jueves, 29 de septiembre de 2016

Entrevista capotiana a Juan José Tejero

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan José Tejero.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un cine.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero la compañía de algunos animales a la de ciertas personas, sí, pero en sentido general no creo que pudiera dar la espalda a los animales de mi propia especie, por muchas ganas que me vengan a veces.
¿Es usted cruel?
Espero que no, salvo quizás en algunas situaciones en las nadie puede resultar herido o humillado, por ejemplo delante de la televisión, como forma de terapia humorística contra la estupidez humana o contra el tedio, como válvula de escape y si conduce a la risa que no hace daño a nadie.
¿Tiene muchos amigos?
Pocos, pero son muy buenos. Siempre me ha costado mucho hacer amigos, porque soy muy tímido y tiendo a cerrarme a los demás. Me supone un gran esfuerzo darme a conocer, y con el paso del tiempo cada vez me da más pereza. Por eso me he quedado con uno o dos de la infancia y otros dos o tres de la facultad. Y creo que aquí me planto.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Complicidad, respeto, sentido del humor y algo que atribuyo a mi egoísmo: que sepan más que yo para poder aprender de ellos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No son mis amigos porque sean perfectos, como yo tampoco lo soy, sino porque los quiero y no espero de ellos más de lo que pueden o quieren dar.
¿Es usted una persona sincera? 
Sólo con quien tengo mucha confianza y si se da la ocasión de serlo, o si se me pide expresamente. Esa gente que exhibe una supuesta sinceridad absoluta debe de tener un ego enorme para que no le importe lo que piensen o sientan los demás.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con mi familia, renuncio a todo por estar con mi mujer y mis hijos, que son muy pequeños todavía. Aparte de eso, leyendo, viendo cine, practicando deporte con moderación. Ojalá llegara una edad en la que sólo trabajasen las máquinas y los seres humanos pudiéramos vivir para el ocio, entendido éste en el sentido que le daban los griegos, es decir, tiempo libre para aprender y divertirse aprendiendo, algo que sólo sucede en la primera parte de la infancia y a partir de la jubilación, las dos etapas de oro en la vida de una persona con suerte. Y ya nos las están quitando por medio de una saturación de actividades extraescolares y una vida laboral cada vez más larga.
¿Qué le da más miedo?
De siempre el dolor, la demencia, el sufrimiento de mis seres queridos, la fugacidad y la fragilidad de lo bueno. Y cada vez más, la masa enfervorecida contra el individuo, la sinrazón, el poder en manos de gente injusta, la militancia, el uso perverso del lenguaje para mentir y manipular, ese lenguaje de la política y de la publicidad.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Suelo tomarme las cosas con cierta distancia para poder digerirlas despacio y con perspectiva. Así el escándalo, si llega, lo hace ya desprovisto de ruido, es decir, deja de ser escandaloso, si se me permite la expresión. La prensa se nutre del escándalo porque es más rentable económicamente, pero no deja pensar con claridad. Lo que no significa que debamos dejar de asombrarnos por todo lo que está destapándose ahora, me refiero a la corrupción y tanta canallería oficial. Los políticos saben que un escándalo se tapa con otro, y existe el peligro de que nos acostumbremos a él como algo normal que no tenga solución.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Siempre he trabajado en torno al mundo del libro, como librero, profesor, editor... No me veo haciendo otra cosa más que de cartero, quizás, o en un trabajo que me permitiera abstraerme de vez en cuando para poder ser el que quiero ser desde que era un niño: alguien que escribe o piensa en una historia para escribir, que aprovecha todo de la vida para ponerlo por escrito. De haber renunciado a eso no podría ser yo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Fútbol y tenis (nivel usuario), correr esporádicamente para mantenerme en forma. La moda actual de correr maratones me parece poco saludable.
¿Sabe cocinar?
¿Vale con la Thermomix? Mi mujer dice que soy el rey de las ensaladas, tal vez irónicamente.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Woody Allen, aunque no sabría por dónde empezar.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Siguiendo con Woody Allen, “benigno”.
¿Y la más peligrosa?
“Identidad”. Y una expresión fea donde las haya, “lengua vehicular”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Para eso está la ficción.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Creo que entre gente de izquierdas puedo parecer de derechas y al revés. No soporto las etiquetas, ni tampoco los prejuicios ni los argumentos manidos que se repiten sin ejercer la más mínima crítica. En el ámbito de lo cotidiano me gustaría que hubiera más debate y menos tertulia política, menos tensión y más profundidad.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Probaría con un pájaro.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Aislarme de los demás, buscar tiempo para mí. Leer o escribir son actividades de por sí antisociales. Mi mujer, primero, y ahora también mis hijos están consiguiendo que corrija esto. Pero tengo más vicios, como comprar libros que nunca leo, por ejemplo.
¿Y sus virtudes?
Darme cuenta de mis vicios para poder mejorar. Tener la aspiración de ser mejor persona.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Tal vez algún rostro muy querido, mis padres o mis hijos. A lo mejor una imagen de mí mismo de niño que me hablara como si fuera otro.
T. M.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Un poeta en las trincheras

