viernes, 15 de febrero de 2019

Una familia asombrosa


Muy pocos autores contemporáneos podrían decir que fueron ídolos de Franz Kafka. Eso le ocurrió a Thomas Mann, cuyo relato de 1903 «Tonio Kröger» –que ya presentaba el habitual dilema literatura-vida dentro de un ambiente burgués que iba a aparecer en el resto de sus obras– constituía la lectura predilecta, a los veinte años, del futuro autor de «La metamorfosis». Por aquel tiempo, Mann ya se había consolidado como una joven realidad de la narrativa germana con varias novelas cortas y, sobre todo, con la extensa «Los Buddenbrook» (1901), cuyo eco en Alemania solo era comparable al que obtuvo en su día el «Werther» de Goethe y que se iba a traducir a numerosas lenguas. Muy pronto, pues, a Mann le llegaría la fama y el prestigio, y se erige, por voluntad propia, en el pope de las letras germanas, e incluso compite con su hermano mayor, el novelista y dramaturgo Heinrich Mann, cuya obra siempre despreció por vulgar aunque públicamente la alabara.

Este comportamiento es muy propio de Mann: la hipocresía más fina, como demostró el reputado crítico Marcel Reich-Ranicki apoyándose en las cartas y en el diario del escritor, en el apasionante «Thomas Mann y los suyos» (Tusquets, 1989). Es la actitud de un hombre serio, muy consciente de su talento y capacidad artística, seguro de sí mismo, que se había criado en el seno de una familia de comerciantes de Lübeck. Allí había nacido en 1875, para después trasladarse a Múnich a la muerte de su padre. Nada indicaba que, tras acabar los estudios, aquel joven que había entrado a trabajar en la oficina de una compañía de seguros se convertiría en uno de los autores más importantes de todos los tiempos (Ranicki comparó su universo literario con los de Joyce y Proust). Desde entonces, para Mann solo existió la literatura, y la voluntad de recrear sus propias dudas espirituales y creativas. Boda, seis hijos, una homosexualidad reprimida pero que conocían el resto de miembros y apuntada en obras como «La muerte en Venecia» (1912), y los días enteros encerrado en su despacho bajo el cuidado de su esposa Katia, a la que debió tanto según reconoció él mismo, escribiendo cuentos, ensayos y novelas monumentales como «La montaña mágica» (1924), la tetralogía «José y sus hermanos» (1934-1944) o «Doctor Faustus» (1947).

Progenie sin desperdicio

Para aproximarse directamente a estas distintas etapas, referencias personales y escritos, pero en relación con el resto de la familia Mann, llena de artistas, llega ahora un título imprescindible para el interesado: «Los Mann. Historia de una familia», de Tilmann Lahme (traducción de Joan Fontcuberta i Gel), que complementa el trabajo, tras veinticinco años de investigación, de Hermann Kurzke y su «Thomas Mann. La vida como obra de arte». Y es que, en realidad, seguir la vida únicamente del patriarca podía parecer insuficiente habida cuenta de que su progenie no tiene el menor desperdicio: la escritora y corresponsal de guerra, amén de actriz y cantante Erika, tan ligada a su hermano Klaus, novelista homosexual y al fin suicida en 1949, con el que compartía drogas y muchas confidencias personales; Golo, quizá el más discreto y que anheló el beneplático paterno cuando intentaba abrirse camino en el mundo universitario; Monika, muchacha indolente que sufrió una viudedad trágica; Elisabeth, casada con un hombre mucho mayor que ella, y Michael, violinista algo mediocre que consiguió, cambiando su instrumento por la viola, entrar en la Orquesta Sinfónica de San Francisco, para también acabar suicidándose en 1977 (la muerte voluntaria estaba en los genes de la familia; dos hermanas del patriarca se habían quitado la vida, y hasta la esposa de Heinrich muere por una sobredosis de somníferos en 1944).

