martes, 22 de enero de 2019

Claudio López Lamadrid: Un espíritu con clase


En su libro de memorias “Confieso que he vivido”, Pablo Neruda tiene unas palabras memorables sobre la sensación que tuvo cuando publicó su primer libro de poemas, «Crepusculario»: «Ese minuto está presente una sola vez en la vida del poeta». Cada escritor podrá publicar pocos o muchos libros, pero esa ocasión se da una sola vez, es la más especial ciertamente, y sin duda permanece en la memoria de cada cual de manera singular. El que esto escribe debutó, un día del año 2002, como novelista en la editorial Mondadori, y ahora vuelve la emoción y el orgullo por tal cosa, y el recuerdo de Claudio López Lamadrid recibiéndome en su despacho de la calle Travessera de Gràcia de Barcelona; tenía él una idea, un pequeño cambio en el título de mi obra, algo con respecto a la palabra “solo”, si bien tras hablarle quedó convencido de mi elección muy amablemente.

Ya por entonces tenía fama él albergar un espíritu moderno en torno a las diversas artes, de tener gustos que se relacionaban con la música electrónica tanto con la literatura transgresora estadounidense que le encantaba publicar. Pero es que él editó a todo el mundo, a jóvenes españoles o autores consagrados, a clásicos recientes incontestables, a una nómina de escritores hispanoamericanos impresionante, a creadores de medio mundo, en definitiva, siempre apostando por la Literatura en mayúscula desde su cargo como director editorial de grupo en la editorial Penguin Random House y director editorial de Literatura Random House y Caballo de Troya, y como director de publicaciones en Random House Mondadori desde el año 2000, al frente de la división literaria (Debate, Lumen, Mondadori, Caballo de Troya). Con anterioridad, había sido editor en Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, como responsable de la puesta en marcha de la extraordinaria serie Biblioteca Universal; además, tenía en su haber una docena de traducciones del inglés al castellano, y así de repente uno descubría versiones suyas de varios guiones de Woody Allen, por ejemplo. Pero lo que tal vez pocos sepan es el hecho de que fue el hijo mayor del marqués de Lamadrid, perteneciente por tanto a una familia aristócrata; él, que reinó con suma nobleza en su palacio de libros como pocos.

