sábado, 21 de julio de 2018

Entrevista capotiana a José María Pérez Zúñiga

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José María Pérez Zúñiga.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Creo que mi casa. Mi cuarto, concretamente, rodeado de mis libros y mis cuadernos.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Prefiero a la gente.
¿Es usted cruel?
A veces. Cuando me enfado y digo cosas sin pensarlas demasiado. Es la parte que menos me gusta de mí.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo la suerte de tener buenos amigos, no demasiados.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sean inteligentes, tolerantes y les guste conversar. Disfruto sobre todo de la compañía de los viejos amigos, que suelen tener una perspectiva de tu vida de la que tú no siempre te das cuenta.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Aunque a veces les exijo demasiado. Las decepciones que nos provocan los demás a menudo se deben a cuestiones no resueltas con uno mismo.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo y paseando.
¿Qué le da más miedo?
La locura.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La estupidez de algunas personas.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No tengo ni idea. Cualquier cosa que me hubiera permitido organizarme la vida a mi gusto. Pero se trataría de otra vida y otros gustos.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí. Hago una tabla de gimnasia desde que era adolescente. Y ahora también salgo a correr.
¿Sabe cocinar?
Sí. Me gusta mucho. Me relaja. Y es una tarea muy creativa. Me gusta inventarme platos sobre la marcha, improvisar con los ingredientes que tenga en la nevera mientras escucho las noticias.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Normalmente no suele interesarme por la vida de los escritores que me gustan, pero quizá lo escribiría sobre Robert Musil. Eso lo convertiría en un personaje de ficción. O quizá sobre uno de mis alter egos. Sobre Miguel Serrano, uno de los personajes de Para quien no brilla la luz (Berenice), y de otras novelas que tengo en el cajón. No sé si es un personaje inolvidable, pero me ha servido para profundizar en mí, y creo que ésa es una de las claves de la literatura, lo que crea, a la postre, empatía con los lectores.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Libertad.
¿Y la más peligrosa?
Libertad también.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. Aunque sé que a mí me han querido matar algunas personas.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy moderadamente de izquierdas. La política está muy desprestigiada hoy día, pero éste, la verdad, es un discurso fácil. Creo en la labor social y política. La democracia no es nada sin la participación de los ciudadanos. Para no perder los derechos y libertades hay que ejercerlos. Nos quejamos mucho, pero no valoramos lo que tenemos. Creo que actualmente hay un discurso catastrofista que no se corresponde con la realidad. En ese sentido, con tanto ruido, la literatura es un medio privilegiado de comunicación.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Me gusto más o menos como soy. No me lo he planteado.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Me gusta beber y fumar, sobre todo con mis amigos, aunque procuro moderarme.
¿Y sus virtudes?
Soy trabajador y obstinado, en el sentido que a la obstinación le daba Hermann Hesse.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Las de mi mujer y mi hijo.
T. M.

viernes, 20 de julio de 2018

Nuevo libro indio de Jesús Aguado

Jesús Aguado, que tantísimas veces ha aparecido en este blog o citado en mis artículos e incluso libros, publica otro de sus trabajos dedicados a esa segunda patria suya llamado Benarés, India (editorial Pre-Textos; en la web puede leerse un fragmento). Ya en su día, hablé aquí de La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés 1987-2004, publicada en la desaparecida DVD Ediciones, de modo que es una excelente oportunidad para retomar su visión hindú con su característica prosa poética.

