viernes, 22 de febrero de 2019

Un texto sobre Whitman en la revista "Clarín"

Puesto de libros en la tienda de la casa natal de Whitman


En el número 138 de la revista Clarín (noviembre-diciembre 2018) publiqué un largo artículo titulado "La igualdad celebrada en casa de Walt Whitman", con fotos de mi visita a su casa natal en Long Island, que hice el verano pasado. En él, revisaba su obra y vida, las últimas ediciones de sus obras y cómo fue su hogar en 1819, cuando nació: hará doscientos años este mayo.

jueves, 21 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a J. F. Creagh


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de J. F. Creagh.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
SEVILLA.
¿Prefiere los animales a la gente?
NO, AUNQUE A VECES EXISTE LA TENTACIÓN.
¿Es usted cruel?
NO, PESE A QUE TAMBIÉN LAS CIRCUNSTANCIAS INVITAN A ELLO.
¿Tiene muchos amigos?
CONOCIDOS MUCHISIMOS, AMIGOS DE VERDAD, AFORTUNADAMENTE CABEN EN LOS DEDOS DE LAS DOS MANOS.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
LA IDENTIDAD DE PENSAMIENTO, PESE AL RESPETO MUTUO EN LO QUE DIVERGEMOS.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
SOY BENEVOLENTE, CON LA ESPERANZA QUE TAMBIÉN LO SEAN A LA RECIPROCA.
¿Es usted una persona sincera? 
SIEMPRE QUE PUEDO, SÍ.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
ENTRE OTRAS COSAS, CONTESTANDO ENCUESTAS COMO ESTA.
¿Qué le da más miedo?
EL QUE LLEGUE UN DIA EN EL QUE DEJE DE SER COMO SOY.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
LA VERDAD ES QUE A ESTAS ALTURAS, POCAS COSAS. SI ACASO LA CARADURA DE ALGUNOS.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
LO QUE VENGO HACIENDO EN LA ACTUALIDAD, TODA VEZ QUE NO SOY UN ESCRITOR A TIEMPO COMPLETO. CONVERTIRSE EN UN PROFESIONAL DE ALGO COMO ESCRIBIR ME CONDICIONARÍA NEGATIVAMENTE.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
LA EDAD NOS LIMITA E IMPONE SUS REGLAS. ANTES TENIS, DESPUES, CICLISMO, AHORA PASEOS.
¿Sabe cocinar?
NO QUISIERA ENVENENAR A ALGUIEN INVOLUNTARIAMENTE.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
LOS PERSONAJES QUE SE ME OCURREN Y QUE BIEN PUDIERAN SER OBJETO DE UN ARTÍCULO POR MI PARTE, LA VERDAD ES QUE NO CREO QUE LE INERESASEN A READER’S DIGEST.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
VD. LO HA DICHO: ESPERANZA.
¿Y la más peligrosa?
NO SE PREOCUPE.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
POR FAVOR NO ME LO RECUERDE.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
EL ESCEPTICISMO.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
NI ME LO PLANTEO, ¿PARA QUÉ?
¿Cuáles son sus vicios principales?
TRAIGA MÁS PAPEL Y EMPEZAMOS POR LOS PECADOS CAPITALES.
¿Y sus virtudes?
PREFIERO QUE ESO LO DIGAN LOS DEMÁS…O CALLEN PARA SIEMPRE.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
EL MOTETE CERCA DE TI SEÑOR AL VIOLÍN EN LA CUBIERTA DEL TITANIC.
T. M.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Reseña de "No habrá muerte. Letras del gulag y el nazismo: de Borís Pasternak a Imre Kertész", en "El Cultural"


El pasado jueves, en El Cultural, aparecía esta portentosa reseña, realizada por Rafael Núñez Florencio, de mi libro No habrá muerte. Letras del gulag y el nazismo: de Borís Pasternak a Imre Kertész. Si hubiera tenido que imaginar una crítica literaria ideal de este libro, jamás hubiera podido esperar que mis expectativas fueran tan complacidas como en este caso, que se añade a otras impresionantes, como la de Juan Ángel Juristo y Jesús Ferrer.