Recurriendo de continuo a la riquísima correspondencia de ellos –toda una «amazing family», como se describen–, Lahme nos introduce en los intríngulis de unos vínculos muchas veces rodeados de desconfianza y envidia, de tóxicas relaciones sexuales, de preocupación extrema por el dinero –que los hijos no paran de derrochar y pedir a Katia– y reflexiones sobre lo que significó Hitler en sus destinos. De ahí que en buena parte del libro se siga a la familia en la California que les acogió tan bien, con el impulso financiero de mecenas y distinciones de diversos «honoris causa» para el padre, pero también en Nueva York o en viajes de regreso a Europa, por parte de Erika y Klaus, sobre todo, para continuar tomándole el pulso a una realidad bélica terrorífica. Todo un goce lector que también sirve para conocer cómo algunas de las narraciones de Thomas Mann se concibieron y desarrollaron en un clima de intensa preocupación por los seis descendientes, que nunca parecían encontrar acomodo en la vida, en el país, y que, para bien o para mal, siempre estuvieron a la sombra del hombre que tan petulantemente dijo una vez: donde esté yo, ahí estará Alemania.

Publicado en La Razón, 7-II-2019

jueves, 14 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Paz Castelló


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Paz Castelló.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
Últimamente me decanto más por los animales, pero sigo teniendo fe en la condición humana a pesar de todo.
¿Es usted cruel?
Elijo no serlo. Al final toda actitud es una elección.
¿Tiene muchos amigos?
No. En general soy de minorías.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Honestidad y lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si lo hacen dejan de serlo, por lo tanto la respuesta es no.
¿Es usted una persona sincera? 
Tengo ese gran defecto. He de ser sincera y reconocerlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con mi gente, haciendo cosas sencillas y placenteras. Si no los tengo cerca, me dedico a estar conmigo misma, leyendo, escuchando música, pensando. Disfruto de la soledad.
¿Qué le da más miedo?
El miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza ser testigo de hasta dónde somos capaces de hacernos daño las personas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Creo que la persona creativa lo lleva en el ADN, por eso supongo que crearía de otra manera.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
¿El sexo cuenta?
¿Sabe cocinar?
Sí, y muy bien, según dicen.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
No soy nada mitómana. Buscaría a alguien más anónimo que famoso para convertirlo en inolvidable para el gran público. Creo que los grandes héroes y heroínas están por descubrir en la vida de mucha gente desconocida.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Esperanza.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Lo hago constantemente en mis novelas. Soy una asesina en serie con un modus operandi literario.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Creo en la bondad como ideología, en la honestidad y en la lealtad como principios básicos de la política. A partir de ahí, me pilla usted en un momento bastante desencantado.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Cualquiera que me hiciera feliz. Creo que es el principal objetivo de la vida.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Un vicio confesable es que me encanta dormir. Creo que es el único que puedo contar públicamente.
¿Y sus virtudes?
Soy noble, perseverante, apasionada y leal.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Creo que haría balance y llegaría a la conclusión de que he sido feliz, lo cual me satisface. Pensaría con amor y agradecimiento en mi gente, fundamentalmente en mis hijos y mi marido.
T. M.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Publicación de "Pérez Galdós en el vértice. Veinticuatro miradas", con un prólogo mío


Ayer se presentaba este libro en la Casa-Museo Pérez Galdós, Pérez Galdós en el vértice. Veinticuatro miradas, publicado por el Cabildo de Gran Canaria, en el que Yolanda Arencibia y José Miguel Pérez han reunido todos los prólogos del gran proyecto "Arte, Naturaleza y Verdad". Este consistió en editar la obra completa del escritor canario con un prólogo pedido para la ocasión a un escritor o historiador. Yo me encargué en su momento, en el año 2007, del tomo 9, aportando una introducción a las novelas El doctor Centeno, Tormento y La de Bringas

martes, 12 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Juan Gracia Armendáriz


