domingo, 26 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Sol Aguirre

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Sol Aguirre.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
¿Prefiere los animales a la gente?
Depende de los animales. Y de qué gente.
¿Es usted cruel?
Lo justo y necesario, que es muy poco.
¿Tiene muchos amigos?
Sí, y de los de verdad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Básicamente una: que lo que vea sea lo que haya.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí. Creo. Sí sé seguro que no miento.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
En el cine, paseando o leyendo.
¿Qué le da más miedo?
El dolor. Sobre todo el emocional.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La manipulación.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
He trabajado en comunicación durante veinte años. Aunque eso también es crear... No creo que pudiera llevar una vida no creativa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Cuando puedo, yoga y tonificaciones varias.
¿Sabe cocinar?
Para sobrevivir.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Marilyn Monroe.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Hoy.
¿Y la más peligrosa?
Odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, aunque no me hubiera importado que alguien desapareciera sin mi participación.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Las mías.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Persona sosegada.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Morderme las uñas y las series de televisión. Un coñazo de tía soy.
¿Y sus virtudes?
La constancia y el sentido del humor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Las caras de mis hijos.

T. M.

sábado, 25 de marzo de 2017

Bibliografía selecta Derek Walcott


Omeros (Anagrama, 1994)
Extenso poema épico con guiños a la “Ilíada” pero que sucede en una isla antillana, y no en la Gracia antigua.

La voz del crepúsculo (Alianza, 2000).
Su primer libro de ensayos en que trata la diversidad cultural antillana y estudia la obra de poetas como Brodsky, Frost o Naipaul.

La Odisea (Visor, 2005)
Obra encargada por la británica Royal Shakespeare Company, que se representó por primera vez en 1992.

Pleno verano (Vaso Roto, 2012)
Selección de su obra poética de 1946 a 2004 donde se aprecia su gusto por la literatura griega, y autores como Heaney y Paz.

El burlador de Sevilla (Vaso Roto, 2014)
Adaptación de la obra de Tirso de Molina en la que Walcott fusiona el barroco español y el ritmo musical de Trinidad.

Publicado en La Razón, 18-III-2017


viernes, 24 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Andrés Ortiz Tafur


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Andrés Ortiz Tafur.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? 
La playa de San Román, O Vicedo, Lugo. Hay un terreno con dos casas antiguas: una mira al mar y la otra no; ocuparía la que dejara libre mi hermano Rafa, toda una incógnita. A ser posible, con las baldosas amarillas del piso en el que crecí y con el sombrero que mi padre usó para cubrirse la cabeza la última vez que estuvo allí. De hecho, llevando al extremo la originalidad de la pregunta, creo que podría vivir perfectamente en el interior de ese sombrero. 
¿Prefiere los animales a la gente?
Desde hace algún tiempo convivo con cuatro perros, en un lugar inhóspito, a cuarenta y cinco minutos de la civilización, y puedo asegurar que no acarrean tantas responsabilidades, que provocan menos dolores de cabeza y que apenas me contradicen. Pero si he de llevarme a un solo ser vivo a San Román, sería a mi compañera Eva.
¿Es usted cruel?
Sí. A qué negarlo… Una persona cruel (a ratos), que se arrepiente y reincide.
¿Tiene muchos amigos? 
Sí, a tenor del tiempo que les dedico, muchos más de los que merezco. Y tengo también momentos idealizados alrededor de ellos: no me gustaría morirme sin haberme tomado, el día anterior, una copa con mi amigo Pedro José Gascón, por ejemplo. Y, sobre todo, tengo el saco abierto: sigo haciendo amigos, encontrando a gente fantástica con la que tomar copas en esos días en los que uno no tiene previsto morirse.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? 
La autenticidad. La sinceridad. El abrigo. La seguridad. El cariño. 
¿Suelen decepcionarle sus amigos? 
No. 
¿Es usted una persona sincera? 
Cuando se puede y se debe.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Paseando con mis hermanos, bebiendo con mis amigos y viajando al norte con Eva. 
¿Qué le da más miedo? 
Un clásico: la salud de la gente a la que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El mundo que muestran a diario los medios de comunicación. Reconozco que paso verdaderos berrinches viendo los informativos.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? 
Seguiría creyendo que puedo convertirme en un buen músico y, en vista de que no, trataría de llevar una vida más ordenada.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No.
¿Sabe cocinar?
Sé cocinarme, y disfruto mucho haciéndolo. En la sierra que habito los inviernos son largos y duros, te obligan a pasar mucho tiempo dentro de casa, y cuando se acaban las ganas de leer o escribir, aparecen las de comer; de hecho, he engordado casi diez kilos, desde que vivo aquí, y no ha sido a base de platos precocinados. 
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? 
Se me han aparecido muchos al pensarlo, y reconozco que casi todos con parecido “corte”: gente muy intensa, muy pasional, muy de verdad; por decir uno solo: Enrique Urquijo. 
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? 
Mañana.
¿Y la más peligrosa? 
Ayer.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. 
¿Cuáles son sus tendencias políticas? 
Las que le prestan más abrigo a una justicia verdadera, natural, lógica.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? 
Ni idea. Tal vez, si me quito de la cabeza la imagen de las grandes tormentas: marinero.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El egoísmo y la pereza.
¿Y sus virtudes?
El apego a los míos y la pasión.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
No me creo capaz de dedicarle tiempo a los recuerdos, en tamaña situación. Pero si pudiera elegir: las baldosas amarillas del piso en el que crecí y las personas a las que he amado.
T. M.