Rudyard Kipling, el autor de los dos volúmenes de cuentos «El libro de las tierras vírgenes» (1894 y 1895), que Walt Disney llevaría al cine con el nombre de «El libro de la selva», moriría en 1936 antes de que sus temores se hicieran realidad y la Segunda Guerra Mundial rompiera de forma definitiva el mundo que hacía tiempo iba viendo desmoronarse. Se dijo de él que no fue un hombre de su época, que añoraba en demasía los tiempos victorianos, y hasta sufrió el ostracismo de los liberales que, en 1905, subieron al poder y lo tildaron de reaccionario. Fue uno de esos escritores que viven con intensidad la evolución de su país, en paralelo a su propia trayectoria, vital y profesional, lo cual, en su caso, resultaba especialmente significativo al nacer en Bombay, en 1865, pasar la infancia en Londres y volver a la India en los años ochenta para trabajar como redactor de la revista «Civil and Military Gazette».

No es de extrañar, pues, que la biografía que en su día publicó el canadiense David Gilmour se titule «La vida imperial de Rudyard Kipling» (Seix Barral, 2003). Kipling representaba la grandeza del Imperio británico como ningún otro poeta nacional, y además sufría por el futuro como nadie; convencido de que el progreso mecánico constituía una mera inercia sin mayores ventajas, el escritor siempre se mostró tajante en sus conjeturas sobre el mañana. Gilmour lo explica así: «Kipling era un profeta cuyas profecías se cumplieron demasiado a menudo para ser coincidencias: los bóers y el apartheid, el Káiser y una guerra, Hitler y otra guerra, la lucha entre hindúes y musulmanes cuando Inglaterra decidiera retirarse de la India... Estas y otras muchas cosas fueron predichas por Kipling años, a veces décadas, antes de que ocurrieran». Por ejemplo, a comienzos del siglo XX, Kipling pronosticó la explosión de una gran guerra, de lo que advirtió al rey Jorge V –del que se haría íntimo amigo–, aunque su llamada de alerta fue interpretada como una exageración propia de su gran patriotismo.

Textos propagandísticos

“Crónicas de la Primera Guerra Mundial” (Fórcola, traducción de Amelia Pérez de Villar) es una oportunidad para conocer a este Kipling patriota, ya que no en vano sus artículos belicistas son puro “periodismo propagandístico”, como apunta en el prólogo Ignacio Peyró, experto donde los haya en asuntos británicos, como así refleja su descomunal “Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa” (Fórcola, 2014). Habla así Peyró de cómo la Gran Guerra sería considerara prácticamente como la “de los poetas”, pues hasta un periódico de la época “dará fe del fenómeno al mostrar en una viñeta el avance de un soldado: el petate a la espalda, en una mano la bayoneta y en la otra un cuaderno –nada menos– para escribir sus versos”. No en balde, existen infinidad de testimonios escritos de intelectuales que acudieron a las trincheras, y entre ellos no podría faltar el del autor inglés más renombrado de aquellos tiempos, premio Nobel en 1907, el mismo que sale como personaje de celuloide en la adaptación de su propia obra “El hombre que pudo reinar” en la película de John Huston de 1975, el creador de “algunos de los relatos más perfectos escritos en lengua inglesa», según uno de sus grandes admiradores actuales, Alberto Manguel, que retomaba así la opinión que tenía de él Jorge Luis Borges.

