jueves, 1 de noviembre de 2018

Entrevista capotiana a Óscar Bianchi


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Óscar Bianchi.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En el Madrid de Sabina.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero a la mayoría de la gente a los animales, que me gustan mucho.
¿Es usted cruel?
No. En ocasiones un poco imbécil.
¿Tiene muchos amigos?
Algo menos que muchos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que se rían (cuanto más, mejor) y que les duela el dolor de los demás.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, aunque la sinceridad no es el valor más alto de mi jerarquía.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, viendo pelis, escribiendo.
¿Qué le da más miedo?
Que la rutina me quiebre.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La injusticia social.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No vivo de lo que escribo y tengo un trabajo muy poco creativo (cegado por la avaricia de comer y pagar las cuentas). De haber prescindido de la creatividad habría sido camionero.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Natación, yoga, boxeo.
¿Sabe cocinar?
Muy bien. Especialmente las pastas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Pocho Lepratti.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Revolución.
¿Y la más peligrosa?
Notemetas.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Varias veces, en mi adolescencia, en cancha de Newell’s. Al árbitro.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
De los de abajo, siempre.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Contrabajista de jazz y camionero.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El mate, comprar libros y el rock.
¿Y sus virtudes?
La constancia y la invención de salsas para las pastas que cocino.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Por lo incómodo que resulta esto de ahogarse, solo vería una imagen: la de Alf. Alf era un compañero de la infancia, muy callado, de parecido notable con el extraterrestre de la serie. Una tarde nos reíamos al borde de una piscina, cuando uno de los chicos metió la mano en el agua y se trajo a Alf de los pelos, morado y temblando. Estaba al lado nuestro, hundido en el fondo. Lo reanimamos con la técnica del cachetazo y “¡despertate, pelotudo!”. Cuando pudo hablar, le preguntamos por qué no avisó que se estaba ahogando. Y él, con una humildad que treinta y tantos años después me sigue conmoviendo, respondió: “Por no molestar”.
T. M.