jueves, 23 de marzo de 2017

Derek Walcott, la voz del mestizaje


Apunta Derek Walcott en uno de sus ensayos que «las biografías de poetas difícilmente son creíbles. No bien se publican se convierten en ficción, están sujetas a la misma simetría de trama, incidente y diálogo que la novela». Ahora que le he llegado su muerte tras una larga enfermedad, en su casa de la isla británica de Santa Lucía (en las Antillas Menores), en Castries, la ciudad en la que había nacido hace ochenta y siete años, es el momento de biografiarlo desde esos tres elementos. La “trama” de su vida cuenta que estudió Literatura en la Universidad de  las Indias Occidentales en Jamaica; que en 1953 se trasladó a Trinidad y Tobago para involucrarse en proyectos teatrales, y así, dirigiría hasta  1976 el Taller de Teatro de Trinidad; y que en 1981 empezó su andadura estadounidense como profesor en la Universidad de Harvard.

Sólo hablar de su origen ya sería un tema fecundo, pues el hecho de ser descendiente de africanos hizo que él mismo reflexionara en estos términos: «Habitantes de las colonias, partimos de esta debilidad palúdica». Es una frase esta que cifra la vivencia de todos los antillanos y de su mestizaje, de las islas colonizadas del Caribe por parte de los europeos, asoladas por la invasión y sus consecuencias: el deterioro humano y económico que arrastra un pueblo desde el tiempo remoto en que se inició su esclavitud. Es, por otra parte, la expresión que sin duda confirmaría otro «compatriota» nacido en la francesa Guadalupe y diplomático exiliado en Estados Unidos, otro premio Nobel como lo fue Walcott, pero en 1960, Saint-John Perse, que no en vano en unos versos reclamaba al poeta declinar su nombre, su nacimiento y su raza. Y, finalmente, se trataría de algo que también podría firmar el tercer antillano galardonado por la academia sueca, V. S. Naipaul, nacido en Trinidad, descendiente de indios y residente en Inglaterra, es decir, otro escritor nómada, sin raíces –excepto las africanas que defendió para sí Walcott– e incómodo en su entorno político, incapaz de identificarse con un lugar determinado.

