martes, 16 de julio de 2019

Curso sobre Whitman en el Ateneu Barcelonés


"Walt Whitman, el poeta más inspirador del presente eterno", he titulado el curso que ya se anuncia en la Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonés y que, si se dan las debidas circunstancias, impartiré desde el próximo octubre hasta diciembre. Si alguien está interesado en apuntarse la matrícula ya está abierta desde inicios de julio: http://www.campusdeescritura.

Datos para ponerse en contacto por correo electrónico o por teléfono: 933174908 / secretaria@campusdeescritura.com

domingo, 14 de julio de 2019

Entrevista capotiana a Malenka Ramos


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Malenka Ramos.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En mi casa. No se me ocurre un lugar mejor.
¿Prefiere los animales a la gente?
Creo que me quedo con los animales, aunque hay un 5% de personas indispensables en mi vida.
¿Es usted cruel?
En absoluto.
¿Tiene muchos amigos?
Conozco mucha gente. Tengo muy pocos amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Nobleza, lealtad, sinceridad, humanidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Por eso son mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí. A veces demasiado.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me gusta leer, escribir, pasear, ver películas…
¿Qué le da más miedo?
La idea de que en algún momento todos vamos a desaparecer. Me aterra pensar que todo se acaba y que no existe nada más después de la muerte.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza la crueldad humana. La capacidad de algunas personas para hacer daño sin remordimiento alguno.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Creo que acabaría dedicándome a algo creativo de igual modo. La música me gusta, por ejemplo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Me gusta caminar. Suelo hacerlo a menudo.
¿Sabe cocinar?
Sí, pero no es algo que me agrade mucho. Cuando estoy a punto de sacar un nuevo libro me da por ello.  
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A mi madre. No conozco nadie más inolvidable que ella.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Maldad.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Por algo personal, no. Sin embargo, tengo que reconocer que mataría a todas aquellas personas que no respetan la vida de los demás.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
No tengo una ideología política concreta. Me gustan las personas y sus ideales. Si un político decidiera dar prioridad a lo que yo considero importante como ciudadano, no me importaría su partido político. Creo que hay buenos políticos en todos los partidos. 
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Violinista. Me encanta ese instrumento musical.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Mi obsesión cuando escribo y el queso fundido.
¿Y sus virtudes?
La empatía. Mi sensibilidad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Supongo que los momentos más importantes de mi vida y los seres que más amo. Mis padres, mis mascotas, mi infancia… Todo lo que para mí fue o es importante. Uno siempre lo lleva  dentro por mucho tiempo que pase.
T. M.

viernes, 12 de julio de 2019

Entre pirámides y velos


En 1855, atormentado por la locura y la incapacidad de seguir escribiendo, el francés Gérard de Nerval se ahorca una madrugada con un cinturón en un callejón parisino. Tiene 46 años, y deja una nota: «No me esperes esta tarde, pues la noche será negra y blanca». El cadáver, cubierto de nieve, es encontrado al alba por un borracho, y en sus bolsillos asoman las últimas páginas de su obra «Aurélia», en que confluyen los tópicos del autor: el viaje, el libro y la escritura. En la década anterior, entre diversos internamientos psiquiátricos, el autor había emprendido un viaje a Oriente que le había llevado a publicar unas crónicas que cobrarían forma de libro, «Viaje a Oriente» (1851), resultado de sus pasos por Alejandría, El Cairo, Beirut, Constantinopla, Malta y Nápoles. Nerval queda fascinado por el velo de las mujeres –«Dejadme ver vuestro rostro a cambio de esta seda con flores de oro, y habré sido pagado con creces»– y por la importancia del matrimonio. Eso da unidad argumental al libro, pues la presencia del papel de la mujer en esa sociedad musulmana que la aparta de todo, también es motivo de reflexión para la otra autora del libro, la inglesa Amelia Edwards, que en 1873 recorrió Egipto y participó en excavaciones, hasta el punto de descubrir un templo que acabó llevando su nombre.

