lunes, 17 de septiembre de 2018

Publicación de mi novela "El fantasma de la verdad", en El Desvelo Ediciones


Hoy se pone a la venta mi novela El fantasma de la verdad, publicada por El Desvelo Ediciones. Es mi segundo libro con esta editorial santanderina, después de La soledad del tirador (2017), y no puedo estar más agradecido y satisfecho de que vea allí la luz. A continuación, el texto de contracubierta:

"En el angustioso ocaso de su matrimonio, el autor de la novela Hildur, aún inédita, se ve inmerso en una situación de pesadilla dentro de su cotidianidad de escritor inseguro y melancólico. De tal modo que, en un juego prodigioso en que lo metaliterario —con el personaje de dicho texto, una violinista islandesa, irrumpiendo ahora en la vida del protagonista— se funde y confunde con lo real, El fantasma de la verdad se irá convirtiendo tanto en un thriller que estalla en un asombroso y demencial desenlace como en una reflexión sobre la escritura y la lectura. Así, Hildur conduce a su creador hacia la más perversa venganza y a la vez hacia la autodestrucción, cuestionando la responsabilidad de la autoría literaria hasta convertirla en quijotesca culpabilidad. Toni Montesinos logra una nouvelle perfecta, magistralmente dotada de una intensidad emocional y psicológica alrededor de cómo la ficción tiene el poder de imbricarse en la existencia y transformarla de manera fantásticamente trágica."

domingo, 16 de septiembre de 2018

Entrevista capotiana a Rocío Carmona


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Rocío Carmona.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El planeta Tierra está muy bien. Podría vivir aquí siempre sin sentir la necesidad de escapar a otras galaxias. Pero si tuviera que restringir mi elección un poco más, elegiría una ciudad con mar y con una buena oferta cultural, pocos coches, pocos edificios altos. En una casita de una planta con un pequeño jardín, una hamaca, algún gato y un par de árboles viejos y bonitos.
¿Prefiere los animales a la gente?
Depende de la persona y del animal. Reconozco que tengo más afinidad con mi gata que con algunas personas.
¿Es usted cruel?
No, lo intenté una vez y comprobé que se me daba fatal.
¿Tiene muchos amigos?
Puedo contarlos con los dedos de una mano, pero son mi familia.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Ninguna, pero todos tienen en común el sentido del humor, la lealtad, la escucha y un punto de sana locura.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, porque no espero de ellos nada en concreto.
¿Es usted una persona sincera? 
Dicen que las personas contamos tres mentiras por cada diez minutos de conversación. Si esto es cierto, mentiría si dijera que jamás he mentido. Aunque todo lo que digo en esta entrevista es verdad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Lectura, conciertos, charlas con amigos... También canto en una pequeña banda, ensayamos cada semana. Y estoy aprendiendo a tocar la guitarra.
¿Qué le da más miedo?
Que alguien a quien quiero enferme.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Las situaciones injustas, la violencia, el cinismo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Trabajaría en una floristería. Durante mucho tiempo fantaseé con esa posibilidad.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Me gusta correr, el yoga y andar en bici. Mi cuerpo necesita moverse, pero mi mente es especialista en encontrar excusas, a veces muy buenas. Estoy aprendiendo a neutralizarla.
¿Sabe cocinar?
Me encanta. Estoy recuperando las recetas de mi familia en un libro que escribo a mano desde hace años. Hay muchos recuerdos en los sabores de la infancia, y quiero conservarlos.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Seguramente escribiría sobre Sergi Torres, una persona que me ha ayudado a ver la vida de otra manera y a cuestionarme muchas cosas acerca de las relaciones humanas.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Sí.
¿Y la más peligrosa?
Sí.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
De izquierdas, descreída de los políticos en general.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Cantante. Sería muy feliz también.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El chocolate negro y el té. Fuera del ámbito de los excitantes, confieso que a veces me cuesta ceder. Sobre todo si estoy convencida de que tengo la razón en algún asunto que me importa y que creo conocer bien.
¿Y sus virtudes?
Me encanta aprender, no he perdido la ilusión por hacerlo. Tiendo a ver lo positivo en todas las situaciones. No me tomo demasiado en serio. Tengo una tendencia natural a ayudar, no a entorpecer.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Dicen que cuando estás a punto de morir no solo ves la película acelerada de tu vida, sino que también puedes sentir en tu propia piel lo mismo que hiciste sentir, para bien o para mal, a los demás. Me imagino ese momento un poco como en la escena de American Beauty, cuando Kevin Spacey recapitula acerca de su existencia. Vería muchas veces a mi hija, supongo, a mi familia, a mis amigos. Me imagino mirándolo todo desde arriba, con cierta distancia, ¿con compasión? Creo que sentiría más amor que dolor. Escenas con risas, abrazos largos, miradas, gatos, luz. Paz.
T. M.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Homenaje a Verne