jueves, 19 de julio de 2018

Entrevista capotiana a Manuel Fernández Muñoz

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Manuel Fernández Muñoz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
La imaginación de Dios.
¿Prefiere los animales a la gente?
Los animales también son gente, como dijo Dersú Uzalá. Gente maravillosa, añadiría yo.
¿Es usted cruel?
Seguramente lo he sido en alguna ocasión.
¿Tiene muchos amigos?
No me considero enemigo de nadie – mejor dicho, de casi nadie - por lo que suelo encontrar amigos en todas partes.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco ninguna cualidad especial, los acepto tal como son. Sé que escorpión puede picar y que el cachorrillo es juguetón. Ambos son las dos caras de la misma magia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
El que nada espera, no se decepciona.
¿Es usted una persona sincera? 
Si la verdad duele y sé no voy a conseguir nada diciéndola, prefiero callarme.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
El tiempo es libre, somos nosotros quienes lo gastamos como queremos. Pero si me preguntas cómo me gusta gastar mi tiempo, te diré que soñando y haciendo soñar a los demás.
¿Qué le da más miedo?
Mis bajos instintos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Una falta de reacción firme por parte de los supuestos hombres y mujeres buen@s ante una clara injusticia, y que no se pongan los medios necesarios para poder remediarla.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Yo no decidí ser escritor. Para mí, escribir es una necesidad... como comer, beber o dormir. Tengo la necesidad de compartir lo que tengo, lo que pienso, lo que traigo de mis viajes. También es una forma de estar siempre acompañado, pues allá donde voy, todas las personas que leen mis libros, viajan conmigo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Salgo a correr a menudo. Me ayuda a aclarar las ideas.
¿Sabe cocinar?
Claro. Me cocino a mí mismo y me sirvo en cada una de mis obras.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Jesús de Nazaret o a san Francisco de Asís. Sin duda.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Mañana.
¿Y la más peligrosa?
Distinto.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Te contesto con uno de mis cuentos: "Esta mañana entré en una comisaría y me decidí a confesar. Uno de los policías me preguntó qué había hecho... y se lo conté todo. - Lo he cogido por el cuello y lo he estrangulado sin piedad hasta que ha exhalado su último aliento. - El funcionario vaciló unos segundos e inmediatamente me puso las esposas. - ¿A quién has asesinado? - preguntó. - A mi ego - respondí - Llevaba tanto tiempo molestándome, que estaba arruinando mi vida y la de mis seres queridos. Así que no me ha quedado más remedio que acabar con él. - El hombre se quedó mirándome sin saber qué hacer, pero finalmente me quitó los grilletes y me echó de allí a patadas. Dado lo anterior, supongo que no es delito asesinar al ego..."
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Cuando siento la necesidad de tener tendencias políticas, miro al cielo, respiro y me pierdo entre las estrellas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Me gustaría ser mejor persona...
¿Cuáles son sus vicios principales?
Viajar.
¿Y sus virtudes?
Me gusta soñar que podríamos hacer de este mundo un lugar mejor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Los rostros de mis seres queridos, pasados y presentes, sonriendo. Luego entregaría el alma en paz.
T. M.

miércoles, 18 de julio de 2018

Diarios de los años 2010-2013 de Gabriel Insausti


Me ha encantado conocer la obra diarística de Gabriel Insausti, El oro del tiempo, autor que ya apareció en este blog mediante la entrevista capotiana, entre otras cosas porque me identifico mucho con lo que dice: la necesidad y sentido común de caminar, la apreciación de Qué bello es vivir, cierta visión de la literatura, una postura entre divertida y protectora hacia los hijos. Sus páginas son un ejemplo de humor y bonhomía, de mirada serena e inteligencia desde el inicio, cuando acude a un cementerio para visitar algo concreto y se topa con algo inesperado. O cuando habla de la familia y las pequeñeces domésticas, o ironiza sobre el heroísmo de los filólogos, o alude a la función del crítico literario, y cien asuntos más, entre viajes por Europa, referencias al trabajo universitario, actos culturales, el pasado biógrafo… todos ellos placenteros en grado sumo de leer, ingeniosos y humanos. Un pedazo de vida, sus años 2010-2013, encerrados en un libro, conservados gracias a la escritura introspectiva para que el tiempo nunca se los lleve.

