martes, 10 de marzo de 2026

Entrevista capotiana a María del Mar Ramón

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María del Mar Ramón.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? La playa.

¿Prefiere los animales a la gente? No. Me gustan mucho los animales, pero también la gente.

¿Es usted cruel? No creo. Me preocupo mucho por no serlo.

¿Tiene muchos amigos? No sé si son muchos, pero sí los mismos y las mismas desde hace mucho tiempo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No estoy segura. Me doy cuenta de que mis grandes amigos y amigas hacen cosas muy diferentes a las que hago yo y son personas bastante distintas a mí, y también me doy cuenta de que alguien es amiga o amigo mío por un factor que es difícil de poner en palabras. Algo me emociona, me conmueve, me maravilla: no tiene que ver con el intelecto o con el oficio o la carrea. Quizás pueda decirse que más que buscarlo, lo que encuentro en mis amigos y amigas es una sensibilidad singular.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces. No me preocupa la decepción, creo que depende de una expectativa que siempre es muy personal y ante las que los otros y otras no siempre tienen que responder. Sí me preocupa la crueldad, el daño deliberado, cosas que no suelen sucederme con amigos o amigas.

¿Es usted una persona sincera? Procuro.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Caminando.

¿Qué le da más miedo? Ser cruel o lastimar a las personas a las que quiero.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Muchos argumentos de la ultra derecha me escandalizan.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Ser nadadora de nado sincronizado.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta mucho correr, y para poder hacerlo sin lesionarme, levanto pesas.

¿Sabe cocinar? Lo mínimo indispensable. No me gusta mucho cocinar, pero porque no me gusta casi nada lavar los platos. Es el quehacer doméstico que más pereza me da. No tengo problema en lavar baños, me gusta barrer, encuentro relajante limpiar vidrios, no así los platos. Tengo una teoría de que a la gente que le gusta cocinar o no le molesta o directamente le gusta lavar los platos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Juana Bignozzi y Muhammad Alí.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Compasión.

¿Y la más peligrosa? Asco.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Jamás. Soy demasiado miedosa y demasiado culposa para vivir habiendo cometido un delito.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Izquierda.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un tiburón.

¿Cuáles son sus vicios principales? El teléfono, las noticias, ser insegurísima y el alcohol (no bebo hace casi cinco años).

¿Y sus virtudes? Soy una persona objetivamente prudente con la información propia y ajena. No sé si hago bien lo que hago, pero me gusta muchísimo, lo disfruto y me esfuerzo montones por hacerlo cada vez mejor. Me interesa ser una persona tanto leal como honorable; cuido mucho esas virtudes. Mi virtud más práctica es sin duda que soy muy buena para pedir comida para muchas personas. Soy muy buena para saber qué quieren comer distintos comensales, qué ordenar exactamente y cómo satisfacer diferentes paladares, casi sin margen de error. Es mi talento más preciado.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Todo el tiempo que pasé con las personas a las que amé.

T. M.