miércoles, 8 de agosto de 2018

Vacaciones blogueras

Este blog se toma unas vacaciones de sus actividades literarias. A final de mes volveré con las habituales reseñas del diario La Razón (en el que sigo publicando sobre libros este agosto por otra parte) y otros medios, una entrevista capotiana cada dos días, novedades noticiosas con respecto a mi último libro, La ocasión fugaz. Ensayos sobre poesía española e hispanoamericana, y una nueva novela que estará en librerías a mediados de septiembre.

martes, 7 de agosto de 2018

Entrevista capotiana a Marta Banús

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Banús.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un lugar al que, en circunstancias normales no iría nunca: Un crucero.
¿Prefiere los animales a la gente?
Depende del animal y de la persona.
¿Es usted cruel?
Rara vez. Pero la capacidad existe…
¿Tiene muchos amigos?
Conocidos muchos. Amigos pocos. Y gran parte lejos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Sensibilidad, complicidad, sentido del humor , capacidad de relativizar…
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Pocas veces, pero es definitivo.
¿Es usted una persona sincera? 
Sin agresividad.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Aprendiendo.
¿Qué le da más miedo?
La falta de los que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Las grandes mentiras. Las grandes manipulaciones.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Lo que he hecho. No empecé a escribir hasta pasados los cincuenta.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Andar.
¿Sabe cocinar?
Sí. Desde siempre.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Ahora mismo no lo sé. La última vez que descubrí uno, hice una novela.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Siempre.
¿Y la más peligrosa?
No hay cojones.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
La busca de la justicia.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
No me lo he planteado.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La ansiedad.
¿Y sus virtudes?
Lealtad, perseverancia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Cómo intentar evitarlo.
T. M.

lunes, 6 de agosto de 2018

Kafka en la Barcelona grafitera

Hace un año, en la zona de la Bonanova de Barcelona, fotografié la palabra "Kafka" en un garaje, y usé la imagen para anunciar un artículo que acababa de publicar en la revista Clarín sobre el autor checo. Al poco, en septiembre, iba a ver la luz mi libro Escribir. Leer. Vivir: Goethe, Tolstói, Mann, Zweig y Kafka. Ahora, caminando por la avenida Diagonal, a la altura del cine Boliche, me encuentro con otro "Kafka" en una pared. ¿Será el mismo grafitero el responsable, qué le impulsará a hacerlo? Solo es una palabra, pero qué fuerza tiene. 

domingo, 5 de agosto de 2018

Entrevista capotiana a Alejandro Gándara


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alejandro Gándara.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un submarino. La gente está acostumbrada a los encierros.
¿Prefiere los animales a la gente?
Me caen mal a partes iguales.
¿Es usted cruel?
Me temo que sí. Pero en este aspecto es inútil intentar mejorar.
¿Tiene muchos amigos?
Depende de lo que se entienda por muchos. A veces tres son multitud, como es sabido.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Disponibilidad y lealtad. También capacidad de préstamo bancario.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
La decepción es un sentimiento que cada cual lleva consigo y que lo aplica allí donde suele convenirle más. Se parece un poco a la varicela, que es una recidiva que aparece en cualquier parte y se manifiesta de modos distintos.
¿Es usted una persona sincera? 
No merece la pena llegar a tanto.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
En la montaña, echando de menos la ciudad. Y viceversa.
¿Qué le da más miedo?
Vivimos en la cultura de miedo. Todo me da miedo o al menos tengo la sensación de que todo pretende darlo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Nada me escandaliza. Lo que siento por lo general es vergüenza y lástima. Dentro de todo, sin duda, lamento esa hipocresía de corte católico que se ha colado en nuestra vida pública y que no afecta solo a los católicos.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
A su manera, todas las vidas crean. Es difícil imaginarse una vida en la que no se genera ni proyecta. En mi caso, desde luego, no la imagino.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Corro.
¿Sabe cocinar?
Sí, pero no soy un cocinillas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Jim Ryun, el mejor corredor de 1.500 metros que ha existido y que nunca ganó nada (se le torció el destino).
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Fe.
¿Y la más peligrosa?
Esperanza.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. Pero sí he querido robarle.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Anarquista, sub especie aeternitatis.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Nada que fuera una cosa.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Diría que llegar a casa tarde, levantarme temprano y no ver Televisión Española.
¿Y sus virtudes?
No tengo grandes virtudes. Ni pequeñas. No soy muy reseñable en ese aspecto. Ni siquiera aspiro a tenerlas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Creo que si estuviera a punto de morir, aprovecharía para contemplar el paisaje.
T. M.

