martes, 11 de diciembre de 2018

Mañana leyendo poemas en la Casa de los Poetas y las Letras, Espacio Santa Clara, Sevilla


Mañana día 12 tendré el placer de participar, invitado por la Casa de los Poetas y las Letras de Sevilla, en el ciclo de lecturas "Luces de diciembre. Poemas para la Navidad". Se celebrará a las 19.00 horas, en el Espacio de Santa Clara (c/ Becas, s/n).

lunes, 10 de diciembre de 2018

Entrevista capotiana a Jordi Ledesma


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jordi Ledesma.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En un hotel de cinco estrellas en el centro de París.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a algunos animales a mucha gente.
¿Es usted cruel?
Quiero pensar que no. Pero creo que lo sería, o lo seré, si pudiera vengarme de quien me haga daño.
¿Tiene muchos amigos?
No.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que no se muestren banales conmigo.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
No. Las mato callando.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Haciendo el amor y durmiendo después.
¿Qué le da más miedo?
Cualquier situación cuya consecuencia sea morir ahora.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La estupidez voluntaria de muchísima gente.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Sería parado de larga duración.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Juego con mis hijos. A veces es bastante exigido.
¿Sabe cocinar?
Con solvencia contrastada.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A uno que no recordara nadie como el Kid Padilla de Antonio Soler, por ejemplo.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Sensatez. Pero los sustantivos dependen demasiado de los adjetivos.
¿Y la más peligrosa?
Ignorancia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Más de una.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Cada día soy de más lejos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Heredero de una fortuna inacabable.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El tabaco y los mercadillos de libros usados.
¿Y sus virtudes?
Soy una persona cariñosa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi madre enseñándome a leer. Mi bisabuela riñéndome. Yendo de paquete en la bici de mi padre. La playa. Una pelota. Besos. La noche. Picasso. Annette Bening. Más besos. Domingos de lluvia. Yo dándole la mano a Ana María Matute. Otra noche. La madre de mis hijos. Mis hijos. La madre de mis hijos con mis hijos.
T. M.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Conan Doyle, un «auténtico lunático»


La legión de incondicionales de la obra de A. C. Doyle siempre está de enhorabuena: se recuperan historias inéditas o traducidas hace más de un siglo y descatalogadas, por iniciativa de la editorial Renacimiento; aparecen libros tan hermosos y curiosos como «Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte» (Confluencias), el diario de juventud sobre los siete meses que pasó en un ballenero como médico; meses atrás, El Paseo publicaba una novela suya que era inédita en español, «Las cartas de Stark Munro», que Conan Doyle dio a la imprenta en 1895, en plena cumbre de su fama literaria; y ahora viene nada menos que «la biografía definitiva del creador de Sherlock Holmes», pues así se subtitula este «Arthur Conan Doyle» que nos ofrece Eduardo Caamaño, que ya incursionó en el género biográfico mediante libros como «Manfred von Richthofen (el Barón Rojo)» y «Harry Houdini».

Por supuesto, una de las fuentes principales de este impecable trabajo, que no puede empezar de manera más llamativa –en torno a una anécdota póstuma de tinte espiritista–, es la autobiografía del propio autor escocés, «Memorias y aventuras». En ellas, Conan Doyle evocó a su familia irlandesa y aquel helado viaje en barco, sus inicios profesionales en Southsea, los primeros éxitos literarios en los periódicos, su encuentro con Oscar Wilde, su temprano interés por los «estudios psíquicos»... Doyle presumió de practicar deportes como el boxeo, el críquet o el automovilismo, e incluso de ser el primero en introducir el esquí en Suiza para desplazamientos largos, aparte de recordar su otro empleo en un barco comercial por la costa de África Occidental. Y añadió: «He participado en tres guerras: la de Sudán, la de Suráfrica y la guerra con Alemania».

