viernes, 29 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Serge Magerit

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Serge Magerit.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En el mundo de El Silencio del Hegemón, probablemente elegiría el Mar de Sauces. Lo imagino como un lugar tranquilo, de hierba fresca y túneles infinitos de árboles púrpura y malva, uno de esos rincones donde sería fácil perderse durante horas. Fuera de la ficción, elegiría una casita frente al mar. Añoro el sonido de las olas, el viento salado y la arena cálida bajo los pies. Siempre he pensado que las costas tienen algo profundamente evocador, varias de mis mejores escenas nacieron durante mis largos paseos por la orilla. Quizá por eso el mar termina encontrando su lugar en muchas de mis historias.

¿Prefiere los animales a la gente? Elegiría a mi gato Pippin por encima de muchas personas, pero, por lo general, soy una persona de personas. No podría vivir aislado. Soy demasiado cariñoso y charlatán para eso. Necesito las conversaciones largas, las historias y el afecto de los míos. Si paso demasiado tiempo solo, termino hablando con la radio.

¿Es usted cruel? Pregúntales a mis personajes (risas). Fuera de bromas, en la vida real siempre he sido demasiado blando. Soy muy empático, un justificador nato. Aunque con los años he entendido que poner límites es tan necesario como aprender qué silencios vienen a descansar y cuáles vienen a quedarse.

¿Tiene muchos amigos? Estoy rodeado de mucha gente que me quiere, soy muy afortunado en ese sentido. Pero con los años he aprendido que los amigos de verdad son pocos. Hay un puñado a los que confiaría mi peor versión, y eso ya es muchísimo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, empatía y mucho sentido del humor. Desconfío de la gente que no se ríe a carcajadas. Algo traman.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Rara vez. La felicidad se esconde en el control de las expectativas.

¿Es usted una persona sincera? Con todos menos conmigo mismo. Pero estoy trabajando en ello.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Un café con leche enorme, algo de música y unas horas escribiendo mientras la calle todavía está en silencio. Las mañanas tranquilas del fin de semana se han convertido en uno de mis lugares favoritos. Luego vuelvo a la civilización: cine, cervezas y conversaciones eternas con amigos. Y algún viaje de vez en cuando, siempre en buena compañía.

¿Qué le da más miedo? Una vida sin amor. Pero soy bastante combativo con estas cosas, soy un firme defensor de que no se puede vivir con miedo. Los griegos tenían una expresión que me gusta mucho: οδεìς βίος ν φόβ. “No existe una vida digna dentro del miedo.”

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me cuesta muchísimo entender a la gente que hace sentir pequeños a los demás. Un líder que no defiende a su equipo, alguien tratando mal a un camarero… son cosas que me cabrean de verdad.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Pintar seguro que no, mi nivel rivaliza con el de un niño de cinco años. Probablemente habría terminado dedicándole más tiempo a la música. Siempre me fascinó la capacidad que tienen algunas bandas sonoras para elevar una escena. Estoy bastante orgulloso de una lista de Spotify que he ido cebando con los años. ¡Ya supera las treinta y siete horas y sigue creciendo!

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? He jugado toda mi vida al baloncesto, pero ahora solo hago escalada y levantamiento esporádico de pesas. También disfruto de las partidas a la PlayStation mientras hago bici estática.

¿Sabe cocinar? Me defiendo, pero mi abuela seguramente se reiría a carcajadas si leyera esta respuesta.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Podría pasarme horas hablando de Boromir, Elodin o Jaime Lannister, pero para mí el más inolvidable es Aquiles. La idea de alguien obligado a elegir entre vivir y ser olvidado, o morir para convertirse en leyenda, me parece una de las cosas más tristes y hermosas que se han hecho nunca. Esa tensión constante entre gloria y tragedia ha influido mucho en mi forma de escribir.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Música. Algunas canciones tienen el extraño poder de recordarnos quiénes fuimos cuando ya empezábamos a olvidarlo.

¿Y la más peligrosa? El ego. Hay algo agotador en esta necesidad constante de convertirnos en el centro de todo. A veces tengo la sensación de que vivimos rodeados de personas intentando convertirse en monumento.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? A la mayoría de mis personajes. Pero me contengo, cada uno debe seguir su arco. Soy bastante obsesivo con esos pequeños detalles y disfruto escondiendo pistas y frases aparentemente inocentes que solo cobran sentido mucho más adelante o durante una relectura. La cantidad de spoilers encubiertos que esconden los primeros capítulos de El silencio del Hegemón probablemente daría para otra entrevista. Quizá esa sea la mejor enseñanza que me dejó Patrick Rothfuss: las mejores historias siempre esconden algo nuevo cuando vuelves a ellas.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Tengo mis ideas, pero no soy muy amigo de divulgarlas. La política tiene una facilidad terrible para dividir a las personas y romper lazos, y eso siempre me ha entristecido un poco. Tolkien entendía muy bien lo que el poder podía hacerle a la gente, merece la pena releerlo de vez en cuando.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un gato casero. Viven como reyes.

¿Cuáles son sus vicios principales? Los dulces. Soy un pozo sin fondo. Y la cabezonería. Cuando algo se me mete en la cabeza, mal asunto…

¿Y sus virtudes? Supongo que se me da bien cuidar de las personas. Nunca he sabido mirar hacia otro lado cuando alguien lo está pasando mal. También me gusta mucho solucionar conflictos y puzles, me distrae resolver de problemas.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?  Mis padres, mi hermano y mi familia en general. Mis años en el colegio, las tardes jugando al baloncesto en Mazagón y los paseos por la playa con mi tío. Mis amigos, los amores que me hicieron crecer, mis tutores en la universidad, la fresca hierba de Cambridge… y decenas de escenas con mis amigos que me guardo para mí.

T. M.