En este tercer libro de cuentos que de Maxim Ósipov (Moscú, 1963, y en la actualidad exiliado en Alemania tras el estallido de la guerra de Ucrania) publica Libros del Asteroide, «Después de Eternidad» (traducción de Alejandro Ariel González), converge una arquitectura narrativa que articula literatura, memoria y testimonio. El punto de partida es, un poco al modo en que Paul Auster nos acostumbró, un cuaderno olvidado en la consulta de un médico, escrito por un anciano enfermo, Alexandr Ivánovich, antiguo director literario de un teatro situado en Eternidad, un asentamiento minero colindante con el círculo polar ártico. A partir de ese hallazgo, se despliegan una serie de relatos que avanzan desde la intimidad de lo cotidiano hacia una interrogación más amplia sobre la historia reciente rusa.
El inicio del libro fija con claridad el tono metaliterario y de espejo de la realidad de un país siempre con trasfondos turbios; así, el narrador, médico ꟷel propio autor lo esꟷ, en el prefacio, fechado en Tarusa, pueblo en que se instaló el escritor para trabajar en un hospital, afirma: «La medicina es un asunto serio, no una ven tanilla de atención al cliente. Y todas esas pensiones son pura corrupción. ¿Qué pasa, es que no saben a quién hay que sobornar?». Esa distancia cínica permite que la figura de Ivánovich se construya por acumulación de gestos y palabras: su “dignidad en el tono”, su serenidad ante el diagnóstico, su pasado teatral. De esta manera, Ósipov trabaja con materiales frágiles: cuadernos, notas, recuerdos incompletos, rumores administrativos, como si heredara el tópico del subsuelo funcionarial de Dostoievski. La desaparición del anciano y la imposibilidad de verificar ciertos hechos, como el supuesto bombardeo de la Casa de la Cultura, colocan al lector en una zona entre lo documental y lo ficticio, que es especialmente fecunda en el terreno literario eslavo o y ficción, más si cabe cuando Ósipov pone entre bambalinas el ocaso de la URSS y alcanza la guerra de Ucrania.
Publicado en La Razón, 7-II-2026