Publicado en La Razón, 11-I-2019

lunes, 21 de enero de 2019

Entrevista capotiana a Virginia Mendoza


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Virginia Mendoza.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Si me quedara en un sitio del que no pudiera salir, no sería por elección. Necesito estar en movimiento o saber que tengo la libertad de ir de un lado a otro. Entre un movimiento y otro, eso sí, sin duda me quedaría con mi pueblo (Terrinches, Ciudad Real) o en Armenia. 
¿Prefiere los animales a la gente?
Nosotros también somos animales. 
¿Es usted cruel?
Nada cruel. Aunque a veces recuerdo momentos de mi infancia que me hacen creer que de pequeña sí lo fui. No quiero torturarme por ello: supongo que si ya no me identifico con eso, es una buena señal. 
¿Tiene muchos amigos?
Muchos conocidos a los que aprecio o me aprecian, pocos amigos de verdad. Pero esos pocos han estado desde casi siempre y son parte de mi familia. 
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Nunca busco amigos. El nacimiento de una amistad me resulta muy parecido al proceso de enamoramiento. Llega sin esperarlo y pienso: aquí me quedo. No sé exactamente cuáles son las cualidades que me hacen pensar eso, y tampoco estoy segura de que sea una cuestión de cualidades, sino más bien de conexión. También necesito que entiendan mi independencia sin exigencias. Aquellos que aceptan eso, sin reproches, saben que por más que pasen los años sin vernos, siempre estaré para ellos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Antes sí, porque solía esperar demasiado de la gente. Ahora ya no, los años me han vuelto realista y también me he dado cuenta de que aquellos que me decepcionaron nunca fueron mis amigos, sino gente que iba de paso y a la que confundí. Tampoco tiene nada de malo: todos vamos de paso y a veces nos cruzamos.
¿Es usted una persona sincera? 
Soy sincera porque no sé mentir ni disimular, pero no por ir dando patadas, especialmente, si me preguntan. Quiero decir, que la sinceridad me parece un arma de doble filo. A veces presumimos de sinceridad porque eso nos permite dirigirnos a la gente sin ningún tipo de filtro ni empatía. La sinceridad tiene sus límites y, para mantener unas relaciones sociales sanas, es bueno conocerlos y saber cuándo cerrar la boca.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Caminando entre olivos, escuchando música sin hacer nada más, leyendo o manteniendo una buena charla con gente de esa que te llena el alma con vino y queso. 
¿Qué le da más miedo?
Me aterra la posibilidad de perder la memoria, de llegar a no reconocer a los míos. Hace tiempo que me pregunto si no escribiré por eso. 
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Que se pueda vivir de contar la intimidad ajena. La violación de la intimidad, en general. La posibilidad de capturar pantalla, por ejemplo, y enviar a cualquiera, a través de las redes sociales, las palabras que alguien dirigió con toda confianza a una sola persona. 
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Escribir no fue una decisión. Pero si no escribiera, seguramente sería psicóloga. Es lo que siempre quise y a lo que tuve que renunciar. 
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Camino por el campo; a veces corro.
¿Sabe cocinar?
Me encanta cocinar. Me relaja y a veces lo utilizo para poder concentrarme después en otra cosa. No sé si sé cocinar, porque casi todo lo que hago me lo invento sobre la marcha. 
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Al abuelo que no conocí, un tipo tan divertido que contaba chistes en los velatorios y anécdotas locas que le contaban o vivía en ventas cuando trabajaba como arriero. O a Mary Shelley. 
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Niña.
¿Y la más peligrosa?
Bandera.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No voy a mentir: sí, una vez. 
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
A veces creo que soy tan anarquista que me niego a reconocerlo. 
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Gato o viento.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Desorden. En todos los sentidos en los que una persona puede ser desordenada. 
¿Y sus virtudes?
Empatía. Tan extrema que a veces creo que más que virtud es una carga. 
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
A veces sueño con tsunamis. En ese sueño sólo me preocupa una cosa: salvar a mi hermano, que nunca sé dónde está. Así que imagino que pensaría en él. 
T. M.

viernes, 18 de enero de 2019

Conferencia sobre Thoreau en el XXV Encuentro Eleusino en El Escorial


Mañana día 19 participaré, a las 10:00 h, en calidad de autor de El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau, con mi conferencia «H. D. Thoreau: entrenar los sentidos», en el XXV Encuentro Eleusino en El Escorial: “Beatus ille. Soledad, pobreza y silencio”, en cuyo enlace se puede acceder a todo el programa, que dura desde hoy hasta el domingo.

jueves, 17 de enero de 2019

Un Phileas Fogg español


Muy pocas biografías se encontrarán entre los escritores de cualquier tiempo que puedan equipararse, por intensidad personal, participación social, ambición y éxito comerciales, a la de Vicente Blasco Ibáñez, al que se podría incluir en una mini lista de españoles cuyas obras han llegado a ser superventas y en la que entrarían nombres tan distintos como Cervantes o Corín Tellado. Este ejemplo es incontestable: de su novela “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, publicada en 1916, se vendieron más de dos millones de ejemplares, solamente en Estados Unidos en menos de diez años.

Asimismo, su labor como político y agitador republicano, decidido a modernizar las condiciones miserables de su pueblo, llegó a ser la más pintoresca de la Valencia de finales del siglo XIX por su poder de oratoria, sus acciones vandálicas contra la Iglesia y sus preferencias masónicas desde los veinte años, cuando le queda poco para licenciarse en Derecho con pasmosa facilidad; un presagio de su inminente actividad intelectual de la que había dado pistas por el hecho de haber fundado un periódico a los dieciséis años. Y sin embargo, pese al trabajo frente al escritorio absolutamente absorbente que le espera, siempre se considerará un hombre de acción.

