miércoles, 15 de abril de 2026

Entrevista capotiana a Eduardo Ruiz Sosa

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Eduardo Ruiz Sosa.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El Poble Sec, mi barrio en Barcelona.

¿Prefiere los animales a la gente? Me gustaría el equilibrio entre ambos, pero en esencia prefiero a la gente.

¿Es usted cruel? Tanto como cualquier persona puede serlo involuntariamente.

¿Tiene muchos amigos? Soy muy afortunado en ese sentido: sí, tengo muchos amigos que, además, son mejores amigos conmigo de lo que yo soy con ellos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad, creatividad, paciencia.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Nunca. Los amigos, nunca.

¿Es usted una persona sincera? Sí.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Depende, porque casi no tengo tiempo libre. Pero tengo la suerte de ocupar mi tiempo haciendo cosas que por lo general disfruto. Sobre todo, trato de ver a amigos y conversar.

¿Qué le da más miedo? La muerte. La nada.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La injusticia.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?  Alguna profesión relacionada con la ciencia en sentido primordialmente teórico, de investigación: psiquiatría, astronomía, física, antropología.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Ya no.

¿Sabe cocinar? Sí, gracias a mi madre, mis abuelas y algunas tías.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Mi madre; mis amigos Gustavo Orpinela e Itzel Navidad; Paco Robles.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Juntos.

¿Y la más peligrosa? Dios.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Debería decir que no.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Hacia la zurda y más allá, gracias a mis padres.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Antes habría dicho que músico. Ahora, creo que diría investigador.

¿Cuáles son sus vicios principales? El aislamiento, la distancia, la soledad.

¿Y sus virtudes? La paciencia, quizá, es la única.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las únicas veces en que realmente temí por mi vida, no sucedió nada de lo que se suele decir, esas imágenes que aparecen como un resumen de la vida, o como una revelación o un deslumbramiento. Si fuera así, si esas imágenes pudieran venir en la última instancia, elegiría la primera infancia, el patio de la casa de mi abuela materna; el departamento de mi abuela paterna; entres los dos y los cinco años de edad. Ese tiempo.

T. M.