domingo, 25 de enero de 2026

Entrevista capotiana a Ana Llorca

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ana Llorca.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? En un primer momento pensé que me quedaría en mi casa, donde, a través de los libros e internet, podría "estar" en cualquier lugar del mundo. Luego pensé que no podría vivir en soledad permanente y sin contacto con la naturaleza, y empecé a buscar un lugar hermoso, en plena naturaleza, rodeado de bosques y arrullado por el canto del agua pura en las cascadas y habitado por personas inteligentes y buenas. Además, que cumpliera las condiciones de conexión con el resto del mundo. Decididamente me iría a Rivendel. Aprendería a hablar Alto Élfico y el alfabeto rúnico, y así tendría acceso a la sabiduría de sus  libros y al Espejo de Agua para ver lo que pasa en otros lugares.

¿Prefiere los animales a la gente? No, en absoluto. Desde luego, me gusta observar a los animales, sobre todo en su entorno natural; y siento una viva emoción al contemplar tanto a un caballo suelto, galopando a su aire, como a un grupo de cochinillas que sale corriendo a ocultarse cuando levanto algún yerbajo en mi huerto. Mis últimas mascotas han sido unos pocos caracoles (a los que genéricamente llamo Óscar a los gordos como cabrillas, y Oscaritos a los diminutos) que llegan a mi cocina entre las hojas de lechuga o col, tal vez buscando una vida mejor. Les preparé un terrario y todos los días, además de proveerlos de comida y agua, los sacaba a pasear al sol en mi terraza. Son animales muy leales y simpáticos, y dan muy poca tarea. Les cogí cariño. Pero, como a todos  los animales, les falta el tesoro de la lengua , verdadero monumento que nos define como humanos, y sobre todo, nunca he conocido un animal a quien pudiera amar más que a mis seres queridos. Prefiero a la gente, a mi gente.

¿Es usted cruel? No, nunca he sentido placer en ver el sufrimiento de otros, y, mucho menos, en provocarlo. La crueldad nos deshumaniza, ya que deshumanizamos al otro al convertirlo en mero objeto de nuestro placer. Más bien tiendo a ser compasiva, como mi Emily: “…si puedo ayudar a un petirrojo caído a regresar al nido, no habré vivido en vano.”
¿Tiene muchos amigos? Tengo una hermana del alma, que aunque vive lejos siempre está conmigo. Tengo algunas amigas y amigos de “adhesión inquebrantable”, aquilatada por los muuuuchos años de amistad.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No es posible la amistad sin una corriente de simpatía mutua, sin una apetencia por “estar” con el otro. Agradezco la alegría, la bondad y la simpatía.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Una vez, en mi primera adolescencia, una amiga que yo creía sincera (aunque no era de las antiguas), en un paseo con la pandilla, me traicionó, haciendo como que se perdía, en  realidad para irse con el chico que a mí me gustaba, sabiéndolo ella porque yo le hacía partícipe de mis confidencias.  Esa tarde vomité apoyada en un árbol, y nunca  volví a verla. Después de eso, no; no me suelen decepcionar, porque ya sé quienes son y lo que puedo esperar de cada uno.

¿Es usted una persona sincera? Si dijera que sí, podría estar mintiendo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Además de leer , pasear por el campo, o cuidar de mi huerto, me gusta escribir. Aunque no esté creando, me complace el hecho del lápiz o la pluma deslizándose sobre el papel dejando la huella de su paso. Me gusta emplear las manos en algo bonito, como bordar, hacer crochet, o decorar mueblecitos para las estancias de mi amigo Ignacio, que es un Ratón Peculiar que  vive conmigo.

¿Qué le da más miedo? Me da miedo poner aquí lo que me da más miedo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La impunidad e impudicia con que los poderosos avasallan (provocando sufrimiento y hasta muerte) al resto de la humanidad.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Sería maestra, que es la profesión que he ejercido con pasión y gozo durante toda mi vida. También me hubiera gustado ser jardinera, o ilustradora de cuentos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Natación y gimnasia, pero sin mucho tesón , la verdad. Voy andando a todos lados, siempre que me sea posible.

¿Sabe cocinar? He sido madre de familia y he cocinado para poner comida en la mesa todos los días, pero con un resultado sólo pasable. Mis niños siempre repetían cuando íbamos a comer a casa de mi madre, y eso no pasaba en mi casa. Por otra parte, abomino del excesivo culto a la gastronomía, aunque disfruto muchísimo de la comida, prefiriendo los platos simples con buena materia prima  a los muy elaborados.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Mi abuela. Deliciosa criatura provista de una humanidad y esa elegancia natural que no se aprende (nació en una familia humilde, y apenas fue a la escuela). Su prudencia y bondad fueron una especie de guía que me orientaron en la niñez (y, por ende, en toda la vida).

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Vida.

¿Y la más peligrosa? Poder.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No tan explícitamente, pero, a veces, he creído en la conveniencia de que desapareciera de la faz del mundo algún personaje poderoso y malvado que esté causando sufrimiento y muerte a miles de personas.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Abogo más por la consecución del bien individual a través del bien común que a la inversa, y por la igualdad real de derechos para todos los seres humanos. Mis valores me posicionan contra la explotación despiadada del ser humano por otros de la misma especie y la sobreexplotación de los recursos naturales hasta su extenuación, comprometiendo así la supervivencia de las futuras generaciones.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un alcornoque  en la sierra.

¿Cuáles son sus vicios principales? La procrastinación, la ensoñación.

¿Y sus virtudes? La alegría de vivir, la vocación de felicidad.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? En la orilla del pantano, una enfangada larva de libélula sale del agua, trepa por un tallo y se queda inmóvil. Al rato, después de unos estremecimientos, su espalda se abre y emerge una especie de frágil Niké, áptera en su principio, que al calentarse al sol despliega sus alas de  vitral y emprende, al fin, el vuelo.

T. M.