Caamaño demuestra conocer toda esta trayectoria al dedillo y presenta a un Doyle que, desde luego, va mucho más allá de la concepción del personaje al que hizo aficionado a la apicultura, al boxeo y a tocar el violín. Por eso elige un epígrafe del propio narrador –sí, pero también poeta y dramaturgo, como se aprecia en uno de los apéndices–, en que manifestaba su decepción si en el futuro solo le recordaba por el detective del número 221 de la londinense Baker Street que come galletas y toma cocaína. Y, sin embargo, como bien apunta el biógrafo, en Edimburgo hay una estatua que rinde homenaje a Holmes, pero no a Doyle.

Esta manera parcelada de ver al también autor del profesor Challenger, que hubiera preferido ser considerado un escritor de novelas históricas –escribió diez– que un creador de obras de entretenimiento, queda anulada gracias a trabajos como este, en el que Caamaño no insiste en la trascendencia de Sherlock, por ya estar muy estudiada, y se centra en seguir la vida de Doyle de forma precisa, «que no solo tuvo reconocimiento internacional, sino también el desprecio de sus detractores, que solían referirse a él como un “auténtico lunático” por las descabelladas creencias que defendió con ahínco en la última etapa de su vida». Entre ellas, la existencia de las hadas y que era posible hablar con el más allá.

Publicado en La Razón, 6-XII-2018

sábado, 8 de diciembre de 2018

Entrevista capotiana a Sergio Milán Jerez


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Sergio Milán Jerez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Barcelona. Es una ciudad que me encanta.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero una buena conversación en buena compañía, y si es tomando una cerveza bien fría en una terraza, mucho mejor. Pero tengo que decir que he tenido dos perros, y el amor que te dan sin pedir nada a cambio es de otro mundo.
¿Es usted cruel?
Nunca me lo he preguntado, pero te diría que no.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo muchos conocidos. Amigos puedo contarlos con una mano y me sobran dedos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Lealtad, sinceridad, confianza.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Como costumbre por supuesto que no (estoy sonriendo). Supongo que alguna vez me han podido decepcionar, como yo a ellos. Nadie es perfecto.
¿Es usted una persona sincera?
En la medida de lo posible, intento serlo.  
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me gusta pasear, salir con mis amigos, ir de compras (reconozco que me encanta) o ver una buena peli en el cine.
¿Qué le da más miedo?
Perder a un ser querido.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Podría decir varias cosas. En este caso diré lo que considero más injusto: me escandaliza que, en pleno siglo XXI, todavía haya personas que mueran de hambre.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hubiera intentado ser policía. Me habría encantado estar en alguna unidad de investigación.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí. Practico fitness y, de tanto en tanto, salgo a correr.
¿Sabe cocinar?
Creo que me defiendo bastante bien.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Sin duda, elegiría a Batman. Es un personaje que siempre me ha impactado.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?  
Más que una palabra, escogería una frase: “Si quieres, puedes”.
¿Y la más peligrosa?
Aunque suene contradictorio, escogería la misma. Porque, desgraciadamente, no todos tenemos las mismas oportunidades.  
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Dicho así suena muy fuerte (vuelvo a sonreír). Alguna vez me han sacado de mis casillas, pero no para llegar tan lejos. No vale la pena.  
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Hoy por hoy, me cuesta creer en la política.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Te diría varias: director de cine, guionista, actor de doblaje, dibujante de novela gráfica.
¿Cuáles son sus vicios principales?  
Supongo que la autoexigencia. Pero, por otro lado, si no la tuviera, estoy convencido de que no estaría haciendo esta entrevista.
¿Y sus virtudes?
Actitud positiva y trabajador incansable. Siempre se puede aprender e intento mejorar cada día, aunque sea un poquito.  
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Seguramente pensaría en cómo salir de ese momento tan complicado. Y también pensaría en todas las cosas que me quedan por hacer.
T. M.

viernes, 7 de diciembre de 2018

"No habrá muerte. Letras del Gulag y el nazismo" en "La Opinión de Murcia", por Javier Castro


Qué extraordinario texto este que escribió Javier Castro, para La Opinión de Murcia (versión digital), el pasado día 30, de noviembre, sobre mi libro No habrá muerte. Letras del Gulag y el nazismo, solo unos días después de que saliera a la luz. Me emocionó de varias formas: su enfoque personal, su comentario sobre que se trata de un libro necesario, lo cual no puede ser un mayor elogio, que viniera de un medio perteneciente a unas tierras que son importantes para mí... Lo tituló, sencillamente, con mi apellido, Montesinos (versión en pdf).

