miércoles, 11 de marzo de 2020

Muere Luis Racionero, el intelectual “bon vivant” que siempre se movió en los márgenes


Escritor refinado, cosmopolita, popular y hasta televisivo, Luis Racionero cultivó diversos géneros, fue un “bon vivant”, coqueteó con la política, y como reza el tópico nada le fue ajeno. Ha muerto a los ochenta años –había nacido en La Seu d’Urgell en 1940– y su formación fue en ciencias, primeramente, cursó la carrera de Ingeniería Industrial en Barcelona, a lo que acompañó con una licenciatura en Ciencias Económicas. Poco a poco, ya desde los años en los que se empleó como profesor de Microeconomía en esta facultad, y de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, fue concibiendo una trayectoria en el mundo de las letras. Algo que iría desarrollándose al compás de su creciente importancia en su ambiente académico, pues en 1967 obtuvo la beca Fullbright para doctorarse en Urbanismo en Berkeley, California (más tarde también estaría en el Churchill College de Cambridge). Incluso su impronta arquitectónica puede percibirse en diferentes obras, pues diseñó el Claustro Moderno de la Seo de Urgel, en el parque de la Valira.

Debutó con “Ensayos sobre el Apocalipsis”, en 1972, y cada década de su vida estaría engalanada por libros de todo género, algunos de ellos reconocidos con importantes premios, sobre todo en el campo del ensayo, como el Anagrama por “Del paro al ocio” (1983) o el Espasa por “El progreso decadente”. Y es que habló de asuntos tan específicos como el underground, los sistemas de ciudades y la ordenación del territorio, Leonardo da Vinci, estética taoísta, el Mediterráneo, la Florencia de los Médicis, la Atenas de Pericles, la Costa Brava, Ramon Llull… También tuvo inquietudes políticas, siendo número 1 en las listas de ERC por la provincia de Gerona en las elecciones generales de 1982. Y hasta desempeñó cargos institucionales, ya que en 2001 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de España, un trabajo que vino precedido por el del director del Colegio de España en París.

Fue, cómo dudarlo, alguien que supo disfrutar de la cultura y los placeres de la vida. En sus memorias “Sobrevivir a un gran amor seis veces” queda patente tal cosa, al explicar sus diferentes etapas vivenciales junto a sus parejas sentimentales, las cuales aparecían bajo pseudónimo. Una realidad​ que supo llevar a la ficción, pues también como novelista se distinguió, tanto en castellano como en catalán. De hecho, escribió “Cercamon”, que logró el Premi Prudenci Bertrana en 1981, y con “La cárcel del amor” (1996) mereció el Premio Azorín. Sin embargo, una mancha recorrerá su andadura por siempre, al haber sido acusado de plagio a raíz de un par de libros ensayísticos. Pero él no se achantaba y seguía escribiendo, consiguiendo textos tan singulares como el reciente “El ansia de vagar” (2013), premio Eurostars Hotels, que realizó junto a su hijo Alexis, en un viaje familiar a partir del hecho de hablar de algunos de los más apasionantes paisajes físicos y humanos del planeta.

Publicado en La Razón, 9-III-2020