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jueves, 13 de abril de 2017

Un Dickens neoyorquino


Vaya momento. El sueño de todo investigador, historiador, filólogo, mero lector. Qué momento viviría el estudiante de doctorado Zachary Turpin, de la Universidad de Houston, cuando indagando en el legado de Walt Whitman encontró unos papeles que a buen seguro eran el boceto de una narración y, a partir del nombre de diversos personajes que salían en él, acudió a los periódicos de la época y encontró uno en el que el poeta ya había publicado y la confirmación de sus pesquisas. Se trataba del neoyorquino “The Sunday Dispach”, que en efecto publicaba por entregas, entre el 14 de marzo y el 18 de abril, “Vida y aventuras de Jack Engle”, un relato que coincidía con los apuntes del cuaderno de Whitman manuscrito. En la Biblioteca del Congreso de Washington pudo consultar el único ejemplar existente ahí del citado periódico, y ciento sesenta y cinco años después, ese texto olvidado por un Whitman que también iba a renegar de otra exitosa novela que sí publicaría en forma de libro antes de consagrarse a la poesía, la antialcohólica “Franklin Evans, el borracho”, acaba de aparecer editado por la Universidad de Iowa y en línea en la “Walt Whitman Quarterly Review”.

Algunos de estos pormenores los explica Manuel Vilas en esta edición que ha salido con una velocidad vertiginosa en español por parte de Ediciones del Viento, con la traducción de Miguel Temprano García. Aparte de eso, el magnífico prólogo ubica a Whitman como “inventor” de los Estados Unidos, con esa nueva sensibilidad que impulsó a partir de la primera edición, en 1855, de “Hojas de hierba”. Él mismo calificará a su país de «gran poema» y, atendiendo a la Nación desde el Individuo, en el prefacio de la primera edición de su “work in progress” (el libro se irá agrandando a lo largo de sus nueve ediciones), dejará claro que lo mejor de su tierra es «el común de las gentes».

Un abogado en Wall Street

Destacar este enfoque de idolatría y afecto hacia su país y sus conciudadanos es aquí pertinente porque ya el primer capítulo se abre aludiendo en su título a “Un excelente ejemplar de la joven Norteamérica”, de modo que todos los vínculos que podamos establecer entre la mirada humana del Whitman narrador y su incipiente poesía están más que justificados. El punto de vista narrativo, con el sujeto que toma la voz y también forma parte del ambiente de vagabundaje y miseria que se va a ir mostrando para hacernos llegar la vida de Jack y la niña Martha, demuestra que el autor de Brooklyn tenía dotes narrativas más que notables. Por todo ello Vilas dice que esta historia, lejos de atraer sólo por ser una rareza en la trayectoria del poeta, “es interesante por sí misma, tiene valor histórico y literario, y dibuja el Nueva York de mediados del siglo XIX con asombrosa naturalidad”.

Es evidente en ella la impronta de Dickens si tenemos en cuenta que se va a contar la historia de un muchacho que es adoptado por un bondadoso lechero que precisamente acudirá a ese abogado para encontrarle un destino laboral que, en verdad, no le gusta. Esquemática, sentimental, con personajes estereotipados… Todas las reglas del género del folletín para el gran público se dan cita aquí para darnos (la publicidad que se había dado en la prensa era cierta) una novela muy entretenida, sobre todo cuando se van incorporando personajes, como la bailarina española Inez, y el egoísmo del abogado, con ínfulas políticas e “infames propósitos”, influye cada vez más en una trama que esconde un misterio en relación con la huérfana Martha.


Publicado en La Razón, 30-III-2017

miércoles, 10 de agosto de 2016

"Money Monster": la bolsa de la muerte

Es como una obra de teatro. Tres personajes fundamentalmente en una situación asfixiante, amenazadora. Lo soporta todo un muy notable guión, y las interpretaciones realmente buenas de George Clooney y el joven Jack O'Connell, éste lo mejor del film sin duda. Money Monster es el espejo puesto en Wall Street, una muestra realista de la frivolidad del dinero que sube y baja en la bolsa y es objeto de espectáculo televisivo. También es una crítica a la potencia e influencia de los medios de comunicación, y a los potentados que hay detrás de empresas que cotizan en bolsa y son capaces de todo tipo de especulaciones con tal de complacer una codicia infinita. En suma, una recomendable película, con dirección de una Jodie Foster valiente pero que falla en cómo concibe al personaje de Julia Roberts, la directora impasible del show que presenta Clooney que ni siquiera en momentos de estrés máximo, como el hecho de que una bomba pueda estallar delante de sus narices, cambia su rictus y apenas transmite el dramatismo que una situación así despertaría.