martes, 17 de julio de 2018

Entrevista capotiana a Joseph Gelinek a.k.a. Máximo Pradera

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Joseph Gelinek a.k.a. Máximo Pradera.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa. Soy Cáncer y a los nacidos bajo este signo nos gusta vivir en nuestro caparazón.
¿Prefiere los animales a la gente?
Depende de la gente y del animal. Si Pablo Casado es gente, prefiero hasta un gorrino trotando en el jardín de mi casa.
¿Es usted cruel?
Soy un poco Asperger, o sea, que a veces me falta empatía. 
¿Tiene muchos amigos?
Te contestaré con una frase del «Espartaco» de Dalton Trumbo que le dice Draba, el gladiador negro, al protagonista de la película: «Los gladiadores no tenemos amigos, un día nos harán luchar en la arena y tendré que matarte».
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Valoro mucho que no me pidan dinero.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Rafael Azcona decía que la amistad es mucho más frágil que el amor. En cuanto pones a prueba a un amigo, lo más habitual es que te decepcione. O sea, que no me decepcionan porque no los pongo a prueba.
¿Es usted una persona sincera? 
Yo más bien diría que soy un bocachanclas. Pero me divierto mucho en Twitter.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Cantando. Decía Cervantes en El Quijote que «Quien canta sus males espanta».
¿Qué le da más miedo?
El fanatismo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La indolencia mundial ante el cambio climático. Dentro de 100 años habremos muerto todos. Salvo Jordi Hurtado, naturalmente.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Habría sido abogado, experto en demandas civiles. Me encanta el derecho civil, mi padre decía que es el padre de todos los derechos.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Hago aeróbico en una bici elíptica y pesas para no perder tono muscular. O sea, soy un Arnold Schwarzenegger minimalista.
¿Sabe cocinar?
Sé comer, que es aún más importante. Me enseñó una mujer, la nutricionista Ángela Quintas. Es una asignatura tan importante que yo la haría obligatoria en los colegios.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Albert Camus, que es para mí la quintaesencia del periodista y del intelectual comprometido.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
El adjetivo «reversible». 
¿Y la más peligrosa?
Ignorancia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, practico magnicidios en mi mente a diario. Sobre todo al otro lado del Charco.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
La esencia de la izquierda es la defensa del débil. O sea, que en cada conflicto, hay que determinar quién está en injusta inferioridad de condiciones y ponerse de su parte.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
La estatua de la libertad.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No tengo vicios, tengo taras. Me cuesta concentrarme y me cuesta adaptarme a nuevas situaciones.
¿Y sus virtudes?
La constancia y la independencia de criterio.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? 
Me vendría a la mente la canción de Javier Krahe del gilipollas, porque si me estuviera ahogando hay un 90% de posibilidades de que fuera culpa mía.
T. M.

lunes, 16 de julio de 2018

La verdad poético-prosaica de la calle


En la calle Constanza de Barcelona me encuentro con esta maravillosa expresión en una farola cualquiera. Ahora solo cabe inventarse quién, cómo, cuándo, por qué alguien la pensó y decidió escribirla allí, en una mezcla de introspección, cierto gusto estético tipográfico (véanse las definidas letras, el buen gesto de la coma necesaria, el irónico redoble de erres...) y deseo de compartir un sentimiento que, al fin y al cabo, tenemos cada día todos.

