En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Bernardita Maldonado.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegiría mi lugar natal, una provincia pequeña al
Sur de Ecuador, Loja, conocida también como “El último rincón del mundo”, tiene
uno de los parques naturales más bellos e importantes del país. Ahí todo el
mundo toca algún instrumento o canta, menos yo. Ahí está mi madre y
parte de mi familia, y también
parte de mis amigos de la infancia. Eso sí, la nostalgia del mar y de Barcelona
sería constante, pero como no puedo salir, suspirando me pasaría los días.
¿Prefiere los animales a la gente? No encuentro
diferencias claras entre unos y otra, la ciencia de hoy en día nos ha mostrado
que los humanos compartimos con una vaca el 80 por ciento de sus genes, más
allá de ello, hay animales con atributos muy humanos y humanos que cometemos
salvajadas, basta una mirada al actual contexto político mundial. Prefiero a
ambos.
¿Es usted cruel? Creo que no, no me lo parece, y si lo soy es sin voluntad de serlo.
¿Tiene muchos amigos? Sí,
considero que así es, el mérito es de las personas entrañables que me prodigan
su afecto, una nunca se cansa de agradecer la benevolencia de amigos que hacen
que la vida sea amable.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Diré que soy una
afortunada, no busco las cualidades de mis amigos, pues, están ahí, relucientes
y ofrecidas a quien las necesite.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No.
¿Es usted una persona sincera? Procuro serlo, pero también evito el sincericidio, creo que hay que tener
mucho tino y pensar bien desde el tono, hasta las palabras con las que dirigirse
a otra persona o personas y sobre todo pensar si el ejercicio de sinceridad va
a ser constructivo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mi tiempo libre es bastante esquivo, pero si llega, prefiero escuchar
música o dormir.
¿Qué le da más miedo? La violencia, en todas sus formas y expresiones, especialmente el daño
que se produce a los hijos para dañar a las parejas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza que no seamos,
ni hayamos sido capaces de hacer algo para detener la violencia extrema, la
injusticia, la corrupción, en suma, me escandaliza la indiferencia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Sería
panadera, repostera, tejedora, son oficios que me encantan, y no se oponen a la
creatividad
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No, no, soy vaga para ejercitarme, me gusta caminar y poco más, hago
danzas Gurdjieff, más que ejercicio físico es una práctica de gestos y
movimientos, pero su finalidad dista mucho de lo que convencionalmente se
conoce como “ejercicio”.
¿Sabe cocinar? Algunos
platos son pruebas fehacientes de que sé cocinar, otros ponen en duda mis
conocimientos culinarios, lo cierto es que me gusta cocinar.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? ¡Oh, hay tantos! Pero, sin duda escribiría sobre Eric Satie.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Amar.
¿Y la más peligrosa? Guerra.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Desgraciadamente, viví un suceso espantoso, horrendo que fue descubierto
lejos del causante de ese daño, si en el momento que lo descubrí, lo hubiese
tenido a mi lado, no me cabe duda de que hubiese intentado eso… Por suerte, la
escritura, la terapia, la confianza en el sistema judicial y sobre todo los
vínculos afectivos en esta ciudad me sostienen, nos sostienen.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy crítica con todas las tendencias políticas actuales, no me inscribo
en ninguna.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Cosa no, pero me habría gustado ser pájaro.
¿Cuáles son sus vicios principales? Procastinar, y después tener prisa por llegar a todo, bien podría tener
una agencia llamada “A última hora. Producciones”, también, bebo demasiado
café.
¿Y sus virtudes? Uno
mismo no puede saber sus virtudes, estas se cumplen en los ojos de los demás,
son apreciadas por los demás.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Un atardecer de hace años ya, mis hijos de diecisiete años el mayor y mi
hija de un año, juntos, tirados sobre la hierba mirando las nubes. La niebla
matutina impregnando mi lejana ciudad, sugiriendo que hay algo mágico al
atravesar la densidad de esas calles donde la niebla se disipa lentamente; el
amanecer perfilándose sobre las playas de Barcelona, y esta imagen de hace
poco: en medio de un fuerte temporal de lluvia, muchas currucas cabecinegras
refugiándose en un árbol casi desnudo de ramas.
T. M.
