viernes, 24 de mayo de 2019

Reseña de "No habrá muerte. Letras del gulag y el nazismo" por José Carlos Rodrigo Breto


De nuevo, José Carlos Rodrigo Breto, un tesoro para mí impresionante como lector, se ha encargado de escribir sobre uno de mis últimos libros, No habrá muerte. Letras del gulag y el nazismo. De Borís Pasternak a Imre Kertész. Lo ha hecho, como siempre, en la Revista Achtung!

No sólo profundiza en el libro de manera sobresaliente, extendiéndose muchísimo en multitud de aspectos, sino que además tiene la cortesía impagable de referirse a otras obras mías, e ilustrar su artículo de modo profuso, haciendo de su reseña un análisis que no puede ser más atractivo.

jueves, 23 de mayo de 2019

Entrevista capotiana a María José Ferrada


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María José Ferrada.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
¿Qué tan grande puede ser ese lugar? Porque si fuera una ciudad creo que me quedaría acá en Santiago. Mi casa es muy pequeña, así que no sé si podría resistir el encierro. ¿Podemos dejarlo en la ciudad completa?
¿Prefiere los animales a la gente?
Ciertos animales y cierta gente. Casi, casi diría la gente pero no puedo dejaría fuera a Tomi, un perro que estuvo y seguirá estando entre mis amigos más fieles y cuya compañía siempre preferí a la de mucha gente.
¿Es usted cruel?
Sí, sin ir más lejos creo que el comentario anterior fue un poco cruel con esa “mucha gente”. Pero la verdad a veces es así, un poco cruel.
¿Tiene muchos amigos?
Más de cinco y menos de diez.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sean personas que no se den mucha importancia a sí mismos y que tengan sentido del humor.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
De esos pocos amigos, no.
¿Es usted una persona sincera? 
Lo intento.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me gusta caminar por mi barrio  o ir a visitar a mi madre al pueblo en el que vive (si tengo más días).
¿Qué le da más miedo?
La desaparición de las personas que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza la capacidad de los seres humanos, cada vez más acentuada, de sentirse el centro de todo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me hubiera gustado ser surfista, y tener un pequeño puesto en la playa que vendiera solo cerveza y pescado frito. Pero es una alter vida bastante improbable porque nunca me he parado en una tabla y tampoco sabría cómo preparar el pescado.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Intento ir a nadar un par de veces por semana.
¿Sabe cocinar?
Esta respuesta es un poco vergonzosa: no. Puedo hacer huevos y cocinar unos tallarines, pero con el arroz o una tortilla ya entro a un terreno de alta complejidad.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Matsuo Basho.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
El verbo creer. Creer en los demás, creer en ti mismo.
¿Y la más peligrosa?
Censura.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Sigo siendo de izquierda, algo desilusionada pero persistente. Creo en la posibilidad real de una sociedad en la que no sean unos pocos los que lo tienen todo. Creo que la educación, la salud, una vivienda digna deberían ser derechos con  los que todos y no solo unos pocos podamos contar, todo eso dentro de un trato respetuoso a este planeta que estamos destrozando. Si no estuviera el yo siempre en el centro, tal vez podríamos lograr un cambio pequeño que de a poco se vaya volviendo grande.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
¿Otra cosa que un ser humano? Una bufanda o un par de guantes.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No puedo vivir sin el café.
¿Y sus virtudes?
No lo sé, estoy muy cerca de mí misma, pero dicen que soy muy puntual.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Las instrucciones de mi profesor de natación y si eso no da resultado, creo que pensaría en mi novio, los almuerzos de los viernes con mi hermano, la cara de mis abuelas.
T. M.