Un poco más adelante, Edwards fundaría la Egypt Exploration Fund y se mostraría como una figura activa en los derechos civiles, defendiendo el movimiento sufragista y viviendo una existencia libre, compartiendo todo con su gran amiga Ellen Drew Braysher. Una mujer superdotada para las artes, pues su capacidad de dibujar llamó la atención del gran caricaturista, famoso por ilustrar «Oliver Twist», George Cruikshank, y se distinguió por saber de matemáticas y estudiar piano y canto, además de practicar la equitación, estar habituada a llevar armas y vestir de modo masculino. Su obra más divulgada es «El carruaje fantasma y otras historias sobrenaturales» (2017), y aquí se han tomado los dos primeros capítulos de su libro «Mil millas Nilo arriba» (1877). El fruto es este precioso «Egipto, Sueño de dioses», en que se respira el ambiente de las callejuelas populosas, más de 50 barrios habitados por coptos, turcos, judíos y franceses.

Las mujeres son vendidas en un «mercado de esclavas» o usadas como bailarinas en harenes, donde se vive con apenas nada. Por supuesto, también aparece el gran Cairo de las pirámides; sobre ellas destacan las páginas de Edwards, pero también las referidas a los bazares o a la peregrinación a La Meca. Puro exotismo con ya ciento cincuenta años de antigüedad que aún está vigente a nuestros ojos.

Publicado en La Razón, 4-VII-2019

miércoles, 10 de julio de 2019

Entrevista capotiana a Juan Pérez-Foncea


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan Pérez-Foncea.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Cualquier gran ciudad del mundo occidental en la que se hable un idioma que conozca.
¿Prefiere los animales a la gente?
Por supuesto que no. Me gustan los animales de compañía, que además tienen la ventaja de que no discuten. Pero cualquier persona encierra una riqueza insondable. El arte está en saber descubrirla.
¿Es usted cruel?
En absoluto.
¿Tiene muchos amigos?
Menos de los que me gustaría tener. Pero, gracias a Dios, tengo algunos muy buenos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La empatía.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sobre todo los que, sin motivo, al menos que yo conozca, dejan de serlo.
¿Es usted una persona sincera? 
Creo que es una virtud más importante de lo que a veces creemos y, por lo tanto, me esfuerzo por serlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Paseando por medio de la naturaleza y leyendo.
¿Qué le da más miedo?
El egoísmo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La corrupción de menores por parte del sistema educativo actual. La imposición de la ideología de género, en particular, que no pasa de ser eso: una ideología. Y que por lo tanto no es algo que se deba enseñar como si fuese una verdad indiscutida. Y menos aún a esas edades tan tempranas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Supongo que trabajar como abogado, que es lo que hice durante 14 años, antes de pasar a la “mejor vida” del escritor.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Pasear por la montaña. Creo que ahora se llama senderismo.
¿Sabe cocinar?
Debo reconocer que no.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
En cierto modo ya lo he hecho: dediqué todo un libro a mi paisano don Blas de Lezo y Olavarrieta: un auténtico héroe olvidado.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Tendré que decir tres: Dios, amor, familia.
¿Y la más peligrosa?
Aunque se digan con más de una palabra, los conceptos que se esconden tras las expresiones: “ése es tu problema.” O: “yo no me arrepiento de nada”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
La política cada vez me cansa más. Aunque no por eso me desentiendo de ella: es verdad que nos concierne a todos, y que es responsabilidad de cada uno hacer lo posible por participar y mejorarla. No me gustan nada las etiquetas: derecha, izquierda, centro, medio pensionista, etc. Simplifican demasiado, y son una manera de caer en prejuicios, y por tanto de alejarnos a unos de otros. Pero, puestos a calificarme, me considero un humanista. Me interesa el ser humano. No en abstracto, sino cada uno, cada persona, con sus aciertos y sus errores. En ese sentido estoy muy abierto al mundo. Aunque sin caer en el papanatismo de la eliminación de las fronteras y de las naciones. En este sentido, cada vez me gusta más España: voy profundizando en su historia y me quedo anonadado. Es terrible que no conozcamos nuestra verdadera historia, sino que nos enseñen cuatro clichés que son falsos y que nos minusvaloran como sociedad. Son imágenes que sistemáticamente ocultan lo bueno y magnifican lo malo. No en vano las construyeron nuestros tradicionales enemigos o adversarios, y nosotros los hemos recibido sin el menor espíritu crítico.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Tal vez periodista.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Fumo en pipa. Y me encanta. Y ni se me pasa por la imaginación dejar de fumar.
¿Y sus virtudes?
No sé: ¿empatía y responsabilidad?
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? 
Serían recuerdos reconfortantes de infancia: es una época de la vida a la que cada vez le concedo mayor importancia.
T. M.