jueves, 6 de diciembre de 2018

Entrevista capotiana a Mª E. Sigüenza Pacheco


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mª Engracia Sigüenza Pacheco.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
París, una ciudad que considero infinita y a la que me unen unos lazos invisibles muy fuertes, que se han ido construyendo, a lo largo del tiempo, sobre bases culturales, artísticas y sentimentales, que la han convertido en una ciudad mítica. Y también podría elegir Sicilia y Rodas, dos islas de una gran riqueza natural, artística, cultural y mitológica, y  fijadas en mi imaginario casi con la misma intensidad que París, aunque por razones distintas.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a las personas. Los animales me interesan como me interesa todo lo que vive, todo lo que me acompaña en este universo en el que me ha tocado vivir, pero la humanidad, mis congéneres me fascinan, por eso me licencié en psicología y, en gran parte, creo que por eso soy escritora y una ávida lectora. Nuestra mente, nuestras emociones, nuestra conducta y el mecanismo de nuestro cuerpo, así como todos los misterios que rodean a la vida me siguen asombrando cada día. La ciencia, como todo lo creado por la humanidad me parece apasionante, así como lo que nos queda por desentrañar, los desafíos que tenemos por delante. Reconozco que el estudio del  mundo animal también es complejo y emocionante, al igual que el estudio de la naturaleza, de la tierra o el universo. Es solo una cuestión de elección.
¿Es usted cruel?
La respuesta puede parecer sencilla pero es compleja en el fondo. Enseguida respondería que no, que jamás sería cruel, un adjetivo que va mucho más allá de la maldad. Pero ¿qué sería capaz de hacer si me encontrara en una situación límite, en unas circunstancias extremas, en las que ni siquiera soy capaz de pensar? No lo sé. Afortunadamente nunca me he visto en una situación de este tipo, aunque soy consciente de la cantidad de horror que hay en el mundo y de la complejidad de la naturaleza humana. Por eso estoy segura de que si llegara a ser cruel y tuviera conciencia de ello perdería una parte tan fundamental de mi humanidad  que no podría convivir conmigo misma. La crueldad premeditada es una patología, el rasgo de una psicopatía.   
¿Tiene muchos amigos?
Me siento afortunada. Soy una persona abierta, muy comunicativa y esto, unido al interés que siento por las personas aumenta las posibilidades de conocer gente y por ende de hacer amistades. La química siempre está presente y las afinidades electivas pueden aparecer en cualquier lugar y contexto.  Y muchas se mantienen en el tiempo.  Sé que puedo contar con media docena de personas, en lo bueno y en lo malo, y tanto si nos vemos como si no y por ello me siento agradecida. Aunque también soy consciente de que el ser humano está solo frente a su destino.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La bondad,  la generosidad, la honradez, la empatía, la sensibilidad y sobre todo la ética. Procuro rodearme de personas que reúnen  alguna de estas virtudes.  Personas que de alguna manera me hacen crecer como ser humano. No soporto la maledicencia ni la envidia destructiva; otra cosa es la constructiva, que sería la admiración, alegrarte de que alguien a quien aprecias triunfe en su vida o realice algo hermoso. A lo largo de los años he ido aprendiendo a elegir. Es evidente que la experiencia te hace conocerte y conocer un poco más a los demás. Y si algo tengo claro a estas alturas de mi vida es la importancia que tiene el hecho de rodearte de personas que te generan bienestar, que te aportan –y a las que intento corresponder en la misma medida- energía positiva. Elegir a personas tóxicas puede arruinar lo único que de verdad poseemos: nuestra vida.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Alguna vez, pero siempre ha sido en cosas insignificantes, anodinas. Si la decepción hubiera sido de tipo moral o ético, si hubiera acarreado un daño profundo a mis valores, la amistad se hubiera deteriorado y nos hubiéramos distanciado. Algo que solo me sucedió un par de veces, en esa época convulsa de la vida que es la adolescencia.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, a veces creo que demasiado. Tengo una tendencia natural a la transparencia, así como un rechazo frontal a la falsedad.  Pero, obviamente a veces no puedes ser del todo sincera, por tu bien o el de los demás, en esos casos toca ser diplomática o guardar silencio. Lo último sería utilizar la mentira, los eufemismos irrespetuosos o la ironía ofensiva. Prefiero pasarme de sincera, eso sí, manteniendo las formas, estando dispuesta siempre a escuchar y rectificar, porque odio la prepotencia, la falta de humildad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