sábado, 4 de agosto de 2018

Así se escribe el progreso


El R. W. Emerson del ensayo «La historia», aquel que decía: «El estudioso ha de leer la historia activamente, no pasivamente: debe entender que el texto equivale a su vida, de la cual los libros son el comentario» parece encarnarse en el italiano Nicola Chiaromonte (1905-1972). A partir de concienzudas lecturas de diversas cumbres literarias del siglo XIX y comienzos del XX, este filósofo y crítico literario que, tras participar en la lucha antifascista, se exilió en París, escribiría, cuestionando el concepto de “progreso”, el que acabaría siendo su libro más destacado, “La paradoja de la historia” (traducción de Eduardo Gil Bera), que se publicó en Londres en 1970.

Chiaromonte apela al socialismo en el primer párrafo de su ensayo, pues ciertas reflexiones en torno a cómo la Primera Guerra Mundial arruinó lo que él llama “el esfuerzo más vigoroso e intelectualmente fértil por promover la causa de la justicia y la libertad en Europa” le empujaron a preguntarse cómo podía una idea ser derrotada por un acontecimiento. (El propio autor abandonó su participación en la Guerra Civil Española por discrepancias con los comunistas, y ya instalado en Nueva York después de que Hitler invadiera Francia, se dedicó a escribir sobre el socialismo libertario.) Desde esta premisa tan interesante y compleja fue reflexionando con respecto a la fe en la Historia con mayúscula, asunto clave en el Tolstói de “Guerra y paz”; algo que extendió a “El rojo y el negro”, de Stendhal –ambas obras con el trasfondo napoleónico preponderante; añadirá también a Victor Hugo–, a “El doctor Zhivago”, de Borís Pasternak –“los bolcheviques accedieron al poder precisamente rechazando el socialismo democrático”, afirma– o a las novelas de André Malraux.

Exploró así el autor con ideas siempre estimulantes la relación entre la historia y el hombre mediante obras narrativas, que son paradójicamente las que a veces pueden mostrar con mayor objetividad la naturaleza real de los acontecimientos. No en balde, el propósito de la gran ficción decimonónica “era ofrecer la historia verdadera, más que la oficial, del individuo y la sociedad”. A este respecto, cabe remarcar que Chiaromonte también se ocupa de analizar una obra ahora muy olvidada, de Roger Martin du Gard, “Los Thibault”, que a sus ojos “es la última gran novela clásica del siglo XIX”, pese a que abarque hasta el año 1918. Una novela que inevitablemente bebe de Tolstói, que protagoniza las mejores páginas de este libro en torno a la idea, que bien podría haber recogido de su admirado Emerson, de que todo hombre puede vivir la historia al completo en su persona.

