lunes, 13 de abril de 2026

Entrevista capotiana a Mamen de Blas

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mamen de Blas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Si pudiera trasladar mi casa de Madrid y colocarla cerca del mar (que me llegaran el sonido, la brisa y el olor) sería allí, pero, en realidad, no es el lugar sino con quién se comparte.

¿Prefiere los animales a la gente? No, para nada, aunque no puedo vivir sin ellos. Tengo perro y gato y me parecen imprescindibles en una familia. Son pegamento entre los miembros del grupo, aportan tranquilidad, dan mucho amor, ofrecen compañía y, lo mejor de todo, son muy juguetones, son como niños.

¿Es usted cruel? No, ni soy cruel ni tolero la crueldad a mi alrededor. Con la llegada de las redes sociales algunas personas se permiten hacer daño con saña y presumir de ello. Yo esto, como el Fary al hombre blandengue, lo detesto.

¿Tiene muchos amigos? Tengo amigos, no sé si son muchos o pocos, depende del baremo de cada uno. Me gusta conservar los amigos de antes y verlos con los ojos de ahora. Creo que para tener amigos hace falta ser flexible y tener sentido del humor. Son muy necesarios y no hay que renunciar a hacer nuevas amistades. Algunas personas que conoces ya con cierta edad son todo un descubrimiento.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que sean divertidos, cariñosos, empáticos e inteligentes, aunque la conexión que se establece con algunas personas es tan enigmática como la del amor. Surge una chispa y el fuego puede durar toda la vida.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces. Supongo que yo también a ellos. Como se advierte en el cierre de Con faldas y a lo loco, nadie es perfecto.

¿Es usted una persona sincera? Sí. Con los años estoy aprendiendo a no serlo tanto. Muchas veces me han perdido la vehemencia y la sinceridad. La diplomacia y el tacto con los demás debería ser una asignatura en los colegios. En realidad, toda la inteligencia emocional.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Con mi familia, lejos de sitios concurridos y ruidosos. Me gusta estar en casa leyendo, viendo películas, series. También ir al cine y a exposiciones. Me encantan el silencio, la paz y el orden.

¿Qué le da más miedo? El dolor de los míos. La enfermedad y que puedan tener problemas económicos. También el regreso de los totalitarismos en Europa.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandalizan la ostentación impúdica del poder y el dinero, el matonismo de algunos dirigentes actuales, los problemas de acceso a la salud y la educación de muchas personas. Me escandaliza también como se abordan estos temas de manera frívola en las redes y como nos estamos acostumbrando a genocidios como el de Gaza.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Yo soy periodista, esta es mi primera novela. He trabajado en radio, en televisión y ahora trabajo en comunicación, pero tengo también capacidad y formación ejecutiva, así que, con más o menos agrado, podría haber trabajado en una organización empresarial sin problema alguno.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, mucho menos de lo que debería. Voy un par de días por semana al gimnasio. Hago máquinas y cardio. No es que me encante, pero hay que hacerlo.

¿Sabe cocinar? Es uno de mis hobbies. Me encanta improvisar con lo que hay en la nevera. Dirigí dos programas de cocina en televisión y aprendí muchísimo. La cocina es otro de los pegamentos sociales más resistentes.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Para mí, y al margen de su posible naturaleza divina, Jesucristo es el gran personaje. Él está en la raíz del humanismo occidental, de los valores de solidaridad, de caridad, de tolerancia, de amor. Su mensaje es el más poderoso, el más revolucionario y por eso ha trascendido, más allá de rituales, estructuras religiosas y de poder.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Luz.

¿Y la más peligrosa? Oscuridad.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No.  Para eso hay que valer.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero socialdemócrata. No me gustan las trincheras, ni la rigidez cognitiva propia de los frentismos. Creo que las ideas pueden y deben modificarse, amoldarse a su tiempo. En definitiva, pienso que hay que cuestionarse constantemente lo que se piensa y, si es necesario, cambiar. No creo en los dogmas, ni en los de fe ni en los políticos.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría ser jardinera junto al mar, como el poema de Machado.

¿Cuáles son sus vicios principales? Vicios no tengo. Tengo defectos: un carácter fuerte, soy ansiosa y tengo prejuicios en algunos casos.

¿Y sus virtudes? Soy reflexiva, flexible y creo que soy una persona que trata de dar calor a quienes tiene a su alrededor.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me encantan los relatos de experiencias cercanas a la muerte, todo el proceso de la luz, el túnel, ver a los seres queridos desde fuera. Y luego está esto de las imágenes. No sé cuáles vería, pero que la mayoría estarían relacionadas con temas afectivos.

T. M.