lunes, 15 de agosto de 2011

Nueva York, sweet home

En cierta forma, volver a Nueva York es volver a casa. La rara fascinación de estar en el piso 23 de un hotel y ver el silencio de los rascacielos, para luego inundar los ojos de realidad lejana y conocida en plena calle, es algo natural, germinado en nuestra cultura televisiva, cinematográfica. Todo sucede aquí, aunque en Broadway, bien cerca del Lincoln Center, y a dos manzanas de Central Park, no haya nada que destacar en esta mañana apacible, homy: solo el pantagruélico desayuno de un diner –célebre por acá, como se deduce de las fotos de las celebridades que acuden a él– que en sí mismo me proporciona una felicidad incomparable. La “catástrofe” que es NY y que plasmé en un breve poemario se toma un respiro para acoger al visitante madrugador. Un océano de por medio, un idioma y unos hábitos ajenos, y uno deambula sin embargo como si el Upper West Side fuera su barrio de toda la vida.