martes, 2 de enero de 2018

Entrevista capotiana a Giselle Aronson

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Giselle Aronson.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa. Aunque, si fuese así de definitivo, trataría de procurarme una casa con jardín y un cuarto propio. También me aseguraría de recibir los libros que desee y la visita de las personas que quiero.
¿Prefiere los animales a la gente?
A veces sí. Cuando esto sucede, me gusta estar con mis dos gatos.
¿Es usted cruel?
Todos tenemos una dosis de crueldad inherente a nuestra condición humana. Trato de no ejercerla o de no hacerlo en forma deliberada, buscando herir. Quizás, alguna vez haya usado la crueldad en defensa propia. No sé si eso me exculpa.
¿Tiene muchos amigos?
No muchos, sí cercanos en afecto.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Afinidades ideológicas, un marco de valores común, reciprocidad en el interés por el otro, rasgos identificatorios y una fuerte tendencia a la risa y el abrazo.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si llega la decepción no creo que sea algo que el otro propicie. Trato de hacerme cargo, de ver qué era lo que yo esperaba de la otra persona. Si esa persona es amigo o amiga, entonces lo puedo conversar con él o ella. Me enojo fácil, igual de fácil se me pasa y no me cuesta pedir disculpas ni aceptarlas.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, pero no soy de decir lo primero que se me viene a la cabeza, sin filtro. A veces prefiero el silencio para evitar confrontaciones sin sentido, inútiles o que no me interesan.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leo, desesperadamente. Me encantaría darle lugar a un montón de otras preferencias como tejer, ver películas, jardinería pero es escaso el tiempo libre, así que leo, desesperadamente.
¿Qué le da más miedo?
La enfermedad, el deterioro de la vejez cuando viene de la mano de la falta de autonomía. El sufrimiento, el dolor. Que mis seres queridos estén en peligro.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La hipocresía.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Sin una vida creativa no habría sido yo así que sólo puedo responder desde mí misma. Si no hubiera decidido escribir, seguramente estaría cantando, pintando, bailando.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Debería, con urgencia.
¿Sabe cocinar?
Sí, cocino muy bien y me encanta. Pero me gusta hacerlo cuando tengo tiempo. Si no, es una especie de trámite. Es increíble cómo el tiempo modifica todo: la misma actividad que disfruto hacer se vuelve una tortura si el tiempo me condiciona.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Freddie Mercury.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Posibilidad.
¿Y la más peligrosa?
Poder.
Ahora que las leo juntas, “posibilidad” y “poder” están muy cerca una de la otra. Que generen esperanza o peligro dependen de la postura ética con que se las ejerza.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sólo simbólicamente. En esas ocasiones, perpetro muertes literarias.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
En los últimos años, a mi parecer, los gobiernos se dividen entre los que defienden los intereses de los trabajadores y los que, no sólo no los defienden, sino que actúan en contra de ellos, los perjudican en favor de grupos hegemónicos de poder. En cualquier caso, me inclino, me identifico, me alineo con las ideologías defensoras de los derechos de los trabajadores, los derechos humanos, la inclusión, el cuidado por los sectores más vulnerables de la sociedad.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Periodista.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El enojo y la queja fácil.
¿Y sus virtudes?
La capacidad de trabajo y de aprendizaje, la curiosidad, la escucha.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Sería un grito desesperado al cosmos, al destino: una enumeración de cosas que todavía tengo que hacer.

T. M.