martes, 23 de octubre de 2018

Otra reseña en "Culturamas" de mi novela "El fantasma de la verdad"


Es algo harto infrecuente, pero mi novela El fantasma de la verdad (El Desvelo Ediciones) ha disfrutado de una segunda reseña en un mismo medio, en este caso Culturamas. La firma Pedro Pujante, y es realmente formidable. Está fechada hace dos días, y se añade a la lectura, también interesantísima, que hizo de mi misma obra Ricardo Martínez Llorca, el pasado 18 de septiembre, justo en la semana en que vio la luz.

lunes, 22 de octubre de 2018

Entrevista capotiana a Ramón Eder


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ramón Eder.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Si de ese lugar no se pudiera salir nunca  yo elegiría un sitio con buen clima, relativamente grande para que hubiera un poco de todo, cerca del mar, donde se comiera bien, un lugar en el que hubiera edificios antiguos, un lugar con mucho pasado, con buenas bibliotecas y museos, un lugar con gracia: Palermo, Cádiz, Marsella...
¿Prefiere los animales a la gente?
Me gustan mucho los animales, sobre todo los gatos, pero puestos a elegir prefiero los seres humanos agradables . Para qué vamos a engañarnos, dan más juego.
¿Es usted cruel?
No, y me horroriza el que lo es.
¿Tiene muchos amigos?
Ni tan pocos que casi no me suene el teléfono, ni tantos que no pare de sonar.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sean divertidos, inteligentes y leales.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Creo que no, porque no les engaño inicialmente.
¿Es usted una persona sincera? 
Generalmente sí, pero no siempre porque a veces se puede hacer mucho daño siéndolo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Como estoy como jubilado todo mi tiempo es tiempo libre y lo que hago es escribir, leer y viajar.
¿Qué le da más miedo?
Que la vida deje de gustarme.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El éxito de los mediocres.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser fotógrafo viajero de los que dan la vuelta al mundo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Pasear con las manos en los bolsillos.
¿Sabe cocinar?
Pocas cosas, pero las que hago me salen muy ricas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Sobre Ernst Jünger  o Chesterton.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
“Esperanza”.
¿Y la más peligrosa?
Cualquiera, dependiendo del momento.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, nunca. Ahora, que ciertos idiotas se cayeran y se rompieran una pierna, sí que lo he deseado muchas veces.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
En todo caso democráticas porque son las menos malas.         
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
No me gustaría ser otra cosa.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Perder el tiempo de manera contemplativa.
¿Y sus virtudes?
Perder el tiempo de manera contemplativa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Imágenes de la infancia, de mujeres hermosas, de playas con palmeras...
T. M.

domingo, 21 de octubre de 2018

Amor-odio a Rusia


Una cita del poeta Alexandr Blok, que sirve de epígrafe para esta novela de Serguéi Dovlátov, “Incluso así, Rusia mía, eres mi tierra más querida”, refleja bien a las claras la relación de amor-odio del autor hacia un país que le puso las cosas tan difíciles que hubo de exiliarse. “La maleta” (traducción de Justo E. Vasco) empieza realmente bien, en una evocación del Departamento de Visas y Registro, el organismo policial encargado de los tramites de salida al extranjero de los ciudadanos soviéticos, cuando el escritor hacía los trámites para irse de tierras rusas. Es un delirante mediante el cual el autor borra todo rastro de dramatismo en torno a la obligatoriedad de sólo poder llevarse un equipaje mínimo una vez cruce la frontera.

La maleta que lo acompañaría en su salida y que contenía algo de ropa y poco más sirve de presencia continua, simbólica, sobre la pobreza y esperpento comunista que se vivió en la URSS; Dovlátov escribió este libro después de llevar viviendo en Estados Unidos diez años, y en él irá rememorando episodios de su vida, desde sus andanzas cuando era estudiante en la Universidad de Leningrado, tenía una novia que estaba en contacto con gentes cultas y sofisticadas y había de subsistir por medio de todo tipo de peripecias que acababan en diversos trapicheos que jamás eran como se preveía. Así, la alocada historia de cómo robó los botines al alcalde, o su situación en casa, pues su mujer le reprocha que es tan perezoso que ni siquiera se molesta en abandonarla, se cuentan con gracia y desparpajo en una prosa que probablemente para ciertos lectores sea un mero cúmulo de anécdotas biógrafas.

