jueves, 1 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Pepe Gálvez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pepe Gálvez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi ciudad, Sevilla. La bendita y la canalla, la maldita y la codiciada.

¿Prefiere los animales a la gente? A veces. Me convierto en ocasiones en un misántropo empedernido. Pero defiendo los ecosistemas, el mundo natural. No es cuestión de preferencia.

¿Es usted cruel? No, aunque hay situaciones límites de injusticia que pueden provocar en mí cierta sensación o pensamiento que puede rozar o considerarse también como crueldad hacia los que la han ejercido.

¿Tiene muchos amigos? Afortunadamente, sí.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que aporten siempre. Que sean amenos, inteligentes, leales y honestos con ellos mismos y con los demás.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Si me decepcionaran, no serían mis amigos. Los que me decepcionan no suelo tratarlos como tales.

¿Es usted una persona sincera? Si ser sincero es ser coherente y tener libertad para pensar y gestionar mis acciones y mis emociones, sí creo que lo soy.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me gusta compartir mi tiempo libre tomando cervezas con mis amigos, disfrutando de mi ciudad, de sus liturgias, de sus rincones. Escribir y leer, el cine, los espectáculos en general, exposiciones de mi interés, conciertos.

¿Qué le da más miedo? El paso de los años y las enfermedades.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La mediocridad de la sociedad, los reflejos de esa mediocridad en los que utilizan las RRSS convirtiendo todo en una suerte de cloaca donde vierten sus opiniones y bulos. También los que permiten o contribuyen que haya guerras. La impotencia ante las injusticias.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué  habría hecho? Somos como un caleidoscopio, al girarlo aparecen distintos perfiles, todos los espectros de esos “yoes” que nos conforman. Yo soy profesor. Un profesor que escribe. La poesía te permite jugar con todos esos espectros del “yo”, pero no entiendo mi vida sin la curiosidad, sin la continua búsqueda , sin la capacidad de asombro, sin pensar que ser maestro es precisamente saber que nunca se sabe  lo suficiente.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí. He jugado desde chico a fútbol sala. Ahora salgo a correr y acudo al gimnasio con asiduidad.

¿Sabe cocinar? Cuatro pamplinas de plancha y cocer marisco y dos revueltitos no es cocinar.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Es muy complicado elegir solo uno, pero podría ser Lorca, Alberti o Machado. También Paul McCartney del que soy un seguidor incondicional. Incluyo entre los que no olvido a Serrat, a Silvio Rodríguez o a Manolo García.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Precisamente esa, esperanza. O quizás también, libertad.

¿Y la más peligrosa? Intolerancia.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? De momento, no.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy hijo de obrero.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Poeta.

¿Cuáles son sus vicios principales? Rafalito Amador de Pata Negra cantaba: “...todo lo que me gusta es ilegal, es  inmoral o engorda”.

¿Y sus virtudes? Condescendencia.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Soy demasiado aprensivo para pensarlo.

T. M.