miércoles, 23 de junio de 2010

Mi biblioteca de libros de memorias: III



STEFAN ZWEIG
El mundo de ayer

No hay ningún autor cuya personalidad el joven admire más, al que profese mayor afecto y cariño, en el que reconozca con tamaña fuerza la, a menudo, infravalorada mezcla de calidad literaria y entretenimiento audaz, la capacidad incomparable para enfrentarse al cuento, la novela, la biografía, la historia y el ensayo literario. Zweig, extraordinario siempre, rozando la contención para quedarse en el desasosiego pasional de sus personajes, exigentes sobremanera consigo mismo, leído por el ignorante y el erudito con igual placer, conserva un pundonor ejemplar tanto en su vida como en su obra; para el joven, fue el suicida de cabecera durante su investigación, a lo largo de casi diez años, del suicidio literario, y le sigue pareciendo la quintaesencia de la humildad, de la preocupación por los demás, de la bondad pura y entrañable.

El mundo de ayer. Memorias de un europeo no nace para que su autor se erija en protagonista de los acontecimientos que transformaron el “mundo de la seguridad”, a partir de 1914, en un continente que llevó al extremo la violencia y el odio (el complemento a esta mirada general sería la particular de otro suicida, Sándor Márai, en Confesiones de un burgués). Zweig comienza diciendo que no se cree tan importante para contar su vida, sino más bien la de su generación, “la única que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la historia”; por ello, su visión es la de un hombre –austriaco, judío, escritor, humanista y pacifista, dice– en la cúspide de la libertad: la del apátrida, la del expulsado, la del que da por bueno el epígrafe shakesperiano que abre el libro: “Acojamos el tiempo / tal como él nos quiere”.