sábado, 23 de julio de 2016

La ciudad de las maravillas


«Venecia», «Un mundo escrito», «La coronación del Everest»,«La casa de una escritora en Gales», «Presencia de España», «Europa desde el aire» son los títulos que hasta la fecha el lector en español ha podido conocer de Jan Morris, escritora viajera por los cuatro continentes de trayectoria tan peculiar como brillantísima. Su «Manhattan 45» se publicó en 1987, y qué maravilloso acierto tenerlo ya entre nosotros después de casi veinte años, con la magnífica traducción de Esther Cruz. Morris, que nació varón con el nombre de James Humphrey Morris y muy pronto se sintió «una mujer atrapada en el cuerpo equivocado», como ha declarado en varias ocasiones, desarrollaría tanto una carrera periodística como militar que a la postre la convertiría en una autora de libros de viajes extraordinaria.

Participante de la Segunda Guerra Mundial tras graduarse como oficial de inteligencia, destinado a Palestina e Italia (su operación de cambio de sexo no llegaría hasta el año 1972, en la ciudad de Casablanca), estudiante en Oxford y casado con una mujer con la que tendría cinco hijos, y al fin periodista de «The Times», que le envió a cubrir la expedición de John Hunt que coronó la codiciada cima del Everest en 1953. En ese mismo año, Morris visitó Nueva York por vez primera, y de sus investigaciones sobre la ciudad en un momento crucial –cuando el trasatlántico británico «Queen Mary» llega a Manhattan, trayendo a unos 14.500 soldados norteamericanos que habían derrotado a la Alemania nazi– surge este libro precioso que nos regala cómo la urbe por antonomasia estaba «en el ápice de su esplendor» y era «la ciudad reina» que protagonizaba una «plenitud espléndida» en un ambiente de orgullo y optimismo como nunca se iba a repetir: «Era inmensamente rica, estaba llena de gente con talento, tenía poder, era divertida y era, además, el talismán de una nación que podía hacer cualquier cosa», dice al inicio de la introducción.

Morris analiza la isla de Manhattan desde un sinfín de perspectivas para conseguir que uno pise las calles y se imagine nítidamente la atmósfera que se respiraba en torno a lugares y personas emblemáticas. «Era todo garbo, ritmo, brillo afable», asegura. «Era el futuro que debía llegar». Una ciudad que representaba el porvenir y el disfrute cuando los grandes escenarios europeos estaban en ruinas o envejecidos. Era la Manhattan de Madison Avenue, llena de agencias de publicidad, la de los grandes parques, la del legado de Rockefeller y musicales como «On the Town», que se llevaría al cine con el título «Un día en Nueva York». La de los influyentes «The New York Times», «The New Yorker» y «Life».

Publicado en La Razón, 21-VII-2016

jueves, 30 de junio de 2016

Los nuevos diarios de Hilario Barrero

Con el recuerdo dulce y admirativo de la anterior entrega de los diarios de Hilario Barrero, Nueva York a diario (Impronta, 2013), hace unos meses voy leyendo el nuevo libro del autor toledano afincado en Brooklyn desde hace casi cuatro décadas. Son los Diarios (2012-2013) (La Isla de Siltolá, 2015), que degusto poco a poco, como si fuera escribiéndolos yo mismo, con una periodicidad alterna, continua o interrumpida, siguiendo así el tempo de la vida de este extraordinario diarista que tan maravillosamente bien capta la vida: la de su barrio, la de su ciudad, la de sus lugares de origen.

Como en otras ocasiones en su prosa íntima, sensible, honesta y hermosa, aquí de nuevo surge el Barrero que glosa durante el día a día el tempus fugit, el ubi sunt, el carpe diem amoroso. El amor conmovedor a su pareja, la preocupación de sus vecinos, sus lecturas poéticas, el gusto por la música clásica en directo, el arte y la política, el frío y las enfermedades, toda la cotidianidad neoyorquina que protagoniza o le circunda –también en España cuando suele viene un tiempo a reencontrarse con su ciudad natal, o con su querida Asturias, o incluso con la Barcelona que le trae recuerdos románticos de juventud– se abre paso página tras página con tanta delicadeza como amenidad.