jueves, 4 de julio de 2019

Aquella era dorada del periodismo


Con ochenta años, Seymour M. Hersh se puso a escribir sus memorias. Tenía mucho que contar. En eso, seguramente no hay periodista que le haya hecho sombra en las últimas cinco décadas, prácticamente, tal es su nivel de implicación y profesionalidad en cada uno de los asuntos –siempre los más importantes a escala global, además– que quiso atender, relacionados sobre todo con la política exterior norteamericana. Esta autobiografía, ya avanzamos que texto ineludible para cualquier facultad de Periodismo del mundo a partir de ahora mismo, se subtitula, absurdamente, “Memorias del último gran periodista americano” (traducción de Juanjo Estrella), pero, claro está, el propio autor no puso eso en su propio libro, que se tituló simplemente “Reporter” y se publicó en Estados Unidos el año pasado.

La contundencia de esa palabra es absoluta, pues lo que se entendió ayer por reporterismo está muy lejos de lo que puede suceder en nuestra época. Él mismo habla de que es un superviviente de la era dorada del periodismo, “ese tiempo en que los que trabajábamos en prensa escrita no teníamos que competir con canales de noticias de 24 horas, en que los periódicos nadaban en la abundancia gracias a los ingresos por publicidad y anuncios clasificados, en que yo tenía libertad para viajar adonde quisiera, cuando quisiera, por las razones que me parecieran oportunas”. Por todo ello, su voz y experiencia valen oro en una época, la nuestra, en que la urgencia y la falta de profundidad investigadora ante el alud de medios noticiosos, nos hace imposible concebir una frase genial que un día le dijeron a Hersh: si tu madre te dice que te quiere, contrástalo.

Hasta el 11-S

Con ese lema grabado en la frente, Hersh nos cuenta sus modestos inicios profesionales en Chicago, y cómo se fue interesando por cuestionar la verdad oficial que se daba desde el Gobierno estadounidense para descubrir lo que se ocultaba, en especial alrededor de las barbaridades cometidas en Vietman, con bombardeos sobre civiles. Un tipo de noticias, como la perpetrada en Hanói, que era desmentida por el Pentágono pero que Hersh ayudó a desmontar con una valentía y determinación ejemplares, mediante entrevistas, viajes y artículos. Y así fue su “modus operandi”: informarse lo máximo para escudriñar la verdad desde las páginas del “New York Times” y el “New Yorker”: en lo referente al escándalo del Watergate, a las intervenciones de su país en lugares como Chile, Cuba o Panamá; cerca de varios políticos determinantes detrás en cada uno de los contextos, como Kennedy, Nixon y Kissinger. Y así hasta asuntos que aún colean, como las decisiones tomadas por Dick Cheney y Bush hijo tras los atentados terroristas del año 2001, sobre lo que habló sin tapujos, afirmando que ni siquiera la muerte de Bin Laden aconteció según lo contado, o al revelar el caso de una serie de torturas contra iraquíes, haciendo responsable a Donald Rumsfeld y la Casa Blanca.