En su currículum de aventuras, destaca que en 1890 fue acusado de injurias al poder público y huyó disfrazándose de pescador en un barco de contrabando que iba camino a Argel, hasta regresar al Viejo Continente y recalar en París. Pasó por la cárcel por declararse contra la guerra de Cuba y sufrió otro exilio en Italia, vivió tres años en la Pampa con el propósito de explotar ciertas tierras y, ya convertido en una leyenda por su éxito literario, hizo un viaje extraordinario a bordo de un lujoso transatlántico que describió en “La vuelta al mundo de un novelista” (1924-25); este se presenta en tres volúmenes apasionantes, entretenidos y didácticos a más no poder que van encabezados por un texto genial en que el autor se enfrenta, de manera sobrenatural, a su otro yo, el que no quiere atreverse a emprender una peripecia que Phileas Fogg, el personaje de la novela de Verne, hizo en ochenta días.

A bordo del “Franconia”, Blasco Ibáñez no tiene urgencias de tiempo, y en cada escala puede disfrutar de los agasajos que se le dispensan y de recabar información valiosa que luego volcará en su crónica viajera. La lectura así es sensacional: una forma directa de captar lo más interesante de cada país, el carácter de sus gentes, sus costumbres y acontecimientos históricos que lo han hecho tal y como los descubre el escritor. Nueva York, San Francisco, Cuba, Panamá, Hawái, Japón, Corea y Manchuria, en el primer volumen; China, Macao, Hong-Kong, Filipinas, Java, Singapur, Birmania y Calcuta, en el segundo; India, Ceilán, Sudán, Nubia y Egipto, en el tercero. Todo en sólo “unos cuantos meses”, lo cual es suficiente para un Blasco Ibáñez que es un claro precedente del viajero moderno, saturado de información visual y escrita, pues “un hombre de nuestra época, si es aficionado a los libros, sabe de antemano gracias a sus lecturas lo que va a ver cuando emprende un viaje, y sólo necesita comprobar por medio de sus ojos, con una visión puramente individual, lo que tantas veces contempló imaginativamente en las hojas de los volúmenes impresos”.