Estoy a punto de acabar el libro, tomándolo como tazas de café, cuando estoy en tránsito, cuando estoy en esperas, cuando necesito un libro que me acompañe a algún sitio que sé que no me decepcionará. Así dilato su lectura, y me empapo de la vida del autor –que por cierto contestó a la entrevista capotiana– lo más posible, aguardando otra entrega. En esta, justamente a la mitad, en la página 161, encuentro el clímax de la escritura de Barrero, sensitiva, melancólica, consciente de que lo poético nos eleva, pero que siempre hemos de acabar claudicando ante los sentimientos intuitivos, irracionales, verdaderos:

Al caminar por el parque en una generosa tarde de septiembre, con la luz suave, como de seda, el cielo azul, ya los dedos del otoño entre los árboles, su perfume entre las últimas rosas del verano, y más tarde al llegar a casa, beber una copa de vino, escribir una carta a un amigo agradeciéndole el envío de su último libro, mirar el retrato de mi madre y esperar la noche; instantes que en otra ocasión hubieran pasado con normalidad, sin apenas darle importancia, ahora mismo que escucho Tristán e Isolda, me ha parecido que estaba cometiendo un crimen, que le estaba robando a alguien parte de su aire, he repetido que la vida es injusta y me he sentido y me siento culpable de poder mirarte a los ojos y respirar.

sábado, 4 de junio de 2016

Una mujer de ochenta empleos

Un día en un hotel de Nueva York. He aquí lo que ofrece esta extraordinaria novela-reportaje, como la llamó autora, Maria Leitner, que vivió en carne propia lo que era sobrevivir en la Gran Manzana a base de todo tipo de empleos. Su increíble historia personal habla de una mujer que ocupó más de ochenta trabajos para tener material con el que literaturizar el reverso del sueño americano: la explotación laboral, la pobreza, el ser nadie en una ciudad de millones de seres buscando salir de su esfera social. Leitner publicó esta obra en 1930; a lo largo de los años 1925-28 había recorrido Estados Unidos para escribir reportajes para la prensa alemana. Muy comprometida con la lucha obrera y los derechos de la mujer, el régimen de Hitler la incluiría en su lista negra y tendría que huir atravesando varios países hasta que murió en un psiquiátrico de Francia, en 1942, tras pedir en vano un visado para volver a los Estados Unidos.

La traductora del libro, Olga García, pone hincapié en su prólogo, titulado “Maria Leitner: prohibida, proscrita y olvidada”, en cómo la escritora hizo de camarera, doncella, fregona, obrera en una fábrica de tabaco, vendedora, etc., y cómo viajó también al Caribe y Sudamérica, despertando con sus escritos la admiración de colegas como Erika Mann. Una autora traducida a varias lenguas, que ahora felizmente se recupera del olvido. Aquí seguiremos los pasos de la joven irlandesa Shirley O’Brien, que empieza el día pensando en que será el último en que trabaje en el Hotel América de lavandera. Las condiciones penosas de sus compañeros, cierta rebelión ante los jefes, la situación de los negros, todo el relato viene a destapar las crueldades de una sociedad jerarquizada hasta el paroxismo, y así, la Gran Ciudad se concentra en un edificio de treinta plantas, y el hormigueo de personajes, dramas íntimos y esperanzas conmovedoras suben y bajan de un piso a otro en un relato memorable.


Publicado en La Razón, 2-VI-2016

viernes, 4 de diciembre de 2015

Publicación de “Un realismo transversal. Doce cuentos metaliterarios”, en Arte Poética Press, primer volumen de la colección Metaficticia


Qué tremenda ilusión me hace presentar este primer volumen de una colección que he ideado en torno a lo metaliterario y que, de la mano de la editorial neoyorquina Arte Poética Press, ve la luz ahora. Se trata de Un realismo transversal. Doce cuentos metaliterarios, para el cual he contado con algunos de los mejores narradores de un lado y otro del océano. Se puede seguir la aparición del libro mediante el Facebook de la editorial y ya puede adquirirse en Amazon (página americana) y Amazon (página española), aparte de la página de Arte Poética Press y diversas librerías de Nueva York. A continuación, el texto de contracubierta.

