sábado, 14 de marzo de 2026

Entrevista capotiana a Mireia Yévenes

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mireia Yévenes.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegiría cualquier lugar cerquita del mar Mediterráneo. He vivido fuera y es lo que más eché de menos. Claro que hay otros mares y océanos, pero no nuestra cultura, gastronomía y clima. Me parecen un paraíso.

¿Prefiere los animales a la gente? Jajaja, no sé qué decir. Amo a mi perra, pero amo a mi gente. ¿Puede ser mis animales y mi gente?

¿Es usted cruel? Para nada. Tengo defectos, inseguridades y miedos, pero ninguna maldad. De hecho, creo en la importancia de sembrar bondad y belleza en esta vida. No para mí, sino para los que vengan detrás.

¿Tiene muchos amigos? Podría decir que soy una persona muy extrovertida, amigable y amable, hecho que a veces confunde a las personas y les da a entender que ya somos «mejores amigos». Sin embargo, amigos de verdad, los que considero hermanos de no-sangre, los puedo contar con una mano. Y ellos están siempre para lo bueno, para lo malo y para aprender.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean «casa», que me permitan mostrar mi autenticidad y espontaneidad, que sean amorosos, escuchen y compartan. Busco en ellos diversión, inspiración y bondad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Los más allegados, no. Aunque sí que me he llevado algunas decepciones de personas que ya no están presentes en mi vida. Supongo que al fin y al cabo es normal cuando conocemos a las personas: proyectamos en ellas unas expectativas que, tan pronto las dejan de cumplir, nos despiertan incomodidad. Al conocernos de verdad, ahí es cuando creo que se sabe si son amigos de verdad o conocidos.

¿Es usted una persona sincera? Por suerte o por desgracia, me salen subtítulos en la cara que me impiden esconder lo que siento. Trabajo mucho en ello porque a veces no me piden mi opinión sobre las cosas, pero la trasparencia me define de lejos. Se me ve venir.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Depende bastante de cómo me sienta: si estoy muy cansada, normalmente tengo poca batería social y me encanta estar en casa leyendo, o con personas que son «casa». También me escapo mucho a la playa, especialmente en otoño, invierno y primavera. El sonido del mar me devuelve a mí. Si mi batería social está bien, seguramente me encontréis bailando Swing.

¿Qué le da más miedo? Perder a mi gente más amada. Es algo que me puede llegar a quitar hasta el sueño.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El mal que hay en el mundo, los abusos y la mala gestión del poder, la falta de empatía y el exceso de egos y gurús, la falta de coherencia y de valores.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Solo se me ocurren respuestas que van de la mano con mi forma de ser: creativa. Hasta la docencia, que puede parecer de primeras que no, también lo es.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? No sé qué empecé a hacer antes: bailar o caminar. Todo comenzó con el Baile de Salón a los cinco años. Estuve federada en alta competición hasta los veintidós, cuando colgué los zapatos. Desde entonces el Yoga y el Swing han convivido en diferentes momentos de mi vida.

¿Sabe cocinar? Sí, y cocinar para las personas que quiero es uno de mis lenguajes del amor favoritos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sin duda elegiría a Sira Quiroga, la protagonista de El tiempo entre costuras, de María Dueñas. Es una de mis novelas favoritas.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? «Tant de bo», en catalán. Creo que está aceptado que digamos «ojalá», pero esta manera de expresarla contiene algo musical o rítmico en ella.

¿Y la más peligrosa? «Fluyamos». En esta era de amores líquidos, fluir en nuestras relaciones tiene una tendencia demasiado hacia la falta de compromiso. Improvisar está genial, lanzar a alguien al río de la ambigüedad me parece revisable.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca. Sin embargo, si alguien me lo ha hecho pasar realmente mal, más que querer matarlos, los convierto en un personaje de ficción y juego con ellos. ¿Le podríamos llamar vudú literario?

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Aunque hace tiempo que siento falta de representación por parte de los partidos políticos, me identifico con las ideologías que ponen los feminismos, los cuidados y los derechos humanos en el centro.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me encantaría ser mi perra, una gran maestra de que se puede ser feliz haciendo muchísimo menos de lo que hacemos y de que merecemos amor simplemente por el hecho de ser, no porque haya que tener o hacer nada en concreto.

¿Cuáles son sus vicios principales? El chocolate y el café son mis perdiciones. El queso y el pan mi zona segura.

¿Y sus virtudes? Mi entusiasmo, creatividad y espontaneidad. Creo que son un combo buenísimo que me permite ver la luz en la oscuridad y alumbrar los pasillos oscuros de otras personas. Nada… Un cachito, hasta que encuentren su propio interruptor.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que me acordaría de la gente que más amo y luego pensaría en las veces que he flotado en el mar mientras veía el amanecer. La paz de haber amado de verdad, con toda mi alma y haberme sido fiel, podría con todo.

T. M.