Publicado en La Razón, 3-I-2019

miércoles, 16 de enero de 2019

Entrevista capotiana a Ángel García Roldán


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ángel García Roldán.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un gran hotel algo decadente con todos los servicios imaginables, que tuviera vistas a una playa poco frecuentada y bañada por un mar en el que por la noche se bambolearan las luces de los fanales de barquitos de pescadores. El hotel dispondría de cinco restaurantes, jamás tendría una ocupación de más allá de su tercera parte, la mitad de sus poco convencionales huéspedes viviría (viviríamos) siempre allí, yo compartiría con una mujer que yo me sé una maravillosa suite con una terraza de aquí te espero, y el clima sería tropical con un día de cada cuatro lloviendo mansamente tarde y noche.
¿Prefiere los animales a la gente?
Así, en general, prefiero a la gente, por supuesto. Yéndonos a casos particulares, hmmm…
¿Es usted cruel?
De naturaleza, todo lo contrario. Pero puedo serlo. Con los que son crueles y abusan de su fuerza, sea esta de cualquier índole.
¿Tiene muchos amigos?
Desde mi punto de vista estimo que los suficientes. Desde el de ellos, espero que también me tengan por amigo, ya que para denominarse así, la amistad ha de ser recíproca. Ahora bien, me considero incapaz de aquilatar qué parte hay, en la amistad que doy y recibo, de generosidad, qué parte de interés, y qué parte de necesidad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Obviamente, generosidad, constancia, honestidad, etc. Sin embargo, entrando en particularidades, busco que se interesen por mí tanto como yo por ellos, y que me escuchen tanto como yo a ellos; que no me abrumen hablando excesivamente de ellos (o de la familia, ya que cuando conoces a personas nuevas -nuevos amigos en potencia por tanto-, hay un buen porcentaje de estas cuyos familiares -especialmente hijos- suelen ser, asombrosamente, maravillosos o penan demasiado); que se alegren cuando me sale algo bien (cuando me sale mal y consuelan, para mí eso quiere decir mucho menos); que sean flexibles de pensamiento; que reconozcan equívocos; que puedan enseñarme cosas nuevas; que sean muy divertidos; que tengan una buena parte de su personalidad poco convencional; que no tengan nada de creídos ni de egoístas; que tengan mucho de altruistas…
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Pero sí ha habido uno, muy pocos, que después de muchos años de amistad me han decepcionado. Abres los ojos a raíz de un detalle, echas la vista atrás, atas cabos y entonces comprendes otros hechos pasados. Es una especie de larga ceguera que de pronto, al curarse, provoca tristeza, dolor.
¿Es usted una persona sincera? 
Por supuesto que no. Quiero decir, no siempre. Entiéndaseme. Pertenezco al género humano. ¡Pero si nos engañamos a nosotros mismos! Si no dices lo que piensas, no eres sincero, ¿verdad? Pues partiendo de eso, mi opinión es que no hay día en el que ninguno de nosotros no callemos cosas que debiéramos decir y digamos otras que son contrarias a nuestro pensamiento. A menudo, ser insincero es necesario para no hacer daño a otros y, por supuesto, para sobrevivir. Lo malo es cuando la mentira entra en el terreno de lo patológico.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Tomar cañas con mi gente. Viajar con mi pareja. Caminar por la ciudad, despacio y con los ojos bien abiertos. Practicar con el violonchelo. Pensar en nuevos proyectos. Y bueno, claro: leer, conciertos, cine, series de TV, alguna exposición... y ver partidos de fútbol de mi equipo.
¿Qué le da más miedo?
En el plano personal, perder a la gente que quiero.  Y en un sentido más universal, la maldad exenta de compasión.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Claro que me escandalizan cosas. Muchas. Los millones de muertes y las toneladas de sufrimientos evitables. La falta de escrúpulos. El ansia de dinero. La vileza de muchos personajes, tengan poder o no. El egoísmo y la hipocresía extrema. El supremacismo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Sería y estaría más triste. Del aburrimiento igual me habría puesto a pensar, y a lo mejor decidía intentar escribir algo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Chikung TaiChi, gimnasio, y caminatas urbanas trufadas con trotes.
¿Sabe cocinar?
Sí. Hacerlo en solitario para gente a la que estimo, y con música a buen volumen además, me parece extremadamente placentero. Aunque de bien se me da la mitad de lo que me gusta.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Dudo entre Kafka, Mozart, Isabel I de Inglaterra, el Marqués de Sade y Putin. Aunque en todos los casos tardaría bastante pues en realidad sé demasiado poco de todos ellos.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
“Hola”.  
¿Y la más peligrosa?
Dudo entre “dinero” y “odio”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí. Varias veces. Duró instantes.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Lo resumo en tres palabras rezumantes de utopía: Liberté, égalité, fraternité.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Director de la Filarmónica de Berlín. Puestos a soñar…
¿Cuáles son sus vicios principales?
Me niego a contestar. Pero con esto creo que ya he dicho algo al respecto.
¿Y sus virtudes?
La resiliencia. La pertinacia. Capacidad para admitir errores.  
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Sinceramente, creo que no dejaría que me asaltaran imágenes de ese esquema clásico. Sería demasiado doloroso pensar en las personas a las que mi inminente muerte haría sufrir, o revolcarme en la nostalgia de los momentos de felicidad pasados, por lo que intentaría practicar uno de mis deportes favoritos y que entreno casi a diario: ponerme a pensar en algo bonito, para engañarme respecto a las tragedias que a todos nos envuelven y a la trampa final que nos espera.
T. M.

lunes, 14 de enero de 2019

Publicación de "Una huida imposible. California y sus escribidores" (La Línea del Horizonte)


Hoy se pone a la venta otro de mis sueños editoriales hecho realidad, mi libro de viajes (real y metaficticio) Una huida imposible. California y sus escribidores, que ha visto la luz de forma increíblemente bella en La Línea del Horizonte. Adjunto el texto de contracubierta:

He aquí, en clave viajera, humorística y metaficticia, el recorrido de un escritor por ese estado norteamericano siempre tan presente en la literatura contemporánea. Un territorio marcado por la inmigración mexicana —aparecerá Donald Trump como paródico personaje—, la fama de sus viñedos, el glamur de Los Ángeles o la mítica San Francisco. En Una huida imposible, título tomado de un ensayo de R. W. Emerson, el viajero entabla conversación con autores admirados en los lugares donde vivieron o escribieron sus obras. Seguiremos el rastro de R. L. Stevenson, que atravesó el país para encontrarse con su enamorada; de Mark Twain, que empezó su carrera literaria inspirándose en una anécdota oída en un pueblo, o de Jack London, que murió en su rancho en extrañas circunstancias…