domingo, 15 de julio de 2018

Entrevista capotiana a J. J. Armas Marcelo


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de J. J. Armas Marcelo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
No concibo esa situación, tampoco me la he planteado nunca. Soy un culo inquieto que viajó constantemente. Una vez, por motivos políticos, estuve sin poder salir en tiempos de Franco de la isla en la que nací y vivía y, en fin, fue una falta de libertad que no he olvido ni perdonado. Pero si, por otros motivos que no sean el de la libertad plena, me encontrara con esa situación me gustaría seguir viviendo en Madrid, una ciudad que me ha dado una visión del mundo muy abierta y universal. Madrid, entonces. Y ahora también.
¿Prefiere los animales a la gente?
No prefiero a ninguno de los dos. Prefiero a las personas que a la gente. La masa es irresponsable,  la gente se escuda en la gente para diluir su responsabilidad personal y no soporto esa situación. Claro, prefiero con creces a las personas que a los animales. No tengo duda.
¿Es usted cruel?
Puedo llegar a serlo en algunas cuestiones h situaciones excepcionales, o cuando no me queda otro remedio, pero por regla general no tengo esa condición, no es algo que pertenezca a mi carácter ni a mi temperamento. Ahora, sí reconozco que, a veces, soy cruel ante la estupidez y la imbecilidad, tan frecuente en nuestro tiempo.
¿Tiene muchos amigos?
Muchos, muchos conocidos, y bastantes amigos cercanos. En este sentido, salvo cuando algunos, que decían que lo eran, traicionan y eso no me he acostumbrado a mis años, 72 de día y 20 de noche, o sea 92 años de edad, ni lo soportaré nunca. Mis peores enemigos son algunos traicioneros que se hicieron pasar por amigos durante una temporada. Nada nuevo bajo el sol, mi amigo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La lealtad, la comprensión, el respeto mutuo y la complicidad cercana. Y claro, la inteligencia y la excelencia. Tengo amigos desde que tenía 10 años de edad, y otro muy cercanos, desde. Hace muy poco tiempo.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
En algunas ocasiones, y eso se vuelve irreversible porque yo no he traicionado nunca, salvo por cuestiones de amor y sexo, ya me entiendes, amigo, en eso no soy diferente a nadie. Pero la traición, ni la olvido ni la perdono.
¿Es usted una persona sincera? 
Suelo serlo. Un día leí un execrable panfleto titulado "Contra la sinceridad" que, entre otros disparates, venía a decir que la sinceridad es de mala educación. Bueno, quiero decirte también que mi estética no me permite en ningún momento saltarme mi ética personal. Eso me trae muchos inconvenientes, porque digo y escribo mi criterio, aunque no me sea a mí conveniente. La falsedad me es detestable, tampoco la soporto.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, viajando, hablando, comiendo, durmiendo.
¿Qué le da más miedo?
Perder la memoria. Tengo una memoria privilegiada, lo reconozco, y a veces terrible, en el sentido del griego clásico. Hago gimnasia con mi memoria todo el tiempo y cuando se me olvida algún nombre no voy a mirarlo a internet, aunque pueda, sino que espero y lo busco en mis miles y miles de archivos que guarda mi memoria. En fin, sí, perder la memoria. Y la vista.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Sigue escandalizando la traición de los amigos. Y me asombra que el moño que llevamos dentro salga con tanta frecuencia a la realidad y provoque tantos desastres y tragedias. Somos más monos que humanos todavía.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hubiera sido pintor, aunque llevaba carrera de futbolista. La pintura me parece algo sobrenatural, cuando es buena, y la prueba de que a pesar del moño que somos llevamos dentro un alma creativa que no es meramente animal, sino algo superior.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Ya poco. Hasta hace muy poco hacía bastante ejercicio, pero me ha caído encima el viejazo, como dicen los argentinos, y el viejazo es pereza, duda, comodidad, pausa completa, respiración lenta y tranquila. Esa es la vaina, qué le vamos a hacer.
¿Sabe cocinar?
Muy poco, pero me gusta que me cocinen bien, me gusta mucho la buena comida, la cuchara, todo, sobre todo la comida tradicional, tengo una gran memoria de mi paladar infantil. Hago bien los asados de carne y pescado, algunos platos, como el pollo a la piña agripicante, una maravilla con arroz blanco.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Jorge Semprún. A Vargas Llosa. A José Esteban o Caballero Bonald. A Carlos Barral. Todos han sido mis maestros de la vida y la literatura.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Libertad. Igualdad. Fraternidad.
¿Y la más peligrosa?
Tiranía, dictadura, sangre.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Bastantes veces, pero los ha matado la vida por mí. La vida es una maravilla.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy y me defino como un socialdemócrata radical. Primero la enseñanza pública, la sanidad pública y universal, y a los viejitos mucho respeto, pensiones dignas, cuidados y mimos institucionales. Soy federalista e internacionalista desde antes de hacer la Primera Comunión y odio casi hasta la irracionalidad a todo aquellos que sea nacionalismo, que haga de las patrias una superstición irracional.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Ya te lo dije, pintor. Y millonario, no para mí solo, mismo para resolver los problemas económicos de quienes me quieren y a los que quiero, que me rodean y demuestran el cariño y la lealtad que me es necesaria para vivir.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Bueno, soy muy vanidoso, muy protagonista a veces, esto lo estoy moderando de viejo, pero ese vicio, y el de escribir y leer, me ha ayudado mucho a vivir la vida en paz conmigo mismo.
¿Y sus virtudes?
Soy muy perseverante, cuando inicio un proyecto, literario o de cualquier otro género, me mueve el tesón de terminarlo, aunque soy muy paciente en esa lucha casi siempre fructífera. Las personas que me conocen saben que tengo mucha paciencia, aunque la gente tenga otra opinión, eso me da igual. La paciencia, la paciencia, esa madre importante que hace que el ser humano persevera y persevera, y fortalezca su voluntad. Tengo esa virtud, la paciencia, puede esperar quince o veinte años para algo que me he propuesto y lo consigo siempre con esa virtud: la paciencia, prima hermana de la perseverancia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Seguro, mis hijos y mis nietos. Mi vida, la gente que me ha querido, lo que he dejado de hacer y me prometí hacer en algún momento.
T. M.

