lunes, 24 de febrero de 2020

Recomendando la correspondencia de Jaime Salinas en el programa de radio de Josep Cuní


El pasado viernes día 21 recomendé, en el programa de la SER Aquí amb Josep Cuní, en la sección en la que colaboro, Cuando editar era una fiesta. Correspondencia privada, de Jaime Salinas (Tusquets).

domingo, 23 de febrero de 2020

Entrevista capotiana a Michelle Roche Rodríguez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Michelle Roche Rodríguez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
La vida ya eligió por mí: Madrid. Y, si me apuran, Madrid Centro.
¿Prefiere los animales a la gente?
La gente, aunque solo por períodos breves de tiempo.
¿Es usted cruel?
Sí, cuando tengo hambre digo cosas muy feas. Por eso, cuando hago dieta me vuelvo intratable.
¿Tiene muchos amigos?
Sí. No comprendo muy bien por qué, quizás sea porque me va la marcha.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Comprensión y lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
En toda mi vida, solo dos.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, eso a veces me mete en problemas.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo en la cama. Soy perezosa.
¿Qué le da más miedo?
Las injusticias. Y algunos payasos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Siempre estoy escandalizada. Creo que el mundo es un circo enorme. Estamos en una época cuando cualquier bufón con poder o dinero puede abusar de grupos enormes de personas. Hace décadas que no me río de ningún chiste, por si acaso.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Siempre quise ser escritora. Nunca me planteé ser otra cosa en la vida, ni siquiera cuando era una niña.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Correr. Pero me temo que no soy muy buena. Y nada de maratones: una vez hice una media maratón y llegué detrás del camión de la limpieza, ese fue uno de los momentos más humillantes de mi vida.
¿Sabe cocinar?
Sí. La llamo «cocina de subsistencia»: preparo lo estrictamente necesario para proteger el presupuesto y la salud.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
¿Uno solo?
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Buenos días.
¿Y la más peligrosa?
Adiós.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Pensé que esta entrevista no sería política.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me temo que sí es una entrevista política. Soy antimilitarista a ultranza y antichavista sin contemplaciones. Me considero de izquierda, porque muchas de las grandes reivindicaciones en la historia del mundo se las ha arrancado esa postura política, con mucho trabajo, al statu quo y a las élites conservadoras en el poder. El feminismo, cuando se estudia en sus 300 años de historia como movimiento global, lo demuestra. Y, dentro de la izquierda, me considero específicamente socialista, postura que, como venezolana, me obliga a explicarme. El llamado «Socialismo del Siglo XXI» fue una estrategia populista del fallecido comandante Hugo Chávez que funcionó en dos frentes. Ofreció a la comunidad internacional una supuesta ideología dentro del chavismo acorde con reivindicaciones poscoloniales de vieja data y las consignas antiyanquis que nunca pasan de moda en América Latina —básicamente, porque la política internacional de ese país no lo permite—. Ese aire rusoniano que se emanaba desde Caracas en los primeros años del siglo XXI permitió, en el frente interno, un proceso de sustitución de una casta por otra. De esa manera, a los viejos políticos y los empresarios del siglo XX, a los cuales el «Socialismo del Siglo XXI» bautizó como «oligarcas» —y otras bellezas como «pitiyanquis» o «majunches»—, los sustituyeron por lo que entonces era la nueva generación de la única casta venezolana que tiene siglos en el poder: la militar. Como tenían acceso a los negocios con el petróleo y otras industrias asumidas por el sector público, pronto se convirtieron en los plutócratas que, en el fondo, siempre ansiaron ser. Estos hombres y mujeres, producto de la economía rentista y del capital internacional, así como aquellos que se les enchufan, desde esa época hasta el presente son el obstáculo para que Venezuela obtenga el cambio democrático que necesita. Una de las indignidades de ser venezolana es sentirme en la obligación de explicar esto, cada vez que señalo mis tendencias políticas. Quizá, por eso he escrito una novela entera que funciona como una metáfora del poder de la plutocracia militar en mi país. Se llama Malasangre y la protagonista es una hematófaga con hambre en una sociedad de vampiros.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Creo que esta ya te la respondí antes. No puedo ser más que escritora.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El chocolate.
¿Y sus virtudes?
Pocas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
La cara de mi padre cuando se sentaba a hablar conmigo, la sala llena de libros de mi apartamento en Los Palos Grandes de Caracas y la sonrisa de un novio que tuve a los 24 años.
T. M.