Publicado en La Razón, 2-VIII-2018

viernes, 3 de agosto de 2018

Entrevista capotiana a Alberto Monterroso


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alberto Monterroso.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Elegiría el lugar donde suelo escribir en verano. Es un pequeño pueblecito de playa, tranquilo, con un paraje natural a medio kilómetro. Allí estoy tranquilo, puedo leer y escribir. El clima es sano y la alergia no me ataca en primavera. Me acompaña el amor de mi vida. No se puede pedir más.
¿Prefiere los animales a la gente?
Lo siento. Siempre la gente antes que los animales. Todavía hay clases.
¿Es usted cruel?
No. La crueldad es un vicio terrible que detesto, especialmente en mí. Así que lo desecho por completo. Es una tentación que no he sentido nunca y espero no sentir, a pesar de que la experiencia me serviría muchísimo para una novela histórica sobre Tiberio o Calígula, por ejemplo. 
¿Tiene muchos amigos?
No. Tengo pocos pero muy buenos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Sinceridad, honestidad, generosidad, cariño e inteligencia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. No suelen decepcionar porque los veo humanos y bien intencionados. Disculpo sus defectos si los tienen o sus errores si los cometen. Todos somos humanos y ya sabes, nada de lo humano me es ajeno.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí. Soy diplomático, simpático y enigmático cuando es necesario pero pretendo ser sincero en todo momento, lo que sin duda te acarrea de vez en cuando problemas cuando los demás no aprecian esta virtud.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leer, escribir, dialogar, pasear, vivir, disfrutar. Y todo se puede hacer a la vez, o casi.
¿Qué le da más miedo?
La ignorancia, la estupidez, la maldad, el egoísmo. Sócrates diría que todo es lo mismo: la ignorancia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me sigo sorprendiendo a mis años de muchas cosas pero escandalizar, creo que no me escandaliza nada o casi nada.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Sería lo que también soy, Profesor. Y si pudiera elegir y llegara sobradamente a fin de mes, me dedicaría exclusivamente a viajar, leer y aprender.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No. Ninguno. Y reconozco que es un error que espero no cometan tus lectores pero hemos dicho que íbamos a ser sinceros.
¿Sabe cocinar?
Sí. Desde mi adolescencia ya cocino. A veces mis platos tienen más éxito y otras veces creo que se trata de cocina de supervivencia.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Tengo muchos. Te diré tres en este orden: Marco Aurelio, Séneca y Ovidio.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Nunca. Y espero no sentir nunca ese deseo. Creo que la vida humana es lo más sagrado, prefiero esa frase de Séneca, homo res sacra homini, el hombre es cosa sagrada para el hombre. Me gusta más que la del lobo de Hobbes.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
La política es noble si va unida a la ética. Me gustan los valores de la honestidad, la generosidad, la justicia social, el feminismo, entendido como igualdad entre hombres y mujeres, los valores humanos, la solidaridad. Creo en el estado del bienestar, en la salud y educación públicas, en la igualdad de oportunidades. Seguramente y sin saberlo pertenezco al partido en que militaron Séneca y Marco Aurelio, el que va en contra del autoritarismo, de cualquier extremismo, el de la sensatez y la libertad, el de la búsqueda del bien común.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Lo que soy. Como humano acepto lo que soy. Solo podemos pedir salud y los medios para vivir con holgura. A partir de ahí la cultura añadirá felicidad. Ese es un viaje que cada cual tenemos que hacer, un camino que corresponde recorrer a cada uno.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Soy muy individualista pero no tengo vicios confesables e inconfesables excepto el chocolate (cacao).
¿Y sus virtudes?
Soy paciente. Intento ver en cada persona lo que hay de bueno en ella. Con esas dos ya me basta, si algún amigo quiere añadir algo será de su exclusiva responsabilidad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Ni me lo imagino. Me acordaría de todos los recuerdos de la infancia que he olvidado y me gustaría tener. Vería a todos mis seres queridos, a los que se fueron y a los que aún están. Me gustaría ver a mucha gente sonreír y ofrecerme su mano para seguir la juerga en otra dimensión. ¿He imaginado mucho?
T. M.

jueves, 2 de agosto de 2018

Pedanterías de sabio

Hojeando y leyendo los pasajes que más me llaman la atención de La luz de la noche. Los grandes mitos en la Historia del mundo (en mi vieja edición de Seix Barral, 1997, no en esta reciente de Acantilado), me encuentro con un libro sobredimensionado por el prestigio del autor. 

El gran sabio Pietro Citati, del que me he ocupado en la prensa por sus magníficas biografías de Kafka y Leopardi, y también por la de Katherine Mansfield, aunque este libro es bastante menos interesante que los anteriores (no reseñé sin embargo uno muy próximo, el breve La muerte de la mariposa. Zelda y Francis Scott Fitzgerald, 2017), surge dotado de conocimientos excelsos tanto como disperso y tedioso en muchas ocasiones.

A veces, prueba un estilo de egocentrismo intelectual en el que se pone enfrente como protagonista de opiniones y sensaciones. En especial, corro a leer el apartado dedicado a Montaigne, del que es casi imposible escribir sin ser iluminador, pero me encuentro con una de esas gilipolleces pedantes difíciles de digerir, cuando afirma que un amigo suyo solía leer los Ensayos en el campo en verano, en plan locus amoenus