Con un ritmo absorbente y repleto de referencias culturales en clave desenfadada, Toni Montesinos consigue retratar genialmente dos viajes: el geográfico por la actual California, y el literario, convocando a los que transmutaron paisaje y creación: Rudyard Kipling, Ambrose Bierce, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, John Steinbeck, Jack Keroauc, Charles Bukowski, Ray Bradbruy, Raymond Carver, William Saroyan, John Fante…, vivificándolos de modo irresistible. Y todo con el trasfondo del mejor cine –Vértigo y La La Land– e instantes mágicos en la City Lights Bookstore o en la cancha de los Golden State Warriors.

domingo, 13 de enero de 2019

Entrevista capotiana a Isabel Alba


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Isabel Alba.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa, fuera cual fuera en ese momento. Es donde están mis libros, mis recuerdos y mi ordenador.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a la gente, sin duda. Aunque a veces hay perros que te miran con mucha más humanidad que algunas personas.
¿Es usted cruel?
No. Para hacer daño deliberadamente a alguien hay que ser muy insensible.
¿Tiene muchos amigos?
Sobre todo amigas. Las justas. Las imprescindibles porque hemos hecho una buena parte del camino juntas.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Respeto a la independencia de cada cual y reciprocidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Nunca. Suelen decepcionarme aquellas personas que dicen ser amigas y no lo son en realidad.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí. Por incapacidad para mentir. Se me da fatal.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Pasear, nadar, leer, y estar con las personas a las que quiero. Y adoro los bares. Conversación animada, con una caña o un vino blanco en la mano.
¿Qué le da más miedo?
La violencia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La intolerancia, la prepotencia y, por encima de todo, la xenofobia, que tiene mucho de las dos anteriores.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Sería creativa en cualquier cosa que emprendiera. De hecho así ha sido. Soy creativa hasta cuando friego platos. Una mujer no puede elegir ser escritora y nada más, está obligada a llevar una doble o triple vida si quiere sobrevivir. Si no fuera creativa, siempre y en todo, me aburriría muchísimo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Nadar. Soy feliz en el agua. Si se pudiera respirar bajo el agua no saldría jamás.
¿Sabe cocinar?
Sí, no se es una persona completa si no se sabe cocinar. Es tan básico como leer o escribir. Aprendí muy joven. Con un best-seller, el libro de  recetas de Simone Ortega. Ahora prefiero improvisar.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A una mujer olvidada. La lista de mujeres olvidadas, pero inolvidables, es larguísima. Casi diría que interminable.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Empatía
¿Y la más peligrosa?
Miedo
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. Pero que desapareciera de mi vida, se esfumara como por arte de magia, muchas veces.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy de izquierdas. Y es mentira que eso se cura con la edad. En mi caso es al contrario.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Ahora no querría ser ninguna otra cosa, qué pereza. Pero de niña deseaba ser hombre. Tenía claro que un supuesto defecto de fábrica me arrebataba toda suerte de privilegios. Mi vida habría sido otra, mucho más fácil, si hubiera nacido hombre.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Más que vicios, defectos, la irascibilidad y la impaciencia.
¿Y sus virtudes?
Valentía, coraje y mucha fuerza de voluntad.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Pensaría en mi hija. Es lo más valioso que dejaría atrás.
T. M.

sábado, 12 de enero de 2019

"No habrá muerte" en "La Razón"


Este miércoles se publicaba en las páginas de Cultura de La Razón este magnífico texto de Jesús Ferrer, titulado "Geografía del espanto", sobre mi libro No habrá muerte. Letras del gulag y el nazismo: de Borís Pasternak a Imre Kertész (Fórcola Ediciones). Impecable, como siempre, el crítico literario y profesor universitario, que tan maravillosamente presta atención a mis libros.

