jueves, 22 de octubre de 2020

El genio sencillo


En 1907, James publicaba un libro de artículos en que incluía un texto sobre un viaje que había hecho a Concord, Massachusetts, donde había vivido el pensador Emerson, el naturalista Thoreau, el narrador Hawthorne. Este había residido, en dos etapas distintas, en sendas casas que hoy son de interés cultural nacional y en las que el visitante puede entrar. El autor de “La letra escarlata” está además enterrado en el cementerio local, Sleepy Hollow, tras una vida dedicada a la narrativa y al trabajo diplomático. Pues bien, cuando James llevaba viviendo tres años en Londres, le encargaron una bibliografía crítica del autor natural de Salem –altamente apreciado en el Reino Unido por entonces–, y ahora se traduce por vez primera al español, de la mano de Justo Navarro.

James sigue los pasos biográficos de Hawthorne, desde su vida en Nueva Inglaterra hasta su etapa en el consulado de Liverpool, su paso fugaz por Florencia y Roma, y su vuelta a los Estados Unidos. El tono es hagiográfico, y evita internarse en asuntos turbios de la infancia del escritor, que pasó una tétrica infancia tras la muerte de su padre, un capitán de navío muerto de fiebre amarilla en Surinam, momento en que el resto de la familia se sumió en la Biblia y el silencio. En todo caso, estamos según James ante una trayectoria “pobre en acontecimientos y en lo que podríamos llamar calidad dramática. Pocos hombres de igual genio e igual eminencia habrán llevado una vida tan sencilla”.

Publicado en La Razón, 17-X-2020

miércoles, 21 de octubre de 2020

Entrevista capotiana a Sibila Freijo

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Sibila Freijo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Venecia, sin lugar a dudas. Creo que jamás podría hartarme de ella.

¿Prefiere los animales a la gente? No, porque no hablan. Si hablaran me lo pensaría.

¿Es usted cruel? Cuando me levanto de mal humor y hay alguien cerca, suelo serlo, pero lo soy poco rato.

¿Tiene muchos amigos? Los de verdad puedo contarlos con los dedos de una mano.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, sentido del humor, empatía, que se acuerden de mi cumpleaños, que me quieran.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? De vez en cuando. Todo el mundo acaba por decepcionarte tarde o temprano. No somos tan zen. La cuestión depende de las expectativas. Las mías son siempre altas, pero no solo con los demás, también conmigo misma.

¿Es usted una persona sincera? Demasiado y eso, frecuentemente, juega en mi contra. No me guardo nada para mí. Intento pensar si tengo algún secreto pero es que no se me ocurre ninguno. Es una manía muy fea la de la sinceridad suprema.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, viajando y estando con la gente que quiero generalmente alrededor de una mesa, comiendo y bebiendo.

¿Qué le da más miedo? La muerte.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La falta de empatía con los más débiles y desfavorecidos, el individualismo feroz, la apología de la estupidez, las cifras del paro, los campos de refugiados, la violencia de género…

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Lo que he hecho casi toda mi vida: ser periodista. También me gustó mucho ser dueña de una tienda de té, algo que hice durante un par de años. Era un trabajo muy “de película”.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Desde hace muchos años practico Bikram Yoga y últimamente tengo una entrenadora personal. Pero detesto cualquier tipo de ejercicio. Para mi es una obligación, algo de lo que no puedo escapar y que hago exclusivamente para poder comer y beber a gusto.

¿Sabe cocinar? Sí, pero soy muy chapucera en la cocina. Lo hago todo “a ojo”, más o menos como en mi vida. Al final todo sale bien, pero es de milagro.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Stefan Zweig, que tuvo una vida de lo más azarosa y además es mi escritor favorito.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Mañana.

¿Y la más peligrosa? Te quiero.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Cada media hora… a mis hijos y a mi misma cada cuarto de hora.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero una persona de izquierdas.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Una Pirámide de Egipto, por ejemplo, que están siempre ahí y siempre estarán. La inmortalidad me da bastante envidia.

