martes, 1 de agosto de 2017

Vacaciones de agosto


Este blog, que está a punto de llegar a las cien mil visitas (¿qué significa eso?), se toma unas vacaciones. Seguiré publicando reseñas literarias en La Razón durante el agosto, y también surgirán asuntos relacionados este mismo mes con El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau, en prensa, radio y televisión, pero ya habrá momento de enlazar todo aquí en septiembre.

lunes, 31 de julio de 2017

El prólogo de José Balza a mi poemario “El atlas de la memoria” en su último libro


Era el año 1998. Publicaba mi primer libro, pero no en España, sino que era la editorial Eclepsidra, de Venezuela, quien hacía posible ese sueño. Se trataba de El atlas de la memoria, que había escrito, corregido y reestructurado durante mucho tiempo, pese a mi juventud. José Balza aportó un pequeño prólogo, y cuando los editores me vinieron a recoger al aeropuerto, pues estaba invitado a la feria del libro de Caracas aquel noviembre, la portada, con un niño pensativo, no me pudo gustar más. En Confieso que he vivido, Pablo Neruda explica ese momento irrepetible e imborrable de tener por vez primera el primer libro publicado. No me daré cuenta y de ese debut habrán pasado veinte años.

Ahora Balza ha reunido una multitud de textos sobre escritores, y ha incorporado ese prólogo que tanto me honró, titulado “La buena y joven muerte” –pues además él fue el presentador de mi libro en un acto que se celebró en la feria–, a su libro Play B (Fundación para la Cultura Urbana). Copio parte del texto de contracubierta: 

“Desde el Delta del Orinoco hacia Beijing, Nueva York, Tikal, Martinica, Moscú, Salamanca, Cuzco, Caracas, Amsterdam, México o Atenas, el novelista José Balza ha llevado su cuaderno. La prueba de sus viajes, sus reflexiones, amistades y hallazgos acerca del cine, la música, la literatura, la filosofía se guarda en estas páginas. No se trata de una simple reunión de textos, escogidos al azar, para rescatarlos del archivo de diarios y revistas. Es un libro pensado orgánicamente, como una composición musical coherente. No contiene textos circunstanciales. Balza combina, de manera magistral, la crónica de viaje con la literaria, el aforismo con los ejercicios literarios, algunas versiones fragmentarias y libres de autores reconocidos y una entrevista final.”

sábado, 29 de julio de 2017

Entrevista capotiana a José Carlos Cataño

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la «entrevista capotiana» con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José Carlos Cataño.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? 
Un barranco junto al mar. 
¿Prefiere los animales a la gente? 
Primero los gatos, luego los gorriones, después los vencejos y de fondo las ucranianas. 
¿Es usted cruel? 
Conmigo mismo. No sé de dónde me viene esta insistencia en destruirme. 
¿Tiene muchos amigos? 
Empecé por muchos. Luego se transformaron. Ahora soy yo quien los elude. 
¿Qué cualidades busca en sus amigos? 
La inteligencia, la belleza moral, la coherencia, la bondad, la ternura. 
¿Suelen decepcionarle sus amigos? 
A estas alturas todo lo comprendo, aunque todavía tengo capacidad para tirarme de los pelos por tanta ingenuidad de mi parte. 
¿Es usted una persona sincera? 
Sí. Me reservo algunas insinceridades porque todo es relativo. 
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? 
No tengo tiempo libre. Aun con los ojos en el techo estoy trabajando. 
¿Qué le da más miedo? 
Los finales. 
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? 
La crueldad y la impunidad. 
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? 
Habría sido explorador. 
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? 
Agacharme y cargar libros. 
¿Sabe cocinar? 
Sí. 
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? 
No tengo a nadie inolvidable. 
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? 
Adelaide. 
¿Y la más peligrosa? 
Prefiero no conocerla. 
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? 
Sí. Pero me da miedo la violencia. 
¿Cuáles son sus tendencias políticas? 
Cada vez se parecen más a las que tenía de adolescente, tamizadas por un gran descreimiento de la humanidad y de la idea de progreso. 
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? 
El otro. 
¿Cuáles son sus vicios principales? 
La pereza vestida de inconstancia. 
¿Y sus virtudes? 
La constancia, que a veces es lealtad y fidelidad a unos principios. 
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? 
Que alguien ha dejado el grifo abierto.
T. M.