Fondo autobiográfico

Lo que pasa es que tales anécdotas retratan muy bien una época, como la de los años sesenta, cuando Dovlátov trabajaba en la redacción de un periódico, o como cuando se despertó borracho en un hospital, siendo miembro del ejército soviético después de una etapa como boxeador profesional. Toda esta andadura tan particular tiene etapas tan decisivas para su escritura como la experiencia de ser guardián de un campo de prisioneros en Komi, su traslado, en los años setenta, a Estonia, donde intenta convertirse en escritor, aunque el KGB le confisque algunas de sus obras, o su trabajo como guía turístico en el museo Pushkin. Todas estas experiencias le inspirarán cada uno de sus libros, siempre con trasfondo autobiográfico, y su perseverancia hará que éstos lleguen a Estados Unidos microfilmados y transportados por algunos amigos. Allí, gracias a su viejo amigo Joseph Brodsky, colaborará con “The New Yorker y llegará a ser redactor jefe del periódico ruso “The New American”, y por fin se hará un nombre como narrador mientras en su tierra se le ninguneaba.

Publicado en La Razón, 18-X-2018

sábado, 20 de octubre de 2018

Entrevista capotiana a A. Sebastiani Verlezza

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alejandro Sebastiani Verlezza.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
A mí que me suelten en el sur de Italia, allá lo tengo todo: la buena comida, las callejuelas, las mujeres bonitas, los restos paganos, el mar, las canciones, la respiración del presente, el caos y la consciencia trágica necesaria para andar por la vida “sin poder salir”. Capito?
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a la gente que sabe de su lado animal, la forma de moverse de los pájaros y los perros, los loros, las guacamayas y sus canturreos acelerados, los gatos, las gatas; los pulpos (¡hola, Octavio!), los ciempiés que gozan en el giro, porque no pueden hacer otra cosa.
¿Es usted cruel?
¡Empezando por mí mismo! A veces con poca compasión. El ring diario: peleador, público y árbitro. Dale y dale: al mentón, al estómago, al hígado, un, dos, pá, pá, paj. Alguna vez se apaciguará. De hecho, lo hace, lo hace, poco a poco, pianissimo, ahí va.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La nobleza, la belleza, el buen corazón, la justeza, la solidaridad, la verdad por la calle del medio, siempre, aunque duela. Por eso son siempre pocos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sería extraño y hasta ingenuo pretender que nunca ocurran los desencuentros, los momentos de discordia y pesar. Me los han provocado y seguro que los provoco. Pero si se impone la sinceridad todo avanza y si hay de veras amistad entonces toca saber que las cosas son como vienen y no siempre como uno quiere. Equilibrismos. A veces sencillamente toca decir: ¡al carajo!
¿Es usted una persona sincera? 
Lo soy. Y cuando trato de no serlo, se me nota en el rostro, los gestos. Puede ser un problema, créeme, puede ser una salvación. La máscara se me tambalea, por suerte. Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Tengo muy poco tiempo libre, cada vez menos, pero me gusta mucho caminar y caminar. Suelo detenerme en una avenida que está muy cerca de donde vivo y me quedo observando su movimiento, sobre todo por las noches. Eso.
¿Qué le da más miedo?
Las dictaduras, los gobiernos que pretenden alterar los recuerdos y los hábitos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
¡Las dictaduras, los gobiernos que pretenden alterar los recuerdos y los hábitos, las colas para comprar el pan, la (hiper)inflación, la pobreza, la miseria, la gente revolviendo las bolsas de basura, la corrupción, el uso ideológico del carnet, todo el mal regado por cada rincón del atribulado país donde vivo, dominado por el impulso desorbitante de la destrucción que llevan adelante los agentes del Caos!
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Quizás médico, quizás antropólogo, quizás un sencillo hombre del mar y el campo, un arreador de bestias.  
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Caminar y caminar.
¿Sabe cocinar?
¡Claro! Desde pequeño.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Pienso en cinco personas. La primera: mi madre.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
La palabra deriva, la palabra presente.
¿Y la más peligrosa?
Gulag.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
¡Para qué! Que baile el dios.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Aquello de Keats: que la belleza sea la verdad y la verdad la belleza.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
¡Mago, médico, escultor, geólogo, oceanógrafo, viajero, sobre todo viajero!
¿Cuáles son sus vicios principales?
Puedo tener la lengua muy pesada. Ya con tener a raya ese vicio tengo para ocuparme media vida. Si te refieres a los tragos, el tabaco, la lotería, son caramelitos ocasionales; si te refieres a las drogas duras, no me interesan, con las que tengo dentro de mí mismo ya tengo suficiente.
¿Y sus virtudes?
Como dice el letrero aquel: “SE BUSCA”.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
¡Ya me ha pasado! No hay tiempo de ver mucho. El agua se te mete por todas las esquinas y no sabes nada, hasta que otra mano te saca del trance y respiras. Todo se apaga. Y luego, por suerte, abres los ojos. Y constatas el mundo de nuevo, avergonzado, con un poco de tos y un ardor que cruza desde los ojos hasta la garganta, algo así como volver a nacer. Bonitas “imágenes”, ¿no?
T. M.