Nobel por su poesía

Su creatividad mestiza (también reflejada en su obra plástica) hizo de él un escritor capaz de partir de la poesía homérica para hacer su propio poema, la obra por la que será recordado, "Omeros", del año 1990, en el que trasplantaba la riqueza del verso antiguo a la modernidad; de este modo, el libro comenzaba como la Ilíada, pero ambientada en una isla antillana en la que la mujer deseada, en vez de una princesa, es una criada negra a la que quieren conquistar diversos pescadores. Obras como esta hicieron afirmar a otro premio Nobel como Joseph Brodsky que no había ningún poeta contemporáneo de tanta riqueza verbal como Walcott. Éste recibiría numerosos reconocimientos, pero por supuesto el más importante es el que le concedieron desde la Academia Sueca en 1992. Ese es su “incidente” más importante, el que populariza su voz, su estilo que muchos han relacionado con el realismo mágico, y hace llegar a un público mucho más numeroso sus otros libros poéticos, como “Another Life” (1973), “The Star-Apple Kingdom” (1979) o “El testamento de Arkansas” (1987).

Para un lector no familiarizado con la poesía de Walcott, cabría hacer mención del libro “Garcetas blancas”, que la editorial Bartleby publicó en el año 2010, pues en él se encuentran, según su traductor, Luis Ingelmo,las obsesiones que han perseguido a Derek Walcott desde su juventud: la influencia que la pintura tiene en la lírica, las constantes referencias a la naturaleza, al pasado colonial de su tierra, Santa Lucía, y a la situación insular de esta, así como el multilingüismo antillano”, y también, “el nomadismo del poeta por varias latitudes americanas y europeas y su preocupación por la progresiva conversión del ya perdido paraíso caribeño en un parque temático o en centros vacacionales”. Preocupaciones que si bien se asoman en sus versos, quedan más explícitas en los otros géneros que practicó con éxito, el teatro y el ensayo.

Dramaturgo y ensayista

El “diálogo” no puede ser otro que el que remita a sus más de veinte obras teatrales, pero también al diálogo que mantiene con otros autores en los que se interesó, como Robert Lowell, Robert Frost, Ted Hughes o Ernest Hemingway. Él mismo había reflexionado mucho sobre la actividad interpretativa, como en un ensayo perteneciente a «La voz del crepúsculo»: «No hay más historia que la historia de la emoción», advirtiendo acerca de la necesidad de que se fundan los orígenes propios de la literatura con los de la interpretación: «El actor debe romper su cuerpo y alimentarlo con la actitud meditabunda del narrador ancestral que alimentaba el fuego con ramas». En el citado libro, Walcott nos acerca a la cultura del Caribe, a sus peculiaridades, a sus paradojas; para él el Caribe es blanco y negro a la vez, tierra de conquistadores y esclavos, lo viejo y lo nuevo en un mismo espacio, una parte del cual queda ahora vacío tras su desaparición.


Publicado en La Razón, 18-III-2017

miércoles, 22 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Alfredo Rodríguez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alfredo Rodríguez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Sin duda un lugar en el Mediterráneo. Ibiza, por ejemplo. Sí, viviría siempre en una buena casa del Dalt Vila con vistas al puerto.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. No soy mucho de animales.
¿Es usted cruel?
Pues creo que no.
¿Tiene muchos amigos?
No. Pocos. Y con los años cada vez menos. Mi padre solía decirme: ‘Amistad con todo el mundo, confianza con nadie’.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Fundamentalmente que respeten a quien piensa de forma diferente.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Alguna vez. Pero no recuerdo nada especialmente grave.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, eso sí. No sé mentir. Se me nota enseguida.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Oscuridad, música de adagios venecianos de fondo, un flexo y un libro que me emocione.
¿Qué le da más miedo?
El dolor, la enfermedad.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La ignorancia que se regodea en sí misma y se mofa de la Cultura.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Seguramente un triste abogado.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Trekking y chi-kung, si es que esto último puede considerarse ejercicio físico.
¿Sabe cocinar?
No, nada de nada. Hago la compra, pongo la mesa y la recojo, friego baños, hago camas, pongo lavadoras, tiendo y recojo. Pero nada de planchar ni de cocinar.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Sin duda, al poeta José María Álvarez.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Vacuna contra el cáncer.
¿Y la más peligrosa?
Ignorancia unida a Poder.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Matar no, hombre, pero dar un par de collejas sí, muchas veces.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Buff… eso no se lo cuento ni a mi mujer.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Sin duda, un cantante de rock (de rock del bueno).
¿Cuáles son sus vicios principales?
La cerveza. De todas las marcas, aunque últimamente me ha dado por las alemanas.
¿Y sus virtudes?
Pues no sé, nunca lo había pensado. ¿La constancia?, ¿el orden?, ¿eso son virtudes?
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
La cara de mi hijo.