jueves, 27 de julio de 2017

Reseña hoy en "La Razón" de mi novela "La soledad del tirador", por Jesús Ferrer


Hoy, aparece en La Razón, la crítica de mi novela La soledad del tirador (El Desvelo Ediciones), titulada "El baloncesto como catarsis" (aún no está en la web del periódico). Es realmente formidable, un texto que no puede ser más halagador, riguroso y completo. Le estoy tan, tan, tan agradecido a Jesús Ferrer, su autor, por su maravillosa lectura. 

martes, 25 de julio de 2017

Entrevista capotiana a Rose Marie Tapia

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Rose Marie Tapia.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi apartamento.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a la gente.
¿Es usted cruel?
No, soy justa.
¿Tiene muchos amigos?
Sí tengo muchos y buenos amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La honestidad, la puntualidad y la responsabilidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, para nada.
¿Es usted una persona sincera? 
Por supuesto.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
En la lectura.
¿Qué le da más miedo?
Sentir miedo, porque me hace vulnerable.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La maldad.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Filósofa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, tengo una rutina de 45 minutos diarios.
¿Sabe cocinar?
Sí, pero ese oficio no me gusta.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Martin Heidegger.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Virtud.
¿Y la más peligrosa?
Traición.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. El mejor castigo es el olvido.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Centro izquierda.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Poeta.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La impaciencia, rigidez de carácter y la malicia.
¿Y sus virtudes?
Honesta, responsable, puntual, generosa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
La imagen del cielo.

T. M.

lunes, 24 de julio de 2017

Un ensayo sobre Dickens en la revista "Clarín"

Puente de Londres, imagen tomada hace unos pocos años

En el último número de Clarín. Revista de Nueva Literatura (129, mayo-junio de 2017), tengo el placer de publicar mi ensayo "Dickens El solitario teatral, el obrero nostálgico". En él abordo diferentes aspectos del escritor inglés en torno a varias de sus novelas y de su vida pública y privada.

