lunes, 26 de octubre de 2026

Entrevista capotiana a Ángela Armero

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ángela Armero.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Un barrio de Madrid cerca del Retiro.

¿Prefiere los animales a la gente? Me encantan, pero no. A veces prefiero mi propia compañía a la de los demás, aunque hablo siempre de soledad deseada, no de soledad impuesta.

¿Es usted cruel? Rara vez.

¿Tiene muchos amigos? No diría que son muchos, pero sí que se me da bien conservarlos. Me cuesta hacer amigos nuevos, y la mayoría son de hace décadas.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Inteligencia y lealtad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Ser amigo de alguien implica darle poder para que te decepcione o lastime, pero en general creo que he tenido bastante suerte con la gente que me acompaña en la vida.

¿Es usted una persona sincera? Sí, pero mido mucho la claridad y el momento en el que digo las cosas, la sinceridad incondicional puede ser muy dañina.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Soy una persona sencilla. Me gusta estar con mi familia y amigos, leer, ver pelis y series, ir a una exposición o pasear por un parque. Si viajo, me encantan las ciudades antiguas y los museos. También disfruto de la comida y del primer viento frío de otoño.

¿Qué le da más miedo? El sufrimiento, la soledad, la vejez y la muerte. Habitar una mentira. Un verano que no acabe nunca.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La muerte y sufrimiento de inocentes, la impunidad, y la gente que pudiendo conocer el mundo escoge ser ignorante.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me interesa mucho el concepto de justicia, creo que hubiera podido ser una buena abogada o fiscal.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Caminar, pilates, bailar, compra compulsiva de libros.

¿Sabe cocinar? Sí, se me da bien la repostería, pero es más sano comer lechuga, así que lo dejo para las ocasiones especiales.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Ramón Gómez de la Serna.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Comunicación.

¿Y la más peligrosa? La palabra libertad cuando la usan los canallas.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Pero sí he pensado que una o varias personas merecían morir.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy conservadora en algunas cosas: quiero conservar el planeta, el patrimonio artístico, la buena educación y el soporte físico de libros y películas. Por lo demás, me representa bastante la primera frase de “El Gran Gatsby”: “En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas. Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido las mismas posibilidades que tú”.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Si no fuera una mujer que pasa la vida escribiendo en casa, me gustaría ser Beryl Markham, Kathryn Bigelow o Alexia Putellas.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy un poco pesimista a veces y un poco casera de más.

¿Y sus virtudes? Creo que soy resistente y que tengo habilidad para resolver problemas. Y buena persona, o eso intento.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? La cara de mi hijo, el viento en las copas de los árboles, las manos de mi madre, un atardecer en Sudáfrica.

T. M.