De tantas maneras que el día se me queda corto. Me encanta viajar, leer, el cine y la música en todos sus géneros, y por supuesto, salir a tomar algo o a pasear con mis amigas/os y con mi familia. Como además, necesito practicar, de vez en cuando, la saludable actividad de soñar despierta, de divagar sin planificar no suelo experimentar el aburrimiento. Aunque he de decir que con las nuevas tecnologías se está perdiendo la capacidad de sosiego, de disfrutar de nuestro tiempo saboreándolo. Es algo en lo que reflexiono mucho últimamente porque soy consciente de la vorágine de posibilidades que nos ha traído internet,  y de que no resultas fácil adaptarse con sentido común e inteligencia a los nuevos tiempos.
¿Qué le da más miedo?
Lo peor es el miedo, o más bien el terror a que mis hijos y mis seres queridos sufran alguna desgracia irreparable. Es un terror que lleva implícito vivir, porque sé que la vida en un instante te puede quitar todo lo que te ha dado, de hecho en uno de mis últimos poemas defino la vida como una terrorífica bendición. El miedo a la muerte, al dolor y a la enfermedad son miedos con el que tenemos que convivir cada día, pero la preocupación por la vida de tus hijos, la incertidumbre que sientes por ellos desde que nacen es un dolor de una intensidad solo comparable al amor que nace y crece con ellos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza el abuso de poder,  la indiferencia ante el dolor ajeno y también la avaricia. Creo que el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, por eso es tan importante mantener una ética, unos valores que guíen nuestras vidas. Estamos viendo continuamente que algunas personas amasan poder y riquezas de forma insaciable, que se dejan caer en el lodo de la corrupción, del engaño y del abuso, llevados por esa enfermedad que es la avaricia. Y lo mismo sucede con la indiferencia hacia la injusticia y el dolor ajeno. Intento luchar contra ella en mi día a día, pero cuando la observo a mi alrededor me doy cuenta de que los poderosos, los políticos corruptos y faltos de ética son un reflejo nuestro.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me hubiera encantado vivir de forma aventurera y altruista, vivir temporadas aquí o allá ayudando a los demás, colaborando en proyectos solidarios. Y después al  hacerme mayor, al jubilarme gestionar una casa rural o un hotel familiar en un lugar bonito.  De todas formas, y a pesar de que me siento satisfecha con mi vida, no dejo de soñar despierta y siempre imagino que otras vidas, otras posibilidades aún son realizables y por supuesto compatibles con la escritura. Como he dicho antes, creo que es importante soñar, y estoy totalmente de acuerdo con Richard Ford, uno de mis escritores favoritos, cuando dijo, al recibir el Premio Príncipe de Asturias, que la imaginación era una virtud que ayudaba a vivir mejor.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Practico Pilates dos veces por semana y procuro caminar todos los días. Pero cuando realmente hago ejercicio es cuando viajo, y procuro hacerlo a menudo.  No puedo pasar más de dos meses sin hacer una escapada, ya sea por España o fuera de ella. Los viajes son otra de mis pasiones y es una maravillosa manera de hacer ejercicio físico y mental. Se podría decir que cuando viajo me agoto por fuera y me lleno por dentro.
¿Sabe cocinar?