jueves, 20 de febrero de 2020

Reseña de "El fruto de la vida diversa. Artículos sobre literatura norteamericana" en "La Razón"


Hoy, Jesús Ferrer publica esta extraordinaria crítica literaria, que abre el suplemento de libros de La Razón, de El fruto de la vida diversa. Artículos sobre literatura norteamericana. Imposible encontrar palabras de agradecimiento ante tal caudal de comentarios, llenos de sabiduría y generosidad.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Entrevista capotiana a Javier Lorenzo


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Javier Lorenzo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una isla desierta.
¿Prefiere los animales a la gente?
Le tengo manía a todos los mamíferos.
¿Es usted cruel?
Sólo si es extríctamente necesario.
¿Tiene muchos amigos?
Ni muchos ni pocos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sean amigables.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Menos de los que me suelo decepcionar yo a mí mismo.
¿Es usted una persona sincera? 
Descarnadamente.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
No tengo tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
El miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza prácticamente todo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Decidir otra cosa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
En absoluto.
¿Sabe cocinar?
Depende del plato.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Al hombre invisible.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Peligro.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Todo el tiempo.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Radicales.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Dinero.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No hablo de mis vicios.
¿Y sus virtudes?
No hablar de mis vicios.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Un plano picado del desierto.
T. M.

martes, 18 de febrero de 2020

El asedio a la Comuna de París: barricadas, polvo y hambre


Entre 1887 y 1896, y dividido en nueve tomos a lo largo de tres series, se fue publicando en París un diario único en el mundo de las letras por varias razones; primero, por ser de los primeros (si no el primero) en tener un marcado carácter socioliterario y no meramente privado o adscrito a alguna crónica viajera, por ejemplo, y sobre todo por estar concebido por dos personas, dos hermanos, que redactaban todo al alimón. Eran Jules de Goncourt y Edmond de Goncourt, cuyo apellido tiene un eco constante en el ambiente cultural galo y hasta internacional por el premio así llamado, el cual se empezó a llevar a término para cumplir con una voluntad que dejó dicha en el testamento Edmond. Éste había muerto en 1896, y quedaba ya muy atrás la desaparición, en 1970, de su inseparable hermano menor, en cuya memoria, pues, estuvo erigido este galardón que dio comienzo en 1903 y que tiene un casi inexistente premio en dinero pero una proyección comercial enorme. 

La desaparición precoz de Jules destrozó a Edmond, que acabó por decidir que tenía que darle continuidad a lo que estaba siendo un gran trabajo a la hora de captar e inmortalizar acontecimientos, novedades y charlas de los grandes literatos del momento en Francia, y con la firma de ambos. Esas anotaciones diarias de casi veinte años juntos, desde que publican su primera novela, llegó en el 2017 con una selección y traducción de José Havel. “Diario. Memorias de la vida literaria (1851-1870), que daba comienzo de una manera harto particular, cuando una mala casualidad hace que el mismo día en que se pone a la venta su primera novela (2-XII-1851), Luis Napoleón Bonaparte, presidente de la Segunda República Francesa, da un golpe de Estado para erigirse en Napoleón III, lo que daría como consecuencia directa en este ámbito literario el exilio de Victor Hugo y un clima de censura perpetrada en contra de los medios de comunicación. 


