miércoles, 23 de abril de 2014

Entrevista capotiana a Mariano Zurdo

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mariano Zurdo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Jamás es una palabra que sólo está al alcance de unos pocos. Yo soy más mediocre y me gustaría vivir en un solo lugar según mi estado de ánimo. Ahora me iría a vivir a Asturias, concretamente a un pueblín en el desfiladero de los Beyos.
¿Prefiere los animales a la gente?
Rotundamente no.
¿Es usted cruel?
De facto no, de pensamiento puede.
¿Tiene muchos amigos?
Tengo amigos. Lo de muchos es subjetivo. Lo que sí que puedo afirmar es que los he ido acumulando a lo largo de mi vida y que he intentado ir perdiendo los menos posibles.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La capacidad de acordarse de ti en un momento dado y que sin pensarlo descuelgue el teléfono para ver qué tal te va.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, no se lo pongo tan difícil.
¿Es usted una persona sincera? 
Si digo que sí o que no mentiría.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con una conversación lo suficientemente larga como para que quepa la reflexión, el debate, la risa y no menos de cuatro cervezas.
¿Qué le da más miedo?
Perder la memoria, no reconocer a los que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El uso de la libertad de expresión para mentir deliberadamente por parte de las personas que generan opinión. Los que pretenden elevar la moral individual a ley colectiva. Los que son enemigos de lo diferente y para ello tildan al diferente de enemigo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Jugar al baloncesto. Sin éxito, claro, porque con 1,70 o eres el mejor o no eres nadie y yo siempre fui un segundón.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
En presente poco, en pasado mucho y en futuro lo que pueda.
¿Sabe cocinar?
No, pero lo hago a diario.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Dudo mucho que esa publicación estuviera interesada en mis personajes inolvidables, la verdad. Me gustan más las personas anónimas que provocan cambios a través del efecto mariposa que los personajes que cambian el rumbo de la historia de repente.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Proyecto.
¿Y la más peligrosa?
Delación.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Soy muy cobarde, pero no tanto como para desearlo. La respuesta es sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy rojo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
No me gustaría ser otra cosa. Me gustaría tener más recursos para ser lo que soy de manera más gratificante.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Desayunar fuera de casa, beber cerveza, observar las piernas de las mujeres.
¿Y sus virtudes?
Las virtudes si no se contraponen con los defectos son pura vanidad y yo no soy nada vanidoso.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Soy demasiado caótico como para imaginar siguiendo los esquemas clásicos. Y en una situación de ahogamiento supongo que sería aún más caótico y las imágenes se me irían por peteneras. A saber.

T. M.