T. M.

lunes, 20 de marzo de 2017

Publicación de "La soledad del tirador", en El Desvelo Ediciones. Hoy ya en librerías

Hoy ve la luz mi novela La soledad del tirador (El Desvelo Ediciones), en una edición espléndida, en su formato y diseño, con una portada maravillosamente creativa e ingeniosa. Ese balón que se ha mondado cual naranja es en realidad la forma en que se desgarra la historia que hay detrás. Es el desgarro con el que escribí ese texto entre los años 2000 y 2002, el desgarro que aún he sentido al releer y preparar el texto sobre mi infancia y adolescencia proyectadas en un personaje que, como yo, jugaba al baloncesto en cierto barrio barcelonés y alguna vez sintió lo que expresa el título en mitad de un partido, mientras en el partido de la vida eso sucedía demasiadas veces.

Nota de prensa:

La soledad del tirador es la nueva obra del novelista, ensayista y crítico Toni Montesinos, que se pondrá a la venta el 20 de marzo en toda España. Ambientada en la Barcelona de los años ochenta, un joven rememora su dura vida en aquellos tiempos, en un barrio periférico, de clase social baja, con la familia escindida y en medio de una sociedad en plena transición política, económica y cultural. Su pasión, el baloncesto, es el telón de fondo de una historia que abarca el instituto, donde no le es posible adaptarse, el hogar desolado y el club deportivo lleno de retos y limitaciones. La soledad del tirador habla de la rabia de nacer en el peor lugar en el peor momento; habla de la injusticia de que nadie nos conceda una oportunidad; habla de la crueldad de quien se regocija en situarse por encima de uno por el simple hecho de pisotear sueños ajenos.

Como ha escrito el crítico de La Razón Jesús Ferrer, «Toni Montesinos nos acerca con esta novela a las expectativas, frustradas e ilusionantes a la vez, de un joven en un suburbial barrio barcelonés de los años ochenta. Con un deprimido entorno social, una desestructurada familia y unas pésimas perspectivas profesionales, nuestro protagonista encuentra en el baloncesto y su habilidad como encestador –el tirador del título– la vía de escape a su opresiva realidad exterior. El libro es el relato introspectivo de una accidentada educación sentimental poblada de inalcanzables muchachas, violentos retos entre compañeros, anheladas y confortables formas de vida deportiva estadounidense, o la deseada vocación cultural emancipadora. Desde la mirada de un presente adulto, el narrador, implicado y distante a la vez, experimenta una soledad íntima y también generacional, dura y aislada en inhóspitas periferias urbanas.»

Para más información y/o solicitud de entrevistas: El Desvelo Ediciones
www.eldesvelo.com | info@eldesvelo.com | +34 667 666 836