Resistencia y coraje 

Y es que lo político va marcar lo literario en la vida y obra de Goncourt, como demuestra el hecho de que acaban de aparecer sendas ediciones de una etapa convulsa para la historia de Francia: por un lado, la continuación del trabajo de Havel: «Diario. El sitio y la Comuna de París (1870-1871)» (Renacimiento); y por el otro «La Comuna de París. Diario del sitio y la Comuna de París, 1870-1871» (Pepitas de Calabaza). Un documento de máximo interés para el aficionado o el especialista en historia, pues la suerte es que Edmond no interrumpió el diario tras la muerte de su hermano, como fue su intención inicial, como apunta Havel, y viendo que había grandes acontecimientos que se estaban produciendo, siguió registrando su punto de vista: “la Guerra franco-prusiana, la caída del Segundo Imperio, el Sitio de París, la coronación de Guillermo I como emperador alemán en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles, la derrota definitiva frente a la alianza germana –ya siendo Francia otra vez república–, una paz no menos humillante con pérdida de territorio patrio incluida, unas elecciones nacionales de lo más divisivas, la Comuna y la guerra civil…, tristes capítulos de lo que Victor Hugo dio en llamar El Año Terrible”. 

Havel, y también por su parte, en la otra edición, Julio Monteverde, destacan cómo Edmond de Goncourt recorrió las calles de París para hablar con todo el mundo, asistió a reuniones políticas, entró en hospitales, visitó barricadas y presenció todo tipo de combates, todo lo cual acabó cada noche en su diario. Contó, pues, cómo en septiembre de 1870, tras la derrota del ejército francés, las tropas prusianas al mando de Bismarck sitian París. Transcurren siete meses, en los que el pueblo resiste con coraje y acaba asombrado frente a la decisión de las autoridades, que deciden rendir la ciudad a las tropas prusianas. En ese momento comienzan los disturbios de protesta que acaban por llevar a la proclamación de la Comuna; entonces, los proletariados toman el control de la ciudad y empieza así un movimiento revolucionario trascendente, en paralelo a la actitud del gobierno burgués, el cual, refugiado en Versalles, pactará con el enemigo para destruir a la Comuna. El propósito se logrará y el conflicto acabará en la represión de mayo de 1871, en la que se calcula que fueron ejecutadas unas treinta mil personas, incluidas, mujeres y niños. 


El pálpito del sufrimiento 

“La Comuna de París sigue formando parte esencial del núcleo en el que late el sentido histórico del movimiento revolucionario. Su gloriosa derrota, aún hoy, se mantiene como el diapasón que da quizá la nota más alta, sobre la cual hay que afinar todo lo demás. Muchas revoluciones fracasaron. Otras triunfaron para después fracasar. El caso de la Comuna es diferente: fracasó para triunfar”, remarca Valverde sobre un suceso que aún genera debates. Goncourt, extremadamente deprimido por la muerte de su hermano, aún sufre con mayor sensibilidad lo que aventura va a ser decisivo para su país: “Todo el día vivo en las dolorosas emociones de la gran batalla que va a decidir el destino de Francia”, apunta el 10 de agosto de 1870, con respecto a los planes de Napoleón III, que acababa de concentrar sus tropas sobre el Nied francés frente a la amenaza alemana. 

Pero, más allá de los detalles históricos, que han quedado reseñados en un sinfín de estudios, lo importante aquí por supuesto es el pálpito social que este diario proporciona. “Las emociones de estos ocho días han dado a la población parisiense el aspecto de un enfermo. Se ve en las caras amarillas, turbadas, tensas, todos los altibajos de la esperanza por lo que han pasado los nervios de París”, escribe unos días más tarde. Y así va captando los rostros de las gentes, inquietos, asustados, ansiosos por el maremágnum de espectáculos desgarradores que se van a ir produciendo, a medida que lo soldados transitan la ciudad cantando “La Marsellesa” y uno de los iconos parisinos cobra esta dimensión descriptiva: “El Sena lleva sobre sus aguas el sonido de los toques de corneta y de las baterías de tambores de ambas orillas, donde resalta, aquí y allá, el casco grisáceo de una cañonera que corona su enorme cañón” (8-IX-1870). 