La autorreferencialidad literaria, es decir, la literatura que se hace objeto de sí misma, es el punto común que aúna estos doce relatos que inauguran la Colección Metaficticia de Arte Poética Press, concebida y editada por Toni Montesinos, a la sazón autor de La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013 (Escribana Books, Nueva York, 2014). El escritor y crítico barcelonés ha reunido a algunos de los mejores narradores hispanoamericanos –Lázaro Covadlo, Jaime Collyer, Juan Villoro, Guillermo Martínez, Javier Ponce Gambirazio y Leonardo de León– y españoles –José María Conget, Tino Pertierra, Juan Bonilla, Ignacio Ferrando, Lorenzo Luengo y Bruno Mesa– de la actualidad conjugando muy diferentes generaciones y sensibilidades con un propósito: invitar al lector a aproximarse a una docena de maneras de ver cómo se fusiona la tradición, la bibliografía y el arte literarios con lo real humano. Por ello, en Un realismo transversal —expresión tomada del primero de los cuentistas seleccionados—, la lectura y la escritura, reales y reconocibles o ficticias, se fusionan con las acciones y pensamientos de los personajes, y el resultado es simplemente genial: un ramillete de historias fantásticas en las cuales, en la mayoría de casos, el humor tiene un peso determinante y son protagonistas escritores cuyas obras o libros leídos, recurriendo a la libertad y al alarde de imaginación y exhibición de talento que despierta practicar lo metaliterario, ofrecen el reverso de una ilusión o un desconcierto siempre asombrosos.

viernes, 19 de junio de 2015

Mi prólogo a “La gran ciudad”, de Ring Lardner, novedad de La Fuga Ediciones


“Un idealista desilusionado en Manhattan”, he titulado el largo prólogo que he dedicado a esta obra de Ring Lardner editada por La Fuga, hasta ahora desconocida en español. Es la única novela de este gran escritor estadounidense, muerto prematuramente, padre de un guionista histórico y autor de numerosos cuentos que, en los últimos años, han llegado a las editoriales españolas. Pero como suele suceder con los escritores de humor, se le ha divulgado con buenas traducciones pero con una sonrisa complaciente, sin rodearlo de estudios, aproximaciones, análisis, tanto biográficos como artísticos. En este sentido, creo que no me equivoco al afirmar que el mío –el título lo he sacado de una expresión de su íntimo amigo F. S. Fitzgerald, de cuya relación hablo prolijamente en esas páginas– es el primer texto sobre Lardner en España. En él, entre otros muchos asuntos, abordo la relación del escritor con el mundo del cine y, por supuesto, qué supone en la novela Nueva York, la Gran Ciudad, para entonces, para hoy, para siempre.

Nota de la editorial:
El sábado 20 de junio celebraremos el día de la música en la Llibreria Calders (Passatge Pere Calders 9, Barcelona) con un concierto de jazz del trío InTrioSpection (Ferrara / Italia). En el acto presentaremos también nuestro último lanzamiento editorial: La gran ciudad del periodista y escritor Ring Lardner. Una joya de la literatura de humor norteamericana, ambientada en la Nueva York de los felices años veinte, la época de la ley seca, de los bares clandestinos y, por supuesto, del jazz.

miércoles, 12 de marzo de 2014

“La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013” en McNally Jackson Books, Nueva York


No conocía McNally Jackson Books, pero me dicen que es la librería de referencia para los que quieren en Nueva York conseguir libros en español. Está en el downtown de Manhattan, a un par de manzanas de Broadway, en la calle Prince, y a ella tendré que acudir algún día, por si aún sigue ahí La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013 (Escribana Books).

viernes, 7 de marzo de 2014

“La resistencia del ideal” en Barnes & Noble


Al instante estuvo el libro disponible en Amazon para Estados Unidos, y a los pocos días en Amazon para España, pero ahora también está ya en la red de librerías Barnes & Noble. Tal vez descanse en una mesa de novedades de aquella en la que entré este verano, ya no sé dónde por Manhattan –en Lexington, en la Quinta Avenida...– para resguardarme del calor extremo y el agotamiento de tanto andar. Tal vez el libro esté mirando hacia arriba, y se encuentre con los viejos amigos Virginia, Mark y Oscar, también resistentes de los mayores ideales literarios.