viernes, 11 de enero de 2019

Entrevista capotiana a Pilar Sahagún

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pilar Sahagún.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Donde tuviese paz… y mi casa, que considero un templo, la destila.
¿Prefiere los animales a la gente?
En el pasado sí; la relación con mi perro era la más fácil… hasta que un buen día descubrí el poder de la palabra, la magia de la comunión entre almas.
¿Es usted cruel?
En absoluto.  Creo que peco de blanda. Me aterra hacer sufrir a nadie.
¿Tiene muchos amigos?
Yo diría que más que muchos, buenos. Alguno roza la excelencia.  A veces pienso que tengo un don especial para la amistad, don que me ha sido negado para la familia. De hecho, considero a mis amigos mi familia de elección.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Supongo que la afinidad… aunque no siempre...  Existe un “no sé qué”, difícil de definir, que te arrastra a encontrar un amigo del alma.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Quizás en el pasado, cuando aún no era consciente de que ellos no tenían la culpa de que yo les idealizara.
¿Es usted una persona sincera?
A veces pienso que demasiado…
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Tengo poco tiempo libre, me faltan horas para hacer lo que tengo programado. Pero cuando lo tenía me encantaba viajar, ir al cine, al teatro, al ballet, a la ópera... en fin, disfrutar de la  vida aunque no tanto como cuando decidí dedicarla a escribir.
¿Qué le da más miedo?
El propio miedo… ese que puede llegar a morderte las entrañas como un perro rabioso.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La falacia, la corrupción, la desfachatez de algunos hombres y mujeres públicos.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?...
Ya no imagino mi vida sin escribir… como no la imagino sin respirar.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí. Camino cuando no hace demasiado frío, hago gimnasia tres veces a la semana. He hecho yoga durante mucho tiempo, pero ahora las cervicales me lo impiden… aunque cuanto pueda quiero volver a practicar esa disciplina que aporta paz y bienestar profundo.
¿Sabe cocinar?
¡Divinamente! A veces pienso que es lo que mejor hago…  De hecho, en casa se come mejor que en un “cinco estrellas”. Acabo de escribir un libro de recetas, algunas únicas, como la del flan de caviar o el pastel de cabracho, sin olvidar las pochas, una sopa de ajo excepcional… o la mejor tarta de queso del mundo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Es la primera pregunta que me cuesta contestar, quizás porque admiro a muchos. Chaikovski me apasiona como músico, Leonardo como ser humano, Juan de la Cruz como místico, Einstein como visionario, Ayn Rand la peculiar creadora de una filosofía.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
AMOR.
¿Y la más peligrosa?
¡¿Piedad?!...
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Matar no, pero desear la muerte…
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Inexistentes. Me quede “colgada” en la Utopía de Moro.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Sabia o santa… que para mí es lo mismo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Idealizar a la gente y la necesidad de calor físico y humano para vivir.
¿Y sus virtudes?
La generosidad, el entusiasmo, la alegría y sobre todo una empatía profunda.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Es difícil saber si la angustia me permitiría recordar que solo iba a perder el cuerpo. Creo sinceramente que la muerte no existe… que es una resurrección en nuestro lugar de procedencia.

T. M.

jueves, 10 de enero de 2019

El monarca de la magia


En 1953, J. R. R. Tolkien pronunció una conferencia en la Universidad de Glasgow sobre el poema “Sir Gawain y el Caballero Verde” (de finales del siglo XIV); en ella, abordaba una aventura acaecida en un escenario artúrico donde el sacrificio y la lealtad alcanzaban cotas máximas. El pretexto para tal cosa era la amenaza del llamado Caballero Verde, que desafiaba a quien tuviera a bien enfrentarse a él. Gawain, sobrino del famoso rey de Camelot, será quien aceptará el reto: “Su motivo es humilde: proteger a Arturo –su pariente mayor, su rey, cabeza de la Tabla Redonda– del ultraje y el peligro; y a cambio corre el riesgo el mismo, el menor de los caballeros (como declara), y aquel cuya pérdida podría ser soportada más fácilmente”.