lunes, 20 de mayo de 2019

Entrevista capotiana a Antonio Rincón-Cano


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Antonio Rincón-Cano.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un lugar rodeado de mar.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero la gente con aire animal y los animales con pinta de gente.
¿Es usted cruel?
Como cualquier hijo de vecino.
¿Tiene muchos amigos?
No tanto como me gustaría y no los sé cuidar especialmente. Pero los pocos que cuido no me fallas y no les fallo. Se convierten en familia. La familia que elijo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sepan reírse de la vida. Que relativicen los dramas. La honestidad y que sean pasionales. Y que tengan capacidad de sorprenderse, que no lo den todo por hecho. Es lo mismo que le pido a los amantes.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sí. Pero empiezo a creer que es algo que me tengo que mirar yo, ya estoy en ello.
¿Es usted una persona sincera? 
Soy callada. Y el que calla otorga.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
En pasar el tiempo con mi marido y mi perro. Si es posible, viajar.
¿Qué le da más miedo?
Últimamente me ronda la idea de la enfermedad y de hacerme cargo de otras personas. Me da miedo no saber acompañar a otras personas en los días finales de su vida.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Esa nueva derecha “sin complejos”. Me escandaliza que se pueda decir cualquier cosa, sin pensar realmente en un bien común o colectivo. Que se pongan en duda valores que ya estaban establecidos. Porque eso está creando una “espiral del silencio” en los moderados y el discurso de la intolerancia se está imponiendo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Las vocaciones se transforman, eso es una capacidad que todo alma creativa debe tener, si esto no fuera así, el grado de frustración sería insuperable. No creo que me dedique a la escritura, paso tiempo escribiendo, menos del que debería. Escritor es el que se gana la vida escribiendo, no es mi caso. Así que me dedicaría a lo que me dedico, la comunicación en un amplio abanico de funciones.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, voy regularmente al gimnasio. Es el único sitio donde durante una hora mi mente deja de estar activa y se centra solo en mi cuerpo.
¿Sabe cocinar?
Sé hacer de comer, pero no sé cocinar. Asignatura pendiente.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Hace poco revisté Top Girl de Churchill, gracias a la producción que ha hecho el CDN. Y me quedé con esa mosca detrás de la oreja de saber más y poder contar más sobre la “Papisa Juana”, otra Juana que me interesa es Juana de Arco y se me enlaza en la mente con Sor Juana Inés de la Cruz, que la convertiría en persona inolvidable también. Y hace relativamente poco llevé la producción ejecutiva de Mestiza, una obra de Julieta Soria que gira entorno a Francisca Pizarro Yupanqui. Se nos quedaron cosas en el tintero sobre ese apasionante personaje de la historia de España… No sé elegir. Acabo de darme cuenta que solo he nombrado mujeres, no ha sido intencionado, y que todas existieron, no son personajes de ficción. Tampoco sé si son inolvidables para una memoria colectiva, pero hay que escribir sobre ellas para hacerlas inolvidables.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Nacimiento. Siempre creemos que los que vienen detrás lo harán mejor que nosotros, por eso seguimos trayendo gente al mundo.
¿Y la más peligrosa?
Dios. Se ha matado y se sigue matando mucho en nombre de Dios. En nombre de algo que no podemos demostrar empíricamente. Y no solo lo digo por el islamismo extremo. ¿Cuántos hombres y mujeres homosexuales se suicidan hoy porque su familia no los aceptara en nombre de Dios? Muchos. Más de lo que creemos. No es demagogia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Creo que no. Pero muchos personajes míos matan. No sé si canalizo algo a través de la ficción.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Siempre me he considerado de socialdemócrata.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Me gusta lo que soy. No quiero ser otra cosa.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El teatro, el sexo y las drogas. Excesivamente curioso. Lo quiero probar todo.
¿Y sus virtudes?
El sexo, el silencio y el teatro. Que me gusta enseñar a otros, no me gusta quedarme nada para mí. Nada de lo que descubro.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi gata. Perdido en el patio de mi colegio. Las tardes de cine con mi padre. La muerte de mi abuelo. Los viajes en la moto de mi hermana. Las clases de danza. Los veranos baja el moral. El grupo de teatro. El viaje a Cuba. El nacimiento de mis sobrinos. Las clases en Layton. Las pinturas negras de Goya. Los equipos de Zara. El correo en el que me concedían el Romero Esteo. El cruce de miradas en la alameda. El viaje a Amsterdam. La pedida a mi marido. Mi boda en el cielo de Madrid. Mi madre vestida de azul en mi boda. Tokio. Koyasán. Kioto. Despertar junto a mi marido. Mis amigos bailando en una noche sin fin. Mi perro. La cena fin de gira en Canarias. El atardecer junto a mi marido y mi perro en el Palacio Real. Madrid desde mi terraza. “Que no acabe nunca”….
T. M.

jueves, 16 de mayo de 2019

Entrevista en Esradio por "El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico"


Ayanta Barilli me entrevistó de modo magnífico en su programa de Esradio A Media Luz, por mi libro El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico (Ápeiron Ediciones).

