lunes, 24 de marzo de 2025

Entrevista capotiana a David Fajardo Rodríguez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Fajardo Rodríguez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una cabaña alejada, llena de libros, cuadernos en blanco y muchos víveres.

¿Prefiere los animales a la gente? Ambos, amor y crueldad pueden convivir en esas dos dimensiones. Yo me quedo con el amor, provenga de donde provenga.

¿Es usted cruel? Prefiero definirme como justo, que es una virtud más alta que la bondad. Y en la justicia a veces uno es cruel con quien lo merece, y extremadamente bondadoso con quien corresponde.

¿Tiene muchos amigos? No. Cada vez me cuesta más hacer uso de esa palabra tan seria. Pocos, pero confiables y cercanos en principios y sensibilidades.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Profundidad y valores.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Como restrinjo esa cota, pocas sorpresas me llevo, pero alguna decepción siempre llega en el viaje.

¿Es usted una persona sincera? Sí, me considero una persona sincera.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Familia, lectura y escritura. También ejerciendo el arte de no hacer absolutamente nada, asunto que, en estos tiempos de agresivo neoliberalismo productivo, está muy demonizado.

¿Qué le da más miedo? La ignorancia cuando se combina con el poder. Desgraciadamente, lo estamos viendo demasiado.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Nuestra capacidad para no aprender y reproducir errores.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Muy pocas personas pueden hacer de la escritura su medio de vida, es más bien un ejercicio de resistencia y supervivencia. Yo me dedico profesionalmente a la psicología, no elegiría nada distinto a lo que he hecho.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta el pádel, el yoga y caminar.

¿Sabe cocinar? No se me da mal, lo que me cuesta encontrar son el tiempo y las ganas.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Nicholas Winton. Me parece un ser extremadamente humano y valiente.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Luz.

¿Y la más peligrosa? Todas las que contemplen la capacidad de borrar el mundo: Guerras, genocidios…

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Por ahora no, aunque en algún poema me he llevado a alguien por delante.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Aquella que va de la mano de la justicia y la equidad. La que no juzga, la que comprende, aquella en la que todos tenemos espacio.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Pianista, pero sin gloria. Un músico sombrío que toca para que otros tejan su vida mientras la música suena.

¿Cuáles son sus vicios principales? Los libros.

¿Y sus virtudes? La escucha.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que serían cosas sencillas, escenas familiares, cotidianeidades varias. Nada trascendental.

T. M.