jueves, 28 de marzo de 2013

Entrevista capotiana a Salvador Gutiérrez Solís


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama 1999), y en él el escritor estadounidense se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Salvador Gutiérrez Solís.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una ciudad, muy grande.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. No me gustan los animales. Aunque creo que me gustan menos las personas con tendencias animalescas.
¿Es usted cruel?
Supongo que de vez en cuando tengo un brote, pero procuro segarlo antes de que crezca.
¿Tiene muchos amigos?
Pocos y buenos. Desconfío de aquellos que se vanaglorian de contar con muchos amigos, y que habitualmente no saben distinguir entre “llevarte bien” y la amistad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco absolutamente nada en mis amigos. No creo en la amistad como un contrato de reciprocidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Y si sucede, una buena bronca y un abrazo con brindis lo soluciona.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, intento serlo. Aunque reconozco que en alguna ocasión acudo a eso que llamamos “mentira piadosa” o al silencio.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
No suelo tener tiempo libre, es un concepto que me horroriza. El Cine, la Literatura o la Música no es tiempo libre, es tiempo ocupado y muy bien aprovechado.
¿Qué le da más miedo?
El futuro de mis hijos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El que nos hayamos acostumbrado a decir, con absoluta sumisión, que nuestros hijos tendrán una vida peor que la nuestra.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Me encantan y admiro profundamente los trabajos manuales, esa capacidad para crear un “algo” a partir de la nada, sólo con tus manos.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Desde la más pura anarquía, por pura apetencia, monto en bicicleta, corro, etc.
¿Sabe cocinar?
Me cuesta responder esta pregunta sin trasladar vanidad, incluso soberbia. Si me atengo a los comentarios de todos aquellos que han probado lo que cocino: muy bien. La realidad es que me encanta cocinar. Lo hago a diario.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Cristiano Ronaldo, Lady Gaga, Kate Upton, Lindsay Lohan…
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Vida.
¿Y la más peligrosa?
No hay palabras peligrosas, somos las personas las peligrosas.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, nunca. Mi capacidad para odiar no alcanza esos niveles.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Soy de izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un avión, pero no de vuelos nacionales o comerciales: trasatlántico. Tampoco me importaría ser un altavoz, y estar escuchando música todo el tiempo. Pero depende del altavoz, claro, que podría acabar siendo la peor de las torturas.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La compulsión, para determinadas cosas.
¿Y sus virtudes?
La compulsión, para determinadas cosas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Tengo ventaja en esta pregunta. No me lo tengo que imaginar, estuve a punto de morir ahogado en la desembocadura del Guadiana, en Ayamonte. No hubo desfile de imágenes en mi cerebro. Sólo quieres ver luz, regresar a la superficie cuanto antes.
T. M.