lunes, 19 de octubre de 2026

Entrevista capotiana a Joaquín M. Sansalvatore

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Joaquín M. Sansalvatore.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Sería un lugar espacioso, tal vez un bosque o una isla, con una cabaña donde refugiarme.

¿Prefiere los animales a la gente? A la gente. Amo a los animales, nunca dejarán de sorprendernos, pero somos personas.

¿Es usted cruel? No. Y volviendo a la pregunta anterior, lo que más valoro en los animales es su falta de crueldad. Un perro puede sufrir el daño que algún descerebrado le haga, pero no concibe la voluntad de hacer daño por placer. Esa crueldad es exclusiva de los humanos.

¿Tiene muchos amigos? No, y con los que tengo me gustaría pasar más tiempo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Nada en especial. Un amigo no es tu amigo por sus cualidades, sino por el tiempo que has compartido con él: porque te acompañó en los buenos y en los malos momentos, porque vivisteis juntos una etapa importante de la vida.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Antes sí, a menudo. Pero creo que la culpa era mía por crearme expectativas o juzgar demasiado rápido. Detrás de un comportamiento suele haber varias razones y capas. Decir que alguien me decepcionó porque en un momento determinado sentí que me traicionaba me parece ahora simplista.

¿Es usted una persona sincera? Para ser sincero hay que ser valiente. A veces me atrevo y otras no.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Estoy con mi pareja. A veces ella está a sus cosas y yo leyendo o mirando algo. Otras veces vemos juntos una serie o cocinamos o simplemente estamos.

¿Qué le da más miedo? Una persona que no teme nada es porque no ama nada. Pronto seré padre y tengo la sensación de que eso lo cambiará todo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Como a muchos me escandalizan la injusticia y las mentiras. Como ejemplo, la política hoy en día está muy polarizada, repleta de reproches, de “y tú más”, insultos… y pocas propuestas o soluciones reales. Me enfada que nos engañen tanto y nos enfrenten unos contra otros.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? En realidad no vivo de escribir. Mi profesión es otra, pero todos deberíamos practicar algún tipo de arte; es una forma de sacar lo que llevamos dentro.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Debería. Hago algunos ejercicios por la mañana y voy por temporadas. Detesto ir al gimnasio y los últimos deportes que he practicado han sido artes marciales.

¿Sabe cocinar? Claro, espaguetis, tortilla, filetes fritos vuelta y vuelta, barbacoas, gazpacho...

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A algún artista loco que quemase su obra, como Gogol, o a un genio extraordinario como Mozart.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Amor.

¿Y la más peligrosa? Miedo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, nunca.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Depende del país, del momento y de las circunstancias. En las últimas elecciones generales voté al centroderecha. En las locales o autonómicas voto más a la persona.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Mi profesión es policía nacional. Si pudiera dedicarme a otra cosa, creo que me habría gustado ser profesor.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy bastante obsesivo. Cuando algo me interesa, me da fuerte y puedo pasar semanas dándole vueltas. Si hablamos de los vicios clásicos, fumar o beber, ninguno en especial.

¿Y sus virtudes? Eso prefiero que lo respondan otros como mi pareja, familia, amigos o compañeros de trabajo.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que mi pareja, mi padre, que falleció hace unos años, mi madre, mis hermanos de pequeños, amigos, instituto, universidad… Aunque, para ser sincero, es probable que nada de eso: estaría demasiado ocupado intentando sobrevivir.

T.M.