viernes, 19 de octubre de 2018

El crítico más exigente


La mitomanía, el encanto y misterio aún hablan de Edgar Allan Poe, de continuo objeto de interés, su vida y su obra. En una madrugada de 1849 moría en Baltimore, adonde se había trasladado en barco desde Richmond para dar una conferencia. Desoyendo los consejos de los médicos, que le aseguraban que no sobreviviría a la siguiente borrachera, se había entregado a la ebriedad esperando a que saliera el tren que lo iba a llevar a Filadelfia. Su traductor Julio Cortázar cuenta cómo fue hallado el escritor semiinconsciente en una taberna y ingresado en un hospital, donde durante cinco días «se quemó en terribles alucinaciones, en luchar con las enfermeras que lo sujetaban, en llamar desesperadamente a Reynolds, el explorador polar que había influido en la composición de “Gordon Pym”». «Que Dios ayude a mi pobre alma», fueron sus últimas palabras.

Este fin aciago y autodestructivo del fundador del género detectivesco, el narrador que elevó a categoría artística la trama de asesinatos y argucias policiales en cuentos como “El escarabajo de oro” o “La carta robada”, el creador del detective Dupin, protagonista de cuentos como “El crimen de la calle Morgue”, tiene un reverso sobrio y culto de enorme interés. Nos referimos a su faceta como crítico literario, que en español conocíamos gracias al libro que Alianza publicara en 1981, “Ensayos y críticas”, en edición de Cortázar, que hace mucho está descatalogado. Por eso son tan oportunos ahora, con traducción y prólogo de Antonio Rivero Taravillo, estos “Ensayos completos I” que, también, incluyen una introducción de Fernando Iwasaki, quien en su día dirigió junto a Jorge Volpi la edición comentada de los “Cuentos completos” de Poe para Páginas de Espuma.

El escritor peruano nos presenta el volumen haciendo referencia a “un material jugoso, divertido y extraordinario. A saber, los análisis y reflexiones sobre poesía, narrativa británica y crítica literaria publicados entre 1835 y 1845 en revistas y periódicos de Boston, Nueva  York, Filadelfia y Baltimore durante los años más fértiles, rabiosos, lúcidos y miserables de Edgar Allan Poe, entonces autor marginal y apenas conocido por una selecta minoría”. Y por su parte, Rivero Taravillo nos recuerda que poco se sabe “de su amplísima obra crítica, que casi siempre excede el ámbito de la reseña para convertir sus lecturas y opiniones en auténticos ensayos, llenos de lecciones para los escritores en ciernes y aun para los consolidados”. Ciertamente es así, sobre todo a la hora de profundizar en los aspectos más destacados, por lo bueno o por lo malo, de cada obra poética o narrativa, pues Poe se explaya a gusto y no tiene inconveniente alguno en hacer comentarios mordaces y contundentes.