Como se aprecia en el romance, en estas palabras de Tolkien, la Corte de Arturo y la mesa que presidía junto a su bella esposa Ginebra eran objeto de absoluta veneración. Distintos autores de la Alta Edad Media idealizarían la generosidad y buen juicio del personaje, convirtiéndolo en símbolo de la resistencia de los británicos frente a los sajones invasores. Arturo surgiría por vez primera en un texto en la novena centuria, la “Historia Britonum” de Nennio, y su genio se asentaría en la obra en prosa latina “Historia Regum Britanniae”, de Geoffrey de Monmouth (siglo XII). Luego sus conquistas militares serían recogidas por otros poetas y hasta los reyes recuperarían ante la plebe su ejemplo, como Enrique II, con el fin de prestigiar la monarquía.

Con todo, es la literatura trovadoresca, con sus valores de refinamiento y valentía, la que da a Arturo su leyenda inmortal; en los relatos del francés Chrétien de Troyes es el perfecto señor cortés, y así, poco a poco, su figura cobrará el perfil de un semidiós, y alrededor de él todo será fantástico: su amistad con el mago Merlín, quien le conduce a la mansión de las hadas, de donde se decía que regresaría para liberar a su pueblo; su fabulosa espada Excalibur; la búsqueda del Santo Grial… Pero vendrá una parte oscura: Ginebra lo engañará con Lanzarote, y Arturo se verá abocado a batallas destinadas al fracaso. Una decadencia narrada en la epopeya “La muerte de Arturo”, que escribiera, supuestamente desde la cárcel, sir Thomas Malory, un caballero de vida atribulada, y se imprimiría en 1485.

Esta extensísima obra es la que definitivamente sirve de información e inspiración para un sinfín de poemas y novelas modernos, a veces adaptándose de cara a conquistar al lector infantil o juvenil, como en el caso que ahora nos ocupa, “El rey Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda” (traducción del inglés de José Sánchez Compañy e ilustraciones de Aubrey Beardsley de la edición de 1893), de Lancelyn Green. Este autor británico, perteneciente al círculo literario oxoniense formado en torno al citado Tolkien y su maestro C. S. Lewis, del que fue biógrafo, traza con amenidad y sencillez, desde el advenimiento de Arturo hasta la última batalla de este –“una de las más acabadas tragedias de la literatura inglesa”–, pasando por episodios como la magia de Nimue y del hada, el correspondiente a Sir Tristán y la bella Isolda, o aquel que narra las increíbles aventuras de sir Perceval.

Un lugar deseable

El propósito del autor, tan erudito como sensible a seducir a nuevos lectores, estuvo claro desde el principio, como apunta en el prólogo, en que habla de cómo Malory “no concibió su libro sobre el rey Arturo como una obra unificada, sino más bien como una colección de narraciones dispersas, basadas en distintas fuentes francesas”; en ese sentido, Green aportaría una mayor coherencia argumental, haciendo “de cada aventura parte de una estructura global: el reinado de Arturo, el reino de Logres, el modelo de la caballería y la rectitud enfrentados a la barbarie y al mal que los rodean y que, al final, acabarán por engullirlos”. Todo a partir de diferentes fuentes, algunas apartando el texto de Malory para localizar mejores versiones de algunas leyendas, en un proceso de erudición puesta al servicio del lector nuevo.

En definitiva, una magnífica oportunidad esta para recuperar al héroe y mostrarlo a las nuevas generaciones, pues como dice el autor: “Con las grandes leyendas pasa lo mismo que con los mejores cuentos de hadas: cada época debe volver a contarlas, pues siempre hay en ellas algo nuevo por descubrir». Así, aquel que sale mencionado en “El Quijote” y “Tirant Lo Blanch” y que fascinó a autores tan distintos como Walter Scott, Alfred Tennyson, Álvaro Cunqueiro o Joan Perucho, que retomarían lo artúrico para sus propias obras. Aparecerá en un Camelot que pasaba a ser un lugar deseable de conocer. Algo en lo que también pondría el acento John Steinbeck mediante “Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros” (1976) y, sobre todo, mucho antes, el Mark Twain del viaje en el tiempo “Un yanqui en la corte del rey Arturo”, novela de aventuras y sátira y crítica social al mismo tiempo al recrear “despiadadas leyes y costumbres” de los reyes de entonces. Ejemplo mayúsculo de cómo la vida del siglo VI podía servir para señalar lo mejor y lo peor, ayer y hoy, de la naturaleza humana.

Publicado en La Razón, 27-XII-2018