domingo, 19 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a María Oruña

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Oruña.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Si es una cárcel, no puede ser un paraíso, pero en general me vale cualquier sitio que tenga verde y mar.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Con ambas especies me llevo bien.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
No.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Mis expectativas en relación a las personas son limitadas.
¿Es usted una persona sincera? 
En general, sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Viajando, explorando, leyendo, estando con mi familia y mis amigos.
¿Qué le da más miedo?
Los radicalismos, especialmente los religiosos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Hay muchas cosas que me horrorizan, pero que me escandalicen creo que pocas o ninguna.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No sé; he sido abogada, profesora, camarera…en otra vida me veo como guía turística de castillos o algo vinculado a la Historia.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Muy poco, pero estoy en ello: ¡he instalado un gimnasio en el garaje!
¿Sabe cocinar?
Sí. Aunque advierto que mi familia puede contradecir esta afirmación.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
No me resultaría fácil escoger. Me hubiese gustado escribir la biografía novelada sobre Inés Suárez tan bien como lo hizo Isabel Allende con su «Inés del alma mía».
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Niño.
¿Y la más peligrosa?
Vaya preguntitas… ¿aniquilación?
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Todavía no. Quizás cuando termine este cuestionario.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Izquierdas. Aunque ahora ya casi me parece todo lo mismo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Rica.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Por la pregunta se sobreentiende que tengo muchos... Entre los confesables se encuentran gastar irreverentemente en libros y en viajes.
¿Y sus virtudes?
Con mis actos intento no perjudicar nunca a nadie. Por lo demás, no me considero especialmente virtuosa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Un chaleco salvavidas, la tabla de Rose en Titanic, el pescador de Hemingway de «El viejo y el mar» y cualquier maniobra que me permitiese un rayo de esperanza.

T. M.

sábado, 18 de marzo de 2017

Una pista sobre lo que vendrá...

El autor, oscuro de espaldas al Oracle Arena, 
Oakland, California, estas navidades

Dentro de dos días se hará manifiesto un deseo muy profundo ya convertido en realidad, una publicación que tiene que ver en cierta forma con esta foto. Una imagen que no obstante está en los antípodas de una historia que, como verá el lector, tiene a un protagonista que ni en sueños podía haber pensado que algo así se convirtiera en algo posible alguna vez en su vida.

viernes, 17 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Javier Sáez de Ibarra

En 1972, Truman Capote (1924-1984) publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama 1999), y en él el escritor estadounidense se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Javier Sáez de Ibarra.