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan Gracia Armendáriz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una reserva natural.
¿Prefiere los animales a la gente?
Las personas somos bípedos muy interesantes y de los animales siempre hay  algo que aprender. 
¿Es usted cruel?
Cruel no, me falta paciencia.   
¿Tiene muchos amigos?
Si cuento a los de verdad no puedo quejarme. Son un lujo.   
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Cada uno de ellos tiene su propia melodía, pero todos son excelentes personas de las que siempre aprendo algo. Me mejoran.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
La decepción parte de una expectativa que, como todas, es irreal.
¿Es usted una persona sincera? 
Mi sinceridad oscila. A veces, soy diplomático; a veces lacónico; y otras muestro mis cartas sin pudor. 
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Somos el tiempo que tenemos y por fortuna puedo administrarlo bien. 
¿Qué le da más miedo?
No contesto: creo en el poder performativo de las palabras. Hay un axioma que dice: “En el círculo de su acción todo verbo crea lo que afirma.” Ojo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me irrita la falta de educación; también que se humille al débil, pero no es algo que me escandalice: lo primero es una asignatura pendiente en España; lo segundo está en el ADN universal.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser guardabosques, biólogo o naturalista.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, con frecuencia.
¿Sabe cocinar?
Cocino para mí solo, así que mi repertorio es sencillo, pero sano. Los platos que domino los reservo para mi hija.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Hernán Cortés; tuvo la astucia y valentía de Odiseo, aunque su final no fue feliz como el del héroe homérico. El libro que le dedicó Hugh Thomas es fascinante.    
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Es un verbo: respirar.
¿Y la más peligrosa?
Chapuza. Incluso como palabra es horrorosa.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Escribí una novela de cuatrocientas páginas para no tener que hacerlo.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me marcaron a fuego los llamados “años de plomo”: para mí esa época es la referencia que retrató -y retrata- mi particular mapa político.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un árbol.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El tabaco y no poner nunca la otra mejilla. 
¿Y sus virtudes?
La curiosidad permanente.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Me gustaría decir que me acordaría del verso de T.S. Eliot “Teme la muerte por agua”, pero seguramente me acordaré de alguna tontería doméstica, como no haber regado el ficus.   
T. M.

lunes, 11 de febrero de 2019

Entrevista en Radio 4 por "Una huida imposible. California y sus escribidores"

Viñedos Robert Mondavi, en Napa Valley

Hace una semana, Silvia Tarragona me hacía esta simpática entrevista, que han titulado "La huida de Toni Montesinos", en el programa de Radio Nacional de España, Radio 4, De Boca a Orella. Fue por motivo de mi libro Una huida imposible. California y sus escribidores. Hace un par de años, ya tuve el placer de ser entrevistado por esta locutora, tan excelente lectora, por motivo de Leer. Escribir. Leer: Goethe, Tolstói, Mann, Zweig y Kafka.

domingo, 10 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Rafael Ruiz Pleguezuelos