domingo, 23 de julio de 2017

Entrevista capotiana a Marta Orriols

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marta Orriols.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Me falta mucho mundo por recorrer aún, así que seguro que existe un lugar mejor que la ciudad donde vivo, sin embargo, frente a una afirmación tan categórica, creo que me quedo en Barcelona, con lo bueno y lo malo de la ciudad, pero con lo conocido al fin y al cabo. Si no voy a salir nunca más, mejor saber a qué atenerse.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Me gustan algunos animales, otros me asustan o me dan grima, pero definitivamente las personas me fascinan. Hay personas insoportables pero a esas las evito cada vez con más descaro. Mi perro también me cae bastante bien pero no habla y claro, pierde muchos puntos.
¿Es usted cruel?
No, para nada. De hecho, creo que una dosis de crueldad me sentaría de maravilla.
¿Tiene muchos amigos?
No. Tengo pocos, pero son amigos de verdad. A cierta edad, la amistad se va convirtiendo en un recuerdo de lo que fue, pero están esos pocos amigos que no se atenúan con el tiempo, quizás se convierten también en un estado volátil por el ritmo de la vida adulta pero están cuando tienen que estar: abrazan, hablan, llaman, mandan canciones, chistes, se acuerdan, no fallan.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No he buscado nunca nada en mis amigos, tampoco los he buscado a ellos, simplemente hemos tropezado en la vida no siempre por afinidades, más por sensaciones y conexiones personales, y las cualidades ya iban incluidas. Son confidentes, cariñosos, sinceros pero sobretodo me llevan lejos con sus anécdotas, sus risas, y son capaces de pasarlo bien con una copa de vino, un poco de música y la compañía. Mis amigos me dan ternura.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Suelo echarlos de menos.
¿Es usted una persona sincera? 
Demasiado. A veces creo que me paso de transparente, pero se me escapa, no lo puedo evitar.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
¿Qué es eso? Estoy sola con dos niños y un perro. El tiempo libre está lleno de ruido y cosas por hacer, así que en el caso de tenerlo, me gusta no hacer nada. Podría responder algo así como leer, ir al cine, viajar, quedar con algún amigo y no sería una mentira, pero la libertad la entiendo desde un punto de vista muy egoísta, y egoístamente, me gusta poder perder el tiempo a solas.
¿Qué le da más miedo?
No amar ni ser amado.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La ignorancia de algunos convertida en referente social.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser arqueóloga o intérprete en la ONU.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Hago pilates en un centro a primera hora de la mañana desde hace unos años, no me entusiasma pero me sienta bien. Este verano he probado con unas clases de paddle surf porque me gusta aprovechar el mar en Barcelona; ha sido divertido sin embargo acababa contándole la vida al profesor en medio del mar y claro, una no se concentra en el viento y en la posición del remo y esas cosas básicas si habla mucho y en fin…el deporte no es lo que más. Caminar sí me gusta, me gusta mucho.
¿Sabe cocinar?
No. He llegado a la conclusión que cuando lo intento algo se revela contra mí, los ingredientes pierden sus cualidades y las sartenes también. Lo que realmente sé hacer en la cocina es dar buena compañía a quien cocine para mí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Al padre de mis hijos. Para ellos, para que no lo olviden nunca.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Hola.
¿Y la más peligrosa?
Es un verbo. Odiar.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Son nauseabundas, marean por confusas e incongruentes, aunque en un mundo de blanco o negro como este, se podría decir que soy de izquierdas. Ojalá en la escuela enseñaran las claves para comprender la política. Creo que tener un criterio es importantísimo sino nos guiamos más por los líderes que por la ideología. Yo tenía un profesor de historia en el instituto que nos obligaba a leer el periódico y a generar nuestro propio discurso político, a entender los conflictos desde dentro, a buscar alternativas, etc,. Aprendí como nunca pero temía esa clase porque ya entonces no me sabía posicionar, y además con la política me pasa como con la religión, considero que ambas tienen un punto íntimo y emocional que se altera e incluso se pierde al defenderlo públicamente.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Fotógrafa, directora de cine, corresponsal de guerra, bióloga marina, cantante de un grupo de rock y ser alta, eso me encantaría.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El café y la autocrítica.
¿Y sus virtudes?
Sé escuchar y tirar para adelante sin dejar de mirar atrás.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Eso es terrible. Intentaría pensar que es una pesadilla y que pronto voy a despertar. Me angustia tanto la pregunta que no logro armar ningún esquema, ni clásico ni moderno. ¡Lo siento!

T. M.

sábado, 22 de julio de 2017

"El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau" en "El Cultural"

Verja con diseño de hojas, en el complejo de Google, Mountain View, California: otro tipo de savia, la que hace circular información infinita (cuales tejidos de conducción que llevan los nutrientes necesarios entre los distintos elementos de las plantas) por internet.

Hace diez días, El Cultural publicaba un artículo que, con el título de "La vida salvaje de Thoreau", se hacía eco de cinco libros relacionados con el autor de Walden que han aparecido estos meses. En el párrafo dedicado a El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (editorial Ariel) se destaca su filosofía vitalista, se menciona cómo he estructurado el libro a partir de "varias facetas: sus relaciones, su escepticismo social, su relación consigo mismo y sus experiencias", y se transcriben unas palabras mías que resumirían su trayectoria.