El texto de Núñez Florencio, al igual que en los ejemplos referidos que tanto me conmovieron, me dejó asombrado por todo lo que llega a abarcar y su sensibilidad frente a los pequeños detalles que, a la hora de hacer este ensayo, eran importantes para mí. De tal modo que este historiador destaca tanto el contenido como su estructura: desde la dedicatoria, tan especial, hasta los epígrafes que abren las tres secciones que están ligados al título general.

martes, 19 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Ada Salas


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ada Salas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
La gente no siempre. A veces prefiero a los animales.
¿Es usted cruel?
Supongo que sí, que también.
¿Tiene muchos amigos?
Creo que sí. Bueno, sin creo: sí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Como dijo alguien, que me comprendan.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Creo que sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Depende. Leyendo, con amigos, oyendo música, viendo cosas: películas, paisajes, ciudades, árboles, el mar.
¿Qué le da más miedo?
No lo sé. Me dan miedo muchas cosas. Creo que, lo que más, el horror de una vida invivible por la guerra, la represión política, la injustica social extrema… cualquier forma de violencia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El sufrimiento evitable.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me habría gustado ser pintora, música, deportista; quizá, médica.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Me gusta nadar, correr, hacer yoga.
¿Sabe cocinar?
Muy mal.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Johan Sebastian Bach.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Inconsciencia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No (creo…).
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
De izquierdas… sin ningún tipo de dictadura comunista.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Escritora (y adyacentes) a tiempo más o menos completo. 
¿Cuáles son sus vicios principales?
¿Vicios? Comer carabineros… y que me chorree. Por ejemplo.
¿Y sus virtudes?
No sé. Quizá, la franqueza… aunque quien no la considera una virtud… o/y puede ser todo lo contrario.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Supongo que solo el horror de estar ahogándome: debe de ser una muerte espantosa.
T. M.

lunes, 18 de febrero de 2019

Un ensayo sobre Leopardi en la revista "Cuadernos Hispanoamericanos"


En el número 822 de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, correspondiente al pasado mes de diciembre, publiqué el ensayo "El inadaptado Giacomo Leopardi", sobre la vida y obra de este poeta a partir de la aparición de una biografía y nuevas y antiguas ediciones de sus versos y prosas.

domingo, 17 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Carmen Sereno


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carmen Sereno.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Uno que tuviera una red de fibra óptica lo bastante potente.
¿Prefiere los animales a la gente?
Solo cuando la crueldad de las personas rebasa los límites de lo tolerable.
¿Es usted cruel?
Al contrario; soy tremendamente compasiva.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo muchos conocidos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Honestidad, generosidad, tolerancia y lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
De vez en cuando, pero fui a un colegio religioso, así que soy de perdón fácil.
¿Es usted una persona sincera? 
Todo lo sincera que se puede ser en esta época de excesiva corrección política en la que vivimos.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con mi familia, viajando, paseando, leyendo un buen libro, viendo una buena película (un thriller, a poder ser), tomando un buen vino. Como ve, soy una persona de gustos mundanos.
¿Qué le da más miedo?
Fracasar. En cualquier faceta de mi vida.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La impunidad frente al abuso, la ceguera ideológica, la normalización de determinadas conductas, el fundamentalismo, el desinterés por la cultura, el adoctrinamiento de los medios de comunicación, el desmantelamiento de la sanidad y la educación públicas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Probablemente, habría continuado ejerciendo el periodismo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Antes de ser madre, sí. Ahora, me conformo con andar apretando el estómago.
¿Sabe cocinar?
Sí, pero no como para conquistar a nadie.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Fitzwilliam Darcy, de Orgullo y prejuicio.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Voluntad.
¿Y la más peligrosa?
Ignorancia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Para eso habría que saber odiar y no es mi caso; odiar cansa mucho.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me siento cómoda en la izquierda, aunque quizá no tan a la izquierda como cuando era más joven. Me considero progresista y una férrea defensora del Estado del Bienestar.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Médico, sin ningún género de dudas.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El perfeccionismo machacón, la impaciencia y el desorden.
¿Y sus virtudes?
La comprensión, la bondad, la capacidad de relativizar y la pasión.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Ya le he dicho que soy impaciente; me habría ahogado antes de que me diera tiempo a pensar nada.
T. M.

viernes, 15 de febrero de 2019

Una familia asombrosa


Muy pocos autores contemporáneos podrían decir que fueron ídolos de Franz Kafka. Eso le ocurrió a Thomas Mann, cuyo relato de 1903 «Tonio Kröger» –que ya presentaba el habitual dilema literatura-vida dentro de un ambiente burgués que iba a aparecer en el resto de sus obras– constituía la lectura predilecta, a los veinte años, del futuro autor de «La metamorfosis». Por aquel tiempo, Mann ya se había consolidado como una joven realidad de la narrativa germana con varias novelas cortas y, sobre todo, con la extensa «Los Buddenbrook» (1901), cuyo eco en Alemania solo era comparable al que obtuvo en su día el «Werther» de Goethe y que se iba a traducir a numerosas lenguas. Muy pronto, pues, a Mann le llegaría la fama y el prestigio, y se erige, por voluntad propia, en el pope de las letras germanas, e incluso compite con su hermano mayor, el novelista y dramaturgo Heinrich Mann, cuya obra siempre despreció por vulgar aunque públicamente la alabara.