Si tuviera que vivir en un lugar sin salir nunca de él, ¿cuál elegiría?
Algún lugar cálido con mar y montaña. Almería, por ejemplo.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Me desagradan los animales domésticos. Y detesto a los que prefieren los animales a las personas.
¿Es usted cruel?
Nunca.
¿Tiene muchos amigos?
No sabría decir si son muchos. Aunque no puedo verlos tanto como quisiera, y a veces ni llamarlos. Pero me siento querido y acompañado por muchas personas por las que siento gran cariño. 
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Verdaderamente no las “busco”; pero sintonizo enseguida con personas sencillas, inteligentes y a las que les gusta conversar.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Acaso, si alguna vez no he tenido lo que esperaba, he sabido aceptarlo, esperar o seguir adelante. 
¿Es usted una persona sincera?
Por lo general, no hablo mucho de mí mismo; suelo escuchar. Cuando cumplí cincuenta años me hice, medio en serio, el propósito de “no mentir”.  Luego, el miedo a herir me cohíbe algunas veces, aunque busco las fórmulas. Sin embargo, creo que la experiencia de comunicarse profunda y sinceramente con un amigo es de las cosas más emocionantes que pueden vivirse.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribir, estudiar, encontrarme con amigos, leer, ver cine.
¿Qué le da más miedo?
Desde luego, el sufrimiento de las personas que más quiero. En cuanto a mí, la infelicidad y el extravío.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
No siento algo así. Más bien, indignación y pena por la injusticia y el sufrimiento de los pobres; repulsa por los ricos, los poderosos y sus marionetas: los políticos y los periodistas; aburrimiento por la mediocridad intelectual y, en particular, por el gregarismo, el inmovilismo y la cortedad de los profesionales de la enseñanza. 
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? 
Yo soy creativo, es mi identidad y ni siquiera lo he elegido; si no lo fuera, no sería yo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Fui un excelente corredor de fondo en mi juventud. Y adoraba el fútbol. Ahora las rodillas ya no me dejan correr (aparte de que tengo poco tiempo para echarme unas caminatas). En un momento dado, comprendí que el deporte ya no formaría parte de mi vida.   
¿Sabe cocinar?
No. Pero hago la comida.
Si el Reader´s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre un “personaje inolvidable”, ¿a quién elegiría?
Dejando de lado que esa revista me censuraría, yo escribiría sobre Charles Chaplin. En mi opinión, es el creador más importante del siglo XX; el humor, la inteligencia, la denuncia, la emoción, la compasión que irradian sus películas sirvieron de revulsivo en su tiempo –de ahí las prohibiciones que sufrieron– y siguen siendo deslumbrantes para nosotros.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más cargada de esperanza?
“Dios”. En la medida en que, por más que su nombre es continuamente profanado, aun por los que creen en él, es siempre el inalcanzable, el indisponible, el que continúa esperando.
¿Y la más peligrosa?
“Dinero”. Otro dios, por el que son sacrificados miles de seres humanos cada día.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. La repugnancia que he sentido por los grandes políticos y personalidades económicas e intelectuales orgánicos de mi país, por ejemplo, se mitigaba al ver que otros venían a sustituirlos.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Estoy a favor de que cada trabajador, sea de la cualificación que sea, pueda mantener con su sueldo a una familia de cuatro personas. Estoy a favor de la movilidad sin restricciones de cualquier ser humano por la faz de la tierra. Estoy a favor de que el Estado-la Sociedad garantice la vida, la salud, la vivienda, la educación, el medio ambiente, la cultura y, en su caso, el trabajo de cualquier persona. Para mí son opciones éticas irrenunciables. También sé que este programa es posible realizarlo hoy mismo puesto que hay en el mundo ya riqueza suficiente. Mis opciones políticas, en consecuencia, se definen así: estoy a favor de las fuerzas que realmente buscan esto y en contra de las que quieren evitarlo, perpetuando la desigualdad y el sufrimiento en su propio beneficio.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Estoy contento de escribir. Pero me hubiera fascinado ser músico: compositor e intérprete. La felicidad de tocar en una pequeña banda de jazz o en un cuarteto, con unos amigos, debe de ser una experiencia maravillosa.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Perder el tiempo siguiendo el fútbol. El desorden. El descuido. La impaciencia. Mi estupidez.
¿Y sus virtudes?
La inventiva. El humor. La constancia. El deseo de prestar ayuda.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi ingenuidad, el atletismo, la comuna cristiana en que anduve de joven, sufrimientos amorosos, la cara de mi mujer, mi hija, los libros publicados, mis padres, el temor de no haber respondido bien a mi vida, algunos amigos, otra vez mi mujer y mi hija, el amor.
T. M. 

jueves, 16 de marzo de 2017

La oficina del mar


Setenta poemas es toda su obra, y ni siquiera tomaron forma de libro publicado en vida, pero con ellos Domingo Rivero (Arucas, Gran Canaria, 1852-Las Palmas de Gran Canaria, 1929) alcanzó la maestría literaria, sobre todo con uno de los sonetos más perfectos de la literatura moderna española, “Yo a mi cuerpo”. Con este título precisamente se publicó en 2006 su “mínimo e inmenso puñado de versos memorables, como dijo en su día José Luis García Martín, en la editorial Acantilado, con la presentación de uno de sus admiradores, Francisco Brines, que dejó dicho: «Estamos ante un poeta de tanta honestidad como modestia, y todo sabe en él a veraz. Se despierta en el lector entonces un natural y cálido acercamiento. Y eso es lo que todo poeta auténtico desearía que le pudiera suceder».

La autenticidad sincera de Rivero se perfila diáfana gracias a este pequeño estudio de Antonio Puente, «De una poética de la escisión. Domingo Rivero, en la “oficina del mar”», en el que el poeta y ensayista canario estudia la relevancia de la poesía de este hombre de tan singular andadura literaria, pues hasta los cuarenta y siete años no empezó a escribir versos, y éstos aparecieron en revistas sin ni siquiera su consentimiento expreso. Por eso Puente lo llama un Rimbaud al revés y lo califica de “poeta enigmático; poeta sin biografía; poeta de la escisión; poeta de la sombra; poeta de la humildad”. Nacido en el seno de una familia burguesa, estudiante en Londres de 1870 a 1873, y el resto de la década en Sevilla y Madrid, Rivero llegó a conocer a Unamuno, que visitó las islas en 1910 y alabó el citado soneto.