¿Cuáles son sus vicios principales? El vino, la playa, los mejillones, los mercadillos, el buen sexo… tengo muchos… podría seguir.

¿Y sus virtudes? El sentido del humor, la capacidad de “levantarme” y recuperarme de los tropiezos y el gusto por la aventura.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Pensaría que Cary Grant llega en una lancha motora y se tira en traje y corbata a rescatarme.  

T. M.

martes, 20 de octubre de 2020

Recomendando un libro de Lampedusa en el programa de radio de Josep Cuní


El pasado viernes día 16 recomendé, en el programa Aquí amb Josep Cuní, de la Cadena SER, Relatos (editorial Anagrama), de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. 

lunes, 19 de octubre de 2020

Entrevista capotiana a D. Ramírez García-Mina


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Daniel Ramírez García-Mina.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Un salón con chimenea en medio del bosque.

¿Prefiere los animales a la gente? ¿Dónde empiezan unos y acaban otros?

¿Es usted cruel? Sólo cuando leo. Sólo cuando escribo.

¿Tiene muchos amigos? ¿Qué es un amigo?

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que muestren sus oscuridades como yo les mostraría las mías.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? El “amigo” que decepciona suele escribir antes varios prólogos. Se anuncia con muy poco disimulo.

¿Es usted una persona sincera? Soy periodista, ¡me pagan por serlo! O por intentarlo…

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Intento convertirlo en tiempo “libro”.

¿Qué le da más miedo? El no ser.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me encantan los escándalos. No hay nada mejor que exagerar un escándalo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Disimular muy mal mi inutilidad. Habría intentado -con el consecuente fracaso- ser músico.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Corro, pero nunca logro escapar del todo.

¿Sabe cocinar? Sé sobrevivir.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Teniendo en cuenta que a mi favorito, Eusebius, ya lo he biografiado… Me quedo con César González-Ruano.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Madre.

¿Y la más peligrosa? Oiga, ya que hablamos de Eusebius… Él decía que la palabra más peligrosa es la “envidia”. Porque las “íes” silban como serpientes.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, que yo sepa.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? El desencanto.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Pianista en el Toni2.

¿Cuáles son sus vicios principales? El queso, los libros viejos, los periódicos, la escritura…

¿Y sus virtudes? Son tan inofensivas que no merecen mención.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Todo aquello que debería haber dado y no di.

T. M.

domingo, 18 de octubre de 2020

Miguel Delibes: El hombre tranquilo


Decir Miguel Delibes es decir Valladolid. Ningún escritor de nuestro tiempo ofreció una relación tan íntima, variada y prolífica como el cazador-narrador Miguel Delibes, del que se diría que, en sus paseos por el campo con el pretexto de practicar su afición favorita, iba a encontrarse consigo mismo, con ese Lorenzo que protagonizó «Diario de un cazador» (1955). Ya dijo en el prólogo del tomo II de su Obra Completa «que mis libros salen de mis contactos con el campo y no a la inversa, de donde se deduce que yo salgo al monte a cazar perdices y, de rechazo, cazo también algún libro». 

Nacido el 17 de octubre de 1920, Delibes vivió la guerra civil con los ojos de un estudiante que acababa sus estudios de bachillerato y que pronto se enroló como voluntario en la Marina del Ejército Nacional. Fue un año de servicio, y a la vuelta, retomó sus estudios en la Escuela de Comercio, en la Universidad de Derecho y en la Escuela de Artes y Oficios. Es el inicio del Delibes artista, pues comienza su colaboración en «El Norte de Castilla» como caricaturista, en 1941. 

