacer daño, no tengo esos sentimientos. Si he herido alguna vez a alguien ha sido sin crueldad. También me han herido sin crueldad y, en alguna ocasión con ella.

¿Tiene muchos amigos? Amigos íntimos pocos, dos o tres, de confianza, incondicionales. Luego están los amigos sociales, queridos y muy valorados. Creo que de esos tengo los suficientes. Tampoco desdeño las amistades ocasionales. La amistad como todo lo humano es algo vivo que evoluciona. La antigüedad no siempre es una virtud en la amistad.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que se alegren y lloren conmigo, que sepan escuchar y no juzgar, que respeten mi espacio, que intenten comprender mis errores y que puedan estar conmigo en una habitación sin hablar.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Casi nunca, ha pasado en muy contadas ocasiones.

¿Es usted una persona sincera? Lo procuro, aunque creo que ser sincero no siempre pasa por decir toda la verdad.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me gusta caminar por la montaña, ver una película, leer, escribir, viajar y perder el tiempo charlando en un bar.

¿Qué le da más miedo? La injusticia y los que la practican.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La codicia.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Bueno, no puedo decir que mi vida haya sido creativa, al menos en ese sentido. He trabajado como profesora de Física y Química durante muchos años. La escritura ha estado relegada al ocio hasta ahora. Para mí, como autora emergente, con algunos relatos publicados y mi primera novela a punto de salir, una actividad realmente nueva e ilusionante.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Caminar por la montaña o por cualquier lado y montar en bici como ejercicio y como diversión. Luego los ejercicios de fuerza que hay que hacer. Una vez al año esquiar.

¿Sabe cocinar? Sí, algunas cosas no me salen mal.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Joan Manuel Serrat como personaje real y a Pedro, el médico de Tiempo de silencio, como personaje de ficción.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Educación.

¿Y la más peligrosa? Hambre.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí, varias veces.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy socialdemócrata y feminista. Apoyo las políticas que más se acerquen a la idea de igualdad y justicia social.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Actriz de teatro.

¿Cuáles son sus vicios principales? La cerveza, el desorden y comerme el coco más de la cuenta.

¿Y sus virtudes? Soy perseverante, trabajadora y discreta.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi hijo.

T. M.