Elogios al joven Dickens

Es el caso de autores como Charles James Lever, que tuvo un gran éxito de ventas por su novela “Charles O’Malley” pero en el que Poe no ve ningún mérito literario y sí innumerables aspectos fallidos. Asimismo, el joven crítico no tendrá reparo alguno en criticar la obra de un autor tan reputado como Thomas Babington Macaulay, como si los pensamientos de este historiador inglés fueran mero artificio retórico y no hubiera detrás nada sólido que los sustentase. Así las cosas, tenemos un volumen que en su reunión tiene un mismo hándicap y aliciente, esto es, conocer autores y obras por completo desconocidos para nosotros hoy en día, como William Harrison Ainsworth –su novela es “una acumulación ingeniosa de pedantería y ampulosidad, y una sarta de disparates”–, Eaton Stannard Barrett –de cuya principal obra dice que es una copia del “Quijote”–, Henry F. Chorley –al que elogia por sus “extraordinarias habilidades”…

En todo caso, como bien dicen los prologuistas, es genial acompañar a este Poe cuando reacciona, exigente y sincero, ante las diversas novedades que le llegaban a la redacción del periódico de turno para el que trabajara. Muy especialmente, se le ve disfrutar leyendo a escritores que sí ha recordado la historia, como Edward Bulwer-Lytton, de “agudo talento” y del que llega a decir que nadie lo supera, Elizabeth Barrett Browning, de la que se declara ferviente admirador, Samuel Taylor Coleridge, al que idolatra, William Hazlitt, “un crítico brillante, epigramático, inesperado, paradójico y sugerente”, Daniel Defoe, sobre el cual escribe brevemente acerca de su “Robinson Crusoe” y, sobre todo, Charles Dickens. Poe sólo era unos pocos años mayor que el narrador londinense pero ya apreciaba en él una calidad descomunal, en especial con respecto a “La tienda de antigüedades”, novela que “posee más originalidad en todos sus puntos, pero sobre todo en carácter, que cualquier obra que conozcamos”.

Publicado en La Razón, 18-X-2018

jueves, 18 de octubre de 2018

Entrevista capotiana a Silvio Mattoni

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Silvio Mattoni.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En donde vivo, Córdoba.
¿Prefiere los animales a la gente?
Gente, que es una forma parlante de animal.
¿Es usted cruel?
De vez en cuando.
¿Tiene muchos amigos?
No, aunque los pocos se multiplican por efecto de reemplazo en el tiempo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sepan leer.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribiendo, si no se puede, leyendo, si no se puede, perdiéndolo (pantallas y alcohol). El tiempo más memorable no está libre, hay matrimonio, hijos y naturaleza perceptible.
¿Qué le da más miedo?
Morirme o que se muera alguien que no puedo pensar.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La estupidez, el analfabetismo funcional, los pretenciosos útiles.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No sé si llevo una vida creativa, escribir es una actividad como otras, supongo que podría haber hecho ciencia o finanzas.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, nado dos o tres veces por semana, a veces trato de caminar pero la ciudad es complicada.
¿Sabe cocinar?
Sí, siempre cociné, desde niño, y desde que me casé todas las veces que puedo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
No conozco el género, pero elegiría a un poeta raté de mi zona, sería un desconocido que no vale la pena nombrar aquí.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Filiación.
¿Y la más peligrosa?
Autodestrucción.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, al menos no en mis estados más frecuentes.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
De izquierda en economía, cinismo en cultura, escepticismo en literatura.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Pintor.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Tendencias a la adicción, cigarrillos, alcohol, manías, solipsismo.
¿Y sus virtudes?
Elocuencia, humor ácido, escuchar algo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi infancia en un barrio con plátanos altos, mis hijos, mi esposa joven, las sierras que rodean mi ciudad.
T. M.

martes, 16 de octubre de 2018

Conferencia sobre literatura y suicidio en Cádiz


Mañana día 17, a las 18 horas, realizaré la conferencia inaugural perteneciente a "LITERATURA Y SUICIDIO. DESDE LA ANTIGÜEDAD HASTA NUESTROS DÍAS" VIII JORNADAS DE LA FUNDACIÓN CARLOS EDMUNDO DE ORY.