miércoles, 15 de mayo de 2019

Entrevista capotiana a Carmen Fuentes


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carmen Fuentes.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En la Costa Brava (España), viendo, disfrutando del mar.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a la gente.
¿Es usted cruel?
¡NO!
¿Tiene muchos amigos?
Sí, bastantes.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que tengan mis ideales.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, porque los acepto tal como son.
¿Es usted una persona sincera?
Generalmente sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Ayudando a los demás, por ejemplo, colaborando de pinche de cocina en los comedores de Teresa de Calcuta de Barcelona. Leyendo y viajando.
¿Qué le da más miedo?
Sufrir moral y físicamente.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La pobreza, y que todos los valores morales se van perdiendo ante la indiferencia de la sociedad.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Yo no lo he decidido. Han sido las circunstancias y mi rebeldía al conformismo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Gimnasia, caminar y natación.
¿Sabe cocinar?
Sí, bastante. Según mi entorno, lo hago muy bien.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Jesucristo.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
El amor.
¿Y la más peligrosa?
El odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, de ninguna manera.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Conservadora.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Estoy contenta con lo que soy: esposa, madre y abuela.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El tabaco.
¿Y sus virtudes?
La puntualidad, organización y perfeccionismo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi marido, mis hijos, nietos, y, desearía las de Jesús de Nazaret y la Virgen.
T. M.

lunes, 13 de mayo de 2019

Mago de Oz: sigue el camino de baldosas amarillas


La vieja historia en que el bien vence sobre el mal. Eso es el territorio del País de Oz. Desde que la pequeña Dorotea llega a ese lugar mágico, llevará a cabo sus dos propósitos que le salen al paso: ayudar a los personajes que lo necesitan y acabar con los malvados. ¿Hay mejor mensaje, realmente imperecedero, para los niños de cualquier época y rincón del mundo? Por eso, y otros motivos más, muy especialmente, claro está, la adaptación al cine que protagonizó Judy Garland, este cuento clásico que conoce todo el mundo pero que no muchos sabrían quién firmó ha llegado a nuestros días en plena forma. Han pasado cien años desde la muerte de su autor, Lyman Frank Baum, que escribió catorce libros relacionados con Oz, pero muchos otros títulos para niños y jóvenes: en total, cerca de sesenta novelas y más de ochenta relatos, a lo que hay que añadir unos doscientos poemas e innumerables trabajos como guionista.

De hecho, Baum, nacido en Chittenango, estado de Nueva York, en 1856, después de debutar con una colección de cuentos infantiles ilustrados por el gran pintor Maxfield Parrish, tuvo un primer éxito llegó en 1899 con una antología de poesía disparatada con dibujos de otro magistral ilustrador y caricaturista como W. W. Denslow. Y con este precisamente, al cabo de poco tiempo, publicaría “El mago de Oz”, que conseguiría tamaño éxito que se adaptaría a la escena teatral de Broadway en los años 1903-1904. El libro ha sido ampliamente traducido y publicado, pero este próximo día 20 El Paseo Editorial pone en las librerías “El maravilloso mago de Oz” –en una nueva traducción de Óscar Mariscal–, recuperando las ilustraciones de Denslow, para proporcionar al lector la increíble peripecia de Dorothy y su perro Toto, perdidos en el fantástico mundo de Oz, donde conocerán al Espantapájaros, al Leñador de hojalata y al León cobarde. Juntos, emprenderán camino hacia la Ciudad Esmeralda, en que tendrán la esperanza de lograr que el Gran Oz les dé una solución a sus peticiones de mejora personal a través de su poderosa magia.

Ya en el 2016 El Paseo publicó “Historias mágicas de Oz”, con los dibujos originales de otro de los grandes artistas que colaboraron con Baum, John R. Neill; en esa ocasión, se trataba de una serie de cuentos que preparó el propio escritor con el objetivo, en 1913, de que sirviera de introducción al maravilloso mundo de Oz para aquellos que no lo conocían aún, y en que destacaban algunos personajes menos conocidos, como la princesa Ozma, Jack Cabeza de Calabaza, Tik-Tok el hombre mecánico, el Tigre Hambriento, el rey Nomo y el Caballete. Tres años antes, Baum se había trasladado con su familia a Hollywood, con el ánimo de trasladar sus historias a la gran pantalla; para ello, fundó la Oz Film Manufacturing Company, pero el destino le tendría reservada una muerte cercana: moriría en su casa el 6 de mayo de 1919, a causa de un derrame cerebral.