Bien. Citati entonces dice que tal amigo no tiene razón, que hay que leer a Montaigne en una biblioteca de los siglos XVI o XVII, y para redondear la ocurrencia, se pone místico hablando de cómo "las estanterías se elevan hacia el techo altísimo: alrededor, serpentean las galerías, suben, se insinúan", etc. En fin, cuánta tontería pretenciosa e intelectualista, qué poco demuestra saber de Montaigne en realidad.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Entrevista capotiana a María Castrejón


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Castrejón.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una casa circular llena de libros. Con chimenea y terreno para poder andar descalza y tener una huerta y gallinas. Cerca del mar. Con un clima templado y sin viento.
¿Prefiere los animales a la gente?
Adoro a los animales, convivo con ellos. Pero no puedo vivir sin la gente a la gente a la gente a la mente.
¿Es usted cruel?
Todo el mundo es cruel en algún momento.
¿Tiene muchos amigos?
Me siento  afortunada con lxs tengo. Me ha costado mucho encontrar a personas que hablen mi hablen mi idioma y tengan mi sensibilidad ante el mundo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que me comprendan y me acepten tal como soy. Que sean sensibles y leales.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si alguna vez me ha decepcionado alguien, lo que ha que demostrado es que no era mi amigx.
¿Es usted una persona sincera? 
En lo esencial, sí. Y conmigo misma lo intento. Pienso que esto es lo importante. No creo que haya que decir verdades que nadie te ha pedido.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, viendo películas y hablando.
¿Qué le da más miedo?
Este mundo enfermo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La insensibilización ante el horror, ante la injusticia, ante el dolor.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser granjera y hortelana.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Aullar.
¿Sabe cocinar?
No.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Frida Kahlo. Por su afán de superación.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
DEFENDE-ME, en portugués.
¿Y la más peligrosa?
Amor.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Yo creo que todo el mundo ha sentido esa pulsión.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
No me identifico con ninguna tendencia, la política está podrida.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Actriz. Poder ser otra de vez en cuando.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El chocolate, la poesía y la muerte.
¿Y sus virtudes?
La empatía y la lucha sin descanso.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi hijo creciendo.
T. M.

martes, 31 de julio de 2018

"La ocasión fugaz" de encontrarse en una librería con Cernuda y Juan Ramón


En una vieja librería de Barcelona tomé esta imagen de fotografías de Luis Cernuda y Juan Ramón Jiménez, dos de los poetas a los que le dedico sendos textos en La ocasión fugaz. Ensayos sobre poesía española e hispanoamericana, que ha editado maravillosamente Calambur. Hace unos veinte días, dediqué una entrada del blog a presentar esta novedad mía aportando el texto de contracubierta y el índice. El libro, además, fue reseñado enseguida desde las páginas de La Razón.