Fortificaciones, sacos de tierra, trincheras, barricadas, unos Campos Elíseos llenos de polvo, patriotas subidos a estatuas ondeando banderas, la alameda de las Tullerías repleta de paja, humaredas blancas, incendios en Montmartre: imágenes de guerra que inundan París, con sonido de tambores, con ¡vivas Francia y la República!, y la voz de desconocidos, pues apenas hay en este diario referencias literarias, sólo alguna alusión a algún que otro amigo escritor que también opina de lo que ocurre. El detalle del sufrimiento no puede ser más explícito: «Oigo a dos mujeres diciéndose detrás de mí con un doble suspiro: “¡Ya no hay nada para comer!”. En efecto, advierto la pobreza de los expositores de charcutería, donde solo se ven algunos salchichones de plata y tarros de trufas en conserva». El hambre, así, se incrementa en la población sitiada, y Goncourt es testigo activo de todos estos padecimientos, acudiendo incluso a hospitales militares, como uno instalado en una iglesia, «donde se lee en letras góticas muy recientemente pintadas: Libertad, Igualdad, Fraternidad». 

Publicado en La Razón, 16-II-2020

lunes, 17 de febrero de 2020

Entrevista capotiana a Tito Muñoz


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Tito Muñoz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Nunca Jamás, el territorio mágico de la infancia.
¿Prefiere los animales a la gente?
Cuando están bien guisados, sí. Si en algún restaurante me preguntan “¿Cómo le gusta la carne al señor?” suelo responder: débil.
¿Es usted cruel?
Soy refinadamente perverso. La crueldad suele ser grosera.
¿Tiene muchos amigos?
En Facebook, casi tres mil. En la vida real, un puñado selecto que cabe en el cuenco de mis manos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Las contrarias a mis defectos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Cuando me decepcionan pierden el rango de amigos, aunque reconozco mi suerte al contar con amigos y amigas muy fieles.
¿Es usted una persona sincera? 
En ocasiones, demasiado. Tanto que resulta incómodo para los demás.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
¿Qué es “tiempo libre”?
¿Qué le da más miedo?
Me temo a mí mismo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me sublevan muchas cosas, pero nada me escandaliza.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Tal vez suicidarme.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Si consideramos el sexo un ejercicio, sí.
¿Sabe cocinar?
Sí, cocino bien. Y me gusta hacerlo para amigos y gente querida. Ayer, por ejemplo, preparé un arroz negro delicioso.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A algún amigo vivo, héroe de lo cotidiano.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Hoy. (Que es siempre todavía).
¿Y la más peligrosa?
Odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Tal vez dar un par de hostias bien dadas, pero matar, no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy de izquierdas y republicano.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Guitarrista en un grupo de Rock and Roll.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Lujuria, gula, avaricia, ira,  pereza, soberbia. Y fumar demasiado.
¿Y sus virtudes?
Mi hija Triana dice que huelo bien.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Una tabla, un esquife, una barca, un salvavidas.
T. M.

jueves, 13 de febrero de 2020

Publicación de "El fruto de la vida diversa. Artículos sobre literatura norteamericana"


Tengo el placer y la felicidad de anunciar que acaba de aparecer este libro, en Publicacions de la Universitat de València, dentro de la Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans (contacto: tel. 96 386 41 15; publicacions@uv.es). Lo he titulado, a partir de una cita de Borges sobre letras anglosajonas, El fruto de la vida diversa. Artículos sobre literatura norteamericana (370 págs., 19,50 euros), y en él hablo de 100 autores a lo largo de 200 años.


Texto de contracubierta:

El poeta, crítico literario, narrador y ensayista Toni Montesinos reúne aquí todo lo que ha escrito sobre autores norteamericanos, haciendo con este libro un complemento de La pasión incontenible. Éxito y rabia en la narrativa norteamericana, que publicara en el año 2013. El fruto de la vida diversa recoge, así, con el estilo ameno y apasionado que caracteriza al escritor barcelonés, a un centenar de autores que abarcan doscientos años de literatura americana y que aparecen ordenados alfabéticamente. El autor asimismo de Escenas de la catástrofe. Poemas y crónicas sobre Nueva York (2010), El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (2017) y El dios más poderoso. Vida de Walt Whitman (2019) ofrece, de esta manera, textos que responden a más de veinte años de lecturas y que constituyen todo un enorme y diverso caudal artístico visto, además, con conciencia desmitificadora. Y es que, por el simple hecho de venir del país de donde vienen, muchos autores estadounidenses ya traen desde los medios de comunicación y el mundo editorial un halo de sofisticación, alabanzas hiperbólicas y mercadotecnia que Montesinos trata de cuestionar en pos de ofrecer una mirada honesta, justa y cercana tanto al lector de a pie como al especializado.