Amor, inteligencia y valor

«Baum, como Shakespeare, albergaba en su cabeza una fiebre por querer, desear, moldear, soñar, que es la que hace que todos continuemos buscando la historia de Oz,  y que nos nutramos de ella», dijo el gran escritor de ciencia ficción Ray Bradbury; «Ese autoproclamado mago de Oz tiene una larga genealogía, podría ser desde un chamán hasta el Próspero de Shakespeare y siempre encuentra su par en cada época», afirmó la veterana autora canadiense Margaret Atwood; «Baum era un verdadero educador y los que leen sus libros de Oz a menudo se hacen lo que no eran: imaginativos, tolerantes, despiertos a las maravillas del mundo y a la vida», apuntó el guionista y narrador Gore Vidal. Declaraciones todas estas que remiten a la vigencia de un libro en que se proponía a sus héroes superar pruebas difíciles, venciendo sus miedos y teniendo el coraje para enfrentarse a lo desconocido para, en última instancia, descubrir sus ocultas pero infinitas capacidades.

El hombre de hojalata quería tener amor, el espantapájaros deseaba inteligencia, y el león ansiaba ser valeroso. Baum, con “El mago de Oz”, les estaba diciendo a los niños y adolescentes que todos poseemos esas cualidades y que, para desarrollarlas, lo único que tenemos que hacer es practicarlas, como nos recuerda Josep Santamaría en el apartado de actividades de una edición referencial de esta obra, la de la editorial Vicens Vives, la cual contó, desde su primera aparición en el año 2000 –el libro se reimprime de forma constante– con las bellísimas ilustraciones de Victor G. Ambrus. Y es que, como vemos, texto e imagen estuvieron de la mano desde el inicio en este caso; y así, en 1939, se estrenó en la gran pantalla la celebérrima adaptación cinematográfica que dirigió Victor Fleming después de un rodaje complicado, con una Garland a la que tuvieron que caracterizar para que no pareciera tan mayor (tenía dieciséis años) y que ya era adicta a las drogas y al alcohol, y a la que explotaban trabajando días enteros película tras película.

Entre brujas y magos

Todo comenzó cuando el todopoderoso Louis B. Mayer, de la Metro Goldwin Mayer, vio las posibilidades fílmicas de “The Wonderful Wizard of Oz”, y decidió que se convertiría en el primer filme en color de la MGM para competir con David O. Selnick, que estaba rodando también en color “Lo que el viento se llevó”. La primera opción fue Shirley Temple, para el papel de Dorothy, pero no fue posible. Aun así, las aventuras de una valiente niña que es arrastrada por un ciclón desde Kansas a la tierra de Oz, gobernada por brujas y magos, donde los animales hablan, los monos vuelan y un par de zapatos de plata tienen poderes mágicos, se llevó a término felizmente. Y además, devendría no sólo un film de culto, sino que dio la que se considera la canción más importante del siglo XX por parte de la RIAA (Recording Industry Association of America).

“Over the rainbow” es obra del compositor Harold Arlen y el letrista Yip Harburg; se cuenta que se necesitaba solamente una última canción para el inicio de la película, y que estaban apurados de tiempo. Pero, entonces, un día que Arlen iba en coche a casa con su mujer, tras salir del cine, vio un arcoíris y se le ocurrió la idea de una melodía que se ha versionado desde entonces por parte de todo tipo de cantantes y músicos. Una letra, que escribió a todo correr Harburg, que ha tenido múltiples interpretaciones: la de trasfondo bélico en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la que expresa simbolismo religioso, la que apuesta por la libertad sexual… La pieza sería merecedora del Óscar a la mejor canción original, y no podía ser menos en el país de las oportunidades: se decía en ella que los sueños pueden alcanzarse, ¿por qué no? Eso consiguen el león, el espantapájaros y el hombre de hojalata, en un cuento en que la amistad y la compasión son prevalentes y en que se nos enseña que las apariencias a veces son falsas: el mago de Oz es al fin y al cabo un viejo farsante, y Ciudad Esmeralda sólo es verde porque los que la habitan son obligados a llevar gafas de ese color. Y hay que mirar más allá, siempre por encima del arcoíris.

