sábado, 22 de agosto de 2026

Entrevista capotiana a Viktor Kane

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Viktor Kane.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una aldea. La razón es bastante simple: cambiaría el ajetreo y el estrés de la ciudad por cierta calma mental y una conexión más directa con la naturaleza. No lo idealizo: depender del coche para casi todo o estar lejos de otras personas tiene sus inconvenientes. Pero, si tuviera que hacer balance, seguiría eligiéndola.

¿Prefiere los animales a la gente? No creo que uno pueda sustituir al otro. El ser humano es social por naturaleza, pero hay una calma que pocas personas consiguen darme y que aparece cuando mi mascota se acurruca a mi lado o simplemente me mira al llegar. En esos momentos entiendo perfectamente por qué cada vez hay más gente que prefiere la compañía de un animal.

¿Es usted cruel? La RAE define «cruel» como quien «se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos». Si nos atenemos a esa definición, no, no soy cruel. Sin embargo, creo que todos podemos ejercer cierta crueldad sin disfrutar de ella: por indiferencia, por egoísmo o simplemente por saber dónde duele y decidir tocar justo ahí.

¿Tiene muchos amigos? Tengo un gran equipo a mi lado, pero hasta ahí puedo contar. Viktor Kane nació precisamente de una frontera muy clara entre lo público y lo privado, y romperla sería traicionar una de las bases del proyecto. Hay cosas que puedo convertir en literatura; otras prefiero que sigan perteneciendo únicamente a quienes las viven.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La lealtad, la sinceridad y la reciprocidad son lo que más valoro en una amistad. No busco a alguien que esté siempre de acuerdo conmigo; de hecho, aprecio a quienes son capaces de decirme cuando me equivoco. Lo importante es que el interés sea mutuo. Disfruto de los pequeños gestos, de la gente que está ahí sin necesidad de que se la busque y, sobre todo, de poder ser yo mismo sin tener que medir cada palabra.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Todos decepcionamos a alguien en algún momento. Muchas veces esperamos que los demás actúen como nosotros lo haríamos y, cuando se salen de esa línea imaginaria, lo llamamos decepción o incluso traición. Sí, mucha gente me ha decepcionado, pero seguramente yo también he decepcionado a mucha gente. En eso consiste, en parte, ser humano.

¿Es usted una persona sincera? La mayor parte del tiempo, sí. Pero tampoco creo en la sinceridad como un principio ciego. La mentira puede ser un recurso cuando la verdad no tiene cabida, siempre que no perjudique a nadie ni sirva para ocultar algo que la otra persona tenga derecho a conocer. A veces confundimos ser sinceros con decir absolutamente todo, y no son necesariamente la misma cosa.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Mucho queréis conocer a Viktor Kane en profundidad. No puedo regalaros una información tan comprometedora con mi filosofía. Pero concederé algo: una lectura con la lluvia de fondo y algo de fresco, o una buena serie o película en pleno otoño o invierno, pueden ser bastante reparadores para la mente. Supongo que eso me convierte en lo que ahora llaman «team frío».

¿Qué le da más miedo? Morir, vivir, llorar o reír forman parte de lo inevitable; son experiencias y emociones que puedo comprender y aceptar. Lo que realmente me asusta es el dolor y, sobre todo, padecer miedo. El miedo sostenido, ese que deja de advertirte de un peligro y empieza a gobernarte. Creo que pocas cosas pueden arrebatarnos tanta libertad.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza la facilidad con la que algunas personas hacen daño a quienes quieren y después encuentran la manera de justificarse.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Psicología. Aunque no la considero una alternativa a la escritura, sino algo que quiero construir en paralelo. Al final, ambas nacen de una curiosidad bastante parecida: entender por qué hacemos lo que hacemos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Mi relación con el ejercicio físico es excelente: él no se mete conmigo y yo no me meto con él.

¿Sabe cocinar? Veo que hemos pasado de mis libros a intentar averiguar qué ocurre en mi cocina. Buena estrategia. Digamos que sé defenderme lo suficiente como para que esta entrevista no termine convirtiéndose en una investigación sobre mis hábitos alimenticios.

Si el Readers Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A quien imaginó a Viktor Kane antes de que Viktor Kane existiera. Todo lo demás empezó ahí.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Serendipia, por lo que significa: encontrar algo valioso sin haberlo buscado. Pero si puedo permitirme una segunda, petricor. El olor de la tierra después de la lluvia me produce una calma difícil de explicar y, para mí, donde hay calma todavía queda espacio para la esperanza.

¿Y la más peligrosa? «Confía». Me cuesta muchísimo hacerlo porque también me cuesta delegar. Confiar implica ceder una parte del control y aceptar que algo importante ya no depende únicamente de ti. Pocas palabras exigen tanto con tan pocas letras.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Sí.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Viktor Kane no tiene tendencias políticas. Difícilmente puede tenerlas alguien que puede que ni siquiera exista.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un viajante en camper, acompañado de un perro, recorriendo España sin demasiada prisa. Hay lugares que no deberían conocerse de paso, sino quedarse en ellos hasta sentir que ya puedes continuar.

¿Cuáles son sus vicios principales? El control, la obstinación y pensar demasiado. Tengo cierta facilidad para convertir algo pequeño en una cuestión que merece veinte vueltas. Y descansar cuando todavía queda algo por hacer tampoco se me da especialmente bien.

¿Y sus virtudes? La ambición. Nunca he sabido hacer las cosas a medias y, cuando creo de verdad en algo, puedo resultar agotador hasta conseguirlo. Preguntadle a mi equipo; probablemente ellos tengan una versión menos amable de esta respuesta.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me imagino que vería a las personas que he querido, mis logros, mis errores y todo lo que aún me queda por hacer. Pero, siendo sincero, seguro que entre una imagen y otra me distraería con alguna tontería y pensaría que “Probablemente debería mantenerme en silencio”.

T. M.