sábado, 15 de agosto de 2026

Entrevista capotiana a Juan C. López Cantos

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él el escritor estadounidense se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan C. López Cantos.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una casa en un páramo con chopos al fondo. Con unos pocos libros, escogidos, y ciertos discos. Papel, bolígrafos y lápices de sobra. Tampoco estaría nada mal en un lugar frente al Atlántico, con lo mismo.

¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a las personas. Suelo entenderme mejor con los animales de mi especie.

¿Es usted cruel? No. Nunca ha sido mi intención hacer daño de ninguna de las formas en que se puede hacer daño. Si lo he sido alguna vez no me he enterado, lo que indica torpeza, y eso tampoco está muy bien; espero que no haya ocurrido.

¿Tiene muchos amigos? Conozco a bastantes personas y, sí, tengo algunos amigos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No creo que se busque algo o al menos yo no recuerdo haberlo hecho: si somos amigos, es todo y por algo será; si no, pues nada, no tenía que ser.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Teniendo en cuenta la respuesta anterior es fácil pensar que no. Quizá he tenido suerte o, al no esperar nada, no había posible decepción. Hemos discutido, nos hemos enfadado, nos han distanciado las circunstancias vitales… nada que no forme parte del juego entre nosotros. Seguimos siendo amigos.

¿Es usted una persona sincera? Al menos conmigo, espero que sí. En cualquier caso, tengo la impresión de que para convivir es más valioso ser honesto, y de eso me parece que voy bien.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Hay demasiadas cosas que me gusta hacer y la indecisión hace que pase ese tiempo sin hacer nada. Reconozco, por otra parte, que me gusta bastante pensar y sentir; es decir, no ocupar el tiempo libre con nada, aparentemente, para que siga siendo libre.

¿Qué le da más miedo? El sufrimiento de las personas a las que amo tanto. Y la violencia.

¿Qué le escandaliza, si hay algo que le escandalice? Si un personaje –político, periodista, músico…- nos miente y es descubierto y sigue, como si nada, repartiendo opinión y sus verdades, me escandaliza su falta de escrúpulos pero, más aún, me escandalizan sus palmeros. Y, ya puestos, la carroña televisiva, su pesadez y mal gusto para mantener el negocio. No sé, igual hablo de lo mismo y más que escandalizarme es ponerme de mal humor.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me temo que no he decidido nada. Posiblemente hubiera sido autónomo y tendría una academia de refuerzo de ciertas asignaturas (Matemáticas y Física y Química, por ejemplo).

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Ciclismo de carretera y sus aledaños: un poco de ejercicio para no sufrir mucho del cuello y de la espalda.

¿Sabe cocinar? Sí, puedo defenderme.

Si el Reader´s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre “un personaje inolvidable”, ¿a quién elegiría? Inolvidable para mí, entre otros, es mi abuelo; pero, bueno, si no les sirve, elegiría a César Vallejo.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Respeto.

¿Y la más peligrosa? Aquí lo tengo más difícil… “odio” es bastante dura.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca. Y espero seguir así.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy bastante de “paz y respeto”, me parece que lo tengo complicado.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Supongo que cosa se refiere a, por ejemplo, un árbol; pues eso me hubiera gustado: un castaño, un álamo…

¿Cuáles son sus vicios principales? Tiendo a la soledad, si es que eso se puede considerar vicio.  

¿Y sus virtudes? La paciencia.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Quién me habrá mandado meterme aquí.

T. M.