Publicado en La Razón, 5-V-2019

domingo, 12 de mayo de 2019

Entrevista capotiana a Sonia Hernández


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Sonia Hernández.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
En principio no. Me cuesta relacionarme tanto con unos como con otros. Necesito procesos largos de adiestramiento.
¿Es usted cruel?
Conmigo misma sí solía serlo. Ahora, con frecuencia me provoca estupefacción ver con qué facilidad se manifiesta y se acepta la crueldad en la cotidianidad. Creo que intento protegerme o estar preparada para afrontarla. Dedico tantos esfuerzos a detectarla y evitarla que quiero pensar que no cedo a ella en mi relación con el entorno.
¿Tiene muchos amigos?
Los suficientes para encontrar a la persona exacta en el momento justo. Un privilegio.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Por suerte, las encuentro sin buscarlas cuando son mis amigos. Y siempre me sorprende gratamente cómo un individuo completa la vida de otro.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Lo que me preocupa es no decepcionarles yo. Cuando se detecta algo parecido a la decepción quizá es que no se siente tanto la amistad.
¿Es usted una persona sincera? 
Me aterra el autoengaño, pero ¿quién está libre de ello?
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Hay tantas cosas que hacer... Me gustaría saber organizarme para cuidar un jardín.
¿Qué le da más miedo?
Soy una persona muy miedosa. Los caracoles me provocan pavor.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La falta de empatía y la falta de curiosidad por las cosas y las personas; y las personas que no escuchan.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Creo que no decidí ser escritora. Desde pequeña he estado muy inmersa en la literatura, especialmente la lectura, me encantaba la posibilidad de imaginar historias, mundos, sensaciones… Si no hubiera sido por eso, habría sido otra persona, no hubiera sido yo. Pero a intervalos he sido monitora deportiva, periodista, redactora para políticos, funcionaria, gestora cultural… Me hubiese encantado dedicarme a la música o el arte, pero me he dado cuenta tarde.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Me encanta dar grandes paseos, y nadar, pero no lo hago con toda la frecuencia que me gustaría.
¿Sabe cocinar?
Mi madre es una cocina excelente. Me encantaba hablar con ella mientras cocinaba. Yo observaba, y aprendí a hacer tres o cuatro platos, no más, que suelen celebrar mis invitados, a los que no puedo invitar más de tres veces para no repetir menú.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Escribí una novela y varios artículos sobre el pintor Vicente Rojo. Si el Reader Digest me pidiera ese artículo, lamentaría tener que repetirme, pero me costaría encontrar otro personaje que lo mereciera tanto como él. He seguido trabajando en el exilio, y he descubierto otros personajes interesantes: Juan Espinasa Closas, por ejemplo. Mi padre, mi madre, Iago Pericot, mi cuñado Rafa… La vida de todo el mundo tiene motivos para ser reivindicada como inolvidable.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Miedo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
En la infancia, siempre me sorprendía y escandalizaba la trivialidad con la que se trataba el tema de la muerte de personas en las películas. Por eso no me gustaban los westerns ni el cine negro. No soportaba ver morir a personas. Es una idea con la que me cuesta relacionarme. Cuando alguien es prejudicial, desaparece con el simple hecho de no pensarlo.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me molesta vivir en un entorno en el que me siento obligada a definirme constantemente o a seguir a la mayoría por moda o para sentirme integrada. Me gustaría vivir en una sociedad en que la Sanidad Pública fuera de calidad, sin la precariedad que empuja a situaciones dolorosamente absurdas a personas en momentos en los que necesitan cuidados y tranquilidad. Me gustaría vivir en una sociedad en la que todo el mundo tuviera acceso a la educación y en la que las instituciones apostaran por la cultura, que ayudaran a que todo el mundo tuviera acceso a manifestaciones que provocan que la mente, el conocimiento y el pensamiento se expandan.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Luz.   
¿Cuáles son sus vicios principales?
El chocolate.
¿Y sus virtudes?
Si puedo, intento hacer algo para el bienestar de la gente que me importa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
He tenido épocas en que a veces me ahogaba. La cercanía del abismo no provoca imágenes hermosas o poderosas. Esas me asaltan en cualquier momento, y algunas ni siquiera han sucedido nunca.
T. M.

viernes, 10 de mayo de 2019

Antes detective que escritor


A Dashiell Hammett sólo le bastaron un par de años –de 1929 a 1931– y unas pocas obras –entre esas fechas, «Cosecha roja», «El halcón maltés» y «La llave de cristal»– para llegar a lo más alto en la literatura de su tiempo, agradando además al público más diverso, recibiendo los elogios de los críticos, abriendo las puertas a otros colegas para la creación de una nueva novela detectivesca. Por lo demás, se dedicaría a publicar cuentos en las revistas de la época en los años veinte y a firmar guiones para Hollywood. Y luego, el silencio literario casi absoluto hasta una muerte que tal vez no esperaba tan tardía, en 1961, a los sesenta y seis años, pues la enfermedad y el alcoholismo le habían acompañado fielmente desde la juventud.

