lunes, 20 de abril de 2015

Entrevista capotiana a Ana Francés

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ana Francés.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Menorca, en el puerto de Mahón, en una casa junto al mar con pequeño embarcadero.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Jamás.
¿Es usted cruel?
No, en absoluto.
¿Tiene muchos amigos?
Sí, en ello confío.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Nobleza. Inteligencia y divertimento (por ese orden). 
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Pocas veces. Son amigos.
¿Es usted una persona sincera? 
En general, sí, aunque de vez en cuando miento. Como todos.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribiendo. Una cena con amigos o en familia. Leyendo. Jugando al bridge. Yendo al cine o al teatro.
¿Qué le da más miedo?
Pensar en toparme con violadores, asesinos y maleantes en general. 
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Que los gobernantes del primer mundo no resuelvan los problemas de los países más desfavorecidos.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Habría intentado ser una bailarina de ballet clásico o una cantante de jazz.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
En mi juventud bailé, esquié y jugué al tenis. Ahora no. Me horroriza un chándal. Y no soporto la palabra "sudadera" –mis hijas tienen prohibido mencionarla en mi presencia (risas).
¿Sabe cocinar?
Sí, y me encanta. Me gusta experimentar en la cocina. No podría guisar sin aceite de oliva y tomates.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A la madre Teresa de Calcuta.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor.
¿Y la más peligrosa?
Guerra.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Pese a que en mis novelas siempre acaece un crimen, la respuesta es no. Al menos, en serio.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Liberales en cuanto a derechos civiles y conservadoras a nivel económico. Mi ídolo es Albert Rivera; sigo sus discursos en el parlamento catalán desde hace años. Un valiente. Habla sin ambages. Su partido es mi gran esperanza.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Una virtuosa del piano. 
¿Cuáles son sus vicios principales?
Ser romántica. En otro orden de frivolidades: el tabaco y beber vino blanco con hielo.
¿Y sus virtudes?
Creo que soy optimista, alegre, detallista y cariñosa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
La imagen de mis hijas, de mi marido, de mi hijo putativo, de mis padres, hermanos y amigos. Si bien, espero que la muerte no me conceda tanto tiempo; preferiría que me sorprendiese de forma repentina.

T. M.