sábado, 1 de marzo de 2014

Contraportada de «La resistencia del ideal» con opiniones sobre el autor, ese que soy yo


Para terminar de glosar la aparición estos días de La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013 (Escribana Books, Nueva York, 2014), adjunto la contraportada, con los datos bibliográficos recientes de un servidor, una foto tomada por un amigo por la que apenas se asoma la Torre de Londres, y algunas frases de escritores, traductores, catedráticos de literatura en universidades europeas y americanas y críticos literarios que me honran opinando sobre mi obra: Germán Gullón, José María Conget, Gonzalo Navajas, Jesús Aguado, José Balza, Jaime Quezada, Mauricio Wiesenthal, Mercedes López-Baralt, José Ángel Cilleruelo, Monika Zgustova y Ainhoa Sáenz de Zaitegui. En la contraportada solamente hay unas pocas líneas de algunos de estos autores, pero en la web de Escribana Books se pueden leer los textos enteros, extensos y generosísimos, que me llenan de orgullo y agradecimiento.

jueves, 27 de febrero de 2014

Una pizca del prefacio de «La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013»


Ya está circulando por Amazon mi nuevo libro, La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013, de escritura barcelonesa, edición neoyorquina y temática literaria universal (con especial detenimiento en el análisis de la actualidad editorial, la teoría literaria, la política de los últimos cien años relacionada con la literatura y, también, en diez autores cumbre de las letras de España y América Latina, clásicos y modernos). Pongo aquí las primeras líneas del breve prefacio que preparé para hablar de la estructura, el título y la ética estética, por decirlo al modo juanramoniano, que abandera esta reunión de ensayos.

«Veinte años de investigaciones literarias, desde el ecuador de mi etapa como estudiante de filología hispánica en Barcelona hasta hoy, cuando ya tengo publicados diversos libros de ensayos sobre poesía y narrativa universales, se concentran en esta recopilación de textos concebidos para periódicos, revistas, prólogos, conferencias. De lo general a lo singular, de la Literatura a los literatos, de ese futuro memorioso que llamamos pasado hasta hoy mismo, la estructura de este libro propone un camino gradual, con una transición que enlaza las consideraciones temáticas globales de la primera parte con los autores concretos en lengua española de la segunda. Los cuales, a su vez, remitirían circularmente al primer texto, «La resistencia del ideal», que da título al libro y que debo a…»

lunes, 24 de febrero de 2014

Novedad: mis ensayos literarios en Nueva York


Hoy ve la luz La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013, en la editorial neoyorquina Escribana Books. No puedo describir el gozo, el entusiasmo que me produce esta primera publicación estadounidense –que no americana, ¿pues no debuté con las poesías de El atlas de la memoria en Caracas, en 1998?–. Es en un nuevo sello, en el seno de una editorial admirable, Artepoética Press, iniciativa de un editor maravilloso –además de poeta y profesor y muchas otras cosas, como tuve la feliz ocasión de conocer este último verano, en Manhattan–: Carlos Aguasaco, que cuenta en su equipo con un gran artista plástico que se ocupa de las tareas de diseño, su hermano Jhon. 

Con mi libro, así pues, comienza la andadura de Escribana Books, la colección concebida para el ensayo literario, del cual tengo a bien adjuntar el índice para concretar más el contenido, que recorre veinte años de lecturas e investigaciones literarias diseminadas en revistas y periódicos. El libro ya está disponible en Amazon (para España), en Amazon (para EEUU) y en esta web (ventas internacionales), y hay informaciones y comentarios “Sobre la obra del autor”, en la propia página de Escribana Books, de la mano de escritores y críticos literarios que tanto admiro y quiero. Sólo faltaría yo mismo para estar disponible, pues aún estoy asimilando esta felicidad que revive y revaloriza dos décadas, asombrado y agradecido porque el presente aún dé regalos que nos nutran de fe en el mañana.

