viernes, 15 de mayo de 2026

Entrevista capotiana a Luis Villalón

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Villalón.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Si hablamos en términos abstractos y nos olvidamos de las necesidades fisiológicas y afectivas, diría que en una biblioteca. Si no hacemos ninguna abstracción, en casa con mi familia.

¿Prefiere los animales a la gente? En general, sí. Suelo decir un poco en broma que caigo mejor a los animales que a la gente. Eso no quiere decir que prefiera siempre a cualquier animal antes que a cualquier tipo de gente. Además, entiendo lo de “gente” en sentido grupal, no de modo individual. Si fuera así, hay algunas personas a las que prefiero antes que a algunos animales.

¿Es usted cruel? Creo que todos lo somos. No voluntariamente, claro, pero es imposible no serlo de manera inconsciente.

¿Tiene muchos amigos? Tengo justo los que tengo. La cifra no es alta, pero sí valiosa.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Que yo sea consciente, ninguna en especial. Inconscientemente, supongo que me gusta que sean buenas personas, sin más.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Si los aceptas como son, es difícil que te decepcionen.

¿Es usted una persona sincera? Cuando soy sincero, sí. Cuando no lo soy, también.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo.

¿Qué le da más miedo? Como dijo un actor hace ya unos años, no me da miedo la muerte; me da miedo dejar de vivir.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Pues tendría que pensarlo. La verdad es que hay pocas cosas que me sorprendan (no porque yo sea especialmente listo, sino porque tengo el umbral de la sorpresa bastante bajo) y, por lo tanto, que me escandalicen.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Siempre he dicho que me habría gustado tener un quiosco de libros. Pero si lo pienso mejor, prefiero trabajar en una biblioteca. De pequeño quería ser químico-inventor, todo junto, y cuando fui algo mayor quería ser muchas cosas: aventurero, superhéroe…

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Tengo una bicicleta estática en casa y la usamos como tendedero. Cuando está libre alguna vez le doy a los pedales, pero eso sucede pocas veces.

¿Sabe cocinar? No. Solo soy capaz de echar cosas crudas a la sartén y procurar que no se quemen, y hacer tortillas de patatas que no se parecen ni de lejos a las de mi madre.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sócrates. O alguna persona anónima que hubiera hecho un gran bien a otra. Si supiera de ella, claro.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Se me ocurre “bondad”.

¿Y la más peligrosa? Pues vamos con su contraria: “maldad”.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Matar no, pero desear que no existiera sí. Matar implica participar activamente del hecho en cuestión, y no recuerdo haber querido nunca hacer eso.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que tienen como principio básico y por encima de todo ayudar a los que tienen menos. Eso es como decir que no tengo ninguna tendencia política en especial.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Inmortal. Y mi familia también. Ah, ¿la pregunta era por un animal? Pues un gato.

¿Cuáles son sus vicios principales? No tengo vicios principales, son todos secundarios.

¿Y sus virtudes? Nunca he querido hacer daño deliberadamente a nadie. Y me esfuerzo por tratar de comprender los motivos que pueden llevar a otros a hacerlo. Intento no prejuzgar y usar el sentido común, aunque toda forma de sentido común es en realidad una suma de prejuicios; en cualquier caso, trato de someterlo todo a un análisis y no rendirme ante las primeras impresiones, pero no siempre lo logro. No suelo dejarme llevar por el lado irracional, aunque haya quien no considere eso una virtud.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? ¿Dentro del esquema clásico de imágenes que pasan por la cabeza de quien se está ahogando? No sé qué esquema es ese, aunque a lo mejor es que no he entendido bien la pregunta. En fin, supongo que pensaría en mi familia y en que quizá si llego al fondo puedo rebotar y salir a la superficie.

T. M.