En el periódico le espera una larga y fructífera carrera como periodista, lo que compagina con sus inquietudes literarias. Delibes, con un trabajo y una vocación ya dirigidos, encuentra la estabilidad total al casarse con Ángeles de Castro, en 1946, de la que enviudó en 1974, aquella «Señora de rojo sobre fondo gris» convertida en novela intimista en 1991. Y sin embargo, este escritor de trayectoria abundante, sufre una gran inseguridad en sus inicios, como le irá confesando al que será uno de sus mejores amigos, Josep Vergés, editor de Destino, editorial a la que estará unido toda la vida, desde la obtención del premio Nadal 1947 con «La sombra del ciprés es alargada» –desdeñada por el autor, junto a su segundo relato «Aún es de día»– hasta «El hereje» (1998). Una fidelidad absoluta que contó sólo con una excepción, «Los santos inocentes», que Delibes publicó en Planeta urgido por necesidades económicas. 

El año 1950 marca un antes y un después en su vida: sufre una tuberculosis, y escribe «El camino» (1950), que le reportará un prestigio que luego confirmará en 1953 con «Mi idolatrado hijo Sisí» y el nombramiento como subdirector del citado «El Norte de Castilla». Además, esa década de los cincuenta le da la ocasión de dar conferencias por Europa y América: otras tierras, otros paisajes que le inspiraron diversos volúmenes de viajes. El sedentario Delibes se hizo nómada de modo transitorio, pero pronto regresó para asomarse al paisaje que le ofrecía su ventana castellana. 

Después, vendría «Diario de un cazador» (1954), adonde trasladó sus sesiones de caza con sus compañeros, y no sería impropio asegurar que sus mejores creaciones están estrechamente ligadas a lo rural, sobre todo cuando a ello le añade factores humanitaristas que convierten su narrativa en crítica social. Ejemplo de ello son «Las ratas» (1962, Premio de la Crítica), en torno a un cazador de roedores y un niño, y «Los santos inocentes» (1981), drama rural acusador de las jerarquías clasistas que llevó al cine Mario Camus, en una película protagonizada por Francisco Rabal y Alfredo Landa, y que fue premiada en el Festival de Cannes.

Así, la trayectoria de Delibes no cesa de crecer y consolidarse con obras tan carismáticas como «Cinco horas con Mario» (1965), llevada al teatro con la actriz Lola Herrera, en una adaptación celebérrima de la historia de una mujer que vela el cadáver de su marido durante toda una noche. Más tarde, aparecerán «Parábola de un náufrago» (1969), «La guerra de nuestros antepasados» (1973) y «El príncipe destronado» (1974); luego, ingresa en la Academia de la Lengua y sufre el peor revés de su vida: la muerte de su esposa, que le lleva a recluirse en su casa, hasta que resurge con «El disputado voto del señor Cayo» (1978); desde entonces le llueven los homenajes, los reconocimientos y premios de toda clase. Como el Príncipe de Asturias de las Letras, en 1982. Pero Delibes cada vez se deja ver menos, empleando ese tiempo en su última gran novela, «El hereje» (1998). Esa obra, y el título último que publicó, «De Valladolid», redondean un camino de ida y vuelta a su ciudad, al lugar de donde surgieron tantos personajes imborrables ya para siempre y que de por vida se asociarán con una editorial, Destino, y un editor, Josep Vergés.

Se vio con claridad tal intrahistoria gracias a un libro de 2002, “Correspondencia 1948-1986”, que dio cuenta de aquella relación y la función de este animador de la narrativa española desde la posguerra, hasta su muerte en 2001. En todas aquellas cartas, se hablaba mucho de dinero, de liquidaciones financieras, anticipos, porcentajes y pagos de artículos en un ambiente editorial cauto y en permanente crisis y amenaza franquista. Por algo Antonio Vilanova, en un prólogo que servía de resumen de las trayectorias paralelas del editor y del escritor, destacaba los dos asuntos principales de esta serie de más de quinientas epístolas: la venta de libros y el temor a la censura. Dos obsesiones compartidas a lo largo de una correspondencia que en realidad acababa en 1997 tras pasar revista, novela por novela, a la obra entera de Delibes desde dentro.