Índice de La resistencia del ideal:

Generalidades
La resistencia del ideal
La ciudad platónica. Guía para visitar Utopía
Literatura y política:
I, Letras y verdugos del gulag
II, Un necio sustancioso llamado Hitler
III, Jóvenes testimonios frente al terror nazi
IV, George Orwell: el racionalista sistemático
V, La sumisión de la literatura catalana a la política
VI, Un camino solitario entre Jerusalén y Gaza
El realismo ficticio

Intermedio de transición
Tres estaciones realistas (del siglo xvii al xx): Cervantes, Schiller y Clarín, Pirandello y Pla

Singularidades
Benito Pérez Galdós: I, La adivinación artística. II, Una trilogía crematística
Horacio Quiroga: Una lágrima de vidrio
José Antonio Ramos Sucre: El hechizo del insomne
Azorín: Una ventana, o el filtro del impresionismo
Camilo José Cela: La melancolía erótica
Gabriel García Márquez: La dignidad del derrotado
José Balza: I, El pensamiento y la distancia. II, Narrar es poseer
Mauricio Wiesenthal: La «trilogía europea» de un dandi viajero
Luis Rogelio Nogueras: Aquella noche cubana
Jaime Quezada: Bautismo del fin del mundo

sábado, 11 de enero de 2014

Dante, Nueva York, Dante, Lorenzo Luengo, Dante


Dante, siempre Dante, siempre presente. Visité su casa en Florencia hace quince años, tuve como profesor universitario a su máximo traductor al español, y uno siempre vuelve a él, y ve cómo tantos y tantos autores aún lo referencian, les resulta inspirador, les llevan a la escritura. Este agosto, paseando por la avenida Columbus de Nueva York, me topé con el Dante Park, que no conocía y estaba en obras. Siempre cercano, Dante, allá donde se esté. A finales del año pasado, pude conocer La cuestión Dante (editorial Algaida, premio Ateneo de Sevilla), una novela de actualidad argumental (histórica, científica, religiosa) con el trasfondo de una estructura sacada de la Commedia. Su autor, Lorenzo Luengo, que ya se asomó aquí brillantemente por medio de la entrevista capotiana, el gran traductor de los diarios de Lord Byron, verá pronto en su luz editorial un próximo libro de cuentos, que redondea hasta la fecha una muy atractiva y variada narrativa, compuesta por otra novela premiada con el Ateneo Joven, Amerika, una novela corta también aparecida a partir de un galardón, El quinto peregrino (Pre-Textos), y un debut literario medio ensayístico medio narrativo titulado La cierva de la aurora, donde exploraba asuntos bíblicos.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Caduco Nueva York

El lector español se familiarizó con Louis Auchincloss de la mano de dos novelas publicadas por Libros del Asteroide, dos de sus mejores historias de entre una obra tan amplia como su vida (murió a los 92 años en Nueva York). Es la hora, gracias a la traducción de Ignacio Peyró, de conocer su narrativa corta por medio de estos diez relatos en los que se recrea el escenario predilecto de este escritor de acaudalada familia y abogado en Wall Street: el Manhattan de los empresarios y de las herencias, de los hombres y mujeres ricos y desdichados, infieles y egocéntricos, egoístas y ociosos. Es el ambiente de “madres casamenteras”, “fortunas inmemoriales”, “ricos de siempre y nuevos ricos”, “amores de verano en Bar Harbor”…, como apunta el traductor en el prólogo.

Publicados originalmente en el año 2002 con el título “Manhattan monologues”, estos cuentos muestran los hábitos sociales de “la vieja Nueva York” o los compromisos de los jóvenes herederos, interesados en el hedonismo, frente a la obligación de participar en las dos guerras mundiales ante la férrea autoridad paterna. En este sentido, se trata casi siempre de conflictos generacionales, de madres que esperan buenas nueras, de viriles millonarios que aguardan que su primogénito esté a la altura de su bravura en la vida y los negocios. Todo un mundo de valores, ya caducado, de una Gran Manzana en blanco y negro y con el signo del dólar.

Publicado en La Razón, 19-XII-2013

viernes, 22 de noviembre de 2013

Mis poemas neoyorquinos en dos antologías


Mi pequeño conjunto de poemas Escenas de la catástrofe, escrito poco después de mi primer viaje a Nueva York en 1996, solo me ha deparado agradables sorpresas. Vio la luz en la revista El Extramundi a finales de 1998, y en el año 2008, casi por pura casualidad, me informaron de que uno de sus poemas aparecía en un curioso libro portugués sobre letras y arquitectura. Pero lo fundamental vino en el 2010, cuando lo volví a publicar, esta vez ya en formato libro, en la colección Los Conjurados de la editorial Polibea, con el subtítulo “Poemas y crónicas de Nueva York”, pues en él añadía dos textos que había publicado en la revista Clarín sobre Manhattan y Brooklyn a partir de sendos viajes posteriores. La edición, prologada por Antonio Rivero Taravillo, era una preciosidad, y en ella pude incluir algunas fotos mías de la ciudad. 