Publicado en La Razón, 27-VI-2019

miércoles, 3 de julio de 2019

Entrevista capotiana a Marta Abelló


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Abelló.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En una casa delante de alguna playa del Mediterráneo, con estanterías repletas de libros.
¿Prefiere los animales a la gente?
Me fascina la humanidad de algunos animales y preferiría que alguna gente no fuera tan animal.
¿Es usted cruel?
La crueldad implica deleite, por lo tanto, no. Ni siquiera con mis personajes puedo serlo.
¿Tiene muchos amigos?
Más que muchos, buenos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Si acaso se busca algo en una amistad, serían afinidades.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Olvido fácilmente, así que si lo hacen, ya no me acuerdo.
¿Es usted una persona sincera? 
Cuando escribo me gusta desenterrar la verdad de las historias; y cuando no, me gusta ser honesta.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Suelo viajar a otros mundos que están en este. Es decir: leo, escucho música y veo películas.
¿Qué le da más miedo?
La maldad escondida en máscaras de payaso.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La desfachatez y la injusticia. Suelen ser utilizadas por políticos y jueces, indistintamente.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Daría rodeos tratando de explorar algún otro arte para acabar finalmente siendo escritora, que es lo que empecé a desear a los ocho años.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
A veces corro con los lobos, subo a ver las nieves del Kilimanjaro, recorro la ruta de la Seda o paseo por los campos de rosas de la Torre Oscura. Es un no parar.
¿Sabe cocinar?
Sé preparar una buena fideuà pero no consigo preparar una tortilla de patatas decente y es fácil que se me quemen las croquetas. Me gusta tener libros de recetas que a menudo hojeo con perpleja admiración.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Edgar Allan Poe. Fascinante autor de culto y a la vez personaje en sí mismo. De hecho, tengo un proyecto iniciado sobre él.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amanecer. Suena a nuevo comienzo, a renacimiento, a que siempre vuelve a salir el sol pese a todo.
¿Y la más peligrosa?
Odio. Porque en esas cuatro letras se esconde el germen de todo aquello que impide un mundo feliz.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, a Truman Capote por pergeñar entrevistas como esta.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Tiendo a la izquierda, a veces me balanceo hacia la anarquía y otras hacia la indiferencia. En todo caso, me gustaría un gobierno como el que propuso Platón: de sabios y filósofos. ¿Te he dicho ya que me gustan las cosas imposibles?
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Bibliotecaria en Alejandría. Astrónoma en la casa de la sabiduría de Bagdad. O tal vez me conformaría con ser uno de mis gatos y dormir quince horas al día.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Soy lectora compulsiva. Y bebedora de té.
¿Y sus virtudes?
Paciencia, constancia e imaginación.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?  
En el caso de que ya no hubiera posibilidad de salvación, me encomendaría a los dioses, daría las gracias por lo vivido y me hundiría aceptando mi destino en paz, esperando que al otro lado alguien me estuviera recibiendo para darme respuestas acerca de los porqués de esta vida. Espero reencarnarme y quizás te lo podré contar.
T. M.

martes, 2 de julio de 2019

Entrevista en "Diálogo y Espejo" (RNE), por "El dios más poderoso. Vida de Walt Whitman"

Tienda de la casa natal de Whitman, Long Island

Juan Carlos Morales me hizo, en su programa Diálogo y Espejode Radio 5-Radio Nacional de España, una entrevista estupenda con motivo de mi libro El dios más poderoso. Vida de Walt Whitman.

sábado, 29 de junio de 2019

Entrevista capotiana a Antonio Ortuño


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Antonio Ortuño.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi ciudad, Guadalajara, si además pudiera elegir quién debería irse de ella.
¿Prefiere los animales a la gente?
No necesariamente.
¿Es usted cruel?
Solo cuando escribo.
¿Tiene muchos amigos?
Y muy queridos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Inteligencia, humor, lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Aprendí a elegirlos.
¿Es usted una persona sincera? 
Solo cuando no escribo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con los míos.
¿Qué le da más miedo?
Mi país me aterra.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La hipocresía. La falsa bondad.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Fui por años periodista, que es una antesala muy incómoda. Pero se aprende.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
En el último año he caminado un promedio de 6.3 kilómetros diarios.
¿Sabe cocinar?
Pocas cosas pero bien hechas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A mi amigo Rigo, que fue socio de Guillermo del Toro y falleció arruinado, pero feliz, luego de años de luchar contra el cine y perder.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Tú.
¿Y la más peligrosa?
Nosotros.  
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
¿Alguna vez no?
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy un anarquista poco sociable.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Músico. No pierdo la esperanza.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El vino tinto, la cerveza, discutir con desconocidos en internet.
¿Y sus virtudes?
No necesitar mucho más que mis vicios  para vivir.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Me concentraría en ahogarme como Dios manda.
T. M.