De este modo, conocíamos a un joven e inseguro Delibes que pedía consejos a Vergés o se quejaba de la negligencia de los correctores, que no podían evitar las erratas de sus libros, pero también descubríamos la historia de una relación afectuosa y sincera en la que se mezclaba trabajo y vida privada: alusiones a enfermedades o accidentes, nacimientos de hijos, muertes de amigos o dolencias personales. En suma, toda una vida dedicada al periodismo y la narrativa que tuvo un testigo de excepción, del que Delibes escribe: «Fue el único amigo asiduo, sincero y profundo que hice en los últimos cincuenta años».

Publicado en La Razón, 15-X-2020

sábado, 17 de octubre de 2020

Entrevista capotiana a Sabina Urraca


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Sabina Urraca.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? La mente de una persona sencilla y feliz que no le pida demasiado a la vida ni a las personas y que no contemple ni por asomo la posibilidad de escribir.

¿Prefiere los animales a la gente? Depende de qué animales y qué gente. Hay gente y animales a los que amo muchísimo y que como más me gustan es juntos. Si hablamos de animales salvajes, la verdad, prefiero tener que vérmelas cara a cara con el peor jefe que haya tenido que con un jaguar hambriento. Aunque cuando me muera me gustaría que entregasen mi cuerpo a los perros. Me parece mucho más bello que ser enterrada o incinerada.

¿Es usted cruel? Sobre todo conmigo misma. En estos días siento que estoy siendo malvada con los personajes que aparecen en el libro que estoy escribiendo, y disfruto con ello, así que supongo que sí soy cruel. A veces también soy un poco cruel con la vida, con los amigos, exigiéndoles cosas absurdas.

¿Tiene muchos amigos? Creo que sí.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Me gusta admirarlos hasta la envidia. Me gusta ser amiga de personas capaces de hacer o pensar cosas que me fascinan.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? En ocasiones entro en círculos diabólicos de autoexigencia extrema, y algunas de esas veces la demanda se amplía a mis seres queridos, a los que empiezo a exigir -secretamente, rara vez lo expreso- cosas imposibles. Por suerte, cada vez mantengo estas explosiones internas más a raya.

¿Es usted una persona sincera? Miento cuando es necesario mentir, cuando la mentira me protege o protege a los demás de algo. De resto, en general, suelo ser sincera, a veces hasta la crueldad. Menos en redes sociales, claro, donde, como todo el mundo, finjo que mi vida es fascinante y perfecta.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me gusta mucho no hacer nada, pero la vida y mi crueldad interna me suelen exigir hacer cosas. Leo, veo películas, paseo con mi perra, quedo con amigos y hablamos sin parar. A veces bailo. Mi idea perfecta del ocio es no tener nada que hacer y leer un libro que ya he leído.

¿Qué le da más miedo? El dolor físico. La certeza de que ninguno estamos tocados por una varita mágica ni protegidos por ningún dios, y que cualquier enfermedad o revés de la vida nos la puede destrozar. El azar, el azar me aterra.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La gente que cree que es íntegra, que piensa que siempre hace lo correcto. La falta de autocrítica, la ceguera de las personas ante una verdad universal: somos animales que luchamos por sobrevivir y tener un buen lugar dentro de la manada, aunque eso suponga pisar a otros. No ver esto, no ser conscientes de que esto existe dentro de nosotros, convierte a las personas en hijosdeputa integrales.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? A veces veo tanto talento en ciertas personas y deseo tanto que triunfen que pienso que me gustaría haber sido representante de artistas. Aunque eso también requiere creatividad, claro. En realidad, mi sueño sería que no me importase en absoluto la literatura y escribir, y poder dedicarme algo que acallara la mente en lugar de jalearla. Tengo fantasías en las que soy profesora de yoga y no vivo en la mente, sino en el cuerpo.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hago yoga casi todos los días y me gusta nadar. Tengo que obligarme a moverme, no es algo que me salga natural, pero cuando lo hago lo disfruto mucho. Encuentro una gran relajación en la tensión física del deporte, el estiramiento de los músculos, el esfuerzo. Cuando era niña hacía ballet clásico, y recuerdo cómo, en una clase de estiramientos salvajes, sentí que ese dolor me llevaba a un espacio de paz mental muy extraño. Fue como si me hubieran encerrado en una burbuja protectora. Me quedé fascinada, y desde entonces busco ese momento una y otra vez.