sábado, 14 de julio de 2018

Conexión Chicago-Castilla


Calle de Toledo, Getafe, Cuatro Caminos, paseo de la Castellana, plaza de Cibeles, plaza Santa Ana, calle del Gato, Puerta del Sol, Aranjuez… Estos lugares que son recodos habituales para el turista del siglo XXI que pasa por Madrid tuvieron hace cien años un cronista de altura, que remataba sus poemas concretando cada lugar, como certificando la realidad tras colocar en versos su observación. Fue este poeta, que prácticamente sólo es conocido por su relevante obra narrativa, John Dos Passos, quien firmó un único libro de poesía, “A Pushcart at the Curb” (1922), del que “Invierno en Castilla” es su parte más importante, como dice John Dos Passos Coggin en el prefacio de “Invierno en Castilla y otros poemas”. “Cuando Dos Passos era un niño viajó mucho con sus padres por Europa. Siempre tuvo un profundo sentimiento de desarraigo y, por ello, la literatura se convirtió en su hogar permanente. Sin embargo, desde su primera visita a España encontró el calor y la sensación de pertenencia que tanto anhelaba”, sigue diciendo el nieto del escritor de Chicago.

Era 1916. Un Dos Passos de veinte años se acababa de graduar en Harvard –donde estudió literatura europea– y visitaba Madrid lleno de entusiasmo, por sus cafés y su cultura mestiza, fruto de siglos de diferentes civilizaciones, permaneciendo en España en aquella ocasión casi tres meses. Recorrió lugares como Cartagena, Alicante y Tarragona, y tres años más tarde regresaría para quedarse ocho meses, todo lo cual le inspiraría su libro de viajes “Rocinante vuelve al camino”. Al fin, su eclosión como novelista sucedería durante la década siguiente, pero es en estos poemas y en su mirada viajera, curiosa y descriptiva, donde Dos Passos cultiva y forma su percepción del mundo, la entrena para que surjan novelas tan audaces, desde el punto de vista estilístico y estructural, como “Manhattan Transfer” o la trilogía “U.S.A.”. Es asimismo el Dos Passos empático, compasivo, que capta el desgarro de las gentes más humildes, pero sin sentimentalismo, con la sobriedad del que mira y anota, con mirada de pintor, con anotación lírica.

Visión cervantina

Tal actitud solidaria hacia el prójimo, que se extendería a la España que sufrió la guerra, a la que acudió y en la que perdió a amigos muy queridos, se iba a reflejar en un libro que hace un tiempo se publicó entre nosotros, «Ante la silla eléctrica» (2011), la crónica de una muerte anunciada: la de los anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, ejecutados en la silla eléctrica en 1927 tras siete años de cárcel, los cuales habían sido detenidos y acusados de robo y asesinato. Quien más a fondo estudió el caso fue Dos Passos, célebre ya por su “Manhattan Transfer” (1925), dentro de un gran número de intelectuales que se posicionó frente a las irregularidades apreciadas en el juicio, como Albert Einstein, Bertrand Russell, Marie Curie, Thomas Mann, G. B. Shaw o H .G. En vano, Dos Passos pediría: “Salven a Sacco y Vanzetti”, en un caso que se introdujo en el imaginario colectivo de Estados Unidos para que no se olvidara que se cometió una injusticia por culpa de una mezcla de temor por el comunismo y xenofobia, llevando a la muerte a dos obreros por su ideología.

