miércoles, 1 de noviembre de 2017

Napoleón en Prusia


Thomas Mann, en un ensayo de 1928, reivindicaba la figura un tanto olvidada pero que fue tan célebre en su tiempo como Theodor Fontane, solicitando que la reedición de sus mejores obras supusiera «el comienzo de su popularidad práctica». En su momento alcanzaría fama tanto por sus argumentos tomados de la vida de la aristocracia en la Marca de Brandeburgo –ejemplificado en los «junkers», los miembros de la antigua nobleza terrateniente de Prusia– como por la recreación del Berlín de los años setenta y ochenta del siglo XIX. Fontane, así, es un pionero del naturalismo en Alemania que dio diferentes resultados literarios que no han acabado de envejecer del todo bien, aunque su novela «Effi Briest» (1892), sobre una mujer adúltera en la línea de los otros clásicos de esa centuria que vio la creación de personajes como Madame Bovary, Ana Ozores y Anna Karénina, ha sobrevivido con firmeza.

No extraña que Mann titulara su texto de homenaje al autor «El viejo Fontane», pues no fue hasta los casi sesenta años cuando debutó como novelista con «Antes de la tormenta», en 1878, que ahora llega gracias al mastodóntico trabajo de la germanista Helena Cortés Gabaudan. Ésta prologa y anota una obra que nunca se había traducido al español y que ofrece una visión de las invasiones napoleónicas y de cómo la nobleza rural prusiana reaccionó ante ello con un grado de detalle, en cuanto a la nómina de personajes que protagonizan el relato, que, honestamente, puede resultar tedioso para muchos lectores.

La obra está ambientada en la Navidad de 1812-1813 y se la ha comparado con «Guerra y paz», pero su enfoque es distinto porque evita de forma intencionada lo épico y heroico: Fontane parte del intimismo y lo doméstico, como apunta la traductora, a la que hay que volver a destacar sobremanera por su excepcional trabajo. Pese al trasfondo que se presenta, y como ella misma reconoce, no se desarrollarán grandes batallas, e incluso su héroe, el joven Lewin, se limitará a perfilarse como una personalidad romántico-literaria que no alcanza el nivel de virilidad que podría esperar la mujer que desea, Kathinka. Todo en un ambiente de aceleración nacionalista por la invasión napoleónica que acabaría con el Sacro Imperio Germánico y que se desarrolla por medio de profusos diálogos y muchas veces un tono de crónica social o receptáculo de documentos populares de la época que compone un cuadro de costumbres con el cual el autor se muestra como observador de las voces del territorio del río Oder. No en vano, el origen del libro hay que buscarlo en los cuadernos de viaje de Fontane cuando recorrió la Marca de Brandeburgo y se empapó de todo ese paisaje que luego quedaría volcado en la novela.

Publicado en La Razón, 19-X-2017