domingo, 24 de julio de 2016

Entrevista capotiana a José Saborit

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José Saborit.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
La Bahía de la Mar Serena.
¿Prefiere los animales a la gente?
No.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
Sí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Ellos me las ofrecen sin buscarlas: son tantas y tan variadas que no podría enumerarlas.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No suelen. Cuando ocurre se trata de excepciones.
¿Es usted una persona sincera? 
Dentro de los límites que impone el comportamiento cívico y el respeto a los demás, sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Trato de restañar la escisión entre tiempo de producción y tiempo libre intentando hacer siempre lo que me gusta: Frecuentar compañías gratas, aprender, mirar, pasear, hacer deporte, cocinar, beber vino. Y, por supuesto, dar clase, pintar, escribir.
¿Qué le da más miedo?
La parálisis que provoca el miedo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Vivo en un estado de permanente escándalo ante el espectáculo de la construcción mediática de las verdades oficiales, basado en el fundamentalismo del dinero como único e inapelable principio de realidad.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No tengo ni idea, pero supongo que subirme por las paredes.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Bicicleta de montaña, senderismo, gimnasia, y el culto a Eros.
¿Sabe cocinar?
Sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Dudo entre Shackleton y Conrad. Pero, si puede ser, preferiría otra revista. Esa apenas la conozco.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Futuro. Por eso es la más traicionera.
¿Y la más peligrosa?
Libertad: se pervierte su uso demasiado.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Diametralmente alejadas de las opciones que ofrece el mercado político.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un músico virtuoso dedicado a interpretar la música escrita por otros.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Seguir siendo quien soy. Cumplir. Hacer lo que se espera.
¿Y sus virtudes?
Pregunten a mis amigos.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Agradezco el supuesto, pero espero no tener ocasión de averiguarlo.

T. M.