miércoles, 1 de diciembre de 2021

Entrevista capotiana a Miguel Martínez del Arco


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Miguel Martínez del Arco.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Algún lugar del Cabo de Gata, quizá. Cerca, muy cerca del mar.

¿Prefiere los animales a la gente? La gente. Vivir con gente, conversar con ella, poder tocarla. Escuchar sus voces.

¿Es usted cruel? Seguro que muchas veces lo he sido. No siempre la crueldad se elige. Pero quisiera no serlo.

¿Tiene muchos amigos? Tengo amigos y amigas queridas. No los bastantes. Pero los suficientes.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No las busco. Las encuentro. La alegría, el compromiso con la vida. La posibilidad de habitar un mundo mejor.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Las decepciones forman parte de la vida. Las decepciones propias y las ajenas.

¿Es usted una persona sincera? La vida es puro invento. Pura ficción.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? ¿Qué es  el tiempo libre? ¿El ocio? ¿El tiempo libre es aquel que no viene determinado por obligaciones poco placenteras? ¿Es también el tiempo de “trabajo productivo” que sientes de alguna utilidad? En resumidas cuentas, lo que me gustaría es que casi todo el tiempo estuviera “libre de cargas”.

¿Qué le da más miedo? La soledad no deseada. Envejecer con la mente perdida. La desaparición de la gente a la que quiero.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Ahora, la brecha cada vez más mayor de desigualdad. El incremento de las corrientes autoritarias que pretenden normarnos la vida. Las intolerancias. La increíble hipocresía que nos permite mirar siempre hacia otro lado.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Una vida creativa la intenta mucha gente, escriba o no. Y quienes escribimos no siempre tenemos una vida creativa, ni mucho menos. Pero en todo caso, quizá hacer cosas útiles con las manos: alfarero, mecánico, herrero, panadero, confitero, sastre…

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hago yoga cada día, además de caminar.

¿Sabe cocinar? Me gusta mucho cocinar. Cocino desde adolescente. Algunos platos me salen ricos, dicen las demás; pero son muy generosas en sus juicios.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Pepa Flores.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Archipiélago.

¿Y la más peligrosa? Yo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No lo creo. Aunque he entendido bien que hubiera gente que deseara la muerte de otras personas.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero una persona de lo que antes se llamaba izquierda. Digamos, puestos a elegir, algo que tiene que ver con la lucha por la igualdad, contra la ignorancia, en la esperanza que la gente, mucha gente, toda la gente podría vivir mejor si un sistema injusto como éste no lo impidiera.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un holgazán. Todo el día paseando, conversando, leyendo, etc., etc. Placeres feroces.

¿Cuáles son sus vicios principales? ¿Vicios? ¿Qué son los vicios? ¿El buen vivir compartido?

¿Y sus virtudes? Las mismas, quizá, que los vicios anteriores. Y la persistencia. No desistir.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? No me lo puedo imaginar, lo siento. Solo pienso desde fuera en un buen flotador. O una mano amiga al rescate.

T. M.