Autores tratados:

John Ashbery, Margaret Atwood, Louis Auchincloss, Paul Auster, Elif Batuman, L. Frank Baum, Elizabeth Bishop, Paul Bowles, Ray Bradbury, Arthur Bradford, T. C. Boyle, Pearl S. Buck, Charles Bukowski, Truman Capote, Don Carpenter, Raymond Carver, John Cheever, Emma Cline, Don DeLillo, Philip K. Dick, Emily Dickinson, E. L. Doctorow, John Dos Passos, Dave Eggers, T. S. Eliot, R. W. Emerson, Marian Engel, John Fante, William Faulkner  , F. S. Fitzgerald, Jonathan Safran Foer, Richard Ford, Jonathan Franzen, Joshua Furst, Martha Gellhorn, Allen Ginsberg, Sue Grafton, Nathaniel Hawthorne, W. C. Heinz, Lillian Hellman, Dashiell Hammett, Ernest Hemingway, O. Henry, George V. Higgins, Patricia Highsmith, John Irving, Washington Irving, Lee Israel, Henry James, Jack Kerouac, Stephen King, Nicole Krauss, Ring Lardner, William Least Heat-Moon, David Leavitt, Harper Lee, Jack London, H. P. Lovecraft, Norman Mailer, Cormac McCarthy, Mary McCarthy, Herman Melville, Arthur Miller, Henry Miller, Toni Morrison, Alice Munro, Joyce Carol Oates, John O’Hara, Eugene O’Neill, Chuck Palahniuk, Edgar Allan Poe, Katherine Anne Porter, Richard Powers, Annie Proulx, Thomas Pynchon, Philip Roth, J. D. Salinger, James Salter, William Saroyan, Budd Schulberg, Linda Gray Sexton, Lionel Shriver, Upton Sinclair, Susan Sontag, John Steinbeck, Wallace Stevens, Donna Tartt, Paul Theroux, Hunter S. Thompson, H. D. Thoreau, John Kennedy Toole, Lionel Trilling, Dalton Trumbo, Mark Twain, John Updike, Gore Vidal, Kurt Vonnegut, David Foster Wallace, Eudora Welty, Edith Wharton, Walt Whitman, Thomas Wolfe, Tom Wolfe.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Entrevista capotiana a Martín Garrido