Dará lugar en el Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Extensión Cultural y Servicios, en la Universidad de Cádiz, Edificio Constitución 1812 (Antiguo Cuartel de La Bomba), Paseo Carlos III, 3, 11003 - Cádiz. El pdf completo de las jornadas se puede descargar aquí.

lunes, 15 de octubre de 2018

Entrevista capotiana a Antonio Mercero


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Antonio Mercero.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un tren en movimiento, para vivir mirando el paisaje, leyendo y dando cabezadas.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a las personas, siempre que no se comporten como animales.
¿Es usted cruel?
Conmigo mismo lo soy a veces. Con los demás soy majo.
¿Tiene muchos amigos?
Demasiados. Debería soltar algunos por falta de tiempo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que estén cerca en los momentos alegres. En los tristes prefiero lamerme las heridas en un rincón.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Constantemente. Las relaciones personales son difíciles.
¿Es usted una persona sincera? 
Siempre, excepto si creo que una mentira nos viene mejor a todos.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Buscando el consuelo de la ficción con un buen libro o una buena película.
¿Qué le da más miedo?
Me dan mucho miedo la ceguera y la locura. Creo que terminaré siendo un ciego que se vuelve loco.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Cualquier forma de injusticia y la indiferencia ante ella.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No lo sé, seguro que periodista o abogado de pleitos pobres.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Ya no estoy para muchos trotes, pero camino una hora todos los días y a veces hago la machada de subirme a una bici.
¿Sabe cocinar?
Sí, a la fuerza ahorcan. Tengo bocas que alimentar. Pero creo que hay cuatro o cinco cosas que hago mejor que esa.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Eponine encarnando el desamor en Los miserables. O a Hans Castorp viendo la vida pasar en el sanatorio de La montaña mágica.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Aurora. Acabó el día horrible, empieza uno nuevo y todo puede suceder.
¿Y la más peligrosa?
Éxito. Nos vuelve locos a todos. Y es segurísimo que la felicidad está en otra parte.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Dos o tres veces. Por suerte funcionó el autocontrol.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Progresista. Aunque últimamente mi tendencia política es a inhibirme de la política.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un león que bosteza, toma el sol, dormita. Siempre he envidiado la vida sencilla de los animales.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El tabaco y la impaciencia.
¿Y sus virtudes?
La elocuencia -sin caer en la verborrea- y el sentido del humor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Pensaría en mis hijas. Y en mi novia. Antes que en Dios, o en algo trascendente, pensaría en un trozo de madera para agarrarme y seguir viviendo un poco más, que se trata de eso.
T. M.

domingo, 14 de octubre de 2018

"La ocasión fugaz. Ensayos sobre poesía española e hispanoamericana", en "El Cuaderno Digital"


Hace unos días, en la web de cultura El Cuaderno Digital, aparecía información del libro que la editorial Calambur me publicó hace tres meses, La ocasión fugaz. Ensayos sobre poesía española e hispanoamericana. Se aporta el prefacio, que titulé "La fusión del sentir y el pensar", un extracto de uno de las piezas que lo componen: una entrevista a Pere Gimferrer, y datos del libro y de un servidor.

sábado, 13 de octubre de 2018

Entrevista capotiana a Ignacio Peyró


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ignacio Peyró.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Extremadura.
¿Prefiere los animales a la gente?
No.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo muchos y a la vez no más de media docena.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No he buscado a mis amigos –me han sido dados.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No: por eso son mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? 
Soy gran partidario de la mentira cortés: “¡qué bien te queda esa corbata!”, etc. A veces la mentira es preferible al drama.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me gusta mucho leer.
¿Qué le da más miedo?
Los males imprevistos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El abuso de la fuerza.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me hubiese gustado ser rico, monje, historiador o constitucionalista –son oficios que, en un momento dado, se me hubieran dado bien.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Camino.
¿Sabe cocinar?
Cocino poco y muy sencillo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Bernardo de Claraval.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Maternidad.
¿Y la más peligrosa?
“¡La última!”
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
El ideal, como diría Disraeli, es  buscar “la elevación de la condición de las gentes”, por un lado, sin por otro “violentar los principios de verdad económica sobre los que reposa la prosperidad de los Estados”.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Algo bonito –un tapiz, un pájaro.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Una copa o dos sí me gusta beberme.
¿Y sus virtudes?
No sobresalgo en ninguna.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Espero que alguna de agradecimiento: el calor privilegiado de una infancia y una familia felices, allá por los ochenta, en el noroeste de Madrid.
T. M.