Este libro acoge dos series de artículos –“Francia en guerra” (1915) y “La guerra en las montañas” (1917)– que se fueron publicando por entregas en el diario británico “The Daily Telegraph” y en la prensa estadounidense. Su tono es marcadamente narrativo. Pareciera que nos estamos adentrando en una de sus ficciones, y es que ya el lector interesado de la época reconocía su estilo literario, particularmente mediante sus composiciones poéticas, con las que se hizo muy popular al recrear con humor el lenguaje de los soldados británicos en la colonia india. Sus novelas, por supuesto, tendrían una dimensión más universal; basa citar la historia de aventuras marítimas «Capitanes intrépidos» (1897) o «Kim» (1901), sobre la India más picaresca protagonizada por un adolescente; no en vano, el escritor destacó como un gran narrador de lo que hoy llamaríamos literatura juvenil, con títulos como «Stalky and Co.», donde rememora sus andanzas colegiales, y «Puck, el de la colina Puck», colección de historias de dos niños con un duende que, en realidad, es un recorrido por algunos de los más relevantes acontecimientos históricos de la humanidad.

Elogio al soldado francés

Estos elementos de aventura, de asombro épico, de peligro ante acontecimientos decisivos de la historia y de elogio hiperbólico a cierta clase de personajes se reflejan bien en estas viñetas bélicas con las que Kipling nos introduce en el campo entre soldados y la caballería, los cañones, las bayonetas y los fusiles, pisando ciudades bombardeadas: “Se supone que cada pueblo luchará a su modo, pero esta guerra ha sobrepasado todos los modos conocidos”, asegura impactado por lo que ve. Primero en Francia, luego en Italia. En ambos lugares, predomina la admiración por los combatientes locales y la animadversión hacia los alemanes, los que todas las voces que van apareciendo a lo largo de las páginas llaman “boches” (“cabezas cuadradas” o “asnos”), que constantemente cometen “atrocidades”.

A ojos de Kipling, el soldado galo no se arredra ante nada: “El hombre francés es, en todo, un artista glorioso. Por otra parte, los oficiales franceses parecen tan maternales con respecto a sus hombres como sus hombres fraternales con ellos”, dice en una alabanza idealizada. Y sigue en estos términos: “La impresión predominante que causaban aquellos hombres era de excelente salud y vitalidad, de raza excepcional”. Incluso va más allá en su visión de plantear la contienda entre buenos y malos e idolatrar al país aliado: “Toda Francia trabaja para el frente, exactamente del mismo modo que una cadena infinita de cubos de agua trabaja para apagar un gran incendio”. Es el enemigo germano quien comete “abominaciones”, y no sólo dirigidas a la población, sino a lugares como la catedral de Reims, que a su pesar queda destrozada. Y con todo, el ánimo generalizado es de resistencia; así también en Italia, donde, en la llanura veneciana de Udine, comenta lo siguiente: “Son un pueblo duro, habituado a manejar materiales duros”, e insiste: “Son gente dura estos mediterráneos: han tenido que combatir con las montañas y todo lo que hay en ellas, metro a metro, y se sienten agradecidos siempre que la pendiente de su campo de batalla no supera los cuarenta y cinco grados”.

En este caso, los italianos estaban intentando detener el avance de los austriacos, luchando “contra la malignidad esencial de los boches”, y frente a todo ello, en toda la Gran Guerra, cabrá únicamente la hombría y una suerte de resignación por la crueldad del azar en la muerte de unos, en la supervivencia de otros: “Una bomba tiene que caer en algún sitio, y por la ley de probabilidades suele golpear directamente, como una paloma mensajera, sobre el punto donde más destrucción causa. Entonces la tierra se abre, yardas y yardas de tierra alrededor del lugar del impacto, y hay que desenterrar a los hombres: algunos, que simplemente se han quedado sin aliento, sacuden la cabeza, maldicen y siguen adelante; pero hay otros cuyas almas han salido volando libres entre tanto horror”.