Más adelante, autores insignes de diversas generaciones, desde Dámaso Alonso hasta Eugenio Padorno, que compiló su obra en los años noventa, mantuvieron a Rivero como un poeta de culto del que apenas se asoma un pedazo de autobiografía en estos versos: "Mi oficina da al mar. Desde la silla / donde hace treinta años que trabajo / las olas siento en la cercana orilla / de las ventanas resonar debajo".

Publicado en La Razón, 16-III-2017

miércoles, 15 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Cecilia Quílez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Cecilia Quílez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Existe un lugar que corregí legítimamente y en defensa propia dentro de mi  memoria en el periodo donde muchas personas han vivido sus momentos más felices. Me refiero a la infancia. Tanto es así,  que aún no he podido saber dónde está, estoy en ello. Prometo darle las coordenadas cuando lo encuentre.
¿Prefiere los animales a la gente?
Los animales, sin duda alguna. Hay un motivo sencillo que lo explica y es porque son los que de verdad nos dan lecciones de vida. Jamás nos dejarían solos en esas enseñanzas y ni mucho menos pasarnos una minuta.
¿Es usted cruel?
No, no tengo esa alteración genética que es exclusiva de los humanos. Tengo otros defectos que ya los he ido confesando en otras entrevistas y en algunos escritos.
¿Tiene muchos amigos?
Sí, no tantos animales como una quisiera y algún que otro humano que puedo sumar fácilmente.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Sabiduría emocional, lealtad, paciencia, sentido del humor y sobre todo de la justicia sin espavientos, es decir, con la cabeza bien armada y lo suficientemente fría como para que no dude la razón.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Cuando eluden sus propias imperfecciones o actos donde un poco de humildad podría hacerlos mejor, exactamente lo mismo que me podría pasar a mí con ellos. O si mercadean con nuestra buena disposición y/o posición en determinados asuntos para alcanzar sus propios objetivos. En realidad es más decepcionante comprobar que la codicia no conoce límites.  Los desleales al menos no los tienen y lo que es peor, la mayoría hasta lo ignoran. Mis perros, por el contrario, nunca me han fallado.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, no me cuesta nada de esfuerzo el que se me note. Por eso cuido que mis opiniones sean lo suficientemente claras y que no ofendan a nadie, a no ser por un hecho probado inaceptable que entiendo debe denunciarse a riesgo de mayores perjuicios para otros. Algunos confunden la franqueza con el descaro, pero me da pereza no darles la razón. Claro que si no la tengo, serán esos amigos que mencionaba antes los que me hagan ver que estoy equivocada. 
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Encontrándome con la libertad de hacer cualquier cosa que me distraiga. La expresión “tiempo libre” me parece un pozo demasiado profundo, casi una advertencia para recordarnos que somos esclavos por no poseerlo, precisamente. Hace un año un amigo me dio unos pimientos de su jardín y se me ocurrió plantar las semillas en un tiesto que tenía vacío (tengo muchos, las plantas nunca consideraron mis cuidados con la misma generosidad que se la devuelve a otros). El caso es que esta primavera ya han salido seis, pero llevo todo este tiempo arrancando hojitas y pulgones y pasando las horas contemplando este prodigio que para mí lo es más por esto que le digo de mi inutilidad con la hermana naturaleza. Sin embargo los tomates no han logrado superar el invierno. También tengo un madroño y una camelia que, de momento, no me están dando ese disgusto.
¿Qué le da más miedo?