Este comportamiento es muy propio de Mann: la hipocresía más fina, como demostró el reputado crítico Marcel Reich-Ranicki apoyándose en las cartas y en el diario del escritor, en el apasionante «Thomas Mann y los suyos» (Tusquets, 1989). Es la actitud de un hombre serio, muy consciente de su talento y capacidad artística, seguro de sí mismo, que se había criado en el seno de una familia de comerciantes de Lübeck. Allí había nacido en 1875, para después trasladarse a Múnich a la muerte de su padre. Nada indicaba que, tras acabar los estudios, aquel joven que había entrado a trabajar en la oficina de una compañía de seguros se convertiría en uno de los autores más importantes de todos los tiempos (Ranicki comparó su universo literario con los de Joyce y Proust). Desde entonces, para Mann solo existió la literatura, y la voluntad de recrear sus propias dudas espirituales y creativas. Boda, seis hijos, una homosexualidad reprimida pero que conocían el resto de miembros y apuntada en obras como «La muerte en Venecia» (1912), y los días enteros encerrado en su despacho bajo el cuidado de su esposa Katia, a la que debió tanto según reconoció él mismo, escribiendo cuentos, ensayos y novelas monumentales como «La montaña mágica» (1924), la tetralogía «José y sus hermanos» (1934-1944) o «Doctor Faustus» (1947).

Progenie sin desperdicio

Para aproximarse directamente a estas distintas etapas, referencias personales y escritos, pero en relación con el resto de la familia Mann, llena de artistas, llega ahora un título imprescindible para el interesado: «Los Mann. Historia de una familia», de Tilmann Lahme (traducción de Joan Fontcuberta i Gel), que complementa el trabajo, tras veinticinco años de investigación, de Hermann Kurzke y su «Thomas Mann. La vida como obra de arte». Y es que, en realidad, seguir la vida únicamente del patriarca podía parecer insuficiente habida cuenta de que su progenie no tiene el menor desperdicio: la escritora y corresponsal de guerra, amén de actriz y cantante Erika, tan ligada a su hermano Klaus, novelista homosexual y al fin suicida en 1949, con el que compartía drogas y muchas confidencias personales; Golo, quizá el más discreto y que anheló el beneplático paterno cuando intentaba abrirse camino en el mundo universitario; Monika, muchacha indolente que sufrió una viudedad trágica; Elisabeth, casada con un hombre mucho mayor que ella, y Michael, violinista algo mediocre que consiguió, cambiando su instrumento por la viola, entrar en la Orquesta Sinfónica de San Francisco, para también acabar suicidándose en 1977 (la muerte voluntaria estaba en los genes de la familia; dos hermanas del patriarca se habían quitado la vida, y hasta la esposa de Heinrich muere por una sobredosis de somníferos en 1944).

Recurriendo de continuo a la riquísima correspondencia de ellos –toda una «amazing family», como se describen–, Lahme nos introduce en los intríngulis de unos vínculos muchas veces rodeados de desconfianza y envidia, de tóxicas relaciones sexuales, de preocupación extrema por el dinero –que los hijos no paran de derrochar y pedir a Katia– y reflexiones sobre lo que significó Hitler en sus destinos. De ahí que en buena parte del libro se siga a la familia en la California que les acogió tan bien, con el impulso financiero de mecenas y distinciones de diversos «honoris causa» para el padre, pero también en Nueva York o en viajes de regreso a Europa, por parte de Erika y Klaus, sobre todo, para continuar tomándole el pulso a una realidad bélica terrorífica. Todo un goce lector que también sirve para conocer cómo algunas de las narraciones de Thomas Mann se concibieron y desarrollaron en un clima de intensa preocupación por los seis descendientes, que nunca parecían encontrar acomodo en la vida, en el país, y que, para bien o para mal, siempre estuvieron a la sombra del hombre que tan petulantemente dijo una vez: donde esté yo, ahí estará Alemania.