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de R. Ruiz Pleguezuelos.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Elegiría el campo, o un pueblo muy pequeño. Una casa en la montaña. Sé que me aburriría de una ciudad, pero nunca de la naturaleza. Si no puedo moverme de un sitio, elijo vivir y trabajar en el campo. Es lo que menos me cansaría. Cada día aprecio menos la vida en la ciudad.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Adoro los animales, pero tengo fe en la gente. Digo esto último porque los animales no te fallan nunca, pero sí las personas. De modo que querer a los demás es un acto de fe.
¿Es usted cruel?
No, al contrario. Mi mayor virtud es la dulzura.
¿Tiene muchos amigos?
Los amigos es la inversión más difícil de una vida. Una mezcla de suerte y carácter, dos términos muy difíciles de medir de manera objetiva. Tengo pocos amigos, pero entiendo que buenos. Parece un lugar común pero lo siento así. No hay más de tres personas a las que llamaría si tuviera un problema. Además me cuesta entender cómo ha llegado a tener un círculo tan cerrado y confiar en tan pocas personas alguien con una vida social tan amplia como yo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Creo que se parecen bastante a mí, en  muchas cosas. Supongo que busco personas afines para compartir una vida.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Me han decepcionado inmensamente los que ya no están en esa lista tan corta.
¿Es usted una persona sincera?
Soy de las personas educadas en la verdad. Es una cuestión familiar. No mentir nunca, a nadie.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Si no estoy leyendo, que es casi todo el tiempo, estoy en el campo. El contacto con la naturaleza, que me es tan necesario. La montaña o el mar.
 ¿Qué le da más miedo?
La enfermedad. Que mi familia pueda sufrir, de la manera que sea. La salud es mi único temor. En lo demás no tengo miedo a nada.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza reconocer lo fácil que se escandaliza la gente. Cada vez tenemos la piel más fina; todo el mundo se rasga las vestiduras si se le pone delante algo con lo que no comulga. Hemos caminado hacia una neomojigatería inversa. Antes se escandalizaban los conservadores, con una visión hipócrita de la vida (sin sexo, sin aceptar la diferencia, sin respetar otras creencias). En vez de desaparecer la mojigatería conservadora, ha aparecido un fenómeno igual (o peor) entre los progres. Escandalizarse porque hay una procesión que lleva saliendo durante siglos, enfadarse porque alguien tenga una creencia que tú no compartes. Hacer una lectura Heidi de las culturas de la inmigración que es socialmente peligrosa. La sociedad, especialmente la española, se hace cada día más puntillosa e intransigente, al tiempo que vendemos un buenrollito de tolerancia universal que aborrezco. La pregunta da en el clavo porque el arte precisamente hace que ames lo distinto. Dedico mi vida al arte entre otras cosas porque creo que es el mejor medio para combatir esas derivas erradas de la sociedad. Eso sí: pienso que hay que apuntar hacia los tics sociales de unos y otros: progres y conservadores.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me cuesta imaginar un mundo en el que no cree, de una manera u otra. Soy el tipo de escritor que percibe cada detalle de su vida desde la literatura, como si fueran una misma cosa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, mucho, siempre que puedo. Fútbol y tenis. El deporte me da felicidad. Te completa.
¿Sabe cocinar?
Nada. Freír un huevo. Soy muy agradecido con quien cocina, porque solamente faltaría que pusiera un defecto a algo cuando no sé cocinar y no me atrae. Me como lo que haya en el plato, donde sea y como sea. Puedo ser perfectamente el escritor menos sibarita del mundo. La moda por la cocina en España no me ha tocado.
Si el Readers Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Francisco Umbral, muy probablemente. En él se da una escritura magistral y una biografía apasionante, de una tristeza sísmica. Hay que reivindicarle como mago del idioma y portador de un pensamiento único. La densidad de Umbral es un regalo. Podríamos dar una conferencia sobre cualquiera de sus artículos de prensa.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
La palabra tiempo. Creo que una de las mayores amenazas del momento que nos ha tocado vivir es la parcelación extrema del tiempo. Prisa para todo, con todos. Contar con tan poco tiempo para lo que verdaderamente nos hace felices.  No disponer de tiempo para el ocio o la familia es un error que deteriora mucho nuestra vida. Así que creo que disponer de mucho tiempo y de calidad va a convertirse en los próximos años en uno de nuestros mayores deseos. También uno el tiempo con la esperanza porque aunque no creo que cure todo, como asegura el dicho, no hay duda de que es tremendamente sanador.
¿Y la más peligrosa?
La colonización del mundo que está haciendo Silicon Valley de manera más o menos silenciosa. Está provocando que abandonemos términos que son esencialmente humanos: privado, propio, íntimo, secreto. Exhibición es una palabra peligrosa. Estamos voceando nuestra vida y qué pensamos a los cuatro vientos, y eso nos convierte en muñequitos vulnerables. Presas perfectas para las grandes empresas.
¿Alguna vez ha pensado matar a alguien?
No. Matar no es una solución sino un nuevo problema.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me encuentro cómodo pensando que soy una persona que parece de izquierdas a los de derechas y derechas a los de izquierda. Pero no me veo abrazando un credo político exclusivo. La realidad es demasiado compleja y cambiante para eso, y la política en el siglo XXI se ha convertido en un mercado de valores de la opinión, con nuestros políticos cambiando de rumbo en cada declaración.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué sería?
El mismo otra vez. No hay nada de lo que me pueda quejar. Estoy agradecido a esta vida.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Soy un escritor demasiado monástico para dedicar tiempo a un vicio. Si algo es exagerado en mí es el defecto de disciplinarme hasta la extenuación. La norma es mi vicio. Me debería dar más espacio y libertad, pero la escritura manda en mí, y no al revés.
¿Y sus virtudes?
Esa disciplina a la que aludía en la pregunta anterior, si supiera llevarla a un término justo con mi cuerpo y con mi vida, sería una virtud. La paciencia. El buen humor. Me gusta pensar que transporto alegría y entusiasmo por la vida a quienes están conmigo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Primero mi familia, seguro. Cada uno de ellos. Mi cabeza montaría una secuencia del amor que les profeso. Y después alguna imagen del niño feliz que fui. Estuve expuesto a un atentado terrorista y esas fueron las imágenes que me venían a la cabeza pensando que podía haber muerto.
T. M.

