domingo, 19 de abril de 2026

Entrevista capotiana a Natalia Trigo

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Natalia Trigo.

 

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Qué pregunta tan difícil. Me cuesta estar quieta en un solo lugar por mucho tiempo. Estoy dividida entre un bosque, en la naturaleza, y una ciudad muy grande donde pueda perderme e interactuar con otros todos los días. Supongo que necesito ambas cosas: silencio y movimiento, cada uno a su manera.

¿Prefiere los animales a la gente? , me encantan los animales y creo que son grandes maestros. Aprendo mucho de ellos, me gusta observarlos. Han estado para mí incluso cuando otros humanos no han podido, y quizá por eso les tengo un cariño especial.

¿Es usted cruel? No, espero no serlo. Sin duda ha habido veces en las que he herido a otros, pero no con la intención de hacerlo. Aun así, procuro no esconderme detrás de eso.

¿Tiene muchos amigos? Tengo pocos amigos cercanos. Creo que cultivar las relaciones requiere energía e intencionalidad. Muchos de ellos viven en otros países o en otras ciudades, así que trato de estar muy presente en los momentos que compartimos. La idea de amistad es algo que a veces me gusta cuestionar: qué significa realmente ser amigo, qué sostiene esos vínculos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Aprecio que mis amigos sean auténticos y vulnerables, que tengan la capacidad de mostrarse reales incluso cuando es incómodo. Cuando saben decir que no y comunicarse de manera asertiva, cuando tienen introspección y voluntad para cambiar lo que no está funcionando. Valoro su valentía para enfrentarse a las cosas difíciles. Eso me inspira.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Creo que la decepción aparece cuando hay expectativas no cumplidas. Por eso intento conocer a mis amigos y aceptarlos como son, con sus cualidades y sus carencias. Y también recuerdo que yo no soy distinta para ellos.

¿Es usted una persona sincera? , trato de serlo. Incluso en los momentos en los que cuesta trabajo decir la verdad.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En la naturaleza, nadando, con mi perra, riéndome con amigos, viendo arte, viajando, aprendiendo algo nuevo, cantando.

¿Qué le da más miedo? Que el miedo me impida vivir la vida.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El odio que veo en las calles y en las noticias: el racismo, la xenofobia, la violencia hacia la naturaleza y los animales, la falta de derechos humanos, y la desensibilización que han provocado las redes sociales. Me escandaliza, pero sobre todo me entristece.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Actriz. Sin duda. Todavía tengo la ilusión de poder dedicarme a eso algún día.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? . Paso muchas horas sentada escribiendo, así que moverme es también una forma de volver al cuerpo, de salir un poco de la cabeza en los días en que no puedo dejar de pensar. Hago yoga, bicicleta, entrenamientos de fuerza, corro. Más que rutina, es higiene mental.

¿Sabe cocinar? Lo suficiente para no decir que no. No le dedico mucho tiempo, pero me gusta cocinar cuando es para compartir. Aprendí pocas recetas de mis abuelas, que eran excelentes cocineras algo de lo que me arrepiento. Lo que sí hago bien, y me atrevo a decirlo, es hornear dulces.

Si el Readers Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Mi abuelo Fidencio, que vivió un siglo. Creció en el campo, entre México y Estados Unidos, y le tocó ver cómo ambos países se volvían modernos”; él se llamaba a sí mismo un hombre moderno. Vio llegar los primeros refrigeradores de niño todavía se vendían cubos de hielo para conservar la comiday trabajó para la Comisión Federal de Electricidad, recorriendo el país, electrificando pueblos. Lector, amante de la filosofía y del lenguaje de las computadoras.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Todavía.

¿Y la más peligrosa? Los otros. Odio. Insuficiencia.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Aún no.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Me considero de izquierda, con todas las contradicciones que eso conlleva. Me importan especialmente los derechos de los migrantes, el respeto a la naturaleza y el derecho a la privacidad son los temas que me quitan el sueño y que creo que van a definir este siglo. Intento revisar mis ideas con frecuencia, no quedarme anclada a un dogma, pero hay cosas que no negocio: la dignidad de las personas, los espacios comunes, lo vivo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Una nutria. Un árbol. Un cometa.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy impaciente, llego tarde a todas partes (esto es algo en lo que tengo que trabajar todos los días activamente), me distraigo con facilidad.

¿Y sus virtudes? Soy resiliente, introspectiva y empática. Me gusta hacer reír a los demás.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las burbujas, ¿por qué tantas burbujas?, y el aire que queda, y mis padres, y mis perros, y si existe dios, y el agua fría, ¿por qué tan fría el agua?, y el amor que he sentido, y el amor que ya no volveré a sentir, y el frío en las piernas, y más burbujas, y aquí estoy sola, uno muere sola, y el agua que sube y que me llena por dentro, y quisiera otra vez estar seca, ¿qué se siente estar seca?, ya no me acuerdo, y todas estas burbujas.

T. M.