martes, 19 de marzo de 2019

Mi libro "Que todo en la vida es cine" en el programa "Secuencias" de TVE

Una de las fotos que preparamos para la edición del libro, que iba acompañada de fotografías alegóricas de cada película presentada realizadas por mis hijas

El día 11 de enero, en el programa Secuencias, del Canal 24H de Televisión Española, citaron con mucho agrado mi libro Que todo en la vida es cine. Escritos autobiográficos sobre películas (Polibea, 2016). Fue una grata sorpresa tal detalle después de que se publicara hace ya algunos años. Se puede ver a partir del minuto 28:30.

lunes, 18 de marzo de 2019

Entrevista capotiana a José Óscar López


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José Óscar López.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
Sí, hasta que recuerdo que yo también soy un animal. Entonces regreso con la gente.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
No, pocos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Bondad, nobleza, inteligencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Creo que sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Cuando no hago nada, trato de no hacer nada. Para alcanzar ese cielo, me ayuda leer, por ejemplo.
¿Qué le da más miedo?
La estupidez, el odio.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La maldad.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No puedo imaginar una vida no creativa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Hace unos años corría, y me encantaba; pero mi espalda ya no me lo permite.
¿Sabe cocinar?
Sí. Mi familia me dice que le diga que la paella de los domingos me sale muy bien.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A cualquiera de las personas a las que quiero.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
La que no se dice.
¿Y la más peligrosa?
La que no se dice.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Socialdemocracia, esa vieja palabra que pone de acuerdo a mis amigos de derechas y a mis amigos de izquierdas para no estar de acuerdo conmigo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Héroe de una space-opera, Flash Gordon. Es lo primero que quise ser, que yo recuerde. Para convertirse en algo imposible, hagámosle caso al niño que fuimos.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Fumar. El café. La acumulación de libros y tebeos, seleccionados, eso sí, de manera exquisita.
¿Y sus virtudes?
Mi pareja dice que tengo buen carácter.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
La de un montón de gente que quiero, la que ha hecho que esto merezca la pena. 
T. M.

sábado, 16 de marzo de 2019

Fernando Sánchez Dragó habla de "El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico" en "A Media Luz"


Fernando Sánchez Dragó, tras comentar de forma entusiasta mi reciente El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico, en el programa de Esradio En casa de Herrero, volvió a ocuparse de él por extenso, con una gran generosidad de nuevo, en el programa de Ayanta Barilli, de la misma emisora, el pasado día 12, A Media Luz. Se puede escuchar desde el minuto 34,35.

viernes, 15 de marzo de 2019

Entrevista capotiana a Enric Balasch


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Enric Balasch.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Prefiero la gente.
¿Es usted cruel?
No me considero cruel.
¿Tiene muchos amigos?
Los justos para poder atenderlos. Amigos de verdad, amigos con todas las letras, pocos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera?
Lo más que se puede sin molestar a nadie.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, escribiendo, viendo cine...
¿Qué le da más miedo?
La violencia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Como dijo alguien el escándalo está en los ojos del que mira. Nada me escandaliza.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Además de escritor mi otra vida son los viajes. Eso es lo que más me gusta.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Bicicleta estática y estiramientos.
¿Sabe cocinar?
Sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Groucho Marx.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Paz.
¿Y la más peligrosa?
Guerra.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Piloto de aviones.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La pereza.
¿Y sus virtudes?
La constancia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mis seres queridos.
T. M.

jueves, 14 de marzo de 2019

Pardo Bazán, ni Fortunata ni Jacinta


Hace escasos días, se presentaba en Gran Canaria el libro recopilatorio “Pérez Galdós en el vértice. Veinticuatro miradas”, preparado por Yolanda Arencibia y José Miguel Pérez y en el que se reunía todos los prólogos del gran proyecto de obras completas "Arte, Naturaleza y Verdad", que en su día se pidieron a escritores o historiadores relevantes. Un buen aperitivo sin duda para lo que nos espera el año que viene, cuando se celebrará el centenario de la muerte del autor de “Fortunata y Jacinta”. Así las cosas, en aquella doble docena de tomos tenía que aparecer el entorno humano y artístico del autor, y por supuesto se asomaba la figura de una dama de las letras de carisma e interés incuestionable, Emilia Pardo Bazán.