En ese mismo año, Germán Gullón lo citó, con tremenda generosidad, en su magistral estudio El sexto sentido. La lectura en la era digital. Pues bien, el modesto librito tuvo críticas maravillosas en La Razón y El Cultural, entre otros medios, y el año pasado otro investigador, Julio Neira, se hizo eco de él en su Historia poética de Nueva York en la España contemporánea (Cátedra). Un volumen sistemático y riguroso que yo mismo reseñé para Letra Internacional y que sería el preámbulo para que otro amante de la Nueva York hispana más literaria también incluyese en una antología uno de mis poemas. Me refiero al magnífico Fruta extraña. Casi un siglo de poesía española del jazz (Fundación José Manuel Lara), que acaba de aparecer, de Juan Ignacio Guijarro. 


De modo que solo puedo expresar mi más sincero agradecimiento a todos los que han hecho que esas pocas páginas tituladas Escenas de la catástrofe, publicadas en un lugar discreto y sin distribución apenas, hayan rebasado tiempos y espacios hasta hacerse para mí especialísimas, presentes y constantes dentro de mi bibliografía.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La mejor librería, paseando por Central Park


En uno de los últimos domingos del verano, en un café, antes de que septiembre, el laboral, el escolar, se imponga con su lengua de rutinas babeando sobre la actualidad política que regenta nuestra vida, recuerdo un paseo semanas atrás, por Nueva York. No sé a qué calle desemboqué después de rondar por Central Park, pero aún en una acera salpicada por el esplendor verde de la naturaleza del parque, me topé con un fragmento de una conocida librería: un stand informal, con mesas en la calle y pequeñas casetas. La sorpresa fue ver cómo en unos pocos metros cuadrados, lo mejor de la literatura universal, antigua y moderna, se congregaba en libros nuevos y de segunda mano. 

Hoy en día, cuando entrar en una librería es una experiencia tan anodina y desesperanzada en la que destacan, en el atril que te da la bienvenida, volúmenes tan escalofriantes como la biografía de la mather del Llastin Bíber, las novelas históricas idénticas unas a otras y tomos con entrenadores de fútbol en la portada en ademán de actor rompecorazones, ver aquel rincón cool y relajado, sencillo hasta la simplicidad pero lleno de joyas que también se extendían a libros para niños o sobre cine, fue un rayo de sol en la cueva mercantil en la que hiberna el mundo literario-editorial. Los mejores escritores de la historia estaban diseminados en plena calle, a la vista de cualquier paseante, y frente a ellos me demoré más tiempo que visitando librerías de dos pisos e innumerables libros inútiles por insustanciales, tramposos por oportunistas, estúpidos por analfabetos. Pero no compré nada para mí; solamente para otras personas. Yo ya había tenido suficiente con el hallazgo, saliendo de Central Park, de los árboles convertidos, mágicamente, en los mejores libros una inolvidable mañana neoyorquina.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La Gran Manzana en versos


No hay dos palabras juntas que atraigan tanto la atención de forma instintiva. Lo saben los publicistas, los escritores de best-sellers, los guionistas cinematográficos y tantos otros integrantes de la creatividad comercial: Nueva York es un imán, una gran manzana jugosa de morder, la capital de un imperio del que todos, en cierta medida, somos súbditos. Y lo saben los poetas, que encontrarían el lado lírico al cemento, al cristal, al rascacielo después de que el pionero Walt Whitman pusiera las bases de esa idolatración al publicar su inmortal libro en 1855, cuando “América era entonces el símbolo famoso de un ideal”, en palabras de Borges. El autor de “Hojas de hierba” dijo en el último verso del poema “Mannahata” (etimología del nombre de Manhattan): “¡Ciudad anidada de bahías! ¡Ciudad mía!”.

Incontables los poetas que han hecho suya Nueva York desde aquel tiempo. Julio Neira se planteó con cuántos de ellos contaban las letras españolas, y el resultado es este volumen recopilatorio, bien documentado y estructurado. Juan Ramón Jiménez y García Lorca; los poetas exiliados, el tiempo de la dictadura; el periodo democrático; y “Tras el 11 de septiembre de 2001” son los bloques desde los que parte el investigador. No estamos ante un libro de crítica literaria sino ante un recorrido bibliográfico en el que se reseñan las obras de una gran multitud de poetas y se transcriben y explican sus textos más significativos.

