jueves, 31 de marzo de 2011

El éxtasis del intelecto


Un hijo busca, entre los papeles póstumos de su prestigiosa madre donados a una universidad californiana, comprender la vida de aquélla, la suya propia. El proceso es doloroso y tierno al mismo tiempo. Así, los diarios de Susan Sontag (1933-2004) salen a la luz por mediación de David Rieff. Él lee y escoge los pasajes a transcribir; siente pena, pudor, cariño, pero sigue adelante hasta componer el primer volumen de una trilogía que empieza con estos «Diarios tempranos». En ellos, se cifra el origen del pensamiento filosófico y artístico de Sontag, el alumbramiento de su homosexualidad y autodestrucción.


En estas páginas –traducidas por Aurelio Major– hay algunas confesiones y relatos pormenorizados de ciertos sucesos biográficos, pero la mayoría de las veces su interés reside en apuntes escuetos que reflejan bien el pensamiento de la escritora. De repente, su capacidad de síntesis la lleva a una especie de aforismo: «La vida es suicidio, mediado» (1957) o a esparcir conceptos y autores: «Amor = muerte (“dama oscura”, femme fatale): Wagner, D. H. Lawrence» (pág. 158). Son ráfagas de impresiones, en muchos casos motivadas por una ingente cantidad de lecturas («Riego mi mente blanca con libros», pág. 173), que anota con detalle y que dan cuenta de una tremenda precocidad intelectual.


Solo es una adolescente, pero su adoración por La montaña mágica –«Un libro para toda la vida»– y las letras alemanas en general es extraordinaria; de hecho, tendrá la dicha de conocer a Thomas Mann en Chicago en 1949, tras recibir una beca de estudios. Todo le llega pronto: su querencia por la música clásica, el campus de Berkeley a los dieciséis años, la maternidad, un matrimonio absurdo que acaba en 1957, desengaños lésbicos... Un sufrimiento continuo apenas salvado gracias a su infinito «éxtasis intelectual», una avidez temprana, enfermiza, que la llevará a convertirse en toda una ensayista y novelista exitosa.


Publicado en La Razón, 31-III-2011