viernes, 8 de mayo de 2020

Entrevista capotiana a Empar Fernández y Pablo Bonell

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Empar Fernández y Pablo Bonell.

Empar Fernández

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un caserón amplio y lleno de libros, con pantallas para poder ver películas y desde cuyas ventanas pudiera divisar un bosque, un río, un prado... Mejor aún una gran casa  cercana a un acantilado. 
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Prefiero a la gente, pero siempre en grupos pequeños. Mi sociabilidad tiene el techo bajo.
¿Es usted cruel?
No. En absoluto. De hecho me resulta difícil escribir escenas crueles, violentas o descarnadas.
¿Tiene muchos amigos?
Pocos y quiero creer que buenos. Es difícil trazar la línea que separa los conocidos, los apreciados y los amigos. Estos últimos a menudo se cuentan con los dedos de una mano.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Buen humor, complicidad, inteligencia, una mirada positiva sobre el mundo que nos rodea y cierta dosis de lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Tengo pocos y son buena gente. Por otra parte intento no esperar demasiado, es una forma de prevenir la frustración.
¿Es usted una persona sincera?
Lo intento y creo que, a menudo, lo consigo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me gusta leer, el cine y las series  y caminar. No sabría establecer el orden de mis preferencias.
¿Qué le da más miedo?
El dolor físico, la enfermedad, la pérdida de los seres más cercanos...
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me escandaliza la hipocresía, la corrupción y presentar la propia conveniencia disfrazándola de bien común. Me escandalizan, y mucho, los bulos malintencionados y creo que deberían ser perseguidos. Nos estamos acostumbrando al “todo vale” y eso nos empobrece individualmente y como sociedad. Añoro el legado de la Ilustración que ha quedado muy atrás.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me dedicaría exclusivamente al oficio que paga mis facturas: la docencia. Soy profesora de secundaria. También me hubiera gustado ser guionista de ficción.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Caminar. Intento caminar diariamente entre 45 minutos y una hora. A veces algo más.
¿Sabe cocinar?
Sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Es una pregunta difícil. Un personaje de ficción que continúa fascinándome es Atticus Finch, protagonista de Matar a un ruiseñor de la escritora Harper Lee.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Haré mías las palabras de Woody Allen al que le preguntaron por las palabras más bellas (que valen en este caso como las más esperanzadoras). Woody contestó: es benigno.
¿Y la más peligrosa?
Miedo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Creo que no he llegado a sentir cólera con tanta intensidad como para desear la muerte de nadie y menos todavía para convertirme en su asesina. No descarto que pueda pasar en un futuro.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me crié en una familia de izquierdas y sigo en esa línea de pensamiento político.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Cineasta.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Soy muy obstinada y algo impaciente. La espera me desquicia.
¿Y sus virtudes?
La obstinación es tanto un defecto como una virtud.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Creo que pensaría en mis hijos y en mi pareja. No sabría concretar las imágenes. Lamentaría infinitamente no poder seguir el curso de sus vidas.

Pablo Bonell

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El planeta tierra.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Me gustan los animales, pero bien lejos de la gente.  Creo que es lo mejor para todos, especialmente para los animales.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
Muchos, no. Algunos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco cualidades, en todo caso afinidades.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
La decepción la suele generar unas expectativas demasiado elevadas. Ocurre en todos los sentidos y direcciones y suele se más culpa nuestra que de los otros.
¿Es usted una persona sincera? 
Medianamente. La sinceridad absoluta puede ser muy imprudente y peligrosa.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, viendo películas, yendo en bicicleta… nada extravagante.
¿Qué le da más miedo?
A nivel particular, ser dependiente. En otro ámbito, ver las masas con ganas  linchamiento.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La opulencia y el despilfarro.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No soy realmente lo que se dice un escritor, soy profesor. Pero me habría gustado ser guionista. Y en plan menos creativo, camionero.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Bicicleta.
¿Sabe cocinar?
Apenas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A muchos que en “La mirada infinita” ya tratamos: los que sufrieron abusos, los maltratados, los sacrificados, los vilipendiados sin razón alguna., o sea, la mayoría de los que nos precedieron. Puestos a concretar, en el pobre doctor Ignaz Semmelweis.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Deseo.
¿Y la más peligrosa?
Odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Matar no, de que muriera, sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Creo que la mejor política, se hizo en la segunda mitad del siglo pasado en algunos países de Europa Occidental cuando los votantes fueron alternando hábilmente políticas liberales (que favorecían el crecimiento y la riqueza) con socialdemócratas (que favorecían la justicia y la igualdad).
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
El espejo de Mónica Bellucci.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Más que vicios, tengo pequeñas debilidades.
¿Y sus virtudes?
Las habituales de cualquier persona.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Ni idea. No me he encontrado en esta situación así que no veo sentido a especular sobre eso.
T. M.