¿Sabe cocinar? No entiendo cómo se puede vivir sin saber cocinar. Me gusta mucho cocinar, lo hago todos los días. Nunca repito exactamente una receta; cada vez hago algo nuevo. Mis especialidades son la tortilla de patatas y verduras, las arepas y un pastel salado de polenta que me inventé hace dos años.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Lydia Davis. No hay escritora viva que me fascine tanto como ella. Sueño con entrevistarla algún día.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Sopa.

¿Y la más peligrosa? Ni idea.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, pero sí que le sucediesen cosas muy malas.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo, más que en una política a gran escala, en el activismo de proximidad, en el buen gesto y la ayuda para con los que nos rodean. Creo en el gesto pequeño. No sirve de nada que nos escandalicemos ante la corrupción y la doble moral de los políticos y que digamos que somos de izquierdas y apoyamos los derechos sociales si después nosotros mismos somos egoístas, mentirosos y corruptos en las pequeñas cosas de nuestra vida.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un gato o un perro muy bien cuidado. Dormir al sol, no tener expectativas ni ambiciones.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy neurótica, maniática y exigente, pero vaga. Tengo tendencia a caer en la desesperanza.

¿Y sus virtudes? Hago un inmenso esfuerzo para sobreponerme a mi vagancia y a mi desesperanza, me gusta agasajar a la gente, me acuerdo de las historias que me cuentan mis amigos, y a veces recuerdo momentos de sus vidas que ellos mismos han olvidado.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Pensaría en Peter Pan diciendo: "Morir debe ser una aventura increíble". Esa frase me trastornó de pequeña. Imagino que una vez sabes que no hay nada que hacer, que vas a morir, el cuerpo y la mente se relajan. Una que vez te dejas llevar, debe haber cierto disfrute en ello.

T. M.

viernes, 16 de octubre de 2020

Eva García Sáenz de Urturi: desde Vitoria a lo universal


En caso de preguntar a Eva García Sáenz de Urturi, siguiendo la autoentrevista que se hizo Truman Capote en 1972: si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?, contestaría ella sin dudarlo: Villaverde, un pueblecito diminuto de Álava de donde es originaria su familia materna. Si le preguntáramos por escritores inolvidables, citaría a Mark Twain, Robert Louis Stevenson o Ray Bradbury, no sólo por sus novelas, sino por el mensaje que dejaron. Unas referencias que se dejan sentir en su obra narrativa, entre lo fabuloso y el viaje histórico y temporal, entre lo aventurero y lo localista.

Ya sea en el Tahití de finales del siglo XIX y la Mallorca de los años treinta del XX; ya sea en el País Vasco actual que transita sobre la mitología y las leyendas del lugar; ya sea mediante sus argumentos de relato “noir”, de corte criminal, trágico; ya sea en la recreación del norte europeo medieval entre castillos y mercenarios vikingos, Sáenz de Urturi siempre trata de fundir lo fantástico en lo cotidiano. Y lo hace con los dos géneros que ahora son preponderantes en el mundo editorial español, europeo, universal: el detectivesco y el histórico.

El julio pasado, con motivo de la publicación en Estados Unidos de la traducción de su novela "El silencio de la ciudad blanca", cuatro años por lo tanto de su edición original, la autora ponía de manifiesto el viejo tópico de que en literatura "cuando vas a lo concreto llegas a lo universal". De tal modo que observar su natal Vitoria se ha convertido para ella en historias comunes a todos en que técnicas arqueológicas comparten páginas con oscuros secretos familiares tanto como con amores turbios y desoladores crímenes.

