domingo, 4 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Julio Salvatierra

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Julio Salvatierra.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? La Tierra. Algún día  habrá más lugares así donde podamos vivir. Pero si fuera hoy: en un pueblo de montaña de Asturias. Si mis movimientos están limitados, prefiero que el límite sea hermoso, natural. Ahora bien: ¿tendré internet?

¿Prefiere los animales a la gente? No. Me gustan ambos, pero siempre salvaré antes a una persona que a un animal.

¿Es usted cruel? No. Aunque supongo que puedo tener mis días.

¿Tiene muchos amigos? No muchos. No está mal. Tengo muchos conocidos, a veces, demasiados.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Complicidad, tiempo, cariño.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Desde que leí “El último verano de Klingsor”, hace mucho, comprendí que no puedes cargar a tus amigos con demasiadas mochilas propias. Ni esperar más de lo que estés dispuesto a dar.

¿Es usted una persona sincera? Uf. Intento no tener dobleces de los que hacen daño.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con amigos, lectura, cine, monte.

¿Qué le da más miedo? Ser abandonado, que no es lo mismo que estar solo. Saber que no cuentas para nadie. Y que llegue un momento donde ya no puedas disfrutar de la vida.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La verdad es que creo que pocas cosas me escandalizan. Quizás la crueldad o la violencia innecesaria.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Ser médico, estudié para ello. Y me habría gustado ejercer. Pero, en el fondo, el médico, tal como yo lo entiendo, es creativo, se pasa el tiempo buscando soluciones a los conflictos (de salud), como un escritor.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Menos del que debería. Hago monte; nado, por temporadas; a veces algo de bici.

¿Sabe cocinar? Me defiendo. Nada especial, aunque me gustaría dedicarle más tiempo.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi tío Julio, alguien absolutamente diferente a mi padre –y a mí. Con una visión política y vital muy diferente de la vida, aunque imagino que en el fondo ellos tenían muchas cosas en común. Una energía de la naturaleza que iba más allá del pensamiento y de la lógica. Un personaje.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Mañana. Tomorrow. Domani.

¿Y la más peligrosa? Poder. Aunque es absolutamente necesaria. De todas formas, las palabras son mucho menos peligrosas que las acciones, que se pueden hacer en perfecto silencio.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí. Afortunadamente no me atreví. Era muy joven.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy un abogado del diablo nato. Mi tendencia intenta conjugar siempre lo progresista con lo conservador. El estar y el ir. Creo más en un pacto social, mínimamente informado, que en la razón política. Aunque sé que lo que hace al hombre es la sociedad, y a ella nos debemos, con licencia de amar locamente a nuestra conciencia individual.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Una canción. Algo que a la gente le gustara entonar, que hablara de la belleza, de la vida, del sol y de la noche.

¿Cuáles son sus vicios principales? El miedo. La inseguridad. La dejadez.

¿Y sus virtudes? El valor. La decisión. La perseverancia. Y la curiosidad.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Una secuencia de sexo histórico. Una sonrisa de mi madre. Las manos de mi padre tocándome. El fuego. La imagen de mi cuerpo vivo y feliz. Un hacha.

T. M.