Eulalia Piñero Gil, profesora titular de Literatura y Estudios de Género de la Universidad Autónoma de Madrid, se encarga de traducir y prologar magnífica y extensamente estos poemas, haciendo un somero repaso a la vida de un Dos Passos que ya de joven fue activista en contra de la Primera Guerra Mundial e incluso pisó el frente de Verdún para ayudar a rescatar heridos. En todos estos versos tenemos a un Dos Passos andariego, cervantino, que mira a los ciegos y a los niños, a las mujeres enfrascadas en sus labores, al afilador y al que muele, a las vendedoras de flores o al lechero. Es el detalle contemplativo convertido en estrofa naturalista: “Una mujer con paraguas / mira hacia delante / y se recoge el vestido / para evitar el barro del pavimento”, dice en un poema marcado por “el lento golpeteo de la lluvia”, mientras que en la calle Atocha ve “una anciana arrugada y desdentada / [que] tirita de frío en la esquina de la calle tormentosa / muestra sus castañas asadas de forma sugerente / como hijas casaderas”.

De modo que, como explica la traductora, Dos Passos se dedica “a retratar verbalmente escenas pintorescas y sesudas apreciaciones” sobre Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Valencia, la amada tierra de su héroe Don Quijote. Él mismo era un individuo idealista que en España trabó amistad con personalidades antagónicas, caso del egocéntrico y egoísta Hemingway y su apreciado amigo José Robles Pazos, que se convertiría en su traductor al español y que desaparecía, asesinado, en 1936, provocándole el mayor de los sufrimientos.

Publicado en La Razón, 5-VII-2018

viernes, 13 de julio de 2018

Entrevista capotiana a María José Elices


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María José Elices.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Ya vivo en un lugar de donde no puedo salir nunca, la Tierra. Si alguien me dijera que puedo salir, primero me asustaría mucho y después me negaría. Aquí estoy feliz.
¿Prefiere los animales a la gente?
Claro que no, la gente me encanta, los buenos y los malos, escuchar historias ajenas es mi mejor pasatiempo.
¿Es usted cruel?
Todos somos crueles para alguien, intento serlo para lo menos posible pero somos tan distintos cada uno de nosotros que la crueldad, para mí, ni siquiera puede definirse.
¿Tiene muchos amigos?
Quiero creer que sí, al menos eso me dicen ellos. Me es muy fácil hacer amigos y muy difícil soltar amarras, con lo cual, los que llegan a mi vida, se quedan.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que sean ellos mismos, el secreto para tener muchos amigos está precisamente en que no busco en ellos ninguna cualidad que a mí me guste, los acepto como son y los respeto. Me permito echarles broncas o felicitarlos; mis amigos tienen las cualidades que quieren o ninguna.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Jamás. Como no espero nada, las decepciones no existen pero si tengo amigos que sueltan lastre y me dejan atrás, lastima... porque siguen siendo mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? 
Mi pregunta para usted sería «defíname sincera». Si por «sincera» se entiende decirle a una amiga «ese vestido te sienta fatal» pues sí. Si se entiende ser políticamente incorrecta, también. Sincera en decir siempre la verdad... todo el mundo miente.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Nadie tiene tiempo libre, tenemos «tiempo» y lo ocupamos en ¡tantas cosas diferentes! Me gusta ocupar mi tiempo leyendo, viendo cine, pero sobre todo escuchando historias de vidas ajenas.
¿Qué le da más miedo?
El coco.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Solo me escandaliza la pobreza.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Soy empresaria, política, voluntaria, escritora, viajera, compañera, amiga. Espero que en el futuro se me ocurran más cosas, el mundo avanza, yo cambio con los años.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No, soy alérgica.
¿Sabe cocinar?
Yo creo que sí, pero solo lo creo yo. Nadie consigue comer mis platos, y eso que los invito a comer muy tarde para que tengan hambre.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Alex Cross  de James Patterson.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Comida.
¿Y la más peligrosa?
Hambre.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
De momento no, mejor seguir así, porque soy de las cabezotas, si quiero algo lo suelo hacer.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy militante del PSC-PSOE desde el año 1989. ¡Usted mismo!
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Me gusta lo que soy ahora, si nos reencarnamos (lo dice una amiga) mejor volver a ser mujer y vivir en Barcelona.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Las tres ces. Coca-cola, Carne y Chocolate. Ya sé que usted no preguntaba por esto... pero yo no quería contestar.
¿Y sus virtudes?
Soy una buena contadora de historias.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Cuando uno se está ahogando, le puedo asegurar, no hay imágenes, solo hay pánico.
T. M.