viernes, 28 de junio de 2019

Elogio de la vida natural


Si Henry David Thoreau hubiera sido lector de novelas, él, que se jactaba de despreciar los versos de Homero si tenía que dedicarse al huerto que preparó cuando se aisló dos años en la laguna de Walden, que era lector sobre todo de poesía o de libros de filosofía oriental, tal vez le hubiera agradado lo que ha hecho Richard Powers con “El clamor de los bosques” (traducción de Teresa Lanero Ladrón de Guevara). No hay en la historia nadie que haya escrito tanto y con tanta enjundia sobre lo que significa vivir, contemplar, sentir las arboledas y las montañas, y que haya tenido tanto mimo a la hora de observar toda clase de vegetación como el pensador de Concord. La “nature writing” está en boga, con múltiples crónicas personales, en muchos casos buscando “à la” Thoreau una experiencia directa con la naturaleza, o con narrativa, caso de “El bosque infinito”, que pudimos leer hace tres años, de Annie Proulx, obra mastodóntica con un trasfondo de naturaleza inmensa en que extendía la dimensión de un bosque tangible, histórico, simbólico incluso, a lo largo de tres siglos.

En aquel caso, la autora canadiense se propuso un viaje por la historia comercial y sociopolítica del mundo mediante la epopeya de dos familias, sobre todo pisando terreno norteamericano y europeo, pero también chino y neozelandés. Proulx con ello pretendió proyectar una visión universalista y cronológica de un asunto con claro mensaje ecologista, esto es, la deforestación y su negocio. Una aproximación a la que es sin duda sensible Richard Powers, que añade en su maravillosa “El clamor de los bosques”, que le hizo merecedor del Premio Pulitzer 2019, el elemento de relación personal, íntima, familiar, del ser humano con los árboles, con un enfoque también que atraviesa épocas y fronteras, alrededor de salvar los pocos acres de bosque virgen que quedan en el continente.

De tal modo que fabrica su novela sobre la base de distintos personajes que tienen un vínculo particular con ciertos árboles, y que configuran un retrato humano extraordinario: el primero, Nicholas Hoel, en Brooklyn, de ascendencia noruega y futuro artístico, en el tiempo en que aún no existen los microbios, y su padre se empeña en tener un castañar, hasta que uno de ellos se convierte en un “árbol centinela” al ser una especie de faro para los viajeros. El tiempo pasa, las generaciones se suceden, y el árbol siempre está allí, como testigo de los sinsabores vitales y de los proyectos que se logran o malogran; como ocurre con Mimi Ma, cuya familia también inmigrante, en su caso a San Francisco, con un simbolismo arbóreo en unos anillos que las hermanas se reparten a la muerte del padre; o Adam Appich, que ve al suyo concentrado en una guía de árboles porque quiere buscar uno especial para un hijo que está por nacer… Y así familias y destinos individuales, con un halo de melancolía y fatalidad humanos en contraste con la permanencia de fauna vegetal como el roble, que va creciendo y se va sosteniendo, que va muriendo a lo largo de trescientos años.