Publicado en La Razón, 26-IX-2016

martes, 27 de septiembre de 2016

Entrevista capotiana a Juan Tomás Ávila Laurel


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan Tomás Ávila Laurel.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Si esto se diera, sería por obligación, por una fuerza superior a la mía, así que no podría elegir. Creo que la pregunta está mal formulada, o bien es parte de una prueba.
¿Prefiere los animales a la gente?
El hombre no debería hacer distinciones entre animales entre y gente. Es una forma de ir muy lejos en la apreciación de la vida. Tanto los animales como las personas tienen derecho a la vida, así que no se debe introducir ninguna idea de exclusión. No prefiero a los animales a la gente, en todo caso, y pienso que si no fuera por los problemas que tiene el ser humano consigo mismo, no habría tantos animales pendientes del hombre, o al revés. La excesiva saturación de animales en las ciudades no es buena.
¿Es usted cruel?
No creo, no he sido nunca acusado de crueldad.
¿Tiene muchos amigos?
No.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? 
Los amigos no se buscan, y ni por cualidades. El hombre tiene que conformarse con el hecho de que alguna vez encontrará un amigo que no tiene las cualidades que desea. En todo caso, si hoy por hoy tuviera un amigo que fuera violento con sus seres queridos, no seguiría siéndolo. O que se creyera muy listo engañándome todo el rato.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No mucho, pero alguno ha ido más lejos en las expectativas negativas que tenía de él. O sea, sabíamos que tenía ciertos defectos, pero los empeoró.
¿Es usted una persona sincera? 
Soy una persona que pocas veces se ha visto en situación de decir lo que no ha ocurrido. Cuando la mentira no tiene nada que ver con el menoscabo de la estima o la vida de las personas, la puedo relativizar. Ahora sé que se puede decir la verdad, pero se puede permanecer callado. La clave es la respuesta ante una inquisición. Ahí se ve si debemos o podemos decir ciertas cosas y para qué decirlas.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
El tiempo libre es algo que se cree que existe, o se da mucha importancia a esto sin saber lo que es. Cuándo es el tiempo libre de uno. ¿Puede hacer cualquier cosa aunque fuera pobre? Podría decir que mi tiempo libre, hoy por hoy, lo dedico a pensar en lo que haría si tuviera dinero o medios. ¿El tiempo en que utilizo para escribir es mi tiempo libre, porque no me lo concede nadie ni me pagan para escribir. Así que, es relativo.
¿Qué le da más miedo?
Pocas cosas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Bueno, la frialdad con que muchas personas disponen de la vida de los demás. Me da miedo que haya un grupo de personas estén controlando a su antojo a la humanidad y pocos se den cuenta. Todo lo que rodea el mundo de la política es una mentira. La mitad, o más de lo que se dice por la tele sobre las personas conocidas es mentira o dicha con un fin malo. Esto es peligroso. 
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Algunos creen que esta pregunta tiene una solución, pero no la tiene. Si no hubiera sido es un tiempo en la vida de una persona que no existe, así que no puede tomar decisión alguna. Creo que los escritores nacen, así que para responder a esta pregunta habría que ir al punto en que no era nada. ¿Se puede?
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, hasta hace poco jugaba al fútbol y ahora ejercito el cuerpo con una tabla gimnástica diseñada por mí.
¿Sabe cocinar?
Para quién. Lo que cocino me satisface, pero la mayor parte de tiempo es para mí solo. ¿Entonces, la pregunta tiene sentido?
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Sobre una persona mala, pero decidida. No digo el nombre, pero de los rasgos de personalidad me atrae la capacidad de vencer las dificultades. En todo caso, el que creyera en la importancia de este rasgo del carácter no me daría tanto para escribir un artículo. Bueno, no estoy seguro de que la persona fuera mala, pero fue un militar.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Paz.
¿Y la más peligrosa?
Injusticia. Podría haber dicho que es la guerra, pero sería muy fácil. Si no hay justicia en una sociedad, todo se puede ir al carajo o se vivirá una vida de mentiras. Y no sería paz.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No sé, no recuerdo. Si lo hubiera querido, no sabría decir por qué no lo hice. Y es que cuando he tenido el impulso de dar una bofetada a alguien, lo hice. Pero no es algo que ha ocurrido muchas veces. En todo caso, menoscabar la estima o la vida del prójimo no es un paso que hay que dar.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Lo de las tendencias es una mentira para controlar a la gente. Generalmente la política es mentir para seguir controlando el poder. Luego están formas de vida que son muy antiguas y que por ello nos han hecho creer que son de derechas. Pero no. Entonces sé que hay gente de izquierda que cree en lo mismo que los de derecha. Yo votaría por los que defienden la igualdad, la justicia, el ecologismo y la libertad individual y ciudadana. Esto no debería ser de izquierda o derecha, aunque al parecer algunos se lo apropien sin cumplirlo. Si nos guiáramos por tendencias, veríamos que hay amplias zonas del mundo donde todos son machistas. Entonces podríamos decir que ellos tendrían una tendencia política determina, perenne, algo innecesario.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Por qué habría de ser otra cosa. ¡¡Si no elegimos ser humanos!!
¿Cuáles son sus vicios principales?
Depende. El ser humano ama lo que es, entonces no creería que tuviera un vicio. No hablo de hábitos, como fumar, sino de una forma de ser.
¿Y sus virtudes?
Lo mismo, otro tendría que decirlo para que sea tan subjetivo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? 
¿Por qué crees que debería pasar imágenes en su cabeza? Si uno se está ahogando, procurará salvarse. Y si tuviera imágenes, serían involuntarias. Preguntas como si lo que sintiera fuera una elección suya. Todo dependerá del contexto. Además, cómo sabe si en un ahogamiento uno tiene en su cabeza imágenes.
T. M.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Mi edición de "Aguafuertes" de Roberto Arlt en "La Opinión de Málaga"


