viernes, 4 de septiembre de 2026

Entrevista capotiana a David Caveza de Baca

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Caveza de Baca.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En la naturaleza, en concreto a una distancia máxima del mar de cincuenta pasos, en petit comité, alejado de la locura de las colmenas humanas hiperconectadas que solo producen estrés y tristeza.

¿Prefiere los animales a la gente? No necesariamente, pues aún queda algunos humanos que les dan más importancia al bien común y al honor, que al valor de treinta monedas de plata. Son escasos, pero a estos sí los sitúo al mismo nivel que los animales porque defienden su manada y su tierra sin dejarse esclavizar.

¿Es usted cruel? No, de momento, pero nadie se conoce lo suficiente como para poder afirmar con rotundidad que nunca lo sería.

¿Tiene muchos amigos? No muchos, porque me cuesta entrar en sintonía con las programaciones, motivaciones e inquietudes de los demás. Y pienso que es recíproco.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Valentía para defender la verdad y sensibilidad para comprender lo invisible.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, porque ejerzo la filosofía de las tres enes: no esperes nada de nadie. Así no hay decepción, y la mínima concesión me produce júbilo y regocijo.

¿Es usted una persona sincera? Sí, aunque he de reconocer que para protegerme, cada vez más disfrazo la verdad de ironías y de dobles sentidos, ya que estamos en un momento histórico donde las verdades indiscutibles no admiten debate ni controversia.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? En la playa o en el campo, caminando, leyendo o meditando.

¿Qué le da más miedo? El sufrimiento de seres queridos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La frialdad y la deshumanización del Sistema. En general, casi todo me escandaliza. Hasta la precaria existencia en este plano es un escándalo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Apartarme del mundo y dedicarme a hacer el amor, sin prisas.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, caminar y algo de gimnasio.

¿Sabe cocinar? Sí, pero me falta tiempo.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Estoy convencido que no me lo publicarían ja, ja,ja.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Desobediencia.

¿Y la más peligrosa? La mentira.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? ¿Le puedo contestar durante la publicidad?

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Totalmente apolítico. Considero que la función de todos ellos es dividir al pueblo, sin que decidan realmente las cuestiones importantes.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Conferenciante en foros y plazas.

¿Cuáles son sus vicios principales?  A veces el pesimismo y el desprecio sumo hacia la ignorancia.

¿Y sus virtudes? La calma y la comprensión hacia el que sufre.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? La imagen del pataleo estéril en el agua y desasosiego en la búsqueda de una bocanada de aire; un estado de indefensión que es compartido por todos los bañistas que componemos la humanidad.

T. M.