La cocina no es una de mis pasiones, aunque reconozco que tiene mucho de arte y creo que me defiendo bien. Me gusta cocinar  recetas sanas y rápidas, y por supuesto, aquí también considero importante la imaginación. Por ejemplo, el programa de Jamie Oliver me gusta porque combina todo esto que he mencionado y además añade la historia cultural de cada receta, aderezándolo todo con viajes, el contacto con los lugareños y a veces un toque social. Eso es lo enriquecedor de la gastronomía. Yo crecí con los guisos tradicionales y los bocadillos del pan casero que mi abuela  amasaba y cocía en el horno árabe de mi familia. El aroma del pan recién hecho, las migas que cocinaba mi padre los días de lluvia para toda la familia y algunos vecinos que se unían son recuerdos inolvidables. Siempre he pensado, con cierto orgullo, que mi infancia en La Murada (Orihuela), rodeada de naturaleza, de campos abiertos por donde correr en libertad, de animales domésticos y casas abiertas a toda la vecindad, se parecía mucho -en lo malo y en lo bueno, y salvando todas las distancias- al ambiente rural en que crecieron Truman Capote,  Harper Lee, Flannery Oćonnor y otros muchos escritores/as que admiro. A veces, una imagen, un aroma o un sabor me hacen rememorar con nostalgia -a la manera de la magdalena de Proust- aquellas veladas familiares en la enorme cocina de mi infancia, donde todos juntos degustábamos el trigo picado, las gachas-migas o los cucurrones que con tanto amor cocinaba mi abuela.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Intentaría contar la vida de mi padre o de mis abuelas, transmitiendo toda su anónima grandeza. Es algo que tengo pendiente y que espero ser capaz de realizar alguna vez.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Bondad, empatía, perdón, amor y quizá por ese orden. Hay muchas palabras fundamentales que han sido denostadas y que hay que reivindicar. Creo que nunca perderán su grandeza porque son imprescindibles para construir un futuro mejor.
¿Y la más peligrosa?
Crueldad, odio, venganza, indiferencia, también por ese orden. Juntas o por separado pueden llegar a deshumanizar.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
En algún momento y de forma instintiva, he podido llegar a desear que alguien muriese. Pero no soy consciente de haber deseado matar. Contestaría de forma parecida a la pregunta sobre la crueldad; que quizá, ante una situación extrema podría desear, o incluso llegar a matar. Espero no tener que descubrirlo nunca.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Creo en la libertad individual pero unida a la solidaridad, creo en una sociedad laica y republicana. Creo en la falta de prejuicios, en la igualdad de oportunidades y en la regulación del sistema capitalista para que todas las personas puedan tener las necesidades básicas cubiertas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Muchas cosas, no he sido una de esas personas con una gran vocación, con una idea clara de lo que quería hacer en su vida. Hay tanto para elegir, me gustan tantas cosas y todas tan interesantes que me resulta difícil escoger. Quizá estudiaría algo relacionado con el cine, una pasión que a lo largo de los años no ha hecho más que crecer dentro de mí, o con el periodismo o los viajes. Elegiría un trabajo flexible, que me permitiera la movilidad y el cambio.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La mayoría de mis vicios son tan irrelevantes que no merecen ese calificativo. No soy consciente de ninguna inmoralidad, aunque sí de muchas imperfecciones.
Habría que preguntar a mi familia, que son las personas que mejor me conocen. Ellos a veces dicen que soy algo intransigente y que puedo llegar a abrumar. Como todo el mundo, tengo cosas que mejorar.
¿Y sus virtudes?
Creo que soy una persona vitalista que intenta ver siempre el vaso medio lleno (eso también me lo dicen mi familia y amigas/os). Llevo el Carpe Diem gravado en el cerebro desde que murieron mi padre y mis abuelas cuando yo era muy joven. Vivo con los ojos muy abiertos, siento el dolor que hay en el mundo, por eso cada día, cuando me despierto y observo los dones que la vida me da, sé que tengo el deber moral de agradecer, de celebrar, de compartir y devolver el don de la alegría. También sé cuáles son mis prioridades y cultivo la pasión, que considero fundamental para la creación y para disfrutar de la vida. Creo que esas son mis virtudes principales y espero conservarlas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Es una agonía muy difícil de imaginar. Nada que ver con la muerte dulce a la que todos aspiramos. Creo que cuando llegara el momento final, cuando tuviera claro que ya no había forma de luchar para sobrevivir, recurriría a las imágenes más emotivas y felices de mi vida. Y, apelando al poder de la imaginación -que ayuda a vivir y a morir-, me entregaría a los brazos de mis seres queridos.
T. M.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Hitler en el siglo XVI