Enrique Benítez se hace eco, en el suplemento de cultura de La Opinión de Málaga (17 de septiembre del 2016) de las distintas novedades que han ido surgiendo de Roberto Arlt este tiempo, incluida la más extensa, la que preparé para Hermida Editores de sus Aguafuertes, producto de su largo viaje por España y norte de África y los artículos que enviaba a Buenos Aires.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Entrevista capotiana a Miguel Ángel Náter

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Miguel Ángel Náter.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Roma, por supuesto, pero en la Antigüedad; aunque la Roma actual me ofrecería una posibilidad de nostalgia y evasión de las crueldades de la antigua, y los peligros actuales del mundo. Llevaría conmigo como acompañante el libro Las metamorfosis de Roma, de Esteban Tollinchi.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Prefiero a la gente, porque entre ella todavía hay belleza y juventud, como en los trozos de esculturas de una ciudad antigua destruida por la misma sinrazón de los humanos.
¿Es usted cruel?
No lo creo. A veces me gustaría serlo. Trato de ser justo.
¿Tiene muchos amigos?
No. Los puedo contar con los dedos de mi mano izquierda. La amistad es un tesoro que pocas veces alcanzamos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La sinceridad y la fidelidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si son mis amigos, no pueden decepcionarme.
¿Es usted una persona sincera? 
Creo que sí. Pero en un mundo tan cruel y despiadado la sinceridad es un arma mortal de suicida. Sueles quedarte solo cuando dices la verdad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
No creo en el tiempo libre. Pero cuando no tengo que ir a la Universidad y no soporto la soledad de mi apartamento, me gusta ir al bar a tomar unas cervezas para pensar en todo.
¿Qué le da más miedo?
Quedarme solo toda la vida.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandalizaría que no haya escándalos.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Bueno, soy profesor universitario, en primer lugar. Ergo, soy escritor para aliviar esa tarea. Si no fuese ninguna de esas, me hubiese gustado se cantante, músico o escultor.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Voy al gimnasio, trato de mantener mi cuerpo atractivo.
¿Sabe cocinar?
Sí. Pero prefiero comer en casa de mi madre.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Escribiría sobre el exquisito poeta cubano Julián del Casal y su enclaustramiento en su Oriente literario.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Vida.
¿Y la más peligrosa?
Dinero.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Muchas veces, pero preferiría matarlos de la risa.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Prefiero no inmiscuirme en asuntos políticos. Mi país necesita la independencia, pero a estas alturas no lo creo posible. Como dijo Alberto Cortez: ¡Hay que seguir, hay que seguir, hay que seguir!
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Me gustaría ser un violonchelo y que me tocaran Pau Casals y Yo-yo Ma.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La bebida, la poesía, el sexo y el amor que no llega.
¿Y sus virtudes?
Soy demasiado generoso, incluso con quien no lo merece.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
No tengo idea. No sé nadar y siempre he tenido el recuerdo de haberme ahogado, quizás en otra vida. Posiblemente, piense en lo poco que disfruté de la vida.