viernes, 21 de julio de 2017

Entrevista capotiana a Claudio Valerio Gaetani

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Claudio Valerio Gaetani.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Probablemente Procida, una pequeña isla de 1 kilómetro cuadrado frente a las cosas de Nápoles  en Italia.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero la vida en general, me encantan los animales sea aquellos humanos sea aquellos de nuestra especie, considero que el contacto con seres de diferentes especies siempre ha sido algo altamente reconfortante, amar a los seres vivientes y hacer placer de ello es una parte importante el desarrollo de nuestra conciencia.
¿Es usted cruel?
Todos somos crueles, en algunos momentos de nuestra vida, probablemente la conciencia de esto es algo que nos permite no serlo siempre, pero si lo debo definir, no soy cruel por antonomasia, solo en algunas circunstancias, la bondad humana nace también de la crueldad humana.
¿Tiene muchos amigos?
Una pregunta difícil, dicen que el ser humano tiene una limitada capacidad de tener amigos, es como un pequeño álbum de fotos, para poner una nueva, debes sacar una vieja, los amigos, de verdad, no sé si se pueden contar con los dedos de una mano, pero si, me siento amigo de muchas personas aunque si no siento a muchas personas como tales. Muchas personas dicen de ser mis amigos, conozco mucha, tanta gente, pero son limitados aquellos a los cuales llamo amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco cualidades en las personas, ni en los amigos, simplemente tiendo a aceptar a las personas como son sin desear cambiarles nada más bien aceptar sus deficiencias y bondades, creo que la amistad se da aceptando que nos la den a modo de cada quién.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No esperando nada generalmente de las personas que frecuento, tiendo a no decepcionarme más de lo necesario, simplemente dejo ir a su modo cada quién construye su destino y no está a nosotros juzgar el modo en el cual lo hacen.
¿Es usted una persona sincera? 
A veces demasiado, decidí hace casi diez años de no decir lo que la gente quiere escuchar, mas bien lo que pienso, aunque si esto en la mayoría de los casos fastidia a las personas, me considero una persona parca y extremadamente sincero.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribiendo y leyendo y en familia, generalmente lo paso escribiendo y leyendo, divido mi tiempo libre entre mi familia y la escritura y la lectura, considero que solo a partir de lo que se aprende de los demás que se puede crear.
¿Qué le da más miedo?
Perder la capacidad de manejar mi cerebro, creo la capacidad de cognición del mundo que nos circunda es la parte más hermosa de la existencia, perder ésta es lo que más terror me produce, perder la conciencia de mi mismo y dejar de saber que soy, dejar de pensar y aprender y vislumbrar el mundo con lo que hoy soy, sería la pesadilla más grande de todas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
No me escandaliza nada, he tenido la fortuna de ver tantas cosas en mi vida que ya nada me sorprende en realidad, me puede agradar o disturbar, pero jamás escandalizar, creo que la capacidad de escandalizarse sea ligado a nuestra incapacidad de aceptar que las cosas pueden suceder.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Originariamente, de pequeño, quería ser veterinario, pero siempre estaba destinado a escribir, crecí en un ambiente de gente que escribía siempre, en medio a cultura y libros y el hecho de escribir no es solamente genético si no también ambiental. Ser escritor no fue algo que haya escogido, por el contrario fue algo natural por lo que no habría podido escoger nada más. A pesar de eso, me convertí en diseñador, el hecho de hacer arte es parte de mi esencia en todo sentido.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Camino, principalmente me gusta caminar, no uso medios de trasporte, no conozco las rutas y no tengo vehículo, para mis movimientos en la ciudad, a menos que no sea imprescindible, prefiero siempre caminar largas distancias dentro de la ciudad o en el campo.
¿Sabe cocinar?
Es mi tercer pasión, amo la cocina y podría decir amo alimentar a las personas, sea en modo gastronómico sea en el intelecto, me encanta experimentar, soy Chef  y amo la gastronomía.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Probablemente escribiría sobre un muchacho que conocí por casualidad en una carretera en Italia, Barnabas Bintam, originario del Ghana, atravesó el Burkina Fasu, El Mali, la Algeria y el Mediterráneo para llegar en Europa perdiendo dos hermanos y otras veintidós personas que lo acompañaban en esa travesía de esperanza, y al final, con cu trabajo llevó pozos de agua a las comunidades de sus compatriotas, y mantiene desde Europa con su trabajo de casi de esclavo moderno europeo a muchas de las familias de sus compañeros, aunque no fueron más que simples personas en busca de su destino.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Serendipia, un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta.
¿Y la más peligrosa?
Omertad. La ley del silencio, creo que sea lo peor que existe la Omertad, es el mal de nuestros tiempos, el callar a prescindir de lo que suceda, no denunciar no decir nada y hacerse de la vista gorda. “No hay nada mas peligroso de quién sabe y no hace nada por cambiar las cosas”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Una sola vez tuve esa necesidad, encontrándome en un momento en el cual o era la mía o era la vida de alguien más. La muerte o la eliminación de algo o alguien no es jamás una solución.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Aunque si muy seguido tiendo a decir de que para girar a la izquierda doy tres vueltas a la derecha, mi posición política se basa sobre la tendencia a salvaguardar  nuestra creencia en Dios, la Patria y la Familia, no creo en las tendencias populistas ni en las tendencias de igualdad completa, cada quién se forja su destino pero debe respetar esos preceptos, Dios, Patria y Familia.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Sería la misma cosa rara que soy ahora, si pudiese cambiar algo en mi vida, en realidad cometería las mismas equivocaciones, los mismos errores y no cambiaría nada de mi existencia, al final de cuentas, como digo, apesta, pero es solamente mía.
¿Cuáles son sus vicios principales?
En realidad no tengo vicios, si pudiera definir vicio el teatro, creo que ese es mi vicio, solía fumar, pero fumo tabaco por que sí, si tengo fumo si no, no es un problema, o quizá mi vicio sea la comida, es mi platillo favorito.
¿Y sus virtudes?
Dar, creo que sea mi virtud y a la vez mi peor cualidad, creo que dar sea lo más importante, sin pretender de recibir.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Es probable que pensaría a la playa Saint-Laurent-sur-Mer, solitaria y terrible, no puedo aún recordar cuantas imágenes me vinieron a la mente estando ahí, pero sé que se repiten tantas veces en mis sueños y en mi pensamiento. No sé si recordaré a quienes he amado y perdido, sería algo que solo en ese momento podría responder. Existen demasiados recuerdos y vivencias como para saber qué sería lo que pasaría por mi mente.