Julio Verne sigue viajando, llevándonos alrededor del mundo, y de eso el mejor especialista es Eduardo Martínez de Pisón (1937), que ya ofreció «Claudius Bombarnac, corresponsal de “El Siglo XX”» (2013), comparación de la Ruta de la Seda con el itinerario establecido por el narrador viajero más sedentario: al que escribió a destajo sufriendo diabetes, úlceras, desmayos, parálisis faciales y pérdida de vista y oído. Más tarde, vio la luz “La tierra de Julio Verne. Geografía y aventura” (2014), donde abordó la relación entre la base geográfica de sus relatos, unas veces realista y otras fantástica, y las peripecias que acabaron protagonizando sus populares personajes. 

Arrojaba así luz el historiador vallisoletano al proceso de escritura de Verne analizando los viajes recreados en mares, islas, montañas, cavernas, volcanes, ríos, bosques, ciudades y hasta la luna. Ahora, va un paso más allá, más adentro en el lugar más enigmático, bajo nuestros pies; de tal modo que si en ese libro tenía una importancia capital «Viaje al centro de la tierra», en este nuevo trabajo se retoma el volcán islandés por donde entran el profesor Lidenbrock y Axel y lo extiende a otras obras literarias, pues no en vano hay una “muy antigua, repetida y cualificada costumbre de descender a los infiernos. Aquí encontraríamos nada menos que a Homero, a Virgilio, a Dante o a Quevedo”. Martínez de Pisón explora con erudición y brillantez los descensos de tipo infernal o evangélico, y aventurero o mitológico, como en el que caso de Orfeo, “cuya fabulosa y triste historia de amor se convirtió en ejemplo sustancial en nuestra cultura”, o en el de uno muy olvidado hoy en día pero que se explica de manera pormenorizada: el de Nasias, un personaje maléfico de un relato de George Sand titulado “Laura”, en que el viaje tiene rasgos alucinógenos y poéticos.

Publicado en La Razón, 13-IX-2018

jueves, 13 de septiembre de 2018

Entrevista capotiana a Jorge Goyeneche


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jorge Goyeneche.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Probablemente Roma. También podría ser algún lugar del sur de Francia, pero hablo bien italiano, poco francés. No es sólo por el idioma, domino el inglés pero no viviría en Londres. De todos modos sigo acá en la ciudad donde nací.
¿Prefiere los animales a la gente?
Según y conforme. Entre un gato silvestre y mi vecino culipanza, chismoso y ruidoso, elijo al gato. Pero antes que un dogo o un pitbull, prefiero a ciertas personas.
¿Es usted cruel?
Nunca con los demás, pero conmigo...
¿Tiene muchos amigos?
Virtuales, a la distancia, sí. En el mundo real, dos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Ninguna.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Alguna vez habrá habido una especie de flechazo y luego fuimos evolucionando, contagiándonos, diferenciándonos.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leo, escribo, hago trabajos manuales de reparación, a veces cocino, siempre lavo los platos, los seco y los guardo.
¿Qué le da más miedo?
La falta de aire y luz. Sufro de claustrofobia. Mis peores pesadillas son de enterramiento prematuro. Maldito Poe.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La caradurez. La falta de arrepentimiento, especialmente de los poderosos. Somos humanos y erramos, pero cuando no se reconoce y aún más se reitera a sabiendas, me da escozor. Me avergüenzo de pertenecer a la misma especie.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hubiera sido músico, me encantaría ser concertista de guitarra.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Hago caminata intensa todas las mañanas.
¿Sabe cocinar?
Algunas cosas me salen ricas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Si el Reader´Digest me encargara algo, debería replantearme lo que he escrito. Después seguramente transigiría, ¡es el R´D! y escribiría algo sobre Cosimo (del Barón Rampante, Ítalo Calvino).
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Hoy.
¿Y la más peligrosa?
Ayer y mañana.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, lo estoy planeando. Pero como ya dije soy claustrofóbico y por eso me frena pensar en el encierro carcelario.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Quejoso y republicano. Un izquierdista que reconoce las ventajas de vivir en el mundo capitalista pero sabe qué es lo que está mal.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
El mediocampista de la selección de fútbol.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No tengo vicios.  Soy tristemente prolijo.
¿Y sus virtudes?
No tengo virtudes. Soy educado y disimulo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
¿Cómo es que ha llegado tanta agua a mi escritorio? Seguramente pensaría en mi esposa y mis hijos.
T. M.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Un ensayo sobre Pessoa en la revista "Clarín"