lunes, 30 de julio de 2018

Entrevista capotiana a Pilar Blanco Díaz


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pilar Blanco Díaz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Cualquier casa amplia con jardín, vistas a la montaña y a los prados, luz, libros, mesa de amable paz bien abastada y la compañía justa.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Queda bien decirlo, pero no. Solo que tampoco me gusta tener mucha gente alrededor, solo la imprescindible. Siempre me han abrumado las multitudes y suelo huir de festejos y apiñamientos humanos.
¿Es usted cruel?
Menos de lo que debería, pero soy humana, es decir, a veces empática y compasiva, a veces leona herida…
¿Tiene muchos amigos?
No quiero tener mucho de nada. Soy más solitaria que sociable, quiero, aprecio, me relaciono bien, pero pronto necesito regresar a mi refugio íntimo y cerrar la puerta.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No se trata de buscar, nos unen afinidades selectivas y, como en el amor, solo si la chispa surge se consolida el vínculo. Me gustan las personas honestas, leales, que no usen la amistad como moneda de cambio, que vean el mundo desde parecido margen. Si además son inteligentes, con sentido del humor, generosos… a esos no los suelto.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
A lo largo de la vida de una persona adulta es imposible que no se vayan cayendo relaciones por desinterés, por distancia, a causa de alguna decepción… No debería decepcionarme tanto porque pido poco a la gente. Sin embargo, ya van unos cuantos que sí. Y también yo he decepcionado alguna vez las expectativas de personas que se me acercaron y a quienes no supe o quise dar lo que necesitaban de mí.
¿Es usted una persona sincera? 
No sé si sincera o imprudente. Voy aprendiendo a discernir cuándo alguien te dice –por poner un ejemplo del ámbito literario– que le digas la verdad y espera que elogies su obra, y cuándo realmente te piden tu opinión. Tampoco considero que ser sincera equivalga a arrojar mi verdad a la cara de nadie, se puede decir con tacto, no con saña. Entonces sí, me gusta serlo, aunque también practico la mentira piadosa. Pero soy consciente de que en estos tiempos de corrección política, hipocresía y adulación, la sinceridad es garantía de fracaso social.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Disfruto en casa leyendo y escribiendo, pero la realidad me recuerda que debo hacer ejercicio, viajar, compartir cosas con mi pareja… para volver en cuanto puedo a tumbarme a leer. Cuando tenga más tiempo disponible es probable que me muestre menos hambrienta de tan desenfrenada actividad.
¿Qué le da más miedo?
Muchas cosas, cada vez más. La sociedad a la que estamos siendo conducidos como corderos, la maldad elevada a una de las bellas artes, el futuro de mi hijo, envejecer sin dignidad…
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Casi todo lo que sucede a nuestro alrededor y que tiene que ver con la política, exterior y nacional: el ascenso imparable de los mercaderes en detrimento del humanismo y sus valores, el conformismo reinante, el regreso de la intolerancia ignorante, la violencia considerada como algo normal, la falta de respeto hacia los otros, el egoísmo salvaje...
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No decidí ser escritora, eso no se decide, o se es o no se es (independientemente de lo que proclamen algunos de sus ejercientes y de las editoriales que quitan y ponen rey a (in)discreción). Lo que sí puede uno decidir es si va a intentar vivir de ello, que no es mi caso; me encanta mi condición de profesora que, salvo por la carga laboral que supone, no interfiere en mi labor como poeta. Por eso no sé qué podría haber sido. Otra.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No lo hice durante décadas hasta que un día mi cuerpo se amotinó para pedirme, con no muy buenas maneras, que dejara un rato de ocuparme del espíritu y sus delicuescencias para atenderlo un poco. Ahora hemos llegado a un pacto de no agresión y hago lo que me exige la espalda, pero sigue sin gustarme lo más mínimo.
¿Sabe cocinar?
Sí, fue una de las tareas en que una madre de las de antes se encargó de adiestrarme. No se me da mal, aunque no ejerzo desde que se produjo en mi casa un traspaso de sartenes.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
He conocido a unos cuantos y hay muchos otros a los que nunca conoceré y que, por tanto, despiertan mi curiosidad. Pero me decido por Antonio Pereira, poeta y narrador leonés que me parece, y creo que conmigo a todos los que tuvieron el placer de tratarlo, una persona y un auténtico personaje inolvidable.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Mañana.
¿Y la más peligrosa?
Mañana.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, claro, ya dije más arriba que soy humana con todas sus incongruencias. Como sé que llegada la ocasión no me atrevería a hacerlo, puedo gastar algunos minutos en rodar mentalmente la secuencia con profusión de detalles. Es un tipo de relajación zen un tanto heterodoxo, pero eficaz.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me considero progresista sin militancias, defensora de la libertad y los derechos de todos, también de los deberes. No me corto a la hora de criticar a quien actúe en contra de mis principios sea de la orientación política que sea. Y solo respeto lo que me parece respetable, entre lo que no se incluyen creencias degradantes o discriminatorias ni costumbres, tradiciones o leyes que se apoyan en la humillación de un sexo, raza, ideología, orientación sexual etc. en beneficio de otros. Intento entenderlo todo, pero no siempre lo consigo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Gato doméstico. Me encantan y envidio esa vida plácida, esa conducta amorosa y al tiempo independiente con que se relacionan con lo que les rodea.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Quizás el individualismo, la ironía, la tendencia al dramatismo. Aunque creo que son más defectos que vicios. De esto último, como no sea leer…
¿Y sus virtudes?
La autoexigencia, el afán de honestidad, la ironía, el humor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
La mente es muy imprevisible, así que es decir por decir, pero si se trata de escenas imborrables de la biografía de uno, seguramente serían ciertos abrazos, la sensación de plenitud al cerrar la escritura de un libro, la de recordar  cómo se desplegó ante mis ojos la belleza, los rasgos de mi hijo en diferentes edades, de mis amores más hondos, de todo aquello por lo que mereció la pena haber vivido, haber sufrido.
T. M.