T. M.

jueves, 20 de julio de 2017

"El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau" reseñado en "Devaneos"


La considerada como mejor universidad de Educación de los Estados Unidos, fundada en 1920. Tal vez a Thoreau le hubiera sorprendido (¿gratamente?) saber que una de sus asignaturas se llama «Desarrollo del adulto».


Francisco H. González hace un estupendo comentario sobre El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (editorial Ariel) en una página web que, por lo que veo, cumplió el año pasado diez años, Devaneos, sobre todo dedicándose a reseñar obras firmadas por autores en lengua española. Le estoy muy agradecido por su atenta y elogiosa lectura.

miércoles, 19 de julio de 2017

Entrevista capotiana a María Zaragoza

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Zaragoza.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Creo que me quedaría con Madrid, que me ha tratado muy bien muchos años aunque ahora me haya alejado de ella. Es lo bastante grande para no sentir claustrofobia además.
¿Prefiere los animales a la gente?
A ratos y dependiendo del animal. Prefiero los gatos a la mayoría de la gente, dejémoslo así.
¿Es usted cruel?
Sólo cuando lo merecen muchísimo, porque tengo mucha paciencia.
¿Tiene muchos amigos?
Los suficientes, de mucha calidad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La lealtad, la honestidad, que sean brillantes en cosas que a mí me maravillen porque no me crea capaz de ellas, que no les importe ni el tiempo ni la distancia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, elijo bien. Pero cuando alguno me decepciona suele hacerlo definitivamente.
¿Es usted una persona sincera?
Prefiero honesta. Me parece una cualidad mejor que la sinceridad porque opino que la mentira tiene muy mala prensa, pero en ocasiones es necesaria para la convivencia.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leo, veo películas, voy a exposiciones si puedo, tomo vino cuando los demás toman cerveza, juego con mis gatos, a veces pinto, escaneo antiguos negativos fotográficos...
¿Qué le da más miedo?
El dolor.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Muchas cosas. La mala educación, la soberbia, la gente que se aprovecha de la buena voluntad de otros...
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Probablemente Historia del Arte, habría intentado aproximarme al mundo curatorial.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
¿Bailar cuenta?
¿Sabe cocinar?
Casi todo lo que no lleve tomate crudo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Hedy Lamarr.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Futuro.
¿Y la más peligrosa?
Religión.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Creo que todos hemos planeado un asesinato perfecto, ¿no?
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Los políticos y sus tendencias tienden a decepcionarme más que los amigos. Todavía estoy esperando alguna tendencia que vele por mis intereses como ciudadana, mujer y persona dedicada a la cultura. No tengo muchas esperanzas de que ocurra.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Directora de cine.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Hablo demasiado, soy orgullosa, olvidadiza, tengo una lista de cosas que no perdono bajo ninguna circunstancia, soy desordenada y caótica...
¿Y sus virtudes?
Soy paciente y trabajadora sobre todo. 
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi familia materna, mi pareja y mis gatos, una clase de historia del arte en el instituto de mi pueblo, mis amigos y yo adolescentes en los columpios del parque, la cafetería de la facultad de psicología, la feria del libro de Madrid, la corbata que llevaba mi editor el día que gané el Ateneo joven de Sevilla y los zapatos de la mujer que estaba a su lado, Antonio Gala metiéndose conmigo, el sol de Córdoba después de haber llovido toda la tarde... Creo que no lo vería en orden, sino un montón de cosas que amo todas revueltas.

