miércoles, 8 de abril de 2015

Entrevista capotiana a Antonio Pérez Henares


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Antonio Pérez Henares.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
La Alcarria.
¿Prefiere los animales a la gente?
No.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
No. Tengo muchos conocidos con los que tengo un trato cordial. Amigo es algo más.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Inteligencia y bondad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
A veces. También, a veces, yo les he decepcionado a ellos.
¿Es usted una persona sincera? 
Solo lo imprescindible.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
En la naturaleza.
¿Qué le da más miedo?
Que en la vejez alguna enfermedad me incapacite para escribir. 
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me siguen escandalizando muchas cosas, por fortuna. 
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Dedicarme a la enseñanza y a viajar.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Soy bastante montaraz.
¿Sabe cocinar?
Huevos fritos.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Mi abuelo Valentin Gómez.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Libertad.
¿Y la más peligrosa?
Terrorismo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
En mi juventud.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Fui comunista contra la dictadura. Desde hace tiempo no me siento cobijado en sigla alguna y ningún partido es mi patria. 
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Naturalista en el Okavango.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No saber parar.
¿Y sus virtudes?
El apasionamiento.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? 
Una última imagen de mi pueblo Bujalaro, de mi pequeño río, el Henares, y de los montes alcarreños.
T. M.