miércoles, 27 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Isolda Patrón-Costas

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Isolda Patrón-Costas.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Un lugar que me permitiera ver el mar. La sola idea de no poder salir de un sitio me produce angustia, pero, si frente a mí tengo un horizonte que no acaba, todo es distinto. El mar me calma.

¿Prefiere los animales a la gente? Siempre me han dado más miedo las ciudades que la naturaleza, quizás porque la gente es mucho más imprevisible.  

¿Es usted cruel? Si tomamos como punto de partida que la crueldad es una falta de empatía, no puedo considerarme cruel. 

¿Tiene muchos amigos? Conozco a mucha gente y tengo una parte muy sociable, pero la amistad es algo que lleva tiempo y que está en continua evolución. Admiro a aquellas personas que han sido capaces de conservar una amistad desde la infancia. En mi caso, he vivido en muchos sitios distintos, y eso se ha traducido en que no siempre las amistades han sobrevivido.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que tengan la generosidad de entender la vida como algo más allá de un intercambio de bienes. La escucha y la empatía para ponerse en el lugar del otro.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Con los años he aprendido a no esperar nada… la amistad a veces tiene que ver con compartir una misma vibración, una misma forma de estar en el mundo. Y a veces esas conexiones se dan por períodos limitados. Hay que aprender a ser flexible con todo, y a soltar cuando toca.

¿Es usted una persona sincera? Sí, es una cualidad que admiro e intento cultivar.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta leer, escribir, estar en contacto con la naturaleza, pintar y jugar con mi perro, Happy.

¿Qué le da más miedo? Me doy cuenta de que muchas veces nos pasamos la vida persiguiendo algo, no se sabe bien el qué: un sueño, una vida en plenitud, y vamos a la carrera con la sensación de que nunca llegamos. Cuando paras, te das cuenta de que, en realidad, tienes todo lo que necesitas.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandalizan las guerras, la muerte de niños inocentes por los egos desatados del ser humano, por la codicia y el afán de poder.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? De pequeña siempre soñaba con ser aventurera, protagonista de cualquiera de las historias de Julio Verne… quería ser pirata, aviadora, viajera, descubridora de nuevos mundos… ser escritora es parte de eso: inventar los sitios a los que quiero llegar.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Salgo a correr dos o tres veces en semana y, fuera de eso, me encanta todo tipo de actividad física, sobre todo las que tienen que ver con el agua.

¿Sabe cocinar? Sí y disfruto mucho de la cocina. Me relaja.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Una bibliotecaria que regentaba la Biblioteca donde yo iba todas las tardes después de la escuela. Yo tenía 7 años, nos acabábamos de mudar de Barcelona a un pueblo costero y, después del colegio, buscaba refugio allí. Había una sección de niños, pero yo prefería hablar con esa mujer que me escuchaba atentamente y siempre me recomendaba un libro que me llevaba a otro, y a otro… Años más tarde me enteré de que ella le pedía mis trabajos de escuela a la directora del colegio, para entender hacia dónde iba mi curiosidad insaciable. No recuerdo su nombre, pero sí su sonrisa.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Para mí la palabra anhelo siempre implica un viaje y una esperanza, deriva del mismo concepto etimológico que hálito y, por tanto, lo asocio a la vida.

¿Y la más peligrosa? La palabra “verdad” puede ser peligrosa, por el poder que se le ha otorgado históricamente.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, más allá de desear que alguien no esté en mi vida… y en ese caso he sido yo la que se ha marchado.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que tienen que ver con ayudar, con proteger a los que tienen menos y con la búsqueda de una mínima justicia social. En realidad, la política en la que creo es la de la coherencia y el querer para el otro, lo que uno desea para uno mismo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Trabajo como directora de producción en cine y me encantaría dirigir. Estoy actualmente intentando sacar adelante mi primera película como directora. Aparte de eso, a veces pienso que me hubiera encantado ser bailarina, o acróbata… cualquier cosa que tenga que ver con el movimiento.

¿Cuáles son sus vicios principales? Supongo que un vicio puede ser la palabra… Me encanta conversar; es para mí una forma de estar en el mundo, de asirme a él a través de la narrativa y de lo que uno es capaz de nombrar. Busco entender y entenderme…

¿Y sus virtudes? Soy optimista y una trabajadora incansable. Y nunca renuncio a mis sueños.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Siempre he creído que ahogarse tiene que ser una forma muy dura de morir… pero quiero pensar que en ese instante en que tu mente va por libre y desaparece “el dolor”, las imágenes que querría que me acompañaran serían las de un ser que vuela, una mariposa, una hoja suspendida en el aire, libre de todo peso…

T. M.