T. M.

martes, 18 de julio de 2017

Atravesar Berlín bajo tierra


Una frase profunda y de grandes connotaciones abre este estudio del investigador estadounidense Greg Mitchell, “Los túneles. La historia jamás contada de la huida bajo el Muro de Berlín” (editorial Ariel, traducción de Ana Herrera Ferrer). Pertenece a “Fausto”: “Sólo se gana su libertad quien la conquista de nuevo cada día”. El verso de Goethe podría adaptarse a todo tipo de situaciones, pero cuando hay un muro de por medio, todo se hace mucho más difícil. En agosto de 1961 se empezaría esa enorme construcción de hormigón armado que separaría a la Alemania oriental de la occidental y cuya destrucción, en noviembre de 1989, vendría a simbolizar la caída del llamado Telón de Acero, término acuñado por Winston Churchill en alusión a la frontera geográfica e ideológica que nacía, después de la Segunda Guerra Mundial, entre los países que habían quedado bajo la influencia militar, política y económica de la Unión Soviética y los países occidentales de base democrática y capitalista.

Los antecedentes de cómo Berlín quedó dividido durante veintiocho años, que explica Mitchell al comienzo, son los siguientes: con Berlín dividido en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés, el país iría fragmentándose a medida que las relaciones entre los comunistas y los aliados se iban complicando, estableciéndose dos maneras de entender el país. De este modo, en 1949, los sectores occidentales (estadounidense, francés y británico) pasarían a llamarse República Federal Alemana, mientras que el sector oriental, el soviético, se transformaría en la República Democrática Alemana. Con ello, la capital quedaba definitivamente escindida con un devenir social y económico muy distinto: las estrecheces del ámbito soviético contrastaban con la buena salud financiera del Berlín occidental, lo cual acabó reflejándose en un éxodo paulatino: se calcula que unos tres millones de personas, hasta que el año 1961 algo se interpuso en el camino.

Un muro mejor que una guerra

El gobierno de la RDA veía que sus hombres más preparados huían hacia una sociedad de libre mercado, y entonces llegaría la determinación de cerrar buena parte de los puntos de paso que existían en la ciudad: sólo quedarían activos doce de los ochenta y uno que se extendían por Berlín. Era la noche del 12 de agosto, y otra idea empezó a ser tangible: el levantamiento de un muro, con el añadido de una alambrada, que en principio se quería provisional y que provocaría que innumerables gentes empezaran a ser evacuadas de sus viviendas. Pronto de un lado y de otro de la ciudad se presenció el trascendente trabajo: un muro de entre tres metros y medio y cuatro metros de altura, al que se acompañaba de un foso y un sistema continuo de vigilancia consistente en alarmas, coches militares y patrullas con perros y demás recursos para intimidar a los que querían volver a sus amigos y familiares del otro lado. Se dice que tres mil de las cinco mil que intentaron cruzarlo fueron detenidas, pero otras lo consiguieron. 

Mitchell lo demuestra en este libro que presenta una peripecia tan atractiva que no tardará en convertirse en película de la mano del cineasta Paul Greengrass, responsable de la serie de acción de Jason Bourne. El periodista, asimismo productor de un documental sobre la influencia política y cultural de la Novena Sinfonía de Beethoven, se ha basado para “Los túneles” en testimonios reales y extensas entrevistas “con casi todos los constructores de túneles más importantes, y varios de los correos y fugitivos”; además, determinados documentos recientemente desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos y de los archivos de la CIA, más la consulta de cientos de documentos nunca antes vistos de los archivos de la Stasi –el Ministerio para la Seguridad del Estado, órgano de inteligencia de la RDA creado en 1950 y disuelto el año de la caída del Muro–, han llevado al autor a presentar casos en verdad increíbles, con personajes que ciertamente son carne de celuloide.

