miércoles, 1 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Gonzalo Maier

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Gonzalo Maier.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? ¿Vale si digo el planeta Tierra?

¿Prefiere los animales a la gente? A veces, como todo el mundo. O sea, mientras no caiga en la jaula de los leones, prefiero a los animales. O mientras no esté rodeado de gente mala y aburrida y fea, me quedaría con los humanos.

¿Es usted cruel? Espero que no. Ojalá que no.

¿Tiene muchos amigos? Supongo que tengo los que debo tener. Ni uno más, ni uno menos. Unos son más cotidianos, otros más esporádicos, pero creo saber con quiénes podré contar cuando todo se vaya al carajo.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Humor, por supuesto. Y cierta gracia a la hora de contradecirse o de descorchar botellas de vino o de pagar la cuenta en los restaurantes.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Una vez cada dieciocho meses, que no está mal. Las de ellos deben ser más frecuentes, en todo caso.

¿Es usted una persona sincera? ¿Qué pasa si digo que no?

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me gustaría tener un jardincito chico, coqueto, con flores de colores y enredaderas, pero no lo tengo y, visto así, puede que me falte tiempo libre.

¿Qué le da más miedo? Ay, ni siquiera lo podría escribir.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Que mis alumnos no prendan las cámaras cuando hago clases por Zoom y la FIFA.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiera gustado ser capitán de un velero chico y navegar por los canales del sur de Chile. También me hubiera gustado ser heredero. O rentista. El banquero anarquista, en el peor de los casos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Miro a mi hijo jugar rugby dos veces por semana. Intento caminar todos los días.

¿Sabe cocinar? No sé si lo hago bien, pero me gusta. Soy odioso y controlador y calculador y me frustro con facilidad, pero sí, he sobrevivido décadas sin que me cocinen.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Al Capitán Haddock.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Evelita.

¿Y la más peligrosa? ¿Cobardía?

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nah, ni de cerca.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Sencillo: un Estado que cuide y controle con diligencia.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Biólogo marino, astrónomo, astrólogo, contrabajista en una banda checoslovaca de free jazz, hacker, monje de alguna orden oscura y olvidada, dibujante de una tira como esas que hace décadas iban en los diarios, una ballena, una montaña grande.

¿Cuáles son sus vicios principales? El pan con queso debe ser el más grave. 

¿Y sus virtudes? Puedo tomar mucho café sin que me caiga mal. Dibujo gatos con cierta gracia. Regalo libros (y cosas en general).

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Un collage medio azaroso de mi infancia, imagino, que es lo único que tenemos.

T. M.