Perderme momentos importantes de la gente que aprecio. Hablar del miedo. Despertar y no recordar nada. A veces despertar y recordar demasiado.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Que haya líderes con un nivel alto de disturbio cerebral dirigiendo el mundo. La maldad en cualquiera de sus acepciones, su legislación consentida en los derechos fundamentales, tanto los humano como los de los animales y la naturaleza. El uso del  poder en ese mundo donde hemos tenido la misma posibilidad de nacer y que es, por otra parte, el más alto privilegio para cualquiera. La corrupción, el sabotaje y la excelencia a la mediocridad en todos los terrenos públicos y privados, incluso en el literario. Este último no debería escandalizarme, pero siento un bochorno espantoso que creo conveniente mencionar porque los lectores son ajenos a estas desagradables cuestiones, pero sí manipulables, que es al fin y al cabo el inicio de una oscura maraña de intereses bien orquestados.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No sé, no se me ocurre otra. Tendría que nacer de nuevo y en otro contexto pero admiro profundamente a otros con habilidades humanas o artísticas excepcionales y me siento muy agradecida por ello, por ser parte observadora en el mismo tiempo real. 
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Voy a un gimnasio regularmente. Me viene bien para que no se me atrofien el cuerpo y la mente.
¿Sabe cocinar?
Sí, además disfruto haciéndolo. Pero también me gusta que cocinen para mí o salir fuera de casa a un restaurante (con que tengan buena materia prima me basta, da igual que sea un cinco tenedores que uno con una cuchara de palo).
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Marie Curie, Leonardo da Vinci o mi abuela misma, por ejemplo. Aún estoy descubriendo cosas de ellos. De los primeros ya se ha escrito (nunca lo suficiente, sobre todo en el caso de personajes femeninos relegados históricamente al segundo plano), así que honestamente, no creo que al Reader's Digest le interesara otro reportaje más.  Podría escribir algún día sobre mi abuela materna. Si me lo piden ellos, mejor. Si no, también.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Infancia, ahí cabrían todos los futuros cimentados desde la igualdad y la pureza.
¿Y la más peligrosa?
Esa tiene muchas esquinas, aunque no quepan tantos dueños en el olvido o el odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Nunca, pero sí me he preguntado porque no podríamos cambiar un solo día de algunas personas y ponerlas en el lugar de las que sufren sin que sepan que podrán volver a su vida (y que ojalá en esa reflexión debería ser ya la misma). Debo aclarar, no obstante, que siempre he pensado que ni la justicia tiene el derecho de aplicar la pena de muerte de la misma forma que no debería errar en sus propias leyes. Y está claro que las leyes no son absolutas y que requieren un cambio en sí mismas por y para el pueblo de este siglo. Tampoco llego alcanzar que en esta época que pretende sensatez entre el desarrollo y la razón, no se legisle de una vez la eutanasia como forma de ahorrar un vía crucis innecesario. 
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me sorprende que Truman Capote necesitara contestarse a esta pregunta. En estas cuestiones  nos empuja la coherencia hacia donde no cabe ninguna duda por cómo pensamos y actuamos consecuentemente dentro de nuestras posibilidades de ser mejor. Yo creo en el progreso, la justicia y la igualdad. Esta es mi propia política y revolución que desearía fueran en consonancia con esas leyes de las que hablo. La bondad debería ser una opción de ineludible exigencia por los ciudadanos que decidimos quienes nos gobiernan.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
La misma pero con un nivel adquisitivo lo suficientemente holgado para no quejarme tanto de otras obligaciones que me restan  dedicación exclusiva a lo que me gusta hacer pero por las cuales me pagan para seguir haciéndolas.  Ya ve que insisto igualmente cuando me pregunta qué hubiera querido ser en vez de dedicarme a la creación literaria. Me ha tocado esta vida y ya empiezo a estar un poco cansada de renegarme a mí misma, así que procuro ahora disfrutar de lo que me acarrea esta condición. Tengo que aceptar que es un privilegio, a pesar de los pocos beneficios que puede aportar a la mayoría de los que estamos en esta circo de vanidades.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Hablar demasiado.
¿Y sus virtudes?
Hablar demasiado claro.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Pero es que no me estoy ahogando. Imagine que se lo pregunta a un pez, a lo mejor pensaríamos lo mismo: respirar.

T. M.