viernes, 9 de enero de 2026

David Uclés: narrar la guerra civil desde el realismo mágico

 

Las cifras son impresionantes. Trescientos mil ejemplares vendidos, 28ª edición ya, y obtención de galardones: premios Cálamo Libro del Año 2024, de la Crítica Andaluza, Dulce Chacón XX, Andalucía de las Letras 2025, Espartaco Semana Negra, San Clemente 2025, Kelvin 505, Mejor Novela Festival 42, VI Bienal Vargas Llosa, Premio de Literatura de la Unión Europea (candidato español)… Estamos hablando de “La península de las casas vacías”, una obra superventas y que ha recibido todo tipo de elogios por parte de la crítica especializada, de David Uclés (Úbeda, 1990). Una novela esta que tenía pros y contras: lo favorable, lo atractivo de que el trasfondo fuera la Guerra Civil Española; lo desfavorable, lo repetitivo que el trasfondo fuera la Guerra Civil Española. Y es que es todo un riesgo volver al sempiterno tema español literario, si bien Uclés puso su sello personal para abordar el conflicto de forma renovada.

Al comienzo de su novela, el autor ya advirtió que algunos datos y fechas históricas las había modificado para que encajasen las piezas de lo que él calificaba de “rompecabezas; también se ha jugado con el devenir de los personajes, por muy reales que parezcan. Lo narrado se encuentra entre la realidad y lo imaginado”, añadía; así, llevó a cabo lo que todo buen narrador ha de desarrollar desde que fechaba su relato en el altiplano de Glières, Francia, en marzo de 1944. “En mitad del cielo, una nube deja de moverse”, era la primera frase del libro, marcando el tono poético de una obra que empezaba hablando del “cuerpo de un miliciano andaluz que yace bocarriba en el manto de nieve que cubre el valle”. Con ello, Uclés se enfrentaba a pensar la historia desde la literatura sin someterse del todo ni al realismo documental.

Formado en Traducción e Interpretación, ha publicado también “El llanto del león” y “Emilio y Octubre”, pero trascendió gracias a la obra aludida en que recurrió a lo que podríamos entender como realismo mágico. En sus páginas, lo extraordinario irrumpe con naturalidad, integrado en la vida diaria de los personajes, alrededor de una familia descompuesta, de un pueblo deshumanizado, de un soldado, de un poeta, de un maestro, de una niña, de un general, un niño ciego y una campesina que viven sufriendo la presencia constante de la muerte; además, Uclés jugaba con el elemento metaliterario, y convertía en ficción personalidades reales: Alberti, Lorca y Unamuno; Rodoreda, Zambrano y Kent; Hemingway, Orwell y Bernanos; Picasso y Mallo; Azaña y Foxá.

En “Emilio y Octubre”, Uclés también había recurrido al realismo mágico a partir de una historia de amor que se desenvolvía por toda Europa, que editó la editorial Dos Bigotes, sensible a la narrativa de sesgo homosexual. Y de alguna manera, “El llanto del león” también era la historia de un viaje, pues se presentaba la enfermedad terminal de un padre, y de un hijo que veía su marcha desolado. Publicó esta novela Ediciones Complutense, con un premio de por medio (el escritor ha gozado de diferentes becas de escritura, además), de tal modo que Uclés ha viajado desde la edición más modesta hasta el estrellato, con «La península de las casas vacías», gracias a la editorial Siruela, hasta alcanzar ahora el premio Nadal, con el que ya se inscribe dentro de un listado de autores destacados desde hace décadas. Un listado que incluye “Nada” (1944), de Carmen Laforet, que reflejaba la vida de la posguerra en Barcelona, o “Primera memoria” (1959), de Ana María Matute, con personajes adolescentes que veían su existencia truncada por la guerra. Novelas realistas y duras, que contrastan con la dureza y lo fantasioso del neorrealismo mágico de Uclés.

Publicado en La Razón, 7-I-2026