A ella se ha dedicado Isabel Burdiel con esmero y meticulosidad, hasta lograr esta impecable biografía, que rastrea su escritura y existencia, su pensamiento y contradicciones, su activismo feminista y su carácter tan españolista como europeísta. Pero, sobre todo, como biógrafa, a Burdiel le interesa “ese cruce entre vida y obra en manos de alguien que no podía, de ninguna forma y en ningún momento, vivir la vida sin la mediación del arte”; una percepción “que ha sido especialmente intensa al escribir sobre los amores de Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós o, más exactamente, sobre la concepción del amor que ambos podían tener, del amor al que aspiraban, de lo que construyeron juntos, o se frustró, en ese fugaz momento en que sus anhelos personales y sus mundos de ficción se cruzaron”.

La también responsable de libros biográficos tan sobresalientes como “Isabel II. No se puede reinar inocentemente” (2004) e “Isabel II. Una biografía (1830-1904)” (2010), amén de especialista en una madre y una hija también pioneras en los derechos de las mujeres: Mary Wollstonecraft y Mary Shelley, se convierte de este modo en la biógrafa definitiva que necesitábamos de Pardo Bazán. Su estudio da comienzo con una “infancia distinguida y liberal” y se encamina a explorar cómo la autora de “Los pazos de Ulloa” se fue profesionalizando en su vocación literaria y acabó siendo una presencia tan estimulante como controvertida, pues fueron muchos los ataques y parodias que sufrió por el único pretexto de ser mujer. Por eso era tan consciente de que, hiciera lo que hiciera, sería objeto de críticas malintencionadas bajo la sombra de una sociedad patriarcal y machista hasta el extremo.

De ahí que, como registra Burdiel, Pardo Bazán se dirija, desde París, al mismísimo Leopoldo Alas, “Clarín”, para advertirle de que ha pensado en una novela que, como ocurre en “La Regenta”, presenta a un cura enamorado de una mujer, y que no faltarán críticos que digan que se trata de una mera imitación. De hecho, en su correspondencia privada, que tan bien usa Burdiel para mostrarnos las diversas caras de la biografiada, se puede conocer a la verdadera Pardo Bazán, por así decirlo, pues en ella “sus expresiones de fortaleza y decisión parecen destinadas a esconder las dudas y la vulnerabilidad”. Surge así por doquier en el libro una dama insegura cuya posteridad tuvo algo de purgatorio, pues hasta mediados del siglo XX no llegó a revalorizarse su obra.

Publicado en La Razón, 28-II-2019

miércoles, 13 de marzo de 2019

Entrevista capotiana a Adolfo Domínguez


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Adolfo Domínguez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una casa construida sobre una colina desde la que veo una presa inmensa, como el mar. No ves la orilla. Una brisa cálida, que me desnuda por dentro, sopla siempre. La luz del cielo no nos deja dormir.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, el ser humano tiene un cerebro tan poderoso, un lenguaje con tantos matices, desde Shakespeare a Charlot, que lo hace el animal más divertido del universo que conocemos.
¿Es usted cruel?
No, pero si me tocara alguien al lado cruel, que sucede, y fuera a por mí o por otros, lo destruiría sin dudarlo aunque me fuera la vida en ello. No me quedaría quietito.
¿Tiene muchos amigos?
Vivo y trabajo entre gente, pero soy introvertido, para descansar necesito estar solo. No desconecto entre la multitud o en una discoteca. Necesito la naturaleza.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que me descubran cosas que me lleven a otro lugar. Sea música, física o botánica.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Ya no. Todo cambia, las alianzas, los amores son cambiantes. Ya lo he aceptado hace mucho tiempo.
¿Es usted una persona sincera? 
Solo con la gente a la que quieres mucho. Con el resto prefiero ser cortés. La vida sería invivible si todos fuéramos contando lo que pasa por nuestras cabezas.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Yo usé mi tiempo libre escribiendo. Me encanta y me ayudó a poner orden en mi vida.
¿Qué le da más miedo?
Ya no me da miedo nada. Con los años acepté que, aunque todo es frágil, en la vida hay que empeñarse en construir. Pero si viene un vendaval, escapa si puedes y empieza a hacer tu nido en otro lado. Sin más dramas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Nada humano me sorprende, todo es posible, lo sublime y lo horrible. La vida es amor y muerte. Y todo cambia. Y no escapamos a la ley de la entropía, es una ley física. Un castillo de arena en la playa, en pocos días vuelve a ser arena.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hacer un jardín, por ejemplo, aunque nunca tuve tiempo para ello. A mí me gustan muchas cosas.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Siempre lo practiqué. Natación hasta hace poco y desde entonces yoga diario. Soy adicto.
¿Sabe cocinar?
Muy pocas cosas. Gazpacho, salmorejo que me encantan y las ensaladas que suelo tomar, por ejemplo, la de apio, nueces y manzana. Y mucha fruta. No soy de cocinar con fuego. Yo aún no llegué ahí (es un invento raro)
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Darwin y el viaje del Beagle. Es una odisea reciente. Y aun no hubo un Homero que lo contara. Las novelas que hay sobre ese viaje son insuficientes.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Patria.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, pero no lo hice gracias a Dios.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Nací con gen igualitarista, pero valoro la libertad sobre todas las cosas. Sobre ese eje cuajaron las únicas sociedades en las que merece la pena vivir. No me gustan las ciudades dirigidas por clérigos o militares. Las prefiero dirigidas por mercaderes, inventaron y sostuvieron la democracia. Atenas, Amsterdam… y de ahí, todas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Quizás físico y si no, pianista.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Inconfesables. Pertenezco a un tiempo que diferencia lo público de lo privado.
¿Y sus virtudes?
Que las digan los que me rodean. Uno no es objetivo, aunque los otros tampoco.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Ninguna. Se me revelaría, por fin, el gran azul, ese que me acecha desde que nací.
T. M.