Exiliado en Londres tras huir del avance del nazismo a comienzos de los años treinta, Stefan Zweig decide plantearse su primera obra de carácter comprometido pese a estar relacionada con sucesos del siglo XVI. Al escritor vienés le interesa un trasfondo común a ambos periodos, el de la represión de las libertades y la personificación de una voz contraria a la barbarie: el erudito eclesiástico Sebastian Castellio frente al déspota dominador de la ciudad de Ginebra, Jean Calvino. De forma subliminal, Zweig, por medio de un personaje histórico admirado, se enfrentaba al criminal de su tiempo, Adolf Hitler. El resultado: «Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia», que hablaba de cómo el totalitario Calvino convirtió «una república democrática en una dictadura teocrática», y del humilde y sabio Castellio, único denunciante del asesinato en la hoguera del científico y astrólogo español Servet. 

Pues bien, algo similar hizo Friedrich Reck-Malleczewn con “Historia de una demencia colectiva” (traducción de Herman Mario Cueva), otro texto que denuncia cómo un fanático y criminal puede llegar a erradicar cualquier forma de libertad con excusas religiosas o políticas. ¿Estaba hablando del modo en que, en 1534, en la alemana Münster, el sastre anabaptista Bockelson se erigió en «profeta» y consiguió enloquecer la ciudad, promulgando «el retorno a la pureza de la religión cristiana», en una recomposición que implicaba una sociedad utópica basada en la poligamia obligatoria, en los asesinatos a quien osara contradecirlo o incluso en la antropofagia? Se diría que, a tenor de lo que le pasó a este autor, que conocíamos por su “Diario de un desesperado”, en realidad parecía describir el terror de su propio periodo vital. Y es que Reck-Malleczewen escribió este texto en plena Alemania nazi –enseguida fue requisado– y, tras sufrir una delación anónima, fue detenido y llevado a Dachau, donde moriría pocos meses antes de la liberación del campo. 

Se podría crear así un vaso comunicante entre la etapa nacionalsocialista y este capítulo tan poco conocido, “el más singular, el más horroroso”, que mantuvo en vilo dos años a una ciudad, la cual se cerró al mundo exterior por completo con el beneplácito de “artesanos, notables, patricios y algunos gentileshombres”. La serie de iniquidades que describe Reck-Malleczewen de forma ejemplar sorprenderá a todo lector que se acerque a esta locura colectiva, en una edición que se complementa con epílogos de Quirino Principe y la segunda esposa del escritor, que destaca una frase memorable de su marido, perteneciente a una carta de sus días finales: “Si queréis honrar mi memoria, pagad el mal con el bien”.

Publicado en La Razón, 29-XI-2018

martes, 4 de diciembre de 2018

Entrevista capotiana a Fulgencio Argüelles


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Fulgencio Argüelles.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Gijón.
¿Prefiere los animales a la gente?
No.
¿Es usted cruel?
Conscientemente, nunca.
¿Tiene muchos amigos?
Muchos conocidos, y unos pocos muy amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Sencillez y naturalidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
No siempre.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo.
¿Qué le da más miedo?
El dolor.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La ignorancia de quienes nos dirigen.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hubiera sido granjero o ganadero.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Caminar.
¿Sabe cocinar?
Sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
No sé. Wilhelm Reich, por ejemplo…
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Ven.
¿Y la más peligrosa?
Vete.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
El camino hacia la igualdad real en todos los ámbitos, incluido el económico.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
¿Cosa?... Nunca… ¿Otra persona?... Mujer.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El vino, el chorizo casero asturiano y la siesta.
¿Y sus virtudes?
La paciencia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Ya me estuve ahogando una vez en el mar y hasta que pudieron rescatarme toda mi vida pasó por mi cabeza. No llegó a cinco minutos, pero todo fue revivido.
T. M.