En el último número de Clarín. Revista de Nueva Literatura (136, julio-agosto 2018), tengo el placer de publicar un largo texto sobre la vida (o más bien, como digo ahí, la renuncia a ella) y la obra de Fernando Pessoa, poniendo el acento en las novedades del y sobre el poeta que se han sucedido en los últimos lustros.

martes, 11 de septiembre de 2018

Entrevista capotiana a Anna Carreras


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Anna Carreras.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un planeta poco poblado que gozara de la bohemia de París y la cosmogonía de Japón. Como eso es imposible, Cadaqués.
¿Prefiere los animales a la gente?
Absolutamente sí.
¿Es usted cruel?
Podría llegar a serlo, claro.
¿Tiene muchos amigos?
Los justos para no darme de bruces con la hipócrita realidad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La honradez y la generosidad sin contraprestaciones.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si decepcionan, es que no eran amigos, sino chupópteros.
¿Es usted una persona sincera? 
Siempre. A quien no le guste lo que digo, opino y pienso, que cierre la puerta por fuera.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribiendo o escuchando a psiconautas.
¿Qué le da más miedo?
El miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La injusticia, el abuso, la maldad, el maltrato.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hubiera muerto de inanición.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Hago el amor.
¿Sabe cocinar?
Me apasiona la alquimia.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Anaïs Nin, alfa y omega de mi creatividad. O Santi Balmes, cerebro prodigioso y mejor persona.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Amor.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
¡Naturalmente!
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Izquierda, República, Independencia.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Veterinaria.
¿Cuáles son sus vicios principales?
-
¿Y sus virtudes?
-
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Probablemente pensaría en el color azul y agradecería no estar muriendo quemada.
T. M.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Paranoias sin tregua


Hace un par de años, conocimos, gracias al libro “Vecinos cercanos y distantes”, de Jonathan Haslam, el espionaje soviético, a los agentes que traicionaron al régimen, que pertenecieron a órganos tan conocidos como el KGB (Comité para la Seguridad del Estado), pero también a otras siglas que no eran tan familiares: GPU, OGPU, NKVD o GRU (Departamento Central de Inteligencia), más la Cheka (Comisión Extraordinaria), fundados por los bolcheviques hace casi cien años. Y alrededor, aquellos que espiaban y contraespiaban, que vivían una doble vida en que la información constituía un tesoro con el que lograr sacar ventajas del enemigo y adelantarse a los acontecimientos. 

Aquel excelente libro proporcionaba una manera de entender el concepto en sí de contraespiar, que encarnó una forma paranoica de atacar y temer al enemigo, y ahora, José M. Faraldo, en “Las redes del terror. Las policías secretas comunistas y su legado”, se encarga de estudiar todo ese estado energúmeno desde dentro de los regímenes totalitarios de izquierdas, centrándose en esos organismos que citábamos que actuaron de policías secretas para reprimir y fustigar tanto a la población normal y corriente como a adversarios políticos. El autor, consciente de que “queda aún mucho por explorar del cruel, terrible y, al mismo tiempo, extraordinario experimento comunista”, estudia la Rusia posrevolucionaria para luego diferenciar la policía secreta de entonces con otras posteriores del mismo país y dictaduras de similar esfera ideológica europea.

Un Putin “secreto”

Tras investigar en archivos de Berlín, Bucarest y Varsovia, el autor aborda también casos específicos como el de la Securitate rumana, el Ministerium für Staatssicherheit germano-oriental y el Sluzba Bezpieczenstwa de Polonia, e incluso el ejemplo español y su relación con las policías secretas de los países en la época de la Guerra Fría. Pero sobre todo se interna en la URSS, advirtiendo hacia el final de su estupendo estudio que desde el gobierno no se ha creado, como en otros lugares de infausto pasado comunista, un “centro de memoria” en el que estudiar los abusos estatales; a tal cosa se han encargado organizaciones que además han tenido que sufrir la persecución y ataque desde el poder judicial, acusadas de ser agentes extranjeros –como si el espíritu de lo que cuenta Haslam todavía perviviera–, “pese a una intensa (y pacífica) labor de evaluación del pasado y de salvaguarda de la memoria de las víctimas”.