La línea del estudio como censo, perspectiva diacrónica y estructuración histórica está clara y es útil para obtener una imagen panorámica del tema en cuestión, pero sobra sin duda el apéndice, con poemas inéditos, más bien flojos, de quince autores. En cuanto a la concepción de su trabajo, el propio Neira admite que “un corpus tan amplio ofrece un nivel estético muy irregular”, pero creo que en un país donde impera el amiguismo de las camarillas poéticas y en el que vemos cómo en las antologías siempre salen los mismos escritores, es bueno que por una vez no haya filtro, que el lector pueda elegir a los merecedores de decir que Nueva York es, también, su ciudad.

Publicado en Letra Internacional (núm. 114/5)

sábado, 27 de octubre de 2012

Nueva York: la ciudad orgullosa



Este otoño se ha cumplido el 150º aniversario del nacimiento de uno de los mayores cuentistas estadounidenses. Desde 1919, un prestigioso premio lleva su nombre –lo han obtenido algunos de los mayores narradores americanos–, lo que da cuenta de la importancia de la obra de este hombre que se llamó William Sydney Porter hasta que quiso reconvertirse en O. Henry, seudónimo inspirado en un gato de un amigo de Austin, la misma ciudad donde fue acusado de malversación en el banco donde trabajaba, en 1896. Para no ser juzgado, se fugó a Honduras, pero a su vuelta fue encarcelado, y entre rejas empezó su trayectoria literaria. 

Ya instalado en la «orgullosa ciudad de Nueva York», como la llama en el relato «El califa, Cupido y el reloj», en 1901, O. Henry habló de lo que conoció: de los perdedores y de los buscavidas, de los mentirosos y de los pícaros, de los marginados de la sociedad. «Una historia digna de ser contada», dijo el autor cuando publicó «Los cuatro millones» (fuente de estas historias traducidas ahora por J. M. Álvarez Flórez), en referencia a la población neoyorquina que había a inicios del siglo XX. Ahora el lector, como en su día destacó Borges, podrá asombrarse ante el método del «trick story», tan explotado por Poe: el relato corto debe escribirse según su desenlace.

Publicado en La Razón, 25-X-2012

lunes, 15 de agosto de 2011

Nueva York, sweet home

En cierta forma, volver a Nueva York es volver a casa. La rara fascinación de estar en el piso 23 de un hotel y ver el silencio de los rascacielos, para luego inundar los ojos de realidad lejana y conocida en plena calle, es algo natural, germinado en nuestra cultura televisiva, cinematográfica. Todo sucede aquí, aunque en Broadway, bien cerca del Lincoln Center, y a dos manzanas de Central Park, no haya nada que destacar en esta mañana apacible, homy: solo el pantagruélico desayuno de un diner –célebre por acá, como se deduce de las fotos de las celebridades que acuden a él– que en sí mismo me proporciona una felicidad incomparable. La “catástrofe” que es NY y que plasmé en un breve poemario se toma un respiro para acoger al visitante madrugador. Un océano de por medio, un idioma y unos hábitos ajenos, y uno deambula sin embargo como si el Upper West Side fuera su barrio de toda la vida.


jueves, 15 de julio de 2010

Nueva York dibujada



Necesitaría más palabras que líneas trazadas por Robinson (seudónimo) para ser capaz de expresar mi asombro, mi admiración gigantesca por este libro, el homenaje gráfico, visual, artístico a Nueva York más imponente que he visto. Quién dibujara así, suspira el dibujante que una vez tuve dentro....


Manhattan, de día y noche, vista desde el Empire State, adentrándose en el metro y en los museos, panorámicas de los parques, estatuas, calles. Qué absolutamente impresionante esta entrega por parte del artista alemán, nacido Werner Kruse (1910-1994), por la ciudad de las ciudades. Y es que como dice en el prólogo Matteo Pericoli: "Nueva York es el objeto artístico más generoso de cuantos existen: se entrega completamente sin vacilar, y al mismo tiempo incita a opinar sobre ella con una morbosa curiosidad. La obra de Robinson es un valeroso acto de amor".