La autora ya es un clásico vascuence del siglo XX, por así decirlo, como lo atestigua el hecho de que, como en otros casos de superventas –Carlos Ruiz Zafón, Ildefonso Falcones o Stieg Larsson–, hay en su ciudad rutas especiales para amantes de la obra citada, correspondiente a su “Trilogía de la ciudad blanca", en que se incluye una para los que desean degustar las especialidades gastronómicas que aparecen en los libros. Porque, si siguiéramos con la entrevista “capotiana”, y le preguntáramos si sabe cocinar, respondería, también sin dudar: “Soy alavesa, ¿usted qué cree?”.

Publicado en La Razón, 16-X-2020

jueves, 15 de octubre de 2020

Entrevista capotiana a Augusto Granados

 En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Augusto Granados.


Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? 
Lugar físico: Madrid. Lugar incorpóreo: donde estén mi familia y mis amigos.

¿Prefiere los animales a la gente? Sin duda, la gente. (Aunque sé de personas individuales menos nobles que las víboras).

¿Es usted cruel? No, al menos conscientemente.

¿Tiene muchos amigos? Muchos y muy buenos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Confianza, sencillez, franqueza.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Conocerles y entenderles es fundamental para aceptar determinadas situaciones.

¿Es usted una persona sincera? Creo que sí, aunque es uno de los propósitos de cada día. Estoy convencido de que la mentira es el origen de todo mal.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leer, charlar con amigos (diálogo, no monólogo), pasear.

¿Qué le da más miedo? La falta de libertad, el sometimiento al pensamiento único.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El abuso del débil: niños, trabajadores… La mentira consciente.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? ¡¡¡Ojalá pueda llegar a decir que soy escritor!!! Cualquier trabajo que me relacione con la gente.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Camino mucho, a ser posible por las ciudades. Juego al pádel.

¿Sabe cocinar? Es una de mis aficiones, me encanta y me relaja, y sobre todo, me gusta mucho comer con amigos, hablar de comida, de recetas, de restaurantes. Menos mal que no me ha preguntado por el bricolaje.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi padre, desde hace 3 años en el cielo. Cada día valoro más su ejemplo.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Futuro.

¿Y la más peligrosa? Soberbia.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, pero tampoco he lamentado la muerte de alguno.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Moderadas, alejadas de radicalismos y, como se llaman ahora, de populismos.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? ¿Cosa? Nada, prefiero ser persona.

¿Cuáles son sus vicios principales? Impaciencia.

¿Y sus virtudes? Tolerancia.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Mi familia y… pero bueno, ¡¡¡con todo lo que me falta por hacer!!!

T. M.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Las ponencias en YouTube de Antonio Lastra


En su día, me hice eco de la revista La Torre del Virrey, que dirige Antonio Lastra, a quien tanto debo por las traducciones de autores fundamentales para mí y que me facilitaron la tarea a la hora de confeccionar mis ensayos biográficos El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau y El dios más poderoso. Vida de Walt Whitman.

Ahora vuelvo a este intelectual soberbio, experto en cine, en Emerson, en filosofía antigua y moderna, en tantísimas cosas relevantes para nuestra cultura y nuestro espíritu, y a quien tuve el placer de conocer hace pocos años personalmente en el territorio donde sus estudiantes tienen el privilegio de escuchar sus lecciones.

Y lo hago a colación de su serie de ponencias "Mundo interpretado", que pueden verse, degustarse, en YouTube. Simplemente maravillosas. Grandes figuras del campo literario y filosófico, pero también cinéfilo, se dan cita en unas reflexiones exquisitas, que reflejan el profundísimo y minucioso lector que es Antonio Lastra.