Publicado en La Razón, 27-VI-2019

jueves, 27 de junio de 2019

Entrevista capotiana a Sergi Pàmies


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Sergi Pàmies.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un cine.
¿Prefiere los animales a la gente?
No.
¿Es usted cruel?
Hasta dónde yo sé, no, lo cual me invita a pensar que puede que a veces se me escape alguna forma de incontinente crueldad.
¿Tiene muchos amigos?
Menos de los que me gustaría tener.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Discreción y sentido del humor.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Menos de lo que suelo decepcionarle yo a ellos.
¿Es usted una persona sincera?
En absoluto, por eso me dedico a escribir.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Procurando que no me quede tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
Que mis seres queridos sufran.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Casi todo en general y casi todo en particular.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Fui un excelente auxiliar administrativo y no descarto volver a serlo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, por prescripción médica (tengo diabetes 2) me obligan a caminar una hora cada día.
¿Sabe cocinar?
No, creo en la distribución de los roles, unos cocinan y otros comemos.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Louis Armstrong.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Más que una palabra es una expresión: fin de mes.
¿Y la más peligrosa?
Exactamente por las mismas razones, fin de mes.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Socialdemócrata enfermizo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Clarinetista.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Tengo tantos que no puedo distinguir entre los principales y los secundarios.
¿Y sus virtudes?
La puntualidad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Una película de espadachines en un cine de barrio en algún lugar ignoto de mi infancia.
T. M.

miércoles, 26 de junio de 2019

Entrevista en Radio Vallekas por "El dios más poderoso. Vida de Walt Whitman"

Cartel de la librería +Bernat, el día
de la presentación del libro

Desde el día 19, ya está en la red el audio del programa Por qué estoy tan triste teniéndolo todo, de Radio Vallekas, que dedicó a Walt Whitman todo un espacio, primero con una larga entrevista conmigo, realmente entretenida, y luego haciendo un recorrido biográfico del poeta.

martes, 25 de junio de 2019

Entrevista capotiana a David B. Gil


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David B. Gil.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En algún sitio de esos que engañan desde fuera, que son mucho más espaciosos por dentro de lo que parecen. En la Tardis, la lámpara del genio o alguna librería de barrio.
¿Prefiere los animales a la gente?
No.
¿Es usted cruel?
Creo que no, pero tendría que encontrarme en la situación que lleva a otros a ser crueles para saberlo con certeza.
¿Tiene muchos amigos?
Creo que no es posible tener muchos amigos. Muchos buenos amigos, al menos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La amistad llega, no se busca.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Me gusta pensar que mis amigos están dispuestos a hacer por mí lo mismo que yo haría por ellos; pero incluso cuando me demuestran que no es así, sigo considerándolos amigos. Al fin y al cabo, la decepción es un sentimiento egocéntrico; nadie tiene por qué satisfacer tus expectativas.
¿Es usted una persona sincera? 
Hasta donde lo permite la sensatez y la buena educación.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Mi vida ideal sería alternar días de leer en la playa con noches de cine en buena compañía. Pero de vez en cuando me gusta enchufar la consola.
¿Qué le da más miedo?
La enfermedad, como a todos, pero no tenemos control sobre ella, así que no tiene mucho sentido preocuparse.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
No recuerdo haberme escandalizado nunca. Me indigna el egoísmo desatado, el que está dispuesto a perjudicar mucho o a muchos por una mínima ganancia personal.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Yo nunca decidí ser escritor, yo solo quise contar una historia, y luego otra, y otra. Y resulta que la sociedad me ha dicho que para eso tengo que ser escritor (y que no podré ganarme la vida con ello).
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí. Durante años he hecho artes marciales, pero ahora tiendo a deportes que te dejen menos contusiones.
¿Sabe cocinar?
Sé seguir obedientemente los pasos que me dicta la thermomix.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Miyamoto Musashi, un tipo que comenzó siendo personaje histórico y ha acabado como personaje de mil historias. Pensador, escultor, poeta y el samurái más letal de todos los tiempos: ochenta duelos a espada invicto. Ríase de los humanistas.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Mañana.
¿Y la más peligrosa?
Fe.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. Y creo que tampoco he deseado que nadie se muera (que es la versión cobarde de querer matar a alguien).
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Con tendencia a la decepción.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Me encantaría ser lo que soy ahora, pero con la vida resuelta.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Procrastinar, como todos los escritores. Como cualquier ser humano que no tenga un plazo de entrega, en realidad.
¿Y sus virtudes?
Tengo cierto talento para contar historias. Y creo que suelo empatizar con mi interlocutor, aunque no estoy seguro de que eso cuente como virtud.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Pues creo que la mayor parte del metraje correspondería a mi última década de vida… Lo que significa que vivo tiempos interesantes.
T. M.