Publicado en La Razón, 7-II-2019

jueves, 14 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Paz Castelló


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Paz Castelló.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
Últimamente me decanto más por los animales, pero sigo teniendo fe en la condición humana a pesar de todo.
¿Es usted cruel?
Elijo no serlo. Al final toda actitud es una elección.
¿Tiene muchos amigos?
No. En general soy de minorías.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Honestidad y lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si lo hacen dejan de serlo, por lo tanto la respuesta es no.
¿Es usted una persona sincera? 
Tengo ese gran defecto. He de ser sincera y reconocerlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con mi gente, haciendo cosas sencillas y placenteras. Si no los tengo cerca, me dedico a estar conmigo misma, leyendo, escuchando música, pensando. Disfruto de la soledad.
¿Qué le da más miedo?
El miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza ser testigo de hasta dónde somos capaces de hacernos daño las personas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Creo que la persona creativa lo lleva en el ADN, por eso supongo que crearía de otra manera.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
¿El sexo cuenta?
¿Sabe cocinar?
Sí, y muy bien, según dicen.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
No soy nada mitómana. Buscaría a alguien más anónimo que famoso para convertirlo en inolvidable para el gran público. Creo que los grandes héroes y heroínas están por descubrir en la vida de mucha gente desconocida.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Esperanza.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Lo hago constantemente en mis novelas. Soy una asesina en serie con un modus operandi literario.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Creo en la bondad como ideología, en la honestidad y en la lealtad como principios básicos de la política. A partir de ahí, me pilla usted en un momento bastante desencantado.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Cualquiera que me hiciera feliz. Creo que es el principal objetivo de la vida.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Un vicio confesable es que me encanta dormir. Creo que es el único que puedo contar públicamente.
¿Y sus virtudes?
Soy noble, perseverante, apasionada y leal.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Creo que haría balance y llegaría a la conclusión de que he sido feliz, lo cual me satisface. Pensaría con amor y agradecimiento en mi gente, fundamentalmente en mis hijos y mi marido.
T. M.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Publicación de "Pérez Galdós en el vértice. Veinticuatro miradas", con un prólogo mío


Ayer se presentaba este libro en la Casa-Museo Pérez Galdós, Pérez Galdós en el vértice. Veinticuatro miradas, publicado por el Cabildo de Gran Canaria, en el que Yolanda Arencibia y José Miguel Pérez han reunido todos los prólogos del gran proyecto "Arte, Naturaleza y Verdad". Este consistió en editar la obra completa del escritor canario con un prólogo pedido para la ocasión a un escritor o historiador. Yo me encargué en su momento, en el año 2007, del tomo 9, aportando una introducción a las novelas El doctor Centeno, Tormento y La de Bringas

martes, 12 de febrero de 2019

Entrevista capotiana a Juan Gracia Armendáriz


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan Gracia Armendáriz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una reserva natural.
¿Prefiere los animales a la gente?
Las personas somos bípedos muy interesantes y de los animales siempre hay  algo que aprender. 
¿Es usted cruel?
Cruel no, me falta paciencia.   
¿Tiene muchos amigos?
Si cuento a los de verdad no puedo quejarme. Son un lujo.   
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Cada uno de ellos tiene su propia melodía, pero todos son excelentes personas de las que siempre aprendo algo. Me mejoran.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
La decepción parte de una expectativa que, como todas, es irreal.
¿Es usted una persona sincera? 
Mi sinceridad oscila. A veces, soy diplomático; a veces lacónico; y otras muestro mis cartas sin pudor. 
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Somos el tiempo que tenemos y por fortuna puedo administrarlo bien. 
¿Qué le da más miedo?
No contesto: creo en el poder performativo de las palabras. Hay un axioma que dice: “En el círculo de su acción todo verbo crea lo que afirma.” Ojo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me irrita la falta de educación; también que se humille al débil, pero no es algo que me escandalice: lo primero es una asignatura pendiente en España; lo segundo está en el ADN universal.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser guardabosques, biólogo o naturalista.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, con frecuencia.
¿Sabe cocinar?
Cocino para mí solo, así que mi repertorio es sencillo, pero sano. Los platos que domino los reservo para mi hija.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Hernán Cortés; tuvo la astucia y valentía de Odiseo, aunque su final no fue feliz como el del héroe homérico. El libro que le dedicó Hugh Thomas es fascinante.    
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Es un verbo: respirar.
¿Y la más peligrosa?
Chapuza. Incluso como palabra es horrorosa.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Escribí una novela de cuatrocientas páginas para no tener que hacerlo.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me marcaron a fuego los llamados “años de plomo”: para mí esa época es la referencia que retrató -y retrata- mi particular mapa político.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un árbol.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El tabaco y no poner nunca la otra mejilla. 
¿Y sus virtudes?
La curiosidad permanente.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Me gustaría decir que me acordaría del verso de T.S. Eliot “Teme la muerte por agua”, pero seguramente me acordaré de alguna tontería doméstica, como no haber regado el ficus.   
T. M.