T. M.

sábado, 24 de septiembre de 2016

La presentación de mi antología de Palés Matos en la revista puertorriqueña “Retorno”


Ha aparecido ya en Puerto Rico el primer número (agosto-diciembre de 2015) de Retorno. Revista Independiente de Literatura y Lengua Hispánicas. Colaboro en ella con el texto que leí la maravillosa tarde en que presenté Raza y paisaje. Antología poética 1915-1954, de Luis Palés Matos, con la compañía de tantos amigos e intelectuales queridos de la isla.

Del descubrimiento de la poesía de este autor boricua y el proceso que me llevó a interesarme por él hasta proyectar un libro donde recogiera una buena muestra de sus versos, con un prólogo preparado para la ocasión, hablé entonces en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el Viejo San Juan, junto a la máxima especialista en el autor, Mercedes López-Baralt.

Precisamente, esta insigne profesora, que acaba de publicar en Alicante un estudio sobre Miguel Hernández –uno de sus autores fetiche junto con García Lorca y García Márquez–, también aporta en Retorno el fabuloso escrito que leyó aquel día inolvidable del verano del 2015, comentando mi trabajo antológico, que ahora leo con renovada emoción.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Entrevista capotiana a Rubén Martín Díaz

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Rubén Martín Díaz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Sería una casa amplia con grandes ventanales, mucha luz y vistas a la naturaleza, y que dispusiera de un sofá cómodo, una pintura original de Claudio de Lorena, una sala de cine, una gran biblioteca y una sala para practicar deporte.
¿Prefiere los animales a la gente?
Los animales tienen una nobleza en la mirada que me cuesta encontrarla en los humanos.
¿Es usted cruel?
Creo que no. Me gusta pensar que no, al menos.
¿Tiene muchos amigos?
Conocidos, sí. Amigos de verdad, de los que pase lo que pase siempre están ahí, de los que ponen la mano en el fuego por uno sin preguntar primero, de los que anteponen el sentimiento mutuo al interés personal, me temo que no. Las relaciones entre personas son verdaderamente difíciles de llevar.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Naturalidad, lealtad y compromiso.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Alguna vez, claro, pero esto tiene su explicación. Te decepciona aquel que te importa de verdad, y no ese otro que ni te va ni te viene.
¿Es usted una persona sincera? 
En líneas generales, sí. Me incomoda tener que mentir. No me gustan las mentiras. Y no me gustan los mentirosos compulsivos, no son de fiar.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
En compañía, con mi familia y mis amigos; o en soledad, con un buen libro, practicando deporte, jugando a videojuegos o viendo una buena película (esto último también podría hacerlo en compañía).
¿Qué le da más miedo?
El sufrimiento de mis seres queridos. Que no sean felices en la vida.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Lo hay. Me escandaliza, y mucho, la injusticia. No puedo con eso.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me temo que dar vueltas perdido por el mundo. Con todo, ser escritor no es algo que se elige, es más bien algo que surge y que te atrapa. Por lo tanto, estoy convencido de que más tarde o más temprano terminaría escribiendo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, he practicado deporte desde que tengo uso de razón. Durante la adolescencia, por ejemplo, dediqué mucho tiempo a las pesas; sin embargo, a día de hoy prefiero salir a correr mientras disfruto del aire libre y ordeno mis pensamientos.
¿Sabe cocinar?
Lo justo y necesario. No me interesa la cocina, a pesar de que me encanta comer y del boom televisivo que existe en la actualidad sobre este tema.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
No tengo personajes preferidos y no me viene ahora a la mente ningún personaje inolvidable.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Lo tengo claro: esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Peligro. Siento ser tan… práctico.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
En momentos puntuales, imagino que sí. Seguramente por causa de alguna injusticia…
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
No es por escurrir el bulto pero cada vez estoy más perdido en este tema.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un lobo. Me temo que la vida está jodida para ser cualquier cosa, pero no me resisto a pensar en un lobo, por su belleza, su fiereza y poderío, y su conciencia de unidad grupal.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La literatura, el cine y los videojuegos.
¿Y sus virtudes?
No lo tengo claro. Habría que preguntarle a otro para hablar con objetividad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Esta pregunta tendría que responderla después de haber estado a punto de ahogarme jajaja. Prefiero, por lo tanto, no tener que hacerlo nunca.