martes, 12 de marzo de 2019

Fernando Sánchez Dragó habla de "El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico" en "En casa de Herrero"


El pasado jueves Fernando Sánchez Dragó comentaba mi reciente libro El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico. Fue en la llamada "Tertulia de Sabios", que titularon "La ideología de la cultura", del programa de Esradio En casa de Herrero. Se puede escuchar desde el minuto 26,55.

lunes, 11 de marzo de 2019

Entrevista capotiana a Juan L. Pulido


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan L. Pulido.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Londres.
¿Prefiere los animales a la gente?
Para nada. Eso me parece una aberración.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
Menos de los que quisiera y más de los que merezco.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Lealtad y sentido del humor.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sí.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Montaña, lectura y escritura, por ese orden.
¿Qué le da más miedo?
El dolor y la impotencia física.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La contracultura: pensar que todo lo nuestro (la cultura romano-judeo-cristiana), que todo lo viejo es malo per se. También la doblez y la intolerancia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Montañero profesional.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Todo el que me permiten las lesiones de mi cada vez más maltrecho cuerpo.
¿Sabe cocinar?
No.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Maimonides.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Vida.
¿Y la más peligrosa?
Dudo entre Dios y Pueblo, o entre Camarada y Creyente; en realidad: cualquier que permita alentar a la masa contra el individuo, cualquiera que conduzca a colocar por encima de los derechos individuales e inalienables del ser humano ideas abstractas y discutibles. Cualquiera que ponga a la fe por delante de la razón.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me temo que soy irremediablemente socialdemócrata, por tanto, corren malos tiempos para mí. La socialdemocracia ha muerto de éxito y no encuentra su sitio.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Ya lo dije: montañero profesional o, en su defecto, farero de los de antes.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No puedo contestar a esto sin la presencia de un abogado.
¿Y sus virtudes?
La fuerza de voluntad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
El paisaje volcánico de Guatemala, mi hijo con dos años, yo mismo con cinco años de la mano de mi abuelo…
T. M.

jueves, 7 de marzo de 2019

Nueva vida para “El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico”, en Ápeiron Ediciones


Tengo la alegría de ver cómo ve la luz mi obra El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico, gracias a la iniciativa de Ápeiron Ediciones. Es el libro que publiqué en el año 2005, en una editorial ya desaparecida hace mucho, pero ahora he tenido la ocasión de revisarlo a fondo y actualizarlo, hacerlo pues vívido y accesible. 

Por este motivo, he añadido una nota en la que hablo del interés que he tenido siempre por este asunto, reflejado en la Antología poética del suicidio (siglo XX) (Editorial Ultramarina Cartonera, Sevilla, 2015) y en Melancolía y suicidios literarios. De Aristóteles a Alejandra Pizarnik (Fórcola Ediciones, Madrid, 2014), e incluso en mi obra narrativa y poética, como Labor de melancoholismo (Chamán Editores, Albacete, 2018) y Hildur (Piel de Zapa, Vilassar de Dalt, 2015).