sábado, 9 de febrero de 2019

La reina mártir


En 1934 Stefan Zweig publicaba una de sus imponentes y hechizantes biografías, la dedicada a María Estuardo, reina de Escocia desde los siete días de vida, que se convirtió al catolicismo y tuvo diversos matrimonios breves, amén de estar cautiva por orden de su prima, Isabel I de Inglaterra, durante dieciocho años, hasta su decapitación, tras ser condenada por instigar una conjura contra ella, en 1587. Una existencia, pues, llena de elementos dramáticos y de enigmas aún por resolver; por algo el autor austriaco decía que «la tragedia vital de María Estuardo puede considerarse un ejemplo clásico de ese inagotable estímulo que supone el misterio para un problema histórico. Prácticamente ninguna otra mujer de la Historia Universal ha producido tanta literatura: dramas, novelas, biografías y debates». Y, en efecto, su figura ha atraído a poetas, eruditos y novelistas, como en el caso de un insigne precedente al libro de Zweig, el «Marie Stuart», de Alejandro Dumas.

El autor francés escribió esta biografía, ahora traducida por Teresa Clavel, dentro de la serie titulada «Crímenes célebres», que se fue publicando por parte de diferentes escritores entre los años 1839 y 1841, y que no puede tener un inicio más directo y trágico: el de que ciertos reyes están predestinados al infortunio. En Francia, ese nombre sería Enrique (el I, envenenado; el II, muerto en un torneo; el III y IV, asesinados; el V, en tiempos de Dumas, acabaría en el exilio). En Escocia, son los Estuardo los llamados a sucumbir al desastre: Roberto I, II y II; Jacobo, del I al VI, este último hijo de María. Pero con todo, «en medio de este linaje maldito, María Estuardo fue la predilecta del infortunio». Y así lo irá demostrando el autor de «Los tres mosqueteros» y «El conde de Montecristo».

Surge así la María ejemplo de belleza y refinamiento artístico, la que había pasado los años más felices de su vida en Francia, la que entra, viuda y huérfana, en Edimburgo «en medio del clamor popular», la que es vista por Isabel como una rival, la que se casa con su primo hermano Enrique Estuardo, con quien tiene su único hijo, Jacobo. Y cada periodo siempre envuelto en unas intrigas apasionantes que mañana llegarán a la gran pantalla por medio de «María, reina de Escocia», dirigida por Josie Rourke e inspirada en la biografía «María Estuardo: la reina mártir», de John Guy, basada en la tensa relación entre María e Isabel, que en el texto de Dumas aparece como una dama celosa y vanidosa, obsesionada por encontrar excusas para culpabilizar a la que encarceló, diciendo que «mientras María Estuardo viviera, su propia vida corría peligro».

Publicado en La Razón, 7-II-2019

viernes, 8 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Jesús Fernández Palacios


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jesús Fernández Palacios.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Viviría en un lugar donde no me falte el oxígeno que necesito.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a la gente y respeto a los animales.
¿Es usted cruel?
Que yo recuerde, nunca he sido cruel y confío en no serlo nunca.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo unos cuantos amigos a los que respeto y quiero. Y tengo el triste recuerdo de mis amigos que murieron.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Inteligencia, sensibilidad sinceridad y generosidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Algunas veces y cuando la decepción ha sido grande han dejado de ser mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? 
La mayor parte del tiempo, sí, pero a veces recurro a no serlo para sobrevivir.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Aprendiendo y disfrutando.
¿Qué le da más miedo?
La entrada en el sueño y la soledad impuesta.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La miseria y la crueldad humanas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No decidí ser escritor pero siempre tuve la necesidad de escribir lo que sentía y me pasaba de un modo natural. También me hubiera encantado componer música  y pintar, pero nunca lo hice.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Casi ninguno dados mis problemas de salud.
¿Sabe cocinar?
Muy poco, pero soy un buen pinche de cocina y experto en poner el lavaplatos, je, je.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Tal ver elegiría al poeta Carlos Edmundo de Ory porque lo traté mucho durante años, conozco y valoro su obra y conservo de él una jugosa correspondencia. Para mí es un personaje inolvidable.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Tal vez sea la palabra “Libertad”.
¿Y la más peligrosa?
“Guerra”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Matar, no, pero sí que muriera para que dejara de hacer daño.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Siempre me he considerado un hombre de izquierda, pero mis afanes revolucionarios se han ido atemperando con la edad y el descreimiento, así como con la decepción que me han producido determinados proyectos políticos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Ser más inteligente y tener más salud para poder desarrollar una vida más interesante en todos los sentidos.
¿Cuáles son sus vicios principales?
A mi edad ya me quedan pocos vicios pues los fui abandonando en el camino. Ahora sólo conservo la tenacidad de consumir los vinos más generosos siempre con buen gusto y moderación.
¿Y sus virtudes?
Valoro mi tenacidad y curiosidad por la vida.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
A priori, no sé, tal vez me acordaría de mis seres más queridos y pensaría en cómo hacer para no ahogarme. Un día haré un ensayo en mi baño a ver…
T. M.