La seguridad y la sabiduría, la templanza y la meditación, el don de comunicar y la claridad expositiva... Todas las virtudes inmensas de este inmenso divulgador de libros e ideas se reúnen aquí, y le hacen a uno reconciliarse con el mundo del pensamiento, en esta cotidianidad banal y fugaz, solo atenta a tonterías y conflictos.

martes, 13 de octubre de 2020

Entrevista capotiana a Luis Zarraluqui Navarro

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Zarraluqui Navarro.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Desde luego uno con mar (y si es mediterráneo, mejor).
¿Prefiere los animales a la gente? No. Me gustan mucho algunos animales pero prefiero la gente.
¿Es usted cruel? No.
¿Tiene muchos amigos? No me quejo; quizás no sean muchos, pero si muy buenos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Principalmente lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? He tenido de todo.
¿Es usted una persona sincera? En la mayoría de los temas, sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? El deporte, en sus distintas versiones (practicado y visto) y viajando.
¿Qué le da más miedo? Decepcionar a los seres queridos, la enfermedad que te hace dependiente y la muerte
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La tranquilidad con la que pueden mentir ciertos políticos acerca de cosas evidentes.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Soy abogado y me gustaría poder ser TAMBIEN escritor. Es posible que me hubiera gustado haber sido músico o pintor pero no se si en ésta vida ya…
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Todos los días de la semana hago deporte: tenis, futbol, esquí (en agua y nieve), nado, corro…
¿Sabe cocinar? Depende de lo que se entienda por cocinar. Desde luego que sobrevivo comiendo mejor que antes y reconozco que puede llegar a tener un punto; pero de momento lo que hago mis hijos no lo denominan todavía “cocinar”.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Si es de un personaje “real” escribiría sobre JS Elcano y, si fuera de uno de ficción dudaría entre Beau Geste (el personaje de P.C. Wren) o Tarzán.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Si es de un personaje “real” escribiría sobre JS Elcano y, si fuera de uno de ficción dudaría entre Beau Geste (el personaje de P.C. Wren) o Tarzán.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? No me atrevo a decir ninguna.
¿Y la más peligrosa? Tampoco me atrevo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No lo recuerdo, pero es probable que de manera puntual haya tenido esa idea.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? La política y sus tendencias están, actualmente, muy devaluadas; desgraciadamente creo que la mayoría de los políticos –lógicamente hay excepciones– han hecho de la política un sistema de medrar; de ahí que las tendencias se encuentren desfiguradas por sus “protagonistas”.  Hoy debería primar la gestión y la eficacia, y la mayoría de los actuales políticos carecen de formación y experiencia previa en gestión.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Muchas cosas; desde deportista profesional (ya un poco tarde) hasta cualquier tipo de artista (aunque como decía antes, falte talento) pasando por profesiones singulares como encuadernador de libros. También me hubiera gustado tener un chiringuito en una playa. Pero creo que, por encima de todo, escritor –soy abogado– de viajes que, además, realizas (como Javier Reverte).
¿Cuáles son sus vicios principales? Ni bebo ni fumo…
¿Y sus virtudes? La fuerza de voluntad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que la de las cosas que me gustaría haber hecho y no hice.
T. M.

lunes, 12 de octubre de 2020

Todo es falso

Quién puede contradecir lo que el narrador Juan Jacinto Muñoz Rengel (1974) afirma al comienzo de este particular libro: “Porque la historia del hombre no es otra que la historia de la ficción”. Así, “Una historia de la mentira” nos propone contemplar la trayectoria de la humanidad como algo falso; y realmente, en nuestro mar de convenciones sociales y hábitos absurdos, considerando nuestra memoria fallida o nuestra tendencia a fabular, suponer, inventar hasta lo que nos transmiten las cosas que tenemos objetivamente delante, dan para atestiguarlo. Estamos, pues, influidos “por la necesidad del autoengaño y por los mecanismos de defensa de su ego. Y que, por lo tanto, amigo lector, también su identidad es impostada”.