Texto de contracubierta:

1942, ciudad brasileña de Petrópolis: un célebre escritor austriaco redacta su nota de despedida unos minutos antes de ingerir una dosis mortal de narcóticos: «Yo, demasiado impaciente, me marcho antes». Palabras que sentencian el espíritu común que aúna a los más de trescientos cincuenta autores que convoca el poeta, ensayista, crítico literario y novelista Toni Montesinos, desde el siglo vi antes de Cristo hasta el xxi. Por medio de todos ellos, asistiremos a un desfile protagonizado en paralelo por la muerte voluntaria y el arte literario y filosófico llevado, en muchas ocasiones, hasta el paroxismo; conoceremos un amplio repertorio de métodos, lugares y excusas para salir de la vida; viajaremos en el tiempo para descubrir detalles de derecho, religión o psiquiatría que explican la actitud histórica frente al suicidio; descubriremos un gran número de novelas, poemas, obras teatrales y ensayos que han abordado este mortuorio asunto... Pero, por encima de todas estas perspectivas, se impondrá el pálpito de cada historia personal o artística, la asombrosa abundancia del suicidio entre las creaciones y existencias de los escritores —todo un aluvión en la pasada centuria—, y, en definitiva, la presencia subliminal, constante e inevitable, en torno al modo de afrontar nuestra propia mortalidad.

Sobre la obra:

"Toni Montesinos ha creado en poesía, ensayo y novela un contexto singular. Por ejemplo, su obra El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico, pieza inclasificable en cualquier bibliografía sociológica, psicológica o literaria mundial y, por lo tanto, doblemente rara en lengua española. Su brevedad esconde el fascinante fulgor del dolor, el consuelo, la libertad y el horror. Y así inicia un apasionante recorrido por la historia y ciertos perfiles del suicidio, que se complementa con una exasperante cronología al respecto y con el modus moriendi y las clasificaciones del suicida. ¿Entonces hemos estado ante un ensayo literario, un vademécum, un libro que es necesario tirar o convertirlo en objeto de cabecera? No importa la respuesta: su resplandor nos seguirá siempre."

José Balza, «Inflexiones: Toni Montesinos», en Ensayos simultáneos,
Universidad Autónoma de Querétaro, Santiago de Querétaro, 2017.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Entrevista capotiana a Cristian Crusat


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Cristian Crusat.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Iba a contestar que cualquiera cerca del mar, pero me he acordado de La ilusión monarca, de Marcelo Cohen, y ya no lo tengo tan claro. De todas formas, creo que me conformaría con alguna de las siguientes opciones: el hotel Brighton de Valparaíso, una buhardilla frente al Singel en Amsterdam o, por pedir, entre las bóvedas y arquerías de la memoria de Crates de Tebas.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero la gente, sin duda. Gente como Henry Molise (el narrador de Mi perro Idiota, de John Fante), capaz de descubrir nuevas facetas de la existencia gracias a un animal.
¿Es usted cruel?
Pero no practico.
¿Tiene muchos amigos?
Los suficientes como para organizar fiestas que no acaban nunca.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Ingenio, audacia, sentido del humor, autenticidad, cariño.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. A los amigos se les quiere por muchas razones, no para que sean como nosotros queramos.
¿Es usted una persona sincera? 
Obviamente no (he publicado varios libros).
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo. Leyendo y escuchando música. Acompañando a mi hijo a los museos Smithsonian. Yendo a la playa con mi mujer y mi hijo. Riéndome mucho con mis amigos. Corrigiendo hasta muy tarde, demasiado tarde.
¿Qué le da más miedo?
Aquello de lo que no quiero hablar.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El crecimiento personal. La frase “Sé tú mismo”.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Prácticamente lo mismo, pero más angustiado.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Jugar y pasear con mi hijo.
¿Sabe cocinar?
Sí, pero me aburre.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Diógenes de Sinope.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Hola.
¿Y la más peligrosa?
La que sabíamos que, tarde o temprano, íbamos a escuchar.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
En general, las ideas que Tony Judt solía relacionar con la socialdemocracia.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Delegado de campo. Con brazalete y todo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El autoexamen individual a deshoras y el regaliz.
¿Y sus virtudes?
La discreción, tal vez.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Lo ignoro. Cuando tenía veintidós años estaba seguro de que moriría al volante de una furgoneta de reparto de bebidas mientras un señor cubano, en el asiento de al lado, me gritaría: “¿Qué pasó, chico, pero qué paso?”. Por suerte, lo superé. De lo único que estoy seguro ahora es de que esas últimas imágenes no atenderían a ningún esquema clásico.
T. M.