T. M.

jueves, 22 de septiembre de 2016

El Walt Whitman del Cantábrico


Hay un Ramón Andrés que da al mundo verdaderas proezas intelectuales. Y entonces tenemos su libro de 2003, recientemente ampliado, «Semper dolens. Historia del suicidio en Occidente». Y entonces maravilla con las mil ochocientas páginas de su «Diccionario de música, mitología, magia y religión» (2012). Y entonces surge de su curiosidad histórico-artística una antología única como «No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio» o el estudio «El luthier de Delft. Música, pintura y ciencia en tiempos de Vermeer y Spinoza». Pero, aparte del experto en Bach y Mozart, hay otro Andrés igual de exquisito y erudito, aunque de talante más personal, introspectivo, poético. 

Tal cosa queda demostrada en «Poesía reunida y aforismos», que recoge poemas inéditos de los últimos años más una selección de sus poemarios «Imagen de mudanza» (1987), «La línea de las cosas» (1994) y «La amplitud del límite» (2000). Entre los aforismos –los que integran el libro «Los extremos» (2011), más otras piezas escritas durante el último lustro– encontramos de tono ocurrente, como «Ni en una silla darse por sentado», o muy sugerente: «No debemos buscar oasis, sino brechas»; algunos que desprenden una filosofía para afrontar el vivir: «No sentirse propietario de nada y, al menos, bajar la mirada una vez al día»; o los que ahondan en la visión interior: «En lo más íntimo pensamos que somos impostores. El estupor viene cuando descubrimos que la mentira que nos ha sustentado no era tal, sino pura vigencia de una verdad que nadie conoce».

Pensamientos sobrios y con aire enigmático que constituyen el reverso de su mirada culta a través de la poesía, su aproximación a la potencialidad del lenguaje para la cual a veces se inspira en sus lecturas, caso de los poemas «Sísifo», «Los dioses», «Homenaje-elegía a T. S. Eliot», o incluso los que ilustran el paisaje norteño que lo vio nacer. Y así, como un Whitman del Cantábrico relativiza la propia conciencia diciéndose que «quien no cante a sí mismo,/quien lo descuide, tampoco ha de temer: / aprenderá que no saberse es canto».

Publicado en La Razón, 22-IX-2016

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Entrevista capotiana a Roser Amills

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Roser Amills.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una biblioteca inmensa.
¿Prefiere los animales a la gente?
No cabe esa posibilidad: somos animalitos. Charlatanes, pero mamíferos.
¿Es usted cruel?
Sí. Pero apenas ejerzo y poco a poco se me ha olvidado.
¿Tiene muchos amigos?
No. Tengo algunos amigos y muchos conocidos y saludados.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que no necesiten verme para sentir que lo siguen siendo.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Tengo que esforzarme mucho para que alguien me decepcione y, en general no tengo tiempo.
¿Es usted una persona sincera? 
Hasta la médula, tanto de emisión como de recepción.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Haciendo nada.
¿Qué le da más miedo?
Quedarme ciega: de niña jugaba con mis hermanos a que lo éramos y me asustaba no poder leer como lo hago. Pero pronto descubrí a Borges y ese miedo desapareció.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La injusticia desatada, pero cada vez menos por exceso de exposición.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
¿Acaso es una decisión?
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Muchos: bailo, subo escaleras, practico sexo, suspiro, me levanto de la silla, riego las plantas, hago estiramientos al despertar, doy abrazos, friego los platos, alcanzo la botella de vino del último estante, cargo libros y cuadernos, paseo, respiro de nuevo... ¡Es un no parar!
¿Sabe cocinar?
Sí, pero sólo para más de cuatro comensales. Para menos, me hago un lío con las proporciones.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A mi abuelo materno, Miquel Bibiloni. Así podría agradecerle de un modo delicioso todos los ejemplares de Reader’s Digest que me prestó de niña.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Pentura. Es mallorquina. Equivale a "quizás" y es el apócope de "por ventura".
¿Y la más peligrosa?
No hay palabras peligrosas. Lo peligroso es el pensamiento engarzado a ellas del que las utiliza. Paz puede ser terrible y nunca un bálsamo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí. En alguna de mis novelas. Y lo que cuesta.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Estoy convencida de que solo porque puedas votar y ellos no te disparen, no deberías pensar que vives en una democracia. (Lo aprendí de Noam Chomsky.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Lo que fui, otra vez, en bucle.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La deliciosa pereza que me permite asentar lo que aprendo.
¿Y sus virtudes?
La alegría.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? 
Me salen agallas, cola de sirena...

T. M.