jueves, 7 de febrero de 2019

Un artículo sobre Walt Whitman y Long Island en "El Viajero" de "El País"

Casa natal de W. W., Long Island

Hace unos viernes publiqué en el suplemento El Viajero, del diario El País, este artículo, con el título de "Hace dos siglos, en Long Island", en que hablo de cómo visitar la casa natal de Walt Whitman, que pude conocer el pasado verano. Y es que este mayo se celebrarán los doscientos años del nacimiento del autor de Hojas de hierba.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Ernesto Carrión


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ernesto Carrión.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una biblioteca con vista al mar.
¿Prefiere los animales a la gente?
Preferiré siempre a la gente, aunque alguna gente reaccione por momentos de un modo irracional.
¿Es usted cruel?
No. Quizás llegue a ser sarcástico, pero cruel no.
¿Tiene muchos amigos?
Pocos. Y cada vez menos. 
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Lealtad, alegría, complicidad. Capacidad para escuchar y dialogar sin caer en la terquedad, pero tampoco cediendo a lo que cada uno entienda como verdad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Muy poco. Me decepcionan más los enemigos con su constante cobardía y falta de imaginación.
¿Es usted una persona sincera? 
Lo intento a diario.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Jugando y viendo películas con mis hijos.
¿Qué le da más miedo?
La desesperanza.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Algunas cosas me escandalizan: Los nacionalismos. El canon literario. La homofobia. El racismo. La ceguera producida por las ideologías. La falsa tolerancia (aunque ya el hecho de tolerar a alguien –como dijo Passolini- da exactamente lo mismo que condenarle). Los prejuicios en las redes sociales. El odio en las redes sociales. Los juicios en las redes sociales. El miedo que, al parecer, experimenta el individuo de hoy de expresar su pensamiento sin ser por ello acusado o expatriado de las redes donde la masa opina, decide y exige. La muerte del debate.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Sin la escritura, de cualquier modo me habría inclinado hacia una vida creativa, ya que no comprendo el mundo sin su vínculo con el arte. El arte es conciencia pura en constante expectación, reflexión y discusión (aunque pretenda atar cabos con el inconsciente). Tal vez me habría dedicado a la pintura o a la música.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No.
¿Sabe cocinar?
Únicamente un plato: spaghetti a la carbonara.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Sin dudar a Charly García.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Mañana.
¿Y la más peligrosa?
Frontera.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Fuera de las ideas suicidas, por las que pasa cualquier persona, no. Tal vez porque no entiendo el odio, jamás he odiado a nadie. He llegado hasta a asquearme de cierta gente, pero sentir algo tan fuerte como odiar (lo que quizás lleve a alguien a la idea de matar) nunca.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Como dijo el gran poeta de la antipoesía Nicanor Parra: “Hasta cuándo siguen fregando la cachimba: Yo no soy derechista ni izquierdista. Yo simplemente rompo con todo.”
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Nunca lo he considerado. Porque no me gustaría ser algo distinto a un ser humano. Pero de ser así, me gustaría ser una canción que provoque muchas interpretaciones, aunque termine siempre resultando familiar.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La lectura y la paranoia.
¿Y sus virtudes?
La paranoia y la lectura.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Vería burbujas y burbujas. Y, dentro de cada una de ellas, mi vida totalmente mezclada. El pasado en estado de combustión, mi infancia, mi adolescencia. Pero también el futuro, mi hija embarazada, o mi hijo envejeciendo. Y, además, en unas cuantas burbujas vería lo que no sucedió jamás, aquello con lo que soñé, y que al poder mirarlo segundos antes de morir, sería más real que cualquier otra cosa que haya vivido.
T. M.