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Martín Garrido.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Indudablemente la isla de Mallorca, donde tuve la suerte de criarme. En Mallorca hay diversidad de paisajes, playa y montaña, además de infinidad de rincones donde dejarse embargar por la inspiración y crear en soledad.
¿Prefiere los animales a la gente?
Los animales son increíbles y sienten mucho más de lo que la mayoría de personas piensa. Los animales no son interesados, ni exigentes, ni envidiosos, y nunca matan por placer. Sin embargo, a pesar de todos los horrores que contemplamos a diario en los periódicos o el telediario, en el mundo sigue habiendo buenas personas, y también personas con talento que tienen la capacidad de alumbrar diferentes caminos con su mera presencia. En cualquier caso, los seres humanos también somos animales, y eso puede leerse en nuestro código genético e incluso en nuestros instintos más primarios, que no dejan de parecerse a los de cualquier otra especie animal. La verdad es que me gustan los animales y las personas bellas, las que no necesitan masticar miserias ajenas para seguir adelante y sentirse bien. El mundo es vasto y hay que poder disfrutar de todas las criaturas fantásticas que podemos encontrar entre los restos humeantes del paraíso.
¿Es usted cruel?
Definitivamente no.
¿Tiene muchos amigos?
Los justos y necesarios.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Bondad y mucha sinceridad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Hace años que nadie consigue decepcionarme. El cupo está cubierto. Siendo más joven aprendí que lo mejor, para que no te decepcionen, es no esperar nada de nadie.
¿Es usted una persona sincera? 
Por supuesto, o al menos eso intento a todas horas.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Haciendo lo que sea con mis amigos: ir de excursión, a pescar, comer, cenar, beber, hablar como si arreglar los desastres de la sociedad moderna dependiera de nosotros… cualquier cosa mientras sea en buena compañía y pueda vaciar mi cabeza de obsesiones laborales.
¿Qué le da más miedo?
La maldad humana, que no tiene límites.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Que haya empresarios multimillonarios que duerman tranquilos mientras tienen a miles de niños trabajando para ellos miserablemente en el tercer mundo. Otra cosa que me parece realmente asombrosa es que en España, después de una larga y penosa dictadura, siga habiendo franquistas y políticos que niegan o disfrazan las atrocidades cometidas por el tío Paco cuando mandaba con mano de hierro y nuestra tierra era un cortijo del que toda Europa se compadecía. Hay más temas que escandalizan, aunque ahora mismo me han venido estos a la cabeza.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hacerme misionero.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Camino todos los días un mínimo de dos horas.
¿Sabe cocinar?
Sí, y me encanta. La cocina es un arte.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Antonio López. Y si hablásemos de genios muertos… Francis Bacon.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amanecer.
¿Y la más peligrosa?
Odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. A la gente pérfida, envidiosa, esa gente que estando a solas en su casa echa espumarajos verdes por la boca mientras piensa en los demás, les deseo que tengan lo que merecen, ni más ni menos.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy un hombre de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Pianista.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La música y la comida.
¿Y sus virtudes?
No sé, eso deben juzgarlo otras personas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Imagino que vería a mis padres, cómo no… a mis abuelos, al niño que una vez fui, a la primera mujer que amé de verdad, con el corazón y las tripas. Vería a mi perro Goku, a mis héroes difuntos y al sinnúmero de espectros con los que llevo peleando encarnizadamente toda mi vida, espectros que no dejan de recordarme que aproveche al máximo cada instante…
T. M.

martes, 11 de febrero de 2020

Recomendando un libro sobre Proust en el programa de radio de Josep Cuní


El pasado viernes día 7 recomendé, en el programa de la SER Aquí amb Josep Cuní, en la sección en la que colaboro, Proust, Premio Goncourt. Un motín literario, de Thierry Laget (Ediciones del Subsuelo).

lunes, 10 de febrero de 2020

Entrevista capotiana a Juan Casado


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan Casado.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una casa con chimenea desde donde se pudiera ver el mar. El fuego y las olas son siempre iguales y diferentes, te permiten pensar, imaginar, dormir.
¿Prefiere los animales a la gente?
La gente, siempre que sea respetuosa y tranquila
¿Es usted cruel?
Creo que no. Ni con los bichitos pequeños.
¿Tiene muchos amigos?
Si porque conservo los de mi infancia y adolescencia. Pero no los veo porque son muy pesados, me aburren.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sea fiel a sus principios y a sus amigos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, solo uno me decepcionó de verdad.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, siempre que no haga daño. La sinceridad en los médicos puede ser perjudicial, necesita ser modulada y amoldada.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escuchando música clásica, pensado sin hacer nada, solo pensar, escribir esos pensamientos y hacer deporte, footing.
¿Qué le da más miedo?
La enfermedad de mis seres queridos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La traición de los ideales.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Tocar un instrumento musical, componer e interpretar música. Lo que hago, ser médico, curar o aliviar a los niños. Enseñar a los médicos jóvenes.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Bicicleta de montaña. Correr casi todas las mañanas a las 6 a. m.
¿Sabe cocinar?
No, solo carne a la brasa.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Ramón y Cajal.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Juventud y vitalidad.
¿Y la más peligrosa?
Tristeza en el futuro.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, pero sí dar una bofetada a algún indeseable.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
He ido cambiando a lo largo de la edad. Ahora socialdemócrata.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Músico, pintor.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La intolerancia, la tendencia a dogmatizar, exigir demasiado a los demás. Seguramente muchos vicio más, pero lo tienen que decir los demás, sobre todos las personas queridas que me rodean.
¿Y sus virtudes?
La disciplina, la capacidad de trabajo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Cuando era adolescente casi me ahogo al cruzar a nado el rio Guadiana. Por mi cabeza solo pasó una ansiedad tan intensa que nunca más he tenido.
T. M.