Fue durante la Perestroika, nos recuerda Faraldo, cuando surgieron iniciativas de este tipo, si bien “los nuevos gobernantes rusos no parecen muy atraídos por la reconstrucción de la memoria de los represaliados ni por la investigación de los crímenes de Estado soviéticos”. Y es que se podría establecer cierta relación entre el pretérito aparato de seguridad ruso y el actual: «El prestigio de los “chekistas”, como se siguen llamando con orgullo, no ha cesado. Y el presidente Vladímir Putin, antiguo miembro del KGB e imbuido de su “ethos”, no ha perdido ocasión de realzar la importancia que considera tiene una policía secreta para un Estado moderno”.

El año del Terror

Aleksandr Solzhenitsin, al que Faraldo dedica un capítulo, en “El archipiélago Gulag” (1973) arrojó luz sobre la llamada «reeducación» promulgada por el Gobierno soviético, para denigrar o hacer desaparecer todo aquel sospechoso de estar contra el poder establecido; así, Lenin y Stalin, con la excusa de reformar a delincuentes y antirrevolucionarios, segarían entre los años 1921 y 1953 la vida de entre veinte y treinta millones de personas en casi quinientos campos. El historiador analiza ese periodo poniendo el acento en 1937, en el cual la gente “desaparecía” sin más, sin que se dieran explicaciones, incluidos exlíderes políticos e intelectuales. En la guerra civil habían muerto quince millones de personas, y después, con la hambruna que se produjo por la colectivización, otros ocho millones, a lo que se tendría que añadir a los encarcelados y fusilados.

Es frecuente dar hoy familias moscovitas que tengan alguna víctima en su pasado, en la mayoría de casos gentes humildes. En ellas se cebó el Terror desde el Partido –Faraldo explica de manera concisa pero completa la aparición de cada estructura represiva, en particular una Cheká que al comienzo no asesinaba sino que se limitaba a llevar a los acusados a los tribunales– para intimidar a quien osara concebir la más mínima crítica. En 1937-1938 los órganos de la Seguridad del Estado arrestaron a un millón y medio de personas, por razones políticas, un 85 por ciento de las cuales fue condenada. Una orden específica, por ejemplo, “proponía cuotas territoriales de personas a fusilar, sin importar el delito probado, que se añadía después”, leemos. Todo llevaría a “una sensación de amenaza constante, de paranoia sin tregua” en un tiempo, desde 1929 hasta la muerte del sanguinario Stalin, en que la policía secreta constituiría un método para la construcción de una nueva sociedad cuyos ciudadanos sufrían el temor de ser eliminados.

Publicado en La Razón, 6-IX-2018

domingo, 9 de septiembre de 2018

Entrevista capotiana a Claudia Larraguibel


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Claudia Larraguibel.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El trópico, siempre el trópico. Hay un pequeño pueblo de cultivadores de cacao en las costas de Venezuela que se llama Chuao. Si por obligación tuviera que renunciar a moverme, trasladarme y viajar, elegiría este lugar verde y azul, aislado entre la selva y el mar, con un río que corre caudaloso hasta la playa, donde el tiempo transcurre a otro ritmo y la temperatura y la humedad son siempre perfectas.
¿Prefiere los animales a la gente?
Definitivamente no. Me gusta la gente. Es cierto que mientras más se envejece, menos tolerancia se tiene con la estupidez humana, pero aún así las personas casi siempre despiertan mi interés, mi curiosidad y a ratos también mi afecto.
¿Es usted cruel?
A veces, supongo. Es inevitable ejercer pequeñas crueldades, sobre todo con gente que conoces y que te quieren bien: puedes hacerles sufrir justamente porque sabes de sus debilidades.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo muchos y muy buenos amigos. Muy distintos entre sí. De muchas partes del mundo. Es una fortuna haber conservado a tantos a lo largo de los años y a pesar de haberme trasladado de un país a otro.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco ninguna cualidad en particular, como tampoco espero demasiado de ellos. Creo que una buena amistad se mantiene justamente gracias a pedir poco más que poder sentarse de vez en cuando a conversar cosas que nos importen a ambos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Tal vez he tenido mucha suerte. Pero en realidad ‘sentirse decepcionado’ es un estado que me aburre, demasiado quejica.
¿Es usted una persona sincera? 
Me gustaría decir que sí. Y nunca me he traicionado, ni en lo que he dicho ni en lo que he escrito. Pero, bien porque tengo un temperamento que huye de los conflictos o porque siendo escritora me gusta siempre situarme en muchos lugares y en muchos puntos de vista diferentes, la mentira, la simulación, el artificio, la exageración, el disfraz, la diplomacia, la contradicción, andan por ahí rondando, siempre cerca.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Viajando.
¿Qué le da más miedo?
El dolor físico. Y, desde que soy madre, que mi hijo sufra.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Pocas cosas. La indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Que los gobiernos todavía nos digan qué podemos hacer y qué no con nuestro cuerpo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Montones de cosas. Me hubiera gustado ser bailarina o cantante… o cualquier profesión por la que tuviera que vivir cerca del mar.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Nado desde que soy adolescente. Haciendo largos en la piscina uno puede realmente olvidarse de los demás. Y hago yoga hace un montón de años, es mi manera de mantener elástico no sólo el cuerpo sino la cabeza.
¿Sabe cocinar?
Aprendí a cocinar en Madrid, cuando a mediados de los noventa fui a estudiar a España. Compartía piso con una amiga vasca, un catalán y un sevillano, un cóctel explosivo. Ellos discutían mucho, con ese apasionamiento que me maravilló en aquel momento y que aún admiro en los españoles. Mientras ellos peleaban me gustaba refugiarme en la cocina y, con un libro de recetas que llevé en la maleta, preparar esos platos venezolanos que siempre había comido pero nunca había preparado.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Hedy Lamarr, que no sólo era actriz sino también inventora, y tuvo una vida exagerada e intensa, perfecta para ser contada. Cuando era pequeña fuimos de vacaciones a una casa en la montaña y en el salón había una colección completa de Selecciones Reader’s Digest. Fue la primera y única vez que los leí y me gustaron muchísimo.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Ilusión.
¿Y la más peligrosa?
Paraíso.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, nunca.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me sitúo a la izquierda, pero realmente, ¿qué quiere decir eso hoy en día? Me lo pregunto cada vez que voy a votar.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Cualquier cosa capaz de volar.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Dormir.
¿Y sus virtudes?
No es por falsa modestia pero virtuosa, poco.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Una azotea desde la que se puede ver toda la ciudad. Un jardín de hierbas al fondo de un patio, agachada en el suelo, oliendo el tomillo, la menta, el orégano. Una pequeña cala en Ibiza, flotando en el mar.
T. M.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Paradojas rusas


