lunes, 13 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Antonio Ortega

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Antonio Ortega.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Mi casa de la playa, mirando al mar y leyendo un buen libro. Tampoco despreciaría un dry Martini. 

¿Prefiere los animales a la gente? A la gente, aunque he querido mucho a mis mascotas, pero el perro es demasiado fiel, no tiene actitud crítica, y a mí me gusta discutir, en cuanto al gato… ¡ay, el gato cuando te mira con desprecio! ¡es sublime!

¿Es usted cruel? Rotundamente, no.

¿Tiene muchos amigos? Los que tengo son muy buenos.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Honestidad, confianza… y un poquito de alegría. También paciencia para aguantarme cuando me pongo rarete.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Lo cierto es que no. Son muy buena gente.

¿Es usted una persona sincera? Lo intento, menos cuando la verdad puede hacer daño. En ese caso, mejor estar callado.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Deporte, lectura, compartir momentos con la gente que quiero.

¿Qué le da más miedo? El olvido. El mío, el no saber un día quien soy.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El cinismo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? He dedicado mi vida al mundo financiero y al académico, y he sido muy feliz con eso. Disfruto ahora con ser escritor.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hago running y voy al gimnasio tres o cuatro días a la semana.

¿Sabe cocinar? No. Pero si me dan una buena lata de conservas puedo preparar unos bocadillos estupendos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Héctor, el héroe de Troya. Siempre me resultó más simpático que el soberbio Aquiles.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Buenos días, aunque sean dos, porque todo empieza de nuevo.

¿Y la más peligrosa? Adiós.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Eso lo dejo para mis personajes de ficción. Yo, la verdad, no le he cogido nunca afición a esas cosas…

¿Cuáles son sus tendencias políticas? El voto es secreto.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me conformo con ser yo y tratar de mejorar, que no es poca faena.

¿Cuáles son sus vicios principales? Es que yo nunca he fumado…

¿Y sus virtudes? Todavía las busco. Cuando alguien que me quiere habla de mis virtudes no suelo reconocerme, pero seguro que andan por ahí.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Las de un niño de doce años que quería ser escritor. Y un montón de besos. Pero agradecería más un tutorial de cómo no ahogarse.

T. M.