Nathan Ward recorre esa existencia, pero poniendo el acento en el escritor que antes fue investigador privado, en “Un detective llamado Dashiell Hammett” (traducción de Eduardo Iriarte), desde los veinte y pocos años, cuando contestó a un anuncio de prensa. Ese comienzo tan azaroso acabaría por marcar su vida y al fin y a la postre su mirada literaria. “Para un hombre joven cuya instrucción formal había terminado apenas unos meses después de empezar secundaria, la Agencia Pinkerton ofrecía una educación única que él siguió complementando en las bibliotecas públicas. No hay indicios de que ya en 1915 quisiera escribir, pero la agencia contribuyó a formar al escritor en que se convirtió del mismo modo que si hubiera estado trabajando en un periódico”, apunta Ward al comienzo. Luego, se dedica de forma apasionante a desgranar algunos de los casos en que Hammett colaboró, su trabajo en diversas ciudades, muy especialmente San Francisco, y también su vida personal, con sus relaciones personales y descendencia, entre la que destaca la escritora Lillian Hellman, y su decisión de participar en la Gran Guerra.

Sin embargo, la tuberculosis le obligaría a abandonar el ejército menos de un año después; lo volvería a intentar en 1942, pero sería destinado muy lejos de donde se luchaba contra Hitler, en unas islas cercanas a Alaska. Con gran tino narrativo y exponiendo bien el contenido de su obra literaria, Ward aborda la trayectoria de un autor que, tras publicar «El hombre delgado» (1934) –la serie cinematográfica que rodó la Metro Goldwyn Mayer a partir de esa novela le hizo un hombre rico–, se manifestó en contra de la guerra de Corea y padeció seis meses de cárcel, en 1951, por no atestiguar en el Civil Rights Congress contra cuatro comunistas acusados de conspiración gubernamental.

Publicado en La Razón, 9-V-2019

jueves, 9 de mayo de 2019

Entrevista capotiana a Marina L. Riudoms


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marina L. Riudoms.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Ya vivimos en él.
¿Prefiere los animales a la gente?
Las personas son animales. Ambos imponen sus fijaciones y costumbres; la gente con más dominación que los animales y son más o menos deseables por ello según la ocasión.
¿Es usted cruel?
Sí. Acostumbro a la gente a mi amabilidad para quitársela si no la merecen.
¿Tiene muchos amigos?
Hay muchos que considero mis amigos. Si debo referirme a amigos que funcionan como pilar, el número se reduce.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Autenticidad y apoyo mutuo.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sí, las relaciones se construyen en el proceso de búsqueda de un punto común entre expectativas y realidad.
¿Es usted una persona sincera? 
Me callo demasiado para serlo, pero practico poco la mentira fuera de la ficción.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escucho música constantemente, menos cuando veo películas. La lectura y el cine son prácticas casi diarias. Invierto tiempo de ocio en investigar nuevas películas, música y libros que consumir. Es un bucle que se retroalimenta. Le sumo: hacer fotos amateurs.
¿Qué le da más miedo?
El mismo miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La carencia de empatía, conductas de abuso o desinterés en aprender o imaginar cosas nuevas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Trabajar en algo que ayudara a los que sí son creativos a llegar a sus metas.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, tres veces por semana. También me gusta nadar y lo hago siempre que puedo.
¿Sabe cocinar?
Adoro cocinar para mí, mis amigos y mi familia. Se me da mal la repostería.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Si no tuviera que pensar en el público y la revista de turno, lo que verdaderamente me interesa es hablar sobre personajes ocultos, ninguneados, outsiders o vivos-que-no-gozan-del-mismo-reconocimiento-que-sus-colegas-muertos cuyo paso por la tierra ha captado mi atención o me ha espejado.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Miedo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí; querer por querer, quiero muchas cosas que no hago. El deseo es criticable, pero libre.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Carezco de fe en los discursos políticos y los discursos votantes. Sin embargo, es el sistema vigente para organizar sociedades y tiendo hacia quienes no las devoren con otros fines como la soberbia o el favor a la élite.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
El mar o un gato.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Dudar en exceso.
¿Y sus virtudes?
Fuerza para transformar lo malo en hermoso.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Tengo mala memoria. El último pensamiento sería: «¡Joder! ¡Me voy a morir!»
T. M.