Esta podría ser la continuación a un libro que Destino publicó en 2002, «Cartas europeas. Crónicas en “El Sol” 1920-1928», formado por crónicas desde Alemania de Josep Maria de Sagarra y otras de Josep Pla sobre Italia y Yugoeslavia; es decir, la mísera nación germánica invadida por el ejército inglés y la Italia que veía el nacimiento del fascismo. En medio de aquel tiempo, Pla haría otro viaje de grandes proporciones que reflejaría en “Viatge a Rússia el 1925. Notícies de l’URSS”, que incluiría en un volumen de sus obras completas en 1967. Marta Rebón ha traducido aquellos artículos encargados por el periódico “La Publicitat”: es un Pla como siempre observador y preciso, que escribe en la transición entre la muerte de Lenin, en enero de 1924, y la ascensión al poder de Stalin. 

El autor catalán, de veintiocho años, se entrevista con gentes tanto comunistas como anticomunistas, se queda embelesado con el Kremlin, y analiza todas las facetas de la sociedad, la vida laboral, la política, la economía o la cultura de un país de dimensiones inabarcables y un centenar de lenguas y dialectos. Viaja a Moscú, Nizh­ni-Nóvgorod y Leningrado, ve retratos de Lenin por doquier, se fija en la abun­dancia de librerías y llega hasta a admitir que el régimen es dicta­torial, “pero en sentido favorable al país”, para poco después decir que “la democracia, en el sentido verdade­ro de la palabra, está en muchas ciudades rusas per­fectamente realizada”. La serie de paradojas que presenta Pla aún hace más estimulante la lectura, que sutilmente se irá haciendo más crítica, con el “elemento aislador irresponsable y si­niestro, que es la burocracia”, con algún que otro asunto que “a nosotros nos pone los pelos de punta” y ver que, en realidad, sí hay allá clases sociales, pues los inscri­tos en el Partido comunista son “los seres privilegiados”. 

Publicado en La Razón, 6-IX-2018

viernes, 7 de septiembre de 2018

Entrevista capotiana a Jesús Tortajada


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jesús Tortajada.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un monasterio.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, prefiero a la gente.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
Sí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Complicidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Intento serlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo.
¿Qué le da más miedo?
Lo injusto.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El desprecio.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Arquitectura.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Caminar.
¿Sabe cocinar?
Algunas cosas, siempre las mismas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Miguel Hernández.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Live.
¿Y la más peligrosa?
Redes.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me encanta estar tumbado y abanicarme. Por lo que, si no me equivoco, soy comunista.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un árbol.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Fumar puros finos y comprar películas malas.
¿Y sus virtudes?
Tragármelo todo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
A mi familia, despidiéndome.
T. M.