El autor se dirige de este modo a quien lo lee, desarrollando un texto en verdad entretenido, estimulante y que impulsa a reflexionar. Un libro realmente oportuno, necesario, que replantea lo que damos por consabido dándole una vuelta de tuerca, como cuando el autor presenta cómo la mentira ya estaba instalada en la vida animal antes de que el ser humano pisara la tierra. En un mundo en que se ha asentado con fuerza imparable el concepto de posverdad, y en que, como decía Miguel Albero en su reciente «Fake. La invasión de lo falso» (Espasa) –donde hacía humor de altos vuelos a raíz de analizar nuestra vida cotidiana, esta vez en torno a la falsedad que inunda el mundo desde diversos prismas, cabe cambiar la perspectiva y constatar esa mentira que habitamos de continuo.

Muñoz Rengel alude al lenguaje, a la atracción sexual, al amor y a muchos otros aspectos para demostrarnos que vivimos un simulacro de realidad, y lo hace evocando a filósofos antiguos, anécdotas literarias o argumentos de cine. En un mundo gobernado por la imagen, y por consiguiente por la interpretación que hacemos de ello, lo que tanto nos aleja de la verdad esencial.

Publicado en La Razón, 10-X-2020


domingo, 11 de octubre de 2020

Entrevista capotiana a Verónica García-Peña

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Verónica García-Peña.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegiría una casa de buen tamaño con vistas al mar y grandes ventanales.

¿Prefiere los animales a la gente? De forma general, no.

¿Es usted cruel? En la vida real, nunca. Los remordimientos no me dejarían vivir. En cambio, en la vida que creo para otros, en la ficción, lo soy. En ocasiones, mucho.

¿Tiene muchos amigos? No sé si son muchos. Tengo los suficientes.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que estén. Que me apoyen.  

¿Suelen decepcionarle sus amigos? A ratos, a días... Todos decepcionamos alguna vez. Mi parte de socióloga me dice que es una cuestión de expectativas y que, en la mayoría de los casos, el que decepciona no es el culpable de haberlo hecho, sino nosotros mismos por crearnos unas expectativas no reales. Eso dice esa parte, pero mi yo emocional, solo emocional, no piensa lo mismo.

¿Es usted una persona sincera? Sí, lo soy, pero nunca cuando no se debe ser. Tengo claro que la sinceridad salvaje, bruta y sin medida que tan a menudo se usa para ‘demostrar’ lo verdadero y auténtico que es uno, no es sinceridad. Es crueldad.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Escucho música, hago ganchillo y me hago mis propios ciclos de cine. Ahora estoy con uno de Nolan.

¿Qué le da más miedo? El olvido. Por encima de cualquier otra cosa. No recordar. El vació en la memoria. Me aterra.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Lo alto que cotiza la simpleza y lo rápido que olvidamos para cometer los mismos errores una y otra vez.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Quiero creer que, de algún modo, hubiera acabado escribiendo. Soy periodista y también socióloga, ambas profesiones muy relacionadas con las letras. Si bien, admito que durante un tiempo, de pequeña, quería ser forense. ¿Quién sabe?

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Andar. Intento andar todos los días.

¿Sabe cocinar? Sí. Me gusta y, de hecho, no se me da nada mal, sobre todo la cocina italiana.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A una ama de llaves de la época victoriana. Creo que ellas podrían tener el verdadero secreto de los relatos góticos de la época.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Amor.

¿Y la más peligrosa? Amor.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí, supongo, pero nunca de forma real. No podría hacerlo. Los remordimientos…

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Mis tendencias políticas son el sentido común, que hace falta y mucho en un país que tiende, cada vez más, a aplaudir o reprender a los partidos en función de su color y no de sus actuaciones e ideas; donde falta autocrítica por parte de nuestros políticos, pero también por parte de sus seguidores. Ya lo decía Francis Bacon: «quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde».

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un árbol. Un sauce llorón. Es uno de mis arboles preferidos.

¿Cuáles son sus vicios principales? Leer.

¿Y sus virtudes? La constancia. Soy pertinaz. Mucho.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? La infancia, supongo, que siempre es el mejor refugio cuando la mente sufre. La niñez; la inocencia. Pero lo de ahogarme no me hace ninguna gracia. Si he de morir, que sea de otra manera por favor.

T. M.