Así, tenemos al que había sido exitoso ciclista, Harry Seidel, que odiaba el régimen comunista y pensaba que “seguía habiendo muchísimas personas más que rescatar: casi todo el mundo en el este”, aparte de su bebé y su esposa, a los que salvó la misma noche en que se empezó a fraguar todo; en ese momento se puso en marcha mediante un plan con el que empezar a analizar lo que estaban haciendo las autoridades, pues desde el comienzo no creyó que aquel muro fuera provisional, y desde la parte occidental se preocuparía de volver a burlar los controles y alambres para intentar salvar a su madre. En paralelo a historias emocionantes como la de este valiente ciclista, Mitchell va mostrando cómo un grupo de jóvenes alemanes occidentales tuvo la iniciativa de crear unos túneles bajo el Muro; del plan se enterarían dos cadenas de televisión estadounidense, que pusieron todo de su parte para grabar los túneles y emitir unos programas especiales que asegurarían una gran audiencia. Sin embargo, el presidente John F. Kennedy quería evitar cualquier atisbo de conflicto con los soviéticos, llegando a decir: «Es mejor un muro que una guerra».

Un túnel nazi como idea
Este tipo de estrategias políticas se irán mezclando con otro asunto peliagudo: la censura que el gobierno estadounidense promovió de cara a la emisión de esos documentales, en lo que era una injerencia clara en la libertad de la prensa libre. Pero sobre todo en el libro surgen héroes como Seidel, que “estaba dispuesto a arriesgar la vida rescatando no sólo a familiares, sino también a desconocidos”. Las maneras eran diversas: mediante el alcantarillado, pasaportes o documentos de identidad falsos, o partes de la alambrada que era posible atravesar por encima o por debajo: “Un día vio a un joven que gritaba y agitaba las manos al otro lado de la frontera a su novia, que estaba en el este. El hombre lloraba. Se iban a casar aquel mes, pero ahora ella estaba atrapada. Harry prometió sacarla, y lo hizo. Luego ofició de padrino en la boda”. Este tipo de éxitos no iban a durar mucho, no obstante, dado que la vigilancia estricta policial iría averiguando los métodos de los escapistas. Había que mirar hacia abajo.
Los rumores decían que los nazis habían hecho un túnel en 1933. El ciclista fue en su busca y encontró un muro junto a la puerta de Brandeburgo desde donde se podía pasar al este. En ese momento, fue descubierto por la policía, pero logró saltar de la comisaría, desde una ventana que estaba a seis metros del suelo. Otros no tuvieron tanta suerte, como un amigo que, ayudando a otro compañero universitario a socorrer a su madre, fue disparado mortalmente. El peligro acechaba por doquier, porque se realizó un despliegue de miles de agentes que trabajaban para la Stasi como informantes; incluso las funciones de éstos rebasaban su territorio natural, ya que también “eran conocidos por secuestrar a expatriados en Berlín Occidental y llevárselos de vuelta al este”. Con todo, Seidel no se amilanó, y se entregó al proyecto del túnel; como el resto de sus conciudadanos, además, se enteraría de que había otros en marcha, el de unos hermanos que hasta salieron en los periódicos; dada la subsiguiente polémica por airear tal recurso, se establecería un acuerdo para mantener ese tipo de cosas en secreto. Lo llamativo del túnel de Seidel, al que se sumaron más hombres que trabajaban noche y día, es que se haría en la dirección menos frecuente: del lugar libre al oprimido. Era el comienzo de una aventura extraordinaria sobre los refugiados que cavaban y cavaban, desfalleciendo por la falta de oxígeno, en jornadas que podían durar doce horas seguidas, mientras “guardias fronterizos armados con fusiles Kalashnikov patrullaban por encima de sus cabezas”, cuenta Mitchell. Con lo que no contaba Seidel es que uno de los supuestos interesados en usar su túnel sería un informador de la Stasi. 

Publicado en La Razón, 21-V-2017